dic 10 2011

Los 6000 voluntarios franceses de la GESTAPO

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 21:37
paris 06 300x224 Los 6000 voluntarios franceses de la GESTAPO

París ocupado. Foto André Zucca

Uno de los hechos menos conocidos de lo que fue la ocupación francesa consiste en que las fuerzas de la resistencia francesa no luchaban fundamentalmente contra las fuerzas represivas alemanas, sino contra sus propios compatriotas, ya que las autoridades nazis de ocupación crearon una policía secreta, a semejanza de la GESTAPO, pero con voluntarios franceses para controlar algunas localidades, especialmente París.

Esta unidad policial y paramilitar fue conocida como Carlingue (“carlinga”), y desarrolló sus actividades represivas y de control de la población civil  entre 1941 y 1944, o sea hasta la liberación de la ciudad por los aliados.

La Carlinga se puso bajo el mando de conocidos delincuentes, la mayoría de ellos procedentes de actividades mafiosas y del crimen organizado, entre lso que cabe destacar a su jefe Henri Lafont o Pierre Loutrel, alias Pierre el Loco, involucrados en algunos sonados casos de corrupción, sobornos y delitos monetarios antes de la guerra.

Los alemanes, con la formación de este tipo de unidades, pretendían minar la voluntad de resistencia de los franceses, y en cierto modo tuvieron un gran éxito con ellos, ya que los encargados de combatir a la resistencia eran tan buenos conocedores de las costumbres, de la gente y del idioma como los propios miembros de la resistencia. A cambio de su colaboración con los nazis, los alemanes les ofrecieron absoluta impunidad para seguir adelante con sus negocios de estraperlo, juego y prostitución, entre otros.

Cabe señalar, como curiosidad, que en la Carlinga se alistaron también muchos jóvenes musulmanes que ya pro entonces residían en Francia y cuyo objetivo final erala victoria nazi para conseguir así la independencia de sus países, por entonces colonias francesas. Además de estos jóvenes musulmanes, que en el fondo no hacían otra cosa que defender los intereses y la libertad de sus propios países, se alistaron a la Carlinga un total de 32.000 franceses, formando un cuerpo policial completo.

Como caso más llamativo hay que citar París, donde los nazis hicieron un llamamiento para conseguir 2.000 voluntarios que se alistaran a sus fuerzas represivas y recibieron 6000 solicitudes, pudiendo así permitirse elegir a los que mejor les pareció en unos exámenes y pruebas físicas que constituyeron un importante golpe de efecto de la propaganda alemana.

Otto Abetz, entonces embajador alemán ante las autoridades francesas títeres, se permitió bromear sobre el asunto diciendo que los que no obtuviesen plaza podían  pedir destino en cualquier otro lugar donde los alemanes tuviesen menos amigos.

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nov 11 2011

Holocausto, complicidad y un cabrón por la calle.

dachau Holocausto, complicidad y un cabrón por la calle.

Civiles yendo hacia Dachau

Os voy a contar una historia vergonzosa que viví en Madrid hace tres o cuatro años.

A raíz de la presentación de un libro, un grupo de gente discutíamos sobre la responsabilidad de los autores del Holocausto judío, sobre la eterna disculpa de la obediencia debida y sobre cómo el pueblo alemán cerró los ojos, unas veces por cobardía y otras por abierto colaboracionismo con lo que estaba sucediendo.

La tesis más defendida es que no se puede cumplir esa clase de órdenes. Que un momento dado, si se quiere seguir siendo un ser humano, hay que plantarse y dejar de subir gente a los trenes, dejar de detener inocentes, dejar de comportarse como te mandan tus superiores, o de lo contrario se cae al nivel de las bestias. La tesis más defendida era la de la culpabilidad colectiva, porque el que calla otorga, porque el silencio también puede ser culpable, porque el miedo es miedo es libre, pero no borra la responsabilidad.

Los que participaron en unos hechos tan horribles como el holocausto judío no pueden resguardarse nunca en que cumplían órdenes, en que no podían hacer otra cosa ni en que el miedo alas represalias les privó de la voluntad.

Eso decía, o decíamos la mayoría, y entonces, por delante de la estatua de Tirso de Molina, cerca de la boca del Metro que hay por allí, pasaron un hombre y una mujer discutiendo. La mujer iba algunos pasos detrás  del hombrte y él, de vez en cuando, s eparaba, le gritaba algo en un idioma que no entendíamos y seguía avanzando. En un momento dado, se detuvo, se acercó y le dio dos bofetadas a la mujer, que a partir de ese momento guardó silencio y siguió caminando tras él, llorosa.

¿Hicimos algo? No. ¿Alguien se levantó de su silla? No. Teníamos a la ley, a la autoridad, a las fuerzas del orden de nuestro lado, y éramos cinco. ¿Hicimos algo? NO.

¿Cómo demonios podíamos entonces juzgar lo que hizo una gente con el Estado en contra, la pena de muerte en vigor, la posibilidad de acabar en un campo de concentración como expectativa?= ¿Cómo nos atrevíamos a llamar colaboracionista a nadie después de asistir impasibles a aquello, con todo de nuestro lado, sólo por no meternos en un lío?

Pedir heroísmo a los demás es cojonudo, pero cuando a nosotros mismo se nos exige algo, entonces no somos ni la décima, ni la centésima parte de héroes que exigimos a los otros.

Pedir a un soldado alemán que incumpla las órdenes de la GESTAPO mientras nosotros no somos capaces de  levantarnos de una silla en una terraza es una d elas cosas más vergonzosas que me ha pasado en la vida.

A partir de ese momento, hablamos de fútbol.

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sep 17 2011

La Accion AB (AB Aktion) Un poco conocido exterminio sistemático de intelectuales en Polonia.

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 02:52
Palmiry kusocinski La Accion AB (AB Aktion) Un poco conocido exterminio sistemático de intelectuales en Polonia.

Tumba de Janusz Kusoci?ski en Palmir

AB-Aktion, siglas deAußerordentliche Befriedungsaktion fue una campaña nazi que tuvo por objeto la eliminación sistemática de los intelectuales y las clases altas del pueblo polaco , pretendiendo de esta manera descabezar al país de su clase dirigente y privarlo de capacidad de reacción tanto a nivel económico como intelectual . Durante la primavera y el verano de 1940, más de 30.000 polacos fueron arrestados por las autoridades nazis en la Polonia ocupada por Alemania . Alrededor de 7.000 líderes locales y profesores, maestros y sacerdotes  fueron asesinados posteriormente en diversos lugares del país o enviados a campos de concentración en Alemania.

El asesinato masivo de dirigentes polacos, políticos, artistas, aristócratas, intelectuales y personas sospechosas de potencial actividad anti-nazi fue visto como una medida preventiva para mantener la resistencia polaca dispersa. La campaña anti-polaco fue preparada por Hans Frank , el comandante de las Administraciones Públicas , y también se discutió y pactó con la Unión Soviética, durante una serie de conferencias secretas entre oficiales de la GESTAPO y del NKVD ruso. Ambas partes, de mutuo acuerdo, se repartieron las zonas en que actuarían y pactaron el perfil de las personas afectadas.

La primera eliminación de la inteligencia polaca tuvo lugar poco después de la invasión alemana de Polonia , con una duración desde el otoño de 1939 hasta la primavera de 1940. Operación Intelligenzaktion fue un plan para eliminar la intelectualidad polaca, la clase dirigentede Polonia, realizado por los Einsatzgruppen y Selbstschutz . Como resultado de esta operación fueron finaomente asesinados, sólo por el lado alemán y sin contar a los rusos, 60.000 nobles polacos , maestros, empresarios, trabajadores sociales, sacerdotes, jueces y activistas políticos

El Intelligenzaktion fue continuada posteriormente y muchas más personas fueron detenidas de acuerdo a una siniestra lista de “enemigos del Reich” elaborada por los polacos de origen alemán que vivían en Polonia, en colaboración con los servicios alemanes de inteligencia. De este modo, y conociendo las peculiaridades sociales de cada localidad, se eliminó a todo el que destacase de algún modo, aunque por su profesión hubiese podido pasar desapercibido. En el caso de los rusos, el sistema fue muy similar, pero mucho más extendido, pues alcanzó también a los burgueses y pequeños propietarios. Por parte de los rusos, la matanza más conocida fue la de las fosas de Katyn.

La persecución activa de los intelectuales polacos continuó hasta el final de la guerra. La continuación directa de la acción  AB fue una campaña alemana en el Este se inició después de la invasión alemana de la URSS . Entre las ejecuciones en masa de los profesores más notables de Polonia fue la masacre de los profesores de Lvov , en la que aproximadamente 45 profesores de la Universidad de Lvov fueron asesinados junto con sus familias e invitados.. Miles más perecieron en la matanza de Ponary , en campos de concentración alemanes, y en los guetos.

Después de la guerra, muchos responsables de organizar la acción de AB fueron juzgados ante los Tribunales Militares de Nuremberg . Sin embargo, la mayoría de los responsables habían caído o desaparecieron durante la guerra antes de ser legalmente responsables por sus crímenes. El número exacto de víctimas se desconoce, y con frecuencia se suman al número total de judíos muertos, cuando se trataba d euna campaña muy diferente.

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may 09 2011

Los argumentos de la defensa de JULIUS STREICHER en los juicios de Nuremberg

Category: POLíTICOSAdminis @ 22:50

 

Streicher fue ahorcado por “incitar al odio racial”, un crimen que parece volverse cada día más popular. El caso de Streicher es extraordinario en el sentido de que las naciones que predican la separación de la iglesia y el estado, así como la libertad de opinión y de prensa, conspiraron con los judíos y los comunistas para ahorcar a un hombre por haber expresado opiniones cuya exactitud no fue discutida.

Uno de los “crímenes” cometidos por Streicher fue la publicación de un suplemento acerca de los “asesinatos rituales judíos” en su periódico Der Stürmer. Fue expresamente admitido por la fiscalía que sus ilustraciones eran auténticas (V 103 {119}), y que el artículo estaba correctamente provisto de citas. Entre las referencias de Streicher se hallaron las de al menos un perito reconocido, el Dr. Erich Bischof de Leipzig, así como referencias a procedimientos penales modernos (IX 696-700 {767-771}). En la opinión del Tribunal, indagar la veracidad de las citas de Streicher hubiera prolongado el proceso en forma desmesurada, de modo que no se suponía que el artículo fuese inexacto. En vez de eso, se practicó una especie de telepatía mental, y Streicher fue ahorcado por su alegado modo de pensar y su motivaciónes.

Otro crimen de Streicher fue el haber calificado al Viejo Testamento de “horrible folletín criminal… este ‘libro santo’ abunda en asesinatos, incestos, fraudes, hurtos e indecencia.” No se presentó ninguna prueba para refutar tal afirmación (V 96 {112}).

Streicher cobró fama como “coleccionista de pornografía”, “pervertido sexual”, y “estafador.” Tras un examen se halló que la “colección de pornografía” resultó ser el archivo que su periódico mantenía sobre temas judíos (XII 409 {445}). Sus alegadas “perversiones sexuales”, fuertemente recalcadas por los rusos, tuvieron su origen en el así-llamado Informe Göring, un procedimiento disciplinario del Partido presentado por uno de los numerosos enemigos de Streicher. Esta acusación fue retirada durante el proceso de Nuremberg, y omitida de la copia transcripta de las audiencias. Streicher fue aconsejado que no debía responder a ninguna pregunta relacionada con esta acusación (XII 330, 339 {359, 369}).

La “estafa inmobiliaria” también se derivó del Informe Göring, y se refería a un solo caso, el del Mars-Werke. El hombre responsable de las acusaciones contenidas en el Informe, por no se sabe qué curiosa coincidencia, era también responsable de la compra (V 106 {123}). El informe alega que las acciones fueron restituidas, y que el dinero que Streicher había pagado por las acciones, 5000 Reichmarks, fue reembolsado a Streicher después de las investigaciones.

Streicher había dado a sus administradores plenos poderes para actuar como mejor les pareciese, diciendo, “No me molesten ustedes con sus asuntos financieros. Hay cosas más importantes que el dinero.” Streicher afirmó que su periódico era publicado en una casa alquilada hasta el fin de la guerra; el periódico no era un órgano del Partido; Streicher no tenía nada que ver con la guerra.

Uno de los empleados de Streicher apareció como testigo y dijo: “Aquellos que conocen a Herr Streicher como yo, saben que Herr Streicher nunca le quitó nada a un solo judío” (XII 385-386 {420}).

La segunda mujer de Streicher, Adele Streicher, se presentó y testificó, “Considero totalmente imposible que Julius Streicher hubiera adquirido acciones de esta manera. Yo creo que no sabe ni cómo es una acción” (XII 391 {426}).

No se alegó en Nuremberg que Streicher hubiera escrito personalmente todos los artículos publicados en su periódico. Trau keinem Fuchs auf gruener Heid, und keinem Jud’ bei seinem Eid, (más o menos: No te fíes de un zorro por el verde prado, ni de ningún judío, aunque sea bajo juramento) traducido por la fiscalía como “Don’t Trust a Fox Whatever You Do, Nor Yet the Oath of Any Jew” (XXXVIII 129), tomó su título de Martin Luther. Der Giftpilz (El Hongo Venenoso) fue escrito por uno de los redactores de Streicher inspirado por una famosa serie de crímenes sexuales cometidos contra niños por un alto industrial judío, Louis Schloss (XII 335 {364-365}).

Schloss fue asesinado en Dachau más tarde, en lo que se describió como otra “atrocidad nacionalsocialista.” En las discusiones de la fiscalía relacionadas con el asesinato de Schloss, no se mencionó nunca que Schloss era un peligroso pervertido que atacaba a los niños; al contrario, fue tacitamente sugerido que había sido ejecutado sencillamente por ser judío, y por ninguna otra razón (Documento 664-PS, XXVI 174-187).

Nunca se probó ningún nexo de causalidad entre los “comentarios anti-semitas” de Streicher, Frank, o Rosenberg y ningún delito cometido. Ni siquiera se probó que el crimen en cuestión, esto es, el denominado “Holocausto de los judíos” hubiera sido cometido. Fue sencillamente asumido, y los escritos de Streicher fueron supuestos de haber contribuido a “provocarlo.”

Streicher hizo algunos comentarios “altamente impropios” que se suprimieron de la copia transcrita de las audiencias, y por los cuales fue amonestado por el Tribunal, con el consentimiento de su abogado, Dr. Marx. Uno de estos comentarios fue suprimido después del quinto párrafo de la página 310 de tomo XII de la copia transcripta de las audiencias tipografiada {página 337 linea 30 de la copia transcrita impresa alemana}, pero se puede leer en las páginas 8494-5 de la copia transcrita ciclostilada. Streicher dijo:

“Si pudiera terminar con una descripción de mi vida, comenzaría con la descripción de una experiencia que mostrará a ustedes, señores del Tribunal, que aún sin el consentimiento del gobierno, pueden pasar cosas que no son humanas, ni están en concordancia con los principios de la humanidad.

“Señores, fui detenido, y durante mi detención pasé precisamente por cosas de las que se nos acusa y se achacan a la Gestapo. Durante cuatro días estuve sin ropa en una celda. Se me quemó. Se me tiró al suelo, y me ataron a una cadena de hierro. Debía besar los piés de los guardias negros que escupían mi rostro. Dos hombres de color y un oficial blanco me escupían en la boca, y cuando ya no la podía abrir, me la abrían con un palo de madera; y cuando pedía agua, se me llevó a una letrina y me ordenaron beber de allí.

“En Wiesbaden, señores, un médico tuvo piedad de mí, y declaro aquí que un director judío del hospital actuó correctamente. Digo aquí, para no ser mal entendido, que los oficiales judíos de la guardia aquí en la prision han actuado correctamente; los médicos que me trataron, también tuvieron consideración. Y en esta declaración pueden ver ustedes el contraste desde aquella prisión hasta este momento aquí.”

Otro “comentario impropio” ha sido suprimido después del primer párrafo en la página 349 de tomo XII {página 379 de la copia transcrita impresa alemana}, pero se halla en la copia transcrita ciclostilada en la página 8549:

“Para evitar todo malentendido, debo decir que en Freising me golpearon hasta tal punto, y estuve durante dias sin ropas, que perdí el 40% de mi capacidad auditiva, y la gente se ríe cuando hago preguntas. No puedo cambiar el hecho de que se me trató así. Entonces, debo pedir que se me haga la pregunta una vez más.”

A lo cual Lt. Col. Griffith-Jones replicó: “Puedo mostrárselo, y lo repetiremos tan fuerte como usted quiera.”

Dado que se trataba de un asunto del conocimiento personal de Streicher y no una presunción, resulta dificil comprender porqué se suprimieron los comentarios, mientras que se mantuvo toda presunción favorable a la fiscalía (en realidad, las pruebas de la fiscalía consisten casi integramente en presunciones, sean escritas u orales). Si las autoridades de la fiscalía no creían las alegaciones de Streicher acerca de estas torturas, pudieron haber examinado su testimonio en busca de incoherencias y probar que era mentira. En vez de proceder así, Streicher fue sencillamente amonestado, y los comentarios quedaron suprimidos. Así se acaba con la verdad, la justicia, y con todo proceso imparcial.

Streicher afirmó que sus escritos refiriéndose al “exterminio” de los judíos fueron provocados, en su mayor parte, por los bombardeos aliados y las exigencias de exterminio del pueblo alemán, por parte de los aliados.

“Si en Norteamerica un judío con el nombre de Erich Kauffman puede exigir públicamente que todos los alemanes fértiles sean esterilizados con el propósito de exterminar el pueblo alemán, entonces, digo yo, diente por diente, y ojo por ojo. Es un asunto puramente teórico y literario.” (XII 366 {398-399}). (V 91-119 {106-137}; XII 305-416 {332-453}; XVIII 190-220 {211-245}).

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mar 19 2011

Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

nuremberg1 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Durante el proceso

 

Conferencia dada el 3 de mayo de 1949 en la Universidad de Chile, bajo los auspicios del Instituto Chileno-Francés de Cultura.

Un escrúpulo se apodera de mi espíritu en el momento en que, al tratar de presentaros mis recuerdos sobre el proceso de Nuremberg, me siento por naturaleza inclinado a interrogarme sobre el alcance que él ha revestido. Angustioso interrogante y engañoso, si los hay! Acaso sea demasiado tarde para hablar del proceso de Nuremberg, en circunstancias de que varias de sus enseñanzas esenciales han sido desconocidas, tanto por el Tribunal Militar Internacional de los grandes Criminales de guerra japoneses de Tokio, como por los Tribunales Militares de zonas de ocupación en Alemania; cuando por ejemplo, una sentencia, a mi juicio errada, del Tribunal de la zona americana, ha reconocido la validez de la ejecución de los rehenes y de los franco tiradores. Acaso sea demasiado tarde hablar del proceso de Nuremberg, cuando Ilse Koche, la “arpía” del Campo de concentración de Buchenwald, que se complacía con el espectáculo de las pantallas hechas de piel humana, ha obtenido recientemete una perdón completo y se prepara para beneficiarse de una libertad que ni siquiera justifica el remordimiento. Acaso sea demasiado tarde hablar del proceso de Nuremberg cuando, cuatro años después de la capitulación de la Alemania hitlerista, el seccionamiento del mundo en dos bloques antagónicos, paraliza la organización de las Naciones Unidas y reanima la obsesión de la guerra. Sin duda el curso inexorable de los acontecimientos desvanece la esperanza que los hombres han fundado en la justicia penal internacional; sin duda los internacionalistas modernos, apóstoles de ese gobierno mundial cuya necesidad ha quedado demostrada por el ensayista americano Emery Reedes, en una de las obras más penetrantes de la postguerra, han perseguido el sueño quimérico que fue, desde 1713, expresado en el proyecto de paz perpetua del abate de Saint-Pierre, y sin duda, realidades inmutables han disipado ese sueño persistente.

No por ello la humanidad ha dejado de alcanzar, el 1 de octubre de 1946, una etapa más de su dolorosa evolución. 1 de octubre de 1946! Y esto significa, en el octavo aniversario de esos acuerdos de Munich que consagraron el éxito provisional del poderlo germánico, la condena de los Jefes de la Alemania hitlerista. El primer proceso internacional de la historia moderna finaliza y la justicia internacional revela su eficacia, puesto que por vez primera, la responsabilidad de los hombres que desencadenaron la guerra y provocaron sus excesos queda consagrada por sanciones reales. El proceso de Nuremberg según la formula desdeñosa de algunos de sus detractores, no ha sido sino una experiencia? Experiencia si se quiere pero; cuán apasionadora! Cómo no serlo por la riqueza de los recuerdos con que ella ha impregnado el espíritu de los que han tenido la pasión de seguir SU curso; como no serlo por lo fecundo de las enseñanzas que ella ha proporcionado a todos y a cada uno.

nuremberg2 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

La prisión de Nuremberg

 

Cuando al día siguiente de la victoria común de las Naciones Unidas sobre la fuerza nacionalsocialista, los gobiernos de Francia, de Gran Bretaña, de los Estados Unidos de América y de la Rusia Soviética instituyeron por un acuerdo del 8 de agosto de 1945 el Tribunal Militar Internacional de los grandes criminales de guerras, cumplieron ellos un acto de fe en el ideal de paz por el cual habían combatido. Una experiencia milenaria les demostraba que siempre los Estados han manifestado sus actividades, sus necesidades o sus aspiraciones por medio de la guerra. Voltaire el escéptico, afirmaba que el hombre en la guerra junto con venir al mundo, y de hecho, la paz se presenta como un accidente en la vida de la humanidad. Es preciso a veces conceder crédito a los estadísticos, y si sus estadísticas no son a menudo exactas, ellas son a veces sugestivas. Es así como las estadísticas de la historia nos enseñan que desde 1496 A. C. hasta 1945, es decir, durante 3441 años, no ha habido menos de 3173 años de guerra, locales o generales, ni más de 268 años de paz universal. Cerca de nueve mil tratados de alianza han sido pactados durante el mismo tiempo. Cada uno de ellos debía ser eterno; no han durado, por término medio, sino dos años. El episodio de la paz no es pues para el historiador sino el periodo de incubación del microbio de la guerra, y el proceso Nuremberg se presenta entonces como una improvisación, menos realista que generosa.

Creo que es facial demostrar que, lejos de ser una improvisación, el proceso de Nuremberg se inscribe en el movimiento ideológico que desde los orígenes de toda civilización, tiende a someter las relaciones de las naciones al imperio de la ley. Pensadores, en la amplia acepción de este vocablo, porque ellos unían condiciones de sensibilidad a cualidades de orden intelectual, han tratado desde el nacimiento del pensamiento jurídico de formular una doctrina de orden internacional.

La necesidad de una reglamentación del derecho de la guerra aparece ya en la antigüedad, y la Edad Media da a esta idea fecunda un singular desarrollo a impulso del cristianismo; así surgen las instituciones de la Paz de Dios y de la Tregua de Dios que prohíben a los combatientes atentar contra la vida de los no combatientes y que imponen una suspensión de los combates durante ciertos periodos del año; así surge, siete siglos antes de las grandes convenciones internacionales de la Haya, la prohibición, en 1139, por el Segundo Concilio do Letrán, del uso de armas consideradas ya como demasiado mortíferas. Esta reglamentación no tiene mas fundamento que la distinción, siempre admisible bajo una forma moderna, entre la guerra justa y la guerra injusta. Esta noción entra a formar parte, naturalmente, de una moral formada por los dogmas cristianos: San Agustín y Santo Tomás se inspiran en ellas y, a manera de dato curioso, un eco de ella vuelve a encontrarse en un cantar de gesta del siglo XIV, el “Roman de Boudoin de Séburg III, Roi de Jérusalen”, cuyo autor anónimo se expresa en la forma siguiente:

nuremberg3 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

La sala

“Si aquellos por cuya directa intervención se desencadenan las guerras encontrasen en ellas a menudo la muerte, pienso que ello seria de justicia. Pero, no es así; los que caen como primeras víctimas son los inocentes, los que ninguna intervención han tenido en ellas y que perecen dolorosamente. Pero creo que Jesús, el Rey Todopoderoso pedirá cuenta de ello en el día del Juicio Final a los que injustamente declaran la guerra a los demás”.

Es sobre esta noción de guerra justa que los canonistas del siglo XVI Vittoria y Suárez van a echar las bases morales del Derecho Internacional. Es en torno de ella que en, el siglo XVII el holandés van Groot, llamado Grotius, logrará, por vez primera, liberando al Derecho Internacional de su carácter y sello religioso, establecer una reglamentación sistemática y positiva de las relaciones internacionales. Es en función de sus imperativos que los sucesores de Grotius, Vatel, Wolff y otros más, formularon los principios del Derecho Internacional moderno: el Derecho de Gentes. Sus concepciones han permanecido largo tiempo relegadas en el plano de la especulación teórica, porque ellas han tropezado con, el dogma de la soberanía de los Estados y con el principio del maquiavelismo político, elementos que han servido de base para la construcción y desarrollo de los grandes imperios marítimos y coloniales. Pero adviene el siglo XIX; la noción de soberanía nacional ha sido compensada por la de la responsabilidad internacional; y al siglo XIX ha cabido el honor, según el decir de un estadista suizo, de tratar de contener la guerra dentro de formas jurídicas. El fracaso parcial o total de las Conferencias internacionales de 1864, 1868 y 1874, preparaba el éxito de las Conferencias de l a Haya de 1899 y 1907, reunidas, el hecho puede merecer observaciones, a iniciativa conjunta del Presidente de los Estados Unidos de América y del Zar. Las Convenciones de La Haya formulan la primera reglamentación internacional del Derecho de la Guerra que ellas hacen salir de un grado meramente usual y dan fuerza de ley interestatal a los principios humanitarios determinados por la doctrina.

No bien acaban ellas de ser rubricadas cuando estalla la guerra de 1914, y los redactores del Tratado de Paz de 1919 se inspiran en sus principales disposiciones para justificar el sistema represivo que ellos instituyen por medio de los artículos 227 a 229. El artículo 227 pone a Guillermo de Hohenzollern como acusado frente a un Tribunal Especial por ofensa a la moral internacional y a la autoridad sagrada de los tratados. Los artículos 228 y 229 llevan a las personas convictas de atentado contra las leyes y contra las costumbres de la guerra ante tribunales militares interaliados. Era ya esto una experiencia de justicia internacional, pero ella ha fracasado y su fracaso fue integral. El gobierno holandés se negó a conceder 1a extradición, por un crimen que él clasificó dentro de la categoría de las infracciones políticas, del Emperador de Alemania, refugiado en territorio de los Países Bajos y el hombre que, en los primeros días del conflicto, escribía a su aliado Francisco José: “Es preciso arrasar todo a sangre y fuego, degollar hombres y mujeres, niños y ancianos, no dejar nada en pie, ni un árbol ni una casa. Son estos procedimientos de terror los únicos capaces de impresionar a un pueblo tan degenerado como el pueblo francés, la guerra terminará antes de dos meses”, este hombre, repito, ha terminado sus días, como un tranquilo leñador, bajo la sombra de los árboles de Doorn. En cuanto a los Tributables Militares interaliados, jamás funcionaron, porque los aliados tuvieron la debilidad de aceptar que los alemanes culpables de atentados contra las leyes y costumbres de la guerra, fuesen juzgados por el Tribunal Supremo de Leipzig, al cual una ley alemana del 17 de diciembre de 1919 había concedido esta competencia. Fue la más extraordinaria comedia judicial de la historia. De los 816 criminales de guerra empadronados por las autoridades aliadas, el Tribunal de Leipzig no condenó sino 13 y todavía a penas de las cuales ninguna fue superior a dos años de prisión.

Sin embargo el fracaso de 1919 trae consigo un “rebrote” de los trabajos de Derecho Internacional; la Sociedad de las Naciones al estudiar, a través de la nueva noción de agresión, el antiguo concepto de la guerra justa, multiplica sus esfuerzos con el propósito de crear un Derecho Internacional positivo; el Pacto Briand-Kellog que pone, el 27 de agosto de 1928, la guerra al margen de la ley y al cual la Alemania adhiere, es la más notable manifestación de esa tendencia que un jurisconsulto belga llama “el orden público universal”. Al mismo tiempo la doctrina, adelantándose a la etapa de las especulaciones estériles, trata de proponer soluciones positivas. Tal es la finalidad que buscan los autores de códigos penales internacionales, por ejemplo el español Saldana y el rumano Pella. Finalmente, todas las asociaciones jurídicas se empeñan en imponer a los gobiernos la creación de una jurisdicción internacional, cuya estructura tratan ellas de determinar. Es así como la idea de la justicia penal internacional se hace más precisa y más concreta durante el período interguerrero. Cuando llega el conflicto de 1939, con sus inútiles crueldades, la voluntad de la represión coincide con su posibilidad. El proceso de Nuremberg no es la improvisación apresurada de jurisconsultos ignorantes de las necesidades de la realidad, puesto que por una parte, responde él a una aspiración permanente de la conciencia colectiva, y por otra está informado por la evolución moderna del Derecho Internacional conocido.

nuremberg4 300x237 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

El estrado

 

Ciertamente que algunos, que nos se recomiendan necesariamente por la doctrina jurídica, y que se encuentran más bien en los círculos filosóficos, literarios o sencillamente mundanos, donde reina el escepticismo, consideran que el Tribunal de Nuremberg no es sino un instrumento erigido por los vencedores para ejecutar a los vencidos; su sentencia, obtenida por la victoria y condicionada por la fuerza, no es sino un abuso de la fuerza y de la victoria. Los criminales de guerra no son considerados como tales sino porque fueron vencidos. Su derrota constituye su crimen. El derecho ha sido puesto al servicio del poder; el proceso no es otra cosa que una hipócrita legalización de las represalias.

Contesto yo a estos escépticos que Pascal, hace ya mucho tiempo respondió su argumento. Ellos han olvidado su célebre apóstrofo: “La justicia sin la fuerza es impotente, la fuerza sin la justicia es tiránica; es preciso pues colocar juntos la fuerza y la justicia”. Colocar juntas la fuerza y la Justicia eso es precisamente lo que han tratado de realizar los jueces de Nuremberg; es eso, por lo demás, lo que toda justicia organizada trata, por esencia misma, de realizar en cada estado soberano. De manera que, como análisis final, su argumento, por probar demasiado, nada prueba pues no sólo condena la justicia penal internacional sino que, en el hecho, condena toda justicia penal.

Por lo demás, qué sanción es posible dar a las reglas del Derecho Internacional al margen de la sentencia judicial cuya legitimidad se pone así en duda? La idea de una proclamación solemne que denuncie los crímenes en nombre de la moral internacional al margen de toda acción positiva es irrisoria. La justicia internacional ha permanecido largo tiempo sometida a las reglas de la moral para que no aparezca indispensable someterla a los apremios del derecho. Para mayor abundamiento, la equidad exige que condenación alguna intervenga sin que se haya procedido a un examen contradictorio de las responsabilidades individuales. El sistema de la proclamación excluye tal examen y resulta a la vez retrógrado, ineficaz e injusto.

Ocurre lo mismo con la solución política de que se han servido los ingleses frente a Napoleón I, al iniciarse el siglo XIX; sin duda no es ella íntegramente ineficaz, pero sí es arbitraria Se coloca al margen de toda legalidad y contradice de esta manera la evolución misma de la Justicia Internacional, que tiende hacia una legalización progresiva. Con mayor razón conviene proscribir toda solución policial que conduce a aplicar los métodos de la Gestapo en la regulación de las relaciones internacionales.

No queda entonces sino un camino en el cual, en derecho, pueden entrar los hombres y los pueblos ligados al desenvolvimiento del derecho internacional y al mantenimiento de la paz: es la vía judicial que conducen en 1946, a Nuremberg. Cualquiera que sea mañana el juicio de la historia estoy persuadido que colocará el proceso de Nuremberg por sobre la ejecución sumaria que fue el destino de Mussolini. Tengo la convicción que él reconocerá la serenidad de los jueces de este primer tribunal de vencedores, que no quisieron condenar a los vencidos sin aportar las pruebas de su culpabilidad y sin darles la posibilidad de desprender su responsabilidad. Individual del examen contradictorio de esas pruebas.

sede de la corte internacional de justicia 300x225 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Sede de la actual corte internacional de Justicia

La lentitud de los debates de Nuremberg, que se han prolongado desde el 20 de noviembre de 1945 hasta el 1 de octubre de 1946, a través de 403 audiencias, no ha dejado de merecer severos comentarios. Comentarios injustos e injustificados, pues no era mucho disponer de un poco más de 10 meses para estudiar doce años de la historia europea y para extraer de ella la prueba de las premeditaciones alemanas. Por lo demás, los jueces de Nuremberg nunca creyeron que el proceso caminara con lentitud. Por el contrario con la mayor seriedad, después de varios meses de audiencia, el presidente del Tribunal, que era el Juez inglés elegido por sus colegas, interrumpía a un orador refiriéndose a la obligación de observar un procedimiento expedito. La verdad me obliga a decir, sin embargo, que los organizadores del proceso de Nuremberg no habían previsto la amplitud que darían a la instancia, la conciencia de los jueces y los escrúpulos del Ministerio Público. He conservado un recuerdo preciso de la primera reunión del Ministerio Público celebrado en Nuremberg en el despacho del Procurador General americano, el Juez Jackson. Era en el mes de septiembre de 1945. Acabábamos de llegar a Nuremberg, ciudad de los nobles-bandidos, que la civilización germánica había modelado, en el curso de los siglos, con el doble aporte de la cultura artística y del instinto de dominio, y que había llegado a ser la ciudad santa del hitlerismo. Habíamos decidido instalar, en ella el Tribunal Internacional para que la victoria del Derecho y de la Justicia se obtuviese en ese sitio adonde el espíritu de arbitrariedad y de tiranía había soplado tan implacablemente, y tratábamos (cada delegación no estaba representada todavía sino por dos miembros) de instalarnos en las ruinas de la ciudad destruida.

Estábamos de acuerdo en que se trataba de una instalación provisional (el proceso debía, como máximo, ocuparnos durante dos meses) y convinimos fácilmente en la importancia de nuestras delegaciones que debían comprender cien americanos (las autoridades americanas debían tomar la responsabilidad de todos los servicios de intendencia y seguridad), 25 franceses, 25 ingleses y, yo no sé por qué, 25 rusos. Un año más tarde, estábamos siempre en Nuremberg, en espera del veredicto, nosotros, es decir 1.200 americanos, 350 rusos, 300 franceses y 250 ingleses. La empresa había trastornado todas nuestras previsiones. Por qué? Sencillamente porque habíamos cometido un error de apreciación, pero también porque el Tribunal dio pruebas de un respeto tal por las garantías de la defensa que el sustanciamiento seguido en la audiencia conforme al procedimiento anglosajón, preponderante en Nuremberg, se prolongó tanto a través de exposiciones contradictorias como de minuciosos análisis de los documentos presentados por la acusación o por la defensa.

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Prueba documental

Pues la característica esencial del proceso de Nuremberg es, a este respecto, la preponderancia de la prueba escrita. El no ha sido, en su mayor parte, sino un largo y monótono comentario de documentos. No fue un proceso conducido por oradores, sino por espíritus analizadores y por exégetas. El procedimiento de la interpretación simultánea, que fue experimentado en Nuremberg, antes de ser adoptado en la organización de las Naciones Unidas, y que hace que cada auditor perciba, no la voz del orador, sino la del intérprete, evita todo arranque oratorio. El ritmo de la elocuencia es el de la interpretación regulado por un sistema eléctrico.

Todo orador cuya exposición se precipita, es llamado a la realidad por un pequeño globo de vidrio que se ilumina ante su vista; una luz amarilla significa: “hable menos rápido” y una luz roja: “deténgase usted”. Y obligado está a hacerlo el orador, pues la luz roja suspende la interpretación. “Cuidado señor Hertzog” -me dijo un día el presidente- “Ud. ha cubierto la lámpara con sus papeles”- y yo pedí disculpas por ello.

La elocuencia no es corriente en Nuremberg; la disciplina de palabra es allí la norma y el proceso no es, lo más a menudo, sino una exégesis documental. Pero frente a este aparente apremio, existe una libertad de expresión, que no contempla sino dos restricciones. La primera, que se justifica por sí misma, se refiere a la autenticidad de los documentos sobre los cuales el Tribunal ha ejercido normalmente su control. La segunda, más discutible, porque ella no excluye la arbitrariedad, es indispensable para evitar que el proceso se pierda en la confusión. Ella se refiere a la relación directa de los hechos sostenidos por la acusación o por la defensa con los hechos del proceso. Es en función de este principio que el tribunal ha descartado del los debates, como ajenas al proceso, todas las controversias sobre la legitimidad y el alcance del Tratado de Versalles. Fuera de estas dos restricciones la acusación y la defensa han tenido la posibilidad de sostener sus argumentos con toda libertad. Los abogados de la defensa, elegidos “libremente por los inculpados y entre los cuales figuraba, por lo menos cinco antiguos miembros del partido nacionalsocialista, no han dejado de aprovecharse de la ocasión que se les ofrecía para poner tropiezos a la acusación. Es así como se han apresurado, a despecho de las protestas de los jueces soviéticos, a revelar el pacto germano-soviético, pactado secretamente antes de la agresión alemana contra Polonia. Es así como ellos han logrado, para responder a las acusaciones contra el almirante Doenitz, obtener del almirante americano Nimitz un testimonio que establecía que la marina americana había observado, en la guerra del Pacífico, prácticas semejantes a las que el Ministerio Público reservaba con cargo a Doenitz; es así como ellos han tratado, sin conseguirlo, no obstante, de probar que la invasión de la Noruega por las fuerzas alemanas se había hecho necesaria debido a la amenaza de agresión que los aliados hacían pesar sobre los países escandinavos.

Se ha dicho que la liberalidad del Tribunal había permitido a la defensa transformar la barra en tribuna política. No creo que haya sido así. La consciencia de los jueces de Nuremberg ha contribuido por el contrario a dar al proceso el sello que habrá de caracterizarlo: el de una verdadera instancia judicial en la cual ningún elemento de prueba ha sido descuidado, cualesquiera que sean su origen y su alcance. Pero es claro que los debates se han alargado y entorpecido por otra parte, debido a la existencia de un Ministerio Publico cuadripartito cuya unidad fundamental no ha sido quebrantada por divergencias secundarias. Este Ministerio Público presentó sus documentos e hizo oír sus testimonios durante cuatro meses, en el curso de los cuales 51 procuradores, 23 americanos, 12 franceses, 7 británicos y 9 rusos, han sostenido la acusación. La exposición de las pruebas de la defensa sostenida por 27 abogados y apoyada por 63 testigos de descargo, se prolongó durante los 4 meses siguientes. No fue sino en el noveno mes de los debates cuando comenzaron los informes propiamente dichos y las defensas. La deliberación misma duró más de cuatro semanas, durante las cuales los jueces, en absoluto secreto, han confrontado sus impresiones después de haber tomado conocimiento de 143 declaraciones escritas que habían llegado hasta ellos y terminado el examen de unos cinco millones de documentos que les habían sido sometidos por parte de la acusación y de la defensa. Y el primero de julio de 1946, Lord Lustice Lawrence. Presidente del Tribunal, daba a conocer la Sentencia cuya redacción está contenida en 400 páginas dactilografiadas y cuya lectura se distribuyó en dos días. No eran mucho diez meses para cumplir con tanta seriedad, con tanta dignidad la manifestación de una verdad tan difícil de descubrir en el montón de documentos en que ella se disimulaba.

nuremberg07 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Otto Ohlendorff. Uno d elso abogados defensores,, acusado también con posterioridad

 

He hecho anteriormente alusión a la preponderancia de la influencia anglosajona en el Tribunal de Nuremberg; ella ha hecho prevalecer los rasgos del procedimiento llamado acusatorio en el cual el proceso se presenta sin el aspecto dominante de un duelo entre el Ministerio Público y la defensa, bajo el arbitraje del Presidente y en presencia de los espectadores interesados que son los acusados. Quisiera a este respecto, evocar el papel que estos últimos han desempeñado en el proceso. Sus manifestaciones, en conjunto, han sido discretas; en ausencia de un interrogatorio por el Presidente del Tribunal, que el sistema acusatorio prohíbe porque él altera la función arbitral de este último, los inculpados de Nuremberg han intervenido personalmente varias veces en la audiencia. Al iniciarse el proceso, ellos han debido contestar con un sí o con un no a la pregunta del Presidente: “Alega Ud. como culpable o no culpable? Todos han contestado con, la negativa, después que Goering hubo esbozado un discurso rápidamente interrumpido por el Presidente. De la respuesta del acusado depende, en derecho anglosajón, la composición del tribunal que lo juzgará: ella no ha tenido, en el procedimiento de Nuremberg, más significado que el de orientar los debates. En la clausura de estos debates, cada acusado ha tenido la posibilidad de hacer una declaración final a fin de explicar por última vez su actitud; esta declaración final, sacada del derecho francés, demuestra el carácter complejo del sistema procesal en uso en Nuremberg, donde dos sistemas diferentes se han conjugado armoniosamente. La declaración del Ministro de Armamento Speer, clara, incisiva, fue especialmente observada. Entre estas dos manifestaciones extremas, los acusados tuvieron la ocasión de hacer uso de Ia palabra en condiciones características del sistema anglosajón. Ellos fueron, durante la exposición de las pruebas en su descargo, oídos como sus propios testigos en sus propias causas. Conducidos a la barra de los testigos, llevados a prestar juramento en la forma establecida en su ley nacional, han sido interrogados por sus abogados y contrainterrogados por el Ministerio Público.

Los interrogatorios cruzados de los acusados (los “cross examinations” del procedimiento inglés) han constituido las fases cruciales del proceso de Nuremberg. El sistema no ha dejado de confundir a los magistrados franceses y soviéticos, poco familiarizados con un método de contra interrogación, en el cual los magistrados ingleses y americanos se han revelado como maestros. Eso era, para nosotros, tanto más sorprendente cuanto que los otros testigos de la defensa eran, ellos mismos, en general personalidades hitleristas, acusados en instancias paralelas o posteriores a la de Nuremberg; “curioso proceso éste” me confiaba un día el juez francés -mi maestro el profesor Donnedieu de Vabres- “curioso proceso donde todos los testigos son acusados y donde todos los acusados son testigos”. Esta salida ingeniosa oculta, en realidad, un contrasentido jurídico: al obligar a los acusados-testigos a prestar juramento, el sistema anglosajón, empleado en Nuremberg, los ha colocado en la alternativa inmoral de perjurar o de condenarse. No es efectivo que esta práctica asegure mejor 1a manifestación, de la verdad que el interrogatorio directo de acusado por el presidente del Tribunal. Pero, a falta de tal interrogatorio, ella se hace indispensable y constituye, en el sistema anglosajón un, arma de la acusación a la vez que una garantía de la defensa. Finalmente, más que el interrogatorio directo del acusado por el presidente, su interrogatorio cruzado por la acusación y la defensa permite revelar su personalidad. Es bajo este aspecto que las declaraciones, de los testigos acusados en Nuremberg han revestido un interés apasionante. Todos, uno después de otro, han abandonado el banco de los acusados donde, desde hacía varios meses, escuchaban a sus acusadores y a los defensores, congelados, por decirlo así, en una especie de silencio, y en una inmovilidad que sólo dejaba de observar estrictamente Goering, animado a veces por inclinaciones fingidas o sacudido por risas forzadas. Todos, uno después de otro, se han sentado en el banco de los testigos para presentar allí la defensa que habían preparado en, la meditación de sus celdas. Todos han proseguido más o menos el mismo tema de la obediencia al Führer y más que nunca, el proceso se ha visto dominado por el espectro que era imposible no evocar cada día al penetrar en la sala de audiencias. Goering, arrogante y sencillo, ocupó primero durante más de ocho días la barra de los testigos. Reclamando para sí con una audacia tal vez fácil pero, que es preciso reconocer valiente, todas las responsabilidades que le imputaba la acusación, no ocultando que más allá del Tribunal, él hablaba a la Alemania y hablaba para la Historia. Goering, dio prueba de un innegable talento que los mejores representantes de los Ministerios Públicos americano e inglés no han logrado refrenar. Yo no lo vi bajar la vista sino una vez durante diez meses: con ocasión de la proyección de un film realizado por las autoridades americanas con motivo de la liberación de los campos de concentración. Después de haber soportado largo tiempo las horribles visiones con mirada insensible, terminó por ocultar sus ojos ante una imagen particularmente odiosa, dejando así constancia de su vergüenza. Es sin embargo el único de todos los acusados de Nuremberg que adoptó frente al Tribuna; la actitud de un estadistas consciente de su responsabilidad, aunque inconsciente de su criminalidad. Hess, a quien sus dolores intermitentes hacían inclinarse, cuya mirada penetrante traducía la neurosis, no ha revelado su enigma. icon biggrin Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog emente o simulador? Sin duda la asistencia psiquiátrica a la cual había estado sometido ha manifestado exactamente la realidad llegando a la conclusión de un estado demencial por simulación de la locura. Ribbentrop es, de todos los inculpados, aquel del cual he conservado la peor impresión. Tan empequeñecido moralmente como menoscabado estaba físicamente, no ha vacilado en achacar la responsabilidad de ciertos actos a sus subordinados. Su indiferencia desdeñosa no era sino fingida y me acuerda muy bien de la mirada de animal acorralado que lanzó, cierta mañana, hacia el Ministerio Público francés donde yo me encontraba en compañía de un oficial general belga, antiguo attaché militar de Bélgica en Alemania. “Ribbentrop no me había vuelto a ver -me dijo este último- desde la noche en que me hizo llamar, en mayo de 1940, para anunciarme que mi país acababa de ser invadido por los ejércitos alemanes. Le dije entonces que nos volveríamos a encontrar algún día. Nos hemos vuelto a encontraro vea Ud. el miedo que tiene”. La ausencia de dignidad en Ribbentrop hacía resaltar la rigidez, a veces emocionante, de los jefes militares, los generales Keitel y Jodl, y los almirantes Doenitz y Roeder, sorprendidos de que su calidad de soldados no constituyese una excusa absolutoria de sus crímenes. La declaración de Frank, “gauleiter” y verdugo de la Polonia, perdura como uno de los más intensos de mis recuerdos del proceso de Nuremberg. Frank había sido tocado por la gracia en su prisión, y su arrepentimiento debía ser sincero, pues su confesión fue completa. Desde las primeras preguntas de su abogado, reconoció, proclamó que en obedecimiento a las órdenes del Führer él había cometido crímenes cuya responsabilidad afectaría a la Alemania por muchos siglos, por miles de años, habría él precisado. Insensible a la mirada de desprecio de Goering, y a la atmósfera de amenaza con que lo rodeaban algunos de sus coinculpados, reconoció la realidad de los actos abominables que le eran achacados, reclamando el castigo de los hombres a fin de poder conocer el juicio de Dios. Muy distinto se condujo el proveedor de los campos de muerte lenta. Streicher, teorizante del antisemitismo; absolutamente inconsciente, cínico trató de presentarse como en periodista sin autoridad, como un doctrinario sin crédito. Fueron acaso lo abyecto de su conducta, su fealdad física acentuada por el continuo masticar de chewing gum, los motivos que, según parece, lo hicieron indisponerse hasta con sus coinculpaldos? Schacht particularmente, no ocultaba su desprecio. Schacht, uno de los tres absueltos del proceso, quien desde el comienzo hasta el final de los debates manifestó no interesarse por él, porque no podía él afectar a un hombre que como él se había opuesto a los excesos del hitlerismo. El examen de algunos acusados hizo aparecer ante todo su servilismo. Servil, así era Sauckel, gauleiter encargado del reclutamiento de la mano de obra, el organizador del trabajo forzado, contra el cual yo estaba encargado de entablar demanda en nombre de los Ministerios Públicos francés, inglés y americano. Este antiguo marino mercante, padre de diez hijos, encumbrado a 1a política por la revolución hitlerista, aplicaba en la administración los métodos de la obediencia pasiva que le había inculcado la religión nazi. El Führer ordenaba, él ejecutaba, sin considerar las advertencias del sutil Speer, sin prestar oído a los consejos del prudente Abetz. “Yo jamás enrolé un hombre más de lo que se me había ordenado”, me dijo él para justificarse, y como yo le solicitase explicaciones respecto a una circular en la cual él ordenaba alimentar a los trabajadores según su rendimiento, él exteriorizó su asombro ante mi indignación. Dentro de una mentalidad primitiva, como era la suya, él encontraba respuesta a toda interrogación, justificación a todo reproche: él ejecutaba las órdenes del Führer. Pretendía no haber conocido nada de las atrocidades cometidas en los campos de concentración, antes que ellas le hubiesen sido reveladas por los debates. Le mostré entonces una fotografía que me había sido enviada por un oficial del Servicio de Inteligencia británico y que lo presentaba visitando en compañía de Himmler el campo de concentración de Weimar situado en el territorio del cual era él el gauleiter. Afirmó estúpidamente que su visita se había limitado a los edificios exteriores del campo mismo en el cual no había entrado. El servilismo y la inconsciencia de Saukel los he vuelto a encontrar en Seyss Inquart, incomparablemente más fino y distinguido, en Frick, en Funck, en muchos otros. La identidad de las personalidades criminales hitleristas demuestra que más allá de las responsabilidades individuales, el sistema hitlerista era, en sí, generador de criminalidad. Es lo que ha demostrado con mucho acierto uno de los más inteligentes inculpados, Speer, que ha encontrad esta manera de alegar como no culpable, reconociéndose cierta culpabilidad: la de haber llegado a ser un elemento motor de la máquina criminal. Todos los datos de la psicología hitleriana se han manifestado así en los testimonios de los acusados-testigos y no es éste, en definitiva, el menor de los intereses de la experiencia de Nuremberg.

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Höss

Fue en el curso de la declaración de un testigo cuando se reveló en toda su complejidad el misterio del alma alemana. Ese testigo era el S. S. Hoess, después condenado a muerte por un tribunal polaco. Había ejercido a partir de 1944 el comando del campo de concentración y de exterminio de Ausschwitz y su interrogatorio, realizado por un oficial americano se realizaba a través del diálogo siguiente:

–Es efectivo que Ud. fue nombrado comandante del campo de Ausschwitz en 1944?

– Es efectivo.

– Es efectivo que Ud. trató de aumentar el número de muertes realizadas en el campamento?

– Es efectivo.

– Es efectivo que, con este fin, Ud. ensayó un nuevo gas asfixiante e instaló una alfombra movediza entre la cámara de gases y el horno crematorio?

– Es efectivo.

– Es efectivo que Ud. logró así masacrar a más de un millón de judíos húngaros sólo en el mes de julio de 1944?

– Es efectivo.

– Es efectivo que no habló jamás a nadie de lo que ocurría en el interior del campamento?

Y Hoess tenía entonces esta extraordinaria respuesta:

– Sí, es efectivo, pero es posible que yo haya hablado de ello alguna vez, a mi mujer, en el curso de una conversación.

El proceso no sólo ha permitido establecer la comprobación de los hechos; él ha revelado la naturaleza de los hombres y esta revelación no es menos importante que esta enseñanza: la educación de los pueblos es la garantía más segura de la paz internacional.

Es a la obra de paz, cuya prosecución corresponde a los hombres de nuestra generación, a la cual los jueces de Nuremberg han tratado de aportar su contribución. Por las condenas que ellos han dictado en contra de los grandes criminales de guerra hitleristas, han notificado que, según la expresión del antiguo Secretario de Estado americano Henry Stimson, la guerra no es una aventura romántica, sino un crimen degradante, por el cual doce acusados han sido condenados a la horca y otros siete a penas privativas de la libertad, en tanto que tres inculpados, Von Papen, Schacht y el incoloro Fritsche eran absueltos. La sentencia no ha dejado de levantar protestas. El juez soviético, el general Nikitchenko, oficialmente se ha distinguido por la publicación de su opinión minoritaria contraria a las tres decisiones de absolución y contraria a la relativa indulgencia que ha beneficiado a Hess, condenado, Sin embargo, a prisión perpetua. La opinión pública internacional ha reaccionado en forma diversa: algunos se han emocionado ante la severidad de la condena a muerte de los generales, otros se han indignado frente a la benevolencia de ciertas decisiones. Qué hay que pensar de los veredictos de Nuremberg? Yo no sé si ellos coincidirán siempre exactamente, ya con el juicio de la Historia, ya con él juicio de Dios. Pero yo sé que ellos son la expresión de una justicia humana que, sin acusar debilidad, no se ha rebajado jamás descendiendo a la venganza. Los matices mismos de la sentencia atestiguan la conciencia de los jueces. Es en Nuremberg, independientemente de toda vindicta donde la justicia de los hombres se ha Pronunciado. Será ella escuchada y comprendida? He aquí que ya surge contra el proceso de Nuremberg la acusación de haber convertido a los criminales en mártires y de haber creado una grotesca leyenda. Goering lo había previsto y sin duda lo había querido así. El psiquiatra de la prisión de Nuremberg, el capitán Gilbert, me contaba antes del final del proceso, a partir del mes de febrero de 1946, que un día Goering había invitado a Funk a morir sin inquietud, porque un día el pueblo alemán lo reconocería como héroe y transportaría sus osamentas en una urna de mármol hacia un santuario nacional. Esto es posible, pero en el fondo poco importa. Los lamentables actores del proceso de Nuremberg pertenecen al pasado y sólo se cuenta con el porvenir. Ahora bien, lo que quedará para el porvenir, son los preceptos de Derecho Internacional enunciados en la sentencia del 1 de octubre de 1946, porque ellos fijan las obligaciones recíprocas de los Estados y de los individuos en el seno de la comunidad internacional que nos incumbe organizar.

La sentencia de Nuremberg descansa a este respecto sobre una idea-fuerza, la de la supremacía del Derecho Internacional sobre los derechos internos. El Derecho Internacional no sólo impone apremios a los Estados; él obliga directamente a los individuos quienes deben respetar sus imperativos sin poder atrincherarse tras la excusa tradicional, pero cómoda, de la obediencia a las prescripciones del orden interno. Placer extensivo el imperio del Derecho Internacional a los actos individuales, trasladar al individuo de la esfera estrecha de las soberanía de los Estados al amplio círculo de la sociedad internacional, tal es el camino que el Tribunal de Nuremberg se ha trazado y en el cual ha entrado deliberadamente. Un equívoco ha finalizado, equívoco que los jueces de Nuremberg han disipado desde un principio: el sofisma según el cual los actos del Estado no obligan a nadie, porque, por una parte, el Estado es una entidad a la cual no se puede imputar intención criminal y porque, por otra parte, ningún individuo puede ser declarado responsable por los actos del Estado. Esta tesis, hasta entonces tradicional ha sido sostenida por los abogados de los inculpados y más especialmente por el doctor Jahreis, profesor de la Universidad de Jena, en la exposición doctrinal que él ha presentado en nombre de la defensa. El Ministerio Público se ha negado a suscribirla: el Procurador General inglés Sir Hartley Schawcross ha calificado esta tesis como un absurdo prescrito y el Procurador General francés, señor François de Menchon, no ha tenido dificultad en demostrar que tal tesis reducía toda justicia internacional a la impotencia. El Tribunal se ha pronunciado en términos explícitos por la tesis de la acusación –”Se ha pretendido se dice en uno de los considerandos de la sentencia– que el Derecho Internacional no afecta sino a los Estados soberanos y no prevé sanciones con respecto a los delincuentes individuales. Se ha pretendido igualmente que cuando el acto considerado como crimen es ejecutado en nombre de un Estando, los ejecutantes no son responsables de ello, estando amparados por la soberanía del Estado. El Tribunal no puede aceptar ni una ni otra de estas posiciones. Esta admitido desde hace tiempo que el Derecho Internacional impone deberes y obligaciones a las personas físicas, y está probado en forma fehaciente que la violación del Derecho Internacional engendra responsabilidades individuales”. Así se encuentra desmentida la opinión de Napoleón según la cual los crímenes del Estado no pueden ser reprochados a nadie. Así se desprende del proceso de Nuremberg un Derecho Internacional nuevo, cuyo sujeto activo no es solamente el Estado, sino también el individuo considerado como miembro de una sociedad interestatal. Esta evolución del Derecho Internacional no deja de presentar algún peligro que conviene no ocultar.

El Tribunal de Nuremberg ha instituido un deber de desobediencia. Pide al individuo que desobedezca al Estado cuando los preceptos del derecho interno contradicen el Derecho Internacional, pues las obligaciones internacionales que se imponen a los individuos priman sobre el deber de obediencia para con los Estados de los cuales ellos dependen. Esto no presentaría dificultad si el orden jurídico universal estuviese organizado de manera de dar al individuo el sentimiento de una jerarquía de deberes; en el actual desorden de la sociedad internacional, el individuo no puede tener sino la sensación turbia y falaz de la contradicción, aun más, de la oposición entre deberes contrarios. Falta poner en ejecución los principios contenidos en la sentencia de Nuremberg, so pena que se seque en sus fuentes la bienhechora audacia, y para esto, la tarea que se impone, es triple.

Es preciso, en primer lugar, crear una jurisdicción penal internacional permanente. Es ésta la única manera de prevenir el reproche de que ha sido blanco el Tribunal Militar internacional de los grandes criminales de guerra, cual es el de ser una Jurisdicción de circunstancia, creada apresuradamente para satisfacer las necesidades del momento. Poco importa que esta jurisdicción permanente sea un Tribunal independiente como algunos lo preconizan, o una Cámara criminal de la Corte Permanente de Justicia de La Haya, como otros lo sugieren. Lo esencial es que esta jurisdicción exista y haga pesar en las relaciones internacionales la fuerza de su amenaza. Las reticencias de los Estados, que temen abandonar alguna parcela de sus poderes soberanos, deben ser dominadas y superadas las vacilaciones que se manifiestan en el seno mismo de la Organización de las Naciones Unidas, principalmente bajo la influencia de los Estados de la Europa Oriental, deben ser disipadas. Los hombres de la era atómica deben comprender que no tienen más alternativa que la de perecer por la fuerza o la de organizarse por el derecho. Ellos deben escuchar el mensaje de Nuremberg.

A esta jurisdicción internacional es preciso, en segundo lugar, darle una ley. La comisión de codificación del Derecho Internacional de la Organización de las Naciones Unidas, en el seno de la cual se ha elaborado la Convención sobre la represión del genocidio, adoptada por la Asamblea General de París, debe ampliar su campo de acción; le corresponde coordinar las normas usuales del Derecho Internacional sobre las cuales los jueces de Nuremberg han fundamentado sus sentencias y coordinarlas en una legislación internacional que fije infracciones y sanciones. No es que haya llegado la hora de ese Código Penal Internacional cuya adopción algunos autores han propuesto. La codificación es el resultado de los sistemas jurídicos evolucionados que se han fijado bajo la influencia de la costumbre. El Derecho Penal Internacional recién acaba de nacer a la vida jurídicas y conservará por la fuerza de las cosas, su carácter usual, mejor adaptado que la legislación a las formas cambiantes de la criminalidad internacional. Pero una etapa debe ser franqueada por medio de la codificación de las reglas actuales y ya consagradas por la costumbre. Estas reglas han sido confirmadas por el Tribunal de Nuremberg. Es necesario que una convención internacional codifique los principios de Derecho que el Tribunal de Nuremberg ha sancionado.

Pero la ley internacional quedará desprovista del alcance y la jurisdicción internacional, privada de autoridad si ellas no se fundamentan sobre una organización internacional cuya primacía ellas aseguren sobre los órdenes estatales.

La organización de la Sociedad Internacional es la tercera las labores que se imponen a nuestras preocupaciones, y es la más urgente y la más difícil. El contexto del mundo moderno dividido por facciones rivales en las cuales han reaparecido los nacionalismos, más intransigentes que nunca, no deja sino poco margen a la esperanza cifrada en los sueños de los protagonistas del Gobierno Mundial. Sin embargo, algunas realizaciones parciales mantienen nuestra esperanza. Cómo podríamos nosotros seguir sin pasión los progresos del panamericanismo? Cómo podríamos nosotros observar sin emoción el nacimiento de la Europa occidental? Ellos atestiguan la existencia de un espíritu americano y de un espíritu de la Europa democrática. La Sociedad Internacional no podrá, de la misma manera, establecerse sino cuando un espíritu internacional se forme y se desarrolle. Es a esta formación, a este desenvolvimiento al que deben incorporarse desesperadamente nuestros esfuerzos. La obra no solicita solamente la ciencia de los jurisconsultos y la paciencia de los estadistas; ella reclama la pasión común de los hombres de buena voluntad. Nosotros podemos aún, o perdernos juntos, o salvarnos juntos. Es el drama de nuestra generación; pero es también su grandeza. Trabajemos con todo nuestro corazón, con toda muestra inteligencia, con toda nuestra voluntad en esta oscura y grandiosa misión y cuando las dificultades surjan, cuando sobrevengan las desilusiones, sigamos trabajando. Depende de nosotros que la sentencia de Nuremberg perdure como una “experiencia” característica de una época agitada por la sucesión de las agresiones de la violencia y de las reacciones del derecho, o bien, que llegue a ser un “precedente” que asegure, por un sobresalto de la conciencia universal el triunfo del derecho sobre la violencia.


 

Este artículo fue publicado originariamente en la “Revista de Derecho y Jurisprudencia”, números 8 y 9 de mayo y junio de 1949, en Santiago de Chile.
Este documento se digitalizó a partir de la publicación editada el 5 de octubre de 1949 por la Imprenta de Chile bajo el número de edición 54364.
Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor en Madrid el 14 de mayo de 1997.

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mar 16 2011

Los argumentos de la defensa de ERNST KALTENBRUNNER en los juicios de Nuremberg

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 22:35

 

Con ocasión del contra-interrogatorio de Ernst Kaltenbrunner, se le preguntó con indignación cómo podía tener el descaro de pretender que él había dicho la verdad y que 20 ó 30 testigos, habían mentido (XI 349 {385}).

Los “testigos”, naturalmente, no comparecieron delante del Tribunal; se trataba de nombres escritos en pedazos de papel. Uno de estos nombres es el de Franz Ziereis, el comandante del campo de concentración de Mauthausen.

En su pedazo de papel, Ziereis “confesó” haber gaseado a 65.000 personas, fabricado pantallas de lámpara en piel humana, y falsificado dinero. También proveyó una tabla complicada de informaciones estadísticas, incluso una lista de los números exactos de prisioneros en 31 campos de trabajos distintos. Luego acusó a Kaltenbrunner de haber dado la orden de matar a todos los presos del campo (Mauthausen) al avecinarse los norteamericanos.

Ziereis estaba muerto desde hacía ya 10 meses cuando hizo su “confesión”; afortunadamente, la “confesión” habría sido “documentada” por otra persona que tampoco compareció delante del Tribunal — un prisionero llamado Hans Marsalek — pero cuya firma aparece en el documento (Documento 3870-PS, XXXIII 279-286).

Las páginas 1 a 6 de este documento estan escritas entre comillas (!), incluso la tabla estadística, que afirma, por ejemplo, que habían 12.000 presos en Ebensee; 12.000 en Mauthausen; 24.000 en Gusen I y II; 20 presos en Schloss-Lindt, 70 presos en Klagenfurt-Junkerschule, etc. en los 31 campos de la tabla.

El documento no está firmado por nadie más que pudiera haber alegado estar presente durante la “confesión”; eventuales apuntes que pudieran haber sido tomados contemporaneamente y anexados al documento parecen no existir. El documento lleva sólo 2 firmas: la de Hans Marsalek, el preso, y la de Smith W. Brookhart Jr., U.S. Army. El documento lleva la fecha de 8 abril 1946. Ziereis murió el 23 mayo de 1945.

Se pretende que Ziereis estaba demasiado enfermo (murió de heridas de bala en el estómago) para firmar nada establecido contemporaneamente, pero habría estado en bastante buena salud para “dictar” este largo y complejo documento, el cual habría sido “documentado” al pie de la letra por Marsalek durante 10 meses y medio. Naturalmente, Marselek no había tenido ningún motivo para mentir! El documento está escrito en alemán. Brookhart fue un escritor fantasma de confesiones, que también escribió las confesiones de Rudolf Höss (en inglés, Documento 3868-PS) y las de Otto Ohlendorf (en alemán, Documento 2620-PS).

(Dirección de Brookhart en 1992: 18 Hillside Drive, Denver, Colorado USA; era hijo del Senador de Washington Iowa.)

La “confesión” de Ziereis continua siendo tomada en serio (mas o menos) por Reitlinger, Shirer, Hilberg, y otros buhoneros ambulantes de pararruchas estilo “Holocaust.”

Kaltenbrunner afirmó que habían 13 campos de concentración centrales, o “Stammlager”, durante la guerra (XI 268-269 {298-299}). El gran total de 300 campos de concentracion afirmado por la fiscalía habría sido obtenido incluyendo campos de trabajo normales. El trigésimo campo, Matzgau, en las cercanias de Danzig, habría sido un campo especial, cuyos presos eran los guardias de las SS y los miembros de la policia que habrían sido condenados por ofensas contra presos a su cargo, tales como maltratos físicos, malversaciones de fondos, hurtos de efectos personales, etc. Este campo, con su población de presos SS, había caido en manos de los rusos al fin de la guerra (XI 312, 316 {345, 350}).

Kaltenbrunner alegó que las sentencias de los tribunales SS y de la policía eran mucho más severas que las de los tribunales ordinarios, por las mismas infracciones. Las SS frecuentemente procesaban sus propios miembros acusados de delitos contra los presos, o por violaciones de disciplina (XXI 264-291, 369-370 {294-323, 408-409}).

Métodos de “tercer grado” habían sido permitidos por la ley con el único propósito de obtener informaciones sobre las actividades futuras de resistencia; tales métodos se prohibieron con el propósito de obtener confesiones. Estas interrogaciones requerían la presencia de un médico, y permitían un total de 20 golpes de palo sobre las nalgas desnudas, sólo una vez, un procedimiento que no se podía repetir más tarde. Otras formas de “tortura nazi” eran, entre otras, la detención en una celda oscura, o el estar de pie durante largos interrogatorios (XX 164, 180-181 {184, 202-203}; XXI 502-510; 528-530 {556-565, 583-584}).

Kaltenbrunner y muchos otros testigos por la defensa alegaron que tales metodos habían sido practicados por oficiales de la policía en todas partes del mundo (XI 312 {346}), y que respetables oficiales de policía habían visitado Alemania para estudiar los métodos alemanes (XXI 373 {412}).

Las pruebas de la defensa en este y otros asuntos relacionados constan de miles de páginas, divididas entre las audiencias delante del Tribunal y delante de la Comisión, así como de 136.000 declaraciones escritas (XXI 346-373 {382-412}; 415 {458}, 444 {492}).

Kaltenbrunner fue condenado por conspiración en el linchamiento a aviadores aliados que habían cometido bombardeos en masa sobre las poblaciones civiles. Los linchamientos habrían estado justificados, pero nunca tuvieron lugar. Muchos aviadores aliados habrían sido salvados de las muchedumbres civiles por oficiales alemanes. Los alemanes se negaron a contemplar tales metodos, temiendo que terminasen en una matanza general de aviadores después de lanzarse en paracaidas. Como tantos otros crímenes alemanes, esta también quedó siendo una idea sin efecto (XXI 406-407 {449-450}, 472-476 {522-527}).

Otro crimen supuestamente cometido por Kaltenbrunner fue su responsabilidad por el así llamado “Kugelerlass” (Decreto de Bala). Esta habría sido una orden de ejecutar a prisioneros de guerra por medio de una máquina de medir el cuerpo (un aparato insensato probablemente inspirado por la absurda “máquina de Paul Waldmann” para romper cabezas por medio de un martillo accionado por un solo pedal) (URSS-52, VII 377 {416-417}).

El “Kugelerlass”, Documento 1650-PS, de ser un documento auténtico — lo que probablemente no es (XVIII 35-36 {43-44}) — es una traducción incorrecta: el sentido de la orden es que los prisioneros que intentasen escapar habrían de ser encadenados a una “bola” de hierro (“Kugel”), y no que hayan de ser matados con un tiro, o “bala” (también “Kugel”). La palabra “encadenados” aparece en el documento, pero no las palabras “disparar”, “tirar”, o “matar” (III 506 {565}; XXI 514 {568}); Gestapo Affidavit 75; XXI 299 {332}). El documento es un “telescrito”, eso es, que no hay firma (XXVII 424-428).

El término “Sonderbehandlung” (siempre traducido por “asesinato”) es un ejemplo de la fea jerga utilizada en cualquier burocracia; sería mejor traducido por “tratamiento individual especial” (en verdad, se trata de una palabra normal, encontrada muy a menudo en contratos de representación comercial). Kaltenbrunner logró probar que, en el contexto de un documento, la palabra significaba el derecho de beber champaña y de tomar lecciones de francés. La fiscalía había confundido un lugar de deportes invernales con un campo de concentración (XI 338-339 {374-375}); (XI 232-386 {259-427}; XVIII 40-68 {49-80}). El documento de deportes invernales es Documento 3839-PS, XXXIII 197-199, una “declaración”).

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feb 22 2011

Los juicios de Nuernberg contra las llamadas “organizaciones criminales”

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 09:32
nsdap5 Los juicios de Nuernberg contra las llamadas organizaciones criminales

El partido NSDAP fue la principal organización criminal en los juicios de Nuremberg

Las pruebas de la defensa con respecto a las alegadas “organizaciones criminales” consisten en los testimonios orales de 102 testigos y de 312.022 declaraciones escritas y notariadas (XXII 176 {200}).

El termino “criminal” no fue definido en ningún momento durante el proceso (XXII 310 {354}; véase también XXII 129-135 {148-155}).

Tampoco fue definido cuando estas organizaciones se habrían vuelto “criminales” (XXII 240 {272-273}).  El Partido Nazi mismo se habría vuelto criminal tan temprano como en 1920 (XXII 251 {285}), o quizá no antes de 1938 (XXII 113 {130}), o posiblemente no lo haya sido nunca (II 105 {123}).

Las 312.022 declaraciones escritas fueron presentadas a una “comisión.”  La copia transcrita de los testimonios delante de esta “comisión” no aparece en la del proceso de Nuremberg.  Los “National Archives” (Archivos Nacionales) en Washington no poseen ninguna copia transcrita de los testimonios delante de la comisión, nunca han oído hablar de ella, no saben lo que es, ni donde está.

De las 312.022 declaraciones escritas, sólo unas pocas docenas fueron traducidas al inglés, de modo que el Tribunal no las pudo leer (XXI 287, 397-398 {319, 439}).

El Presidente del Tribunal, Sir Geoffrey Lawrence, no comprendía nada de alemán, y el procurador Robert Jackson tampoco.

Debido a un “cambio en las reglamentaciones” llevado a cabo a último momento, (XXI 437-438, 441, 586-587 {483-485, 488, 645-646}) muchas otras declaraciones fueron rechazadas debido a su supuesta “falta de conformidad” (XX 446-448 {487-489}).

La “comisión” preparó sumarios que fueron presentados al Tribunal (“x-mil declaraciones alegando trato humanitario de los prisioneros”, etc.). Estos sumarios no fueron considerados como pruebas.  El Tribunal prometió leer todas las 312.022 declaraciones antes de llegar a su veredicto (XXI 175 {198}); 14 días más tarde, se anunció que las 312.022 declaraciones no eran verídicas (XXII 176-178 {200-203}).

Entonces una sola declaración de la prosecución (Documento D-973) fue considerada de haber “refutado” a 136.000 declaraciones de la defensa (XXI 588; 437, 366 {647, 483-484, 404}).

Los 102 testigos fueron obligados a aparecer y a testificar delante de la “comisión” antes de aparecer y de testificar delante del Tribunal.  Luego, 29 de esos testigos (XXI 586 {645}), o, según otra fuente, 22 de estos testigos (XXII 413 {468}), fueron permitidos a comparecer delante del Tribunal, pero su testimonios no debían ser “acumulativos”, esto es, repetitivos de sus testimonios delante de la “comisión” (XXI 298, 318, 361 {331, 352, 398-399}).

Entonces, 6 declaraciones escritas y presentadas por la prosecución fueron consideradas de haber “refutado” a los testimonios de los 102 testigos de la defensa (XXI 153 {175}, XXII 221 {251}).

Una de estas declaraciones estaba escrita en polaco, de manera que la defensa no la podía leer (XX 408 {446}).  Otra fue firmada por un judío de nombre Szloma Gol, quien alegaba haber desenterrado y quemado 80.000 cadáveres, incluso el de su hermano (XXI 157 {179}, XXII 220 {250}).

(En la copia transcrita británica sólo desenterró 67,000 cadáveres.)

En ese momento, la prosecución había ya terminado la presentación de sus pruebas (XX 389-393, 464 {426-430, 506}; XXI 586-592 {645-651}).

La prosecución entonces expuso en su presentación final que 300.000 declaraciones habían sido presentadas y consideradas durante el proceso, dando la impresión al lector poco observador, que estas habían sido documentos de la prosecución (XXII 239 {272}).

En verdad, la prosecución sobrellevó todo el proceso con nada más de unas pocas declaraciones verdaderamente importantes.  Véase, por ejemplo, XXI 437 {483}, donde 8 o 9 declaraciones fueron presentadas por la prosecución contra 300.000 declaraciones por la defensa; véase también XXI 200 {225}; 477-478 {528-529}; 585-586 {643-645}; 615 {686-687}).

En los numerosos procesos en los campos de concentración, como por ejemplo, el proceso de Martin Gottfried Weiss, se acordó un medio más simple.  Cualquier sencillo empleo en un campo de concentración, aun cuando este hubiese sido por sólo unas pocas semanas, se habría de considerar “prueba” de un “conocimiento constructivo” del “Proyecto Común.”  El término “Projecto Común”, naturalmente, no fue definido en ninguna instancia.  La palabra “conspiración” fue generalmente evitada para poder procesar con reglas de prueba más flojas.  No era necesario hacer referencia a actos específicos de maltrato, ni de probar que nadie hubiera muerto como resultado de tales maltratos.  36 de los 40 acusados fueron condenados a muerte.

Las transcripciones de los testimonios expuestos a la comisión de Nuremberg se hallan en el Palacio de la Paz en la Haya, donde llenan la mitad de una caja fuerte a prueba de fuego que mide del suelo al techo.  El testimonio de cada testigo fue escrito a máquina con una paginación a empezar con la página 1, pues reescrita con una paginación consecutiva que corre hasta miles de páginas.  Los esbozos y copias limpias son clasificados juntos, en pliegos, grapadas, en papel muy frágil, con grapas oxidadas.  Es absolutamente cierto que nadie jamás ha leído este material, al menos en La Haya.

En los argumentos de la defensa, el material relativo a los testimonios de los 102 testigos aparece, en su mayor parte, en caracteres pequeños en los tomos XXI y XXII de la copia transcrita de los testimonios en el Proceso de Nuremberg.  Los caracteres pequeños indican que estos pasajes fueron suprimidos de los argumentos finales de la defensa; de otra forma, el proceso hubiera sido demasiado largo (según la prosecución).  Este material contiene muchos centenares de páginas.  En la transcripción de las audiencias publicada en el Reino Unido, todo este material ha desaparecido en su totalidad.  En la versión publicada en los Estados Unidos, 11 páginas han sido suprimidas entre los párrafos 1 y 2 de la página 594 en tomo XXI.  En la copia alemana transcrita de los audiencias, estas 11 páginas aparecen en tomo XXI 654-664.  El resto de las versiones norteamericanas y alemanes parecen estar más o menos completas.

El material discute, por ejemplo: ” Guerra total: XIX 25 {32} ” Reparaciones: XIX 224-232 {249-259} ” Sindicatos alemanes: XXI 462 {512} ” Gestapo y los campos de concentración: XXI 494-530 {546-584} ” “Röhm Putsch”: XXI 576-592 {635-651} ” “La Noche de los cristales rotos (Kristallnacht)”: XXI 590-592 {649-651} ” “Umsiedlung” (traslado de población): XXI 467-469, 599-603 {517-519, 669-674} ” SD: XXII 19-35 {27-47} ” Armamentos: XXII 62-64 {75-78} Las 312.022 declaraciones están probablemente clasificadas en algún archivo alemán.

La sentencia del proceso de Nuremberg fue impresa dos veces, en tomos I y XXII.

Es muy importante obtener los tomos alemanes y leer la sentencia en tomo XXII en alemán.  El alemán incorrecto, las traducciones incorrectas, etc. escritas por los norteamericanos han sido corregidos con notas hechas en los pies de página.  Errores de tal naturaleza en documentos pueden ser tomados como pruebas de falsificación.

En general, los tomos alemanes son preferibles a los tomos norteamericanos.  Frecuentes notas en los pies de página alertan al lector de traducciones incorrectas, documentos desaparecidos, y copias falsificadas (por ejemplo, XX 205 de la copia transcrita alemana: “Falta esta frase en el documento original”).

Los tomos alemanes en libro de bolsillo son disponibles a través de Delphin Verlag, Munich (ISBN 3.7735.2509.5) (sólo la copia transcrita de las audiencias; las copia de las audiencias junto con los tomos documentarios son disponsible en microfilm de Oceana Publications, Dobbs Ferry, NY).

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feb 16 2011

Los orígenes del nazismo en una novela negra

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 09:59

el gris Los orígenes del nazismo en una novela negra

Cuando en una novela se habla de los orígenes del nazismo o de la época nazi, lo esperable, tópico ya, es que los nazis sean fanáticos sin entrañas y que el resto luche contra ellos. No es el caso de EL GRIS, que trata de acercarse a lo que fueron aquellos años veinte y a las razones por las que el movimiento nazi llegó al poder. Un suceso histórico de este tipo no puede deberse a la locura colectiva, sino a una serie de causas económicas, psicológicas y sociales que el autor aborda a la perfección, presentado a los nazis como lo que eran: un movimiento revolucionario acorde a la violencia y la estética de su época.

Como curiosidad, cabe añadir que la novela la protagoniza Heinrich Müller cuando era un simple comisario de policía que se dedicaba a perseguir a los nazis. Este detalle histórico, poco conocido, ahonda en el realismo de la situación.

EL GRIS es una novela en la que el bien y el mal se confunden. Y cuando digo que el bien y el mal se confunden no me refiero a que los personajes sean ambiguos, sino que todos, como las personas reales, pueden ser ambas cosas a la vez, sin estereotipos falseados.

Si os ha gustado Schlink y la saga de Selb, no dejéis de leer esta novela, quizás la más parecida en la literatura española al famoso autor alemán y puede que incluso un poco más dura en su planteamiento moral.  EL GRIS podría ser una novela de Schlink si no fuese porque Javier Pérez, su autor, parece confiar menos en el alma humana que el escritor alemán.

Los que hemos seguido al autor sabemos que EL GRIS es una novela que ha recorrido un largo camino antes de llegar a las librerías, y pasando por premios, menciones de finalista y unos cuantos escritorios de importantes editoriales donde unas veces no se decidieron a publicarla por ser demasiado literaria y otras por consideraciones de distinta índole.

Sin embargo, ahora que hemos tenido la ocasión de leerla, sabemos que EL GRIS es una novela que no deja indiferente, aunque sólo sea por el punto de partida: un hombre que no puede dormir porque teme que si se duerme no despertará nunca necesita familiarizarse con la muerte y para ello empieza a matar.

En las primera páginas nos dicen ya quien es el asesino, y luego, durante el resto de la novela, el autor nos enfrenta al terrible dolor del asesino y a la tenacidad despiadada del comisario que lo persigue, haciéndonos dudar sobre a cual de los dos entendemos mejor.

En EL GRIS nadie es bueno o malo desde un principio y hasta le final. No podemos conocer la moralidad de un personaje sólo por su papel, porque todos son humanos. Puede haber delincuentes piadosos, y delincuentes desalmados. Policías bondadosos y policías terribles. Puede haber incluso nazis buenos y nazis malos, en aquellos años veinte donde cada cual luchaba férreamente por su vida y su supervivencia.

Se trata sin duda de una de las mejores novelas negras que he leído en los últimos años, con una trama policíaca vibrante y sin los trucos típicos de la novela con adivinanza donde el lector debe averiguar quién es el asesino. Aquí, ya lo sabemos. El problema es saber de parte de quién estamos.

Los acontecimientos de 1924

los acontecimientos de 1925

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ene 20 2011

Klaus Barbie. El hombre que cazó a Che Guevara.

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 05:16

barbie1 Klaus Barbie. El hombre que cazó a Che Guevara.A pesar de que nunca fue un jerarca, es uno d elos personbajes que más interés suscita en historiadores y curiosos por la smúltiples facetas de su vida y los entresijos del mundo occidentelñ que su actividad denota.

Klaus Barbie Altmann , nacido en Bad Godesberg, Alemania el 25 de octubre de 1913 y fallecido en Lyon, Francia, el 23 de septiembre de 1991). Fue un alto oficial de las SS y de la Gestapo durante el régimen nazim, destinado al combate contra la resistencia francesa e involucrado asimismo en numerosos crímenes de guerra y contra la humanidad durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Francia. 

Se adhirió a las SS y al Sicherheitsdienst (SD) el 26 de septiembre de 1935, inmediatamente después de graduarse en Derecho en la universidad, y se afilió al Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP) el 1 de mayo de 1937, con el número de ficha 4.583.085.

En 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, Barbie fue destinado a la Sección IVB4 y enviado a Ámsterdam, donde desarrolló una importante labor en el combate contra la resistencia holandesa y la infiltracioón de agentes ingleses en los Países Bajos. En mayo de 1942 fue trasladado a Lyón, Francia. Allí se ganó el apodo de «El Carnicero de Lyón» como jefe de la Gestapo local. Por un lado, y dentro de sus funciones, fue elun veraddero azote para el movimiento de resistencia francés. Se escapó de varios atentados de la resistencia y finalmemnte logró capturar, torturar y ejecutar a Jean Moulin, el miembro de la Resistencia francesa de más alto rango jamás atrapado por los nazis. 

De igual modo, fue acusado de numerosos crímenes, incluyendo la captura de cuarenta y cuatro niños judíos escondidos en la villa de Izieu.  Sólo en Francia se atribuyen a su actividad o a la de sus subordinados el envío a campos de concentración de 7.500 personas, 4.432 asesinatos y el arresto y tortura de 14.311 combatientes de la Resistencia. En este sentido, tenemos que decir que sus crímenes contra civiles son execrables, pero la Convención de Ginebra reconoce la posibilidad legal de condenar a muerete a aquellos civiles que tomen las armas, por lo que ha habido gran controversia en cuanto a la lgitimidad de sus acciones contra la resistencia. No así contra el resto de civiles, que son crímenes injustificables.

barbie2 Klaus Barbie. El hombre que cazó a Che Guevara.En el caso de Francia, y como se supo en el juicio posterior, cabe destacar que por cada muerto ocasionado pro Barbie y su equipo de la GESTAPO había al menos tres denuncias de franceses contra sus vecinos, lo que permitió a Barbie ironizar sobre lo que hubiese sucedido de haber hecho él caso a todas aquellas denuncias.

Tras la salida del ejército alemán de Lyon, Barbie voló a Alemania y creó una nueva vida bajo identidad falsa. Inicialmente dirigió un cabaret en Munich e hizo tratos en el mercado negro. Posteriormente, y dada su enorme valía profesional, Barbie fue protegido y empleado por los servicios de contraespionaje del Ejército de los Estados Unidos (CIC),  para los que trabajó en Alemania entre 1947 y 1951, en actividades contra el comunismo. Ese año, ante las repetidas peticiones francesas para que fuese extraditado (ante lo que las autoridades estadounidenses declararon que desconocían el paradero del criminal), se trasladó a Bolivia.Lo hizo a través de una ratline (rutas de escape organizadas tras la Segunda Guerra Mundial para que criminales de guerra nazis y fascistas pudieran huir y evitar ser enjuiciados por los crímenes que habían cometido) organizada por los servicios secretos estadounidenses y el sacerdote católico ustashi croata Krunoslav Draganovic, pasando por la Argentina de Perón.

Barbie, su mujer y sus dos hijos llegaron a Bolivia el 23 de abril de 1951. Allí, Barbie adoptó el apellido de Altman, curiosamente el del rabino judío de su pueblo natal, y comenzó a dirigir una serrería en La Paz, negocio al que se dedicó antes de comenzar a comerciar con quinina y establecer relaciones con ex nazis refugiados en países vecinos y con los militares locales. Durante la dictadura del general Barrientos, que llegó al poder en 1964 tras un golpe de Estado, Barbie fue nombrado gerente general de la compañía marítima estatal, la Compañía Transmarítima Boliviana, creada por Barrientos en 1967 con capitales públicos y privados, que actuaba como tapadera de tráfico de armas al servicio de la dictadura.barbie5 Klaus Barbie. El hombre que cazó a Che Guevara.

 Se le atribuye también a Barbie la asesoría directa al operativo que culminó en la muerte de Ernesto Che Guevara en 1967, y muchas fuentes lo identifican como el primero de la izquierda, abajo, del equipo que logró cercar y aniquilar al comando revolucionario de Che Guevara. Esas mismas fuentes afirman que Klaus Barbie cobrá a la CIA un millón de dólares por este servicio y que se postuló él mismo a hacerlo tras los reiterados fracasos de la inteligencia norteamerticana para acabar con el revolocionario cubano. Los norteamericanos, que conocían la audacia y la astucia de Barbie en el campo de la lucha contrainsurgente, aceptaron, pero le exigieron pruebas fehacientes de que su trabajo estaba concluido, razón pro la que Klaus Barbie ordenó que se cortasen las manos a Che Guevara y se enviasen en formol a Estados Unidos para que allí pudiesen comprobar las huellas dactilares. Esta versión no ha podido ser razonablemente confirmada.

Tras la muerte de Barrientos en un accidente de helicóptero en 1969, la suerte de Barbie pareció empeorar y, tras la quiebra de la Transmarítima en 1971, Barbie dejó Bolivia y se estableció en Perú.  Sin embargo, allí su identidad fue desvelada por la prensa, lo que propició que los cazanazis Serge y Beate Klarsfeld diesen con su paradero. Ante el acoso, volvió a Bolivia amparado por las sucesivas dictaduras de Hugo Banzer  y Luis García Meza Tejada (1980-1981), en cuyos golpes de Estado tomó parte dirigiendo los servicios de inteligencia de los golpistas. En 1974, Francia pidió a Bolivia la extradición de Barbie, que fue denegada por no existir tratado de extradición entre ambos países.

Durante la dictadura de García Meza, Barbie fue responsable de la organización de violentos grupos paramilitares al servicio del régimen y s ele atribuyen también duras acciones de los luego llamados “escuadrones de la muerte” en la lucha contra las células marxistas que se formaban en el medio campesino.

La privilegiada situación de Barbie cambió en 1982, con la llegada de un gobierno democrático de centro-izquierda al país. El 25 de enero de 1983 el gobierno del presidente Siles Suazo deportó a Barbie, detenido poco antes por estafa, a Francia. Poco antes, su esposa, Regina, había muerto de cáncer en La Paz en 1982. Algunos historiadores atribuyen a esta mnuerte el hecho de que Barbie dejase de luchar por sí mismo y cayera en la más absoluta indiferencia sobre su vida y su destino.

barbie3 Klaus Barbie. El hombre que cazó a Che Guevara.Su proceso judicial comenzó en enero de 1987 en Lyón. Barbie ya había sido condenado a muerte dos veces en ausencia durante su ocultamiento en Bolivia (en 1952 y 1954, en Francia), pero dado que los crímenes de guerra que tuvieron lugar en la Francia de Vichy prescribían a los 20 años, sólo se le juzgó por las deportaciones de poblaciones civiles.  Fueron tres fundamentalmente: la deportación de los 44 niños judíos refugiados en una colonia en Izieu, la redada y posterior deportación de más de 80 personas en la sede de la Unión General de Israelíes de Francia de Lyón, y el denominado “último tren”, en el que fueron deportadas entre 300 y 600 personas escasos días antes de la entrada de las tropas aliadas en Lyón.

Se autorizó a que se filmara el juicio debido a su alto valor histórico, si bien las imágenes del proceso no fueron difundidas inmediatamente, por el riesgo que podñía entrañar para mucha gente lo que Barvbie desvelase, como de hecho sucedió. Barbie negó todos los cargos y se limitó a declarar. Su abogado defensor fue Jacques Vergès, quien utilizó un argumento basado en la tesis de que las acciones de Barbie no fueron más terribles que las de cualquier colonialista en cualquier parte del mundo, incluyendo a los franceses, quienes nunca eran perseguidos: “¿Qué nos da derecho a juzgar a Barbie cuando nosotros, en conjunto, como sociedad o como nación, somos culpables de crímenes similares?”

barbie4 Klaus Barbie. El hombre que cazó a Che Guevara.El juicio contra Klaus Barbie fue un enorme acto de catarsis en Francia, pues por cada cargo que se atribuía akl alemán, este respondía con las docenas de denuncias que ciudadanos franceses habían prsentado contra sus propios compatriotas. En este juicio acabaron señalados como colaboracionistas algunas conocidas figuras de la política yla economía francesa. Barbie, por ejemmplo, señala a Pablo Picasso como el hombre que ayudaba a los nazis a elegir qué cuadros se debían llevar a Alemania y cuales no de las pinacotecas francesas. Segúin Barbie, por esda razón los nazis permitieron seguir a Picasso tranquilamente en Francia a pesar de su conocida militancia comunista.

 El fiscal principal fue Pierre Truche. Finalmente, el 4 de julio de aquel año fue sentenciado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad. Cuatro años después, encontrándose en prisión, falleció enfermo de cáncer.

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may 16 2010

La revolución nazi

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 13:49

image013 La revolución naziEl nazismo era un movimiento revolucionario y su propósito consistía en destruir el orden existente. Qué reemplazaría este orden, era ya menos claro. Strasser y Peder propugnaban un Estado socialista; Roehm pretendía crear un inmenso ejército basado en las SA y bajo su mando. Hitler tenía por empeño obtener el poder y, como su voluntad prevaleció, la revolución nazi fue, simplemente, una lucha por el poder.

Hitler, no satisfecho con la Cancillería, pretendía un poder arbitrario y absoluto. Sólo en términos generales sabía, o le preocupaba, cómo podría utilizar éste y hacerse con él constituía un fin por sí solo. Durante la campaña electoral de febrero de 1933 se apercibió de qué carecía de programa, por lo que los argumentos utilizados a su favor hubieron de basarse en que el sistema existente había fracasado y debía ser reemplazado.

Tampoco tenía el Führer un plan lo bastante estructurado para obtener un poder sin control. Había llegado a Canciller, tanto por las faltas de otros como por su propia estrategia y continuaría observando una política oportunista. Estaba en la adecuada posición para poder destronar el Estado desde dentro, conclusión lógica de su «política de legalidad». Pero su fuerza residía en su inquebrantable convicción de que triunfaría y su absoluta certeza de lo que quería. Los había que esperaban llevar a cabo reformas constitucionales o una estabilidad económica, destruir la unidad sindical, preservar las escuelas católicas o establecer la dictadura del proletariado. Reconocían que el poder era necesario para alcanzar sus objetivos, pero sus deseos o su voluntad de aferrado era una tenue sombra al lado de la voluntad de un hombre que buscaba el poder para su propia satisfacción.

El nombramiento de Hitler había sido condicionado a que ganara una mayoría en el Reichstag y, sólo tres de los once puestos ministeriales, eran ostentados por nazis. Papen, por ello, había presumido reducir las ínfulas del Partido y utilizarlo. Conseguir mayoría, suponía arrastrar el Centro a la coalición nazi-nacionalista. Monseñor Kaas, líder del Centro, presentó una lista de cuestiones que servirían de base para las conversaciones, pero Hitler las calificó de demandas no negociables y persuadió a sus colegas de que, ante la imposibilidad de acuerdo, se hacían necesarias unas elecciones. Hugenberg advirtió el peligro que suponía permitir a los nazis participar en las elecciones investidos del poder del Estado, como sucedería al permanecer Hitler Canciller pro tempore al término de la legislatura. No obstante, como Hugenberg pusiera objeciones a una coalición con el Centro, sugiriendo la alternativa de un régimen autoritario, Hitler pudo sin gran inconveniente hacerle caso omiso con la excusa de que había prometido a Hindenburg intentar para su gobierno un mandato parlamentario.

Los nazis entraron en la campaña electoral seguros de su éxito. La industria entró en juego y las arcas recibieron las contribuciones de Krupp, Aceros Unidos, I. G. Farben y otros. Goering, entonces Ministro del Interior en Prusia, purgó la policía del Estado y nombró para puestos vitales a líderes SA activistas. Se reclutó una fuerza auxiliar de 50.000 hombres, en gran parte entre las SA y las SS, quienes llevaban simplemente brazales blancos en sus uniformes del Partido y ofrecieron una máscara de legalidad cuando se trató de ayudar a sus camaradas a aterrorizar a los judíos y a los oponentes políticos del nazismo. Incluso las cifras oficiales admitieron que 51 personas habían resultado muertas en la campaña. Los nazis monopolizaron las redes de emisoras controladas por el gobierno, mientras que sus líderes oradores, por su parte, acribillaban con desabridos discursos al país. La policía, con ánimo de desorganizar la oposición, hizo una redada en la Casa Karl Liebkrecht de Berlín y un comunicado oficial describió el descubrimiento de planes de una revolución comunista. No se aportaron pruebas concretas ni se necesitó ninguna después de que, en la noche del 27 de febrero, el edificio del Reichstag desapareció pasto de las llamas. Un joven comunista holandés, van der Lubbe, fue acusado del incendio, declarado culpable y ejecutado. El intento de implicar a los líderes comunistas resultó fallido y hubo que ponerlos en libertad.

Muchos supusieron que los nazis habían quemado en secreto el Reichstag para poder contar con una base suficiente para suprimir el KPD. No obstante, investigaciones recientes dan como probable que el holandés fuera culpable, como siempre confesó.

Sea cual fuera la verdad, Hitler aprovechó la oportunidad para persuadir a Hindenburg de que el 28 de febrero firmara un decreto suspendiendo las garantías de libertad individual, permitiendo al gobierno del Reich asumir en caso necesario plenos poderes en los Estados y aumentando la pena por delitos como traición, sabotaje e, irónicamente, violación grave de la paz.

En tanto, se permitió al KPD continuar en funciones, para poder escindir así la votación del ala izquierda entre este partido y los social-demócratas.image008 La revolución nazi

A pesar de los medios a su alcance, en marzo, el Partido Nazi ganó sólo el 43’9 % de los votos. Una mayoría de alemanes había votado en contra, pero en las votaciones a favor superaron las de cualquier otro partido y, como la coalición nazi-nacionalista alcanzaba una mayoría en el Reichstag, es justo afirmar que el pueblo alemán había expresado su aquiescencia a la destrucción del gobierno democrático.

Hitler era ya capaz de llevar a cabo la revolución por vía legal. La base constitucional del régimen nazi la dio una única ley, la «Ley para la supresión de la miseria del pueblo y el Reich», ordinariamente denominada Ley de Poderes. Ésta concedía al gobierno capacidad legislativa para cuatro años sin necesidad del consenso del Reichstag e, incluso, con alcance a desviaciones de la Constitución y tratados internacionales. Estas leyes serían decretadas por el Canciller y entrarían en vigor al día siguiente de su publicación. La Ley de Poderes, por suponer una enmienda a la Constitución, necesitó el acuerdo de dos tercios del Reichstag, pero esto fue fácilmente conseguido. Muchos diputados comunistas fueron arrestados basándose en la Ley del 28 de febrero; los nacionalistas quedaron confortados con una cláusula de la ley que dejaba los poderes presidenciales incólumes y los centristas fueron conformados con pródigas promesas de Hitler y una declaración escrita por Hindenburg, de que el Canciller no haría uso de sus nuevos poderes sin antes consultarlo. Muchos conservadores y oficiales de la Reichswehr quedaron deslumbrados por la espléndida ceremonia celebrada en la iglesia de la guarnición de Potsdam, el 21 de marzo de 1933, en la que Hitler habló fervientemente de su lealtad a la tradición alemana.

Dos días más tarde, se reunía el Reichstag en el Palacio de la Opera de Kroll para confirmar la Ley de Poderes. Los social-demócratas fueron los únicos que votaron en contra ante la evidente furia de Hitler; un acto éste de considerable valor, con las SA fuera del edificio cantando: «Queremos la aprobación o sangre y fuego». Los Cancilleres anteriores habían dependido de que el Presidente quisiera o no firmar decretos de emergencia, pero Hitler ahora detentaba el poder directamente, con derecho a suspender la Constitución.

Con esta nueva arma, los nazis desencadenaron la política de «coordinación» (Gleichschaltung), gracias a la cual las instituciones vitales pasarían al control del Partido.

Ya para el 9 de marzo, los nazis habían tomado el poder por la fuerza en Baviera, donde la Reichswehr permaneció neutral por orden de Berlín. Goering controlaba Prusia desde hacía algún tiempo y, con la base de la Ley del 28 de febrero, fueron nombrados comisarios de policía nazis en Badén, Sajonia y Württemberg. En abril se nombraron gobernadores del Reich, Reichsstatthaelters, en los diversos Estados con poder para nombrar y separar gobernadores y funcionarios, disolver las Dietas y publicar leyes. Hitler reemplazó a Papen en sus funciones de Reichsstatthaelter de Prusia. En enero de 1934 fueron abolidas las Dietas en todos los Estados y los poderes soberanos de los Estados fueron transferidos al Reich. Los Estados conservarían una existencia formal, pero el sistema dual, que se remontaba a 1871, había sido barrido.

Los partidos políticos rivales fueron rápidamente suprimidos. La policía estatal prusiana de Goering, la Gestapo, entró en acción, y se inauguraron campos de concentración en Dachau y en otros lugares para recibir a los indeseables políticos. Los Demócratas y el Partido del Pueblo, que habían perdido la mayor parte de sus adictos a favor del nazismo, se disolvieron por propia iniciativa. Los Social-Demócratas, Centristas y el KPD se encontraron con sus edificios, periódicos y fondos confiscados y sus líderes arrestados. Incluso las oficinas del Partido Nacionalista fueron ocupadas y Hugenberg, previendo el temporal, disolvió su partido. El 14 de julio, una nueva ley declaró al Partido Nazi el único partido legal de Alemania y tipificó sanciones por intentar organizar otro. Papen, Hugenberg y los otros que auparon a Hitler al poder habían mantenido sus intrigas en un contexto convencional. No estaban preparados, ni mucho menos, para un movimiento que, armado con una ley única, aplicaba los métodos del gangsterismo a la vida política.

mein La revolución naziMientras el Führer proseguía con su revolución política, los miembros «rasos» perseguían sus objetivos personales. La violencia fue empleada flagrantemente por las SA, que establecieron celdas de castigo («carboneras») en los sótanos y almacenes de las grandes ciudades, en las que se maltrataba a la gente o se les exigía una suma a cambio de su libertad por cualquier causa perversa, desde la gula al sadismo. Simultáneamente, surgió una desenfrenada competencia por empleos y cargos de alcalde, altos funcionarios, directores de sociedades, etc. Muchos de los que saltaron al foso de la orquesta en el último momento eran oportunistas, los Maerzgefaliene, que se afiliaron al Partido sólo a la hora del triunfo.

El ala radical renovó sus ataques al capitalismo. Otro Wagener, jefe del Departamento Económico, pretendía controlar las asociaciones de patronos; Adrián von Renteln, líder de la Liga Combatiente de los Comerciantes de la Clase Media, intentó debilitar el poder de los grandes almacenes; Walther Darré, en aquel momento Ministro de Agricultura, pidió se redujeran las deudas agrarias de las tasas de interés y Peder abogó por que se cumplimentaran los puntos socialistas del programa del Partido. Roehm y sus acólitos se vieron implicados en una disputa con el ejército, que veía su predominio amenazado por las bandas callejeras venidas al poder.

Parecía posible que esta ola revolucionaria no se aplacaría hasta que todas y cada una de las instituciones hubieran sido remodeladas. Sin embargo, ello amenazaba la revolución del poder de Hitler, el cual estaba decidido a no dejar traspasar ciertos límites. No tenía Hitler simpatía por el socialismo y no era economista, pero sabía lo bastante para no echar a pique los fundamentos económicos del Estado y el 6 de julio, sin demasiadas delicadezas, comunicaría: «… no debemos separar a un buen hombre de negocios… sobre todo si el nacional-socialista que va a reemplazarle nada sabe de negocios». Menos aún podía arriesgarse a ofender al ejército. Su habilidad profesional sería imprescindible para el rearme y, probablemente, la guerra. Más importante era todavía el hecho de que éste mantenía su promesa de lealtad al Presidente y, en aquel significativo aspecto, el poder de Hitler no era todavía absoluto. Hindenburg estaba agonizando y, cuando muriera, Hitler intentaría absorber su poder y, con él, el vasallaje del ejército. Para hacerlo, no tenía otra solución que apoyar a los generales contra las SA. El problema se haría más urgente después de abril del 1934, cuando Hitler y Blomberg fueron informados confidencialmente de que al Presidente le quedaba poco tiempo de vida. Muchos oficiales estaban por una restauración de la monarquía, Hindenburg incluido. Era indudable que llevarían ésta a cabo a no ser que Hitler diera satisfacción a sus requerimientos.

La economía fue puesta bajo una dirección de confianza y ortodoxia: el Dr. Schacht, ardiente simpatizante nazi, que era ya presidente del Reichsbank, El director de la mayor compañía de seguros alemana, el Dr. Schmitt, pasó a ser Ministro de Economía y Comercio. Krupp, von Bohlen y Thyssen, mantenían el control de las asociaciones patronales; la Liga Combatiente fue disuelta, y nunca más volvió a hablarse de los proyectos de Darré. Se suprimieron en el Partido las conversaciones sobre desarrollo económico corporativo.

Más tiempo llevaría entendérselas con las SA. Roehm describió el impulso popular en pro del cambio como la «Segunda Revolución» y él representaba a todos los elementos descontentos de que ésta se componía. Las SA eran los Alte Kämpfer, los viejos luchadores, que no habían conseguido sus esperadas recompensas. Roehm simpatizaba con los radicales, criticaba la supresión de los sindicatos de 1933 y desaprobaba la ambición tiránica de Hitler. Antes que nada, estaba decidido a que la fuerza paramilitar que había creado se convirtiera en el núcleo de un ejército expansivo que él mandaría.

Posiblemente, Hitler no decidiera cómo resolver el problema hasta el último momento. Durante varios meses intentaría reconciliar ambos bandos. Poco después de llegar a Canciller, confirmó a los generales su intención de reforzar su posición y, el 20 de julio, fue anulada la supremacía de la jurisdicción civil sobre la militar. Durante la segunda mitad de 1933, Hitler intentaría tranquilizar al ejército con varios recursos. Por otra parte, Roehm entró a formar parte del gabinete, como jefe de personal de las SA que era y, en febrero de 1934, se concederían pensiones del Estado a los miembros del Partido lesionados en la «lucha nacional». Pero, cuando Roehm predicó la fusión de todas las fuerzas armadas, con él como ministro responsable del Estado, Hitler rehusó apoyarle contra la implacable oposición de los generales.

Hitler seguramente no ignoraba qué lado debería apoyar si se hiciera inevitable elegir, a medida que las relaciones entre los líderes SA y el alto mando empeoraran. El ejército era esencial para aumentar su poder; las SA tan sólo podrían socavarlo. A primeros de 1934, los líderes militares acordaron que Hitler sucediera a Hindenburg a cambio de la promesa del monopolio de la fuerza armada. No está claro si este pacto fue concluido en febrero en el Ministerio de la Guerra o negociado en el Deutschland durante unas maniobras; es obvio, sin embargo, que el pacto se cerró.

Nunca se sabrá con certeza lo que sucedió en los consejos de las SA, de los líderes nazis y de los generales, en los meses de abril, mayo y junio de 1934. Está fuera de dudas que las pruebas documentales fueron destruidas y que, indiscutiblemente, muchos de los protagonistas lo fueron también. La versión oficial dada por Hitler el 13 de julio, contaba que Roehm había hablado con Schleicher y que ambos acordaron llevar a cabo un putsch que haría Vice-Canciller a Schleicher y obligaría a Hitler a consumar la «Segunda Revolución». Se pretendió que Gregor Strasser y el general von Bredow estaban implicados y que se hicieron gestiones cerca del embajador francés en busca de ayuda. El putsch era inminente para el 30 de junio y sólo podría ser atajado con las drásticas medidas que se tomaron en aquel día. Es muy probable que esto fuera una apología de exageraciones, medias verdades y mentiras.

Germa La revolución naziPara principios de junio, Hitler posiblemente continuaría con su política conciliadora o intentaría arrullar a Roehm en el sentido de una falsa seguridad. Mantuvo una larga conversación con Roehm, de la que se sabe poco, acordando acudir a una conferencia de líderes SA para discutir el futuro del movimiento que tendría lugar en Wiessee, cerca de Munich, el 30 de junio. Se ordenó a las SA tomarse un permiso durante todo el mes de julio y el mismo Roehm partió en permiso por enfermedad el 7 de junio. Hasta mediados de mes, Goebbels celebró entrevistas furtivas con Roehm, de las que, al parecer, informó a Hitler, mientras éste haría seguramente un último esfuerzo por atraer de nuevo a Strasser a la vida política.

Entre tanto, los enemigos declarados de Roehm eran, indiscutiblemente, más decisivos. Goering, para entonces general de la Reicbswehr para su gran deleite, hacía bando con el ejército con la esperanza de convertirse en su supremo jefe, considerando por ello a Roehm como rival, mientras Himmler, resentido por la subordinación de las SS a las SA, y ambicioso por crear un imperio policial, estaba asimismo dispuesto a ir contra Roehm. En abril, Goering nombró inesperadamente a Himmler jefe de los efectivos de la Gestapo. El general von Reichenau, un gran simpatizante nazi y fuerza de choque dentro del Ministerio de la Guerra, se reunió varias veces con Himmler y no es arriesgado imaginar que planearan un golpe de gracia a la «Segunda Revolución».

Si Hitler dudaba todavía sobre si conceder a Himmler y Goering carta blanca, posiblemente los acontecimientos del 17-21 de junio le ayudaron a decidirse. Inesperadamente, Papen dio señales de vida pronunciando un discurso el 17 de junio en la Universidad de Marburg, que era una abierta crítica de la «Segunda Revolución» y del abuso de la propaganda nazi. El discurso fue redactado por Edgar Jung y Herbert von Bose, que trabajaban en la Vice-cancillería y Erich Klausener, que representaba al cristianismo y al elemento honrado del conservadurismo alemán. Aunque Goebbels destruyó apresuradamente las copias impresas del discurso, éste circuló ampliamente y Papen fue aclamado en su siguiente aparición en público. Las relaciones de Hitler con las derechas alemanas tradicionales se encontraban en una encrucijada y, el 21 de junio, cuando visitó a Hindenburg en Neudeck, Blomberg le informó que, a menos que fuera aflojada la actual tensión, el Presidente declararía la ley marcial y entregaría el poder al ejército. El futuro del régimen nazi estaba en entredicho.j850961a La revolución nazi

Entre tanto, circularon rumores de un putsch SA, sin que hubiera pruebas. Sepp Dietrich, jefe del cuerpo de guardia SS de Hitler, preparó una lista de personas a las que las SA intentaban fusilar. Que esto es cierto, parece evidente por el hecho de que los generales Fritsch y Beck, a quienes enseñó la lista, estaban encabezándola. Circunstanciales pruebas sugieren que los líderes SA distaban de intentar un putsch para el 30 de junio, la fecha presunta. Karl Ernst, el líder berlinés, inició aquel día su luna de miel y Roehm se encontraba en Baviera de vacaciones con su «círculo de jóvenes», en espera de la llegada del Führer a Wiessee.

Había ciertamente malestar en las SA, pero estaba ocasionado, en parte, por temor a que el ejército se lanzara contra ellos. Semejante sospecha no carecía de fundamento. En la última semana de junio se cancelaron todos los permisos del ejército, Roehm fue expulsado de la liga de oficiales y apareció un artículo, firmado por Blomberg, en la Volkischer Beobachter, presentando clara la oposición del ejército.

Es casi seguro que las SS maquinaron lanzar al ejército y las SA las unas contra el otro, en tanto que hacían sus preparativos para eliminar a sus enemigos. Hitler sabía seguramente lo que se preparaba, pero es ya cuestión de opinión saber si animó a Goering y a Himmler a la acción del 30 de junio o fueron éstos quienes le persuadieron. Varios generales sabían también lo que se fraguaba pero, con su equívoco código del honor, se limitaron a facilitar armas, transporte y barracones para los escuadrones asesinos de las SS. Para el 29 de junio, el período de gestación o indecisión de Hitler, fuera lo que fuese, terminó. Voló de las tierras del Rhin a Munich, donde llegó a las cuatro de la tarde. Una columna de coches se dirigió a Wiessee. Roehm y sus lugartenientes fueron arrancados de la cama y conducidos a la prisión de Stadelheim, donde los hombres de Dietrich sirvieron de pelotones de fusilamiento.

En Berlín, Goering y Himmler habían entrado en acción el 29 de junio y, durante la semana, continuarían las ejecuciones. Karl Ernst fue atrapado cerca de Bremen y otros líderes SA fueron ejecutados en la academia militar de Lichterfelde, donde estaba acuartelada la policía personal de Goering. Schleicher fue acribillado en su propia casa y Bredow en el umbral de la suya. Strasser fue ejecutado en la prisión y Bose, Junk y Klausener fueron fusilados, en sustitución de Papen, cuya amistad con Hindenburg le salvó incluso de Goering.

Aquella semana fueron liquidados una buena parte de los primeros componentes. Gustav von Kahr de 73 años y en retiro, fue encontrado en una zanja, hecho pedazos. El padre Bernhard Stempfle fue muerto «cuando intentaba escapar». Como única posibilidad imaginable, su crimen consistiría en saber demasiado acerca de la enigmática cuestión de los amores de Hitler con su sobrina, Geli Raubal, en los años veinte. En Munich, Willi Schmid, un crítico musical, fue asesinado, confundido con un miembro de las SA. Su viuda, a resultas de esto, recibió una pensión del Estado, con el consejo de Rudolf Hess, el lugarteniente del Führer, de llorar a su marido como a un mártir de una gran causa.

El 3 de julio, una declaración en el Voelkischer Beobachter redactada por Reichenau, dio, en esencia, la misma explicación de lo sucedido, que daría Hitler diez días más tarde. De este modo, el ejército falseaba la justificación de lo que había sucedido, incluyendo el asesinato de dos de sus miembros. Se ha argüido que los generales pagaron sus graves faltas en 1934, pero el cuerpo de oficiales sobrevivió, como no lo hubiera hecho si Roehm hubiera llegado al poder. Las SS, fuera cuales fuesen las aspiraciones de Himmler, nunca consiguieron lo que Roehm había intentado y no llegaron a infiltrarse en el Alto Mando. Se permitió un establecimiento militar SS, pero éste continuaría reducido y disperso hasta 1942. Sólo después, en la derrota, se encontró el Alto Mando coartado ante una expansión de las SS Wajjen y entonces era ya demasiado tarde para que las SS se convirtieran en un rival de consideración, que sólo ocurrió en cuestiones internas de administración y disciplina, mientras que los generales del ejército, por su parte, continuaron manteniendo el control de las divisiones SS en el campo de batalla. El error del ejército había consistido en aceptar a Hitler en primer lugar y sus humillaciones posteriores no obedecieron a la purga sangrienta de 1934, sino a acontecimientos que, por entonces, eran imprevisibles.

Himmler salió más poderoso de la purga Roehm. Era un paso importante en la obtención del control de los órganos de policía en Alemania por parte de las SS. Viktor Lutze, sucesor nominal de Roehm, se acomodó gustosamente a un papel subordinado y las SS comenzaron a establecerse como un Estado dentro del Estado.

El Führer había alcanzado el poder absoluto. El 3 de julio decretó que las medidas adoptadas para suprimir el putsch pasaban a ser ley para la defensa del Estado en caso de emergencia. De ahí en adelante, cualquier delito cometido por los nazis sería, ipso facto, legal. Nueve días más tarde, los funcionarios legales del Reich fueron informados de que, a partir de aquel momento, su ley sería la voluntad del Führer.

El 2 de agosto murió Hindenburg y el ejército cumplió su palabra. Hitler pasó a ser Presidente y todos los grados juraron: «Juro por Dios este santo juramento: otorgaré mi incondicional obediencia al Führer del Reich del pueblo alemán, Adolf Hitler, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y estaré dispuesto como un bravo soldado a entregar mi vida en cualquier momento por este juramento». Hitler había ya roto su promesa permitiendo la formación de una división armada SS, obediente a Himmler.

El 19 de agosto, el pueblo alemán fue invitado a aprobar mediante plebiscito la subida al poder de Hitler como Führer y Canciller del Reich. De los 45 millones y medio de votantes, el 95’7 % fueron a las urnas. 38 millones, o sea, el 89*9 % de los votos recogidos, dijeron «sí». Cuatro millones y medio dijeron «no» y 870.000 papeletas fueron invalidadas. Aunque no hay que olvidar estos cuatro millones y medio, la mayoría fue impresionante. La revolución nazi había recibido la confirmación popular.

 

Michael Thornton

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