may 08 2012

Por qué se perdonó la deuda alemana en 1953. Un análisis de la conferencia de Londres.

Category: CULTURA Y OTROS,DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 11:09
adenauer 215x300 Por qué se perdonó la deuda alemana en 1953. Un análisis de la conferencia de Londres.

Konrad Adenauer, el canciller que dirigió las conversaciones desde el lado alemán

Aunque sea salirse un poco del tema del que se ocupa este blogg, me parece interesante hablar de lo que sucerdió con la gigantesca deuda externa alemana y cómo fue posible la meteórica recuperación del país. Un milagro que tiene poco de tal y mucho de voluntad, de mano izquierda, de conveniencias cruzadas y también, hay que decirlo, de saber capitalizar el miedo.

Al renunciar a la mayoría de sus pretensiones en contra de la República Federal de Alemania, las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial ayudaron a un país que hasta hacía muy poco había sido su peor enemigo. Pero no puede decirse que se trata sólo de un perdón y una reconciliación, sino más bien de una decisión muy meditada y de las que se esperaba obtener grandes beneficios. Si se consiguió o no, es algo que aún se discute.  Por una parte, se intentaba recuperar a Alemania como consumidor y se necesitaba urgentemente su reconstrucción para contar con un aliado más en la guerra fría. Los norteamericanos lo tenían claro: o rearmaban a Alemania o serían ellos los que tendrían que estacionar una enorme y carísima fuerza en Europa para poder frenar con garantías a los rusos. La decisión estuvo clara: era mejor armar a los alemanes y convertirlos en un país fuerte para que los soviéticos se lo pensaran dos veces antes de atacar Europa. Con una Alemania fuerte, el ataque soviético sería mucho más improbable. Dialéctica de la guerra fría, en suma.

Además, había algo que no cabía olvidar: las exigencias a Alemania después de la Primera Guerra Mundial habían sido una de las razones para la inestabilidad económica de la República de Weimar, uno de los factores que facilitaron el surgimiento del Nacional Socialismo y la toma del poder por Adolf Hitler. Repetir ese error podía desestabilizar toda Europa, pues los alemanes estaban derrotados, pero no resignados y todos los políticos y analistas de la época coincidieron en que no era deseagble volver a tenerlos como enemigos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, una parte de las deudas alemanas contraídas en la preguerra permanecía sin pagar.  Principalmente, tales obligaciones no canceladas estaban compuestas por los préstamos privados, los préstamos Young y Dawes contratados para pagar reparaciones, los préstamos obtenidos después de la guerra y los préstamos derivados del Plan Marshall. En este sentido, cabe destacar que otros países, como Gran Bretaña, tuvieron que seguir pagando hasta el siglo XXI,  lo que siempre ha sido objeto de grandes controversias.
Para poder llegar a una solución definitiva de las deudas impagadas, se convocó una conferencia en Londres, desde el 28 de febrero al 8 de agosto de 1952s.  En este  evento estuvieron presentes representantes de 20 países acreedores, del Bank for International Settlements y de los acreedores privados, bajo la dirección de Estados Unidos, que era el país más interesado en que se resolviera el asunto, al tener que cargar con los gastos de defensa de Europa durante la Guerra Fría.

Alemania logró una gran concesión en la primera ronda de negociaciones ya que se fijó el monto total de la deuda a ser renegociada: 29.700 millones de marcos, de los cuales 13.600 millones correspondían a las deudas de la preguerra y 16.200 millones a créditos contratados en la posguerra (cifras basadas en el valor de oro). Por tanto, se incluían también las deudas del Tratado de Versalles, que no podrían volver a ser reclamadas, pero muy menguadas de cuantía.
Según los cálculos más modestos, basados en una tasa de interés del 5,5 por ciento, aquello significaba que a Alemania se le habían condonado por lo menos 14.600 millones de marcos.  Aún así, el gobierno alemán dijo que aquellas cifras eran inasumibles y amenazó con grandes recortes en defensa y fuerzas militares para pagar.  En realidad, este es el origen del supuesto pacifismo alemán: suprimir el ejército, pero no por amor a la paz, sino para asustar a sus vecinos con una posible invasión soviética. O dicho de otro modo: aseguraron que pagarían pero a cambio de recortes militares, y lo que sus vecino querían, más que su dinero, eran sus soldados en un hipotético frente de batalla.

Así las cosas, la Co0nferencia de Londres siguió adelante.

En concordancia con lo anterior, los países acreedores hicieron amplias concesiones.  En el curso de las negociaciones, Alemania recibió un alivio del 50 por ciento de las deudas contraídas antes y después de la guerra.  La deuda restante llegaba a los 14.450 millones de marcos.  De hecho, esta cantidad se redujo aún más, puesto que 2.500 millones de marcos no habían sido cargados con intereses  y 5.500 millones tenían una tasa de interés que llegaba a los 2,5 por ciento.  Para los 6.300 millones de marcos se estableció un interés que, en promedio, oscilaba entre 4,5 y cinco por ciento. Además, y esto hay que subrayarlo, el interés compuesto no fue tomado en cuenta.

Además, y como remate, se decidió que durante los primeros cinco años (1953-57) se suspendería el pago de las deudas: Alemania sólo debía pagar anualmente el interés correspondiente a 567.200 millones de marcos.  Desde 1958 a 1978, se realizarían pagos anuales de 765 millones de marcos.
A pesar de las amplias concesiones efectuadas por los países acreedores, existieron múltiples voces alemanas que consideraron que los pagos impuestos eran intolerables.

Finalmente, los pagos se mantuvieron por debajo del cinco por ciento de los ingresos por exportaciones.  Incluso en 1952 los pagos previstos por el Acuerdo de Londres llegaron al 3,35 por ciento de los ingresos alemanes por exportaciones, los cuales alcanzaban 16.908 millones de marcos.  Debido al fuerte incremento de las exportaciones alemanas, que en 1960 alcanzaron los 47.952 millones de marcos y que en 1970 representaban 125.280 millones, tal porcentaje pudo haberse reducido incluso por debajo del uno por ciento si Alemania no hubiese comenzado en 1953 a transferir anualmente más dinero del que estaba obligada, en una magnífica jugada financiera que aliviaba su endeudamiento en un momentos de auge, reservando el capital para momentos de crisis.

Así, para los años 60, con excepción de unas minúsculas cantidades remanentes, todas sus deudas habían sido repagadas por anticipado.

Todo esto fue posible gracias a tres puntos, desde nuestra óptica:

-Aprovechamiento máximo de la amenaza soviética.

-Crecimiento, competitividad y esfuerzo muy por encima de lo previsto por los aliados.

-Temor a la adversa reacción del país en caso de que las cosas funcionasen mal.

La conclusión, como dijo Schacht, es clara: “para que un páise sea grande, debe hacer tres cosas: trabajar, pensar y hacerse temer”

Disolvente, me parece.

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dic 26 2011

Ocupación nazi e imparcialidad judicial

Category: CULTURA Y OTROS,DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 12:23
rapadas 242x300 Ocupación nazi e imparcialidad judicial

Después de la ocupación

Hace poco leí unas tremendas declaraciones de Jean Paul Sartre en las que afirmaba que la única época en la que Francia tuvo una injusticia imparcial fue durante la ocupación nazi. En principio me pareció una boutade, una de esas afirmaciones que se hacen para llamar la atención y escandalizar a los lectores, removiendo sus conciencias, pero después tuve ocasión de hablar con un un militar alemán que ejerció de gobernador en una ciudad de unos treinta mil habitantes y la cosa tiene su miga. Os lo cuento.

En Francia, como algunos sabréis, se intentó también, mediante una especie de ley de memoria histórica, anular los juicios  que tuvieron lugar bajo el dominio alemán. Se trataba de rehabilitar a las víctimas y restituir el honor a los condenados. Sin embargo, y por amplia mayoría, se rechazó esa propuesta, ya que el asunto tenía implicaciones demasiado profundas para tomárselo a la ligera. O dicho de otro modo: que iba a causar muchos más problemas de los que arreglaba, metiendo en danza de nuevo a denunciantes y denunciados, todos franceses, y reviviendo una etapa a la que era mejor pasar página cuanto antes.

Este tema salió en una conversación que mantuve en 2003 con un teniente coronel alemán del arma de ingenieros. Ludwig, se llamaba. Lo que me contó sobre el asunto fue cuando menos llamativo.

Por supuesto, las autoridades alemanas de ocupación intentaban sobre todo defender los intereses de Alemania, sacarle el mayor partido a la ocupación, cumplir las directrices que llegaban de arriba y afianzar el dominio de su país. Esto es lo evidente, y esto no se consigue sin una buena dosis de represión, que puede ser mayor o menos dependiendo del grado de colaboración de la población civil. En ese sentido, Ludwig nunca dijo que fuesen las hermanitas de la caridad, sino todo lo contrario.

Sin embargo, la vida real, el día a día, acababa desembocando en otra cosa. En una ciudad pequeña donde no había judíos que deportar, y estas eran la mayoría, no había grandes tragedias. Los franceses se habían rendido y en buena parte de los casos, los alemanes habían hecho la vista gorda con los soldados franceses que habían regresado a casa. A la mayoría ni siquiera se les consideró prisioneros de guerra, y no se les pedía siquiera que se presentaren al mando alemán. Se les pedía que acudiesen a su puesto de trabajo, donde lo tuvieran, y punto.

Así resultó que en las ciudades medianas, los alemanes ejercían simplemente de policía, regulaban el tráfico, perseguían a los ladrones y detenían a los criminales, sustituyendo o mandando a la policía local, a la que en muchos casos ni siquiera se les retiraron las armas. La gente, desde luego, no estaba nada contenta con ver su país ocupado por extranjeros, pero como los alemanes  se limitaban a ejercer de gobierno, y sus medidas no eran mucho peores que las del gobierno propio (decretaron la jornada laboral de ocho horas, por ejemplo, cuando antes se trabajaban diez), el personal comenzó a acostumbrarse a ellos y a tomarse con filosofía su presencia.

Como sabéis, hubo millares de matrimonios mixtos, y eso dio lugar a grandes tragedias al final de la guera, con mujeres rapadas, represalias, etc.

Sin embargo, el caso más llamativo es el de la actividad judicial. Y por eso mencioné al principio a Jean Paul Sartre.

Lo último que querían las autoridades alemanas de ocupación era dar pretextos a los nacionalistas franceses para sublevar a la gente contra los nazis. Como además necesitaban a todo el personal útil en el frente ruso, nombraban como gobernadores y jueces supremos de las ciudades francesas a funcionarios alemanes jubilados, profesores de instituto, abogados retirados y esa clase de personal que ellos consideraban sobrante. En el caso de Ludwig y su ciudad de treinta mil habitantes, nombraron como juez de apelación a un profesor de griego de setenta años que de´cia saber algo de francés. Se llama Dieter.

¿Y qué hacía el tal Dieter cuando le llagaba un caso? Pues no complicarse la vida. Leía las declaraciones de ambas partes, los reunía, y dictaba la sentencia que buenamente le parecía, un poco al estilo de Sancho Panza. Y de esto es de lo que habla Jean Paul Sartre: que la justicia francesa, como todas, o un poco más allá de lo común, era profundamente clasista y solía dar la razón al personaje influyente. al rico o al poderoso, cuando se enfrentaba con una persona humilde. A los alemanes, en cambio, les daba absolutamente igual, e incluso tenían cierta preferencia por dar la razón a la gente humilde, tratando así de ganarse la adhesión de un número mayor de franceses. Los alemanes no conocían a nadie, no sabían de qué familia era cada cual y no debían favores, ni esperaban hacerse con una finca en las afueras ni con un puesto en la administración para sus sobrinos o sus hijos. Los gobernadores y los jueces alemanes lo único que querían era que la gente permaneciese tranquila, no escondiese armas y no se uniese a la resistencia. Los juicios por linderos, deudas y comunidades de vecinos los despachaban en veinte minutos con sentencias imparciales, rápidas, razonables y que no diesen que hablar. Y en cierto modo es normal. ¿de qué otra manera creéis que iban a  gobernar una ciudad de treinta mil habitantes un ingeniero de caminos militarizado a la fuerza y un profesor de griego, ya jubilado?

Por eso es cierto que muy poca gente echó de menos al ejército nazi cuando se fueron, pero mucho echaron de menos, durante año, a aquellos jueces  que no sabían nada de nadie, les daba igual el apellido del denunciante y del denunciado y dictaban sentencia en media hora.

La historia, como es normal, cuenta lo que sucedió en otros sitios, con deportaciones, represalias y fusilamientos. Y también eso es verdad, sin duda. Pero lo cotidiano, el día a día, es la historia de gente que quería volver a casa con sus nietos, o volver de vacaciones a Francia, cuando todo se hubiera calmado, como aún hacía hasta hace poco el que me contó esto.

También hay que reconocer que cero fusilados, cero deportados y cero atentados de la resistencia fue una buena marca para ambos bandos.

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sep 09 2011

Es normal que la secretaria de Goebbels no conociera el Holocausto judío

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 11:15
goeb 203x300 Es normal que la secretaria de Goebbels no conociera el Holocausto judío

Goebbels

En fechas recientes se ha publicado una entrevista con Brunhilde Pomsel, la que fuese secretaria de Joseph Goebbels, el Misnistro nazi de Información y Propaganda.

Uno de los extremos que más llama la atención de esta entrevista, y que más controversias ha suscitado, es la afirmación de la señoña Pomsel, ya centenaria, de que no se enteró del Holocausto judío hasta después de la guerra. Aunque en principio pueda parecer una muestra de cinismo, o de cerrar los ojos a lo evidente, creo sinceramente que la señora dice la verdad, y trataré de aportar las razones que para ello he escuchado a otros ancianos alemanes con los que me entrevisté en otros tiempos:

-Durante una guerra se escuchan todos los días centenares de rumores. En principio, no se puede creer la rumorología, sobre todo si atenta contra los intereses o la imagen del propio país, pues en ese caso podrían proceder del enemigo.

-Durante la guerra hubo millares, millones de deportados de todas las nacionalidades. Se sabía que a los franceses se les enviaba a trabajar a Polonia, y a los polacos y rusos a Francia. Los judíos desaparecían, sí, pero todo el mundo daba por hecho que se les enviaba a trabajar como esclavos a alguna parte. En la mentalidad alemana no cabe la idea de matar a gente que puede trabajar. Para ellos, que los prisioneros mueran de agotamiento, hambre o enfermedades es creíble, peor no lo era en modo alguno que se les ejecutara sin explotarlos al máximo.

-Algunos de los rumores que se escuchaban hablaban de trenes llenos de personas que se dirigían a sitios donde las mataban. Como en el caso anterior, los civiles  alemanes no podían creerse que se hiciese viajar dos mil kilómetros a gente con el solo fin de matarla, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de transportes y de combustible. La gente de a pie sabía que había ejecuciones, por supuesto, pero en el sitio, y enterrados allí mismo, en cualquier cuneta(como hacíamos en España, sin ir más lejos), no llevándolos en trenes y a dos mil kilómetros de donde se les cogía. Eso no podía ser cierto, pues no encajaba en su mentalidad.

-Por último, padecemos a menudo la tentación de pensar que la población civil alemana conocía la masacre y que callaron por miedo, por colaboración con la matanza o por desinterés, cuando los hechos muestran un escenario muy distinto. Por una parte, los medios de comunicación del momento a los que tenía acceso la población civil alemana  eran muy débiles y estaban completamente intervenidos por el Gobierno. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los medios de comunicación aliados tampoco hablaron del Holocausto hasta después de acabada la guerra. En ese sentido, llama la atención que si los alemanes ahorcaban a dos rehenes len Albania, la BBC se hacía eco. Si los alemanes fusilaban a tres campesinos en Sicilia, la BBC se hacía eco, y si los alemanes no fusilaban a a nadie, la BBC se lo inventaba, como es lógico dentro de la mecánica de la propaganda de guerra, pero nunca durante la guerra llegó a hablar la BBC de lo que ocurría en los campos de exterminio, cuando lo cierto es que cientos de miles de miembros de la resistencia podían haber pasado esa información a los aliados.

Durante toda la guerra no puede leerse en los periódicos británicos ni norteamericanos, ni tampoco en los rusos, ni una sola mención a  lo que sucedía en lugares como Auschwitz, cuando después se supo que tenían centenares de fotografías aéreas de esos lugares y que su aviación fotografiaba hasta los más recónditos rincones de Alemania. Si los ingleses y los norteamericanos no lo supieron, y sus gobiernos estaban claramente interesados (se supone) en dar a conocer la barbarie del enemigo, ¿cómo podemos pensar que lo sabían los civiles alemanes?

Por lo visto, el asunto se llevó en el máximo secreto, e incluso algunos altos cargos del nazismo no llegaron a enterarse nunca, convencidos, como el resto de sus compatriotas, de que se esclavizaba a los judíos para que trabajasen y colaboraran al esfuerzo de guerra, pero sin poder pensar que se les matara sin exprimirlos antes al máximo.

Conocer la mentalidad de la gente es la base del secreto, como siempre.

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may 11 2011

Los Pitufos: ¿Una apología del Nazismo?

Category: CULTURA Y OTROSAdminis @ 06:04

pitu 257x300 Los Pitufos: ¿Una apología del Nazismo?Hoy, un texto de humor, o casi, que nos ha llegado.

Esperamos que sea un texto de humor, vaya, porque hay gente para todo…

 Hemos rescatado este curioso texto, bueno, en realidad son dos diferentes, pero que tratan del mismo tema, el segundo traducido por nosotros, para completar asi un texto sobre este poco conocido asunto. El creador de los Pitufos, Pierre Cullimore, fue miembro del KU KLUX KLAN y simpatizante con la causa blanca. Es algo, que evidentemente nosotros no podemos confirmar, pero ahi queda el asunto. Los que elaboraron los siguientes textos, dejan mas que claro que solo son unos progres, por la estupidez de muchos de sus comentarios, pero lo que nos interesa es el fondo del asunto. Resulta gracioso y patético a la vez, que reconozcan que esta serie de dibujos con la que se han educado un par de generaciones, tenga valores positivos, casi entendida esta como una lucha entre el bien (los pitufos) y el mal (Gargamel, el oro y la codicia), pero que sin embargo lo peligroso de la misma según ellos, es precisamente ese “mensaje oculto” de la serie favorable de alguna manera a los ideales arios y NS. Es evidente que lo peligroso de verdad, es ver como la mentalidad sionista ha calado en toda la sociedad, llegando al punto de comparar la defensa de nuestra raza y de nuestros valores, como algo negativo. LOS PITUFOS: ¿UNA APOLOGÍA DEL NAZISMO? Estudio acerca de la similitud entre la serie infantil y la ideología nazi. Voy a tratar de resumir en este breve estudio los motivos que me llevan a pensar que la serie de dibujos animados infantil “Los pitufos” contiene, de manera oculta, elementos fácilmente reconocibles pertenecientes al mundo del nazismo. Para ello dividiré las principales bases argumentales de la serie en varios apartados en los que compararé estas bases con determinados aspectos de la ideología nazi. La conclusión a la que pretenderé llegar es que, si estas similitudes no están hechas intencionadamente, el número de casualidades es muy superior a lo natural. ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL DE LOS PITUFOS: Si analizamos la estructura social de los pitufos pronto observaremos que se trata de un pueblo aparte de todo. Es un pueblo que se autoabastece y que satisface sus necesidades simplemente con la ayuda de lo que le da su tierra y su espacio natural. Es un modelo que podríamos calificar de autárquico, no comerciar ni intercambiar nada fuera de sus propias fronteras, ellos se lo guisan, ellos se lo comen. Esto, en su base, es idéntico a ese nacionalismo visceral, a ese Volksgeit alemán que organizó Hitler durante sus primeros años de gobierno y que, más tarde, se transformaría en esa ansia expansionista. Pero volvamos a los pitufos; si seguimos observando su comportamiento social, salta a la vista la uniformidad casi total de esta raza de nuevos individuos. Todos son azules (que no rojos ni de otro color cualquiera, sino azules…), llevan un pantaloncito blanco y un extraño gorro del mismo color. A partir de ahí sólo se diferencian por pequeños rasgos como una flor, un tatuaje, etc. Esto nos recuerda en conjunto a esa estética nazi de uniformidad estricta y rigurosa tantas veces demostrada en desfiles y conmemoraciones. Una uniformidad de la que nadie sale y que constituía una de las principales armas con las que contaba el régimen para dar esa sensación nacionalista de unión y poder. Profundizando más en la sociedad pitufa y en su sistema de gobierno, encontramos que no todos los pitufos van igual vestidos y uniformados. Sólo uno se diferencia, sólo uno se viste de otra forma, sólo uno llama la atención por los colores de su ropa y su barba blanca. Ese pitufo es el líder de la opinión del resto de los pitufos, es el consejero, es el más sabio, es el ejemplo al que todos quieren y deben seguir si quieren que las cosas salgan correctamente, es el que organiza a todo el pueblo y enseña al resto de pitufos lo que debe de hacer para que el pueblo pitufo salga adelante, es el Papá Pitufo. Una especie de führer en el que se identifica el Estado pitufo con su propia persona y que posee un führerprinzit según el cual tiene la autoridad total sobre el resto de los pitufos y nadie puede dudar de él ni de su opinión. En la sociedad pitufa, cambiando de tema, observamos un curioso, cuando menos, papel de la mujer. Encontramos que en todo el poblado sólo hay una, Pitufina (rubia, como no). Bien, pues esta Pitufina es el paradigma de la mujer florero. Sólo sirve para que liguen con ella y para coquetear, pero nada más. FUNDAMENTOS Y FINALIDAD DE LA VIDA DE UN PITUFO: Los pitufos aparte de, como ya hemos dicho en el anterior apartado, tener que autoabastecerse siguiendo las indicaciones de un líder, deben seguir una serie de conductas para ser premiados y tener estima y valor entre el grupo del resto de los pitufos. El pitufo que emplea la fuerza bruta, aquel de complexión atlética, el que actúa como si su cuerpo fuera una máquina al servicio de su raza, el pitufo Fortachón, es el que se lleva todos los méritos. Por el contrario, dentro de los pitufos, aquel que investiga, que intenta saber tanto como Papá Pitufo, que lee libros, que se interesa por conocer una verdad más allá que la del resto de los pitufos, aquel que cultiva su mente, el pitufo Filósofo, es duramente reprimido y no pasa un solo capítulo en el no le echen a patadas del pueblo, casi siempre impulsado por Fortachón. Pero, aparte de todo esto, hay algo que es común en todos los pitufos y que representa una de las características fundamentales de su existencia: el odio a Gargamel. Lo que intentaré demostrar en este párrafo es la existencia también de elementos antisemitas en la serie. Si analizamos al principal enemigo de los pitufos, Gargamel, pronto descubrimos en su rostro rasgos que han caracterizado a lo largo de la historia al pueblo judío, como puede ser la nariz prominente y algo aguileña. Esto podría ser una mera coincidencia pero, si analizamos su nombre y el de su gato Asrael, encontraremos la terminación “-el”, característica de los nombres hebreos, como en Gabriel, Miguel, Ángel, etc. Es más, simplemente cambiando la primera letra del nombre del gato por una “I” lo que aparece es Israel. Pero, aun así, podría tratarse de coincidencias. Sin embargo, lo que nos lleva a eliminar nuestras dudas, es la profesión y los objetivos del siniestro personaje. Gargamel no es otra cosa que un alquimista, y no un alquimista cualquiera, sino uno avaricioso que busca acabar con los pitufos para comérselos o para comerciar con ellos y hacerse rico. Si ahora escuchamos los causas que alegaba Hitler para culpar a los judíos de todos los males no se alejan mucho de lo que acabamos de expresar. Por tanto Gargamel y su gato se convierten ante los ojos de los niños en el paradigma del judío de la Alemania de 1930. ALIADOS SUPERIORES EN LA CAUSA DEL PUEBLO PITUFO: A la hora de enfrentarse con Gargamel y con otros enemigos y para sentar sus ideas y formar su pueblo, los pitufos no están solos. Desde siempre han contado con la ayuda de unos seres superiores y eternos que les han apoyado por confiar en su verdad y en la rectitud de su proyecto. Estos seres, tales como Mamá Naturaleza o el Padre Tiempo, no son seres tangibles, sino que superan a la realidad siendo inherentes a ella. Son como ese Espíritu Alemán que proclamaba Hitler desde sus consignas ultranacionalistas arraigadas en la esencia de lo alemán, como ese Volksgeit eterno y superior que siempre a acompañado al pueblo alemán y que antes he nombrado. Son todas esas tradiciones alemanas intangibles que daban unidad y fuerza al pueblo como tal y que el nazismo de Hitler encauzo hacia sus propias metas dándoles sentido en el contexto de la Alemania de antes de la segunda gran guerra. Por todas estas razones y por otras que no creo conveniente reseñar, puedo considerar que en la serie infantil “Los pitufos” se dan algunos principios de apología del nazismo criticables o, cuando menos, producto de un estudio más serio y profundo para verificar estas tesis a la luz de los hechos. Sin más, espero que esto sirva de orientación para futuras investigaciones. LOS PITUFOS: ¿TITERES ÁRIOS O INOFENSIVAS CARICATURAS? La caricatura ”los pitufos” ha estado presente por muchos años, pero nunca nadie miró lo suficientemente cerca para ver algunos de los mensajes subyacentes. La caricatura siempre ha tratado de expresar valores morales fuertes describiendo actos de gentileza y buenas acciones hacia los demás. Las pequeñas criaturas eran lindas y adorables. Estos factores hacen difícil creer que el escritor y creador del programa Peyo, alias Pierre Cullimore, quién murió en 1992 a los 64 años, fuera un nazi y estuviera afiliado al ku klux klan. Observando diferentes aspectos de la caricatura en sí, tal vez no sea tan increíble. Los pitufos siempre le dan a los niños un mensaje moral al final de cada capítulo. Sin embargo intrincadamente escondido dentro de la historia había un mensaje mas oscuro y profundo. Por ejemplo en un episodio el villano (Gargamel) le dá a un pitufo una moneda esperando que este se quede con ella y se vuelva codicioso. El plán funciona y se altera la pequeña villa de los pitufos. Al final todo se resuelve cuando el pitufo decide compartir la nueva riqueza con todo el resto de pitufos. ¿Acaso es solo una coincidencia que “el villano” tenga un nombre judío y parezca de ascendencia judía? ¿que tenía de horrible el que el pitufo mantuviera su moneda para si mismo? Tenía todo el derecho porqué era suya. Sin embargo debido a la estructura de su sociedad era erróneo que uno tuviera mas que los otros. ¿suena familiar, como socialismo tal vez?. En retrospectiva algunos aspectos visuales y hasta de las historias muestran la conexión del creador con el ku klux klan. El klan es una organización de supremacistas blancos que creen que la raza blanca es la raza maestra. La organización era liderada por papá pitufo, un líder que llevaba un sombrero rojo puntudo en medio de la comunidad de sombreros blancos. De la misma manera el gran dragón del ku klux klan usa un sombrero rojo. En un episodio, los pitufos sufrían un hechizo maligno. Cuando eran negros, subitamente se volvían malos. También había muchos episodios en los que bailaban alrededor del fuego, igual que en los rituales tradicionales del k.k.k. Otras influencias “nazis” pueden observarse en los nombres y as apariencias de los personajes. El villano de la historia, Gargamel, era un hombre que se asemejaba a la parodia del hombre judío estereotípico con pelo oscuro y facciones prominentes. Este vivía en una casa vieja y grande desaseada, el mismo se veía sucio. Su nombre proviene de la herencia judeo alemana así como el nombre de su gato Azrael. En mitología judía Azrael es el ángel que separa el alma del cuerpo al momento de la muerte. Entre los pitufos solo hay una chica, con facciones extrañamente arias, que se muestran de manera mas prominente en su largo pelo rubio. En la ideología nazi, este es un gentil caucásico, especialmente uno del tipo nórdico. Hitler tenía la creencia de que los “arios” poseían la imagen ideal para un nazi. Aunque estas observaciones pueden ser consideradas como mera especulación, no se puede negar la evidencia encontrada en el hogar del autor. En realidad muchos espectadores pueden decidir no creer esto simplemente debido a que se rehusan a admitir que fueron engañados. La verdad que se encuentra escondida en el programa contradice el supuesto objetivo del programa. El programa que se suponía dedicado a enseñar a los niños una buena moralidad y valores como el compartir y amar al vecino, de hecho hacía lo contrario con algunos de los mensajes subyacentes. Para su creador el programa debió haber sido perfecto. Un programa que presentaba puntos de vista considerados buenos y correctos por la sociedad, mezclados de una forma tal para expresar sus opiniones y posiciones de forma sutil. Las ideas fueron ejecutadas con suficiente cuidado para no levantar sospecha y permitir expresarlas hasta el día de su retiro: no fué sino hasta el día en que se retiró que la verdad fue conocida. Tal vez la lección final es la más importante, nunca confiar en las apariencias.

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may 09 2011

Los argumentos de la defensa de JULIUS STREICHER en los juicios de Nuremberg

Category: POLíTICOSAdminis @ 22:50

 

Streicher fue ahorcado por “incitar al odio racial”, un crimen que parece volverse cada día más popular. El caso de Streicher es extraordinario en el sentido de que las naciones que predican la separación de la iglesia y el estado, así como la libertad de opinión y de prensa, conspiraron con los judíos y los comunistas para ahorcar a un hombre por haber expresado opiniones cuya exactitud no fue discutida.

Uno de los “crímenes” cometidos por Streicher fue la publicación de un suplemento acerca de los “asesinatos rituales judíos” en su periódico Der Stürmer. Fue expresamente admitido por la fiscalía que sus ilustraciones eran auténticas (V 103 {119}), y que el artículo estaba correctamente provisto de citas. Entre las referencias de Streicher se hallaron las de al menos un perito reconocido, el Dr. Erich Bischof de Leipzig, así como referencias a procedimientos penales modernos (IX 696-700 {767-771}). En la opinión del Tribunal, indagar la veracidad de las citas de Streicher hubiera prolongado el proceso en forma desmesurada, de modo que no se suponía que el artículo fuese inexacto. En vez de eso, se practicó una especie de telepatía mental, y Streicher fue ahorcado por su alegado modo de pensar y su motivaciónes.

Otro crimen de Streicher fue el haber calificado al Viejo Testamento de “horrible folletín criminal… este ‘libro santo’ abunda en asesinatos, incestos, fraudes, hurtos e indecencia.” No se presentó ninguna prueba para refutar tal afirmación (V 96 {112}).

Streicher cobró fama como “coleccionista de pornografía”, “pervertido sexual”, y “estafador.” Tras un examen se halló que la “colección de pornografía” resultó ser el archivo que su periódico mantenía sobre temas judíos (XII 409 {445}). Sus alegadas “perversiones sexuales”, fuertemente recalcadas por los rusos, tuvieron su origen en el así-llamado Informe Göring, un procedimiento disciplinario del Partido presentado por uno de los numerosos enemigos de Streicher. Esta acusación fue retirada durante el proceso de Nuremberg, y omitida de la copia transcripta de las audiencias. Streicher fue aconsejado que no debía responder a ninguna pregunta relacionada con esta acusación (XII 330, 339 {359, 369}).

La “estafa inmobiliaria” también se derivó del Informe Göring, y se refería a un solo caso, el del Mars-Werke. El hombre responsable de las acusaciones contenidas en el Informe, por no se sabe qué curiosa coincidencia, era también responsable de la compra (V 106 {123}). El informe alega que las acciones fueron restituidas, y que el dinero que Streicher había pagado por las acciones, 5000 Reichmarks, fue reembolsado a Streicher después de las investigaciones.

Streicher había dado a sus administradores plenos poderes para actuar como mejor les pareciese, diciendo, “No me molesten ustedes con sus asuntos financieros. Hay cosas más importantes que el dinero.” Streicher afirmó que su periódico era publicado en una casa alquilada hasta el fin de la guerra; el periódico no era un órgano del Partido; Streicher no tenía nada que ver con la guerra.

Uno de los empleados de Streicher apareció como testigo y dijo: “Aquellos que conocen a Herr Streicher como yo, saben que Herr Streicher nunca le quitó nada a un solo judío” (XII 385-386 {420}).

La segunda mujer de Streicher, Adele Streicher, se presentó y testificó, “Considero totalmente imposible que Julius Streicher hubiera adquirido acciones de esta manera. Yo creo que no sabe ni cómo es una acción” (XII 391 {426}).

No se alegó en Nuremberg que Streicher hubiera escrito personalmente todos los artículos publicados en su periódico. Trau keinem Fuchs auf gruener Heid, und keinem Jud’ bei seinem Eid, (más o menos: No te fíes de un zorro por el verde prado, ni de ningún judío, aunque sea bajo juramento) traducido por la fiscalía como “Don’t Trust a Fox Whatever You Do, Nor Yet the Oath of Any Jew” (XXXVIII 129), tomó su título de Martin Luther. Der Giftpilz (El Hongo Venenoso) fue escrito por uno de los redactores de Streicher inspirado por una famosa serie de crímenes sexuales cometidos contra niños por un alto industrial judío, Louis Schloss (XII 335 {364-365}).

Schloss fue asesinado en Dachau más tarde, en lo que se describió como otra “atrocidad nacionalsocialista.” En las discusiones de la fiscalía relacionadas con el asesinato de Schloss, no se mencionó nunca que Schloss era un peligroso pervertido que atacaba a los niños; al contrario, fue tacitamente sugerido que había sido ejecutado sencillamente por ser judío, y por ninguna otra razón (Documento 664-PS, XXVI 174-187).

Nunca se probó ningún nexo de causalidad entre los “comentarios anti-semitas” de Streicher, Frank, o Rosenberg y ningún delito cometido. Ni siquiera se probó que el crimen en cuestión, esto es, el denominado “Holocausto de los judíos” hubiera sido cometido. Fue sencillamente asumido, y los escritos de Streicher fueron supuestos de haber contribuido a “provocarlo.”

Streicher hizo algunos comentarios “altamente impropios” que se suprimieron de la copia transcrita de las audiencias, y por los cuales fue amonestado por el Tribunal, con el consentimiento de su abogado, Dr. Marx. Uno de estos comentarios fue suprimido después del quinto párrafo de la página 310 de tomo XII de la copia transcripta de las audiencias tipografiada {página 337 linea 30 de la copia transcrita impresa alemana}, pero se puede leer en las páginas 8494-5 de la copia transcrita ciclostilada. Streicher dijo:

“Si pudiera terminar con una descripción de mi vida, comenzaría con la descripción de una experiencia que mostrará a ustedes, señores del Tribunal, que aún sin el consentimiento del gobierno, pueden pasar cosas que no son humanas, ni están en concordancia con los principios de la humanidad.

“Señores, fui detenido, y durante mi detención pasé precisamente por cosas de las que se nos acusa y se achacan a la Gestapo. Durante cuatro días estuve sin ropa en una celda. Se me quemó. Se me tiró al suelo, y me ataron a una cadena de hierro. Debía besar los piés de los guardias negros que escupían mi rostro. Dos hombres de color y un oficial blanco me escupían en la boca, y cuando ya no la podía abrir, me la abrían con un palo de madera; y cuando pedía agua, se me llevó a una letrina y me ordenaron beber de allí.

“En Wiesbaden, señores, un médico tuvo piedad de mí, y declaro aquí que un director judío del hospital actuó correctamente. Digo aquí, para no ser mal entendido, que los oficiales judíos de la guardia aquí en la prision han actuado correctamente; los médicos que me trataron, también tuvieron consideración. Y en esta declaración pueden ver ustedes el contraste desde aquella prisión hasta este momento aquí.”

Otro “comentario impropio” ha sido suprimido después del primer párrafo en la página 349 de tomo XII {página 379 de la copia transcrita impresa alemana}, pero se halla en la copia transcrita ciclostilada en la página 8549:

“Para evitar todo malentendido, debo decir que en Freising me golpearon hasta tal punto, y estuve durante dias sin ropas, que perdí el 40% de mi capacidad auditiva, y la gente se ríe cuando hago preguntas. No puedo cambiar el hecho de que se me trató así. Entonces, debo pedir que se me haga la pregunta una vez más.”

A lo cual Lt. Col. Griffith-Jones replicó: “Puedo mostrárselo, y lo repetiremos tan fuerte como usted quiera.”

Dado que se trataba de un asunto del conocimiento personal de Streicher y no una presunción, resulta dificil comprender porqué se suprimieron los comentarios, mientras que se mantuvo toda presunción favorable a la fiscalía (en realidad, las pruebas de la fiscalía consisten casi integramente en presunciones, sean escritas u orales). Si las autoridades de la fiscalía no creían las alegaciones de Streicher acerca de estas torturas, pudieron haber examinado su testimonio en busca de incoherencias y probar que era mentira. En vez de proceder así, Streicher fue sencillamente amonestado, y los comentarios quedaron suprimidos. Así se acaba con la verdad, la justicia, y con todo proceso imparcial.

Streicher afirmó que sus escritos refiriéndose al “exterminio” de los judíos fueron provocados, en su mayor parte, por los bombardeos aliados y las exigencias de exterminio del pueblo alemán, por parte de los aliados.

“Si en Norteamerica un judío con el nombre de Erich Kauffman puede exigir públicamente que todos los alemanes fértiles sean esterilizados con el propósito de exterminar el pueblo alemán, entonces, digo yo, diente por diente, y ojo por ojo. Es un asunto puramente teórico y literario.” (XII 366 {398-399}). (V 91-119 {106-137}; XII 305-416 {332-453}; XVIII 190-220 {211-245}).

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abr 18 2011

Los argumentos de la defensa de CONSTANTIN VON NEURATH en los juicios de Nuremberg

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Von Neurath fue la víctima de una burda falsificación, Documento 3859-PS. Los checos tomaron un documento auténtico, lo reescribieron a máquina, con extensas alteraciones e interpolaciones, y presentaron una “fotocopia” de su “copia” (con firmas hechas a máquina) al Tribunal. El documento original se encontraba en Checoslovaquia.

En este documento casi todo es incorrecto: la burocracia alemana era muy compleja, y numerosos documentos de la fiscalía llevan direcciones falsas, referencias falsas, y procedimientos falsos que no se ven inmediatamente.

Acerca de este documento, Von Neurath dijo,

“Lamento tener que decir que usted miente” (XVII 67 {79}; 373-377 {409-413}).

Von Neurath fue declarado culpable de haber cerrado las universidades checas (lo que no es un delito bajo el derecho internacional cuando es llevado a cabo por un gobierno de ocupación), y de haber fusilado a 9 estudiantes checos después de una manifestación. Este crimen fue “probado” por una serie de documentos: URSS-489, una “copia conformada”, (certificada por los checos); URSS-60, el “informe” de una “comisión de crímenes de guerra”, que presuntamente “citaba” las afirmaciones de Karl Hermann Frank (naturalmente, las afirmaciones no se anexaron al informe); y URSS-494, una “declaración” de Karl Hermann Frank, supuestamente firmada 33 dias antes de su ejecución. Las afirmaciones atribuidas a Frank en el informe de la comisión de crímenes de guerra no fueron firmadas ni fechadas, y se alegaba que los documentos originales estaban en Checoslovaquia (XVII 85-90 {98-104}).

Numerosas “pruebas” contra Von Neurath, Schacht, Von Papen, Raeder, y otros acusados provinieron de las declaraciones de un viejo diplomático norteamericano residente en México (Documentos 1760-PS; 2385-PS; 2386-PS; EC-451).

Se suponía que el diplomático, Messersmith, estaba demasiado viejo para aparecer delante del Tribunal (II 350 {387}); pero se negó que fuera senil (II 352 {389}). Las “pruebas” consistían en las presunciones de Messersmith acerca de las motivaciones y carácteres de otras personas.

El caso de Von Neurath aparece en XVI 593-673 {649-737}; XVII 2-107 {9-121}; XIX 216-311 {242-345}).

 

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abr 04 2011

Rosa Luxemburgo. Líder de una revolución fracasada que allanó el camino al nazismo.

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Rosa Luxemburgo 300x185 Rosa Luxemburgo. Líder de una revolución fracasada que allanó el camino al nazismo.

Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburg nació en la pequeña población polaca de Zamosc, el 5 de marzo de 1871. Desde muy joven fue activista del movimiento socialista. Se unió a un partido revolucionario llamado Proletariat, fundado en 1882, alrededor de 21 años antes de que se fundara el Partido Social Demócrata Ruso (bolcheviques y mencheviques).

Proletariat estuvo desde sus comienzos, tanto en principios como en programa, señaladamente adelantado con respecto al movimiento revolucionario en Rusia. Mientras el movimiento revolucionario ruso estaba todavía restringido a actos de terrorismo individual llevados a cabo por una heroica minoría de intelectuales, Proletariat organizaba y dirigía a miles de trabajadores en huelga. No obstante, en 1886, Proletariat fue prácticamente decapitado por la ejecución de cuatro de sus líderes, el encarcelamiento de otros veintitrés bajo largas condenas a trabajos forzados y el destierro de otros doscientos. Sólo se salvaron del naufragio pequeños círculos, y a uno de ellos se unió Rosa Luxemburg a los 16 años. Alrededor de 1889, su actuación llegó a oídos de la policía y tuvo que abandonar Polonia, ya que sus camaradas pensaron que podría realizar tareas más útiles en el exterior que en prisión. Fue a Zurich, en Suiza, que era el centro más importante de emigración polaca y rusa. Ingresó en la universidad, donde estudió ciencias naturales, matemáticas y economía. Tomó parte activa en el movimiento obrero local y en la intensa vida intelectual de los revolucionarios emigrados.

Apenas dos años más tarde, Rosa ya era reconocida como líder teórico del partido socialista revolucionario de Polonia. Llegó a ser colaboradora principal del diario del partido, Sprawa Rabotnicza, publicado en París. En 1894, el nombre del partido, Proletariat, cambió por el de Partido Social Demócrata del Reino de Polonia; muy poco después, Lituania se añadió al título. Rosa siguió siendo líder teórico del partido -el SDKPL- hasta el fin de su vida.

En agosto de 1893, representó al partido en el Congreso de la Internacional Socialista. Allí, siendo una joven de 22 años, tuvo que lidiar con veteranos muy conocidos de otro partido polaco, el Partido Socialista Polaco (PPS), cuyo principio más importante era la independencia de Polonia, y que demandaba el reconocimiento de todos los miembros de mayor experiencia del socialismo internacional.

La ayuda para el movimiento nacional en Polonia tenía tras de sí el peso de una larga tradición: también Marx y Engels habían hecho de esto un principio importante en su política. Impertérrita ante todo esto, Rosa cuestionó al PSS, acusándolo de tendencias claramente nacionalistas y de propensión a desviar a los trabajadores de la senda de la lucha de clases; se atrevió a tomar una posición diferente a la de los viejos maestros y se opuso al slogan de “independencia para Polonia” (Para una elaboración de la posición de Rosa Luxemburg sobre la cuestión nacional, véase el Capítulo 6.) Sus adversarios acumularon injurias sobre ella: algunos, como el veterano discípulo y amigo de Marx y Engels, Wilhelm Liebknecht, llegó a acusarla de ser agente de la policía secreta zarista. No obstante, ella se mantuvo en sus trece.

Intelectualmente crecía a pasos agigantados. En 1898, se dirigió al centro del movimiento obrero internacional en Alemania, que la atrajo irresistiblemente.

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Rosa Luxemburgo hablando ante el público

Comenzó a escribir asiduamente, y después de un tiempo llegó a ser uno de los principales colaboradores del periódico teórico marxista más importante de la época, Die Neue Zeit. Invariablemente independiente en el juicio y en la crítica, ni siquiera el tremendo prestigio de Karl Kautsky, su director -”Papa del marxismo”, como se le llamaba-, lograba apartarla de sus opiniones elaboradas, una vez que estaba convencida de ellas.

Rosa entregó cuerpo y alma al movimiento obrero en Alemania. Era colaboradora regular de numerosos diarios socialistas -y en algunos casos directora-, dirigió muchos mítines populares y tomó parte enérgicamente en todas las tareas que el movimiento le requería. Desde el principio hasta el fin, sus disertaciones y artículos eran trabajos creativos originales, en los que apelaba a la razón más que a la emoción, y en los que siempre abría a sus oyentes y lectores un horizonte más amplio.

En este momento, el movimiento de Alemania se dividió en dos tendencias principales, una reformista -con fuerza creciente- y la otra revolucionaria. Alemania había gozado de creciente prosperidad desde la crisis de 1873. El nivel de vida de los trabajadores había ido mejorando ininterrumpidamente, aunque en forma lenta: los sindicatos y cooperativas se habían vuelto más fuertes. En estas circunstancias, la burocracia de estos movimientos, junto con la creciente representación parlamentaria del Partido Social Demócrata, se alejaba de la revolución y se inclinaba con gran ímpetu hacia los que ya proclamaban el cambio gradual o el reformismo como meta. El principal vocero de esta tendencia era Eduard Bernstein, un discípulo de Engels. Entre 1896 y 1898, escribió una serie de artículos en Die Neue Zeit sobre “Problemas del Socialismo”, atacando cada vez más abiertamente los principios del marxismo. Estalló una larga y amarga discusión. Rosa Luxemburg, que acababa de ingresar en el movimiento obrero alemán, inmediatamente salió en defensa del marxismo. De forma brillante y con magnífico ardor atacó el propagado cáncer del reformismo en su folleto ¿Reformismo o revolución?. (Para una elaboración de su crítica del reformismo, véase el Capítulo 2).

Poco después, en 1899, el “socialista” francés Millerand participó de un gobierno de coalición con un partido capitalista. Rosa siguió atentamente este experimento y lo analizó en una serie de brillantes artículos referentes a la situación del movimiento francés en general, y a la cuestión de los gobiernos de coalición en particular (véase el Capítulo 2). Después del fiasco de Macdonald en Gran Bretaña, el de la República de Weimar en Alemania, el del Frente Popular en Francia en la década de los 30 y los gobiernos de coalición posteriores a la Segunda Guerra Mundial en el mismo país, queda claro que las enseñanzas impartidas por Rosa no son únicamente de interés histórico.

Entre 1903-1904, Rosa se entregó a una polémica con Lenin, con quien disentía en la cuestión nacional (véase el Capítulo 6), y en la concepción de la estructura del partido y la relación entre el partido y la actividad de las masas (véase el Capítulo 5).

En 1904, después de “insultar al Káiser”, fue sentenciada a nueve meses de prisión, de los cuales cumplió solo uno.

En 1905, con el estallido de la primera revolución rusa, escribió una serie de artículos y panfletos para el partido polaco, en los que exponía la idea de la revolución permanente, que había sido desarrollada independientemente por Trotsky y Parvus, pero sostenida por pocos marxistas de la época. Mientras que tanto los bolcheviques como los mencheviques, a pesar de sus profundas divergencias, creían que la revolución rusa había de ser democrático-burguesa, Rosa argüía que se desarrollaría más allá del estadio de burguesía democrática y que podría terminar en el poder de los trabajadores o en una derrota total. Su slogan era “dictadura revolucionaria del proletariado basada en el campesinado”.1

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Rosa Luxemburgo

Sin embargo, pensar, escribir y hablar sobre la revolución no era suficiente para Rosa Luxemburg. El motto de su vida fue: “En el principio fue el acto”. Y aunque no gozaba de buena salud en ese momento, entró de contrabando en la Polonia rusa tan pronto como pudo (en diciembre de 1905). En ese momento el punto culminante de la revolución había sido superado. Las masas todavía estaban activas, pero ahora vacilantes, mientras la reacción alzaba su cabeza. Se prohibieron todos los mítines, pero los obreros todavía los celebraban en sus fortalezas: las fábricas. Todos los periódicos de los trabajadores fueron suprimidos, pero el del partido de Rosa seguía apareciendo todos los días, impreso clandestinamente. El 4 de marzo de 1906 fue arrestada y detenida durante cuatro meses, primero en la prisión y posteriormente en un fuerte. A causa de su mala salud y de su nacionalidad alemana, fue liberada y expulsada del país.2

La revolución rusa dio vigor a una idea que Rosa había concebido años atrás: que las huelgas de masas -tanto políticas como económicas- constituían un elemento cardinal en la lucha revolucionaria de los trabajadores por el poder, singularizando a la revolución socialista de todas las anteriores. A partir de allí elaboró aquella idea en base a una nueva experiencia histórica. (Véase el Capítulo 3)

Al hablar en tal sentido en un mitin público fue acusada de “incitar a la violencia”, y pasó otros dos meses en prisión, esta vez en Alemania.

En 1907, participó en el Congreso de la Internacional Socialista celebrado en Stuttgart. Habló en nombre de los partidos ruso y polaco, desarrollando una posición revolucionaria coherente frente a la guerra imperialista y al militarismo. (Véase el Capítulo 4)

Entre 1905 y 1910, la escisión entre Rosa Luxemburg y la dirección centrista3 del SPD -del que Kautsky era el portavoz teórico- se hizo más profunda. Ya en 1907, Rosa había expresado su temor de que los líderes del partido, al margen de su profesión de marxismo, vacilarían frente a una situación que requiriera acción. El punto culminante llegó en 1910, cuando se produjo una ruptura total entre Rosa y Karl Kautsky por la cuestión de la vía de los trabajadores hacia el poder. Desde ese momento, el SPD se dividió en tres tendencias diferenciadas: los reformistas, que progresivamente fueron adoptando una política imperialista; los así llamados marxistas de centro, conducidos por Kautsky (ahora apodado por Rosa Luxemburg “líder del pantano”), quien conservaba su radicalismo verbal pero se limitaba cada vez más a los métodos parlamentarios de lucha; y el ala revolucionaria, de la que Rosa Luxemburg era la principal inspiradora.

En 1913, publicó su obra más importante: La acumulación de capital. (Una contribución a la explicación económica del imperialismo). Ésta es sin duda, desde El Capital una de las contribuciones más originales a la doctrina económica marxista. Este libro -como lo señalara Mehring, el biógrafo de Marx- con su caudal de erudición, brillantez de estilo, vigoroso análisis e independencia intelectual, es de todas las obras marxistas, la más cercana a El Capital. El problema central que estudia es de enorme importancia teórica y política: los efectos que la expansión del capitalismo en territorios nuevos y atrasados, tiene sobre sus propias contradicciones internas y sobre la estabilidad del sistema. (Para un análisis de esta obra véase el Capítulo 8.)

El 20 de febrero de 1914, Rosa Luxemburg fue arrestada por incitar a los soldados a la rebelión. La base de esta acusación fue una arenga en la que declaró: “Si ellos esperan que asesinemos a los franceses o a cualquier otro hermano extranjero, digámosles: ‘No, bajo ninguna circunstancia’”. En el Tribunal se transformó de acusada en acusadora, y su disertación -publicada posteriormente bajo el título Militarismo, guerra y clase obrera- es una de las más inspiradas condenas del imperialismo por parte del socialismo revolucionario. Se la sentenció a un año de prisión, pero no fue detenida ahí mismo. Al salir de la sala del tribunal fue de inmediato a un mitin popular, en el que repitió su revolucionaria propaganda antibélica.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, prácticamente todos los líderes socialistas fueron devorados por la marea patriótica. El 3 de agosto de 1914, el grupo parlamentario de la socialdemocracia alemana decidió votar a favor de créditos para el gobierno del Káiser. Sólo quince de los ciento once diputados mostraron algún deseo de votar en contra. No obstante, después de serles rechazada su solicitud de permiso, se sometieron a la disciplina del partido, y el 4 de agosto, todo el grupo socialdemócrata votó por unanimidad en favor de los créditos. Pocos meses después, el 3 de diciembre, Karl Liebknecht ignoró la disciplina del partido para votar de acuerdo con su conciencia. Fue el único voto en contra de los créditos para la guerra.

La decisión de la dirección del partido fue un rudo golpe para Rosa Luxemburg. Sin embargo, no se permitió la desesperación. El mismo día que los diputados de la socialdemocracia se unieron a las banderas del Káiser, un pequeño grupo de socialistas se reunió en su departamento y decidió emprender la lucha contra la guerra. Este grupo, dirigido por Rosa, Karl Liebknecht, Franz Mehring y Clara Zetkin, finalmente se transformó en la Liga Espartaco. Durante cuatro años, principalmente desde la prisión, Rosa continuó dirigiendo, inspirando y organizando a los revolucionarios, levantando las banderas del socialismo internacional. (Para más detalles de su política antibélica, véase el Capítulo 4.)

El estallido de la guerra, separó a Rosa del movimiento obrero polaco, pero debe de haber obtenido profunda satisfacción, porque su propio partido en Polonia permaneciera en todo sentido leal a las ideas del socialismo internacional.

La revolución rusa de febrero de 1917 concretó las ideas políticas de Rosa: oposición revolucionaria a la guerra y lucha para el derrocamiento de los gobiernos imperialistas. Desde la prisión, seguía febrilmente los acontecimientos, estudiándolos a fondo con el objeto de recoger enseñanzas para el futuro. Señaló sin vacilaciones que la victoria de febrero no significaba el final de la lucha, sino solo su comienzo; que únicamente el poder en manos de la clase trabajadora podía asegurar la paz. Emitió constantes llamamientos a los trabajadores y soldados alemanes para que emularan a sus hermanos rusos, derrocaran a los junkers y al capitalismo. Así, al mismo tiempo que se solidarizarían con la revolución rusa, evitarían morir desangrados bajo las ruinas de la barbarie capitalista.

Cuando estalló la Revolución de Octubre, Rosa la recibió con entusiasmo, ensalzándola con los términos más elevados. Al mismo tiempo, no sustentaba la creencia de que la aceptación acrítica de todo lo que los bolcheviques hicieran fuera útil al movimiento obrero. Previó claramente que si la Revolución Rusa permanecía en el aislamiento, un elevado número de distorsiones mutilarían su desarrollo; bien pronto señaló tales distorsiones en el proceso de desarrollo de la Rusia soviética, particularmente sobre la cuestión de la democracia. (Véase el Capítulo 7.)

El 8 de noviembre de 1918, la revolución alemana liberó a Rosa de la prisión. Con todo su energía y entusiasmo se sumergió en la lucha revolucionaria. Lamentablemente las fuerzas reaccionarias eran poderosas. Líderes del ala derecha de la socialdemocracia y generales del viejo ejército del Káiser unieron sus fuerzas para suprimir al proletariado revolucionario. Miles de trabajadores fueron asesinados; el 15 de enero de 1919 mataron a Karl Liebknecht; el mismo día, el culatazo de rifle de un soldado destrozó el cráneo de Rosa Luxemburg.

El movimiento internacional de los trabajadores perdió, con su muerte, uno de sus más nobles espíritus. “El más admirable cerebro entre los sucesores científicos de Marx y Engels”, como dijo Mehring, había dejado de existir. En su vida, como en su muerte, dio todo por la liberación de la humanidad.

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abr 03 2011

Los argumentos de la defensa de FRANZ VON PAPEN en los juicios de Nuremberg

Category: POLíTICOSAdminis @ 22:39

Von Papen fue acusado de haber conspirado con Hitler para inducir a Hindenburg para que éste tomase a Hitler en el gobierno como Reichskanzler. Según este punto de vista, Hindenburg habría sido persuadido que una guerra civil habría de ser inevitable, si no se procedía de esta manera.

El Reichskanzler de aquella época, el General Von Schleicher, había intentado, desde hacía ya mucho tiempo, gobernar ilegalmente y en violación de la constitución sin el apoyo de los nacionalsocialistas, que gozaban de la mayoría más grande de la historia del Reichstag. Muchas ilegalidades de Hitler datan, en realidad, del período del gobierno de Von Schleicher (XXII 102-103 {118-119}). Esta era la única alternativa al caos de 41 partidos políticos, cada uno representante de algún interés financiero privado.

Los vencedores demócratas exigieron de Von Papen, en 1946, que debía haber previsto en 1933, la intención de Hitler de desencadenar una “guerra de agresión”, lo que quiere decir que hubiera debido conspirar con Von Schleicher para gobernar por medio de una dictadura militar.

Von Schleicher fue fusilado más tarde durante el Putsch de Röhm. Estas ejecuciones fueron consideradas legales por Hindenburg, lo que se probó por medio de un telegrama felicitando a Hitler (XX 291 {319}; XXI 350 {386}; 577-578 {636-637}; XXII 117 {134-135}). También Von Papen consideraba las ejecuciones de Röhm y sus seguidores de haber estado justificadas por el estado de emergencia (XVI 364 {401}); al mismo tiempo, creía que se habían cometido muchos asesinatos no justificados también; habría sido el deber de Hitler ordenar una indagación y de castigar estos actos. Pero no se hizo así.

Fue admitido por parte de la fiscalía en Nuremberg que el programa del partido nazi no contenía nada de ilegal, y que casi era hasta de alabar (II 105 {123}). Los nacionalsocialistas fueron declarados legales por las autoridades de ocupación de Renania en 1925 (XXI 455 {505}), por la Corte Suprema Alemana en 1932 (XXI 568 {626}), y por la Sociedad de las Naciones y el Ministro General de Danzig en 1930 (XVIII 169 {187-188}).

No estaba claro en 1933 si el ejército apoyaría a Von Schleicher por unanimidad contra los nacionalsocialistas, quienes gozaban del derecho de gobernar; fue la negativa de Hindenburg de violar la constitución ante el peligro de una guerra civil lo que llevó a Hitler al gobierno de una manera también perfectamente legal (véase también XXII 111-112 {128-129}).

Von Papen fue acusado de haber cometido “actos imorales para fomentar el Proyecto Común”, tales como haber utilizado la forma intima “Du” (tu) en charlas con el Ministro de asuntos extranjeros austríaco Guido Schmidt (!). Von Papen replicó:

“Sir David, si usted hubiera estado en Austria tan sólo una vez en su vida, sabría que en Austria casi todo el mundo trata de ‘du’ a los demás” (XVI 394 {435}).

Aquellas acciones de Von Papen que no se pudieron tratar de “criminales” fueron utilizadas para probar su “duplicidad” (sin juego de palabras). Se les atribuyó un significado mental a sus actos con conocimiento retrospectivo.

Se alega algunas veces que las absoluciones de Von Papen, Fritzsche, y Schacht representan imparcialidad en el proceso de Nuremberg. El proceso de Tokio, y los otros tantos procesos de crímenes de guerra en los cuales no hubo absolución ninguna, no constituirían prueba de lo contrario; se olvida que hubo un promedio de aproximadamente 5 – 10% de absoluciones en los procesos de brujería en el decimoséptimo siglo.

El caso de Von Papen aparece en XVI 236-422 {261-466}; XIX 124-177 {139-199}.

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mar 24 2011

Los argumentos de la defensa de ARTHUR SEYSS-INQUART en los juicios de Nuremberg

Category: POLíTICOSAdminis @ 22:48

 

Seyss-Inquart es un ejemplo de la manera en la cual las acciones perfectamente legales fueron transformadas por los acusadores en “crímenes” cuando eran llevadas a cabo por los alemanes, mientras que acciones idénticas, o acciones criminales según los estatutos del Tribunal de Nuremberg (tales como los bombardeos de Dresden, ilegal según artículo 6b XXII 471, 475 {535, 540}) se consideraron como los inconvenientes insignificantes de una gran cruzada para eradicar el Mal.

En derecho internacional, los gobiernos de ocupación tienen el derecho de legislar como mejor les parezca, (un derecho reclamado por el mismo Tribunal, XXII 461 {523}, pero contradicho en XXII 497 {565-565}, y se requiere la obediencia a su autoridad. Se les permite exigir el trabajo obligatorio dentro de ciertos límites, de confiscar bienes públicos, y de imponer impuestos para cubrir los gastos de la ocupación. No se les obliga a tolerar la resistencia armada, huelgas, la publicación de periódicos hostiles, ni de emplear oficiales locales que no cumplan con sus órdenes. El firmar documentos y hacer circular órdenes legales no son crímenes bajo el derecho internacional. Seyss-Inquart alegó haber evitado mucha destrucción al fin de la guerra, destrucción esta que hubiera sido ilegal (XV 610-668 {664-726}; XVI 1-113 {7-128}; XIX 46-111 {55-125}).

Como Reichskommissar para los Paises-Bajos, Seyss-Inquart transmitió órdenes para la ejecución de miembros de la resistencia después de su condena por actos de sabotaje o resistencia armada. Sin embargo, las sentencias a muerte no se cumplieron hasta después de haberse cometido nuevos actos de sabotaje. Esto es lo que el Tribunal consideró como “ejecución de rehenes”; pero la designación “rehén” está errada (XII 95-96 {108}, XVIII 17-19 {25-27}, XXI 526 {581}, 535 {590}).

Para una discusión del derecho internacional desde el punto de vista de la fiscalía, concediendo la legalidad de estas acciones, véase V 537 {603-604}. Fue expresamente admitido por la fiscalía que los miembros de la resistencia podían ser fusilados (V 405 {455-456}).

La cuarta convención de la Haya sobre la guerra en tierra del 18 octubre 1907 contiene una cláusula de toda participación (Art. 2); los beligerantes que hubieran violado la convención pueden ser obligados a pagar una indemnización; prohibe los bombardeos de ciudades indefensas y monumentos culturales, “sean cuales fuesen los metodos de bombardeos”, (art. 23, 25, 27, 56). Sin la ratificación de Bulgaria, Grecia, Italia y Yugoslavia; ratificada por la Rusia zarista.

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mar 19 2011

Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

nuremberg1 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Durante el proceso

 

Conferencia dada el 3 de mayo de 1949 en la Universidad de Chile, bajo los auspicios del Instituto Chileno-Francés de Cultura.

Un escrúpulo se apodera de mi espíritu en el momento en que, al tratar de presentaros mis recuerdos sobre el proceso de Nuremberg, me siento por naturaleza inclinado a interrogarme sobre el alcance que él ha revestido. Angustioso interrogante y engañoso, si los hay! Acaso sea demasiado tarde para hablar del proceso de Nuremberg, en circunstancias de que varias de sus enseñanzas esenciales han sido desconocidas, tanto por el Tribunal Militar Internacional de los grandes Criminales de guerra japoneses de Tokio, como por los Tribunales Militares de zonas de ocupación en Alemania; cuando por ejemplo, una sentencia, a mi juicio errada, del Tribunal de la zona americana, ha reconocido la validez de la ejecución de los rehenes y de los franco tiradores. Acaso sea demasiado tarde hablar del proceso de Nuremberg, cuando Ilse Koche, la “arpía” del Campo de concentración de Buchenwald, que se complacía con el espectáculo de las pantallas hechas de piel humana, ha obtenido recientemete una perdón completo y se prepara para beneficiarse de una libertad que ni siquiera justifica el remordimiento. Acaso sea demasiado tarde hablar del proceso de Nuremberg cuando, cuatro años después de la capitulación de la Alemania hitlerista, el seccionamiento del mundo en dos bloques antagónicos, paraliza la organización de las Naciones Unidas y reanima la obsesión de la guerra. Sin duda el curso inexorable de los acontecimientos desvanece la esperanza que los hombres han fundado en la justicia penal internacional; sin duda los internacionalistas modernos, apóstoles de ese gobierno mundial cuya necesidad ha quedado demostrada por el ensayista americano Emery Reedes, en una de las obras más penetrantes de la postguerra, han perseguido el sueño quimérico que fue, desde 1713, expresado en el proyecto de paz perpetua del abate de Saint-Pierre, y sin duda, realidades inmutables han disipado ese sueño persistente.

No por ello la humanidad ha dejado de alcanzar, el 1 de octubre de 1946, una etapa más de su dolorosa evolución. 1 de octubre de 1946! Y esto significa, en el octavo aniversario de esos acuerdos de Munich que consagraron el éxito provisional del poderlo germánico, la condena de los Jefes de la Alemania hitlerista. El primer proceso internacional de la historia moderna finaliza y la justicia internacional revela su eficacia, puesto que por vez primera, la responsabilidad de los hombres que desencadenaron la guerra y provocaron sus excesos queda consagrada por sanciones reales. El proceso de Nuremberg según la formula desdeñosa de algunos de sus detractores, no ha sido sino una experiencia? Experiencia si se quiere pero; cuán apasionadora! Cómo no serlo por la riqueza de los recuerdos con que ella ha impregnado el espíritu de los que han tenido la pasión de seguir SU curso; como no serlo por lo fecundo de las enseñanzas que ella ha proporcionado a todos y a cada uno.

nuremberg2 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

La prisión de Nuremberg

 

Cuando al día siguiente de la victoria común de las Naciones Unidas sobre la fuerza nacionalsocialista, los gobiernos de Francia, de Gran Bretaña, de los Estados Unidos de América y de la Rusia Soviética instituyeron por un acuerdo del 8 de agosto de 1945 el Tribunal Militar Internacional de los grandes criminales de guerras, cumplieron ellos un acto de fe en el ideal de paz por el cual habían combatido. Una experiencia milenaria les demostraba que siempre los Estados han manifestado sus actividades, sus necesidades o sus aspiraciones por medio de la guerra. Voltaire el escéptico, afirmaba que el hombre en la guerra junto con venir al mundo, y de hecho, la paz se presenta como un accidente en la vida de la humanidad. Es preciso a veces conceder crédito a los estadísticos, y si sus estadísticas no son a menudo exactas, ellas son a veces sugestivas. Es así como las estadísticas de la historia nos enseñan que desde 1496 A. C. hasta 1945, es decir, durante 3441 años, no ha habido menos de 3173 años de guerra, locales o generales, ni más de 268 años de paz universal. Cerca de nueve mil tratados de alianza han sido pactados durante el mismo tiempo. Cada uno de ellos debía ser eterno; no han durado, por término medio, sino dos años. El episodio de la paz no es pues para el historiador sino el periodo de incubación del microbio de la guerra, y el proceso Nuremberg se presenta entonces como una improvisación, menos realista que generosa.

Creo que es facial demostrar que, lejos de ser una improvisación, el proceso de Nuremberg se inscribe en el movimiento ideológico que desde los orígenes de toda civilización, tiende a someter las relaciones de las naciones al imperio de la ley. Pensadores, en la amplia acepción de este vocablo, porque ellos unían condiciones de sensibilidad a cualidades de orden intelectual, han tratado desde el nacimiento del pensamiento jurídico de formular una doctrina de orden internacional.

La necesidad de una reglamentación del derecho de la guerra aparece ya en la antigüedad, y la Edad Media da a esta idea fecunda un singular desarrollo a impulso del cristianismo; así surgen las instituciones de la Paz de Dios y de la Tregua de Dios que prohíben a los combatientes atentar contra la vida de los no combatientes y que imponen una suspensión de los combates durante ciertos periodos del año; así surge, siete siglos antes de las grandes convenciones internacionales de la Haya, la prohibición, en 1139, por el Segundo Concilio do Letrán, del uso de armas consideradas ya como demasiado mortíferas. Esta reglamentación no tiene mas fundamento que la distinción, siempre admisible bajo una forma moderna, entre la guerra justa y la guerra injusta. Esta noción entra a formar parte, naturalmente, de una moral formada por los dogmas cristianos: San Agustín y Santo Tomás se inspiran en ellas y, a manera de dato curioso, un eco de ella vuelve a encontrarse en un cantar de gesta del siglo XIV, el “Roman de Boudoin de Séburg III, Roi de Jérusalen”, cuyo autor anónimo se expresa en la forma siguiente:

nuremberg3 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

La sala

“Si aquellos por cuya directa intervención se desencadenan las guerras encontrasen en ellas a menudo la muerte, pienso que ello seria de justicia. Pero, no es así; los que caen como primeras víctimas son los inocentes, los que ninguna intervención han tenido en ellas y que perecen dolorosamente. Pero creo que Jesús, el Rey Todopoderoso pedirá cuenta de ello en el día del Juicio Final a los que injustamente declaran la guerra a los demás”.

Es sobre esta noción de guerra justa que los canonistas del siglo XVI Vittoria y Suárez van a echar las bases morales del Derecho Internacional. Es en torno de ella que en, el siglo XVII el holandés van Groot, llamado Grotius, logrará, por vez primera, liberando al Derecho Internacional de su carácter y sello religioso, establecer una reglamentación sistemática y positiva de las relaciones internacionales. Es en función de sus imperativos que los sucesores de Grotius, Vatel, Wolff y otros más, formularon los principios del Derecho Internacional moderno: el Derecho de Gentes. Sus concepciones han permanecido largo tiempo relegadas en el plano de la especulación teórica, porque ellas han tropezado con, el dogma de la soberanía de los Estados y con el principio del maquiavelismo político, elementos que han servido de base para la construcción y desarrollo de los grandes imperios marítimos y coloniales. Pero adviene el siglo XIX; la noción de soberanía nacional ha sido compensada por la de la responsabilidad internacional; y al siglo XIX ha cabido el honor, según el decir de un estadista suizo, de tratar de contener la guerra dentro de formas jurídicas. El fracaso parcial o total de las Conferencias internacionales de 1864, 1868 y 1874, preparaba el éxito de las Conferencias de l a Haya de 1899 y 1907, reunidas, el hecho puede merecer observaciones, a iniciativa conjunta del Presidente de los Estados Unidos de América y del Zar. Las Convenciones de La Haya formulan la primera reglamentación internacional del Derecho de la Guerra que ellas hacen salir de un grado meramente usual y dan fuerza de ley interestatal a los principios humanitarios determinados por la doctrina.

No bien acaban ellas de ser rubricadas cuando estalla la guerra de 1914, y los redactores del Tratado de Paz de 1919 se inspiran en sus principales disposiciones para justificar el sistema represivo que ellos instituyen por medio de los artículos 227 a 229. El artículo 227 pone a Guillermo de Hohenzollern como acusado frente a un Tribunal Especial por ofensa a la moral internacional y a la autoridad sagrada de los tratados. Los artículos 228 y 229 llevan a las personas convictas de atentado contra las leyes y contra las costumbres de la guerra ante tribunales militares interaliados. Era ya esto una experiencia de justicia internacional, pero ella ha fracasado y su fracaso fue integral. El gobierno holandés se negó a conceder 1a extradición, por un crimen que él clasificó dentro de la categoría de las infracciones políticas, del Emperador de Alemania, refugiado en territorio de los Países Bajos y el hombre que, en los primeros días del conflicto, escribía a su aliado Francisco José: “Es preciso arrasar todo a sangre y fuego, degollar hombres y mujeres, niños y ancianos, no dejar nada en pie, ni un árbol ni una casa. Son estos procedimientos de terror los únicos capaces de impresionar a un pueblo tan degenerado como el pueblo francés, la guerra terminará antes de dos meses”, este hombre, repito, ha terminado sus días, como un tranquilo leñador, bajo la sombra de los árboles de Doorn. En cuanto a los Tributables Militares interaliados, jamás funcionaron, porque los aliados tuvieron la debilidad de aceptar que los alemanes culpables de atentados contra las leyes y costumbres de la guerra, fuesen juzgados por el Tribunal Supremo de Leipzig, al cual una ley alemana del 17 de diciembre de 1919 había concedido esta competencia. Fue la más extraordinaria comedia judicial de la historia. De los 816 criminales de guerra empadronados por las autoridades aliadas, el Tribunal de Leipzig no condenó sino 13 y todavía a penas de las cuales ninguna fue superior a dos años de prisión.

Sin embargo el fracaso de 1919 trae consigo un “rebrote” de los trabajos de Derecho Internacional; la Sociedad de las Naciones al estudiar, a través de la nueva noción de agresión, el antiguo concepto de la guerra justa, multiplica sus esfuerzos con el propósito de crear un Derecho Internacional positivo; el Pacto Briand-Kellog que pone, el 27 de agosto de 1928, la guerra al margen de la ley y al cual la Alemania adhiere, es la más notable manifestación de esa tendencia que un jurisconsulto belga llama “el orden público universal”. Al mismo tiempo la doctrina, adelantándose a la etapa de las especulaciones estériles, trata de proponer soluciones positivas. Tal es la finalidad que buscan los autores de códigos penales internacionales, por ejemplo el español Saldana y el rumano Pella. Finalmente, todas las asociaciones jurídicas se empeñan en imponer a los gobiernos la creación de una jurisdicción internacional, cuya estructura tratan ellas de determinar. Es así como la idea de la justicia penal internacional se hace más precisa y más concreta durante el período interguerrero. Cuando llega el conflicto de 1939, con sus inútiles crueldades, la voluntad de la represión coincide con su posibilidad. El proceso de Nuremberg no es la improvisación apresurada de jurisconsultos ignorantes de las necesidades de la realidad, puesto que por una parte, responde él a una aspiración permanente de la conciencia colectiva, y por otra está informado por la evolución moderna del Derecho Internacional conocido.

nuremberg4 300x237 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

El estrado

 

Ciertamente que algunos, que nos se recomiendan necesariamente por la doctrina jurídica, y que se encuentran más bien en los círculos filosóficos, literarios o sencillamente mundanos, donde reina el escepticismo, consideran que el Tribunal de Nuremberg no es sino un instrumento erigido por los vencedores para ejecutar a los vencidos; su sentencia, obtenida por la victoria y condicionada por la fuerza, no es sino un abuso de la fuerza y de la victoria. Los criminales de guerra no son considerados como tales sino porque fueron vencidos. Su derrota constituye su crimen. El derecho ha sido puesto al servicio del poder; el proceso no es otra cosa que una hipócrita legalización de las represalias.

Contesto yo a estos escépticos que Pascal, hace ya mucho tiempo respondió su argumento. Ellos han olvidado su célebre apóstrofo: “La justicia sin la fuerza es impotente, la fuerza sin la justicia es tiránica; es preciso pues colocar juntos la fuerza y la justicia”. Colocar juntas la fuerza y la Justicia eso es precisamente lo que han tratado de realizar los jueces de Nuremberg; es eso, por lo demás, lo que toda justicia organizada trata, por esencia misma, de realizar en cada estado soberano. De manera que, como análisis final, su argumento, por probar demasiado, nada prueba pues no sólo condena la justicia penal internacional sino que, en el hecho, condena toda justicia penal.

Por lo demás, qué sanción es posible dar a las reglas del Derecho Internacional al margen de la sentencia judicial cuya legitimidad se pone así en duda? La idea de una proclamación solemne que denuncie los crímenes en nombre de la moral internacional al margen de toda acción positiva es irrisoria. La justicia internacional ha permanecido largo tiempo sometida a las reglas de la moral para que no aparezca indispensable someterla a los apremios del derecho. Para mayor abundamiento, la equidad exige que condenación alguna intervenga sin que se haya procedido a un examen contradictorio de las responsabilidades individuales. El sistema de la proclamación excluye tal examen y resulta a la vez retrógrado, ineficaz e injusto.

Ocurre lo mismo con la solución política de que se han servido los ingleses frente a Napoleón I, al iniciarse el siglo XIX; sin duda no es ella íntegramente ineficaz, pero sí es arbitraria Se coloca al margen de toda legalidad y contradice de esta manera la evolución misma de la Justicia Internacional, que tiende hacia una legalización progresiva. Con mayor razón conviene proscribir toda solución policial que conduce a aplicar los métodos de la Gestapo en la regulación de las relaciones internacionales.

No queda entonces sino un camino en el cual, en derecho, pueden entrar los hombres y los pueblos ligados al desenvolvimiento del derecho internacional y al mantenimiento de la paz: es la vía judicial que conducen en 1946, a Nuremberg. Cualquiera que sea mañana el juicio de la historia estoy persuadido que colocará el proceso de Nuremberg por sobre la ejecución sumaria que fue el destino de Mussolini. Tengo la convicción que él reconocerá la serenidad de los jueces de este primer tribunal de vencedores, que no quisieron condenar a los vencidos sin aportar las pruebas de su culpabilidad y sin darles la posibilidad de desprender su responsabilidad. Individual del examen contradictorio de esas pruebas.

sede de la corte internacional de justicia 300x225 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Sede de la actual corte internacional de Justicia

La lentitud de los debates de Nuremberg, que se han prolongado desde el 20 de noviembre de 1945 hasta el 1 de octubre de 1946, a través de 403 audiencias, no ha dejado de merecer severos comentarios. Comentarios injustos e injustificados, pues no era mucho disponer de un poco más de 10 meses para estudiar doce años de la historia europea y para extraer de ella la prueba de las premeditaciones alemanas. Por lo demás, los jueces de Nuremberg nunca creyeron que el proceso caminara con lentitud. Por el contrario con la mayor seriedad, después de varios meses de audiencia, el presidente del Tribunal, que era el Juez inglés elegido por sus colegas, interrumpía a un orador refiriéndose a la obligación de observar un procedimiento expedito. La verdad me obliga a decir, sin embargo, que los organizadores del proceso de Nuremberg no habían previsto la amplitud que darían a la instancia, la conciencia de los jueces y los escrúpulos del Ministerio Público. He conservado un recuerdo preciso de la primera reunión del Ministerio Público celebrado en Nuremberg en el despacho del Procurador General americano, el Juez Jackson. Era en el mes de septiembre de 1945. Acabábamos de llegar a Nuremberg, ciudad de los nobles-bandidos, que la civilización germánica había modelado, en el curso de los siglos, con el doble aporte de la cultura artística y del instinto de dominio, y que había llegado a ser la ciudad santa del hitlerismo. Habíamos decidido instalar, en ella el Tribunal Internacional para que la victoria del Derecho y de la Justicia se obtuviese en ese sitio adonde el espíritu de arbitrariedad y de tiranía había soplado tan implacablemente, y tratábamos (cada delegación no estaba representada todavía sino por dos miembros) de instalarnos en las ruinas de la ciudad destruida.

Estábamos de acuerdo en que se trataba de una instalación provisional (el proceso debía, como máximo, ocuparnos durante dos meses) y convinimos fácilmente en la importancia de nuestras delegaciones que debían comprender cien americanos (las autoridades americanas debían tomar la responsabilidad de todos los servicios de intendencia y seguridad), 25 franceses, 25 ingleses y, yo no sé por qué, 25 rusos. Un año más tarde, estábamos siempre en Nuremberg, en espera del veredicto, nosotros, es decir 1.200 americanos, 350 rusos, 300 franceses y 250 ingleses. La empresa había trastornado todas nuestras previsiones. Por qué? Sencillamente porque habíamos cometido un error de apreciación, pero también porque el Tribunal dio pruebas de un respeto tal por las garantías de la defensa que el sustanciamiento seguido en la audiencia conforme al procedimiento anglosajón, preponderante en Nuremberg, se prolongó tanto a través de exposiciones contradictorias como de minuciosos análisis de los documentos presentados por la acusación o por la defensa.

nuremberg5 300x191 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Prueba documental

Pues la característica esencial del proceso de Nuremberg es, a este respecto, la preponderancia de la prueba escrita. El no ha sido, en su mayor parte, sino un largo y monótono comentario de documentos. No fue un proceso conducido por oradores, sino por espíritus analizadores y por exégetas. El procedimiento de la interpretación simultánea, que fue experimentado en Nuremberg, antes de ser adoptado en la organización de las Naciones Unidas, y que hace que cada auditor perciba, no la voz del orador, sino la del intérprete, evita todo arranque oratorio. El ritmo de la elocuencia es el de la interpretación regulado por un sistema eléctrico.

Todo orador cuya exposición se precipita, es llamado a la realidad por un pequeño globo de vidrio que se ilumina ante su vista; una luz amarilla significa: “hable menos rápido” y una luz roja: “deténgase usted”. Y obligado está a hacerlo el orador, pues la luz roja suspende la interpretación. “Cuidado señor Hertzog” -me dijo un día el presidente- “Ud. ha cubierto la lámpara con sus papeles”- y yo pedí disculpas por ello.

La elocuencia no es corriente en Nuremberg; la disciplina de palabra es allí la norma y el proceso no es, lo más a menudo, sino una exégesis documental. Pero frente a este aparente apremio, existe una libertad de expresión, que no contempla sino dos restricciones. La primera, que se justifica por sí misma, se refiere a la autenticidad de los documentos sobre los cuales el Tribunal ha ejercido normalmente su control. La segunda, más discutible, porque ella no excluye la arbitrariedad, es indispensable para evitar que el proceso se pierda en la confusión. Ella se refiere a la relación directa de los hechos sostenidos por la acusación o por la defensa con los hechos del proceso. Es en función de este principio que el tribunal ha descartado del los debates, como ajenas al proceso, todas las controversias sobre la legitimidad y el alcance del Tratado de Versalles. Fuera de estas dos restricciones la acusación y la defensa han tenido la posibilidad de sostener sus argumentos con toda libertad. Los abogados de la defensa, elegidos “libremente por los inculpados y entre los cuales figuraba, por lo menos cinco antiguos miembros del partido nacionalsocialista, no han dejado de aprovecharse de la ocasión que se les ofrecía para poner tropiezos a la acusación. Es así como se han apresurado, a despecho de las protestas de los jueces soviéticos, a revelar el pacto germano-soviético, pactado secretamente antes de la agresión alemana contra Polonia. Es así como ellos han logrado, para responder a las acusaciones contra el almirante Doenitz, obtener del almirante americano Nimitz un testimonio que establecía que la marina americana había observado, en la guerra del Pacífico, prácticas semejantes a las que el Ministerio Público reservaba con cargo a Doenitz; es así como ellos han tratado, sin conseguirlo, no obstante, de probar que la invasión de la Noruega por las fuerzas alemanas se había hecho necesaria debido a la amenaza de agresión que los aliados hacían pesar sobre los países escandinavos.

Se ha dicho que la liberalidad del Tribunal había permitido a la defensa transformar la barra en tribuna política. No creo que haya sido así. La consciencia de los jueces de Nuremberg ha contribuido por el contrario a dar al proceso el sello que habrá de caracterizarlo: el de una verdadera instancia judicial en la cual ningún elemento de prueba ha sido descuidado, cualesquiera que sean su origen y su alcance. Pero es claro que los debates se han alargado y entorpecido por otra parte, debido a la existencia de un Ministerio Publico cuadripartito cuya unidad fundamental no ha sido quebrantada por divergencias secundarias. Este Ministerio Público presentó sus documentos e hizo oír sus testimonios durante cuatro meses, en el curso de los cuales 51 procuradores, 23 americanos, 12 franceses, 7 británicos y 9 rusos, han sostenido la acusación. La exposición de las pruebas de la defensa sostenida por 27 abogados y apoyada por 63 testigos de descargo, se prolongó durante los 4 meses siguientes. No fue sino en el noveno mes de los debates cuando comenzaron los informes propiamente dichos y las defensas. La deliberación misma duró más de cuatro semanas, durante las cuales los jueces, en absoluto secreto, han confrontado sus impresiones después de haber tomado conocimiento de 143 declaraciones escritas que habían llegado hasta ellos y terminado el examen de unos cinco millones de documentos que les habían sido sometidos por parte de la acusación y de la defensa. Y el primero de julio de 1946, Lord Lustice Lawrence. Presidente del Tribunal, daba a conocer la Sentencia cuya redacción está contenida en 400 páginas dactilografiadas y cuya lectura se distribuyó en dos días. No eran mucho diez meses para cumplir con tanta seriedad, con tanta dignidad la manifestación de una verdad tan difícil de descubrir en el montón de documentos en que ella se disimulaba.

nuremberg07 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Otto Ohlendorff. Uno d elso abogados defensores,, acusado también con posterioridad

 

He hecho anteriormente alusión a la preponderancia de la influencia anglosajona en el Tribunal de Nuremberg; ella ha hecho prevalecer los rasgos del procedimiento llamado acusatorio en el cual el proceso se presenta sin el aspecto dominante de un duelo entre el Ministerio Público y la defensa, bajo el arbitraje del Presidente y en presencia de los espectadores interesados que son los acusados. Quisiera a este respecto, evocar el papel que estos últimos han desempeñado en el proceso. Sus manifestaciones, en conjunto, han sido discretas; en ausencia de un interrogatorio por el Presidente del Tribunal, que el sistema acusatorio prohíbe porque él altera la función arbitral de este último, los inculpados de Nuremberg han intervenido personalmente varias veces en la audiencia. Al iniciarse el proceso, ellos han debido contestar con un sí o con un no a la pregunta del Presidente: “Alega Ud. como culpable o no culpable? Todos han contestado con, la negativa, después que Goering hubo esbozado un discurso rápidamente interrumpido por el Presidente. De la respuesta del acusado depende, en derecho anglosajón, la composición del tribunal que lo juzgará: ella no ha tenido, en el procedimiento de Nuremberg, más significado que el de orientar los debates. En la clausura de estos debates, cada acusado ha tenido la posibilidad de hacer una declaración final a fin de explicar por última vez su actitud; esta declaración final, sacada del derecho francés, demuestra el carácter complejo del sistema procesal en uso en Nuremberg, donde dos sistemas diferentes se han conjugado armoniosamente. La declaración del Ministro de Armamento Speer, clara, incisiva, fue especialmente observada. Entre estas dos manifestaciones extremas, los acusados tuvieron la ocasión de hacer uso de Ia palabra en condiciones características del sistema anglosajón. Ellos fueron, durante la exposición de las pruebas en su descargo, oídos como sus propios testigos en sus propias causas. Conducidos a la barra de los testigos, llevados a prestar juramento en la forma establecida en su ley nacional, han sido interrogados por sus abogados y contrainterrogados por el Ministerio Público.

Los interrogatorios cruzados de los acusados (los “cross examinations” del procedimiento inglés) han constituido las fases cruciales del proceso de Nuremberg. El sistema no ha dejado de confundir a los magistrados franceses y soviéticos, poco familiarizados con un método de contra interrogación, en el cual los magistrados ingleses y americanos se han revelado como maestros. Eso era, para nosotros, tanto más sorprendente cuanto que los otros testigos de la defensa eran, ellos mismos, en general personalidades hitleristas, acusados en instancias paralelas o posteriores a la de Nuremberg; “curioso proceso éste” me confiaba un día el juez francés -mi maestro el profesor Donnedieu de Vabres- “curioso proceso donde todos los testigos son acusados y donde todos los acusados son testigos”. Esta salida ingeniosa oculta, en realidad, un contrasentido jurídico: al obligar a los acusados-testigos a prestar juramento, el sistema anglosajón, empleado en Nuremberg, los ha colocado en la alternativa inmoral de perjurar o de condenarse. No es efectivo que esta práctica asegure mejor 1a manifestación, de la verdad que el interrogatorio directo de acusado por el presidente del Tribunal. Pero, a falta de tal interrogatorio, ella se hace indispensable y constituye, en el sistema anglosajón un, arma de la acusación a la vez que una garantía de la defensa. Finalmente, más que el interrogatorio directo del acusado por el presidente, su interrogatorio cruzado por la acusación y la defensa permite revelar su personalidad. Es bajo este aspecto que las declaraciones, de los testigos acusados en Nuremberg han revestido un interés apasionante. Todos, uno después de otro, han abandonado el banco de los acusados donde, desde hacía varios meses, escuchaban a sus acusadores y a los defensores, congelados, por decirlo así, en una especie de silencio, y en una inmovilidad que sólo dejaba de observar estrictamente Goering, animado a veces por inclinaciones fingidas o sacudido por risas forzadas. Todos, uno después de otro, se han sentado en el banco de los testigos para presentar allí la defensa que habían preparado en, la meditación de sus celdas. Todos han proseguido más o menos el mismo tema de la obediencia al Führer y más que nunca, el proceso se ha visto dominado por el espectro que era imposible no evocar cada día al penetrar en la sala de audiencias. Goering, arrogante y sencillo, ocupó primero durante más de ocho días la barra de los testigos. Reclamando para sí con una audacia tal vez fácil pero, que es preciso reconocer valiente, todas las responsabilidades que le imputaba la acusación, no ocultando que más allá del Tribunal, él hablaba a la Alemania y hablaba para la Historia. Goering, dio prueba de un innegable talento que los mejores representantes de los Ministerios Públicos americano e inglés no han logrado refrenar. Yo no lo vi bajar la vista sino una vez durante diez meses: con ocasión de la proyección de un film realizado por las autoridades americanas con motivo de la liberación de los campos de concentración. Después de haber soportado largo tiempo las horribles visiones con mirada insensible, terminó por ocultar sus ojos ante una imagen particularmente odiosa, dejando así constancia de su vergüenza. Es sin embargo el único de todos los acusados de Nuremberg que adoptó frente al Tribuna; la actitud de un estadistas consciente de su responsabilidad, aunque inconsciente de su criminalidad. Hess, a quien sus dolores intermitentes hacían inclinarse, cuya mirada penetrante traducía la neurosis, no ha revelado su enigma. icon biggrin Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog emente o simulador? Sin duda la asistencia psiquiátrica a la cual había estado sometido ha manifestado exactamente la realidad llegando a la conclusión de un estado demencial por simulación de la locura. Ribbentrop es, de todos los inculpados, aquel del cual he conservado la peor impresión. Tan empequeñecido moralmente como menoscabado estaba físicamente, no ha vacilado en achacar la responsabilidad de ciertos actos a sus subordinados. Su indiferencia desdeñosa no era sino fingida y me acuerda muy bien de la mirada de animal acorralado que lanzó, cierta mañana, hacia el Ministerio Público francés donde yo me encontraba en compañía de un oficial general belga, antiguo attaché militar de Bélgica en Alemania. “Ribbentrop no me había vuelto a ver -me dijo este último- desde la noche en que me hizo llamar, en mayo de 1940, para anunciarme que mi país acababa de ser invadido por los ejércitos alemanes. Le dije entonces que nos volveríamos a encontrar algún día. Nos hemos vuelto a encontraro vea Ud. el miedo que tiene”. La ausencia de dignidad en Ribbentrop hacía resaltar la rigidez, a veces emocionante, de los jefes militares, los generales Keitel y Jodl, y los almirantes Doenitz y Roeder, sorprendidos de que su calidad de soldados no constituyese una excusa absolutoria de sus crímenes. La declaración de Frank, “gauleiter” y verdugo de la Polonia, perdura como uno de los más intensos de mis recuerdos del proceso de Nuremberg. Frank había sido tocado por la gracia en su prisión, y su arrepentimiento debía ser sincero, pues su confesión fue completa. Desde las primeras preguntas de su abogado, reconoció, proclamó que en obedecimiento a las órdenes del Führer él había cometido crímenes cuya responsabilidad afectaría a la Alemania por muchos siglos, por miles de años, habría él precisado. Insensible a la mirada de desprecio de Goering, y a la atmósfera de amenaza con que lo rodeaban algunos de sus coinculpados, reconoció la realidad de los actos abominables que le eran achacados, reclamando el castigo de los hombres a fin de poder conocer el juicio de Dios. Muy distinto se condujo el proveedor de los campos de muerte lenta. Streicher, teorizante del antisemitismo; absolutamente inconsciente, cínico trató de presentarse como en periodista sin autoridad, como un doctrinario sin crédito. Fueron acaso lo abyecto de su conducta, su fealdad física acentuada por el continuo masticar de chewing gum, los motivos que, según parece, lo hicieron indisponerse hasta con sus coinculpaldos? Schacht particularmente, no ocultaba su desprecio. Schacht, uno de los tres absueltos del proceso, quien desde el comienzo hasta el final de los debates manifestó no interesarse por él, porque no podía él afectar a un hombre que como él se había opuesto a los excesos del hitlerismo. El examen de algunos acusados hizo aparecer ante todo su servilismo. Servil, así era Sauckel, gauleiter encargado del reclutamiento de la mano de obra, el organizador del trabajo forzado, contra el cual yo estaba encargado de entablar demanda en nombre de los Ministerios Públicos francés, inglés y americano. Este antiguo marino mercante, padre de diez hijos, encumbrado a 1a política por la revolución hitlerista, aplicaba en la administración los métodos de la obediencia pasiva que le había inculcado la religión nazi. El Führer ordenaba, él ejecutaba, sin considerar las advertencias del sutil Speer, sin prestar oído a los consejos del prudente Abetz. “Yo jamás enrolé un hombre más de lo que se me había ordenado”, me dijo él para justificarse, y como yo le solicitase explicaciones respecto a una circular en la cual él ordenaba alimentar a los trabajadores según su rendimiento, él exteriorizó su asombro ante mi indignación. Dentro de una mentalidad primitiva, como era la suya, él encontraba respuesta a toda interrogación, justificación a todo reproche: él ejecutaba las órdenes del Führer. Pretendía no haber conocido nada de las atrocidades cometidas en los campos de concentración, antes que ellas le hubiesen sido reveladas por los debates. Le mostré entonces una fotografía que me había sido enviada por un oficial del Servicio de Inteligencia británico y que lo presentaba visitando en compañía de Himmler el campo de concentración de Weimar situado en el territorio del cual era él el gauleiter. Afirmó estúpidamente que su visita se había limitado a los edificios exteriores del campo mismo en el cual no había entrado. El servilismo y la inconsciencia de Saukel los he vuelto a encontrar en Seyss Inquart, incomparablemente más fino y distinguido, en Frick, en Funck, en muchos otros. La identidad de las personalidades criminales hitleristas demuestra que más allá de las responsabilidades individuales, el sistema hitlerista era, en sí, generador de criminalidad. Es lo que ha demostrado con mucho acierto uno de los más inteligentes inculpados, Speer, que ha encontrad esta manera de alegar como no culpable, reconociéndose cierta culpabilidad: la de haber llegado a ser un elemento motor de la máquina criminal. Todos los datos de la psicología hitleriana se han manifestado así en los testimonios de los acusados-testigos y no es éste, en definitiva, el menor de los intereses de la experiencia de Nuremberg.

hoess Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Höss

Fue en el curso de la declaración de un testigo cuando se reveló en toda su complejidad el misterio del alma alemana. Ese testigo era el S. S. Hoess, después condenado a muerte por un tribunal polaco. Había ejercido a partir de 1944 el comando del campo de concentración y de exterminio de Ausschwitz y su interrogatorio, realizado por un oficial americano se realizaba a través del diálogo siguiente:

–Es efectivo que Ud. fue nombrado comandante del campo de Ausschwitz en 1944?

– Es efectivo.

– Es efectivo que Ud. trató de aumentar el número de muertes realizadas en el campamento?

– Es efectivo.

– Es efectivo que, con este fin, Ud. ensayó un nuevo gas asfixiante e instaló una alfombra movediza entre la cámara de gases y el horno crematorio?

– Es efectivo.

– Es efectivo que Ud. logró así masacrar a más de un millón de judíos húngaros sólo en el mes de julio de 1944?

– Es efectivo.

– Es efectivo que no habló jamás a nadie de lo que ocurría en el interior del campamento?

Y Hoess tenía entonces esta extraordinaria respuesta:

– Sí, es efectivo, pero es posible que yo haya hablado de ello alguna vez, a mi mujer, en el curso de una conversación.

El proceso no sólo ha permitido establecer la comprobación de los hechos; él ha revelado la naturaleza de los hombres y esta revelación no es menos importante que esta enseñanza: la educación de los pueblos es la garantía más segura de la paz internacional.

Es a la obra de paz, cuya prosecución corresponde a los hombres de nuestra generación, a la cual los jueces de Nuremberg han tratado de aportar su contribución. Por las condenas que ellos han dictado en contra de los grandes criminales de guerra hitleristas, han notificado que, según la expresión del antiguo Secretario de Estado americano Henry Stimson, la guerra no es una aventura romántica, sino un crimen degradante, por el cual doce acusados han sido condenados a la horca y otros siete a penas privativas de la libertad, en tanto que tres inculpados, Von Papen, Schacht y el incoloro Fritsche eran absueltos. La sentencia no ha dejado de levantar protestas. El juez soviético, el general Nikitchenko, oficialmente se ha distinguido por la publicación de su opinión minoritaria contraria a las tres decisiones de absolución y contraria a la relativa indulgencia que ha beneficiado a Hess, condenado, Sin embargo, a prisión perpetua. La opinión pública internacional ha reaccionado en forma diversa: algunos se han emocionado ante la severidad de la condena a muerte de los generales, otros se han indignado frente a la benevolencia de ciertas decisiones. Qué hay que pensar de los veredictos de Nuremberg? Yo no sé si ellos coincidirán siempre exactamente, ya con el juicio de la Historia, ya con él juicio de Dios. Pero yo sé que ellos son la expresión de una justicia humana que, sin acusar debilidad, no se ha rebajado jamás descendiendo a la venganza. Los matices mismos de la sentencia atestiguan la conciencia de los jueces. Es en Nuremberg, independientemente de toda vindicta donde la justicia de los hombres se ha Pronunciado. Será ella escuchada y comprendida? He aquí que ya surge contra el proceso de Nuremberg la acusación de haber convertido a los criminales en mártires y de haber creado una grotesca leyenda. Goering lo había previsto y sin duda lo había querido así. El psiquiatra de la prisión de Nuremberg, el capitán Gilbert, me contaba antes del final del proceso, a partir del mes de febrero de 1946, que un día Goering había invitado a Funk a morir sin inquietud, porque un día el pueblo alemán lo reconocería como héroe y transportaría sus osamentas en una urna de mármol hacia un santuario nacional. Esto es posible, pero en el fondo poco importa. Los lamentables actores del proceso de Nuremberg pertenecen al pasado y sólo se cuenta con el porvenir. Ahora bien, lo que quedará para el porvenir, son los preceptos de Derecho Internacional enunciados en la sentencia del 1 de octubre de 1946, porque ellos fijan las obligaciones recíprocas de los Estados y de los individuos en el seno de la comunidad internacional que nos incumbe organizar.

La sentencia de Nuremberg descansa a este respecto sobre una idea-fuerza, la de la supremacía del Derecho Internacional sobre los derechos internos. El Derecho Internacional no sólo impone apremios a los Estados; él obliga directamente a los individuos quienes deben respetar sus imperativos sin poder atrincherarse tras la excusa tradicional, pero cómoda, de la obediencia a las prescripciones del orden interno. Placer extensivo el imperio del Derecho Internacional a los actos individuales, trasladar al individuo de la esfera estrecha de las soberanía de los Estados al amplio círculo de la sociedad internacional, tal es el camino que el Tribunal de Nuremberg se ha trazado y en el cual ha entrado deliberadamente. Un equívoco ha finalizado, equívoco que los jueces de Nuremberg han disipado desde un principio: el sofisma según el cual los actos del Estado no obligan a nadie, porque, por una parte, el Estado es una entidad a la cual no se puede imputar intención criminal y porque, por otra parte, ningún individuo puede ser declarado responsable por los actos del Estado. Esta tesis, hasta entonces tradicional ha sido sostenida por los abogados de los inculpados y más especialmente por el doctor Jahreis, profesor de la Universidad de Jena, en la exposición doctrinal que él ha presentado en nombre de la defensa. El Ministerio Público se ha negado a suscribirla: el Procurador General inglés Sir Hartley Schawcross ha calificado esta tesis como un absurdo prescrito y el Procurador General francés, señor François de Menchon, no ha tenido dificultad en demostrar que tal tesis reducía toda justicia internacional a la impotencia. El Tribunal se ha pronunciado en términos explícitos por la tesis de la acusación –”Se ha pretendido se dice en uno de los considerandos de la sentencia– que el Derecho Internacional no afecta sino a los Estados soberanos y no prevé sanciones con respecto a los delincuentes individuales. Se ha pretendido igualmente que cuando el acto considerado como crimen es ejecutado en nombre de un Estando, los ejecutantes no son responsables de ello, estando amparados por la soberanía del Estado. El Tribunal no puede aceptar ni una ni otra de estas posiciones. Esta admitido desde hace tiempo que el Derecho Internacional impone deberes y obligaciones a las personas físicas, y está probado en forma fehaciente que la violación del Derecho Internacional engendra responsabilidades individuales”. Así se encuentra desmentida la opinión de Napoleón según la cual los crímenes del Estado no pueden ser reprochados a nadie. Así se desprende del proceso de Nuremberg un Derecho Internacional nuevo, cuyo sujeto activo no es solamente el Estado, sino también el individuo considerado como miembro de una sociedad interestatal. Esta evolución del Derecho Internacional no deja de presentar algún peligro que conviene no ocultar.

El Tribunal de Nuremberg ha instituido un deber de desobediencia. Pide al individuo que desobedezca al Estado cuando los preceptos del derecho interno contradicen el Derecho Internacional, pues las obligaciones internacionales que se imponen a los individuos priman sobre el deber de obediencia para con los Estados de los cuales ellos dependen. Esto no presentaría dificultad si el orden jurídico universal estuviese organizado de manera de dar al individuo el sentimiento de una jerarquía de deberes; en el actual desorden de la sociedad internacional, el individuo no puede tener sino la sensación turbia y falaz de la contradicción, aun más, de la oposición entre deberes contrarios. Falta poner en ejecución los principios contenidos en la sentencia de Nuremberg, so pena que se seque en sus fuentes la bienhechora audacia, y para esto, la tarea que se impone, es triple.

Es preciso, en primer lugar, crear una jurisdicción penal internacional permanente. Es ésta la única manera de prevenir el reproche de que ha sido blanco el Tribunal Militar internacional de los grandes criminales de guerra, cual es el de ser una Jurisdicción de circunstancia, creada apresuradamente para satisfacer las necesidades del momento. Poco importa que esta jurisdicción permanente sea un Tribunal independiente como algunos lo preconizan, o una Cámara criminal de la Corte Permanente de Justicia de La Haya, como otros lo sugieren. Lo esencial es que esta jurisdicción exista y haga pesar en las relaciones internacionales la fuerza de su amenaza. Las reticencias de los Estados, que temen abandonar alguna parcela de sus poderes soberanos, deben ser dominadas y superadas las vacilaciones que se manifiestan en el seno mismo de la Organización de las Naciones Unidas, principalmente bajo la influencia de los Estados de la Europa Oriental, deben ser disipadas. Los hombres de la era atómica deben comprender que no tienen más alternativa que la de perecer por la fuerza o la de organizarse por el derecho. Ellos deben escuchar el mensaje de Nuremberg.

A esta jurisdicción internacional es preciso, en segundo lugar, darle una ley. La comisión de codificación del Derecho Internacional de la Organización de las Naciones Unidas, en el seno de la cual se ha elaborado la Convención sobre la represión del genocidio, adoptada por la Asamblea General de París, debe ampliar su campo de acción; le corresponde coordinar las normas usuales del Derecho Internacional sobre las cuales los jueces de Nuremberg han fundamentado sus sentencias y coordinarlas en una legislación internacional que fije infracciones y sanciones. No es que haya llegado la hora de ese Código Penal Internacional cuya adopción algunos autores han propuesto. La codificación es el resultado de los sistemas jurídicos evolucionados que se han fijado bajo la influencia de la costumbre. El Derecho Penal Internacional recién acaba de nacer a la vida jurídicas y conservará por la fuerza de las cosas, su carácter usual, mejor adaptado que la legislación a las formas cambiantes de la criminalidad internacional. Pero una etapa debe ser franqueada por medio de la codificación de las reglas actuales y ya consagradas por la costumbre. Estas reglas han sido confirmadas por el Tribunal de Nuremberg. Es necesario que una convención internacional codifique los principios de Derecho que el Tribunal de Nuremberg ha sancionado.

Pero la ley internacional quedará desprovista del alcance y la jurisdicción internacional, privada de autoridad si ellas no se fundamentan sobre una organización internacional cuya primacía ellas aseguren sobre los órdenes estatales.

La organización de la Sociedad Internacional es la tercera las labores que se imponen a nuestras preocupaciones, y es la más urgente y la más difícil. El contexto del mundo moderno dividido por facciones rivales en las cuales han reaparecido los nacionalismos, más intransigentes que nunca, no deja sino poco margen a la esperanza cifrada en los sueños de los protagonistas del Gobierno Mundial. Sin embargo, algunas realizaciones parciales mantienen nuestra esperanza. Cómo podríamos nosotros seguir sin pasión los progresos del panamericanismo? Cómo podríamos nosotros observar sin emoción el nacimiento de la Europa occidental? Ellos atestiguan la existencia de un espíritu americano y de un espíritu de la Europa democrática. La Sociedad Internacional no podrá, de la misma manera, establecerse sino cuando un espíritu internacional se forme y se desarrolle. Es a esta formación, a este desenvolvimiento al que deben incorporarse desesperadamente nuestros esfuerzos. La obra no solicita solamente la ciencia de los jurisconsultos y la paciencia de los estadistas; ella reclama la pasión común de los hombres de buena voluntad. Nosotros podemos aún, o perdernos juntos, o salvarnos juntos. Es el drama de nuestra generación; pero es también su grandeza. Trabajemos con todo nuestro corazón, con toda muestra inteligencia, con toda nuestra voluntad en esta oscura y grandiosa misión y cuando las dificultades surjan, cuando sobrevengan las desilusiones, sigamos trabajando. Depende de nosotros que la sentencia de Nuremberg perdure como una “experiencia” característica de una época agitada por la sucesión de las agresiones de la violencia y de las reacciones del derecho, o bien, que llegue a ser un “precedente” que asegure, por un sobresalto de la conciencia universal el triunfo del derecho sobre la violencia.


 

Este artículo fue publicado originariamente en la “Revista de Derecho y Jurisprudencia”, números 8 y 9 de mayo y junio de 1949, en Santiago de Chile.
Este documento se digitalizó a partir de la publicación editada el 5 de octubre de 1949 por la Imprenta de Chile bajo el número de edición 54364.
Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor en Madrid el 14 de mayo de 1997.

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