En fechas recientes se ha publicado una entrevista con Brunhilde Pomsel, la que fuese secretaria de Joseph Goebbels, el Misnistro nazi de Información y Propaganda.
Uno de los extremos que más llama la atención de esta entrevista, y que más controversias ha suscitado, es la afirmación de la señoña Pomsel, ya centenaria, de que no se enteró del Holocausto judío hasta después de la guerra. Aunque en principio pueda parecer una muestra de cinismo, o de cerrar los ojos a lo evidente, creo sinceramente que la señora dice la verdad, y trataré de aportar las razones que para ello he escuchado a otros ancianos alemanes con los que me entrevisté en otros tiempos:
-Durante una guerra se escuchan todos los días centenares de rumores. En principio, no se puede creer la rumorología, sobre todo si atenta contra los intereses o la imagen del propio país, pues en ese caso podrían proceder del enemigo.
-Durante la guerra hubo millares, millones de deportados de todas las nacionalidades. Se sabía que a los franceses se les enviaba a trabajar a Polonia, y a los polacos y rusos a Francia. Los judíos desaparecían, sí, pero todo el mundo daba por hecho que se les enviaba a trabajar como esclavos a alguna parte. En la mentalidad alemana no cabe la idea de matar a gente que puede trabajar. Para ellos, que los prisioneros mueran de agotamiento, hambre o enfermedades es creíble, peor no lo era en modo alguno que se les ejecutara sin explotarlos al máximo.
-Algunos de los rumores que se escuchaban hablaban de trenes llenos de personas que se dirigían a sitios donde las mataban. Como en el caso anterior, los civiles alemanes no podían creerse que se hiciese viajar dos mil kilómetros a gente con el solo fin de matarla, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de transportes y de combustible. La gente de a pie sabía que había ejecuciones, por supuesto, pero en el sitio, y enterrados allí mismo, en cualquier cuneta(como hacíamos en España, sin ir más lejos), no llevándolos en trenes y a dos mil kilómetros de donde se les cogía. Eso no podía ser cierto, pues no encajaba en su mentalidad.
-Por último, padecemos a menudo la tentación de pensar que la población civil alemana conocía la masacre y que callaron por miedo, por colaboración con la matanza o por desinterés, cuando los hechos muestran un escenario muy distinto. Por una parte, los medios de comunicación del momento a los que tenía acceso la población civil alemana eran muy débiles y estaban completamente intervenidos por el Gobierno. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los medios de comunicación aliados tampoco hablaron del Holocausto hasta después de acabada la guerra. En ese sentido, llama la atención que si los alemanes ahorcaban a dos rehenes len Albania, la BBC se hacía eco. Si los alemanes fusilaban a tres campesinos en Sicilia, la BBC se hacía eco, y si los alemanes no fusilaban a a nadie, la BBC se lo inventaba, como es lógico dentro de la mecánica de la propaganda de guerra, pero nunca durante la guerra llegó a hablar la BBC de lo que ocurría en los campos de exterminio, cuando lo cierto es que cientos de miles de miembros de la resistencia podían haber pasado esa información a los aliados.
Durante toda la guerra no puede leerse en los periódicos británicos ni norteamericanos, ni tampoco en los rusos, ni una sola mención a lo que sucedía en lugares como Auschwitz, cuando después se supo que tenían centenares de fotografías aéreas de esos lugares y que su aviación fotografiaba hasta los más recónditos rincones de Alemania. Si los ingleses y los norteamericanos no lo supieron, y sus gobiernos estaban claramente interesados (se supone) en dar a conocer la barbarie del enemigo, ¿cómo podemos pensar que lo sabían los civiles alemanes?
Por lo visto, el asunto se llevó en el máximo secreto, e incluso algunos altos cargos del nazismo no llegaron a enterarse nunca, convencidos, como el resto de sus compatriotas, de que se esclavizaba a los judíos para que trabajasen y colaboraran al esfuerzo de guerra, pero sin poder pensar que se les matara sin exprimirlos antes al máximo.
Conocer la mentalidad de la gente es la base del secreto, como siempre.
