Fritzsche llegó a la convición, debido a una carta que habría recibido, de que se estaban cometiendo atrocidades en Rusia, e intentó verificarlo, pero no halló ninguna prueba (XVII 172-175 {191-195}).
Fritzsche es un testigo importante porque, en su caso, el Tribunal admitió los periódicos extranjeros propagaban noticias falsas relativas a Alemania (XVII 175-176 {194-196}; véase también XVII 22-24 {30-33}). No obstante, estos mismos artículos de periódicos y reportajes de radio constituirían supuestamente los “hechos de conocimiento general” que no necesitaban ser probados I 15 {16}, II 246 {279}).
En la defensa de Fritzsche fue indicado que no existe ninguna convención internacional para regular la propaganda o historias de atrocidades, sean verídicas o falsas, y que sólo una ley de un único país (Suiza) prohibe insultar a jefes de Estado extranjeros. Que Fritzsche no pudo haber sido culpable de ningún crimen fue, en el proceso de Nuremberg, sencillamente irrelevante. Fue considerado indeseable tener un “proceso” en el cual todos los acusados fuesen declarados culpables. En la compraventa que precedía al juicio final, fue decidido que Fritzsche podía ser liberado (XVII 135-261 {152-286}; XIX 312-352 {345-388}).