La propaganda de guerra no siempre tiene por qué ser solemne y violenta. A veces puede ser divertida…
dic 10 2011
Los 6000 voluntarios franceses de la GESTAPO
Uno de los hechos menos conocidos de lo que fue la ocupación francesa consiste en que las fuerzas de la resistencia francesa no luchaban fundamentalmente contra las fuerzas represivas alemanas, sino contra sus propios compatriotas, ya que las autoridades nazis de ocupación crearon una policía secreta, a semejanza de la GESTAPO, pero con voluntarios franceses para controlar algunas localidades, especialmente París.
Esta unidad policial y paramilitar fue conocida como Carlingue (“carlinga”), y desarrolló sus actividades represivas y de control de la población civil entre 1941 y 1944, o sea hasta la liberación de la ciudad por los aliados.
La Carlinga se puso bajo el mando de conocidos delincuentes, la mayoría de ellos procedentes de actividades mafiosas y del crimen organizado, entre lso que cabe destacar a su jefe Henri Lafont o Pierre Loutrel, alias Pierre el Loco, involucrados en algunos sonados casos de corrupción, sobornos y delitos monetarios antes de la guerra.
Los alemanes, con la formación de este tipo de unidades, pretendían minar la voluntad de resistencia de los franceses, y en cierto modo tuvieron un gran éxito con ellos, ya que los encargados de combatir a la resistencia eran tan buenos conocedores de las costumbres, de la gente y del idioma como los propios miembros de la resistencia. A cambio de su colaboración con los nazis, los alemanes les ofrecieron absoluta impunidad para seguir adelante con sus negocios de estraperlo, juego y prostitución, entre otros.
Cabe señalar, como curiosidad, que en la Carlinga se alistaron también muchos jóvenes musulmanes que ya pro entonces residían en Francia y cuyo objetivo final erala victoria nazi para conseguir así la independencia de sus países, por entonces colonias francesas. Además de estos jóvenes musulmanes, que en el fondo no hacían otra cosa que defender los intereses y la libertad de sus propios países, se alistaron a la Carlinga un total de 32.000 franceses, formando un cuerpo policial completo.
Como caso más llamativo hay que citar París, donde los nazis hicieron un llamamiento para conseguir 2.000 voluntarios que se alistaran a sus fuerzas represivas y recibieron 6000 solicitudes, pudiendo así permitirse elegir a los que mejor les pareció en unos exámenes y pruebas físicas que constituyeron un importante golpe de efecto de la propaganda alemana.
Otto Abetz, entonces embajador alemán ante las autoridades francesas títeres, se permitió bromear sobre el asunto diciendo que los que no obtuviesen plaza podían pedir destino en cualquier otro lugar donde los alemanes tuviesen menos amigos.
nov 24 2011
Goebbels y los principios de la propaganda moderna
Buena parte de los textos nazis, o están prohibidos o son difíciles de encontrar. Desde muchos puntos de vista esto parece normal y hasta conveniente, dada la cantidad de barbaridades que se dicen en esos textos, y los ataques que en ellos se lanzan contra toda clase de colectivos. Resumiendo: la mayoría de las veces son textos que rezuman odio y prejuicios.
Sin embargo, como siempre sucede, prohibir un libro o silenciar un discurso también tiene efectos secundarios negativos. En este caso, el peor de ellos es que hoy casi nadie conoce el origen de los principios de la moderna propaganda política y sigue cayendo en los mismos errores que cayeron los que escucharon a los nazis o a los políticos de su época. Es triste, pero leer a Goebbels enseña más sobre política y medios de comunicación contemporáneos que muchos manuales que se pretenden basados en largos estudios sociológicos.
Precisamente por eso queremos hoy detallar los once principios de la propaganda moderna, obra del Doctor Goebbels. Supongo que a medida que los vayáis leyendo os resultarán cada vez más conocidos. Estos son:
- Principio de simplificación y unificación del enemigo. Es necesario adoptar una única idea y un único símbolo. La mente y el corazón del pueblo no tiene sitio para más. Hay que lograr unificar al adversario en un único enemigo que reúna las características de todos y las condense.
- Principio del contagio. Es una particularización del anterior. Se trata de hacer extensivos los defectos de unos enemigos al resto, para que en la mente del pueblo sean todos iguales. Con el tiempo hay que lograr que las diferencias entre los adversarios sean insignificantes y los defectos, compartidos.
- Principio del espejo. Hay que acusar a nuestros adversarios de todos NUESTROS defectos, de modo que si ellos nos acusan parezca que están simplemente defendiéndose. Y en caso de que no sea posible, aplicar la máxima: “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.”
- Principio de la exageración y la desproporción: Se trata de convertir cualquier pequeña nimiedad en noticia, cualquier suceso en amenaza, cualquier broma en ofensa. El objetivo final es que el adversario no se atreva a opinar, ni a oponerse, ni a bromear siquiera.
- Principio de acercamiento a lo vulgar. La propaganda se dirige a la masa y debe adoptar por tanto el nivel del menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto mayor sea la masa, menor debe ser el mensaje intelectual y mayor el mensaje emocional. Hay que decir pocas cosas, muchas veces, y no cansarse nunca de repetirlas.
- Principio de rotación. La propaganda debe limitarse a muy pocas ideas y repetirlas de forma constante, presentarlas desde distintas perspectivas, con diferentes ejemplos, y con distintas palabras, pero siempre lo mismo. Sin fisuras ni dudas. Cualquier idea repetida el número suficiente de veces es verdad y oponerse a ella es de idiotas, porque la ha oído todo el mundo.
- Principio de agilidad. Se trata de emitir constantemente noticias, comunicados y discursos, de modo que cuando el adversario responda el público esté ya atento a otra cosa y se pueda elegir contestarle o no. Lo que responda el adversario carece de importancia y las acusaciones contra él serán crecientes, sin entrar a razonar ni a discutir nada, sino dando por hecho que en vez de responder se excusa, se disculpa o da pretextos.
- Principio de dispersión: Consiste en construir argumentos y razones tomando partes de distintas situaciones y hechos, aunque no tengan nada que ver entre sí. La gente pierde el hilo con facilidad y sólo ve que el principio ha llevado a la conclusión.
- Principio de menosprecio: no conceder importancia alguna a los argumentos del adversario, ni entrevistas a sus medios, ni respuestas a sus preguntas. Nada. La pregunta no conveniente no se responde.
- Principio del sustrato. Casi siempre, la propaganda funciona a partir de unas bases anteriores, obre todo en lo emocional. Esto es particularmente importante en todo lo que tenga que ver con la identidad personal, de clase, o identidad nacional. Un rico puede seguir sintiéndose clase obrera, un inmigrante puede desear sentorse aceptado, una mujer siempre es una mujer. Hay que explotar esa vena primitiva.
- Principio de unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», de modo que pensar de otro modo sea ser raro, inconveniente, antiestético o antisocial.
En el caso del nazismo, su propaganda se basaba en tres pilares: anticomunismo, anticapitalismo y antisemitismo.
Anticomunistas porque el comunismo destruye al individuo, el deseo de prosperar y la voluntad de mejorar como individuos. El comunismo, además, tiene voluntad internacional y destruye la identidad de los pueblos.
Anticapitalistas, porque acusaban al libre mercado de ser el desencadenante del paro y de la crisis económica que hundía a Alemania. Su principal punto de ataque eran las multinacionales, por su excesivo poder y su capacidad de sustraerse a las leyes.
Antisemitismo, porque afirmaban que un judío sería siempre antes judío que alemán, y que en caso de conflicto de intereses sería un enemigo dentro la propia nación, defendiendo los intereses comerciales o políticos de un colectivo que no era ni sería el pueblo alemán.
¿Os suena de algo todo esto?
A mí, demasiado.
sep 09 2011
Es normal que la secretaria de Goebbels no conociera el Holocausto judío
En fechas recientes se ha publicado una entrevista con Brunhilde Pomsel, la que fuese secretaria de Joseph Goebbels, el Misnistro nazi de Información y Propaganda.
Uno de los extremos que más llama la atención de esta entrevista, y que más controversias ha suscitado, es la afirmación de la señoña Pomsel, ya centenaria, de que no se enteró del Holocausto judío hasta después de la guerra. Aunque en principio pueda parecer una muestra de cinismo, o de cerrar los ojos a lo evidente, creo sinceramente que la señora dice la verdad, y trataré de aportar las razones que para ello he escuchado a otros ancianos alemanes con los que me entrevisté en otros tiempos:
-Durante una guerra se escuchan todos los días centenares de rumores. En principio, no se puede creer la rumorología, sobre todo si atenta contra los intereses o la imagen del propio país, pues en ese caso podrían proceder del enemigo.
-Durante la guerra hubo millares, millones de deportados de todas las nacionalidades. Se sabía que a los franceses se les enviaba a trabajar a Polonia, y a los polacos y rusos a Francia. Los judíos desaparecían, sí, pero todo el mundo daba por hecho que se les enviaba a trabajar como esclavos a alguna parte. En la mentalidad alemana no cabe la idea de matar a gente que puede trabajar. Para ellos, que los prisioneros mueran de agotamiento, hambre o enfermedades es creíble, peor no lo era en modo alguno que se les ejecutara sin explotarlos al máximo.
-Algunos de los rumores que se escuchaban hablaban de trenes llenos de personas que se dirigían a sitios donde las mataban. Como en el caso anterior, los civiles alemanes no podían creerse que se hiciese viajar dos mil kilómetros a gente con el solo fin de matarla, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de transportes y de combustible. La gente de a pie sabía que había ejecuciones, por supuesto, pero en el sitio, y enterrados allí mismo, en cualquier cuneta(como hacíamos en España, sin ir más lejos), no llevándolos en trenes y a dos mil kilómetros de donde se les cogía. Eso no podía ser cierto, pues no encajaba en su mentalidad.
-Por último, padecemos a menudo la tentación de pensar que la población civil alemana conocía la masacre y que callaron por miedo, por colaboración con la matanza o por desinterés, cuando los hechos muestran un escenario muy distinto. Por una parte, los medios de comunicación del momento a los que tenía acceso la población civil alemana eran muy débiles y estaban completamente intervenidos por el Gobierno. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los medios de comunicación aliados tampoco hablaron del Holocausto hasta después de acabada la guerra. En ese sentido, llama la atención que si los alemanes ahorcaban a dos rehenes len Albania, la BBC se hacía eco. Si los alemanes fusilaban a tres campesinos en Sicilia, la BBC se hacía eco, y si los alemanes no fusilaban a a nadie, la BBC se lo inventaba, como es lógico dentro de la mecánica de la propaganda de guerra, pero nunca durante la guerra llegó a hablar la BBC de lo que ocurría en los campos de exterminio, cuando lo cierto es que cientos de miles de miembros de la resistencia podían haber pasado esa información a los aliados.
Durante toda la guerra no puede leerse en los periódicos británicos ni norteamericanos, ni tampoco en los rusos, ni una sola mención a lo que sucedía en lugares como Auschwitz, cuando después se supo que tenían centenares de fotografías aéreas de esos lugares y que su aviación fotografiaba hasta los más recónditos rincones de Alemania. Si los ingleses y los norteamericanos no lo supieron, y sus gobiernos estaban claramente interesados (se supone) en dar a conocer la barbarie del enemigo, ¿cómo podemos pensar que lo sabían los civiles alemanes?
Por lo visto, el asunto se llevó en el máximo secreto, e incluso algunos altos cargos del nazismo no llegaron a enterarse nunca, convencidos, como el resto de sus compatriotas, de que se esclavizaba a los judíos para que trabajasen y colaboraran al esfuerzo de guerra, pero sin poder pensar que se les matara sin exprimirlos antes al máximo.
Conocer la mentalidad de la gente es la base del secreto, como siempre.
abr 04 2011
Rosa Luxemburgo. Líder de una revolución fracasada que allanó el camino al nazismo.
Rosa Luxemburg nació en la pequeña población polaca de Zamosc, el 5 de marzo de 1871. Desde muy joven fue activista del movimiento socialista. Se unió a un partido revolucionario llamado Proletariat, fundado en 1882, alrededor de 21 años antes de que se fundara el Partido Social Demócrata Ruso (bolcheviques y mencheviques).
Proletariat estuvo desde sus comienzos, tanto en principios como en programa, señaladamente adelantado con respecto al movimiento revolucionario en Rusia. Mientras el movimiento revolucionario ruso estaba todavía restringido a actos de terrorismo individual llevados a cabo por una heroica minoría de intelectuales, Proletariat organizaba y dirigía a miles de trabajadores en huelga. No obstante, en 1886, Proletariat fue prácticamente decapitado por la ejecución de cuatro de sus líderes, el encarcelamiento de otros veintitrés bajo largas condenas a trabajos forzados y el destierro de otros doscientos. Sólo se salvaron del naufragio pequeños círculos, y a uno de ellos se unió Rosa Luxemburg a los 16 años. Alrededor de 1889, su actuación llegó a oídos de la policía y tuvo que abandonar Polonia, ya que sus camaradas pensaron que podría realizar tareas más útiles en el exterior que en prisión. Fue a Zurich, en Suiza, que era el centro más importante de emigración polaca y rusa. Ingresó en la universidad, donde estudió ciencias naturales, matemáticas y economía. Tomó parte activa en el movimiento obrero local y en la intensa vida intelectual de los revolucionarios emigrados.
Apenas dos años más tarde, Rosa ya era reconocida como líder teórico del partido socialista revolucionario de Polonia. Llegó a ser colaboradora principal del diario del partido, Sprawa Rabotnicza, publicado en París. En 1894, el nombre del partido, Proletariat, cambió por el de Partido Social Demócrata del Reino de Polonia; muy poco después, Lituania se añadió al título. Rosa siguió siendo líder teórico del partido -el SDKPL- hasta el fin de su vida.
En agosto de 1893, representó al partido en el Congreso de la Internacional Socialista. Allí, siendo una joven de 22 años, tuvo que lidiar con veteranos muy conocidos de otro partido polaco, el Partido Socialista Polaco (PPS), cuyo principio más importante era la independencia de Polonia, y que demandaba el reconocimiento de todos los miembros de mayor experiencia del socialismo internacional.
La ayuda para el movimiento nacional en Polonia tenía tras de sí el peso de una larga tradición: también Marx y Engels habían hecho de esto un principio importante en su política. Impertérrita ante todo esto, Rosa cuestionó al PSS, acusándolo de tendencias claramente nacionalistas y de propensión a desviar a los trabajadores de la senda de la lucha de clases; se atrevió a tomar una posición diferente a la de los viejos maestros y se opuso al slogan de “independencia para Polonia” (Para una elaboración de la posición de Rosa Luxemburg sobre la cuestión nacional, véase el Capítulo 6.) Sus adversarios acumularon injurias sobre ella: algunos, como el veterano discípulo y amigo de Marx y Engels, Wilhelm Liebknecht, llegó a acusarla de ser agente de la policía secreta zarista. No obstante, ella se mantuvo en sus trece.
Intelectualmente crecía a pasos agigantados. En 1898, se dirigió al centro del movimiento obrero internacional en Alemania, que la atrajo irresistiblemente.
Comenzó a escribir asiduamente, y después de un tiempo llegó a ser uno de los principales colaboradores del periódico teórico marxista más importante de la época, Die Neue Zeit. Invariablemente independiente en el juicio y en la crítica, ni siquiera el tremendo prestigio de Karl Kautsky, su director -”Papa del marxismo”, como se le llamaba-, lograba apartarla de sus opiniones elaboradas, una vez que estaba convencida de ellas.
Rosa entregó cuerpo y alma al movimiento obrero en Alemania. Era colaboradora regular de numerosos diarios socialistas -y en algunos casos directora-, dirigió muchos mítines populares y tomó parte enérgicamente en todas las tareas que el movimiento le requería. Desde el principio hasta el fin, sus disertaciones y artículos eran trabajos creativos originales, en los que apelaba a la razón más que a la emoción, y en los que siempre abría a sus oyentes y lectores un horizonte más amplio.
En este momento, el movimiento de Alemania se dividió en dos tendencias principales, una reformista -con fuerza creciente- y la otra revolucionaria. Alemania había gozado de creciente prosperidad desde la crisis de 1873. El nivel de vida de los trabajadores había ido mejorando ininterrumpidamente, aunque en forma lenta: los sindicatos y cooperativas se habían vuelto más fuertes. En estas circunstancias, la burocracia de estos movimientos, junto con la creciente representación parlamentaria del Partido Social Demócrata, se alejaba de la revolución y se inclinaba con gran ímpetu hacia los que ya proclamaban el cambio gradual o el reformismo como meta. El principal vocero de esta tendencia era Eduard Bernstein, un discípulo de Engels. Entre 1896 y 1898, escribió una serie de artículos en Die Neue Zeit sobre “Problemas del Socialismo”, atacando cada vez más abiertamente los principios del marxismo. Estalló una larga y amarga discusión. Rosa Luxemburg, que acababa de ingresar en el movimiento obrero alemán, inmediatamente salió en defensa del marxismo. De forma brillante y con magnífico ardor atacó el propagado cáncer del reformismo en su folleto ¿Reformismo o revolución?. (Para una elaboración de su crítica del reformismo, véase el Capítulo 2).
Poco después, en 1899, el “socialista” francés Millerand participó de un gobierno de coalición con un partido capitalista. Rosa siguió atentamente este experimento y lo analizó en una serie de brillantes artículos referentes a la situación del movimiento francés en general, y a la cuestión de los gobiernos de coalición en particular (véase el Capítulo 2). Después del fiasco de Macdonald en Gran Bretaña, el de la República de Weimar en Alemania, el del Frente Popular en Francia en la década de los 30 y los gobiernos de coalición posteriores a la Segunda Guerra Mundial en el mismo país, queda claro que las enseñanzas impartidas por Rosa no son únicamente de interés histórico.
Entre 1903-1904, Rosa se entregó a una polémica con Lenin, con quien disentía en la cuestión nacional (véase el Capítulo 6), y en la concepción de la estructura del partido y la relación entre el partido y la actividad de las masas (véase el Capítulo 5).
En 1904, después de “insultar al Káiser”, fue sentenciada a nueve meses de prisión, de los cuales cumplió solo uno.
En 1905, con el estallido de la primera revolución rusa, escribió una serie de artículos y panfletos para el partido polaco, en los que exponía la idea de la revolución permanente, que había sido desarrollada independientemente por Trotsky y Parvus, pero sostenida por pocos marxistas de la época. Mientras que tanto los bolcheviques como los mencheviques, a pesar de sus profundas divergencias, creían que la revolución rusa había de ser democrático-burguesa, Rosa argüía que se desarrollaría más allá del estadio de burguesía democrática y que podría terminar en el poder de los trabajadores o en una derrota total. Su slogan era “dictadura revolucionaria del proletariado basada en el campesinado”.1
Sin embargo, pensar, escribir y hablar sobre la revolución no era suficiente para Rosa Luxemburg. El motto de su vida fue: “En el principio fue el acto”. Y aunque no gozaba de buena salud en ese momento, entró de contrabando en la Polonia rusa tan pronto como pudo (en diciembre de 1905). En ese momento el punto culminante de la revolución había sido superado. Las masas todavía estaban activas, pero ahora vacilantes, mientras la reacción alzaba su cabeza. Se prohibieron todos los mítines, pero los obreros todavía los celebraban en sus fortalezas: las fábricas. Todos los periódicos de los trabajadores fueron suprimidos, pero el del partido de Rosa seguía apareciendo todos los días, impreso clandestinamente. El 4 de marzo de 1906 fue arrestada y detenida durante cuatro meses, primero en la prisión y posteriormente en un fuerte. A causa de su mala salud y de su nacionalidad alemana, fue liberada y expulsada del país.2
La revolución rusa dio vigor a una idea que Rosa había concebido años atrás: que las huelgas de masas -tanto políticas como económicas- constituían un elemento cardinal en la lucha revolucionaria de los trabajadores por el poder, singularizando a la revolución socialista de todas las anteriores. A partir de allí elaboró aquella idea en base a una nueva experiencia histórica. (Véase el Capítulo 3)
Al hablar en tal sentido en un mitin público fue acusada de “incitar a la violencia”, y pasó otros dos meses en prisión, esta vez en Alemania.
En 1907, participó en el Congreso de la Internacional Socialista celebrado en Stuttgart. Habló en nombre de los partidos ruso y polaco, desarrollando una posición revolucionaria coherente frente a la guerra imperialista y al militarismo. (Véase el Capítulo 4)
Entre 1905 y 1910, la escisión entre Rosa Luxemburg y la dirección centrista3 del SPD -del que Kautsky era el portavoz teórico- se hizo más profunda. Ya en 1907, Rosa había expresado su temor de que los líderes del partido, al margen de su profesión de marxismo, vacilarían frente a una situación que requiriera acción. El punto culminante llegó en 1910, cuando se produjo una ruptura total entre Rosa y Karl Kautsky por la cuestión de la vía de los trabajadores hacia el poder. Desde ese momento, el SPD se dividió en tres tendencias diferenciadas: los reformistas, que progresivamente fueron adoptando una política imperialista; los así llamados marxistas de centro, conducidos por Kautsky (ahora apodado por Rosa Luxemburg “líder del pantano”), quien conservaba su radicalismo verbal pero se limitaba cada vez más a los métodos parlamentarios de lucha; y el ala revolucionaria, de la que Rosa Luxemburg era la principal inspiradora.
En 1913, publicó su obra más importante: La acumulación de capital. (Una contribución a la explicación económica del imperialismo). Ésta es sin duda, desde El Capital una de las contribuciones más originales a la doctrina económica marxista. Este libro -como lo señalara Mehring, el biógrafo de Marx- con su caudal de erudición, brillantez de estilo, vigoroso análisis e independencia intelectual, es de todas las obras marxistas, la más cercana a El Capital. El problema central que estudia es de enorme importancia teórica y política: los efectos que la expansión del capitalismo en territorios nuevos y atrasados, tiene sobre sus propias contradicciones internas y sobre la estabilidad del sistema. (Para un análisis de esta obra véase el Capítulo 8.)
El 20 de febrero de 1914, Rosa Luxemburg fue arrestada por incitar a los soldados a la rebelión. La base de esta acusación fue una arenga en la que declaró: “Si ellos esperan que asesinemos a los franceses o a cualquier otro hermano extranjero, digámosles: ‘No, bajo ninguna circunstancia’”. En el Tribunal se transformó de acusada en acusadora, y su disertación -publicada posteriormente bajo el título Militarismo, guerra y clase obrera- es una de las más inspiradas condenas del imperialismo por parte del socialismo revolucionario. Se la sentenció a un año de prisión, pero no fue detenida ahí mismo. Al salir de la sala del tribunal fue de inmediato a un mitin popular, en el que repitió su revolucionaria propaganda antibélica.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, prácticamente todos los líderes socialistas fueron devorados por la marea patriótica. El 3 de agosto de 1914, el grupo parlamentario de la socialdemocracia alemana decidió votar a favor de créditos para el gobierno del Káiser. Sólo quince de los ciento once diputados mostraron algún deseo de votar en contra. No obstante, después de serles rechazada su solicitud de permiso, se sometieron a la disciplina del partido, y el 4 de agosto, todo el grupo socialdemócrata votó por unanimidad en favor de los créditos. Pocos meses después, el 3 de diciembre, Karl Liebknecht ignoró la disciplina del partido para votar de acuerdo con su conciencia. Fue el único voto en contra de los créditos para la guerra.
La decisión de la dirección del partido fue un rudo golpe para Rosa Luxemburg. Sin embargo, no se permitió la desesperación. El mismo día que los diputados de la socialdemocracia se unieron a las banderas del Káiser, un pequeño grupo de socialistas se reunió en su departamento y decidió emprender la lucha contra la guerra. Este grupo, dirigido por Rosa, Karl Liebknecht, Franz Mehring y Clara Zetkin, finalmente se transformó en la Liga Espartaco. Durante cuatro años, principalmente desde la prisión, Rosa continuó dirigiendo, inspirando y organizando a los revolucionarios, levantando las banderas del socialismo internacional. (Para más detalles de su política antibélica, véase el Capítulo 4.)
El estallido de la guerra, separó a Rosa del movimiento obrero polaco, pero debe de haber obtenido profunda satisfacción, porque su propio partido en Polonia permaneciera en todo sentido leal a las ideas del socialismo internacional.
La revolución rusa de febrero de 1917 concretó las ideas políticas de Rosa: oposición revolucionaria a la guerra y lucha para el derrocamiento de los gobiernos imperialistas. Desde la prisión, seguía febrilmente los acontecimientos, estudiándolos a fondo con el objeto de recoger enseñanzas para el futuro. Señaló sin vacilaciones que la victoria de febrero no significaba el final de la lucha, sino solo su comienzo; que únicamente el poder en manos de la clase trabajadora podía asegurar la paz. Emitió constantes llamamientos a los trabajadores y soldados alemanes para que emularan a sus hermanos rusos, derrocaran a los junkers y al capitalismo. Así, al mismo tiempo que se solidarizarían con la revolución rusa, evitarían morir desangrados bajo las ruinas de la barbarie capitalista.
Cuando estalló la Revolución de Octubre, Rosa la recibió con entusiasmo, ensalzándola con los términos más elevados. Al mismo tiempo, no sustentaba la creencia de que la aceptación acrítica de todo lo que los bolcheviques hicieran fuera útil al movimiento obrero. Previó claramente que si la Revolución Rusa permanecía en el aislamiento, un elevado número de distorsiones mutilarían su desarrollo; bien pronto señaló tales distorsiones en el proceso de desarrollo de la Rusia soviética, particularmente sobre la cuestión de la democracia. (Véase el Capítulo 7.)
El 8 de noviembre de 1918, la revolución alemana liberó a Rosa de la prisión. Con todo su energía y entusiasmo se sumergió en la lucha revolucionaria. Lamentablemente las fuerzas reaccionarias eran poderosas. Líderes del ala derecha de la socialdemocracia y generales del viejo ejército del Káiser unieron sus fuerzas para suprimir al proletariado revolucionario. Miles de trabajadores fueron asesinados; el 15 de enero de 1919 mataron a Karl Liebknecht; el mismo día, el culatazo de rifle de un soldado destrozó el cráneo de Rosa Luxemburg.
El movimiento internacional de los trabajadores perdió, con su muerte, uno de sus más nobles espíritus. “El más admirable cerebro entre los sucesores científicos de Marx y Engels”, como dijo Mehring, había dejado de existir. En su vida, como en su muerte, dio todo por la liberación de la humanidad.
mar 29 2011
El Triunfo de la Voluntad. El mejor documental cinematográfico del nazismo.
El triunfo de la voluntad (en alemán, Triumph des Willens) es una película propagandista nazi dirigida por Leni Riefenstahl. Muestra el desarrollo del congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934 en Núremberg. La película incluye imágenes de miembros uniformados del partido desfilando (aunque aparecen relativamente pocos soldados alemanes) al son de conocidas marchas, además de partes de discursos de varios líderes nazis en el Congreso como Adolf Hitler. Fue Hitler quien encargó el filme y su nombre figura en los créditos iniciales. El tema principal de El triunfo de la voluntad es el regreso de Alemania a la categoría de potencia mundial, con Hitler como una especie de mesías que devolverá la gloria a la nación.
La película se estrenó en 1935 y es una de las películas de propaganda más conocidas de la historia del cine.
Las técnicas utilizadas por Riefenstahl, que incluyeron cámaras en movimiento, el uso de teleobjetivos para crear una perspectiva distorsionada, fotografía aérea y un revolucionario enfoque en el uso de la música y la cinematografía, han hecho que El triunfo de la voluntad sea considerado como el documental político artístico mejor consumado en la historia del cine.
Riefenstahl ganó varios premios, no sólo en Alemania, sino también en Estados Unidos, Francia, Suecia y otros países. Esta película ha influido en otros filmes, documentales y publicidades hasta el día de hoy, aun cuando es un ejemplo que pone en cuestión la delgada línea entre arte y moralidad.
El triunfo de la voluntad ha sido descrita como «hecha por nazis, para nazis y sobre los nazis». El filme comienza con un prólogo, el único comentario en toda la película. En un muro de piedra, aparece el siguiente texto: «El 5 de septiembre de 1934, … 20 años después del estallido de la Guerra Mundial … 16 años después del comienzo de nuestro sufrimiento … 19 meses después del inicio del renacimiento alemán … Adolf Hitler voló otra vez a Núremberg a inspeccionar las columnas de sus fieles seguidores».
Orígenes
“Poco después de su llegada al poder, Hitler me mandó llamar y me explicó que quería un filme acerca de un Congreso del Partido y que quería que yo lo hiciera. Mi primera reacción fue decir que yo no sabía nada acerca del modo en que funcionaba una cosa así o acerca de la organización del Partido, de modo que fotografiaría las cosas equivocadas y no complacería a nadie, aun suponiendo que pudiera hacer un documental, lo que nunca había hecho antes. Hitler dijo que era por esto exactamente por lo que quería que yo lo hiciera: porque cualquiera que supiera todo acerca de la importancia relativa de las personas y grupos y demás podría hacer un filme pedante y exacto, pero que esto no era lo que él quería. Él quería un filme que mostrara el Congreso desde un ojo no experto que seleccionara sólo lo que fuera artísticamente satisfactorio; en términos de espectáculo, supongo que se puede decir. Él quería un filme que movilizara, atrajera, impresionara a una audiencia que no estaba necesariamente interesada en la política.” — Leni Riefenstahl
Riefenstahl, una popular actriz alemana, había dirigido su primer filme Das Blaue Licht (La luz azul) en 1932. Más o menos por la misma época escuchó por primera vez un discurso de Hitler en un mitin nazi y, según ella misma admitió, quedó impresionada. Más tarde comenzó a mantener correspondencia con él, situación que duraría años. Hitler, a su vez, quedó igualmente impresionado con Das Blaue Licht, y en 1933 le pidió a Riefenstahl que dirigiera un filme acerca del mitin nazi anual en Núremberg. Los nazis habían tomado el poder recientemente en un período de inestabilidad política (Hitler era el cuarto canciller alemán en menos de cuatro años) y eran desconocidos por muchos alemanes, sin mencionar al resto del mundo.
Riefenstahl se mostró inicialmente renuente porque quería seguir haciendo filmes de ficción. Hitler insistió, y Riefenstahl accedió al fin a realizar un filme basado en el mitin de Núremberg de 1933 llamado Der Sieg des Glaubens. Sin embargo, el filme tuvo numerosos problemas técnicos, incluyendo falta de preparación (Riefenstahl reportó haber tenido sólo unos días) y la aparente aprensión de Hitler a ser filmado. Para empeorar las cosas, Riefenstahl tuvo que lidiar con la oposición de oficiales del Partido, en particular con Joseph Goebbels, quien trató de que el filme fuera lanzado por el Ministerio de Propaganda. Aunque a Sieg aparentemente no le fue tan mal en la taquilla, más tarde se volvió un motivo de escarnio para los nazis después de que el líder de las SA, Ernst Röhm, quien tuvo un papel prominente en el filme, fuera ejecutado durante la Noche de los Cuchillos Largos.
En 1934, Riefenstahl no tenía deseos de repetir el fiasco de Sieg e inicialmente recomendó a un colega, el director Walter Ruttmann. El film de Ruttmann, que hubiera abarcado el ascenso del Partido Nazi desde 1923 a 1934 y que hubiera sido más abiertamente propagandístico (el texto de apertura de El triunfo es suyo), no atrajo a Hitler. Éste volvió a insistirle a Riefenstahl, quien cedió finalmente (todavía se debate qué tan dispuesta se encontraba ella), después de que Hitler le garantizó su apoyo personal y la promesa de impedir a los demás organismos nazis, específicamente el Ministerio de Propaganda, involucrarse con su filme.
Podéis ver aquí, completa la película:
mar 24 2011
Carteles electorales del nazismo
Los carteles nazis, tan conocidos como brillantes desde el punto de vista del diseño gráfico, se pueden diferenciar entre aquellos que se imprimieron en la guerra como parte dele sfuerzo bélico y de propaganda y los que se orientaban a conseguir la adhesión política de los ciudadanos en distintas campañas electorales.
La galería que ofrecemos engloba unos cuantos acrteles de este último tipo: carteles de propaganda política para distintas citas electorales. Aunque hay algunos bastanmte mediocre, la calidad de su diseño gráfico e impresión era generalmente muy alta, pues gran cantidad de artistas e impresores militaban en el partido nazi.
mar 24 2011
Carteles y diseño gráfico durante el nazismo.
Al contrario que otros regímenes totalitarios, el nazismo alemán logró poner de su lado a una gran cantidad de artistas, tanto músicos, como pintores y cartelistas. Esto hizo que, desde sus inicios, el Partido Nazi contara siempre con vistosos e impresionantes carteles publicitarios. Además, hay que tener en cuenta que el nazismo daba una importancia capital a la publicidad, hasta el puento de que, una vez llegado al poder creó un Ministerio solamente para ese tema, el fanoso Ministerio de Información y Propaganda del Joseph Goebbels. Su gusto por la teatralidad y la escenografía les llevó incluso al punto de mandar diseñar sus uniformes al jefe de vestuario de la ópera de Berlín, lo que da idea de hasta qué punto creían en el poder de la imagen.
Los carteles nazis tratan a menudo temas alegóricos, apelando a la Unidad de Europa. Como quiera que en sus filas contaban con voluntarios de más de treinta naciones diferentes, los carteles nazis están redactados en muy distintos idiomas, si bien se mantiene la alusión al glorioso pasado de occidente, utilizándose a menudo la doble imagen del guerrero antiguo reflejada en el moderno combatiente contra lo que llamaban hordas orientales.
En los carteles nazis, proman los motivos y composiciones del romanticismos, y se imponen los colores nacionales, rojo, blanco y negro, como una constante llamada patriótica. Su magnífico empleo de la publicidad subliminal junto a su destreza para llegar a la fibra psicológica del público, los convierte en verdaderas obras maestras de la propaganda, imitadas hasta nuestros días por publlicstas poco escrupulosos. Como ya se ha dicho, merecen mención aparte los carteles correspondientes a las legiones extranjeras, por su diversidad y por el intento de llegar a distintas mentalidades.
Iremos colocando carteles aquí en distintas galerías. De momento, pueden ver una galería de carteles de todas las épocas en este enlace.
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