ene 03 2012

Snoopy contra el barón rojo.

Category: CULTURA Y OTROSAdminis @ 07:42

La propaganda de guerra no siempre tiene por qué ser solemne y violenta. A veces puede ser divertida…

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dic 10 2011

Los 6000 voluntarios franceses de la GESTAPO

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 21:37
paris 06 300x224 Los 6000 voluntarios franceses de la GESTAPO

París ocupado. Foto André Zucca

Uno de los hechos menos conocidos de lo que fue la ocupación francesa consiste en que las fuerzas de la resistencia francesa no luchaban fundamentalmente contra las fuerzas represivas alemanas, sino contra sus propios compatriotas, ya que las autoridades nazis de ocupación crearon una policía secreta, a semejanza de la GESTAPO, pero con voluntarios franceses para controlar algunas localidades, especialmente París.

Esta unidad policial y paramilitar fue conocida como Carlingue (“carlinga”), y desarrolló sus actividades represivas y de control de la población civil  entre 1941 y 1944, o sea hasta la liberación de la ciudad por los aliados.

La Carlinga se puso bajo el mando de conocidos delincuentes, la mayoría de ellos procedentes de actividades mafiosas y del crimen organizado, entre lso que cabe destacar a su jefe Henri Lafont o Pierre Loutrel, alias Pierre el Loco, involucrados en algunos sonados casos de corrupción, sobornos y delitos monetarios antes de la guerra.

Los alemanes, con la formación de este tipo de unidades, pretendían minar la voluntad de resistencia de los franceses, y en cierto modo tuvieron un gran éxito con ellos, ya que los encargados de combatir a la resistencia eran tan buenos conocedores de las costumbres, de la gente y del idioma como los propios miembros de la resistencia. A cambio de su colaboración con los nazis, los alemanes les ofrecieron absoluta impunidad para seguir adelante con sus negocios de estraperlo, juego y prostitución, entre otros.

Cabe señalar, como curiosidad, que en la Carlinga se alistaron también muchos jóvenes musulmanes que ya pro entonces residían en Francia y cuyo objetivo final erala victoria nazi para conseguir así la independencia de sus países, por entonces colonias francesas. Además de estos jóvenes musulmanes, que en el fondo no hacían otra cosa que defender los intereses y la libertad de sus propios países, se alistaron a la Carlinga un total de 32.000 franceses, formando un cuerpo policial completo.

Como caso más llamativo hay que citar París, donde los nazis hicieron un llamamiento para conseguir 2.000 voluntarios que se alistaran a sus fuerzas represivas y recibieron 6000 solicitudes, pudiendo así permitirse elegir a los que mejor les pareció en unos exámenes y pruebas físicas que constituyeron un importante golpe de efecto de la propaganda alemana.

Otto Abetz, entonces embajador alemán ante las autoridades francesas títeres, se permitió bromear sobre el asunto diciendo que los que no obtuviesen plaza podían  pedir destino en cualquier otro lugar donde los alemanes tuviesen menos amigos.

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nov 24 2011

Goebbels y los principios de la propaganda moderna

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 03:45
p goebbels index Goebbels y los principios de la propaganda moderna

Retrato oficial de Goebbels

Buena parte de los textos nazis, o están prohibidos o son difíciles de encontrar. Desde muchos puntos de vista esto parece normal y hasta conveniente, dada la cantidad de barbaridades que se dicen en esos textos, y los ataques que en ellos se lanzan contra toda clase de colectivos. Resumiendo: la mayoría de las veces son textos que rezuman odio y prejuicios.

Sin embargo, como siempre sucede, prohibir un libro o silenciar un discurso también tiene efectos secundarios negativos. En este caso, el peor de ellos es que hoy casi nadie conoce el origen de los principios de la moderna propaganda política y sigue cayendo en los mismos errores que cayeron los que escucharon a los nazis o a los políticos de su época. Es triste, pero leer a Goebbels enseña más sobre política y medios de comunicación contemporáneos que muchos manuales que se pretenden basados en largos estudios sociológicos.

Precisamente por eso queremos hoy detallar los once principios de la propaganda moderna, obra del Doctor Goebbels. Supongo que a medida que los vayáis leyendo os resultarán cada vez más conocidos. Estos son:

  1. Principio de simplificación y unificación del enemigo. Es necesario adoptar una única idea y un único símbolo. La mente y el corazón del pueblo no tiene sitio para más. Hay que lograr unificar al adversario en un único enemigo que reúna las características de todos y las condense.
  2. Principio del contagio. Es una particularización del anterior. Se trata de hacer extensivos los defectos de unos enemigos al resto, para que en la mente del pueblo sean todos iguales. Con el tiempo hay que lograr que las diferencias entre los adversarios sean insignificantes y los defectos, compartidos.
  3. Principio del espejo. Hay que acusar a nuestros adversarios de todos NUESTROS defectos, de modo que si ellos nos acusan parezca que están simplemente defendiéndose.  Y en caso de que no sea posible, aplicar la máxima: “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.”
  4. Principio de la exageración y la desproporción: Se trata de convertir cualquier pequeña nimiedad en noticia, cualquier suceso en amenaza, cualquier broma en ofensa. El objetivo final es que el adversario no se atreva a opinar, ni a oponerse, ni a bromear siquiera.
  5. Principio de acercamiento a lo vulgar. La propaganda se dirige a la masa y debe adoptar por tanto el nivel del menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto mayor sea la masa, menor debe ser el mensaje intelectual y mayor el mensaje emocional. Hay que decir pocas cosas, muchas veces, y no cansarse nunca de repetirlas.
  6. Principio de rotación. La propaganda debe limitarse a muy pocas ideas y repetirlas de forma constante, presentarlas desde distintas perspectivas, con diferentes ejemplos, y con distintas palabras, pero siempre lo mismo. Sin fisuras ni dudas. Cualquier idea repetida el número suficiente de veces es verdad y oponerse a ella es de idiotas, porque la ha oído todo el mundo.
  7. Principio de agilidad. Se trata de emitir constantemente noticias, comunicados y discursos, de modo que cuando el adversario responda el público esté ya atento a otra cosa y se pueda elegir contestarle o no. Lo que responda el adversario carece de importancia y las acusaciones contra él serán crecientes, sin entrar a razonar ni a discutir nada, sino dando por hecho que en vez de responder se excusa, se disculpa o da pretextos.
  8. Principio de dispersión: Consiste en construir argumentos y razones tomando partes de distintas situaciones y hechos, aunque no tengan nada que ver entre sí. La gente pierde el hilo con facilidad y sólo ve que el principio ha llevado a la conclusión.
  9. Principio de menosprecio: no conceder importancia alguna a los argumentos del adversario, ni entrevistas a sus medios, ni respuestas a sus preguntas. Nada. La pregunta no conveniente no se responde.
  10. Principio del sustrato. Casi siempre, la propaganda funciona a partir de unas bases anteriores, obre todo en lo emocional. Esto es particularmente importante en todo lo que tenga que ver con la identidad personal, de clase, o identidad nacional. Un rico puede seguir sintiéndose clase obrera, un inmigrante puede desear sentorse aceptado, una mujer siempre es una mujer. Hay que explotar esa vena primitiva.
  11. Principio de unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», de modo que pensar de otro modo sea ser raro, inconveniente, antiestético o antisocial.

En el caso del nazismo, su propaganda se basaba en tres pilares: anticomunismo, anticapitalismo y antisemitismo.

Anticomunistas porque el comunismo destruye al individuo, el deseo de prosperar y la voluntad de mejorar como individuos. El comunismo, además, tiene voluntad internacional y destruye la identidad de los pueblos.

Anticapitalistas, porque acusaban al libre mercado de ser el desencadenante del paro y de la crisis económica que hundía a Alemania. Su principal punto de ataque eran las multinacionales, por su excesivo poder y su capacidad de sustraerse a las leyes.

Antisemitismo, porque afirmaban que un judío sería siempre antes judío que alemán, y que en caso de conflicto de intereses sería un enemigo dentro la propia nación, defendiendo los intereses comerciales o políticos de un colectivo que no era ni sería el pueblo alemán.

¿Os suena de algo todo esto?

A mí, demasiado.

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sep 09 2011

Es normal que la secretaria de Goebbels no conociera el Holocausto judío

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 11:15
goeb 203x300 Es normal que la secretaria de Goebbels no conociera el Holocausto judío

Goebbels

En fechas recientes se ha publicado una entrevista con Brunhilde Pomsel, la que fuese secretaria de Joseph Goebbels, el Misnistro nazi de Información y Propaganda.

Uno de los extremos que más llama la atención de esta entrevista, y que más controversias ha suscitado, es la afirmación de la señoña Pomsel, ya centenaria, de que no se enteró del Holocausto judío hasta después de la guerra. Aunque en principio pueda parecer una muestra de cinismo, o de cerrar los ojos a lo evidente, creo sinceramente que la señora dice la verdad, y trataré de aportar las razones que para ello he escuchado a otros ancianos alemanes con los que me entrevisté en otros tiempos:

-Durante una guerra se escuchan todos los días centenares de rumores. En principio, no se puede creer la rumorología, sobre todo si atenta contra los intereses o la imagen del propio país, pues en ese caso podrían proceder del enemigo.

-Durante la guerra hubo millares, millones de deportados de todas las nacionalidades. Se sabía que a los franceses se les enviaba a trabajar a Polonia, y a los polacos y rusos a Francia. Los judíos desaparecían, sí, pero todo el mundo daba por hecho que se les enviaba a trabajar como esclavos a alguna parte. En la mentalidad alemana no cabe la idea de matar a gente que puede trabajar. Para ellos, que los prisioneros mueran de agotamiento, hambre o enfermedades es creíble, peor no lo era en modo alguno que se les ejecutara sin explotarlos al máximo.

-Algunos de los rumores que se escuchaban hablaban de trenes llenos de personas que se dirigían a sitios donde las mataban. Como en el caso anterior, los civiles  alemanes no podían creerse que se hiciese viajar dos mil kilómetros a gente con el solo fin de matarla, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de transportes y de combustible. La gente de a pie sabía que había ejecuciones, por supuesto, pero en el sitio, y enterrados allí mismo, en cualquier cuneta(como hacíamos en España, sin ir más lejos), no llevándolos en trenes y a dos mil kilómetros de donde se les cogía. Eso no podía ser cierto, pues no encajaba en su mentalidad.

-Por último, padecemos a menudo la tentación de pensar que la población civil alemana conocía la masacre y que callaron por miedo, por colaboración con la matanza o por desinterés, cuando los hechos muestran un escenario muy distinto. Por una parte, los medios de comunicación del momento a los que tenía acceso la población civil alemana  eran muy débiles y estaban completamente intervenidos por el Gobierno. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los medios de comunicación aliados tampoco hablaron del Holocausto hasta después de acabada la guerra. En ese sentido, llama la atención que si los alemanes ahorcaban a dos rehenes len Albania, la BBC se hacía eco. Si los alemanes fusilaban a tres campesinos en Sicilia, la BBC se hacía eco, y si los alemanes no fusilaban a a nadie, la BBC se lo inventaba, como es lógico dentro de la mecánica de la propaganda de guerra, pero nunca durante la guerra llegó a hablar la BBC de lo que ocurría en los campos de exterminio, cuando lo cierto es que cientos de miles de miembros de la resistencia podían haber pasado esa información a los aliados.

Durante toda la guerra no puede leerse en los periódicos británicos ni norteamericanos, ni tampoco en los rusos, ni una sola mención a  lo que sucedía en lugares como Auschwitz, cuando después se supo que tenían centenares de fotografías aéreas de esos lugares y que su aviación fotografiaba hasta los más recónditos rincones de Alemania. Si los ingleses y los norteamericanos no lo supieron, y sus gobiernos estaban claramente interesados (se supone) en dar a conocer la barbarie del enemigo, ¿cómo podemos pensar que lo sabían los civiles alemanes?

Por lo visto, el asunto se llevó en el máximo secreto, e incluso algunos altos cargos del nazismo no llegaron a enterarse nunca, convencidos, como el resto de sus compatriotas, de que se esclavizaba a los judíos para que trabajasen y colaboraran al esfuerzo de guerra, pero sin poder pensar que se les matara sin exprimirlos antes al máximo.

Conocer la mentalidad de la gente es la base del secreto, como siempre.

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jun 10 2011

Los fundamentos morales de que aún exista propaganda contra el nazismo.

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 16:45

 No es normal que sesenta y tantos años después de una victoria militar aplastante se insista en la propaganda contra un enemigo cien veces derrotado, juzgado en los tribunales, ejecutado y desterrado de lso libros de historia. ¿Qué es lo que sucede para que se insista de este modo?, ¿por qué se sigue invirtiendo tiempo y dinero en esta extraña propaganda, olvidánmdose de enemigos más recientes y más poderosos?

 Por una parte, es el miedo de los vencedores políticos — es decir, los vencedores auténticos — de la última guerra. Por otra, el miedo de los vencidos políticos, antiguos aliados de aquellos. Miedo de los vencedores políticos, de los vencedores reales, es decir, de la Rusia Soviética y del Comunismo que ella encarna, que todavía recuerda cómo un adversario que debía atender múltiples frentes a la vez, le puso al borde de la derrota y le inflingió tremendos golpes pese a una apabullante inferioridad numérica y material; un adversario cuyo renacer hay que impedir por todos los medios, pues sería el núcleo del único adversario que podría con él… núcleo de una Europa auténtica, que nada tiene que ver con los tenderos del Mercado Común. Y para ello hay que desacreditarlo a los ojos de esta generación y de las que vendrán.

Miedo, también, de los vencidos políticos; de las democracias occidentales europeas, líderes mundiales hace cuarenta años y segundones vergonzantes hogaño, y también de la “Gran Democracia” americana, receptora de más bofetadas diplomáticas, políticas y militares — Viet Nam — que un payaso de feria. Es el miedo patológico de los viejos, el pánico senil; es el espectáculo de las ruinas, el pánico de los vencedores militares, de los cuarenta aviones contra uno, de los tres mil barcos contra quince submarinos, de las cuarenta naciones contra una, a la que han ido abandonando, uno tras otro, sus débiles aliados. Es el contemplar Hamburgo, Dresde, Colonia, Stuttgart. Es preciso que los vencidos sean unos malvados. Es indispensable que lo sean pues, si no lo fueran, si no fueran unos monstruos, ¿cómo justificar las ciudades arrasadas, las zonas residenciales incendiadas? ¿cómo justificar las bombas de fósforo ante las tropas de ocupación, ante los soldados del contingente de movilizados conscriptos, ante esos electores que un día volverán a sus hogares y hablarán con sus familiares, electores también? El horror de los vencedores militares, el interés de los vencedores políticos, la venganza vesánica de los pastores espirituales del Sionismo: he aquí los motivos verdaderos de la tramoya que a escala mundial se ha levantado y se sostiene con diabólica perseverancia. Este horror, este interés y esta venganza imponían transformar los bombardeos de fósforo contra ancianos, mujeres y niños en una Cruzada. Así se inventó, a posteriori, un derecho a la matanza, más aún, un deber a la matanza en nombre del respeto a la Humanidad, y una Ley de Lynch en nombre del respeto a la Justicia. Los que mataron, se nombraron a sí mismos, policías, fiscales, jueces y verdugos a la vez. Esta es la realidad. Esta es la única realidad. No hay otra, para el hombre masificado, sometido a un permanente lavado de cerebro por los llamados mass-media.

Y, no obstante, debe haber otra realidad. Hay otra realidad. Y es que frente a los crímenes, reales o inventados de los vencidos, algo se echa en falta. Incluso para el espíritu más mediocre parece evidente que algo más debe haber…

Fragmento de LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS

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abr 04 2011

Rosa Luxemburgo. Líder de una revolución fracasada que allanó el camino al nazismo.

Category: POLíTICOSAdminis @ 01:04
Rosa Luxemburgo 300x185 Rosa Luxemburgo. Líder de una revolución fracasada que allanó el camino al nazismo.

Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburg nació en la pequeña población polaca de Zamosc, el 5 de marzo de 1871. Desde muy joven fue activista del movimiento socialista. Se unió a un partido revolucionario llamado Proletariat, fundado en 1882, alrededor de 21 años antes de que se fundara el Partido Social Demócrata Ruso (bolcheviques y mencheviques).

Proletariat estuvo desde sus comienzos, tanto en principios como en programa, señaladamente adelantado con respecto al movimiento revolucionario en Rusia. Mientras el movimiento revolucionario ruso estaba todavía restringido a actos de terrorismo individual llevados a cabo por una heroica minoría de intelectuales, Proletariat organizaba y dirigía a miles de trabajadores en huelga. No obstante, en 1886, Proletariat fue prácticamente decapitado por la ejecución de cuatro de sus líderes, el encarcelamiento de otros veintitrés bajo largas condenas a trabajos forzados y el destierro de otros doscientos. Sólo se salvaron del naufragio pequeños círculos, y a uno de ellos se unió Rosa Luxemburg a los 16 años. Alrededor de 1889, su actuación llegó a oídos de la policía y tuvo que abandonar Polonia, ya que sus camaradas pensaron que podría realizar tareas más útiles en el exterior que en prisión. Fue a Zurich, en Suiza, que era el centro más importante de emigración polaca y rusa. Ingresó en la universidad, donde estudió ciencias naturales, matemáticas y economía. Tomó parte activa en el movimiento obrero local y en la intensa vida intelectual de los revolucionarios emigrados.

Apenas dos años más tarde, Rosa ya era reconocida como líder teórico del partido socialista revolucionario de Polonia. Llegó a ser colaboradora principal del diario del partido, Sprawa Rabotnicza, publicado en París. En 1894, el nombre del partido, Proletariat, cambió por el de Partido Social Demócrata del Reino de Polonia; muy poco después, Lituania se añadió al título. Rosa siguió siendo líder teórico del partido -el SDKPL- hasta el fin de su vida.

En agosto de 1893, representó al partido en el Congreso de la Internacional Socialista. Allí, siendo una joven de 22 años, tuvo que lidiar con veteranos muy conocidos de otro partido polaco, el Partido Socialista Polaco (PPS), cuyo principio más importante era la independencia de Polonia, y que demandaba el reconocimiento de todos los miembros de mayor experiencia del socialismo internacional.

La ayuda para el movimiento nacional en Polonia tenía tras de sí el peso de una larga tradición: también Marx y Engels habían hecho de esto un principio importante en su política. Impertérrita ante todo esto, Rosa cuestionó al PSS, acusándolo de tendencias claramente nacionalistas y de propensión a desviar a los trabajadores de la senda de la lucha de clases; se atrevió a tomar una posición diferente a la de los viejos maestros y se opuso al slogan de “independencia para Polonia” (Para una elaboración de la posición de Rosa Luxemburg sobre la cuestión nacional, véase el Capítulo 6.) Sus adversarios acumularon injurias sobre ella: algunos, como el veterano discípulo y amigo de Marx y Engels, Wilhelm Liebknecht, llegó a acusarla de ser agente de la policía secreta zarista. No obstante, ella se mantuvo en sus trece.

Intelectualmente crecía a pasos agigantados. En 1898, se dirigió al centro del movimiento obrero internacional en Alemania, que la atrajo irresistiblemente.

luxemb 300x215 Rosa Luxemburgo. Líder de una revolución fracasada que allanó el camino al nazismo.

Rosa Luxemburgo hablando ante el público

Comenzó a escribir asiduamente, y después de un tiempo llegó a ser uno de los principales colaboradores del periódico teórico marxista más importante de la época, Die Neue Zeit. Invariablemente independiente en el juicio y en la crítica, ni siquiera el tremendo prestigio de Karl Kautsky, su director -”Papa del marxismo”, como se le llamaba-, lograba apartarla de sus opiniones elaboradas, una vez que estaba convencida de ellas.

Rosa entregó cuerpo y alma al movimiento obrero en Alemania. Era colaboradora regular de numerosos diarios socialistas -y en algunos casos directora-, dirigió muchos mítines populares y tomó parte enérgicamente en todas las tareas que el movimiento le requería. Desde el principio hasta el fin, sus disertaciones y artículos eran trabajos creativos originales, en los que apelaba a la razón más que a la emoción, y en los que siempre abría a sus oyentes y lectores un horizonte más amplio.

En este momento, el movimiento de Alemania se dividió en dos tendencias principales, una reformista -con fuerza creciente- y la otra revolucionaria. Alemania había gozado de creciente prosperidad desde la crisis de 1873. El nivel de vida de los trabajadores había ido mejorando ininterrumpidamente, aunque en forma lenta: los sindicatos y cooperativas se habían vuelto más fuertes. En estas circunstancias, la burocracia de estos movimientos, junto con la creciente representación parlamentaria del Partido Social Demócrata, se alejaba de la revolución y se inclinaba con gran ímpetu hacia los que ya proclamaban el cambio gradual o el reformismo como meta. El principal vocero de esta tendencia era Eduard Bernstein, un discípulo de Engels. Entre 1896 y 1898, escribió una serie de artículos en Die Neue Zeit sobre “Problemas del Socialismo”, atacando cada vez más abiertamente los principios del marxismo. Estalló una larga y amarga discusión. Rosa Luxemburg, que acababa de ingresar en el movimiento obrero alemán, inmediatamente salió en defensa del marxismo. De forma brillante y con magnífico ardor atacó el propagado cáncer del reformismo en su folleto ¿Reformismo o revolución?. (Para una elaboración de su crítica del reformismo, véase el Capítulo 2).

Poco después, en 1899, el “socialista” francés Millerand participó de un gobierno de coalición con un partido capitalista. Rosa siguió atentamente este experimento y lo analizó en una serie de brillantes artículos referentes a la situación del movimiento francés en general, y a la cuestión de los gobiernos de coalición en particular (véase el Capítulo 2). Después del fiasco de Macdonald en Gran Bretaña, el de la República de Weimar en Alemania, el del Frente Popular en Francia en la década de los 30 y los gobiernos de coalición posteriores a la Segunda Guerra Mundial en el mismo país, queda claro que las enseñanzas impartidas por Rosa no son únicamente de interés histórico.

Entre 1903-1904, Rosa se entregó a una polémica con Lenin, con quien disentía en la cuestión nacional (véase el Capítulo 6), y en la concepción de la estructura del partido y la relación entre el partido y la actividad de las masas (véase el Capítulo 5).

En 1904, después de “insultar al Káiser”, fue sentenciada a nueve meses de prisión, de los cuales cumplió solo uno.

En 1905, con el estallido de la primera revolución rusa, escribió una serie de artículos y panfletos para el partido polaco, en los que exponía la idea de la revolución permanente, que había sido desarrollada independientemente por Trotsky y Parvus, pero sostenida por pocos marxistas de la época. Mientras que tanto los bolcheviques como los mencheviques, a pesar de sus profundas divergencias, creían que la revolución rusa había de ser democrático-burguesa, Rosa argüía que se desarrollaría más allá del estadio de burguesía democrática y que podría terminar en el poder de los trabajadores o en una derrota total. Su slogan era “dictadura revolucionaria del proletariado basada en el campesinado”.1

luxemb2 300x292 Rosa Luxemburgo. Líder de una revolución fracasada que allanó el camino al nazismo.

Rosa Luxemburgo

Sin embargo, pensar, escribir y hablar sobre la revolución no era suficiente para Rosa Luxemburg. El motto de su vida fue: “En el principio fue el acto”. Y aunque no gozaba de buena salud en ese momento, entró de contrabando en la Polonia rusa tan pronto como pudo (en diciembre de 1905). En ese momento el punto culminante de la revolución había sido superado. Las masas todavía estaban activas, pero ahora vacilantes, mientras la reacción alzaba su cabeza. Se prohibieron todos los mítines, pero los obreros todavía los celebraban en sus fortalezas: las fábricas. Todos los periódicos de los trabajadores fueron suprimidos, pero el del partido de Rosa seguía apareciendo todos los días, impreso clandestinamente. El 4 de marzo de 1906 fue arrestada y detenida durante cuatro meses, primero en la prisión y posteriormente en un fuerte. A causa de su mala salud y de su nacionalidad alemana, fue liberada y expulsada del país.2

La revolución rusa dio vigor a una idea que Rosa había concebido años atrás: que las huelgas de masas -tanto políticas como económicas- constituían un elemento cardinal en la lucha revolucionaria de los trabajadores por el poder, singularizando a la revolución socialista de todas las anteriores. A partir de allí elaboró aquella idea en base a una nueva experiencia histórica. (Véase el Capítulo 3)

Al hablar en tal sentido en un mitin público fue acusada de “incitar a la violencia”, y pasó otros dos meses en prisión, esta vez en Alemania.

En 1907, participó en el Congreso de la Internacional Socialista celebrado en Stuttgart. Habló en nombre de los partidos ruso y polaco, desarrollando una posición revolucionaria coherente frente a la guerra imperialista y al militarismo. (Véase el Capítulo 4)

Entre 1905 y 1910, la escisión entre Rosa Luxemburg y la dirección centrista3 del SPD -del que Kautsky era el portavoz teórico- se hizo más profunda. Ya en 1907, Rosa había expresado su temor de que los líderes del partido, al margen de su profesión de marxismo, vacilarían frente a una situación que requiriera acción. El punto culminante llegó en 1910, cuando se produjo una ruptura total entre Rosa y Karl Kautsky por la cuestión de la vía de los trabajadores hacia el poder. Desde ese momento, el SPD se dividió en tres tendencias diferenciadas: los reformistas, que progresivamente fueron adoptando una política imperialista; los así llamados marxistas de centro, conducidos por Kautsky (ahora apodado por Rosa Luxemburg “líder del pantano”), quien conservaba su radicalismo verbal pero se limitaba cada vez más a los métodos parlamentarios de lucha; y el ala revolucionaria, de la que Rosa Luxemburg era la principal inspiradora.

En 1913, publicó su obra más importante: La acumulación de capital. (Una contribución a la explicación económica del imperialismo). Ésta es sin duda, desde El Capital una de las contribuciones más originales a la doctrina económica marxista. Este libro -como lo señalara Mehring, el biógrafo de Marx- con su caudal de erudición, brillantez de estilo, vigoroso análisis e independencia intelectual, es de todas las obras marxistas, la más cercana a El Capital. El problema central que estudia es de enorme importancia teórica y política: los efectos que la expansión del capitalismo en territorios nuevos y atrasados, tiene sobre sus propias contradicciones internas y sobre la estabilidad del sistema. (Para un análisis de esta obra véase el Capítulo 8.)

El 20 de febrero de 1914, Rosa Luxemburg fue arrestada por incitar a los soldados a la rebelión. La base de esta acusación fue una arenga en la que declaró: “Si ellos esperan que asesinemos a los franceses o a cualquier otro hermano extranjero, digámosles: ‘No, bajo ninguna circunstancia’”. En el Tribunal se transformó de acusada en acusadora, y su disertación -publicada posteriormente bajo el título Militarismo, guerra y clase obrera- es una de las más inspiradas condenas del imperialismo por parte del socialismo revolucionario. Se la sentenció a un año de prisión, pero no fue detenida ahí mismo. Al salir de la sala del tribunal fue de inmediato a un mitin popular, en el que repitió su revolucionaria propaganda antibélica.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, prácticamente todos los líderes socialistas fueron devorados por la marea patriótica. El 3 de agosto de 1914, el grupo parlamentario de la socialdemocracia alemana decidió votar a favor de créditos para el gobierno del Káiser. Sólo quince de los ciento once diputados mostraron algún deseo de votar en contra. No obstante, después de serles rechazada su solicitud de permiso, se sometieron a la disciplina del partido, y el 4 de agosto, todo el grupo socialdemócrata votó por unanimidad en favor de los créditos. Pocos meses después, el 3 de diciembre, Karl Liebknecht ignoró la disciplina del partido para votar de acuerdo con su conciencia. Fue el único voto en contra de los créditos para la guerra.

La decisión de la dirección del partido fue un rudo golpe para Rosa Luxemburg. Sin embargo, no se permitió la desesperación. El mismo día que los diputados de la socialdemocracia se unieron a las banderas del Káiser, un pequeño grupo de socialistas se reunió en su departamento y decidió emprender la lucha contra la guerra. Este grupo, dirigido por Rosa, Karl Liebknecht, Franz Mehring y Clara Zetkin, finalmente se transformó en la Liga Espartaco. Durante cuatro años, principalmente desde la prisión, Rosa continuó dirigiendo, inspirando y organizando a los revolucionarios, levantando las banderas del socialismo internacional. (Para más detalles de su política antibélica, véase el Capítulo 4.)

El estallido de la guerra, separó a Rosa del movimiento obrero polaco, pero debe de haber obtenido profunda satisfacción, porque su propio partido en Polonia permaneciera en todo sentido leal a las ideas del socialismo internacional.

La revolución rusa de febrero de 1917 concretó las ideas políticas de Rosa: oposición revolucionaria a la guerra y lucha para el derrocamiento de los gobiernos imperialistas. Desde la prisión, seguía febrilmente los acontecimientos, estudiándolos a fondo con el objeto de recoger enseñanzas para el futuro. Señaló sin vacilaciones que la victoria de febrero no significaba el final de la lucha, sino solo su comienzo; que únicamente el poder en manos de la clase trabajadora podía asegurar la paz. Emitió constantes llamamientos a los trabajadores y soldados alemanes para que emularan a sus hermanos rusos, derrocaran a los junkers y al capitalismo. Así, al mismo tiempo que se solidarizarían con la revolución rusa, evitarían morir desangrados bajo las ruinas de la barbarie capitalista.

Cuando estalló la Revolución de Octubre, Rosa la recibió con entusiasmo, ensalzándola con los términos más elevados. Al mismo tiempo, no sustentaba la creencia de que la aceptación acrítica de todo lo que los bolcheviques hicieran fuera útil al movimiento obrero. Previó claramente que si la Revolución Rusa permanecía en el aislamiento, un elevado número de distorsiones mutilarían su desarrollo; bien pronto señaló tales distorsiones en el proceso de desarrollo de la Rusia soviética, particularmente sobre la cuestión de la democracia. (Véase el Capítulo 7.)

El 8 de noviembre de 1918, la revolución alemana liberó a Rosa de la prisión. Con todo su energía y entusiasmo se sumergió en la lucha revolucionaria. Lamentablemente las fuerzas reaccionarias eran poderosas. Líderes del ala derecha de la socialdemocracia y generales del viejo ejército del Káiser unieron sus fuerzas para suprimir al proletariado revolucionario. Miles de trabajadores fueron asesinados; el 15 de enero de 1919 mataron a Karl Liebknecht; el mismo día, el culatazo de rifle de un soldado destrozó el cráneo de Rosa Luxemburg.

El movimiento internacional de los trabajadores perdió, con su muerte, uno de sus más nobles espíritus. “El más admirable cerebro entre los sucesores científicos de Marx y Engels”, como dijo Mehring, había dejado de existir. En su vida, como en su muerte, dio todo por la liberación de la humanidad.

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mar 29 2011

El Triunfo de la Voluntad. El mejor documental cinematográfico del nazismo.

Category: CULTURA Y OTROS,DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 04:56

El triunfo de la voluntad (en alemán, Triumph des Willens) es una película propagandista nazi dirigida por Leni Riefenstahl. Muestra el desarrollo del congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934 en Núremberg. La película incluye imágenes de miembros uniformados del partido desfilando (aunque aparecen relativamente pocos soldados alemanes) al son de conocidas marchas, además de partes de discursos de varios líderes nazis en el Congreso como Adolf Hitler. Fue Hitler quien encargó el filme y su nombre figura en los créditos iniciales. El tema principal de El triunfo de la voluntad es el regreso de Alemania a la categoría de potencia mundial, con Hitler como una especie de mesías que devolverá la gloria a la nación.

La película se estrenó en 1935 y es una de las películas de propaganda más conocidas de la historia del cine.

Las técnicas utilizadas por Riefenstahl, que incluyeron cámaras en movimiento, el uso de teleobjetivos para crear una perspectiva distorsionada, fotografía aérea y un revolucionario enfoque en el uso de la música y la cinematografía, han hecho que El triunfo de la voluntad sea considerado como el documental político artístico mejor consumado en la historia del cine.

Riefenstahl ganó varios premios, no sólo en Alemania, sino también en Estados Unidos, Francia, Suecia y otros países. Esta película ha influido en otros filmes, documentales y publicidades hasta el día de hoy, aun cuando es un ejemplo que pone en cuestión la delgada línea entre arte y moralidad.

El triunfo de la voluntad ha sido descrita como «hecha por nazis, para nazis y sobre los nazis». El filme comienza con un prólogo, el único comentario en toda la película. En un muro de piedra, aparece el siguiente texto: «El 5 de septiembre de 1934, … 20 años después del estallido de la Guerra Mundial … 16 años después del comienzo de nuestro sufrimiento … 19 meses después del inicio del renacimiento alemán … Adolf Hitler voló otra vez a Núremberg a inspeccionar las columnas de sus fieles seguidores».

 Orígenes

“Poco después de su llegada al poder, Hitler me mandó llamar y me explicó que quería un filme acerca de un Congreso del Partido y que quería que yo lo hiciera. Mi primera reacción fue decir que yo no sabía nada acerca del modo en que funcionaba una cosa así o acerca de la organización del Partido, de modo que fotografiaría las cosas equivocadas y no complacería a nadie, aun suponiendo que pudiera hacer un documental, lo que nunca había hecho antes. Hitler dijo que era por esto exactamente por lo que quería que yo lo hiciera: porque cualquiera que supiera todo acerca de la importancia relativa de las personas y grupos y demás podría hacer un filme pedante y exacto, pero que esto no era lo que él quería. Él quería un filme que mostrara el Congreso desde un ojo no experto que seleccionara sólo lo que fuera artísticamente satisfactorio; en términos de espectáculo, supongo que se puede decir. Él quería un filme que movilizara, atrajera, impresionara a una audiencia que no estaba necesariamente interesada en la política.” — Leni Riefenstahl

 

Riefenstahl, una popular actriz alemana, había dirigido su primer filme Das Blaue Licht (La luz azul) en 1932. Más o menos por la misma época escuchó por primera vez un discurso de Hitler en un mitin nazi y, según ella misma admitió, quedó impresionada. Más tarde comenzó a mantener correspondencia con él, situación que duraría años. Hitler, a su vez, quedó igualmente impresionado con Das Blaue Licht, y en 1933 le pidió a Riefenstahl que dirigiera un filme acerca del mitin nazi anual en Núremberg. Los nazis habían tomado el poder recientemente en un período de inestabilidad política (Hitler era el cuarto canciller alemán en menos de cuatro años) y eran desconocidos por muchos alemanes, sin mencionar al resto del mundo.

Riefenstahl se mostró inicialmente renuente porque quería seguir haciendo filmes de ficción. Hitler insistió, y Riefenstahl accedió al fin a realizar un filme basado en el mitin de Núremberg de 1933 llamado Der Sieg des Glaubens. Sin embargo, el filme tuvo numerosos problemas técnicos, incluyendo falta de preparación (Riefenstahl reportó haber tenido sólo unos días) y la aparente aprensión de Hitler a ser filmado. Para empeorar las cosas, Riefenstahl tuvo que lidiar con la oposición de oficiales del Partido, en particular con Joseph Goebbels, quien trató de que el filme fuera lanzado por el Ministerio de Propaganda. Aunque a Sieg aparentemente no le fue tan mal en la taquilla, más tarde se volvió un motivo de escarnio para los nazis después de que el líder de las SA, Ernst Röhm, quien tuvo un papel prominente en el filme, fuera ejecutado durante la Noche de los Cuchillos Largos.

En 1934, Riefenstahl no tenía deseos de repetir el fiasco de Sieg e inicialmente recomendó a un colega, el director Walter Ruttmann. El film de Ruttmann, que hubiera abarcado el ascenso del Partido Nazi desde 1923 a 1934 y que hubiera sido más abiertamente propagandístico (el texto de apertura de El triunfo es suyo), no atrajo a Hitler. Éste volvió a insistirle a Riefenstahl, quien cedió finalmente (todavía se debate qué tan dispuesta se encontraba ella), después de que Hitler le garantizó su apoyo personal y la promesa de impedir a los demás organismos nazis, específicamente el Ministerio de Propaganda, involucrarse con su filme.

Podéis ver aquí, completa la película:

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mar 24 2011

Carteles electorales del nazismo

Category: CULTURA Y OTROSAdminis @ 22:02

Los carteles nazis, tan conocidos como brillantes desde el punto de vista del diseño gráfico, se pueden diferenciar entre aquellos que se imprimieron en la guerra como parte dele sfuerzo bélico y de propaganda y los que se orientaban a conseguir la adhesión política de los ciudadanos en distintas campañas electorales.

La galería que ofrecemos engloba unos cuantos acrteles de este último tipo: carteles  de propaganda política para distintas citas electorales. Aunque hay algunos bastanmte mediocre, la calidad de su diseño gráfico e impresión era generalmente muy alta, pues gran cantidad de artistas e impresores militaban en el partido nazi.

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mar 24 2011

Carteles y diseño gráfico durante el nazismo.

Category: CULTURA Y OTROSAdminis @ 21:14

Al contrario que otros regímenes totalitarios, el nazismo alemán logró poner de su lado a una gran cantidad de artistas, tanto músicos, como pintores y cartelistas. Esto hizo que, desde sus inicios, el Partido Nazi contara siempre con vistosos e impresionantes carteles publicitarios. Además, hay que tener en cuenta que el nazismo daba una importancia capital a la publicidad, hasta el puento de que, una vez llegado al poder creó un Ministerio solamente para ese tema, el fanoso Ministerio de Información y Propaganda del Joseph Goebbels. Su gusto por la teatralidad y la escenografía les llevó incluso al punto de mandar diseñar sus uniformes al jefe de vestuario de la ópera de Berlín, lo que da idea de hasta qué punto creían en el poder de la imagen.

Los carteles nazis tratan a menudo temas alegóricos, apelando a la Unidad de Europa. Como quiera que en sus filas contaban con voluntarios de más de treinta naciones diferentes, los carteles nazis están redactados en muy distintos idiomas, si bien se mantiene la alusión al glorioso pasado de occidente, utilizándose a menudo la doble imagen del guerrero antiguo reflejada en el moderno combatiente contra lo que llamaban hordas orientales.

En los carteles nazis, proman los motivos y composiciones del romanticismos, y se imponen los colores nacionales, rojo, blanco y negro, como una constante llamada patriótica. Su magnífico empleo de la publicidad subliminal junto a su destreza para llegar a la fibra psicológica del público, los convierte en verdaderas obras maestras de la propaganda, imitadas hasta nuestros días por publlicstas poco escrupulosos. Como ya se ha dicho, merecen mención aparte los carteles correspondientes a las legiones extranjeras, por su diversidad y por el intento de llegar a distintas mentalidades.

Iremos colocando carteles aquí en distintas galerías. De momento, pueden ver una galería de carteles de todas las épocas en este enlace.

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mar 18 2011

Campos de concentracion aliados para alemanes. Un millón de alemanes muertos en cautividad

 

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Alemanes hacinados en un campo de concentración aliado

Llámelo crueldad, llámelo represalias, llámelo una política de hostil negligencia: un millón de alemanes capturados como prisioneros por los ejércitos de Eisenhower murieron en cautiverio después de rendirse.

En la Primavera de 1945, el III Reich de Adolf Hittler estaba a punto del colapso, atrapado entre el Ejército Rojo avanzando desde el este hacia Berlín y los ejércitos norteamericanos, británicos y canadienses, bajo el comando total del General Dwight David Eisenhower, moviéndose desde el oeste a lo largo del río Rhin. Desde el desembarco del día D en Normandía, el pasado junio, los aliados occidentales habían recapturado Francia y los Países Bajos y algunos Comandantes de la Wehrmacht estaban tratando de negociar las rendiciones locales. Otras unidades, sin embargo, continuaban obedeciendo las órdenes de Hitler de luchar hasta el último hombre. La mayoría de los sistemas, incluyendo el transporte, habían colapsado y los civiles huían en pánico, de los rusos que avanzaban a lo largo.
  

Hambrientos y atemorizados, yaciendo en terrenos de cultivos, a 15 metros de nosotros, esperando el momento apropiado para saltar con sus manos alzadas“: Así es como el Capitán H. F. McCullough del 2º Regimiento anti-tanques de la 2ª División Canadiense, describe el caos de la rendición alemana al final de la Segunda Guerra Mundial.
En un día y medio, de acuerdo con el Mariscal de Campo Bernard Montgomery, 500.000 alemanes se rindieron a su 21º Grupo de Ejército en el norte de Alemania. Poco después del día V-E – el 8 de mayo de 1945- los británicos y canadienses capturaron a más de dos millones de alemanes. Virtualmente casi nada del tratamiento que les fue dado, sobrevive en los archivos en Ottawa o en Londres, sólo algunas escasas evidencias del Comité Internacional de la Cruz Roja, los ejércitos involucrados y los relatos de los prisioneros mismos que indican que la mayoría continuaron con buena salud. En todo caso, la mayoría fueron pronto liberados y enviados a casa, o fueron transferidos a Francia para ayudar en el trabajo de reconstrucción de post-guerra. (El ejército francés había capturado poco menos de 300.000 prisioneros.)
Tal como los británicos y canadienses, los norteamericanos se enfrentaron con un sorprendente número de soldados alemanes rendidos. La cuenta final de prisioneros capturados por el ejército norteamericano en Europa (excluyendo Italia y el Norte de África) fue de 5,25 millones. Pero los norteamericanos respondieron en forma diferente.

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Un prisionero alemán

Entre los primeros cautivos en manos de EEUU había uno, el Cabo Helmut Liebich, que había trabajado en un grupo anti-aéreo experimental en Peenemunde en el Báltico. Liebich fue capturado por los norteamericanos el 17 de abril, cerca de Gotha en el centro de Alemania. Cuarenta y dos años después, recuerda perfectamente que no habían tiendas de campaña en el Campo Gotha, tan sólo un cerco de alambres de púas alrededor de un campo que pronto se transformó en un barrial.

Los prisioneros recibían una pequeña ración de alimentos el primer día, pero fue reducida a la mitad. Para obtener la ración fueron forzados correr una manga. Agachados debían correr entre los guardias norteamericanos, que les golpeaban con palos mientras se movían hacia el alimento. El 17 de abril, fueron transferidos al campo norteamericano Heidesheim más hacia el oeste, donde no hubo alimentos durante días; luego muy pocos.
   Al aire libre, hambrientos y sedientos los hombres comenzaron a morir. Liebich vio sacar a entre 10 y 30 cuerpos cada día desde su sección, la “B”, que al principio tenía alrededor de 5200 hombres. Vio a un prisionero golpear a otro hasta la muerte para obtener su pequeño trozo de pan. Una noche, mientras llovía, Liebich vio a los costados del agujero donde estaban refugiados, agujeros cavados en la blanda tierra arenosa, colapsar sobre los hombres que estaban muy débiles para luchar por salir. Se ahogaban antes de lograr sacarlos. Liebich se sienta y comienza a llorar:
Me es muy difícil creer que los hombres puedan ser tan crueles unos con otros

El tifus estalló en el Campo Heidesheim aproximadamente desde principios de mayo. Cinco días después del día V-E, el 13 de mayo, Liebich fue transferido a otro campo norteamericano de prisioneros, a Bingen Rüdesheim en Rhineland cerca de Bad Kreusnach, donde se le dijo que había una gran cantidad de prisioneros, algo así como entre 200.000 y 400.000, todos ellos sin algo para cobijarse, sin alimentos, sin agua, ni medicinas o suficiente espacio.
  

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campo aliado

 Pronto se sintió enfermo con disentería y tifus. Fue transferido nuevamente, semi inconciente y delirando, en carros de ferrocarril sin techos hacia el nororiente bajando el Rhine, con un desvío a través de Holanda, donde los holandeses se apostaban sobre los puentes para lanzar piedras sobre las cabezas de los prisioneros. A veces los guardias norteamericanos disparaban tiros de advertencia hacia los holandeses para mantenerlos alejados, A veces no.
   Después de 3 noches, sus compañeros prisioneros le ayudaron tambaleante, a ingresar al enorme campo en el Rheinberg, cerca de la frontera con Holanda, nuevamente sin protección ni alimentos. Cuando llegó una pequeña cantidad de alimento, estaba descompuesto. En ninguno de los cuatro campos vio Liebich protección alguna para los prisioneros.
   La tasa de muertes en los Campos norteamericanos en el Rhineland en ese momento, de acuerdo con los datos de sobrevida de una encuesta médica, fue del 30 por ciento al año; la tasa normal de muertes de la población civil en 1945, estaba entre el 1 y el 2 por ciento.

   Un día en junio, a través de sus alucinaciones por la fiebre que le consumía, Liebich vio a los “Tommies” que llegaban al Campo, Los británicos se hacían cargo del Campo Rheinberg y eso probablemente salvó su vida. En ese momento, Liebich que mide 1,75 mts. pesaba 43 Kg. De acuerdo con las historias referidas por otros ex prisioneros del Campo de Rheinberg, el último acto de los norteamericanos, antes que los británicos tomaran el control del Campo, fue aplanar con buldózer una sección del campo mientras aún había hombres vivos en los agujeros que habían cavado en la tierra.

Eisenhower mismo firmó la solicitud para crear una categoría de prisioneros que no era cubierta por la Convención de Ginebra.

   Bajo la Convención de Ginebra, tres derechos fundamentales están garantizados para los prisioneros de guerra, (a) que serán alimentados y cobijados en la misma forma que las tropas de base o de reserva de las Fuerzas que capturan, (b) que podrán enviar y recibir cartas y (c) que serán visitados por delegados del Comité de la Cruz Roja Internacional quienes reportarán en secreto, acerca del trato que reciben a un Poder de Protección. (En el caso de Alemania, como el gobierno se desintegró en las etapas finales de la guerra, Suiza había sido designada como Poder Protector)
   De hecho, a los prisioneros alemanes capturados por el ejército norteamericano a fines de la Segunda Guerra Mundial, se les negaron estos y la mayoría de los otros derechos, a través de una serie de decisiones y directivas específicas, que se originaban principalmente desde Cuartel Central del Ejército norteamericano o SHAEF –Cuartel Central Supremo de las Fuerzas Aliadas Expedicionarias.

   exterminados”.

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Campo aliado y hacinamiento

El general Dwight Eisenhower era el Supremo Comando de SHAEF – de todos los ejércitos al noroeste de Europa y el Comandante General de las Fuerzas norteamericanas en el teatro europeo. Estaba sujeto al Staff Combinado de Jefes (CCS) de Bretaña y EEUU, a la Junta del Staff de Jefes (JCS), y a las políticas del Gobierno norteamericano, pero en ausencia de directivas explícitas –de lo contrario o de otra forma- la responsabilidad última para el trato dado a los prisioneros alemanes en manos norteamericanas, yacían en él.
   “Dios, cómo odio a los alemanes” escribió Eisenhower a su mujer, Marnie, en septiembre de 1944. Antes, en frente del embajador británico en Washington, había dicho que todos, los 3.500 aproximadamente, de los oficiales del Staff de Generales alemanes deberían ser

   En marzo de 1945, un mensaje al Staff Combinado de Jefes e iniciado por Eisenhower recomendaba la creación de un nuevo tipo de prisioneros -Fuerzas Enemigas Desarmadas, o DEF -quienes a diferencia de los prisioneros de Guerra, definidos por la Convención de Ginebra, no serían alimentados por el ejército después de la rendición de Alemania.
   Esto era una directa violación de la Convención de Ginebra. El mensaje datado el 10 de Marzo, argüía en parte: “El compromiso adicional de manutención que conlleva el declarar a las Fuerzas armadas alemanas, Prisioneros de Guerra (sic) haría necesaria provisiones de raciones en una escala igual a las tropas de base, lo que podría estar más allá de la capacidad de los Aliados, incluso si todas las fuentes alemanas fueran usadas.” Finaliza: “Se solicita su aprobación, ya existen planes preparados sobre esta base.”

   El 26 de Abril de 1945, la combinación de Jefes aprueba el Status DEF, solamente para los Prisioneros de Guerra alemanes en manos de los norteamericanos: Los miembros británicos habían rehusado adoptar el plan norteamericano para sus propios prisioneros. La Combinación de Jefes estipuló que el status de las tropas alemanas desarmadas sería mantenido en secreto. En ese momento, el general del Cuartel Central de Eisenhower en el SHAEF, el General Robert Littlejohn, había ya reducido dos veces las raciones de los prisioneros y un mensaje del SHAEF firmado “Eisenhower” había informado al General George Marshall, Jefe de Staff del Ejército de EEUU, que los corrales para los prisioneros “no tendrán refugios, o techo u otros acomodos“.

   Las provisiones no eran un problema, había material suficiente acumulado en Europa para construir locaciones de Campos de Prisioneros. El ayudante especial de Eisenhower, el General Everett Hughes, había visitado los enormes almacenes de provisiones en Nápoles y Marsella e informado: Existe más stock del que podamos llegar a usar. Puesto en línea hasta donde la vista puede alcanzar. Los alimentos no habían sido un problema, más bien, en Estados Unidos la sobreproducción de trigo y maíz eran las mayores de toda la historia, y existía un record de cultivos de papas. El ejército mismo tenía tanto alimento de reserva, que un almacén totalmente cargado fue sacado por accidente de las listas de vituallas en Inglaterra y no se dieron cuenta hasta 3 meses después. Además, el Comité Internacional de la Cruz Roja tenía más de 100.000 toneladas de alimento en almacenes en Suiza. Cuando la Cruz Roja intentó enviar dos trenes cargados con alimentos al sector norteamericano de Alemania, oficiales del Ejército norteamericano hicieron volver los trenes, diciendo que sus almacenes ya estaban sobresaturados de alimentos de la Cruz Roja, alimento que ellos jamás distribuyeron.

   Sin embargo, fue a través de la provisión de alimentos que la política de aniquilación fue llevada a cabo. Agua, alimentos, tiendas de campaña, espacio, medicinas, – todo lo necesario para los prisioneros fue fatalmente negado. En el Campo Rheinberg, donde el cabo Liebich, arribaría a mediados de mayo, con tremores por la disentería y el tifus, no tenía algo de alimentos el 17 de abril cuando fue inaugurado. Tal como en los otros Campos, en las “praderas de Rhine”, abiertos por los norteamericanos a mediados de abril, allí no había torres de vigilancia, tiendas de campaña,edificios, edificación para cocinar, agua, letrinas o alimentos.
  

   George Weiss, un mecánico de tanques que ahora vive en Toronto, recuerda el Campo donde estuvo junto al Rhine: Toda la noche teníamos que estar sentados uno contra otros. Pero la falta de agua era la cosa peor de todas. Durante tres día y medio no tuvimos nada de agua, Teníamos que beber nuestra orina….”

   El soldado Heinz T. (su nombre se mantiene en reserva ante su solicitud) había cumplido justo 18 años en el hospital, cuando los norteamericanos entraron en su sala el 18 de abril, él y sus compañeros heridos fueron sacados del hospital y llevados al Campo en Bad Kreuznach en el Rhineland, donde ya se encontraban varios cientos de miles de prisioneros. Heiz llevaba solamente un pantalón corto, zapatos y una camisa.
   Heinz estaba lejos de ser el más joven en el campo, Había niños de 6 años entre los prisioneros, así como mujeres embarazadas y hombres de más de 60 años. Al comienzo cuando los árboles comenzaron a crecer en el campo, algunos lograron cortar sus ramas para hacer fuego, Los guardias ordenaron apagar el fuego. En muchos lugares estaba prohibido cavar agujeros en el suelo para hacer refugios.
Todo lo que teníamos para comer era el pasto“. Recuerda Heiz.

   Charles von Luttichau estaba convaleciente cuando decidió entregarse voluntariamente a las tropas norteamericanas que estaban cerca de su casa. Fue llevado al Campo Kripp, en el Rhine cerca de Remagen.
   Fuimos mantenidos en hacinadas prisiones de alambres de púas, al aire libre, con escasos alimentos, recordaba recientemente. “Más de la mitad del tiempo no tuvimos alimentos, el resto del tiempo teníamos una pequeña ración K. Pude ver desde el encierro que nos estaban dando una décima parte de lo que le entregaban a sus propios hombres…Le reclamé al Comandante norteamericano del Campo que estaban violando la Convención de Ginebra, pero simplemente me dijo: ¡Olvide la Convención, ustedes no tienen ningún derecho!

   “Las letrinas eran sólo una tabla sobre una zanja junto al cerco de alambre de púas. Por las enfermedades, los hombres tenían que defecar en el suelo. Pronto muchos de nosotros estábamos demasiado débiles para sacarnos los calzoncillos. Así nuestra ropa estaba infectada, y así estaba también el barro donde caminábamos, nos sentábamos o nos acostábamos. Es esas condiciones nuestros hombres muy pronto, dentro de pocos días, hombres que habían ingresado sanos al Campo estaban muertos. Vi a nuestros hombres llevar muchos cuerpos a la entrada del Campo donde eran apiñados arriba de un camión que se los llevaba“.

La madre de Luttichau era norteamericana y él posteriormente emigró a Washington D.C., donde llegó a ser historiador y escribió una historia militar para el ejército norteamericano.Estuvo en el Campo Kripp cerca de tres meses.
Wolfang Iff, que estuvo prisionero en Rheinberg y aún vive en Alemania, informa que, en su sección de aproximadamente 10.0000 prisioneros, se sacaban de 30 a 40 cuerpos cada día. Como miembro del equipo de enterradores, Iff dice que ayudaba a sacar los cuerpos del espacio cercado hasta la entrada del Campo, donde los cuerpos eran llevados en carretillas hasta grandes garages de fierro. Allí Iff y su grupo le sacaban la ropa a los cuerpos, partían en dos sus medallas de identificación, ponían los cuerpos en hileras de 15 a 20 hombre, aplicaban 10 paladas de pegamento rápido sobre cada hilera de cuerpos hasta que alcanzaban un metro de alto, ponían los efectos personales en una bolsa que entregaban a los norteamericanos y luego se iban.

   Algunos de los cuerpos habían muerto de gangrena como consecuencia del congelamiento (fue una lluviosa y fría primavera anormal ese año). Una docena o más estaban tan débiles para sostenerse en las tablas sobre la zanja de las letrinas que habían caído allí y se habían ahogado.

Los campos de prisioneros de guerra a lo largo del Rhin marcan el éxito final del avance al interior de Alemania. Los oficiales del ejército norteamericano capturaron 5,25 millones de prisioneros.

   Las condiciones en los Campos norteamericanos a lo largo del Rhine a finales de abril fueron observadas por dos coroneles del Cuerpo Médico del Ejército norteamericano, James Mason y Charles Beasley, quienes escribieron en un informe publicado en 1950: “

El 4 de mayo de 1945, los primeros prisioneros de Guerra alemanes fueron transferidos al status DEF [hoy los sionistas usan el status de ‘Combatiente Enemigo para justificar Guantánamo’]. El mismo día el Departamento de Guerra de EEUU prohibió toda la correspondencia desde y hacia los Prisioneros. (Cuando el Comité Internacional de la Cruz Roja sugirió un plan para considerar el fin de la Guerra en una semana, una orden del SHAEF firmada “Eisenhower” los anuló el 15 de mayo.
Ese mismo día, de acuerdo con una minuta de una reunión, el General Eisenhower y el Primer Ministro Churchill hablaron acerca de la reducción de las raciones de los Prisioneros. Churchill pidió un acuerdo en la cantidad de ración para los prisioneros, porque el quería anunciar pronto un recorte en las raciones británicas de carne y quería estar seguro que los Prisioneros “podrían ser alimentados con esos suministros que nos podríamos perfectamente ahorrar. Eisenhower replicó que él ya habíaprestado a esa materia una atención considerable, pero que estaba pensando revisar todo este asunto para ver “si era o no posible una reducción aún mayor. Le dijo a Churchill que los prisioneros de Guerra estaban recibiendo 2150 calorías diarias (El Cuerpo Médico del ejército de EEUU ha obtenido que 2.200 calorías diarias es el mínimo absoluto para el nivel de subsistencia de adultos sedentarios viviendo bajo techo en un refugio. Las tropas norteamericanas eran provistas de 4.000 calorías diarias). Lo que no le dijo a Churchill fue que el ejército ya no estaba alimentando a los DEF, (Fuerzas enemigas desarmadas), o los estaba alimentando con mucho menos que aquello que recibían el status de-Prisioneros-de- Guerra.

Las raciones fueron prontamente reducidas después de esto: una reducción directa fue grabada en los informes del Cuartel Central. Pero las reducciones indirectas también fueron llevándose a cabo. Una de estas, fueron las extraordinarias diferencias entre el número de prisioneros en las listas de raciones y el conteo oficial “a mano”, y entre el conteo oficial “a mano” y el número real de prisioneros en los Campos.

El meticuloso General Lee estaba tan abrumado acerca de la s discrepancias que envió un cable desafiante desde su Cuartel Central en París al Cuartel Central del SHAEF en Frankfurt: “Este Cuartel Central está teniendo considerables dificultades en establecer una base adecuada para requerir raciones para los Prisioneros de Guerra actualmente mantenidos en el teatro…..En respuesta a interrogantes de este Cuartel Central…… Varios declaraciones difieren del número de hombres en nuevos campos o implica alguna nueva organización para obtener raciones de la población civil alemana para ellos“. Los hombres están donde estaban. Todo lo que sucedió fue eso, por el ruido de una máquina de escribir, su escaso y poco alimento del ejército de EEUU fue detenido.

  El efecto de una política arreglada entre libros de contabilidad y transportada entre guiños y movidas de cabezas -sin órdenes escritas- primero mistificó, luego frustró y finalmente cansó a los oficiales de rango medio que eran los responsables de los Prisioneros de Guerra.
   Un coronel en el Cuartel Central de la sección de unidades de combate avanzada norteamericana escribió una petición personal al General Robert Littlejohn del Cuartel Central el 27 de abril;
Aparte de la 750 toneladas recibidas del 15º Ejército, no se ha recibido subsistencia y tampoco la espero recibir. Las deseables raciones de Clase II y IV han sido totalmente debido al sufrimiento del ejército, sobre la petición personal y ha sido insignificante en relación a la demanda que ha sido puesta sobre nosotros por la influencia de los Prisioneros de Guerra“.

   Los rumores acerca de las condiciones en los Campos corrieron a través del ejército norteamericano, Muchacho, esos Campos fueron una mala noticia dijo Benedict K. Zobrist, un Sargento técnico en el Cuerpo médico. Fuimos advertidos de mantenernos tan alejados como fuese posible. En mayo y a principios de junio un grupo de médicos del Cuerpo Médico del Ejército de EEUU hizo una encuesta en algunos Campos del Rhineland, que mantenían más de 80.000 Prisioneros de Guerra alemanes. Su informe está perdido de la sección correspondiente en los Archivos Nacionales de EEUU en Washington, pero dos fuentes secundarias reproducen parte de lo encontrado. Los tres mayores asesinos fueron las diarreas y la disentería (tratadas como una categoría), las enfermedades cardíacas y la neumonía. Pero al buscar la terminología médica, los doctores también apuntaron a las muertes por “falta de alimentos y agotamiento total y sus datos revelan un índice de muertes 80 veces más alto que las normas en tiempos de paz.

Sólo el 9,7% de los Prisioneros habían muerto por causas claramente asociadas a la falta de alimentos, tal como extrema desnutrición, deshidratación y “agotamiento“. Pero las otras enfermedades, directamente atribuibles a la exposición a un hacinamiento, suciedad extrema y la falta de medidas sanitarias fueron indudablemente exacerbadas por el estado agónico. Tal como el informe hace notar, “Contagio, hacinamiento en las jaulas y la falta de alimentos y lugares de sanidad todos ellos contribuyeron a este índice excesivo de muertes. Los datos, debe recordarse, fueron tomados de los campos de Prisioneros de Guerra no de los Campos DEF (Fuerzas Enemigas Desarmadas).

A finales de mayo, habían muerto más personas en los campos norteamericanos que morirían con el estallido de la Bomba Atómica en Hiroshima.

El 4 de junio de 1945, un cable firmado “Eisenhower” decía a Washington que era urgente reducir el número de prisioneros, que a la primera oportunidad había que deshacerse de toda clase de prisioneros que no fueran aptos para ser requeridos por los aliados. Es difícil de comprender a qué incitaba este cable. No hay ninguna razón para esto, y es evidente en el masivo tráfico de cables que sobrevivieron el período en los archivos de Londres, Washington, y Abilene Kansas. Y está muy lejos de ordenar a Eisenhower de capturar o mantener prisioneros. El mensaje de la Combinación de Jefes del 26 de abril, le ordenó no capturar más prisioneros después del Día V-E, incluso para trabajos. Sin embargo más de dos millones de DEF fueron encerrados después del 8 de mayo. Durante junio, Alemania fue dividida en zonas de ocupación y en julio de 1945 SHAEF fue desmantelada, Eisenhower es relevado de su único cometido como Comandante General de EEUU en Europa: se transforma en Gobernador Militar de la zona norteamericana. Continúa manteniendo alejados a los representantes del Comité de la Cruz Roja Internacional y el ejército de EEUU también informa a los grupos de socorro que la zona estaba cerrada para ellos. Fue cerrada también para todos los embarques de ayuda hasta diciembre de 1945 cuando se produjo una leve relajación.

    También a comienzos de julio, los norteamericanos entregaron entre 600.000 y 700.000 cautivos alemanes a los franceses para ayudar a reparar los daños hechos a su país durante la guerra. Muchos de los transferidos estaban en 5 campos agrupados alrededor de Dieterheims, cerca de Mainz, en la sección de Alemania que estaba justo en la porción de Alemania que quedaría en las manos de Francia (la mayoría de los que restaban estaban en campos norteamericanos en Francia).

El 10 de julio, una unidad del ejército francés tomó Dietersheims y 17 días después el Capitán Julien arribó para asumir el mando. Su informe sobrevive como parte de una investigación del ejército en una disputa entre Julien y su predecesor. En el primer Campo al cual entró, dijo haber encontrado un terreno fangoso habitado por esqueletos vivientes algunos de los cuales murieron mientras los observaba. Algunos se apretujaban unos junto otros bajo trozos de cartón a pesar de que el día de julio era cálido. Mujeres que yacían en agujeros cavados en el suelo le miraban directamente con edemas de hambre en sus abultados vientres en una grotesca parodia de embarazo; ancianos con largas barbas grises le miraban débilmente, niños de seis o siete años con los anillos de un mapache en sus ojos del hambre le miraban con sus ojos faltos de vida. Dos médicos alemanes en el “hospital” estaban tratando de cuidar a los moribundos en el suelo, bajo el cálido cielo, entre las marcas dejadas por las tiendas de campaña que los norteamericanos se habían llevado con ellos. Julien que había luchado contra los alemanes con su regimiento, el Tercer Regimiento de Tiradores Escogidos Argelinos, se encontró a sí mismo pensando en el horror: Esto es exactamente igual a las fotografías en Buchenwald y Dachau“.

   Había 103.500 personas en los cinco campos alrededor de Dietersheims; entre ellos los oficiales de Julien contaron a 32.640 que absolutamente no podían trabajar. Estos fueron liberados inmediatamente. En total, dos tercios de los prisioneros tomados por los franceses ese verano que venían de Campos en manos de los norteamericanos en Alemania y en Francia eran inservibles para el trabajo de reparación de post-guerra.

  En el Campo en Saite Marthe, según los informes, 615 de los 700 cautivos eran incapaces de trabajar. En Erbiseul, cerca de Monz en Bélgica, de acuerdo a un reclamo escrito, 25% de los hombres recibidos por los franceses eran “deshechos” o basura. En julio y agosto, tal como el General Littlejohn del Cuartel Central señala a Eisenhower a su debido tiempo, las reservas de alimentos del ejército en Europa habían crecido en un 39 por ciento.

  El 4 de agosto, en una frase, firmada “Eisenhower” condenaba a todos los prisioneros de guerra, que aún estaban en manos de los Campos norteamericanos, al status DEF (Fuerza Enemiga Desarmada): Con efecto inmediato todos los miembros de las Fuerzas Alemanas que se mantienen en custodia norteamericana en la zona de ocupación en Alemania, serán considerados como Fuerzas Enemigas Desarmadas y no tendrán el status de Prisioneros de Guerra

   No se dieron razones; las cuentas semanales de los sobrevivientes sugieren que ambas clasificaciones fueron preservadas, pero, para los prisioneros que ahora eran tratados como DEF, la tasa de muertes se cuadruplicó en pocas semanas, de un 2 por ciento por semana, a un 8 por ciento. Durante largo tiempo los DEF fueron muriendo a casi cinco veces esa tasa de muertes.

   El “Weekly PW & DEF report” [Informe semanal de Prisioneros de Guerra (POW) y Fuerzas Enemigas Desarmadas (DEF)] para la semana que finalizaba el 8 de septiembre de 1945, aún existía en los Archivos Nacionales de EEUU en Washington, muestra un agregado de 1.056.482 prisioneros que estaban en manos de los norteamericanos en el teatro europeo, de los cuales cerca de dos tercios son identificados como Prisioneros de Guerra (POW). El otro tercio 363.587 hombres son Fuerzas Enemigas Desarmadas (DEF). Durante una semana 13.051 de estos últimos murieron.

En noviembre de 1945, el General Eisenhower alcanzó el puesto de George Marshal como Jefe de Staff del Ejército norteamericano y retornó a EEUU.
   En enero de 1946, los campos aún mantenían un número considerable de cautivos pero EEUU había rebajado el número de sus prisioneros casi a cero a finales de 1946. Los franceses continuaron manteniendo a cientos de miles durante 1946, pero gradualmente redujeron el número hasta la nada cerca de 1949. Durante el año 1950 la mayoría del material no archivado, con relación a los Campos de Prisioneros en manos norteamericanas fue destruido por el Ejército.

Eisenhower lamentaba la inútil defensa alemana del Reich en los últimos meses de la guerra por la pérdida de vidas. Pero por lo menos 10 veces más alemanes, sin duda 800.000, quizás más ciertamente 900.000 y bastante probable, más de un millón de alemanes – murieron en los Campos norteamericanos y franceses, más que aquellos que murieron en todos los combates en el Frente Occidental al norponiente de Europa, desde que EEUU entró en la guerra en 1941 hasta abril de 1945.-


Los Campos de La Muerte de Eisenhower: La Historia de un Guardia Americano 
En octubre de 1944, a la edad de dieciocho años, fui reclutado en el ejército de los Estados Unidos. Debido en gran parte a la “Batalla de las Ardenas”, mi formación fue interrumpida. Mi permiso se redujo a la mitad, y me enviaron de inmediato al extranjero. Llegamos a Le Havre, Francia, y fuimos rápidamente cargados en los coches y enviados al frente. Cuando llegamos allí, yo sufría gravemente los síntomas de la mononucleosis, y fui enviado a un hospital de Bélgica. Como entonces, la mononucleosis se conocía como la “enfermedad de los besos”, envié miles de cartas de agradecimiento a mi novia.

Para cuando salí del hospital, el equipo con el que me había formado en Spartanburg, Carolina del Sur estaba en el interior de Alemania, por lo que, a pesar de mis protestas, me reubicaron en un depósito de reposición. Perdí el interés en las unidades en las que fui asignado y no recuerdo a todos ellos: las unidades de no-combate no eran ridiculizadas en ese tiempo.

A finales de marzo o principios de abril de 1945, fui enviado a la guardia de un campo de prisioneros de guerra cerca de Andernach a lo largo del Rin. Tuve cuatro años de idioma alemán en la escuela secundaria, por lo que podía hablar con los presos, aunque estaba prohibido. Gradualmente, sin embargo, se me utilizó como intérprete, y se me pidió encontrar miembros de las SS (jamás encontré alguno)

En Andernach, cerca de 50000 prisioneros de todas las edades estaban encerrados en un campo abierto rodeado de alambre de púas. Las mujeres se mantenían en un recinto apartado que no vi hasta más tarde. Los hombres que vigilaba no tenían refugios ni mantas; muchos no tenían abrigos. Dormían en el barro, húmedo y frío y sin letrinas. Era una fría, húmeda primavera y su miseria por la exposición, era evidente por sí sola.

Aún más sorprendente fue ver a los prisioneros meter césped y malezas en una lata para preparar una sopa. Me dijeron que lo hacían para a aliviar el dolor del hambre. Rápidamente, empezaron a demacrarse. La Disentería apareció, y así dormían entre sus propios excrementos, demasiado débiles para llegar a las letrinas. Muchos rogaban por comida, enfermos y muriendo ante nuestros ojos. Teníamos abundante comida y suministros, pero no hicimos nada para ayudarlos, ni siquiera asistencia médica.

Indignado, protesté a mis oficiales y me encontré con la hostilidad o la cruel indiferencia. Cuando presioné, me explicaron que estaban bajo órdenes estrictas de “más arriba”. Consciente de que mis protestas eran inútiles, le pedí a un amigo que trabaja en la cocina si él me podría deslizarme algunos alimentos adicionales para los presos. También dijo que estaban bajo órdenes estrictas de no alimentar a los presos y que esas órdenes provenían de “más arriba”. Pero él dijo que había más alimentos de los necesarios y que me pasaría algunos.

Cuando arroje la comida sobre el alambre de púas a los prisioneros, me atraparon y me amenazaron con encarcelarme. Repetí la “ofensa”, y un oficial con enojo me amenazó con dispararme. Asumí este era nada hasta que encontraré a un capitán en una colina por encima del Rin disparando a un grupo de civiles alemanas con su pistola calibre .45. Cuando le pregunté por qué, Murmuró, “Práctica de tiro”, y disparó su pistola hasta acabar su munición. Vi que las mujeres corrían para protegerse, pero, a esa distancia, no podía saber si alguna había sido alcanzada.

Esto fue cuando me di cuenta que se trataba de asesinos de sangre fría llenos de odio moralista. A su juicio, los alemanes eran una raza infrahumana y digna de ser extermininada; otra expresión de la espiral del racismo. Artículos en los periódicos de los soldados, el “Star and Stripes”, enfatizaban la importancia de los campos de concentración alemanes, completos con fotos de cuerpos descuartizados, lo que amplificaba nuestra moral y crueldad, lo que hizo que fuese más fácil de imitar el comportamiento al que se supone que nos oponíamos. También, creo, los soldados que no fueron expuestos al combate, trataban de demostrar que tan duros eran disparando a los prisioneros y los civiles.

Me enteré que estos presos eran en su mayoría agricultores y obreros, tan simples e ignorantes como muchas de nuestras tropas. A medida que paso el tiempo, más de ellos parecían “zombis” por su indiferencia, mientras que otros trataban de escapar en una forma demente o suicida, corriendo a través de campos abiertos en plena luz del día hacia el Rin buscando apaciguar por su sed. Fueron fusilados. Algunos presos estaban tan deseosos por cigarrillos como por comida, diciendo que calmaban su hambre. En consecuencia, soldados “emprendedores” adquirían hordas de relojes y anillos a cambio de puñados de cigarrillos o menos. Cuando empecé a tirar cajas de cigarrillos a los prisioneros para arruinar este comercio, fui amenazado por soldados y oficiales de alto rango.

La única luz en este sombrío panorama llegó una noche cuando fui asignado al puesto en el “cementerio”, de dos a cuatro AM, en realidad, hubo un cementerio en la cuesta arriba de este lado del recinto, no a muchos metros de distancia. Mis superiores habían olvidado de darme una linterna y no me había molestado en preguntar por una, como estaba disgustado con toda la situación de ese momento. Fue una noche bastante brillante, y pronto vi un prisionero que se arrastraba por debajo del alambrado hacia el cementerio. Se suponía que debíamos disparar a cualquier escapista en vista, así que empecé a levantarme del suelo para advertirle para que regresara. De repente me di cuenta que otro preso se arrastraba desde el cementerio de nuevo hacia el alambrado. Arriesgaban sus vidas para llegar al cementerio por algo, tenía que investigar.

Cuando entré en la oscuridad de este matorral, ese arbolado cementerio, me sentía totalmente vulnerable, pero de alguna forma la curiosidad me hacia seguir. A pesar de mi cautela, tropecé con las piernas de alguien en posición prona. Tratando de recuperar la compostura de la mente y el cuerpo, pronto me sentí aliviado de no haber disparado accidentalmente. La figura se sentó. Poco a poco, pude ver la hermosa pero aterrorizada mirada de una mujer con una cesta de picnic. Los civiles alemanes no podían alimentar, ni siquiera acercase a los prisioneros, por lo que rápidamente le asegure que aprobaba lo que estaba haciendo, le dije que no tenga miedo, y que me iría del cementerio para no entrometerme.

Lo hice de inmediato y me senté, apoyado contra un árbol al borde del cementerio para parecer distraído y no asustar a los prisioneros. Me imaginé entonces, y todavía lo hago ahora, lo que sería encontrar a una bella mujer con una cesta de picnic, en esas condiciones como prisionero. Nunca olvidadare su rostro.

Eventualmente, más presos se arrastraban de nuevo hacia al alambrado. Vi que arrastraban alimentos para sus compañeros y sólo podía admirar su valor y devoción.

El 8 de mayo, Día VE, tomé la decisión de celebrar con algunos presos que vigilaba el horno donce hacian el el pan que de vez en cuando recibían otros presos. Este grupo comió todo el pan que podía, y compartimos el jovial ánimo generado por el final de la guerra. Todos pensamos que pronto iríamos a casa, una patética esperanza de su parte. Estábamos en lo que sería la zona francesa, donde pronto sería testigo de la brutalidad de los soldados franceses cuando transferimos nuestros prisioneros a ellos para sus campamentos de mano de obra esclava.

Ese día, sin embargo, nos sentimos felices.

Como gesto de amistad, vacié mi fusil y lo paré en la esquina, incluso les permití jugar con el a su antojo. Este fondo “rompió el hielo”, y pronto cantábamos canciones que nos habíamos enseñado o que yo había aprendido en la escuela secundaria. Por agradecimiento, me hornearon un pequeño pan dulce especial, el único regalo posible que les quedaba por ofrecer, que eran los que habían dejado de ofrecer. Lo guarde en mi chaqueta y volví a mi cuartel, y lo comí en mi privacidad. Jamás había probado un pan tan delicioso, ni sentí un sentido más profundo de la comunión mientras comía.

Poco después, algunos de nuestros débiles y enfermizos presos marcharon con soldados franceses a su campamento. Íbamos en un camión detrás de esta formación. Temporalmente, bajaba la velocidad y paraba, tal vez porque el conductor estaba tan conmocionado como yo. Siempre que un alemán preso cayese o tratara de escapar, lo mataban a culatazos. Los cuerpos eran apartados a la orilla de la carretera para ser recogidos por otro camión. Para muchos, esta muerte rápida podría haber sido preferible para frenar el hambre en nuestros “campos de la muerte.”

Cuando finalmente vi a las mujeres alemanas en el recinto aparte, pregunté el motivo por que se las tenía presas. Me dijeron que eran “seguidoras del campamento” (camp followers) seleccionadas como mujores reproductoras de la SS para crear una súper raza. Hablé con algunas y debo decir que nunca conocí un grupo más enérgico o atractivo. Ciertamente, pensé que nunca merecieron estar presas.

Cada vez más era utilizado como intérprete, y especialmente fui capaz de impedir que algunos fueran detenidos injustamente. Una vez un divertido incidente con un viejo agricultor que estaba siendo arrastrado por varios soldados. Me dijeron que tenía una “lujosa medalla nazi” la cual me mostraron. Afortunadamente, tenía una tabla con la identificación de esas medallas. El había sido premiado por haber concebido cinco hijos. Quizá, su esposa estaba algo aliviada por sacárselo de la espalda, pero no me parecía que uno de nuestros campos de la muerte fuera un castigo justo por su contribución a Alemania. Los soldados estaban de acuerdo y lo soltaron par que continúe su “trabajo sucio”.

El hambre empezó a propagarse entre la población civil alemana también. Era una algo común ver mujeres alemanas hasta sus codos en nuestra basura en busca de algo comestible – es decir, si no eran perseguidas.

Cuando entrevisté a los alcaldes de los pequeños pueblos y aldeas, me dijeron que su suministro de alimentos había sido quitado por “personas desplazadas” (extranjeros que habían trabajado en Alemania), los cuales empacaron la comida en camiones y se la llevaron. Cuando me informé de esto, la respuesta fue una de encoger los hombros. Nunca vi a la Cruz Roja en el campamento o ayudando a los civiles, a pesar de que su café y rosquillas estaban disponibles en cualquier lugar para nosotros. Entre tanto, los alemanes tuvieron que confiar en la distribución de los almacenes ocultos hasta la próxima cosecha.

El Hambre hizo a la mujer alemana más “disponible”, pero a pesar de esto, la violación era frecuente y, a menudo, acompañada de violencia innecesaria. En particular, recuerdo a una mujer de dieciocho años, que le rompieron su rostro con la culata de un rifle, y luego fue violada por dos soldados. Incluso los franceses se quejaron de que las violaciones, saqueos y destrucción por embriaguez por parte de nuestras tropas eran excesivas. En Le Havre, nos habían dado folletos de advertencia de que los soldados alemanes habían mantenido un alto nivel de comportamiento con la población civil francesa que era pacífica, y que debíamos hacer lo mismo. En esto, miserablemente hemos fracasado.

“¿Y qué?” Algunos diran. “Las atrocidades del enemigo fueron peores que las nuestras.” Es cierto que sólo he experimentado el final de la guerra, cuando ya estábamos los victoriosos. La oportunidad alemana de cometer atrocidades se ha perdido; la nuestro estaba al alcance de la mano. Pero dos errores no hacen un acierto. En lugar de copiar los crímenes de nuestros enemigos, debemos tratar de una vez por todas de romper el ciclo de odio y venganza que ha asolado y distorsionado la historia de la humanidad. Esta es la razón por la que estoy hablando ahora, cuarenta y cinco años después del crimen. Nunca podremos evitar crímenes de guerra individuales, pero podemos, si una cantidad suficiente de nosotros hablase, influir en la política gubernamental. Podemos rechazar la propaganda del gobierno, que representa a nuestros enemigos como infrahumanos y alienta la clase de ultrajes de los que fui testigo. Podemos protestar por el bombardeo de objetivos civiles, que siguen en la actualidad. Y podemos negarnos siempre a condonar el asesinato de prisioneros desarmados y derrotados de la guerra por parte de nuestro gobierno.

Me doy cuenta de que es difícil para el ciudadano común y corriente admitir haber atestiguado un crimen de tal magnitud, especialmente si lo implica a uno mismo. Incluso soldados que se compadecían de las víctimas me dijeron que tenían miedo de quejarse y meterse en problemas. Y el peligro no ha cesado. Desde que hablé hace algunas semanas, he recibido amenazas telefónicas y rompieron mi buzón de correo. But its been worth it. Pero vale la pena. Escribir sobre estas atrocidades ha sido una catarsis de sentimientos que he reprimido durante mucho tiempo, una liberación, y quizás recordará a otros testigos que “la verdad nos hará libres, no tengan miedo.” Incluso podemos aprender una lección suprema de todo esto: sólo el amor puede conquistar todo.
 


Eso que han leído es el relato del Profesor Martin Brech, ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente retirado y ex profesor adjunto de la catedra de Filosofia y Religion de la Universidad de Mercy, New York.

Martin Brech (Adjunct Professor, Philosophy & Religion, Mercy College; Ex-G.I., Finally Free)Fuente: Reimpreso de El Diario de Revisión Histórica, vol. 10, no. 10, no. 2, pp. 2, pp. 161-166. 161-166.

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