dic 09 2012

Entrevista a León Trotsky, 23 de agosto de 1939. Una visión de la URSS poco antes del inicio de la guerra

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trotsky1 Entrevista a León Trotsky, 23 de agosto de 1939. Una visión de la URSS poco antes del inicio de la guerra

Leon Trotsky

Señoras y señores, les doy la bienvenida a nuestra casa y les agradezco mucho su visita; trataré de responder lo mejor posible a las preguntas que me formulen. Mi inglés es todavía tan malo como lo era hace un año. Hace dos años le prometí a Mr. Herring mejorarlo, con la condición de que Washington me diera una visa para los Estados Unidos, pero parece que no les interesa mucho mi inglés.

Permítanme contestar sus preguntas sin ponerme de pie. Hay once o doce muy importantes. Abarcan casi toda la situación mundial. No es fácil responderlas con claridad porque se refieren a las actividades de los gobier­nos, y no creo que ellos mismos tengan muy claro qué quieren, especialmente en este momento de crisis mun­dial. El sistema capitalista está en una impasse. Por mi parte, no le veo ninguna salida normal, legal, pacífica. Sólo una tremenda explosión histórica puede dar esa salida. Hay dos tipos de explosiones históricas, las guerras y las revoluciones. Creo que habría tanto de unas como de otras. Los programas de los gobiernos actuales, tanto de los buenos como de los malos (si suponemos que también hay gobiernos buenos), los programas de los distintos partidos, los pacifistas y los reformistas, parecen ahora, por lo menos a quien los observa desde afuera, el juego de un niño que corretea por la pendiente de un volcán antes de una erupción. Este es el panorama gene­ral del mundo de hoy.

Ustedes inauguraron una Exposición Mundial[2]. Por la misma razón por la que mi inglés es tan malo puedo juzgarla sólo desde afuera, pero por lo que leí en los periódicos deduzco que se trata de una tremenda crea­ción humana que ubican en la perspectiva del “mundo del mañana”. Creo que esta caracterización es un poquito unilateral. Sólo desde un punto de vista técnico se puede considerar la Feria Mundial de ustedes “el mundo del mañana”. Porque si reflexionamos sobre el verdadero mundo del futuro tenemos que imaginarnos una centena de aviones militares sobrevolando la Feria Mundial con bombas, centenares de bombas; lo que quede después será el mundo del mañana. Por un lado esta grandiosa potencia creativa, por el otro este terrible atraso en el terreno que para nosotros es el más importante, el social; genio creador y, permítanme la palabra, idiotez social; éste es el mundo de hoy

Pregunta: ¿Cómo caracteriza usted la capacidad mili­tar de la Rusia soviética actual?

Respuesta: La potencia militar de la Rusia soviética, o mejor dicho la situación militar de la Rusia soviética, es contradictoria. Por una parte tenemos una población de ciento setenta millones de personas que despertaron con la revolución más grande de la historia, que cuentan con energías renovadas, con una poderosa dinámica, con una industria de guerra más o menos desarrollada. Por otra tenemos un régimen político que paraliza todas las fuer­zas de la nueva sociedad. No puedo prever cómo se equilibrarán estas fuerzas contradictorias. Creo que nadie puede hacerlo, porque hay factores morales que sólo los acontecimientos permitirán medir. De una cosa estoy seguro. el régimen político no sobrevivirá a la guerra. El régimen social, que es la propiedad nacionalizada de la producción, es mucho más poderoso que el régimen polí­tico de características despóticas. Las nuevas formas de propiedad revisten una tremenda importancia desde la perspectiva del progreso histórico. La vida interna de la Unión Soviética, igual que la de su ejército, está signada por las contradicciones entre el régimen político y las necesidades del desarrollo económico, cultural, etcétera, de la nueva sociedad. Toda contradicción social se expre­sa en su forma más extrema en el ejército, porque éste es el poder armado de la sociedad. A los representantes del poder político, o burocracia, los asusta la perspectiva de una guerra porque saben mejor que nosotros que no le sobrevivirán como régimen.

trotsky en mexico 300x215 Entrevista a León Trotsky, 23 de agosto de 1939. Una visión de la URSS poco antes del inicio de la guerra

Trotsky en México

P: ¿Cuál fue la razón real de la ejecución de Tujachevs­ki y los generales?[3]

R: Esta pregunta se relaciona con la primera. La socie­dad nueva tiene sus métodos de cristalización social, la selección de hombres distintos para funciones diferentes. Cuentan con un grupo nuevo para la economía, otro para el ejército y la armada, otro para el poder [administración]; son todos muy diferentes entre sí. La burocracia llegó a ser, durante los últimos diez años, un freno tremendo para la sociedad soviética. Es una casta parasi­taria interesada en su poder, en sus privilegios y sus emolumentos, y hoy subordina todo a sus intereses mate­riales de sector. Por otra parte, las funciones creativas de la sociedad, lo económico, lo cultural, lo militar (que también constituye, en determinado aspecto, una función creativa) cuentan con su grupo selecto de individuos, inventores, administradores, etcétera. En cada rama, en cada sector de la vida social, vemos que estos grupos trabajan unos en contra de los otros.

El ejército necesita hombres capaces, honestos, como los economistas y los científicos, hombres independientes con mentalidad abierta. Todo hombre o mujer de menta­lidad independiente entra en conflicto con la burocracia, y ésta tiene que decapitar a un sector a expensas de otro con el objetivo de preservarse a sí misma. Esta es la explicación histórica obvia de los dramáticos juicios de Moscú,[4] de las famosas pruebas prefabricadas, etcétera. La prensa norteamericana está más interesada, por su parte, en los hechos [es decir, está más interesada en determinados aspectos de los cuales puede dar cuenta], pero nosotros podemos explicarlos objetiva, científica, socialmente. Fue un choque entre dos grupos, entre dis­tintos sectores de la sociedad. Un buen general como Tujachevski necesita auxiliares independientes, otros ge­nerales que lo rodeen, y aprecia a cada hombre de acuerdo con su valor intrínseco. La burocracia necesita gente dócil, bizantina, servil, y estos dos tipos de perso­nas entran en conflicto en todos los países. Dado que la burocracia es dueña de todo el poder, son las cabezas del ejército las que caen y no las suyas.

P: ¿Cómo explica usted la destitución de Litvinov co­mo ministro de relaciones exteriores?[5]

R: En líneas generales se explica por las mismas consi­deraciones que expresé hace unos minutos. Personalmente, Litvinov era un hombre capaz, es un hombre capaz. No es una personalidad política independiente; nunca lo fue. Pero es inteligente; habla varios idiomas; visitó muchos países; conoce muy bien Europa. Debido a sus viajes, a su conocimiento de distintos países, pone en dificultades embarazosas al Politburó que está formado a hechura de Stalin.[6] En la burocracia nadie habla idiomas extranjeros, nadie vivió en Europa y nadie sabe nada de política exterior. Cuando Litvinov presentó sus opiniones al Politburó se sintieron un poquito irritados. Esta es una razón más para su destitución, pero creo que fue también una señal del Kremlin a Hitler de que están dispuestos a cambiar su política,[7] a concretar el objetivo, el propósi­to que les planteó a ustedes y a Hitler hace unos años; porque el objetivo de Stalin en política internacional es el acuerdo con Hitler.

Krivitski publicó un articulo muy interesante en el Saturday Evening Post[8] Observa estos procedimientos desde un punto de vista personal. Estuvo en el servicio de espionaje militar y Moscú le encargó misiones muy delicadas. Lo que dice es muy interesante como confir­mación de un planteo general que nosotros hicimos muchas veces antes de esta revelación. La burocracia de Moscú no desea la guerra. La teme porque no le sobrevi­virá. Quiere la paz a cualquier precio. Ahora la Unión Soviética se ve amenazada por Alemania y sus aliados, Italia y Japón. Un acuerdo con Hitler significaría que no habrá guerra. La alianza con Chamberlain significaría ayuda militar durante la guerra,[9] pero nada más, porque las esperanzas de que una alianza entre Inglaterra, Fran­cia y la Unión Soviética pueda evitar la guerra son infantiles. Recuerden que Europa, antes de la Gran Gue­rra, estaba dividida en dos campos, y eso fue lo que la hizo estallar. Luego Woodrow Wilson propuso la creación de la Liga de las Naciones, con el argumento de que sólo la seguridad colectiva puede impedir las gue­rras.[10] Ahora, luego del colapso de la Liga de las Nacio­nes, se comienza a hablar de que la división de Europa en dos campos, que sería la consecuencia de una alianza entre Inglaterra, Francia y la Unión Soviética, evitaría la guerra. Es infantil. Puede servir únicamente para ayudarse durante la guerra. Es una repetición, en una nueva escala histórica, de la experiencia de hace veinticinco anos. Si la guerra es inevitable es mejor tener aliados, pero lo que desea el Kremlim es evitar la guerra. Y para ello necesita del acuerdo con Hitler. A esto se encamina toda la política del Kremiin. Stalin le informa a Hitler que si no conclu­ye un acuerdo con él se verá obligado a concluirlo con In­glaterra.

P: ¿Qué fuerza tiene el bloque para detener a Hitler? ¿Se orientará la Rusia soviética hacia una alianza con Inglaterra y Francia? ¿O considera usted probable que el acuerdo lo haga con Hitler?

R: No depende sólo de Stalin sino también de Hitler. Stalin declaró que está dispuesto a concluir un acuerdo con Hitler. Hitler hasta ahora rechazó su propuesta. Tal vez la acepte. Hitler desea que Alemania domine el mun­do. Sus formulaciones racionales son nada más que una máscara, como lo es la democracia para los imperios francés, británico y norteamericano. El verdadero interés de Gran Bretaña está en la India; el de Alemania, en apoderarse de la India; el de Francia, en no perder sus colonias; el de Italia, en hacerse de colonias nuevas. En las colonias no hay democracia. Si Inglaterra, por ejem­plo, luchara por la democracia, lo primero que podría hacer es dársela a la India. El muy democrático pueblo inglés no les concede la democracia porque sólo puede explotar a la India utilizando métodos dictatoriales. Ale­mania desea aplastar a Francia y Gran Bretaña. Moscú está absolutamente dispuesto a dejarle vía libre a Hitler, porque sabe muy bien que si éste se dedica durante varios años a destruir aquellos países, Rusia no estará expuesta a los ataques alemanes. Estoy seguro de que proveerán a Alemania de materias primas durante la guerra con la condición de que Rusia no se vea involucrada. Stalin no desea una alianza militar con Hitler sino un acuerdo que le permita permanecer neutral durante la guerra. Pero Hitler teme que la Unión Soviética pueda volverse lo suficientemente poderosa como para conquistar, de una u otra manera, mientras Alemania esté sumergida en una guerra mundial, Rumania, Polonia y los estados bálticos. Entonces las fronteras alemanas se verían directamente amenazadas. Por eso Hitler quería librar una guerra pre­ventiva contra la Unión Soviética, aplastarla y luego co­menzar su guerra por la dominación del mundo. Los alemanes vacilan entre estas dos posibilidades, entre estas dos variantes. No puedo pronosticar cuál será la decisión final. No estoy seguro de si el mismo Hitler lo sabe ya. Stalin no lo sabe porque duda y continúa discutiendo con Gran Bretaña, y al mismo tiempo concluye acuerdos económicos y comerciales con Alemania. Tiene, como dicen los alemanes, dos ollas puestas al fuego.Trotsky y Frida Kahlo 300x211 Entrevista a León Trotsky, 23 de agosto de 1939. Una visión de la URSS poco antes del inicio de la guerra

P: ¿Qué propósitos cree usted que oculta el gobierno de Chamberlain?

R: Creo que los factores que lo mueven son el pánico y la confusión. No es una característica individual de Mr. Chamberlain. No creo que sea más tonto que cualquier otra persona, pero la situación de Gran Bretaña es muy difícil, igual que la de Francia. Inglaterra fue una poten­cia mundial rectora en el pasado – en el siglo XIX -, aunque ya no lo es. Pero cuenta con el mayor Imperio del mundo. Francia, con su población estancada y su estructura económica más o menos atrasada, posee un imperio colonial de segunda clase. Esta es la situación, que hace muy difícil que a un primer ministro inglés se le puedan ocurrir soluciones. Sólo la vieja fórmula de “esperar y ver”. Esto servía cuando Inglaterra era la potencia más fuerte del mundo y tenía suficiente poder como para alcanzar sus objetivos. Pero no ahora. La guerra aplastará y destruirá los imperios británico v fran­cés. No pueden ganar nada con la guerra, sólo pueden perder. Por eso Mr. Chamberlain fue tan amable con Hitler durante el periodo de Munich[11]. Creía que el problema estaba en Europa central y el Danubio, pero ahora comprende que se trata del dominio del mundo. Gran Bretaña y Francia no están en condiciones de eludir la guerra, pero hacen todo lo posible, a un ritmo febril, para lograrlo, amenazadas por la situación que creó el rearme de Alemania. Esa guerra es inevitable.

P: ¿Cómo analiza usted los movimientos de Fran­cia? ¿Es el nacionalismo francés lo suficientemente fuerte como para estorbar la unidad de los intereses capitalistas entre Francia y Alemania?

R: Creo que al comienzo de la guerra todos los go­biernos capitalistas tendrán tras de sí a la inmensa mayoría del pueblo. Pero al final de la guerra ni uno de los gobiernos actuales contará con el apoyo de su pueblo. Por eso temen tanto esta guerra, de la que no pueden escapar.

P: ¿ Todavía cree usted imposible la revolución socialista en un solo país, sin participación mundial?

R: Creo que hay un malentendido en la formulación de esta pregunta. Yo nunca afirmé que es imposible la revolución socialista en un solo país. En la Unión Soviéti­ca hicimos una revolución socialista. Yo participé en ella. La revolución socialista implica la toma del poder por una clase revolucionaria, el proletariado. Por supuesto que no se puede realizar simultáneamente en todos los países. Cada país, de acuerdo a sus condiciones, tiene su momento histórico. La revolución socialista no sólo es posible sino inevitable en cada país. Lo que yo afirmo es que es imposible construir una sociedad socialista en el marco del mundo capitalista. Es un problema diferente, absolutamente diferente.[12]

trotsky2 Entrevista a León Trotsky, 23 de agosto de 1939. Una visión de la URSS poco antes del inicio de la guerraP: ¿Acaso el gran progreso económico de la Unión Soviética en los últimos cinco años no demuestra la viabilidad de la construcción de un estado socialista en un mundo capitalista?

R: Prefiero interpretar su pregunta como referida a “la construcción de una sociedad socialista”, no de un estado socialista, ya que la toma del poder por el proleta­riado significa la creación del estado socialista. El estado socialista es sólo una herramienta para la creación de la sociedad socialista, ya que ésta implica la abolición del estado por considerarlo un instrumento propio de la barbarie. Todo estado es una supervivencia de la barbarie. La pregunta en realidad significa si el progreso económi­co de los últimos cinco años no demuestra la posibilidad de construir una sociedad socialista en un mundo capita­lista.

Según mi opinión, no; no lo veo así, porque el progre­so económico no es lo mismo que el socialismo. Nortea­mérica, Estados Unidos, logró a lo largo de su historia un progreso económico grandioso sobre fundamentos capita­listas. El socialismo significa la igualdad progresiva y la abolición progresiva del estado. El estado es un instru­mento de sumisión. La igualdad implica la abolición del estado. Durante esos cinco años, en la Unión Soviética, junto con el indiscutible progreso económico, creció terri­blemente la desigualdad y hubo un tremendo reforza­miento del estado. ¿Qué significan los juicios de Moscú desde la perspectiva de la desigualdad y la abolición   del estado? Dudo que quede una sola persona que crea que hubo justicia en ellos. En Moscú durante los últimos años se purgó a cien mil personas, se exterminó a la Vieja Guardia del Partido Bolchevique,[13] a generales, a los mejores oficiales, los mejores diplomáticos, etcétera. No se abolió el estado. Existe, ¿y qué es ese estado? Es el sometimiento del pueblo a su maquinaria, al nuevo po­der, a la nueva casta, al nuevo dirigente; la burocracia es ahora una casta privilegiada. No es el socialismo y esta casta no se está debilitando. Se niega a morir. Prefiere matar a los demás. Incluso a los mejores elementos del ejército, el instrumento de su propia defensa.

No digo que se deba establecer inmediatamente una igualdad absoluta. Eso no es posible. Pero la tendencia ge­neral tendría que ser de la vil desigualdad burguesa hacia la igualdad; sin embargo, la tendencia actual es absolutamen­te opuesta. Si se hicieran estadísticas se comprobaría que los estratos superiores de la sociedad soviética viven como la alta burguesía de Estados Unidos y Europa, la clase me­dia como la burguesía mediana y los obreros peor que los de un país grande como Estados Unidos. La revolución significó para Rusia un progreso económico. Sí, es ab­solutamente indiscutible. Pero eso no es socialismo. Está muy lejos de serlo. Se aparta cada vez más del so­cialismo.

P: ¿Cómo analiza usted la situación de Japón? ¿Hará la guerra a Gran Bretaña para salvar las apariencias?

R: No creo que Japón pueda sorprender a Gran Breta­ña declarándole la guerra, pero Gran Bretaña no puede eludir la guerra. Y cuando estalle, Japón, por supuesto, utilizará en su beneficio la situación europea. Gran Breta­ña se enfrentará con Japón. No se trata de salvar las apariencias sino muchas vidas.

P. ¿Si Alemania se apodera de Danzig,[14] qué hará Chamberlain?

R: Si Alemania se apodera de Danzig el mes próximo, será la señal de que desea la guerra, ya que conoce la situación. Si Alemania desea la guerra, habrá guerra. Si Alemania se siente lo suficientemente fuerte para ello, provocará la guerra, y Chamberlain tendrá que entrar.

 

P: ¿Cuál opina usted que es el curso más probable de los acontecimientos en España?

R: Creo que el problema español es sólo una pequeña parte del europeo. Hasta la derrota fue un gran proble­ma. Si los republicanos burgueses, con sus aliados socialistas, con sus aliados comunistas o con sus aliados anar­quistas no hubieran logrado liquidar la revolución españo­la (pues no fue el triunfo de Franco, fue la derrota del Frente Popular),[15] se habría podido tener esperanza de que el proletariado español provocara un gran movi­miento revolucionario en Francia. Lo vimos comenzar en junio de 1936 con las huelgas de brazos caídos. Entonces Europa podría evitarse la guerra. Pero Moscú logró matar la revolución española y ayudar a la vic­toria de Franco. Ello implica que ahora España deja de ser un factor independiente. Por supuesto, la pren­sa socialista de Mr. Norman Thomas y la de Mr. Browder,[16] todavía menos inteligente que aquélla, señalan que Franco no dominará España, que caerá. Pasó casi lo mismo cuando triunfó Hitler en junio de 1933.[17] En ese entonces, igual que ahora, yo opinaba lo contrario. La fuerza de Franco no está en el mismo Franco sino en la bancarrota total de la Segunda Internacional y de la Tercera, en la dirección de la revolución española.[18]

Para los obreros y campesinos de España la derrota no constituye sólo un accidente militar sino una tremenda tragedia histórica. Es el desmoronamiento de sus organizaciones, de sus ideales históricos, de su felicidad, de todas las esperanzas que cultivaron durante décadas, du­rante siglos. ¿Puede imaginarse un ser humano  que razona mínimamente que esta clase, en uno, dos o tres años puede crearse nuevas organizaciones, un nuevo espíritu militante y derrotar de esta forma a Franco? No lo creo. España está ahora, más que cualquier [otro] país, muy lejos de la revolución. Por supuesto, si comienza la guerra, y estoy seguro de que así será, el ritmo del movimiento revolucionario se acelerará en todos los países. Ya hicimos la experiencia de la última guerra mundial. Ahora todas las naciones son más pobres. Los medios de destrucción son incomparablemente más efec­tivos. La vieja generación lleva en su sangre aquella expe­riencia. La nueva aprenderá de su propia experiencia y de la generación anterior. Estoy seguro de que la nueva guerra traerá como consecuencia la revolución; en este caso, España participará de la revolución, pero no por iniciativa propia sino a cuenta de los demás.

trotsky3 300x243 Entrevista a León Trotsky, 23 de agosto de 1939. Una visión de la URSS poco antes del inicio de la guerraP: ¿Qué aconsejaría usted a Estados Unidos en cuanto a su orientación en los asuntos internacionales?

R: Tengo que aclarar que no me siento competente para aconsejar al gobierno de Washington, por la misma razón política por la que el gobierno de Washington no considera necesario otorgarme una visa. Nuestra ubica­ción social es distinta que la del gobierno de Washington. Yo podría aconsejar a un gobierno que se planteara los mismos objetivos que el mío, no a un gobierno capitalis­ta, y el gobierno de Estados Unidos, a pesar del New Deal,[19] es en mi opinión un gobierno capitalista e impe­rialista. Lo único que puedo decir es qué haría un gobier­no revolucionario, un gobierno obrero genuino en Estados Unidos.

Creo que lo primero sería expropiar a las Sesenta Familias.[20]  Se trataría de una medida muy buena, tanto desde la perspectiva nacional como desde la mundial; sería un ejemplo muy bueno para las demás naciones. Nacionalizar los bancos; dar trabajo, adoptando medidas sociales radicales, a los diez o doce millones de desocupa­dos; prestar ayuda material a los campesinos para facilitar el libre cultivo. Creo que ello significaría un aumento de la renta nacional de Estados Unidos de sesenta y siete mil millones de dólares a doscientos o trescientos mil millones por año. Y eso en lo inmediato, porque para el futuro es imposible prever el tremendo avance de la potencia material de esta poderosa nación. Por supuesto, esa nación se transformaría en el verdadero dictador del mundo, pero un dictador muy bueno. Estoy seguro de que los países fascistas de Hitler y Mussolini,[21] y sus pobres y miserables pueblos, desaparecerían, en última instancia, de la escena histórica si esa potencia económica que es Estados Unidos encontrara el poder político que reorganice su actual estructura económica, muy enferma por cierto.

No veo ninguna otra salida, ninguna otra solución. Hemos sido testigos, durante los últimos seis o siete años, de la política del New Deal. Despertó grandes expectati­vas. Yo no las compartía. Hace dos años me visitaron. aquí en México, algunos senadores conservadores; me preguntaron si todavía estábamos a favor de las medidas revolucionarias radicales. Les contesté que no veía otras posibles, pero que si el New Deal tenía éxito estaba dispuesto a abandonar mi concepción revolucionaria en favor de la del New Deal. No tuvo éxito; y me atrevo a afirmar que si se elige a Mr. Roosevelt para un tercer gobierno el New Deal también fallará en este nuevo periodo.[22] Pero este poderoso cuerpo económico de Estados Unidos, el más poderoso del mundo, está en des­composición. Nadie indicó cómo detener este proceso. Hay que implantar toda una estructura nueva, lo que no puede hacerse mientras estén las Sesenta Familias. Por eso comencé con el consejo de expropiarías.

Hace dos años, cuando vuestro Congreso votó las leyes de neutralidad,[23] discutiendo con algunos políticos nor­teamericanos les expresé mi asombro de que la nación más poderosa del mundo, con tal fuerza creadora y genio tecnológico, no comprendiera la situación mundial, que quisiera separarse del mundo con la pantalla de papel de las leyes de neutralidad. Si el capitalismo norteamericano sobrevive, y lo hará durante un tiempo, Estados Unidos se transformará en el imperialismo y el militarismo más poderoso del mundo. Ya estamos presenciando los co­mienzos. Por supuesto, este armamentismo crea, de he­cho, una situación nueva. El armamento constituye tam­bién una empresa. Detenerlo ahora, cuando no hay gue­rra, implicaría la mayor crisis social del mundo, diez millones de desocupados. La crisis sería suficiente para provocar una revolución, y el temor a esta revolución constituye también un argumento para continuar con el armamento, que se transforma así en un factor histórico independiente. Utilizarlo se vuelve una necesidad. La cla­se gobernante de ustedes tenía la consigna “Puertas abiertas a China”; eso lo único que significa es pasarles barcos de guerra para preservar, con una tremenda flota, la liber­tad del Océano Pacífico. No veo otra forma de [¿derro­tar?] al Japón capitalista. ¿Quién puede hacerlo si no la nación más poderosa del mundo? Estados Unidos dirá que no quiere una paz alemana. Japón está apoyado por las armas alemanas. Nosotros no queremos una paz ale­mana; impondremos nuestra paz norteamericana porque somos mas fuertes. Esto significa una explosión del mili­tarismo y el imperialismo norteamericanos.

Este es el dilema, socialismo o imperialismo. La demo­cracia no responde a este problema. Este es el consejo que yo le daría al gobierno norteamericano.

Trotsky4 300x187 Entrevista a León Trotsky, 23 de agosto de 1939. Una visión de la URSS poco antes del inicio de la guerra

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[1] “En vísperas de la segunda guerra mundial”. Intercontinental Press, 8 de setiembre de 1969. Esta entrevista en Coyoacán, México, fue concedida por Trotsky al Comité de Relaciones Culturales para América Latina, un grupo encabezado por el profesor Hubert Herring, autor de Una historia de América Latina. Trotsky hablo en inglés y la entrevista fue estenografiada por uno de sus secretarios, que después hizo una transcripción sin corregir presentada al grupo. Para este volumen se han hecho, obviamente, unas pocas correcciones estilísticas en el texto. En el momento de esta entrevista, 23 de julio de 1939, Europa se hallaba al borde de la segunda guerra mundial. En marzo las fuerzas fascistas de Franco habían derrotado a las fuerzas republicanas en la guerra civil española y, al mismo tiempo, Hitler había ocupado Checoslovaquia. A través de toda la primavera y el verano, diplomáticos británicos y franceses mantuvieron intensas negociaciones con Moscú; entre bambalinas, Moscú negociaba al mismo tiempo con los alemanes. Un mes después de esta entrevista Stalin firmaría un pacto de “no agre­sión” con Hitler que precipitó la invasión y partición de Polonia y el estallido de la guerra.

[2] La ciudad de Nueva York fue la sede de la Feria mundial de 1939.

[3] Mijail Tujachevski (1893-1937):  un  destacado  comandante militar en la guerra civil rusa, fue nombrado mariscal de la URSS en 1933. Por órdenes de Stalin, él y otros varios notables generales del Ejército Rojo fueron acusados de traición en mayo de 1937 y ejecutados. Sus ejecuciones iniciaron una purga que afectó a veinti­cinco mil oficiales y decapitó al Ejército Rojo en vísperas de la guerra. Después de la muerte de Stalin, Tujachevski y muchos otros generales fueron rehabilitados.

[4] De 1936 a 1938 Stalin condujo tres grandes espectáculos ju­diciales de confesión en Moscú acusando a la mayoría de los dirigentes de la Revolución Rusa de complotar para restaurar el capitalismo. Les principales inculpados en los juicios fueron Trots­ky, en ausencia y su hijo León Sedov. Por medio de estos jui­cios, Stalin consolidó su dominio personal sobre la Unión Soviética.

[5] Maxim Litvinov (1876-1951): un viejo bolchevique; fue comisario del pueblo para asuntos exteriores en 1930-1939, emba­jador en Estados Unidos de 1941 a 1943 y comisionado para asuntos exteriores de 1943 a 1946. Stalin lo utilizó para personifi­car la “seguridad colectiva” cuando buscó alianzas con los imperialistas democráticos y lo hizo a un lado durante el periodo del pacto Stalin-Hitler y la guerra fría.

[6] El buró político fue el organismo dirigente del Partido Comunista ruso, aunque aparentemente estaba subordinado al co­mité central. El primer buró político elegido en 1919 estaba compuesto por Kamenev, Krestinski, Lenin, Stalin y Trotsky. En 1939 sus miembros eran Andreiev, Kaganovich, Kalinin, Jruschov, Mikoian, Molotov, Stalin y Zdanov. Stalin (1879-1953) se hizo socialdemócrata en 1898, se unió a la fracción bolchevique en 1904, fue co-optado a su comité central en 1912 y elegido para el mismo por primera vez en 1917. En 1917 favoreció una actitud conciliatoria hacia el gobierno provisional antes de que regresara Lenin y reorientara a los bolcheviques hacia la toma del poder. Fue electo comisario de las nacionalidades en el primer gobierno soviético, y secretario  general del Partido Comunista (Bolchevique) en 1922. Lenin instó en 1923 a que se lo removiera de su cargo de secretario general porque lo estaba utilizando para burocratizar el partido y los aparatos estatales. Después de la muerte de Lenin en 1924, Stalin eliminó gradualmente a sus principales adversarios, comenzando con Trotsky, hasta que se convirtió en virtual dicta­dor del partido y la Unión Soviética en la década del 30. Los conceptos fundamentales que se asocian a su nombre son “socialis­mo en un solo país”, “social-fascismo” y “coexistencia pacífica”.

[7] Adolph Hitler (1889-1945): fue nombrado canciller de Alemania en enero de 1933 y, a la cabeza del Partido Nacional Socialista (Nazi), condujo a Alemania a la segunda guerra mundial.

[8] Walter Krivitski (1889-1941): fue jefe de la inteligencia militar soviética en Europa occidental. En 1937, mientras estaba en París, desertó y reveló numerosos secretos de la inteligencia soviética. Fue autor de En el servicio secreto de Stalin (1939). Murió en cir­cunstancias misteriosas seis meses después del asesinato de Trotsky.

[9] Nevile Chamberlain (1869-1940): fue primer ministro conser­vador de Gran Bretaña desde 1937 hasta mayo de 1940, cuando renunció después de negarle el parlamento un voto de confianza por la continuación de la guerra.

[10] Woodrow Wilson (1856-1924): fue presidente demócrata de Estados Unidos de 1913 a 1921, incluyendo el periodo de la primera guerra mundial. Aunque fue el inspirador de la Liga de las Naciones, no pudo hacer ratificar su existencia por el Senado de Estados Unidos. La Liga de las Naciones, a la que Lenin llamó “la cueva de los ladrones”, fue creada por la Conferencia de Paz de Versalles de 1919, aparentemente como una forma de gobierno v cooperación mundial que impidiera futuras guerras. Su artículo 16 otorgaba poderes de seguridad colectiva que, por lo menos en el papel, planteaba a sus estados miembros la obligación de pedir sanciones contra  actos de agresión de otros estados. Su total impotencia se manifestó claramente cuando no pudo hacer nada ante la invasión japonesa a China, la invasión italiana a Etiopía y otros eslabones en la cadena que condujo a la segunda guerra mundial.

[11] En Munich, en setiembre de 1938, el primer ministro británico Chamberlain y el premier francés Daladier firmaron un pacto con Hitler y Mussolini, dando su consentimiento al plan de Hitler de invadir y conquistar Checoslovaquia.

[12] “Socialismo en un solo país” fue la teoría de Stalin, introduci­da en el movimiento marxista por primera vez en 1924, que plantea que una sociedad socialista puede realizarse dentro de las fronteras de un solo país. Luego, cuando se la incorporó al programa y a la táctica de la Comintern, se convirtió en la excusa ideológica para el abandono del internacionalismo revolucionario y se la utilizó para justificar la conversión de los partidos comunistas de todo el mundo en dóciles peones de ajedrez de la política exterior del Kremlin. Una amplia crítica de esta teoría puede encontrarse en el libro de Trotsky La Tercera Internacional después de Lenin.

[13] El Partido Bolchevique fue la tendencia mayoritaria del Partido Obrero Social Demócrata Ruso, a partir del segundo congreso de 1903. Condujo a los soviets al poder en 1917. Los bolcheviques creían que los obreros debían unirse con los campesi­nos pobres, tomando la iniciativa en la lucha contra la burguesía. Los viejos bolcheviques fueron los que se unieron al partido antes de 1917, es decir, los miembros de la “vieja guardia” del partido.

[14] Alemania solicitó la devolución de la ciudad polaca de Gdansk (Danzig) a su territorio, y una franja de tierra a través del  corredor polaco para conectarse con la Prusia Oriental. Este fue el pretexto para la invasión de Polonia.

[15] El Frente del Pueblo (o frente popular) fue una coalición gubernamental de los partidos socialista y comunista con los partidos burgueses en torno a un programa de capitalismo liberal Los stalinistas apoyaron esta política con el fin de impedir la transfor­mación socialista de España, ya que por entonces Stalin estaba ansioso por demostrar su lealtad a las democracias burguesas de manera que las mismas lo incluyeran en sus pactos diplomáticos y militaras. El frente popular permitió a la burguesía española per­manecer en el poder durante la crisis de la revolución y la guerra civil (1936-1939), y aseguró la victoria de las tropas fascistas del general Francisco Franco (1892-1975), que organizó el ejército del Marruecos español y, con la ayuda militar de la Alemania nazi e Italia, derribó al gobierno de la República española.

[16] Norman Thomas (1884-1968): fue dirigente del Partido Socialista de Estados Unidos y seis veces su candidato a la presi­dencia después de Debs. Earl Browder (1891-1973): llegó a ser secretario del Partido Comunista de Estados Unidos por directivas de Stalin en 1930, y fue depuesto por las mismas razones en 1945 y expulsado del partido en 1946. Después del pacto Stalin-Hitler en 1939, el PC se pasó súbitamente a una línea “antibélica”; Roosevelt mostró su disgusto procesando y castigando a Browder por falsificación de pasaporte. Cuando el PC cambió de línea nuevamente en 1941, después de que Hitler invadió la Unión Soviética, Browder fue dejado en libertad.

[17] Hitler llegó al poder en enero de 1933 a la cabeza de una coalición de ultraderecha. Recién en marzo el Reichstag le otorgó un poder dictatorial total. La referencia de Trotsky a junio de 1933 es probablemente un lapsus o un error de imprenta.

[18] La Segunda Internacional fue organizada en 1889 como asociación libre de partidos obreros y socialdemócratas, que unían tanto a elementos reformistas como revolucionarios; su sección más fuerte y autorizada fue la socialdemocracia alemana. Su papel progresivo terminó en 1914, cuando sus secciones principales violaron los más elementales principios socialistas y apoyaron a sus gobiernos imperialistas en la primera guerra mundial. Se desintegró durante la guerra pero fue resucitada en 1923 como organización completamente reformista. La Tercera Internacional (o internacional Comunista, o Comintern), se organizó bajo la dirección de Lenin como sucesora revolucionaria de la Segunda Internacional. Trotsky consideró las tesis de los primeros cuatro congresos de la Interna­cional la piedra angular de la Oposición de Izquierda y de la Cuarta Internacional. El séptimo congreso mundial de la Comin­tern, en 1935, fue el último que se realizó. Stalin la disolvió en 1943 como un gesto de buena voluntad hacia los aliados imperia­listas.

[19] El New Deal fue el programa de reformas adoptado durante la Gran Depresión por el presidente Roosevelt como un intento de librarse de la militancia obrera mediante concesiones y aliviar las peores condiciones de la depresión.

[20] La expresión Sesenta Familias está tomada del libro de Ferdinand Lundber. Las sesenta familias de Estados Unidos (Van­guard Press, 1937). El libro, que causó sensación cuando apareció, documentó la existencia de una oligarquía económica en Estados Unidos encabezada por sesenta familias de inmensa riqueza. El autor actualizó su trabajo en 1968 en El rico y el super-rico.

[21] Benito Mussolini (1883-1945): fue el dictador fascista de Italia desde 1922 hasta que cayó en 1943; gobernó entonces sobre una parte de Italia hasta que lo fusilaron los guerrilleros.

[22] Franklin D. Roosevelt (1882-1945): fue presidente demócrata de Estados Unidos desde 1933 hasta su muerte. Fue electo para su tercer periodo presidencial en noviembre de 1940.

[23] Acta de Neutralidad:  aprobada por el Congreso de Estados Unidos en 1935, aplicando un embargo de armas obligatorio a ambos bandos en caso de una guerra europea. El Congreso aprobó un acta similar dos años después. El embargo de armas fue levantado por el Congreso recién en noviembre de 1939; en ese momento fue reemplazado por el sistema “cash and carry” (pague y lleve), que les permitió a los aliados comprar elementos bélicos. En diciembre de 1940 los británicos no pudieron pagar más los suministros de guerra, por lo que entró en vigencia el sistema “lend-lea­se” (préstamo y arriendo), comprometiendo los recursos económi­cos de Estados Unidos para la derrota de Alemania.

 

Fuente original:

http://www.ceip.org.ar/escritos/Libro6/html/TXIV103.htm

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oct 24 2012

¿Por qué invadieron Rusia los nazis?

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 21:41
rompehielos0 284x300 ¿Por qué invadieron Rusia los nazis?

Situación

Aunque ya publicamos hace tiempo un articulo sobre la “operación Tormenta” regresamos ahora a ese tema con un texto ajeno que posiblemente resulte interesante:

 

Se ha dicho y recalcado incontable número de veces que atacar en el Este, según el plan Barbarroja, fue el gran error de Hitler. Pues bien, él nunca hubiera atacado a la URSS de haber podido creer en algún momento en la buena fe de Stalin. Hitler sabía lo que se cocía en su despacho del Kremlin, en los campamentos soviéticos, en las escuelas de adiestramiento, en los pueblos rusos… una guerra de exterminio, una guerra contra Europa, pero sobre todo para acabar con la Alemania nacionalsocialista. Stalin dispondría de todo el material en octubre de 1941. Como ya he podido demostrar, todos los planes para invadir Alemania estaban preparados en junio de aquel mismo año.

Desde 1936, la URSS se convertía en un gigantesco almacén de armas. El presupuesto de guerra, que era de 6.000 millones de rublos en 1935, al año siguiente fue de 27.000 millones, a 40.000 en 1939 y a 57.000 en 1940. Tampoco olvidemos que Stalin recibía ayudas militares de Estados Unidos desde febrero de 1941.

Pocos suelen recordar que las exigencias de Stalin aumentaban de día en día. En agosto de 1940, Estonia, Letonia y Lituania, las tres extremadamente anticomunistas, habían sido anexionadas sin más, pura y llanamente a la URSS. ¿Quién condenó esta acción? Alemania no pudo hacer más que apretar los puños, mientras aquellos estados eran inundados por la marea roja, además quiero insistir en que Lituania formaba parte de la esfera de influencia germana y dichas esferas fueron acordadas nada más y nada menos que en el pacto germano – soviético. A finales de octubre de 1940, la URSS se quitó la máscara e impuso su voluntad en la Conferencia Danubiana de Bucarest; esta vez los británicos sí protestaron, pero a Stalin, le entraba por un oído y por el otro le salía. En apenas veinticuatro horas, Stalin le arrancó a Rumania la región de la Besarabia. Se dispuso a atacar Finlandia, pues según le dijo a Hitler amenazaba a Rusia. Es sorprendente oír algo así. Pero además pretendía tener las manos libres, según había hecho saber al Führer, en Rumania, Bulgaria y los Balcanes. Como podrán imaginar, Hitler se negó, pues aceptando esta proposición, Europa y Alemania quedaban a merced de la URSS. Creo recordar, que por motivos menos serios, Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania. ¿Dónde estaba la “Gran” Bretaña para dar garantías a los indefensos estados balcánicos? A partir de aquel momento, Stalin le imponía una carrera hacia la guerra, que ambos pretendían ganar.

En abril de 1941, el Ministro de Asuntos Exteriores del Japón, olvidando el pacto Anti – Komintern, firmó con la URSS un tratado de amistad y neutralidad (todo fue una falta de entendimiento entre Hitler y el Japón), pero no dejó de ser un acto similar al de Ribbentrop dos años antes, simplemente pretendían asegurarse las espaldas para atacar en dirección al sudeste. Y como toque final, tras su pacto con Yugoslavia, Moscú prometió “liberar Belgrado”. Era imposible seguir confiando en Stalin.

Si como se afirma, Stalin no hubiera efectuado preparativo alguno contra el Reich, sus ejércitos, a pesar de las seis semanas de retraso por parterompehielos1 300x247 ¿Por qué invadieron Rusia los nazis? de los alemanes, hubieran sucumbido inevitablemente en cinco meses. Pero Stalin estaba preparado, bastante mejor de lo que nadie creyó. Lo que a continuación voy a exponer, va en contra de todo lo que se ha dicho, pero el mariscal Manstein dijo la verdad en el juicio de Nuremberg, en la jornada doscientos de la vista: “Testigo mariscal Von Manstein – Consideré la guerra contra Rusia como una guerra preventiva por nuestra parte. No había otro medio, a mi entender, de librar a Alemania de la situación en que se encontraba, al no querer arriesgarse a efectuar un desembarco en Inglaterra en el otoño de 1940. En mi opinión, nos encontrábamos en la obligación de considerar a la Unión Soviética en 1940 – 1941 como un riesgo excesivamente amenazador, que hubiera alcanzado toda su agudeza a partir del momento en que hubiéramos empleado todas nuestras fuerzas en una lucha contra Inglaterra. La única oportunidad de escapar a ello hubiera sido intentar un desembarco a partir de otoño de 1940 y es lo que Hitler no se atrevió a hacer.”

A pesar de la opinión de Schulenburg, embajador alemán en Moscú, que aseguraba que Stalin era un “ángel”, Hitler tenía toda la razón al pensar en una triple ofensiva soviética: en el norte sobre el Báltico y Finlandia; en el centro en dirección a los yacimientos de petróleo rumanos, y al sur hacia los Balcanes. También diré, que Schulenburg participó en la conjura del 20 de julio de 1944 contra la vida de Hitler. Su objetivo era llevar a buen término una paz con Stalin en nombre de un gobierno fantasma, y él hubiera sido ministro de Asuntos Exteriores.

Hitler advirtió por última vez a los soviéticos que no aceptaba sus métodos el día 12 de noviembre. La entrevista con el ruso fue bestial. Molotov habló secamente de los intereses soviéticos en el Báltico y Finlandia.

-No quiero guerra alguna con Finlandia – dijo Hitler intentando ser cortés.

El intérprete, tradujo. El ministro ruso pestañeó.

-Ha dado usted a Rumania una garantía que no nos place – prosiguió – . ¿Debemos considerar que tal garantía es contra la URSS?

-Es contra cualquiera que ataque Rumania.

Molotov pareció muy deseoso de conocer “el nuevo orden en Asia”. ¿No entraba la India en la esfera de influencia soviética por razones naturales? ¿Qué cara hubiera puesto Churchill si hubiera escuchado esa conversación? Además, la URSS quería ofrecer una garantía a Bulgaria, similar a la alemana con Rumania.

-Rumania ha solicitado la garantía a Alemania – dijo Hitler – ¿Acaso ha solicitado Bulgaria una garantía a la URSS?

rompehielos2 300x172 ¿Por qué invadieron Rusia los nazis?Molotov pestañeó de nuevo y respondió negativamente. Era demasiado, no podía ceder en el Báltico, Finlandia, el Danubio, Bulgaria y los Balcanes, además de reforzar el pacto con los soviéticos. Era un crimen. Ningún hombre de buena fe podía tolerar semejante osadía. Stalin era insaciable posiblemente Hitler también. Quería todo, y en dos años podría tomarlo. Ahí supo Hitler que tendrían guerra, en las peores condiciones. No era posible una solución diplomática en aquel entonces, y el tiempo corría a favor de la Unión Soviética. Así fue como Hitler vio necesaria una ofensiva lo suficientemente aplastante y rápida como para acabar con los soviéticos en el menor espacio de tiempo.
Churchill no lo comprendió así hasta el final de la guerra. Lo reconoció en 23 de noviembre de 1954, ante sus electores de Woodford, tomó la palabra con motivo de ochenta cumpleaños y declaró: “Antes de que terminara la guerra, cuando los alemanes se rendían por centenares de millares, telegrafié a lord Montgomery para que recogiera con cuidado las armas alemanas y las almacenara, con el fin de ser devueltas con facilidad a los soldados alemanes en el caso que tuviéramos que trabajar con ellos si continuaba el avance soviético en Europa. Mi desconfianza hacia Stalin era grande, puesto que todas sus acciones parecían destinadas a asegurar a Rusia y al comunismo la dominación del mundo.” Hitler no hizo nada más que repetir lo mismo durante toda su vida; al final, lo comprendió hasta el viejo y obstinado Buldog.

Es cierto que Hitler cometió un terrible error atacando al Este, puesto que fueron derrotados y Alemania ha sufrido amargamente durante 45 años. Pero de no haberlo hecho, ¿quién nos asegura que Occidente seguiría existiendo? No supo valorar el valor del comunismo de guerra en 1941. Pero ni Stalin hubiera dejado de acrecentar su poder militar, ni se hubiera vuelto pacifista. Nadie sabe todavía lo que la gente sufrió al otro lado del Telón de Acero, ni lo que ocurrió después de la guerra. Hay quien dice, y no son pocos, que Hitler no concordaba los hechos con la realidad, pero él fue el primero en reconocer al Ejército Rojo como un hecho nada desdeñable. Hoy no existe pero todavía existe el US Army.
Stalin, patriota ruso allá donde los hubiera, sacó máximo provecho de la situación que generó el pacto germano – soviético. No tardó Churchill en intentar ganarse a Stalin, ya que sin más tardar en julio de 1940, recién caída Francia, le envió una carta al dictador soviético en la que decía que los triunfos alemanes en el Oeste “eran tan peligrosos para Gran Bretaña como para la URSS.” Stalin hizo llegar una copia de esa carta a Hitler, pero no por amistad, sino como chantaje. Él quería repartirse el mundo con Alemania y luego quería también a ésta. Deseaba y así lo manifestó, un pacto cuatripartito URSS – Japón – Alemania – Italia en diciembre de 1940, a condición de que la URSS se instalase en Bulgaria, que el Japón abandonase sus derechos sobre las concesiones de petróleo y carbón en SajalÍn y que la zona petrolífera situada al sur de Batumi y de Bakú (se refería a Irak, Irán…) fuese reconocida como “zona de aspiración soviética”. También hablaba de Finlandia en secreto.rompehielos3 300x190 ¿Por qué invadieron Rusia los nazis?

Pero Stalin estaba a la vez muy contento de pensar que en 1940 y principios de 1941 Alemania lanzaría la operación Felix y que ésta se extendería a las Canarias, Azores, Cabo Verde, Fernando Poo (como estaba planeado) o que atravesarían el Bósforo, toda Turquía y Oriente Próximo y tomarían Suez. Por eso enviaba las materias primas convenidas en el tratado sin falta.

Sus sueños más secretos, en los que guardaba todas sus esperanzas eran que Alemania buscara la rendición de Inglaterra con extrañas y complicadas campañas, y que Estados Unidos rompiera con todo. Así era como pasaba el tiempo, tiempo que iba en su favor, esperando que llegara el momento de entrar en la guerra mundial y ganarla (aunque mucho tiempo hacía que estaba en estado beligerante). No se encontraba en condiciones de recurrir a medidas militares más espectaculares, por el simple motivo que éstas hubieran revelado sus inmensas reservas de hombres y las materias primas que disponía lo que hubiera hecho a Hitler lanzarse a un acuerdo con el Oeste de cualquier manera.
Stalin esperaba que la guerra en Francia durara meses, quizás años, y al final establecer un buen gobierno comunista al otro lado del Rin. La victoria de la Werhmacht le dejó pasmado y que hubiera salido indemne aún más; pero que Francia hubiera quedado aniquilada, aquello le provocaba ataques de nervios. Su decepción era gigantesca. En aquel momento se le podría presentar un problema de mucha gravedad si Hitler firmara una paz con el Oeste. Sabía que de aquel entendimiento surgiría el fin del Imperio soviético, el fin del comunismo, su propio fin.
De haber sabido Stalin la rapidez de la victoria de Alemania sobre Francia, jamás hubiera firmado el pacto germano soviético. Pero en lo que respecta a Hitler, a nadie le podía sorprender un ataque a la URSS, dado lo escrito en Mein Kampf: “Nosotros los nacionalsocialistas… queremos partir del punto donde nos paramos seiscientos años antes. Queremos detener la marcha de los germanos hacia el Sur y el Oeste de Europa y volver nuestras miradas hacia el Este… Cuando hablamos hoy de nuevos territorios en Europa, no podemos dejar de pensar ante todo en Rusia y en los países limítrofes que dependen de ella.”

A finales de 1940 y principios de 1941, Hitler aceptaba todos los informes que le llegaban con credulidad, o al menos gran parte de ellos.rompehielos4 ¿Por qué invadieron Rusia los nazis?

Uno de ellos, el de su agregado militar en Estados Unidos, aseguraba que esta nación no podían emprender una gran guerra en Europa y en el Pacífico antes de marzo de 1942. Hitler estaba convencido que entonces la URSS estaría vencida. Lo habría sido sin duda alguna de no haberle retrasado las campañas de los Balcanes y la guerra en el desierto. La operación aerotransportada sobre Creta es digna de homenaje, fue un ejemplo para las que después vendrían, ya que fue la primera de la historia, pero la Luftwaffe se dejo sus plumas en esta operación y perdió a la única y valiosísima división aerotransportada que tenía Alemania, que en octubre de 1941 podía haberle dado a Alemania Moscú, o en agosto de 1942 los pozos petrolíferos de Maikop y Grozny intactos. Fue un duro golpe. Pero todos siguen sin entender que aquella operación estaba destinada a impresionar a Churchill y a los Comunes. Todo el mundo reprocha a Hitler no haberle dado a Rommel los medios, ni la orden para tomar Suez, el Golfo Pérsico con sus petróleos y Chipre. La gente cree que Roosevelt y Stalin se habrían quedado de brazos cruzados. Creer que la conquista de Suez hubiera sido un mazazo para el Imperio británico era imaginar que el tiempo y el Ejército Rojo no existían. Expulsar a los ingleses de Oriente Próximo era posible, pero no hubiera solucionado nada. Churchill se hubiera seguido negando a negociar y Stalin hubiera lanzado su golpe de gracia, aunque el inglés, probablemente hubiera sido echado del poder por otro gabinete. La única solución era la toma de Gibraltar, auténtico punto de apoyo donde se sostenía todo el Imperio británico. Una vez tomado, problema resuelto. Pero no fue así. Churchill reconoció el 24 de mayo de 1943, que la neutralidad española le había ayudado en el desembarco de África del Norte. ¿Cuántas veces se arrepentiría Hitler de no haber firmado una paz con Francia? Al fin y al cabo Francia y Alemania son el motor de Europa. El trabajo conjunto francoaleman es el que hace caminar a Europa, aunque los británicos quieran decir lo contrario.

Indiscutiblemente, el mayor peligro para Alemania y para Europa era el Ejército Rojo. Por una vez en toda la guerra, todos los miembros del Estado Mayor de Hitler, coincidían en que se podía vencer a la URSS. Los generales Halder, Paulus, Marcks o Wagner confeccionaron Barbarroja. Cada uno tenía opiniones diferentes, estrategias y tácticas variadas, pero todos coincidían unánimemente en que 130 o 140 divisiones alemanas bastarían para acabar con el Ejército Rojo. Tanto el mariscal Keitel, jefe del OKW (Alto Mando de la Werhmacht) y el mariscal Von Brauchitsch, comandante en jefe del Ejército, como los generales Jodl y Halder, jefes del Estado Mayor, no objetaron cuando el 3 de febrero Hitler les propuso su intención de atacar al Este con los siguientes argumentos: “Stalin por el instante no actuará directamente contra Alemania; pero podemos estar seguros de que acumulará las dificultades cada vez que la ocasión se presente. Lo que quiere es recoger la herencia de una Europa agotada; pero necesita el triunfo y sueña cada vez más con esa marcha hacia el Oeste.” 

rompegielos6 300x209 ¿Por qué invadieron Rusia los nazis?“Los ingleses se consuelan con la esperanza de una intervención del ejército de los soviéticos en la guerra: no perderán la confianza más que cuando esta última esperanza se desvanezca. Sólo entonces comprenderán que la guerra está perdida y harán tratos para salvar su Imperio. Sin embargo, si llegan a resistir y consiguen reorganizar 40 o 50 divisiones con ayuda de los Estados Unidos y la URSS, el Reich se encontrará entonces en una situación comprometida. Precisamente es lo que hay que evitar, aniquilando a los rusos lo más pronto posible; después, si los ingleses pierden esta baza, nos encontraríamos en las condiciones más favorables para continuar esta guerra. Por otra parte, el fin de la URSS, permitiría al Japón volver todas sus fuerzas contra los Estados Unidos.”

“Para acabar definitivamente con la URSS, el factor tiempo tiene una importancia extrema. El ejército soviético es un coloso de barro sin cabeza; cuyo comportamiento en el futuro es muy difícil de prever. Por ello, hay que atacarlo en seguida, mientras éste falto de jefes y equipo. No hay por ello que infravalorar al Ejército Rojo y el ataque tiene que llevarse a cabo con todas nuestras fuerzas concentradas, dando la preferencia a penetraciones frontales. Se objetará que las distancias son considerables en Rusia. A decir verdad, no mucho mayores que las que la Werhmacht ha cubierto ya”.
“Nuestros objetivos principales deben ser: el aniquilamiento del Ejército Rojo, la conquista de los centros industriales más importantes, hasta el sector de Ekaterimburgo y la ocupación de la zona de Bakú… Entonces Alemania será inatacable. Dueña de inmensas riquezas, tendrá todas las facilidades para proseguir una guerra en la que ya no podrá ser vencida. En cuanto la campaña del Este comience, Europa y el mundo entero, callarán y contendrán el aliento.”

Es fácil decir ahora que algo así sólo podía pretenderlo un loco. Pero Hitler no se equivocó en el objetivo, sino en los medios que le hubieran permitido alcanzarlo. Estaba persuadido que obtendrían inmediatas y grandes victorias en el Este, no se equivocó. Creyó que el gobierno comunista no resistiría estas derrotas y se equivocó. Pero simplemente porque no puso los medios para hacer que el comunismo cayera por su propio peso. El 8 de enero de 1940, los soldados rusos del istmo de Carelia, en la frontera ruso – finesa se revelaron contra sus comisarios políticos, había habido motines. El Ejército Rojo carecía de líderes carismáticos. Todos murieron en las purgas, de ellos quedaron los peores, Timochenko, Wassilevsky, Vorochilov… Pero Hitler no tenía ni idea de lo que podía llegar a ser un soldado ruso frente a la muerte; tampoco era consciente del clima, así como de la naturaleza del país, pero por encima de todo, desconocía a la NKVD (policía Militar del Estado) y al servicio de espionaje de los soviéticos.
Hitler declaró el 22 de junio: “Si con gran disgusto, aconsejé al gobierno rumano ceder a la URSS la Besarabia, garanticé inmediatamente que nadie tocaría lo que quedaba de Rumania, actualmente de nuevo amenazada… Una nueva guerra de Rusia contra el pequeño pueblo finlandés, no sería tolerada por Alemania, que tampoco está dispuesta a aprobar la ocupación por Rusia de las bases de los estrechos. Moscú no sólo ha violado las disposiciones de nuestro pacto de amistad, sino que lo ha traicionado lamentablemente… El propósito de esta entrada en campaña no es tan sólo proteger algunas naciones sino asegurar la seguridad de Europa y proteger el mundo civilizado.”

Nadie comprendió la acción que acababan de emprender Hitler y sus soldados, pero no tardarían mucho en darse cuenta de su insolencia los angloamericanos. Tras la derrota del Reich, la expansión del imperialismo comunista alcanzó cotas insospechadas para todos menos para Hitler y la mayoría de los generales alemanes. Nadie le comprendió y todos pagaron las consecuencias con la Guerra Fría.

Hitler tenía la profunda conciencia de actuar en beneficio de los europeos. Pero los intereses alemanes tenían primacía. Tenía un amplio proyecto de colonización. Pero para realizar estos proyectos se tenía que contar con el beneplácito de las potencias occidentales europeas. Con esto quiero decir que ellas también sacarían beneficio. Occidente es una superposición de intereses, además de una asociación de culturas. Hitler le propuso esto al almirante Darland, una asociación a todas las escalas… pero sin dar a Francia los medios para hacerlo. De buena fe le ofreció una garantía al Imperio británico. Ningún imperio europeo (francés, británico, belga, holandés) sobreviviría si no ganaba Hitler aquella guerra en el Este y el apoyo del III Reich. Así pues, Hitler no fue el único que cometió errores de gran escala. No ganó la guerra en 1941, sólo algunas batallas importantes. Pero las cartas alemanas eran malas. Rudolf Hess falló en Inglaterra. Hitler fracasó en Hendaya con Franco y en Montoire con Petain. Pero sin embargo se lanzó solo a la aventura, todo por Alemania. De nuevo la guerra daría su veredicto. Había algo que le atormentaba, la afirmación de Guderian de que la URSS disponía de 20.000 carros con toda seguridad. Buscó las fuentes de aquella información y le confirmaron sus peores presagios. Pero reclutó esperanzas en el pasado, cuando 2.800 carros alemanas ganaron a 3.500 franceses. No tardaría en caer en la cuenta que tan sólo 1.800 podían combatir con eficacia, ya que los otros eran modelos antiguos. Buscó algún recuerdo más en su mente. Consiguió tranquilizarse con las fotos de los blindados soviéticos destruidos en la guerra ruso – finesa, todos ellos viejos. Se dejó caer en la trampa de Stalin.

Stalin supo eliminar toda la oposición política y militar antes de que estallara la guerra. Efectuó una política exterior de enorme eficacia y

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Molotov

obtuvo el apoyo máximo de todos los comunistas del mundo, de los estadounidenses y los ingleses. Gracias a su acción, el imperio francés comenzó a disgregarse. Aunque sabía sobradamente que occidente no se aliaría con Hitler para luchar contra él. Tenía la certeza, que una vez Alemania le atacara, los aliados le apoyarían de manera incondicional, y así fue. Se llegó incluso a rezar por él en la catedral de Westminster. En su calidad de jefe de la guerra, decidió todo por sí mismo; no permitió que nadie le hiciera la más mínima observación. El número de soldados, desde los oficiales a la tropa, que fueron fusilados entre 1941 y 1945, quizás se conozca algún día, nadie sabra nunca la gran cantidad de desgraciados que corrieron esa suerte. Era consciente de sus recursos inagotables, no tenía preocupación alguna por las bajas.

Sólo a partir de 1956 se supo en Rusia lo monstruoso que fue Stalin, pero había salvado a la URSS y a la internacional comunista.

Hitler quiso hacer un juego sutil con él, sin conocer el verdadero poder mental, de simulación y astucia de este “extraordinario hombre”.El führer, mantenido al corriente por sus expertos de las principales batallas de la guerra ruso – finesa de 1939 a 1940, y tras haber examinado el material soviético destruido por los valientes finlandeses del mariscal Mannerheim, llegó a la conclusión que la URSS, no tenía una capacidad militar tan asombrosa como en un principio cabía pensarse y disponía de tiempo suficiente para preparar la guerra en el este. Lo que Hitler no sabía era que Stalin había enviado a Finlandia un material viejo, especialmente en carros blindados y artillería. En aquellos momentos, la industria soviética trabajaba a pleno rendimiento y Stalin preparaba una guerra que habría sido ofensiva contra Alemania en 1941, de no haber tomado antes la iniciativa los germanos.

El plan “0 20” firmado por el mariscal Timochenko en febrero de 1940 tuvo una aplicación acelerada a partir de mayo siguiente. Maniobras de tiro real se sucedían sin cesar. Aparecieron los T-34 y los Klim, así como los lanzacohetes Katiusha, desconocidos por todo el mundo hasta entonces. Desde el mes de junio de 1940 (cuando a Hitler no le pasaba por la cabeza un ataque en el Este, ni por asomo) los almacenes y centros movilizadores fueron trasladados al Oeste y la línea táctica de los aeródromos militares desplazada en la misma dirección. Se construyeron de manera incansable decenas de aeródromos a una distancia media de ochenta kilómetros de la frontera occidental de la URSS. A partir de febrero de 1941 fueron equipados con bombarderos ligeros y cazas.  La mayor parte de las divisiones en activo del Ejército Rojo, acantonadas en el centro de la URSS, instalaron sus cuarteles de invierno en el oeste en septiembre de 1940.

A partir de julio de 1940, la población soviética fue entrenada psicológicamente de manera intensiva, a maniobras de caza de paracaidistas y ejercicios de alerta aérea. Grandes cuerpos de tropas especiales y tropas aerotransportadas se formaron y adiestraron en el mes de abril de 1940. Adiestramiento intensificado a partir de junio con vistas a acciones claramente ofensivas.

Más tarde, los alemanes supieron que el 10º Cuerpo aerotransportado soviético, al mando del general Bezugly tenía como objetivo la toma de Königsberg, capityal de la Prusia oriental. Fueron duramente adiestrados. El material pesado, los carros y la artillería, asi como parte del contingente hubieran tenido que ser transportados por aviones que habrían aterrizado en la autopista Berlín – Königsberg. Cada sección del 10º Cuerpo tenía un preciso objetivo. Se supo asimismo que desde febrero de 1941, tres brigadas aerotransportadas, encuadradas por los infantes de sección de la 208ª División de Infantería estaban siendo adiestradas con vista a operaciones ofensivas contra el Reich.

Desde los primeros días de junio de 1941, unas 175 divisiones en activo (30 blindadas y 25 de caballería), sin contar con las reservas (75 divisiones), estaban ante Alemania.

No se trataba, pues, de una masa defensiva, sino ofensiva, tal como comprendieron los alemanes al comenzar la operación Barbarroja, el mariscal Von Manstein tenía razón. En septiembre de 1941 se identificaron 360 divisiones soviéticas. Los servicios de contraespionaje del almirante Canaris le afirmaron a Hitler que como máximo eran 210 divisiones. ¿Por qué todos se resisten a ignorar esto? Quisiera añadir que estos preparativos fueron revelados por un antiguo oficial del Estado Mayor del Ejército Rojo, el coronel V. Khemeliov, el 21 de junio de 1951 en la revista Possiev, que prueba que no me estoy inventando nada. El mariscal Von Manstein declara en sus memorias que las concentraciones soviéticas podían ser tanto ofensivas como defensivas, pero hace constar: “Las masas blindadas soviéticas de los sectores de Bialystock y Lemberg (hoy día Lvov) eran netamente ofensivas”. Tal era también la opinión del general alemán Hoth: “Los rusos habían acumulado en las bocas de Bialystock fuerzas motorizadas de una potencia sorprendente y número superior de la que habrían exigido una misión puramente defensiva”. Hay que atender a razones y ser realistas, estos hechos ocurrieron y están verificados. No podemos ignorar la verdad; en mi opinión, la gente tiene derecho a conocer la historia tal como fue.
Hitler lanzó 146 divisiones al ataque, es decir, tres millones de hombres; ante sí se encontraron con cinco millones. Los soviéticos disponían de 6.000 aviones, de los que 1.500 eran de tipo reciente. Por su parte, Alemania sólo pudo oponerles 1.800 aparatos. La calidad de los pilotos alemanes y del material no podía compensar semejante inferioridad numérica. Hitler no fue informado de esta abismal diferencia numérica hasta el comienzo de las hostilidades. Nadie dice nunca, que el 30 de junio, es decir seis días después de que comenzara la ofensiva, las pérdidas aéreas fueron tan numerosas que no había operativos nada más que 960 aparatos. El obstinado Göring no quiso darse cuenta, como de costumbre, de la verdadera gravedad de los hechos.

También ignoraba Hitler, que Stalin sabía desde el 25 de abril de 1941 la fecha exacta del comienzo de la operación Barbarroja; desde el comienzo de las hostilidades y durante todo su transcurso, fue informado de los objetivos más secretos y conoció los detalles de todas las ofensivas alemanas, a través de Suiza y con apenas cuarenta y ocho horas de retraso. Las filtraciones procedían directamente del OKW o la OKH (los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas y el Ejército de Tierra respectivamente). Por el contrario, los alemanes no tenían ni la más menor idea de los preparativos soviéticos, y lo poco que sabían era de forma muy inexacta. Cuando Guderian aseguró antes de la guerra, en su libro Achtung, Panzer! Que los soviéticos podían disponer de una masa de veinte mil carros de asalto, el Estado Mayor se burló de el. Pero en 1942 se horrorizó, cuando le dijeron que Stalin había lanzado ya 35.000 carros a la batalla.

rompehielos5 300x137 ¿Por qué invadieron Rusia los nazis?

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sep 19 2011

El último comunicado del mariscal Ferdinand Schoerner

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 04:04
schoerner generalfeldmarschall 03 190x300 El último comunicado del mariscal Ferdinand Schoerner

Ferdinand Schörner

El mariscal Ferdinand Schoerner, encargado de detener la gran ofensiva rusa contra Alemania, publicó este último comunicado:

 

«¡SOLDADOS DE LA COMMONWEALTH BRITÁNICA! ¡SOLDADOS DE ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA!
La gran ofensiva bolchevique acaba de trasponer las fronteras de Alemania. Los hombres del Kremlin consideran que ha quedado abierta la conquista del mundo Occidental. Esta va a ser indudablemente la batalla decisiva para nosotros. Pero también lo será para Inglaterra, para Estados Unidos y para la supervivencia de la civilización de Occidente… Por consiguiente, nos dirigimos a vosotros como un hombre blanco puede hacerlo a otro hombre blanco… ESTAMOS SEGUROS DE QUE MUCHOS DE VOSOTROS COMPRENDÉIS LAS CONSECUENCIAS QUE ACARREARÁ LA DESTRUCCIÓN DE EUROPA —NO SÓLO DE ALEMANIA, SINO DE EUROPA— PARA VUESTRO PROPIO PAÍS…
Consideramos que nuestra lucha es también la vuestra… Os invitamos a que entréis en nuestras filas y en las de decenas de millares de voluntarios procedentes de las naciones conquistadas y oprimidas de Europa, que han tenido que elegir entre la sumisión al más brutal de los dominios asiáticos, y una existencia nacional en el futuro, con ideas europeas, muchas de las cuales, desde luego, constituyen nuestros propios ideales…
Os pedimos que informéis al oficial de caravana de vuestra decisión, y seréis recibidos con los mismos privilegios que nuestros propios hombres, pues sabemos que compartiréis sus obligaciones. Esto es algo que supera los meros límites de una nación. El mundo se halla hoy enfrentado con una lucha entre el Este y el Oeste. Pensadlo bien.
¿ESTÁIS A FAVOR DE LA CULTURA OCCIDENTAL, O DE LA BARBARIE ORIENTAL?
¡TOMAD AHORA VUESTRA DECISIÓN!»

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mar 24 2011

Los argumentos de la defensa de ARTHUR SEYSS-INQUART en los juicios de Nuremberg

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Seyss-Inquart es un ejemplo de la manera en la cual las acciones perfectamente legales fueron transformadas por los acusadores en “crímenes” cuando eran llevadas a cabo por los alemanes, mientras que acciones idénticas, o acciones criminales según los estatutos del Tribunal de Nuremberg (tales como los bombardeos de Dresden, ilegal según artículo 6b XXII 471, 475 {535, 540}) se consideraron como los inconvenientes insignificantes de una gran cruzada para eradicar el Mal.

En derecho internacional, los gobiernos de ocupación tienen el derecho de legislar como mejor les parezca, (un derecho reclamado por el mismo Tribunal, XXII 461 {523}, pero contradicho en XXII 497 {565-565}, y se requiere la obediencia a su autoridad. Se les permite exigir el trabajo obligatorio dentro de ciertos límites, de confiscar bienes públicos, y de imponer impuestos para cubrir los gastos de la ocupación. No se les obliga a tolerar la resistencia armada, huelgas, la publicación de periódicos hostiles, ni de emplear oficiales locales que no cumplan con sus órdenes. El firmar documentos y hacer circular órdenes legales no son crímenes bajo el derecho internacional. Seyss-Inquart alegó haber evitado mucha destrucción al fin de la guerra, destrucción esta que hubiera sido ilegal (XV 610-668 {664-726}; XVI 1-113 {7-128}; XIX 46-111 {55-125}).

Como Reichskommissar para los Paises-Bajos, Seyss-Inquart transmitió órdenes para la ejecución de miembros de la resistencia después de su condena por actos de sabotaje o resistencia armada. Sin embargo, las sentencias a muerte no se cumplieron hasta después de haberse cometido nuevos actos de sabotaje. Esto es lo que el Tribunal consideró como “ejecución de rehenes”; pero la designación “rehén” está errada (XII 95-96 {108}, XVIII 17-19 {25-27}, XXI 526 {581}, 535 {590}).

Para una discusión del derecho internacional desde el punto de vista de la fiscalía, concediendo la legalidad de estas acciones, véase V 537 {603-604}. Fue expresamente admitido por la fiscalía que los miembros de la resistencia podían ser fusilados (V 405 {455-456}).

La cuarta convención de la Haya sobre la guerra en tierra del 18 octubre 1907 contiene una cláusula de toda participación (Art. 2); los beligerantes que hubieran violado la convención pueden ser obligados a pagar una indemnización; prohibe los bombardeos de ciudades indefensas y monumentos culturales, “sean cuales fuesen los metodos de bombardeos”, (art. 23, 25, 27, 56). Sin la ratificación de Bulgaria, Grecia, Italia y Yugoslavia; ratificada por la Rusia zarista.

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mar 19 2011

Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

nuremberg1 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Durante el proceso

 

Conferencia dada el 3 de mayo de 1949 en la Universidad de Chile, bajo los auspicios del Instituto Chileno-Francés de Cultura.

Un escrúpulo se apodera de mi espíritu en el momento en que, al tratar de presentaros mis recuerdos sobre el proceso de Nuremberg, me siento por naturaleza inclinado a interrogarme sobre el alcance que él ha revestido. Angustioso interrogante y engañoso, si los hay! Acaso sea demasiado tarde para hablar del proceso de Nuremberg, en circunstancias de que varias de sus enseñanzas esenciales han sido desconocidas, tanto por el Tribunal Militar Internacional de los grandes Criminales de guerra japoneses de Tokio, como por los Tribunales Militares de zonas de ocupación en Alemania; cuando por ejemplo, una sentencia, a mi juicio errada, del Tribunal de la zona americana, ha reconocido la validez de la ejecución de los rehenes y de los franco tiradores. Acaso sea demasiado tarde hablar del proceso de Nuremberg, cuando Ilse Koche, la “arpía” del Campo de concentración de Buchenwald, que se complacía con el espectáculo de las pantallas hechas de piel humana, ha obtenido recientemete una perdón completo y se prepara para beneficiarse de una libertad que ni siquiera justifica el remordimiento. Acaso sea demasiado tarde hablar del proceso de Nuremberg cuando, cuatro años después de la capitulación de la Alemania hitlerista, el seccionamiento del mundo en dos bloques antagónicos, paraliza la organización de las Naciones Unidas y reanima la obsesión de la guerra. Sin duda el curso inexorable de los acontecimientos desvanece la esperanza que los hombres han fundado en la justicia penal internacional; sin duda los internacionalistas modernos, apóstoles de ese gobierno mundial cuya necesidad ha quedado demostrada por el ensayista americano Emery Reedes, en una de las obras más penetrantes de la postguerra, han perseguido el sueño quimérico que fue, desde 1713, expresado en el proyecto de paz perpetua del abate de Saint-Pierre, y sin duda, realidades inmutables han disipado ese sueño persistente.

No por ello la humanidad ha dejado de alcanzar, el 1 de octubre de 1946, una etapa más de su dolorosa evolución. 1 de octubre de 1946! Y esto significa, en el octavo aniversario de esos acuerdos de Munich que consagraron el éxito provisional del poderlo germánico, la condena de los Jefes de la Alemania hitlerista. El primer proceso internacional de la historia moderna finaliza y la justicia internacional revela su eficacia, puesto que por vez primera, la responsabilidad de los hombres que desencadenaron la guerra y provocaron sus excesos queda consagrada por sanciones reales. El proceso de Nuremberg según la formula desdeñosa de algunos de sus detractores, no ha sido sino una experiencia? Experiencia si se quiere pero; cuán apasionadora! Cómo no serlo por la riqueza de los recuerdos con que ella ha impregnado el espíritu de los que han tenido la pasión de seguir SU curso; como no serlo por lo fecundo de las enseñanzas que ella ha proporcionado a todos y a cada uno.

nuremberg2 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

La prisión de Nuremberg

 

Cuando al día siguiente de la victoria común de las Naciones Unidas sobre la fuerza nacionalsocialista, los gobiernos de Francia, de Gran Bretaña, de los Estados Unidos de América y de la Rusia Soviética instituyeron por un acuerdo del 8 de agosto de 1945 el Tribunal Militar Internacional de los grandes criminales de guerras, cumplieron ellos un acto de fe en el ideal de paz por el cual habían combatido. Una experiencia milenaria les demostraba que siempre los Estados han manifestado sus actividades, sus necesidades o sus aspiraciones por medio de la guerra. Voltaire el escéptico, afirmaba que el hombre en la guerra junto con venir al mundo, y de hecho, la paz se presenta como un accidente en la vida de la humanidad. Es preciso a veces conceder crédito a los estadísticos, y si sus estadísticas no son a menudo exactas, ellas son a veces sugestivas. Es así como las estadísticas de la historia nos enseñan que desde 1496 A. C. hasta 1945, es decir, durante 3441 años, no ha habido menos de 3173 años de guerra, locales o generales, ni más de 268 años de paz universal. Cerca de nueve mil tratados de alianza han sido pactados durante el mismo tiempo. Cada uno de ellos debía ser eterno; no han durado, por término medio, sino dos años. El episodio de la paz no es pues para el historiador sino el periodo de incubación del microbio de la guerra, y el proceso Nuremberg se presenta entonces como una improvisación, menos realista que generosa.

Creo que es facial demostrar que, lejos de ser una improvisación, el proceso de Nuremberg se inscribe en el movimiento ideológico que desde los orígenes de toda civilización, tiende a someter las relaciones de las naciones al imperio de la ley. Pensadores, en la amplia acepción de este vocablo, porque ellos unían condiciones de sensibilidad a cualidades de orden intelectual, han tratado desde el nacimiento del pensamiento jurídico de formular una doctrina de orden internacional.

La necesidad de una reglamentación del derecho de la guerra aparece ya en la antigüedad, y la Edad Media da a esta idea fecunda un singular desarrollo a impulso del cristianismo; así surgen las instituciones de la Paz de Dios y de la Tregua de Dios que prohíben a los combatientes atentar contra la vida de los no combatientes y que imponen una suspensión de los combates durante ciertos periodos del año; así surge, siete siglos antes de las grandes convenciones internacionales de la Haya, la prohibición, en 1139, por el Segundo Concilio do Letrán, del uso de armas consideradas ya como demasiado mortíferas. Esta reglamentación no tiene mas fundamento que la distinción, siempre admisible bajo una forma moderna, entre la guerra justa y la guerra injusta. Esta noción entra a formar parte, naturalmente, de una moral formada por los dogmas cristianos: San Agustín y Santo Tomás se inspiran en ellas y, a manera de dato curioso, un eco de ella vuelve a encontrarse en un cantar de gesta del siglo XIV, el “Roman de Boudoin de Séburg III, Roi de Jérusalen”, cuyo autor anónimo se expresa en la forma siguiente:

nuremberg3 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

La sala

“Si aquellos por cuya directa intervención se desencadenan las guerras encontrasen en ellas a menudo la muerte, pienso que ello seria de justicia. Pero, no es así; los que caen como primeras víctimas son los inocentes, los que ninguna intervención han tenido en ellas y que perecen dolorosamente. Pero creo que Jesús, el Rey Todopoderoso pedirá cuenta de ello en el día del Juicio Final a los que injustamente declaran la guerra a los demás”.

Es sobre esta noción de guerra justa que los canonistas del siglo XVI Vittoria y Suárez van a echar las bases morales del Derecho Internacional. Es en torno de ella que en, el siglo XVII el holandés van Groot, llamado Grotius, logrará, por vez primera, liberando al Derecho Internacional de su carácter y sello religioso, establecer una reglamentación sistemática y positiva de las relaciones internacionales. Es en función de sus imperativos que los sucesores de Grotius, Vatel, Wolff y otros más, formularon los principios del Derecho Internacional moderno: el Derecho de Gentes. Sus concepciones han permanecido largo tiempo relegadas en el plano de la especulación teórica, porque ellas han tropezado con, el dogma de la soberanía de los Estados y con el principio del maquiavelismo político, elementos que han servido de base para la construcción y desarrollo de los grandes imperios marítimos y coloniales. Pero adviene el siglo XIX; la noción de soberanía nacional ha sido compensada por la de la responsabilidad internacional; y al siglo XIX ha cabido el honor, según el decir de un estadista suizo, de tratar de contener la guerra dentro de formas jurídicas. El fracaso parcial o total de las Conferencias internacionales de 1864, 1868 y 1874, preparaba el éxito de las Conferencias de l a Haya de 1899 y 1907, reunidas, el hecho puede merecer observaciones, a iniciativa conjunta del Presidente de los Estados Unidos de América y del Zar. Las Convenciones de La Haya formulan la primera reglamentación internacional del Derecho de la Guerra que ellas hacen salir de un grado meramente usual y dan fuerza de ley interestatal a los principios humanitarios determinados por la doctrina.

No bien acaban ellas de ser rubricadas cuando estalla la guerra de 1914, y los redactores del Tratado de Paz de 1919 se inspiran en sus principales disposiciones para justificar el sistema represivo que ellos instituyen por medio de los artículos 227 a 229. El artículo 227 pone a Guillermo de Hohenzollern como acusado frente a un Tribunal Especial por ofensa a la moral internacional y a la autoridad sagrada de los tratados. Los artículos 228 y 229 llevan a las personas convictas de atentado contra las leyes y contra las costumbres de la guerra ante tribunales militares interaliados. Era ya esto una experiencia de justicia internacional, pero ella ha fracasado y su fracaso fue integral. El gobierno holandés se negó a conceder 1a extradición, por un crimen que él clasificó dentro de la categoría de las infracciones políticas, del Emperador de Alemania, refugiado en territorio de los Países Bajos y el hombre que, en los primeros días del conflicto, escribía a su aliado Francisco José: “Es preciso arrasar todo a sangre y fuego, degollar hombres y mujeres, niños y ancianos, no dejar nada en pie, ni un árbol ni una casa. Son estos procedimientos de terror los únicos capaces de impresionar a un pueblo tan degenerado como el pueblo francés, la guerra terminará antes de dos meses”, este hombre, repito, ha terminado sus días, como un tranquilo leñador, bajo la sombra de los árboles de Doorn. En cuanto a los Tributables Militares interaliados, jamás funcionaron, porque los aliados tuvieron la debilidad de aceptar que los alemanes culpables de atentados contra las leyes y costumbres de la guerra, fuesen juzgados por el Tribunal Supremo de Leipzig, al cual una ley alemana del 17 de diciembre de 1919 había concedido esta competencia. Fue la más extraordinaria comedia judicial de la historia. De los 816 criminales de guerra empadronados por las autoridades aliadas, el Tribunal de Leipzig no condenó sino 13 y todavía a penas de las cuales ninguna fue superior a dos años de prisión.

Sin embargo el fracaso de 1919 trae consigo un “rebrote” de los trabajos de Derecho Internacional; la Sociedad de las Naciones al estudiar, a través de la nueva noción de agresión, el antiguo concepto de la guerra justa, multiplica sus esfuerzos con el propósito de crear un Derecho Internacional positivo; el Pacto Briand-Kellog que pone, el 27 de agosto de 1928, la guerra al margen de la ley y al cual la Alemania adhiere, es la más notable manifestación de esa tendencia que un jurisconsulto belga llama “el orden público universal”. Al mismo tiempo la doctrina, adelantándose a la etapa de las especulaciones estériles, trata de proponer soluciones positivas. Tal es la finalidad que buscan los autores de códigos penales internacionales, por ejemplo el español Saldana y el rumano Pella. Finalmente, todas las asociaciones jurídicas se empeñan en imponer a los gobiernos la creación de una jurisdicción internacional, cuya estructura tratan ellas de determinar. Es así como la idea de la justicia penal internacional se hace más precisa y más concreta durante el período interguerrero. Cuando llega el conflicto de 1939, con sus inútiles crueldades, la voluntad de la represión coincide con su posibilidad. El proceso de Nuremberg no es la improvisación apresurada de jurisconsultos ignorantes de las necesidades de la realidad, puesto que por una parte, responde él a una aspiración permanente de la conciencia colectiva, y por otra está informado por la evolución moderna del Derecho Internacional conocido.

nuremberg4 300x237 Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

El estrado

 

Ciertamente que algunos, que nos se recomiendan necesariamente por la doctrina jurídica, y que se encuentran más bien en los círculos filosóficos, literarios o sencillamente mundanos, donde reina el escepticismo, consideran que el Tribunal de Nuremberg no es sino un instrumento erigido por los vencedores para ejecutar a los vencidos; su sentencia, obtenida por la victoria y condicionada por la fuerza, no es sino un abuso de la fuerza y de la victoria. Los criminales de guerra no son considerados como tales sino porque fueron vencidos. Su derrota constituye su crimen. El derecho ha sido puesto al servicio del poder; el proceso no es otra cosa que una hipócrita legalización de las represalias.

Contesto yo a estos escépticos que Pascal, hace ya mucho tiempo respondió su argumento. Ellos han olvidado su célebre apóstrofo: “La justicia sin la fuerza es impotente, la fuerza sin la justicia es tiránica; es preciso pues colocar juntos la fuerza y la justicia”. Colocar juntas la fuerza y la Justicia eso es precisamente lo que han tratado de realizar los jueces de Nuremberg; es eso, por lo demás, lo que toda justicia organizada trata, por esencia misma, de realizar en cada estado soberano. De manera que, como análisis final, su argumento, por probar demasiado, nada prueba pues no sólo condena la justicia penal internacional sino que, en el hecho, condena toda justicia penal.

Por lo demás, qué sanción es posible dar a las reglas del Derecho Internacional al margen de la sentencia judicial cuya legitimidad se pone así en duda? La idea de una proclamación solemne que denuncie los crímenes en nombre de la moral internacional al margen de toda acción positiva es irrisoria. La justicia internacional ha permanecido largo tiempo sometida a las reglas de la moral para que no aparezca indispensable someterla a los apremios del derecho. Para mayor abundamiento, la equidad exige que condenación alguna intervenga sin que se haya procedido a un examen contradictorio de las responsabilidades individuales. El sistema de la proclamación excluye tal examen y resulta a la vez retrógrado, ineficaz e injusto.

Ocurre lo mismo con la solución política de que se han servido los ingleses frente a Napoleón I, al iniciarse el siglo XIX; sin duda no es ella íntegramente ineficaz, pero sí es arbitraria Se coloca al margen de toda legalidad y contradice de esta manera la evolución misma de la Justicia Internacional, que tiende hacia una legalización progresiva. Con mayor razón conviene proscribir toda solución policial que conduce a aplicar los métodos de la Gestapo en la regulación de las relaciones internacionales.

No queda entonces sino un camino en el cual, en derecho, pueden entrar los hombres y los pueblos ligados al desenvolvimiento del derecho internacional y al mantenimiento de la paz: es la vía judicial que conducen en 1946, a Nuremberg. Cualquiera que sea mañana el juicio de la historia estoy persuadido que colocará el proceso de Nuremberg por sobre la ejecución sumaria que fue el destino de Mussolini. Tengo la convicción que él reconocerá la serenidad de los jueces de este primer tribunal de vencedores, que no quisieron condenar a los vencidos sin aportar las pruebas de su culpabilidad y sin darles la posibilidad de desprender su responsabilidad. Individual del examen contradictorio de esas pruebas.

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Sede de la actual corte internacional de Justicia

La lentitud de los debates de Nuremberg, que se han prolongado desde el 20 de noviembre de 1945 hasta el 1 de octubre de 1946, a través de 403 audiencias, no ha dejado de merecer severos comentarios. Comentarios injustos e injustificados, pues no era mucho disponer de un poco más de 10 meses para estudiar doce años de la historia europea y para extraer de ella la prueba de las premeditaciones alemanas. Por lo demás, los jueces de Nuremberg nunca creyeron que el proceso caminara con lentitud. Por el contrario con la mayor seriedad, después de varios meses de audiencia, el presidente del Tribunal, que era el Juez inglés elegido por sus colegas, interrumpía a un orador refiriéndose a la obligación de observar un procedimiento expedito. La verdad me obliga a decir, sin embargo, que los organizadores del proceso de Nuremberg no habían previsto la amplitud que darían a la instancia, la conciencia de los jueces y los escrúpulos del Ministerio Público. He conservado un recuerdo preciso de la primera reunión del Ministerio Público celebrado en Nuremberg en el despacho del Procurador General americano, el Juez Jackson. Era en el mes de septiembre de 1945. Acabábamos de llegar a Nuremberg, ciudad de los nobles-bandidos, que la civilización germánica había modelado, en el curso de los siglos, con el doble aporte de la cultura artística y del instinto de dominio, y que había llegado a ser la ciudad santa del hitlerismo. Habíamos decidido instalar, en ella el Tribunal Internacional para que la victoria del Derecho y de la Justicia se obtuviese en ese sitio adonde el espíritu de arbitrariedad y de tiranía había soplado tan implacablemente, y tratábamos (cada delegación no estaba representada todavía sino por dos miembros) de instalarnos en las ruinas de la ciudad destruida.

Estábamos de acuerdo en que se trataba de una instalación provisional (el proceso debía, como máximo, ocuparnos durante dos meses) y convinimos fácilmente en la importancia de nuestras delegaciones que debían comprender cien americanos (las autoridades americanas debían tomar la responsabilidad de todos los servicios de intendencia y seguridad), 25 franceses, 25 ingleses y, yo no sé por qué, 25 rusos. Un año más tarde, estábamos siempre en Nuremberg, en espera del veredicto, nosotros, es decir 1.200 americanos, 350 rusos, 300 franceses y 250 ingleses. La empresa había trastornado todas nuestras previsiones. Por qué? Sencillamente porque habíamos cometido un error de apreciación, pero también porque el Tribunal dio pruebas de un respeto tal por las garantías de la defensa que el sustanciamiento seguido en la audiencia conforme al procedimiento anglosajón, preponderante en Nuremberg, se prolongó tanto a través de exposiciones contradictorias como de minuciosos análisis de los documentos presentados por la acusación o por la defensa.

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Prueba documental

Pues la característica esencial del proceso de Nuremberg es, a este respecto, la preponderancia de la prueba escrita. El no ha sido, en su mayor parte, sino un largo y monótono comentario de documentos. No fue un proceso conducido por oradores, sino por espíritus analizadores y por exégetas. El procedimiento de la interpretación simultánea, que fue experimentado en Nuremberg, antes de ser adoptado en la organización de las Naciones Unidas, y que hace que cada auditor perciba, no la voz del orador, sino la del intérprete, evita todo arranque oratorio. El ritmo de la elocuencia es el de la interpretación regulado por un sistema eléctrico.

Todo orador cuya exposición se precipita, es llamado a la realidad por un pequeño globo de vidrio que se ilumina ante su vista; una luz amarilla significa: “hable menos rápido” y una luz roja: “deténgase usted”. Y obligado está a hacerlo el orador, pues la luz roja suspende la interpretación. “Cuidado señor Hertzog” -me dijo un día el presidente- “Ud. ha cubierto la lámpara con sus papeles”- y yo pedí disculpas por ello.

La elocuencia no es corriente en Nuremberg; la disciplina de palabra es allí la norma y el proceso no es, lo más a menudo, sino una exégesis documental. Pero frente a este aparente apremio, existe una libertad de expresión, que no contempla sino dos restricciones. La primera, que se justifica por sí misma, se refiere a la autenticidad de los documentos sobre los cuales el Tribunal ha ejercido normalmente su control. La segunda, más discutible, porque ella no excluye la arbitrariedad, es indispensable para evitar que el proceso se pierda en la confusión. Ella se refiere a la relación directa de los hechos sostenidos por la acusación o por la defensa con los hechos del proceso. Es en función de este principio que el tribunal ha descartado del los debates, como ajenas al proceso, todas las controversias sobre la legitimidad y el alcance del Tratado de Versalles. Fuera de estas dos restricciones la acusación y la defensa han tenido la posibilidad de sostener sus argumentos con toda libertad. Los abogados de la defensa, elegidos “libremente por los inculpados y entre los cuales figuraba, por lo menos cinco antiguos miembros del partido nacionalsocialista, no han dejado de aprovecharse de la ocasión que se les ofrecía para poner tropiezos a la acusación. Es así como se han apresurado, a despecho de las protestas de los jueces soviéticos, a revelar el pacto germano-soviético, pactado secretamente antes de la agresión alemana contra Polonia. Es así como ellos han logrado, para responder a las acusaciones contra el almirante Doenitz, obtener del almirante americano Nimitz un testimonio que establecía que la marina americana había observado, en la guerra del Pacífico, prácticas semejantes a las que el Ministerio Público reservaba con cargo a Doenitz; es así como ellos han tratado, sin conseguirlo, no obstante, de probar que la invasión de la Noruega por las fuerzas alemanas se había hecho necesaria debido a la amenaza de agresión que los aliados hacían pesar sobre los países escandinavos.

Se ha dicho que la liberalidad del Tribunal había permitido a la defensa transformar la barra en tribuna política. No creo que haya sido así. La consciencia de los jueces de Nuremberg ha contribuido por el contrario a dar al proceso el sello que habrá de caracterizarlo: el de una verdadera instancia judicial en la cual ningún elemento de prueba ha sido descuidado, cualesquiera que sean su origen y su alcance. Pero es claro que los debates se han alargado y entorpecido por otra parte, debido a la existencia de un Ministerio Publico cuadripartito cuya unidad fundamental no ha sido quebrantada por divergencias secundarias. Este Ministerio Público presentó sus documentos e hizo oír sus testimonios durante cuatro meses, en el curso de los cuales 51 procuradores, 23 americanos, 12 franceses, 7 británicos y 9 rusos, han sostenido la acusación. La exposición de las pruebas de la defensa sostenida por 27 abogados y apoyada por 63 testigos de descargo, se prolongó durante los 4 meses siguientes. No fue sino en el noveno mes de los debates cuando comenzaron los informes propiamente dichos y las defensas. La deliberación misma duró más de cuatro semanas, durante las cuales los jueces, en absoluto secreto, han confrontado sus impresiones después de haber tomado conocimiento de 143 declaraciones escritas que habían llegado hasta ellos y terminado el examen de unos cinco millones de documentos que les habían sido sometidos por parte de la acusación y de la defensa. Y el primero de julio de 1946, Lord Lustice Lawrence. Presidente del Tribunal, daba a conocer la Sentencia cuya redacción está contenida en 400 páginas dactilografiadas y cuya lectura se distribuyó en dos días. No eran mucho diez meses para cumplir con tanta seriedad, con tanta dignidad la manifestación de una verdad tan difícil de descubrir en el montón de documentos en que ella se disimulaba.

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Otto Ohlendorff. Uno d elso abogados defensores,, acusado también con posterioridad

 

He hecho anteriormente alusión a la preponderancia de la influencia anglosajona en el Tribunal de Nuremberg; ella ha hecho prevalecer los rasgos del procedimiento llamado acusatorio en el cual el proceso se presenta sin el aspecto dominante de un duelo entre el Ministerio Público y la defensa, bajo el arbitraje del Presidente y en presencia de los espectadores interesados que son los acusados. Quisiera a este respecto, evocar el papel que estos últimos han desempeñado en el proceso. Sus manifestaciones, en conjunto, han sido discretas; en ausencia de un interrogatorio por el Presidente del Tribunal, que el sistema acusatorio prohíbe porque él altera la función arbitral de este último, los inculpados de Nuremberg han intervenido personalmente varias veces en la audiencia. Al iniciarse el proceso, ellos han debido contestar con un sí o con un no a la pregunta del Presidente: “Alega Ud. como culpable o no culpable? Todos han contestado con, la negativa, después que Goering hubo esbozado un discurso rápidamente interrumpido por el Presidente. De la respuesta del acusado depende, en derecho anglosajón, la composición del tribunal que lo juzgará: ella no ha tenido, en el procedimiento de Nuremberg, más significado que el de orientar los debates. En la clausura de estos debates, cada acusado ha tenido la posibilidad de hacer una declaración final a fin de explicar por última vez su actitud; esta declaración final, sacada del derecho francés, demuestra el carácter complejo del sistema procesal en uso en Nuremberg, donde dos sistemas diferentes se han conjugado armoniosamente. La declaración del Ministro de Armamento Speer, clara, incisiva, fue especialmente observada. Entre estas dos manifestaciones extremas, los acusados tuvieron la ocasión de hacer uso de Ia palabra en condiciones características del sistema anglosajón. Ellos fueron, durante la exposición de las pruebas en su descargo, oídos como sus propios testigos en sus propias causas. Conducidos a la barra de los testigos, llevados a prestar juramento en la forma establecida en su ley nacional, han sido interrogados por sus abogados y contrainterrogados por el Ministerio Público.

Los interrogatorios cruzados de los acusados (los “cross examinations” del procedimiento inglés) han constituido las fases cruciales del proceso de Nuremberg. El sistema no ha dejado de confundir a los magistrados franceses y soviéticos, poco familiarizados con un método de contra interrogación, en el cual los magistrados ingleses y americanos se han revelado como maestros. Eso era, para nosotros, tanto más sorprendente cuanto que los otros testigos de la defensa eran, ellos mismos, en general personalidades hitleristas, acusados en instancias paralelas o posteriores a la de Nuremberg; “curioso proceso éste” me confiaba un día el juez francés -mi maestro el profesor Donnedieu de Vabres- “curioso proceso donde todos los testigos son acusados y donde todos los acusados son testigos”. Esta salida ingeniosa oculta, en realidad, un contrasentido jurídico: al obligar a los acusados-testigos a prestar juramento, el sistema anglosajón, empleado en Nuremberg, los ha colocado en la alternativa inmoral de perjurar o de condenarse. No es efectivo que esta práctica asegure mejor 1a manifestación, de la verdad que el interrogatorio directo de acusado por el presidente del Tribunal. Pero, a falta de tal interrogatorio, ella se hace indispensable y constituye, en el sistema anglosajón un, arma de la acusación a la vez que una garantía de la defensa. Finalmente, más que el interrogatorio directo del acusado por el presidente, su interrogatorio cruzado por la acusación y la defensa permite revelar su personalidad. Es bajo este aspecto que las declaraciones, de los testigos acusados en Nuremberg han revestido un interés apasionante. Todos, uno después de otro, han abandonado el banco de los acusados donde, desde hacía varios meses, escuchaban a sus acusadores y a los defensores, congelados, por decirlo así, en una especie de silencio, y en una inmovilidad que sólo dejaba de observar estrictamente Goering, animado a veces por inclinaciones fingidas o sacudido por risas forzadas. Todos, uno después de otro, se han sentado en el banco de los testigos para presentar allí la defensa que habían preparado en, la meditación de sus celdas. Todos han proseguido más o menos el mismo tema de la obediencia al Führer y más que nunca, el proceso se ha visto dominado por el espectro que era imposible no evocar cada día al penetrar en la sala de audiencias. Goering, arrogante y sencillo, ocupó primero durante más de ocho días la barra de los testigos. Reclamando para sí con una audacia tal vez fácil pero, que es preciso reconocer valiente, todas las responsabilidades que le imputaba la acusación, no ocultando que más allá del Tribunal, él hablaba a la Alemania y hablaba para la Historia. Goering, dio prueba de un innegable talento que los mejores representantes de los Ministerios Públicos americano e inglés no han logrado refrenar. Yo no lo vi bajar la vista sino una vez durante diez meses: con ocasión de la proyección de un film realizado por las autoridades americanas con motivo de la liberación de los campos de concentración. Después de haber soportado largo tiempo las horribles visiones con mirada insensible, terminó por ocultar sus ojos ante una imagen particularmente odiosa, dejando así constancia de su vergüenza. Es sin embargo el único de todos los acusados de Nuremberg que adoptó frente al Tribuna; la actitud de un estadistas consciente de su responsabilidad, aunque inconsciente de su criminalidad. Hess, a quien sus dolores intermitentes hacían inclinarse, cuya mirada penetrante traducía la neurosis, no ha revelado su enigma. icon biggrin Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog emente o simulador? Sin duda la asistencia psiquiátrica a la cual había estado sometido ha manifestado exactamente la realidad llegando a la conclusión de un estado demencial por simulación de la locura. Ribbentrop es, de todos los inculpados, aquel del cual he conservado la peor impresión. Tan empequeñecido moralmente como menoscabado estaba físicamente, no ha vacilado en achacar la responsabilidad de ciertos actos a sus subordinados. Su indiferencia desdeñosa no era sino fingida y me acuerda muy bien de la mirada de animal acorralado que lanzó, cierta mañana, hacia el Ministerio Público francés donde yo me encontraba en compañía de un oficial general belga, antiguo attaché militar de Bélgica en Alemania. “Ribbentrop no me había vuelto a ver -me dijo este último- desde la noche en que me hizo llamar, en mayo de 1940, para anunciarme que mi país acababa de ser invadido por los ejércitos alemanes. Le dije entonces que nos volveríamos a encontrar algún día. Nos hemos vuelto a encontraro vea Ud. el miedo que tiene”. La ausencia de dignidad en Ribbentrop hacía resaltar la rigidez, a veces emocionante, de los jefes militares, los generales Keitel y Jodl, y los almirantes Doenitz y Roeder, sorprendidos de que su calidad de soldados no constituyese una excusa absolutoria de sus crímenes. La declaración de Frank, “gauleiter” y verdugo de la Polonia, perdura como uno de los más intensos de mis recuerdos del proceso de Nuremberg. Frank había sido tocado por la gracia en su prisión, y su arrepentimiento debía ser sincero, pues su confesión fue completa. Desde las primeras preguntas de su abogado, reconoció, proclamó que en obedecimiento a las órdenes del Führer él había cometido crímenes cuya responsabilidad afectaría a la Alemania por muchos siglos, por miles de años, habría él precisado. Insensible a la mirada de desprecio de Goering, y a la atmósfera de amenaza con que lo rodeaban algunos de sus coinculpados, reconoció la realidad de los actos abominables que le eran achacados, reclamando el castigo de los hombres a fin de poder conocer el juicio de Dios. Muy distinto se condujo el proveedor de los campos de muerte lenta. Streicher, teorizante del antisemitismo; absolutamente inconsciente, cínico trató de presentarse como en periodista sin autoridad, como un doctrinario sin crédito. Fueron acaso lo abyecto de su conducta, su fealdad física acentuada por el continuo masticar de chewing gum, los motivos que, según parece, lo hicieron indisponerse hasta con sus coinculpaldos? Schacht particularmente, no ocultaba su desprecio. Schacht, uno de los tres absueltos del proceso, quien desde el comienzo hasta el final de los debates manifestó no interesarse por él, porque no podía él afectar a un hombre que como él se había opuesto a los excesos del hitlerismo. El examen de algunos acusados hizo aparecer ante todo su servilismo. Servil, así era Sauckel, gauleiter encargado del reclutamiento de la mano de obra, el organizador del trabajo forzado, contra el cual yo estaba encargado de entablar demanda en nombre de los Ministerios Públicos francés, inglés y americano. Este antiguo marino mercante, padre de diez hijos, encumbrado a 1a política por la revolución hitlerista, aplicaba en la administración los métodos de la obediencia pasiva que le había inculcado la religión nazi. El Führer ordenaba, él ejecutaba, sin considerar las advertencias del sutil Speer, sin prestar oído a los consejos del prudente Abetz. “Yo jamás enrolé un hombre más de lo que se me había ordenado”, me dijo él para justificarse, y como yo le solicitase explicaciones respecto a una circular en la cual él ordenaba alimentar a los trabajadores según su rendimiento, él exteriorizó su asombro ante mi indignación. Dentro de una mentalidad primitiva, como era la suya, él encontraba respuesta a toda interrogación, justificación a todo reproche: él ejecutaba las órdenes del Führer. Pretendía no haber conocido nada de las atrocidades cometidas en los campos de concentración, antes que ellas le hubiesen sido reveladas por los debates. Le mostré entonces una fotografía que me había sido enviada por un oficial del Servicio de Inteligencia británico y que lo presentaba visitando en compañía de Himmler el campo de concentración de Weimar situado en el territorio del cual era él el gauleiter. Afirmó estúpidamente que su visita se había limitado a los edificios exteriores del campo mismo en el cual no había entrado. El servilismo y la inconsciencia de Saukel los he vuelto a encontrar en Seyss Inquart, incomparablemente más fino y distinguido, en Frick, en Funck, en muchos otros. La identidad de las personalidades criminales hitleristas demuestra que más allá de las responsabilidades individuales, el sistema hitlerista era, en sí, generador de criminalidad. Es lo que ha demostrado con mucho acierto uno de los más inteligentes inculpados, Speer, que ha encontrad esta manera de alegar como no culpable, reconociéndose cierta culpabilidad: la de haber llegado a ser un elemento motor de la máquina criminal. Todos los datos de la psicología hitleriana se han manifestado así en los testimonios de los acusados-testigos y no es éste, en definitiva, el menor de los intereses de la experiencia de Nuremberg.

hoess Recuerdos del proceso de Nuremberg. Por Jacques Bernard Herzog

Höss

Fue en el curso de la declaración de un testigo cuando se reveló en toda su complejidad el misterio del alma alemana. Ese testigo era el S. S. Hoess, después condenado a muerte por un tribunal polaco. Había ejercido a partir de 1944 el comando del campo de concentración y de exterminio de Ausschwitz y su interrogatorio, realizado por un oficial americano se realizaba a través del diálogo siguiente:

–Es efectivo que Ud. fue nombrado comandante del campo de Ausschwitz en 1944?

– Es efectivo.

– Es efectivo que Ud. trató de aumentar el número de muertes realizadas en el campamento?

– Es efectivo.

– Es efectivo que, con este fin, Ud. ensayó un nuevo gas asfixiante e instaló una alfombra movediza entre la cámara de gases y el horno crematorio?

– Es efectivo.

– Es efectivo que Ud. logró así masacrar a más de un millón de judíos húngaros sólo en el mes de julio de 1944?

– Es efectivo.

– Es efectivo que no habló jamás a nadie de lo que ocurría en el interior del campamento?

Y Hoess tenía entonces esta extraordinaria respuesta:

– Sí, es efectivo, pero es posible que yo haya hablado de ello alguna vez, a mi mujer, en el curso de una conversación.

El proceso no sólo ha permitido establecer la comprobación de los hechos; él ha revelado la naturaleza de los hombres y esta revelación no es menos importante que esta enseñanza: la educación de los pueblos es la garantía más segura de la paz internacional.

Es a la obra de paz, cuya prosecución corresponde a los hombres de nuestra generación, a la cual los jueces de Nuremberg han tratado de aportar su contribución. Por las condenas que ellos han dictado en contra de los grandes criminales de guerra hitleristas, han notificado que, según la expresión del antiguo Secretario de Estado americano Henry Stimson, la guerra no es una aventura romántica, sino un crimen degradante, por el cual doce acusados han sido condenados a la horca y otros siete a penas privativas de la libertad, en tanto que tres inculpados, Von Papen, Schacht y el incoloro Fritsche eran absueltos. La sentencia no ha dejado de levantar protestas. El juez soviético, el general Nikitchenko, oficialmente se ha distinguido por la publicación de su opinión minoritaria contraria a las tres decisiones de absolución y contraria a la relativa indulgencia que ha beneficiado a Hess, condenado, Sin embargo, a prisión perpetua. La opinión pública internacional ha reaccionado en forma diversa: algunos se han emocionado ante la severidad de la condena a muerte de los generales, otros se han indignado frente a la benevolencia de ciertas decisiones. Qué hay que pensar de los veredictos de Nuremberg? Yo no sé si ellos coincidirán siempre exactamente, ya con el juicio de la Historia, ya con él juicio de Dios. Pero yo sé que ellos son la expresión de una justicia humana que, sin acusar debilidad, no se ha rebajado jamás descendiendo a la venganza. Los matices mismos de la sentencia atestiguan la conciencia de los jueces. Es en Nuremberg, independientemente de toda vindicta donde la justicia de los hombres se ha Pronunciado. Será ella escuchada y comprendida? He aquí que ya surge contra el proceso de Nuremberg la acusación de haber convertido a los criminales en mártires y de haber creado una grotesca leyenda. Goering lo había previsto y sin duda lo había querido así. El psiquiatra de la prisión de Nuremberg, el capitán Gilbert, me contaba antes del final del proceso, a partir del mes de febrero de 1946, que un día Goering había invitado a Funk a morir sin inquietud, porque un día el pueblo alemán lo reconocería como héroe y transportaría sus osamentas en una urna de mármol hacia un santuario nacional. Esto es posible, pero en el fondo poco importa. Los lamentables actores del proceso de Nuremberg pertenecen al pasado y sólo se cuenta con el porvenir. Ahora bien, lo que quedará para el porvenir, son los preceptos de Derecho Internacional enunciados en la sentencia del 1 de octubre de 1946, porque ellos fijan las obligaciones recíprocas de los Estados y de los individuos en el seno de la comunidad internacional que nos incumbe organizar.

La sentencia de Nuremberg descansa a este respecto sobre una idea-fuerza, la de la supremacía del Derecho Internacional sobre los derechos internos. El Derecho Internacional no sólo impone apremios a los Estados; él obliga directamente a los individuos quienes deben respetar sus imperativos sin poder atrincherarse tras la excusa tradicional, pero cómoda, de la obediencia a las prescripciones del orden interno. Placer extensivo el imperio del Derecho Internacional a los actos individuales, trasladar al individuo de la esfera estrecha de las soberanía de los Estados al amplio círculo de la sociedad internacional, tal es el camino que el Tribunal de Nuremberg se ha trazado y en el cual ha entrado deliberadamente. Un equívoco ha finalizado, equívoco que los jueces de Nuremberg han disipado desde un principio: el sofisma según el cual los actos del Estado no obligan a nadie, porque, por una parte, el Estado es una entidad a la cual no se puede imputar intención criminal y porque, por otra parte, ningún individuo puede ser declarado responsable por los actos del Estado. Esta tesis, hasta entonces tradicional ha sido sostenida por los abogados de los inculpados y más especialmente por el doctor Jahreis, profesor de la Universidad de Jena, en la exposición doctrinal que él ha presentado en nombre de la defensa. El Ministerio Público se ha negado a suscribirla: el Procurador General inglés Sir Hartley Schawcross ha calificado esta tesis como un absurdo prescrito y el Procurador General francés, señor François de Menchon, no ha tenido dificultad en demostrar que tal tesis reducía toda justicia internacional a la impotencia. El Tribunal se ha pronunciado en términos explícitos por la tesis de la acusación –”Se ha pretendido se dice en uno de los considerandos de la sentencia– que el Derecho Internacional no afecta sino a los Estados soberanos y no prevé sanciones con respecto a los delincuentes individuales. Se ha pretendido igualmente que cuando el acto considerado como crimen es ejecutado en nombre de un Estando, los ejecutantes no son responsables de ello, estando amparados por la soberanía del Estado. El Tribunal no puede aceptar ni una ni otra de estas posiciones. Esta admitido desde hace tiempo que el Derecho Internacional impone deberes y obligaciones a las personas físicas, y está probado en forma fehaciente que la violación del Derecho Internacional engendra responsabilidades individuales”. Así se encuentra desmentida la opinión de Napoleón según la cual los crímenes del Estado no pueden ser reprochados a nadie. Así se desprende del proceso de Nuremberg un Derecho Internacional nuevo, cuyo sujeto activo no es solamente el Estado, sino también el individuo considerado como miembro de una sociedad interestatal. Esta evolución del Derecho Internacional no deja de presentar algún peligro que conviene no ocultar.

El Tribunal de Nuremberg ha instituido un deber de desobediencia. Pide al individuo que desobedezca al Estado cuando los preceptos del derecho interno contradicen el Derecho Internacional, pues las obligaciones internacionales que se imponen a los individuos priman sobre el deber de obediencia para con los Estados de los cuales ellos dependen. Esto no presentaría dificultad si el orden jurídico universal estuviese organizado de manera de dar al individuo el sentimiento de una jerarquía de deberes; en el actual desorden de la sociedad internacional, el individuo no puede tener sino la sensación turbia y falaz de la contradicción, aun más, de la oposición entre deberes contrarios. Falta poner en ejecución los principios contenidos en la sentencia de Nuremberg, so pena que se seque en sus fuentes la bienhechora audacia, y para esto, la tarea que se impone, es triple.

Es preciso, en primer lugar, crear una jurisdicción penal internacional permanente. Es ésta la única manera de prevenir el reproche de que ha sido blanco el Tribunal Militar internacional de los grandes criminales de guerra, cual es el de ser una Jurisdicción de circunstancia, creada apresuradamente para satisfacer las necesidades del momento. Poco importa que esta jurisdicción permanente sea un Tribunal independiente como algunos lo preconizan, o una Cámara criminal de la Corte Permanente de Justicia de La Haya, como otros lo sugieren. Lo esencial es que esta jurisdicción exista y haga pesar en las relaciones internacionales la fuerza de su amenaza. Las reticencias de los Estados, que temen abandonar alguna parcela de sus poderes soberanos, deben ser dominadas y superadas las vacilaciones que se manifiestan en el seno mismo de la Organización de las Naciones Unidas, principalmente bajo la influencia de los Estados de la Europa Oriental, deben ser disipadas. Los hombres de la era atómica deben comprender que no tienen más alternativa que la de perecer por la fuerza o la de organizarse por el derecho. Ellos deben escuchar el mensaje de Nuremberg.

A esta jurisdicción internacional es preciso, en segundo lugar, darle una ley. La comisión de codificación del Derecho Internacional de la Organización de las Naciones Unidas, en el seno de la cual se ha elaborado la Convención sobre la represión del genocidio, adoptada por la Asamblea General de París, debe ampliar su campo de acción; le corresponde coordinar las normas usuales del Derecho Internacional sobre las cuales los jueces de Nuremberg han fundamentado sus sentencias y coordinarlas en una legislación internacional que fije infracciones y sanciones. No es que haya llegado la hora de ese Código Penal Internacional cuya adopción algunos autores han propuesto. La codificación es el resultado de los sistemas jurídicos evolucionados que se han fijado bajo la influencia de la costumbre. El Derecho Penal Internacional recién acaba de nacer a la vida jurídicas y conservará por la fuerza de las cosas, su carácter usual, mejor adaptado que la legislación a las formas cambiantes de la criminalidad internacional. Pero una etapa debe ser franqueada por medio de la codificación de las reglas actuales y ya consagradas por la costumbre. Estas reglas han sido confirmadas por el Tribunal de Nuremberg. Es necesario que una convención internacional codifique los principios de Derecho que el Tribunal de Nuremberg ha sancionado.

Pero la ley internacional quedará desprovista del alcance y la jurisdicción internacional, privada de autoridad si ellas no se fundamentan sobre una organización internacional cuya primacía ellas aseguren sobre los órdenes estatales.

La organización de la Sociedad Internacional es la tercera las labores que se imponen a nuestras preocupaciones, y es la más urgente y la más difícil. El contexto del mundo moderno dividido por facciones rivales en las cuales han reaparecido los nacionalismos, más intransigentes que nunca, no deja sino poco margen a la esperanza cifrada en los sueños de los protagonistas del Gobierno Mundial. Sin embargo, algunas realizaciones parciales mantienen nuestra esperanza. Cómo podríamos nosotros seguir sin pasión los progresos del panamericanismo? Cómo podríamos nosotros observar sin emoción el nacimiento de la Europa occidental? Ellos atestiguan la existencia de un espíritu americano y de un espíritu de la Europa democrática. La Sociedad Internacional no podrá, de la misma manera, establecerse sino cuando un espíritu internacional se forme y se desarrolle. Es a esta formación, a este desenvolvimiento al que deben incorporarse desesperadamente nuestros esfuerzos. La obra no solicita solamente la ciencia de los jurisconsultos y la paciencia de los estadistas; ella reclama la pasión común de los hombres de buena voluntad. Nosotros podemos aún, o perdernos juntos, o salvarnos juntos. Es el drama de nuestra generación; pero es también su grandeza. Trabajemos con todo nuestro corazón, con toda muestra inteligencia, con toda nuestra voluntad en esta oscura y grandiosa misión y cuando las dificultades surjan, cuando sobrevengan las desilusiones, sigamos trabajando. Depende de nosotros que la sentencia de Nuremberg perdure como una “experiencia” característica de una época agitada por la sucesión de las agresiones de la violencia y de las reacciones del derecho, o bien, que llegue a ser un “precedente” que asegure, por un sobresalto de la conciencia universal el triunfo del derecho sobre la violencia.


 

Este artículo fue publicado originariamente en la “Revista de Derecho y Jurisprudencia”, números 8 y 9 de mayo y junio de 1949, en Santiago de Chile.
Este documento se digitalizó a partir de la publicación editada el 5 de octubre de 1949 por la Imprenta de Chile bajo el número de edición 54364.
Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor en Madrid el 14 de mayo de 1997.

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mar 11 2011

El gobierno soviético anuncia que se une a la invasión de Polonia (17 de septiembre de 1939)

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 06:50
La fuerzas alemanas habían derrotado completamente a las fuerzas polacas, sólo quedaba una resistencia desesperada y sin sentido, cuando las tropas rusas invadieron Polonia el 17 de setiembre a las 04:00 hora de Moscú.  La invasión se realizó a todo lo largo de los 800 kilómetros de frontera ruso-polaca desde Polotsk, en el norte, hasta Kamcnets Podolski, en el sur.  La justificación por el ataque, esgrimida por el Kremlin, fue “para proteger los intereses soviéticos y los de las minorías de nuestros hermanos de sangre de Rusia Blanca y de Ucrania.”

Pero, no pasó mucho tiempo, en las primeras horas de esa misma mañana, cuando el portavoz del Ministerio de Propaganda alemán en Berlín declaró que la acción de la Unión Soviética tuvo la total aprobación de Alemania.   Eso no era ninguna sorpresa puesto que no se podía esperar otra cosa después de la firma del Pacto Ribentropp-Molotov.

Sin embargo, a pesar de la acción militar, Moscú insistió en que la Unión Soviética estaba manteniendo su neutralidad, pero que a causa de a todas luces era evidente que el Estado polaco había dejado de existir, los tratados entre Rusia y Polonia habían sido declarados nulos.

En los medios políticos, de prensa, los analistas militares y la propia opinión pública de París, Londres y Washington, nadie salía de su asombro y pocos se aventuraban a especular.  Pero, en la Embajada de Polonia en Londres, el propio embajador polaco manifestó muy presuroso que las fuerzas polacas se resistían enérgicamente a las tropas soviéticas a todo lo largo de la frontera y que el primer choque se produjo en la región de Molodeczno, sobre la vía del ferrocarril Vilna-Minsk.

Por su lado, el portavoz del Ministerio de Información británico dijo que el Gobierno no había recibido confirmación de los combates entre las fuerzas soviéticas y polacas, pero que se estaban haciendo esfuerzos por esclarecer los hechos, dándose cuenta de la ansiedad creada en vista de la “decisión trascendental que tendrán que encarar los británicos.” En este sentido la oposición cerró filas con el Primer Ministro Chamberlain, cuando el líder interino de la oposición, el Sr. Arthur Greenwood, declaró esa misma mañana: “Una cosa es cierta, pase lo que pase, la promesa de Gran Bretaña a Polonia será honrada.” En virtud del Acuerdo anglo-polaco, si los polacos declaraban oficialmente el ataque soviético como un acto de agresión, Gran Bretaña estaba obligada a ofrecer su ayuda.

Para el Premier Chamberlain, no había ningún intento en Londres de ocultar a sus aliados la magnitud del golpe y por ello convocó al Gabinete para esa misma noche y declaró que al Parlamento se le llamaría para una sesión extraordinaria para el día siguiente.

Mientras tanto, el Alto Mando alemán emitió un ultimátum de 12 horas, por Radio Berlín, dirigido a Varsovia, el cual expiró a las 03:00 hora inglesa.   En el comunicado le pidió al gobierno polaco la rendición incondicional.  Más tarde, la radio alemana anunció que el General Czuma, defensor de Varsovia, se había negado a cumplir con la demanda.   La suerte de Varsovia estaba echada.

El portavoz del Ministerio de Propaganda en Berlín, dijo que el asalto fue retrasado hasta las 15:00, para que las tropas polacas tuvieran 12 horas para rendirse y los civiles otras 12 horas para evacuar la ciudad, si el ultimátum era rechazado.

Las tropas del Ejército Rojo entraron en Polonia en la madrugada del 17 de setiembre para ocupar los territorios polacos de Polotsk a Kamenets Podolski, en Ucrania y Rusia Blanca.   El Gobierno Soviético la noche del día 16 entregó una nota al embajador polaco en Moscú, M Grzybowski, indicando que el Ejército Rojo había recibido la orden de marcha con el fin de salvaguardar los intereses de Rusia y de mantener el orden tras la caída del Gobierno polaco, cuyo paradero era desconocido.

Según el Kremlin, las tropas del Ejército Rojo protegerían a los bielorrusos y a las minorías ucranianas.  El Vicecomisario de Asuntos Exteriores, M. Potemkin, se entrevistó con M. Grzybowski a las 4 am, pero la Embajada de Polonia en Londres dijo que el señor Grzybowski se negó a aceptar la nota y que sólo transmitió un esbozo de la misma a su Gobierno, cuyo paradero se negó a revelar.   Pero, en la Embajada de Polonia en París, negaron la acusación rusa de que el Gobierno polaco había escapado de Polonia.

El Comisario de Asuntos Exteriores soviético, Vyacheslav Molotov, en un discurso transmitido por radio a la nación, anunció la ocupación de Polonia:

“Se ha ordenado al Ejército Rojo entrar a Polonia para proteger a nuestros hermanos de sangre.   El colapso de Polonia es un hecho.  Estamos tomando las medidas necesarias para liberar al país que fue arrastrado a una guerra por gobernantes incapaces.  Hemos notificado a todos los diplomáticos de nuestra neutralidad.   “No hay necesidad que nuestro pueblo acapare alimentos, porque no importa cuanto dure la acción militar, tenemos un reservas suficientes.   “Hago un llamamiento a los ejércitos para mantener la disciplina durante la gran tarea de la emancipación de los ucranianos y rusos blancos”.

“La última fase en el desmembramiento de Polonia”, continuó el señor Molotov, “ha ido asumiendo un carácter de amenaza para la Unión Soviética.  Nadie hubiera imaginado que las fuerzas polacas podrían haber sido obligadas a replegarse con tanta rapidez.

“En la situación que ha surgido los tratados de la URSS con Polonia han dejado de tener vigencia, porque el Estado polaco ha desaparecido prácticamente.  El resquebrajamiento interno es evidente.  La incapacidad del Estado polaco ha quedado demostrada por los acontecimientos de los últimos quince días.”

“Polonia ha perdido todos sus centros industriales.  Varsovia ha dejado de existir como centro de gobierno y nadie sabe dónde está el Gobierno polaco.   Esta situación causa especial preocupación para el Gobierno soviético.  El rápido avance de las tropas alemanas ha creado una nueva situación en el este de Europa que no se puede ignorar.”

“El Gobierno soviético está dispuesto a ayudar al pueblo de Polonia para recuperarse de la catástrofe en la que se han sumergido por la política aventurera y sin escrúpulos de su Gobierno.  El territorio polaco se ha convertido en el campo propicio para cualquier tipo de accidente o eventualidad.”

“La Unión Soviética ha sido neutral hasta el último momento, pero no puede permanecer indiferente frente a esta situación, ni puede ser neutral a la suerte de la población rusa blanca y ucraniana.  Su misión es extenderle una mano fraternal de asistencia a todas esas personas.”

“Por lo tanto, he instruido al Alto Mando del Ejército Rojo a marchar a través de la frontera y asumir la responsabilidad de la protección de la vida y la propiedad de esos pueblos”.   Molotov concluyó con un llamado al Ejército Rojo, para que muestre una rigurosa disciplina en el cumplimiento de la honrosa tarea de la emancipación.

En respuesta inmediata, la Embajada de Polonia en París, negó categóricamente las implicaciones en el discurso de Molotov.  Afirmando que el Gobierno polaco se encontraba aún en territorio polaco y agregó que los polacos se resisten a los rusos en todos los puntos.

Dirigiéndose a la población civil de Rusia, Molotov dijo: “Últimamente hay evidencias latentes de un deseo de acumular alimentos y otros bienes a causa del temor de la introducción de las tarjetas de racionamiento.  El Gobierno no tiene intención de tomar esta medida para cualquier tipo de productos.   Aun si las presentes medidas se prolongaran, nuestro país está bien provisto de suficientes productos de primera necesidad y por tanto puede prescindir del racionamiento de alimentos.”

“El preocupación actual de los trabajadores, de los intelectuales soviéticos y de todos los ciudadanos debe ser trabajar con honestidad y auto-sacrificio, todos en sus puestos, prestando así apoyo al Ejército Rojo.”

“Estoy seguro de que el Ejército cumplirá con su deber con honor y gloria.  Todos los ciudadanos y los miembros del Ejército están unidos como nunca antes, en torno al Gobierno y a su gran líder y sabio M. Stalin, por nuevos y sin precedentes éxitos en paz laboral y con las victorias del Ejército Rojo.”

Términos de la nota soviética

Una copia de la nota diplomática de la URSS a Polonia fue entregada más tarde a los representantes de todas las naciones que mantienen relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, diciendo:

“La guerra entre Polonia y Alemania ha revelado la podredumbre del Estado polaco y su Gobierno.  Durante la guerra de 10 días, Polonia ha perdido todos sus centros industriales y culturales.  Varsovia no existe más como capital.  El Gobierno polaco se ha desintegrado y ya no muestra signos de vida.”

Esto significa que el Estado polaco y su gobierno han dejado de existir.  En consecuencia los acuerdos soviético-polacos se han convertido en inválidos.”

“Abandonados y privados de liderazgo, Polonia se ha convertido en una presa fácil para todo tipo de eventos y sorpresas que puedan constituir una amenaza para Rusia.  Por lo tanto, aunque hasta ahora la URSS ha sido neutral, no puede encarar los acontecimientos con una actitud de neutralidad.  Además la URSS no puede considerar con indiferencia la suerte de los connacionales que viven en territorio polaco, que han sido abandonados a su suerte, sin protección”.

Los primeros combates entre las fuerzas soviéticas y polacas ocurrieron en Molodezcno, en el cruce del ferrocarril Minsk-Vilna, donde la guardia fronteriza polaca enfrentó a las fuerzas invasores soviéticas.

El mismo día 17, la Agencia de Noticias D.B.N. en Berlín emitió la siguiente declaración: – “Una ofensiva del Ejército ruso se está llevando a cabo simultáneamente a lo largo de toda la frontera, de Polotsk a Kamenets Podolski.  Esta medida Soviética no afecta en modo alguno la neutralidad de Rusia en el presente conflicto.  De acuerdo con el punto de vista del Gobierno soviético, los tratados anteriores ya no son válidos, porque el Estado polaco ya no existe.

La invasión soviética del territorio polaco planteó nuevos retos diplomáticos y nuevos desafíos militares para los aliados.  Inmediatamente surgió el planteamiento si la acción soviética significaba que Gran Bretaña y Francia declararían la guerra a la Unión Soviética, porque ambos países estaba sujetos en virtud del pacto con Polonia de ayudarla a defender su independencia y sus intereses nacionales al haber sido atacada.

Sin embargo, opinaron algunos analistas, que si Polonia aceptó la invasión soviética según lo descrito por Moscú al embajador polaco “con el fin de salvaguardar los intereses de Rusia y de mantener el orden” y no opuso resistencia al Ejército Rojo, sería poco probable que la URSS sea considerada como beligerante.

Sin embargo, los observadores militares no estuvieron sorprendidos con las razones que dio el Gobierno soviético para la marcha del Ejército Rojo sobre Polonia, ya que pensaron que era posible que el ejército polaco, fuertemente presionado por las fuerzas alemanas, tenía como única esperanza de librarse del acoso retirándose hacia territorio soviético.   Los soviéticos pueden haber recordado la forma en que la Legión Checa forzó la entrada a través de Rusia después de la Gran Guerra.

Cabe recordar que durante las primeras semanas de la guerra, el único comentarista militar británico que se refirió a un posible enfrentamiento entre Rusia y Polonia fue Sir Phillip Gibbs, quien escribiendo en una “Crónica del domingo”, dijo:

“A uno le parece que el corazón se le detiene por un momento, ante la idea de esa suprema tragedia -la segunda partición de Polonia, desgarrada por el águila alemana y el oso ruso.   Tal unión de fuerzas del mal sería otra amenaza para la civilización europea, y prolongaría la guerra aún para aquellos que todavía creen en el código cristiano y las libertades democráticas.  Los jefes militares de Gran Bretaña y Francia tendrán que repensar sus planes de nuevo y sopesar el equilibrio de las fuerzas, si Polonia se pierde.”

Pero, el enigma germano-soviético era esclarecido por la tregua entre Japón y la URSS en la frontera de Manchukuo y Mongolia y las indicaciones de que podía seguir un pacto de no agresión entre Japón y la Unión Soviética.  Cuando fue firmado el Pacto de no agresión germano-ruso el 23 de agosto de 1939, se afirmó que, mientras que el ejército chino había estado siendo entrenado por oficiales alemanes hasta el estallido de las hostilidades entre China y Japón, el general von Reichenau instó al Gobierno alemán que su política debía tender a asegurar una política conjunta chino-soviética-alemana de colaboración en el Lejano Oriente.

Al mismo tiempo, se creía en primer lugar, que, como precio por el pacto germano-soviético, Alemania había concedido que los Estados bálticos debían caer en la esfera de interés exclusivo de la URSS, en segundo lugar, que Rusia había apostado por una reclamación para la recuperación de la Rusia Blanca y las provincias de Ucrania en Polonia, y en tercer lugar, que Alemania contaba con suministros procedentes de Rusia de muchas materias primas esenciales para la prosecución de la guerra, evitando así el efecto del bloqueo británico.

El editor británico J.L. Garvin, en un artículo en el “Observer”, especulando sobre la posibilidad de un plan de partición de germano-ruso en Polonia, dijo:

“Las recientes referencias de Rusia para el tratamiento de los polacos rusos blancos y las minorías ucranianas, que suman muchos millones, se ven sin duda, como una reivindicación, no sólo para los grandes territorios que fueron quitados a Rusia después de la Primera Guerra Mundial, cuando Polonia fue reconstituida, sino también al este de Galizia, que anteriormente pertenecía a los Habsburgo y que había sido siempre codiciada por los zares”.

Garvin agregó: “Si un pacto germano-soviético de este tipo se llevara a cabo, otras consecuencias no serían menos siniestras para la independencia de los Estados bálticos y Hungría y por la existencia de Rumania en su forma actual.”

Los círculos diplomáticos en Moscú discutieron con impaciencia los informes procedentes del extranjero que decían que Rusia y Alemania tenían la intención de establecer un “Estado Tapón” entre ellos, en lo que entonces era la Polonia occidental.  Se acordó que ni Alemania ni Rusia querían tener una frontera común.  Cuando terminara la lucha, algunos círculos en Moscú pensaron, que era posible que los campesinos polacos en Ucrania podrían apelar a Moscú para ayudar a establecer un Estado independiente bajo la protección soviética.


Bibliografía

The Sydney Morning Herald
Russian Troops Cross Polish Frontier. (Corresponsal en Londres y A.A.P.)
18 de setiembre de 1939, pag 9.

The Mercury (Hobart, Tassmania)
Russians’ Advance Unchecked
20 de setiembre de 1939, pag. 1.

Este documento se publicó originalmente en http://www.exordio.com/1939-1945/codex/Documentos/invasion_sovietica_polonia.html

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dic 03 2010

Josef Mengele

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 03:22

josef mengele Josef Mengele Josef Rudolf Mengele  nació en Günzburg, Baviera, el 16 de marzo de 1911 y falleció en Bertioga, Brasil, el 7 de febrero de 1979)

Fue un médico y criminal de guerra nazi, especialmente reconocido por sus experimentos con seres humanos en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz, Polonia. Recibió el apelativo de el ängel de la Muerte por sus experimetnops con seres humanos en el Campo de Concentraciñón de Auschwitz.

Josef Mengele fue el mayor de los tres hijos de Karl Mengele (1881-1963) y su esposa Walburga (fallecida en 1946), unos acaudalados industriales de la ciudad de Günzburg (Baviera).  Sus hermanos pequeños fueron Karl Mengele (1912–1949) y Alois Mengele (1914–1974). Según cuentan sus allegados, mantenía una relación un tanto distante con su padre y estaba muy unido a su madre.

Estudió Medicina y Antropología en las universidades de Múnich, Viena y Bonn, con excelentes calificaciones.

En la década de los 20, Alemania era el centro cultural y artístico del mundo. La medicina y la música florecían y Berlín era considerada una de las ciudades más refinadas, sobrepasando incluso a París. Nuevos conceptos sobre la evolución de la raza humana se discutían. Las teorías de Darwin eran contrastadas con los nuevos descubrimientos y una nueva ciencia causaba revuelo: la eugenesia y el estudio de los crucves genéticos. Véase también en este sentido la Escuela de Chicago y las masivas esterilizaciones de indios norteamericanos por parte de las autoridades de Estados Unidos con esta misma doctrina. 
Ese ambiente sería de extrema importancia en la vida posterior de Mengele.  Josef Mengele

La familia Mengele tenía cuantiosos recursos, y su fábrica empleaba a 1.200 personas. Josef Mengele asistió a una escuela pública, y posteriormente al Gymnasyum, destinado a quienes tenían aspiraciones académicas. “Era un estudiante brillante y extraordinariamente ambicioso. Siempre intentaba hacer algo fuera de lo común, para ser un gran científico” (Julius Disbach, ex compañero de clases de Mengele). Otro amigo de esa época lo describió como agresivo y muy patriótico.
  En 1930, Mengele ingresó a la Universidad de Münich, ciudad que se convertiría en un centro de la agitación política. Allí, fue impactado por un discurso de Hitler sobre la superioridad de la raza germana. En esos tiempos muchos estudiantes se unieron al movimiento nazi. La “herencia” y la “eugenesia” eran términos aplicados normalmente por la comunidad científica, que en su mayoría apoyaba a Hitler y a su concepto místico del pueblo alemán, pueblo que no podía florecer si parásitos como los judíos, gitanos y otros, los contaminaban.

En 1933, Karl Mengele, nazi acérrimo, ofreció su taller industrial a Adolf Hitler para que éste pronunciara un discurso en Günzburg; por estos servicios, Karl Mengele recibió amplias facilidades económicas para hacer crecer su negocio.

Dos años después, en Múnich, Josef Mengele se doctoró en Antropología en 1935 con una tesis doctoral sobre las diferencias raciales en la estructura de la mandíbula inferior, bajo la supervisión del profesor Theodor Mollison. A continuación viajó a Fráncfort del Meno, donde trabajó como ayudante de Otmar von Verschuer en el Instituto de Biología Hereditaria e Higiene Racial de la Universidad de Fráncfort. En 1938 se doctoró en medicina con una tesis doctoral titulada Estudios de la fisura labial-mandibular-palatina en ciertas tribus.

Josef Mengele, a partir de las convicciones de Otmar von Verschuer, se convirtió en un antisemita acérrimo, convencido plenamente de la superioridad de la raza aria y que prodigaba un absoluto desprecio por el judío.

La incumbencia de Mengele como médico estaba orientada al estudio genético-racial más que a la medicina curativa.

Se casó en 1938 con Irene, una hermosa y educada dama de religión luterana -a pesar de que Mengele era católico romano- y tuvo un hijo llamado Rolf Mengele.

 Josef Mengele En 1932, a la edad de 21 años, Mengele se afilió a Casco de Acero, Liga de los soldados de vanguardia (Stahlhelm, Bund der Frontsoldaten), asociación nazi que se incorporó a la Sturmabteilung (SA) en 1933 y que Mengele abandonó poco después alegando problemas de salud. Se afilió al partido nazi en 1937 y en 1938 entró en la Schutzstaffel (SS). Entre 1938 y 1939 sirvió durante seis meses en un regimiento de infantería ligera de tropas de montaña. En 1940 fue destinado a la reserva del cuerpo de médicos, comenzando un período de tres años en el que serviría en una unidad Waffen SS, laDivisión Panzergrenadier SS Wiking. En 1942, en Rostov, resultó herido en una pierna en el frente ruso y fue declarado no apto para el combate. Gracias a su comportamiento brillante frente al enemigo en el frente oriental fue ascendido al rango de SS Hauptsturmführer (Capitán). Fue re-asignado entonces como Lagerarzt, médico de campo de concentración.

Algunas fuentes utilizan estos datos para afirmar que Mengele no tenía vocación alguna de experimentar con seres humanos, sino que era un simple médico militar del frente que, al ser herido, fue destinado a la retaguardia. De haber querido integrarse en las unidades médicas y de investigación d elos campos hubiera tenido sobradas ocasiones para ello antes de su grave herida de combate, dada su especialización académica en temas raciales.

Mengele fue enviado al campo de concentración de Auschwitz en sustitución de otro doctor que había caído enfermo. El 24 de mayo de 1943 se convirtió en el oficial médico del llamado campo gitano, una parte de Auschwitz-Birkenau, que administraba el KZ para entonces Rudolf Höß.

Consecuentemente, Mengele se convirtió en el oficial médico en jefe del principal campo de enfermería de Birkenau. Sin embargo, no fue el oficial médico en jefe de Auschwitz; por encima en la jerarquía se encontraba el médico de guarnición Eduard Wirths.

Fue durante su estancia de 21 meses en Auschwitz cuando el doctor Mengele alcanzó la fama, ganándose el apodo de “ángel de la muerte”. Cuando los vagones de tren repletos de prisioneros llegaban a Auschwitz II (Birkenau), con frecuencia Mengele esperaba en el andén junto a otros médicos para seleccionar a los más aptos para el trabajo y la experimentación, así como quiénes serían enviados inmediatamente a las cámaras de gas.

Mengele se paraba en una rampa frente a las filas e indicaba con un gesto de la mano quién moría y quién vivía: a la derecha iban los ancianos, niños, mujeres embarazadas e incapacitados; a la izquierda iban las mujeres jóvenes y hombres de evidente buen estado de salud. Los que quedaban en la fila de la derecha iban directamente a las cámaras de gas.

Los supervivientes de este campo de concentración que conocieron a Mengele lo describían como un oficial impecablemente aseado, muy apuesto y perfumado, de gestos aristocráticos y poseedor de una extraña mezcla de condescendencia y una ferocidad morbosa ante el poder de decidir quién vivía o moría. Una característica distintiva de Mengele era un notorio espacio interdental entre los dientes superiores frontales.

Muy pocas veces Mengele demostró humanitarismo respecto de alguno de los condenados, e incluso mató personalmente a algunos cautivos por desobedecer las reglas. Josef Mengele

Se llegaron a conocer casos de perversión sexual practicada con las mujeres de la fila izquierda; azotando los pechos con un látigo o ejecutando defenestraciones que dejaban inválidas a las muchachas que, tarde o temprano, terminarían en las cámaras de gas.

Mengele se mostró particularmente duro con aquellas internas que quedaban embarazadas de los guardias. Madre e hija (nacida o no-nata) iban a la cámara de gas.

Muchas veces, en los vagones en que se traía a los condenados quedaban cadáveres de madres con sus hijos aún vivos en brazos. Mengele ordenaba lanzar esas criaturas directamente al horno de la lavandería, para que sirvieran de combustible. Más tarde cambió de actitud: permitió a las embarazadas dar a luz, pero los bebés nacidos eran confiscados para ir a dar a una sala de experimentación en otro lugar del campo de concentración.

En muchos casos Mengele ordenó que a la madre parturienta se le vendase el pecho para que no amamantara a su bebé. Recopilaba datos sobre la muerte por inanición de los infantes.

Mengele explicaba a otros colegas su actitud:

-” Cuando nace un niño judío no sé qué hacer con él: no puedo dejar al bebé en libertad, pues no existen los judíos libres; no puedo permitirles que vivan en el campamento, pues no contamos con las instalaciones que permitan su normal desarrollo; no sería humanitario enviarlo a los hornos sin permitir que la madre estuviera allí para presenciar su muerte. Por eso, envío juntos a la madre y a la criatura.”

Todos estos testimonios, con ser estremecedores, dejan en el aire la pregunta de por qué aquellas mujeres eran elegidas para sobrevivir y no iban directamente a la otra fila, por qué razón seguían siendo útiles durante el embarazo y por qué no eran sustituidas por cualquiera de la spersonas más aptas que llegaban a diario en los trenes de la muerte. Este tipo de declaraciones de los  supervivientes han alimentado durante años las peores dudas de los revisionistas.magnify clip Josef Mengele

Los gemelos resultaban particularmente interesantes para Mengele. Dicho interés radicaba en las profundas influencias inculcadas por Otmar von Verschuer y Ferdinand Sauerbruch del Instituto Kaiser Wilhelm de Genética y Eugenesia, donde adquirió los conceptos de herencia y raza pura y el problema judío era el núcleo de las discusiones.

Mengele, siguiendo los pasos de Von Verschuer, había desarrollado un fuerte interés por los gemelos como una fuente de información acerca de estos conceptos. A partir de 1943, los gemelos eran seleccionados y ubicados en barracones especiales. Cuando en la rampa de selección localizaba gemelos, para éstos constituía una esperanza de alargar la vida el pertenecer a esa condición. Los gemelos eran ubicados en un recinto especial y eran tratados algo mejor que los demás internos.  Los experimentos incluyeron, por ejemplo, intentos de cambiar el color de los ojos mediante la inyección de sustancias químicas en los ojos de niños, amputaciones diversas y otras cirugías brutales y, documentado al menos en una ocasión, un intento de crear siameses artificialmente mediante la unión de venas de hermanos gemelos (la operación fue un fracaso y el único resultado fue que las manos de los niños se infectaron gravemente). Las personas objeto de los experimentos de Mengele, en caso de sobrevivir al experimento, fueron casi siempre asesinados para su posterior disección.

Mengele extraía los ojos a sus víctimas y los colocaba en una pared como un muestrario de las variedades heterocromas que existían. Intentó también por la vía química cambiar el color de pelo de los internos mediante la aplicación de dolorosas inyecciones subcutáneas y en algunos casos realizó castraciones y experimentos en la médula espinal dejando paralizados a los intervenidos.

 Josef Mengele En cooperación con otros médicos, Mengele intentó también buscar un método de esterilización masiva; muchas de las víctimas fueron mujeres a las que se les inyectaban diversas sustancias, sucumbiendo muchas de ellas o quedándose estériles en muchos otros casos.

En otras ocasiones realizaba experimentos sumergiendo en agua helada a internos fuertes para observar sus reacciones ante la hipotermia.

Mengele también realizó experimentos con gitanos y judíos que tenían deformidades, enfermedades hereditarias (enanismo, síndrome de Down), siameses e incluso con mellizos, diseccionándolos vivos y sumergiendo luego sus cadáveres en una tina con un líquido que consumía las carnes, dejando libres los huesos. Los esqueletos eran enviados a Berlín como un macabro muestrario de la degeneración física de los judíos.

Otra de sus líneas de “investigación” fue el virus etno-específico. Estas investigaciones, entre otras, resultaron de gran interés para los norteamericanos en la posguerra por su posible utilidad en la guerra bacteriológica y se citan a veces como la causa principal de que nunca fuese detenido y muriese en la más absoluta impunidad.

En 1944, Mengele deseaba un cambio: aunque estaba orgulloso de sus experimentos, pretendió ascender en el escalafón de las Waffen SS haciéndose evaluar por un inspector.

El informe emitido por un coronel SS destacaba la personalidad, profesionalidad y celo del deber de Mengele, que le daban méritos para un ascenso y un nuevo puesto. Sin embargo, por motivos desconocidos, nunca se le reasignó desde Auschwitz.

El 26 de noviembre de 1944, Richard Baer, comandante de Auschwitz, recibió el extraño comunicado de desmantelar la instalación decayendo el ritmo de exterminio del campo. La orden provenía directamente de Heinrich Himmler, a muchos les causó sorpresa la situación.

23 días atrás Mengele se había parado en la rampa de selección y había enviado su última selección a las cámaras. Para él la orden no lo extrañó, pues suponía que Alemania perdía la guerra.

Mengele abandonó de forma encubierta el campo el 17 de enero de 1945, diez días antes de la liberación del campo por parte del Ejército Rojo. Se dirigió al campo de concentración de Gross-Rosen, pero este campo fue cerrado en agosto de 1944 y en abril de 1945 huyó hacia el oeste camuflado como un miembro de la infantería regular alemana con identidad falsa. Finalmente fue capturado.

Fue prisionero de guerra, cerca de Núremberg hasta que resultó liberado por los aliados, que desconocían su identidad.

Durante los juicios de Núremberg no se mencionó a Josef Mengele como genocida. Josef Mengele

Se han trazado muchas conjeturas sobre la huida de Mengele, en una se le atribuye el concurso de una muchacha judía para su escape. Escapa gracias a la Operación Paperclip. Esto demuestra, una vez más, que fue ayudado a escapar por los aliados, interesados en sus conocimientos científicos.

Tras esconderse algún tiempo en Günzburg y luego en Baviera, Mengele partió hacia América del Sur, concretamente hacia Hohenau (Paraguay), en 1949, donde muchos otros oficiales nazis huidos y ayudados por la organización ilegal ODESSA habían llegado y encontrado refugio. Irene no siguió los pasos de su marido y de algún modo le repudió a él y su familia y se separaron de hecho.

Josef Mengele se divorció por correspondencia de su esposa Irene, la carta la traía su padre Karl quien lo visitó en la Argentina.

Como su nombre no estaba mencionado en la prensa y al parecer la cacería de nazis a él no le alcanzaría, se juzgó libre de sospecha y audazmente volvió a tomar su nombre original, se inscribió como tal en la guía telefónica de Buenos Aires e incluso viajó a Suiza a visitar a su hijo Rolf en 1956, sin que nadie siquiera sospechara de él y su pasado.

En 1958 se casó en Colonia (Uruguay) con Maria Martha Will, la mujer de su hermano Karl, que había fallecido en 1949. Ella y su hijo se mudaron a Argentina para reunirse con Mengele, aunque ambos regresaron a Europa años después.

Su familia en Alemania le respaldaba económicamente y prosperó en los años cincuenta, primero montando una tienda de juguetes y después como socio de una empresa farmacéutica, la Fadro Farm.

El acta de divorcio entre Irene y Josef Mengele fue encontrada por Simon Wiesenthal y dio luces a la dirigencia judía de que Mengele estaba vivo y además en la Argentina. Se enviaron los datos para ser corroborados por colaboradores en la Argentina y se pidió la extradición por parte del gobierno de Bonn, que fue rechazada por el gobierno argentino aduciendo que Mengele no vivía en dicha dirección.

MengeleLetter Josef Mengele Mengele fue advertido de esta situación y se escapó de Buenos Aires. Una de las personas que advirtieron a Mengele era Hans-Ulrich Rudel, el célebre piloto de Stuka que era cliente de la compañía de Mengele. A Rudel, sus buenas relaciones con el gobierno del Paraguay le habían permitido tener amistad con el dictador Alfredo Stroessner, presidente de esa nación, y así se permitió aceptar a Mengele en ese país.

Sin embargo, a partir de entonces Mengele vivió de manera modesta. Los socios de su compañía lo exoneraron de sus funciones y lo despidieron.

A pesar de los esfuerzos internacionales en rastrearle, jamás fue detenido y vivió impunemente durante 35 años bajo diversas identidades falsas. La captura de Adolf Eichmann, juzgado en Israel, alimentó los miedos de Mengele y sus continuos movimientos y el Mossad le persiguió durante algún tiempo, pero los esfuerzos de Israel se dirigieron hacia la normalización de las relaciones con Paraguay y a la lucha contra enemigos más cercanos.

Increíblemente, ni el Mossad ni Wiesenthal lograron ubicarlo a pesar de que su hijo Rolf pudo visitarlo un par de veces e intercambiar correspondencia.

En 1959 Mengele vivió en Paraguay en forma muy modesta como inquilino de la familia Auler, los costes de manutención eran pagados por la empresa Mengele en Alemania hasta 1960; sin embargo, debido a ciertos conflictos de faldas, de carácter y, principalmente, a la persecución de Klaus Barbie, los miedos alimentaron la paranoia persecutoria de Mengele (no sin razón, pues le buscaban) y se trasladó a Brasil para vivir bajo el alero de otra familia de origen alemán, también subvencionada por la compañía Mengele, bajo el nombre de Pedro Gerhard. Luego se independizó y se trasladó a una favela, donde vivió en una modestísima cabaña.

Cuando alguna persona muy cercana le interrogaba sobre su infausto pasado, solía decir que él se limitaba a seleccionar sólo a personas aptas para el trabajo y que no mató a nadie.

En 1979, su estado de salud estaba en franco deterioro y la familia alemana que le asistía lo invitó a refrescarse en una playa de pendiente muy suave, Bertioga, y Mengele accedió. Cuando algunos miembros se introdujeron en la playa, Mengele los siguió hasta alcanzar una distancia adentro del mar de unos 100 metros y de escasa profundidad y, entonces, por motivos confusos y extraños, se ahogó, a pesar de que uno de los amigos llegó pronto a darle auxilio. En cuanto a las causas de la muerte, se especuló que pudieron ser desde calambres, ataque cardíaco, mareos, etc. hasta muerte provocada. La versión oficial es que “se golpeó con un madero mientras nadaba en una playa llamada Bertioga y se ahogó”. Lo que causa extrañeza es que Mengele no sabía nadar.

Fue enterrado en un cementerio en Embu con un nombre falso, Wolfgang Gerdhard, con la asistencia de su hijo Rolf. Ningún miembro más directo de su familia asistió.

En 1985, seis años después, sus restos fueron exhumados e identificados en medio de la presión mediática por parte de Israel, EE.UU., Wiesenthal y otros grupos antinazis. La identificación de los restos, si bien no fue concluyente en un cien por ciento, resultó satisfactoria para quienes lo buscaban. Un defecto dental que poseía Mengele en sus dientes superiores frontales fue comprobado, además de coincidir en edad y estatura.

En 1992, los análisis de ADN confirmaron finalmente su identidad. Josef Mengele

En cuanto a la importancia de sus investigaciones, nada se puede saber a ciencia cierta, pues el mito satánico de su persona eclipsa la faceta científica. No obstante, se le atribuyen importantes descubrimientos en el campo teórico de la clonación y otras disciplinas genéticas, así que como trabajos en el campo de los trasplantes de órganos.

Este artículo es una ampliación y revisión propia de la entrada correspondiente en Wikipedia

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sep 01 2010

EL BOLCHEVISMO EN LA TEORÍA Y EN LA PRÁCTICA. DISCURSO DEL DR. JOSEPH GOEBBELS, 1937

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 05:11

 

Mi Führer,

Excelencias,

Distinguidos invitados,

Compañeros y compañeras del N.S.D.A.P.

El hecho de que el fenómeno del bolchevismo representado en la teoría de Marx y llevado a la práctica por el Estado Ruso Soviético esté aun llamando la atención de los círculos políticos de la Europa occidental, como un fenómeno y una práctica política que los pueblos civilizados deben tomar en cuenta, tanto intelectual como políticamente, demuestra que existe una completa falta de visión interior en la naturaleza y en la estructura esencial del bolchevismo internacional. Lo llamado bolchevismo no tiene nada que ver con lo que nosotros llamamos o entendemos por ideas, o por concepción del mundo. No es nada más que una especie de locura patológica y criminal, ideada por los judíos, como se puede demostrar y dirigidas por los mismos, que quieren la destrucción de mundos civilizados y la fundación de un imperio judío internacional que sometería todas las naciones bajo su poder.

El bolchevismo sólo pudo tener su origen en la mente judía, y solamente el estéril asfalto de las grandes metrópolis hizo posible que creciese y se extendiese. Sólo pudo encontrar acogida en una humanidad que había sido moral y económicamente destruida por la guerra y la crisis económica consiguiente y era terreno abonado hasta para tan criminal doctrina. Es innecesario repetir que nosotros los nacionalsocialistas, al luchar encarnizadamente contra este peligro mundial como hicimos desde el primer momento de nuestra actividad política, no hemos defendido hasta el presente intereses capitalistas o antisocialistas. Nuestra lucha contra el bolchevismo no es en contra sino a favor del socialismo. Nuestra actitud nació de la fuerte convicción de que un verdadero y genuino socialismo sólo puede ser realizado, si el más ruin y degradado de sus vástagos, el “Judaísmo bolchevique”, fuese completamente exterminado. La lucha contra el bolchevismo sólo puede ser llevada a cabo por un pueblo que haya encontrado una nueva estructura para su vida interna y que esté a la altura de los valores dinámicos del siglo veinte: una estructura socialista en una forma nacional.

La burguesía es impotente en todas las naciones para la lucha contra el bolchevismo y por tanto no sirve para luchar contra él. Ni siquiera tiene una visión clara de los principios que dirigen e inspiran el bolchevismo. Para combatirlo eficazmente le falta a la burguesía la fuerza filosófica y la decisión intelectual necesarias así como la acendrada fe política y el vigor moral del carácter. No es sólo que carezca de comprensión, sino que cuando se le presenta la ocasión hace paces vergonzosas con el bolchevismo en virtud de erróneo principio del “mal menor”. Pero cualquier pacto que el mundo burgués contrate con el bolchevismo radical conducirá finalmente a una victoria del bolchevismo sobre la burguesía, obedeciendo a la ley natural de que el más fuerte siempre vence al más débil. El bolchevismo tiene una ventaja sobre todos los demás grupos que ejercen poderío político, exceptuando aquellos que le miran con la oposición más abierta y directa; moviliza las clases más bajas de la humanidad, que existen entre los posos de las naciones corrompidas las cuales son opuestas al Estado y las ideas que lo sostienen. Es la organización de los instintos más degradados de un pueblo que inicia la destrucción de lo productivo y de los elementos valiosos de una raza. Generalmente se aprovechan de un grupo que tiene fuerza política, que está basado en una minoría corrompida, determinada a alcanzar sus fines con métodos criminales y sin escrúpulos de ninguna clase para alcanzar el Poder absoluto. Su inclinación a acuerdos tácticos no debe sin embargo confundirse con su intención de acceder a concesiones de principios. El bolchevismo en principio no admite concesiones. Si llega a un acuerdo aparente, es sólo como medio para alcanzar el Poder absoluto. No tiene el menor escrúpulo en asesinar a aquellos que le han ayudado a conquistar el poder, una vez alcanzado. No es una perspectiva halagüeña para esos políticos burgueses de algunos de los Estados del Oeste de Europa que aun creen que se puede amansar el bolchevismo por medio del Frente Popular.

El bolchevismo es una dictadura de los inferiores. Se apodera del Poder por medio de mentiras y lo mantienen por la fuerza. Para combatirlo, hay que conocerlo a fondo y tiene uno que haber penetrado en sus secretos más íntimos. Todas las fuerzas superiores y morales de una nación tienen que ser movilizadas para aniquilarlo, ya que es un organismo amorfo y antirracial.

En un solo terreno el bolchevismo es maestro: en el terreno de la propaganda negativa, de la agitación de los pueblos por medio de mentiras e hipocresía, método que tiende a dar al mundo, falseando la realidad, una imagen desfigurada de la esencia, y de la íntima naturaleza de esa locura política. Lenin, el padre de la revolución bolchevique, dijo francamente que la mentira no sólo está justificada, sino que se ha demostrado que es el arma más eficaz de la lucha bolchevique. Schopenhauer dijo que los judíos son maestros en la mentira y por lo tanto no es nada extraño que el judaísmo y el bolchevismo se hayan fraternizado. El bolchevismo judío maneja la mentira con maestría. Se aprovecha de que al hombre de buena fe no le cabe en la cabeza que se pueda mentir tan descarada y cínicamente, cogiéndole desprevenido e incapaz de oponer resistencia alguna.

Mintiendo así es como el bolchevismo ha logrado atraer a muchos ingenuos y alcanzado éxitos sorprendentes.

De acuerdo con la naturaleza del bolchevismo su propaganda es internacional y agresiva. Su único propósito es corromper todos los pueblos de la tierra predicando y practicando en ellos la anarquía y el bolchevismo. Tiene fondos inagotables a su disposición porque los dictadores bolcheviques sin remordimiento alguno, matan de hambre al pueblo ruso para alcanzar este propósito. Esta clase de propaganda es especialmente peligrosa para los otros pueblos, porque está ayudada por comunistas de países extraños, que son agentes extranjeros del Komintern. Con su ayuda el bolchevismo trama conspiraciones en diversos países, difíciles de sofocar porque se arraigan en la vida política y nacional de los respectivos Estados. Se debe considerar como la amenaza más grave para un Estado la tolerancia de un partido que reciba órdenes de una Potencia extranjera. La experiencia enseña que los países donde existe un partido comunista potente están más o menos sujetos a las órdenes de Stalin especialmente en cuanto a situación militar, económica y política interior y exterior del país. Ejemplo de esto es que una de las Potencias del Oeste de Europa al concluir el pacto con Rusia tuvo que pedir a Moscú que ordenase al partido comunista de dicha Potencia que se abstuviese de minar al ejército y de boicotear los créditos para fines militares.

A las secciones comunistas de los diversos países les han ordenado preparar y realizar la revolución bolchevique. Están provistas de abundantes fondos para llevar a cabo esta misión y de una técnica de propaganda copiada de Moscú. Esta propaganda tiene como sólo propósito engañar a los pueblos sobre la verdadera naturaleza del bolchevismo y evitar que aparezcan informaciones verídicas de Rusia o, si salen, desfigurarlas de tal manera que no se las pueda dar crédito. La razón de esta política es que la Unión Soviética no puede permitir que la verdad de su situación interior sea conocida especialmente en los países cultos del Oeste de Europa. Si la teoría bolchevique puede ser un veneno tal vez atractivo y seductor, en cambio la práctica bolchevique es tanto más temible y horrorosa. Su camino está marcado por un sin fin de cadáveres y por ríos de sangre y lágrimas. La vida humana ha perdido su valor. Terrorismo, asesinato, bestialidad -éstas son las características de toda revolución bolchevique, bien sea victoriosa como en Rusia, o vencida y aniquilada como en Hungría, Baviera, el Ruhr y Berlín, o en plena lucha por su supremacía como ocurre hoy en España.

Cuando el bolchevismo ha detentado el Poder, no se preocupa de contradicciones entre la teoría y la práctica; las carabinas y las ametralladoras tienen la palabra. Pero en otros países se emplea una propaganda diabólicamente refinada para engañar al mundo sobre su verdadera naturaleza. La Europa burguesa no tiene la menor idea del encadenamiento de los hechos. Evita toda decisión repitiendo la consabida frase: No hay que inmiscuirse en cuestiones interiores de un país extranjero. Pero lo que es una realidad en Rusia, por lo que se combate en España, y lo que fatalmente se está preparando con amenaza inminente en otros estados europeos, eso es de palpitante interés mundial. No se trata aquí de ideas políticas más o menos peligrosas, sino de algo que atañe al porvenir inmediato de Europa y de lo que todos los estadistas deben preocuparse seriamente para combatirlo si no quieren más tarde cargar con la terrible responsabilidad de la ruina moral y material de Europa. Porque el problema del bolchevismo es el problema de la vitalidad europea, y no caben ahí términos medios: hay que definirse en pro o en contra, y obrar en consecuencia. Hay que resolver otro problema: la relación del judaísmo en relación con el bolchevismo. Solamente en Alemania puede ser públicamente discutido, pues sería peligroso en otros países -como también lo era en Alemania no hace muchos años, cuando ni aun siquiera se podía mencionar su nombre. No hay ninguna duda que los judíos son los fundadores del bolchevismo y son ellos quienes lo representan. Las clases dirigentes de la antigua Rusia han sido tan completamente aniquiladas que hoy en día los judíos constituyen el único elemento directivo. Los conflictos dentro del bolchevismo no son otra cosa que plática de familia entre judíos. Las recientes ejecuciones en Moscú, las matanzas de los judíos por judíos se explican sencillamente por la ambición ilimitada y su sed de venganza y destrucción. La creencia de que los judíos están en perfecta armonía entre sí es un completo error. Viven en armonía solamente cuando viven en minoría que está vigilada y amenazada por una enorme mayoría nacional. Esto no es e caso en la Rusia de hoy. Si los judíos viven juntos y disfrutan ya del poder como ha pasado en Rusia, las antiguas rivalidades empiezan otra vez, después de haber estado antes contenidas por el peligro común. La idea del bolchevismo, o sea, desintegración y destrucción de la moral y cultura, diabólico propósito para aniquilar pueblos, sólo se les puede haber ocurrido a los judíos. La práctica del bolchevismo sólo es concebible manejada por judíos. De acuerdo con su naturaleza no dan la cara, trabajan a escondidas en el Oeste de Europa. Quieren ocultar que tienen relación íntima con el bolchevismo.

Este modo de proceder ha sido y será siempre empleado por los judíos. Pero les hemos descubierto, y aun más, somos los únicos que hemos tenido el valor de llamar la atención al mundo sobre estos maestros del crimen. No tememos ninguna de las consecuencias de llamarlos por su nombre. Hubo un tiempo en Alemania en que se castigaba al que llamase judío al judío, lo cual no nos amedrentaba para llamarle por su nombre. Hasta hoy en día el mundo a veces protesta con noble reserva o con aparente indignación cuando a los judíos se les llama judíos y a los bolcheviques criminales. Pero estamos convenidos de que llegará el día en que abramos los ojos al mundo para hacerle ver el verdadero espíritu del judaísmo y del bolchevismo, lo mismo que ya logramos en Alemania y convencerlo a su vez del peligro de esa raza parasitaria. Entre tanto, ante el espectáculo de las crisis espantosas por las que atraviesan tantos países y el peligro inminente que les amenaza, no cesaremos de dar el grito de alarma: «Todo ello es culpa de los judíos».

Esta acusación será como un latigazo en la cara, contraída de odio, de los judíos. Tampoco les servirá si intentan adoptar la máscara de las formas democráticas. Ese método es demasiado ingenuo para impresionar ya a gente inteligente. No es más que un truco para tranquilizar a los filisteos intelectuales. Se alegran, de este subterfugio porque les permite evitar toda decisión. Esta supuesta democracia bolchevique, como algunos periódicos ingleses y franceses han osado ofrecer como ejemplo frente a la llamada Dictadura nacionalsocialista, es un conglomerado de “fango, sangre y lágrimas”. De cuando en cuando, los déspotas bolcheviques proclaman ese lema, ya apolillado, siempre que tienen la necesidad de recomendarse a Europa, después de un periodo de terrorismo brutal. Y de repente se publican carteles con propaganda comunista llenos de promesas vacías, anunciando para Rusia una nueva constitución y el sufragio universal secreto, etc… Pero todas estas promesas son mentiras, que especulan sobre la poca inteligencia y abulia de los filisteos. En realidad, el bolchevismo es el régimen más execrable de terror y sangre que el mundo jamás ha conocido. Los judíos lo han instituido a fin de atraerse el Poder y conservarse en él fuertemente, de manera que sea imposible arrebatárselo.

Nosotros los nacionalsocialistas, somos lo bastante sinceros para justificar y consolidar nuestro régimen, consultando al país una y otra vez, casi año tras año, por medio de plebiscitos secretos. El bolchevismo habla sin cesar del pueblo, del país, de los trabajadores y de los campesinos, pero en realidad su lema es “violencia”. Cada persona se forma por sí misma un concepto del bolchevismo, pero, en verdad, es la propaganda magistral de éste, lo que, a menudo, sugiere este concepto. Su manera de trabajar presenta el bolchevismo según exige la mentalidad de la persona, grupo de personas o nación a quien va dirigida. Todo ello es artificioso sin basarse en verdad alguna. Puede fácilmente pasar que los representantes de una gran Potencia se entusiasmen ante un nuevo ferrocarril metropolitano en -progreso natural en otro país cualquiera- o al oír su propio himno nacional en una recepción oficial y que, entonces, se reconcilien repentinamente con el bolchevismo, y sin motivo alguno, arrojen por la borda sus convicciones anti-bolcheviques. Los judíos rojos moscovitas a cada cual como les conviene. Se puede uno imaginar fácilmente cómo se burlaran y reirán entre sí de ese mundo burgués.

Nos odian tanto porque les hemos desenmascarado y estamos empeñados en destruir la idea y predominio bolcheviques en Europa. Su odio contra nosotros es ilimitado, y constituye nuestro título de gloria más preciado. Les arrancaremos la máscara y les mostraremos al mundo en su verdadero aspecto.

Ya hemos dicho que la opinión que los individuos y los pueblos que forman del bolchevismo es muchas veces debida a la propaganda bolchevique. Ésta, es maestra en el arte del engaño. Se quiere hacer creer que el Gobierno ruso no tiene nada que ver con el Komintern. Esto es lo más descarado y cínico que se puede uno imaginar; porque existe un habilísimo reparto de atribuciones entre el Gobierno Soviético y el Komintern. Pero creer que uno es diferente del otro es como creer que el Gobierno nacionalsocialista no tiene nada que ver con el Partido nacionalsocialista. La propaganda bolchevique trabaja sobre amplia base y sin restricciones. Su propósito es la destrucción. En los países extranjeros ayuda a la falsa concepción del bolchevismo, ingenua entre las ingenuas, pero que como existe constituye un peligro real.

El bolchevismo en la práctica es una cosa totalmente diferente. Así pasa; y no se puede negar que deja tras sí ríos de sangre. Su intención es llevar al mundo entero el caos en que están ellos sumergidos. Es la solapada intención del judaísmo, de alcanzar el predominio mundial. Por lo tanto, la lucha contra el judaísmo es, en el verdadero sentido de la palabra, la lucha universal. Empezó en Alemania y ha sido decidida en territorio alemán. Adolf Hitler es el caudillo histórico de esta campaña. Todos nosotros somos sus soldados de fila, y por lo tanto somos los cumplidores de esta universal misión. Nunca puede existir un acuerdo entre estos dos extremos. El bolchevismo tiene que desaparecer si Europa quiere recobrar su estado normal. Los judíos mismos bien saben que les ha llegado su hora. En uno de sus últimos esfuerzos han querido movilizar a todo el mundo en contra de Alemania. Quieren fortalecer su poder armándose febrilmente. En la Alemania nacionalsocialista ven un constante peligro para su existencia. En Rusia, el judaísmo ha levantado un baluarte que nunca creyó ver amenazado. Hasta un 98 por ciento representan en la Rusia Soviética la nueva burguesía compuesta por cobardes, arribistas, cínicos, intrigantes y frívolos. Estos judíos han obtenido los altos cargos y empleos, y pueden esclavizar a un pueblo de 160 millones de habitantes, cometiendo sus antiguas inmoralidades y ejerciendo una tiranía sanguinaria. Hombres sin ideal, sólo anhelan el sufrimiento de los pueblos y son una plaga para la humanidad. Ya hemos dicho que la propaganda soviética es lo bastante astuta para poder adaptarse a la mentalidad de aquellos a quienes dirigen. Puede ser moderada o radical según las circunstancias.

Cuando el terrorista Dimitroff habla delante del Komintern, su actitud es completamente diferente a la que el judío Litvinoff adopta ante la Sociedad de Naciones. La propaganda puede ser religiosa o atea, según el ambiente. Carecen en absoluto de escrúpulos y para ella el fin justifica los medios. Por todo el mundo ha extendido esta propaganda la maquinaria de su organización compuesta por las secciones y células comunistas en las diversas naciones. Con sólo manejar una pequeña palanca, se pone en marcha toda esta terrible maquinaria. En todos los países activa, abierta o secretamente, según le conviene. ¡Ay del Estado que la tolere! Un día será minado por la propaganda comunista, corrompido y aniquilado por no haber sabido prever y prevenir a tiempo.

Nosotros los nacionalsocialistas estamos en tan privilegiada situación que no necesitamos emplear miramientos cuando hablamos de los bolcheviques. No empleamos el lenguaje diplomático. Hablamos el lenguaje del pueblo y por lo tanto esperamos que los pueblos de las demás naciones nos entiendan. Tenemos la suerte de poder llamar a las cosas por su nombre, y nos encontramos obligados a hacerlo para que el mundo abra los ojos. No podemos ni debemos callarnos ante el peligro que amenaza a Europa. A cada nación le corresponde decidir su política, pero todo aquel a quien la suerte le haya permitido conocer la verdad y le haya dado medios para proclamarla, tiene el derecho y hasta el deber de anunciar muy alto y ante el mundo entero las catástrofes que se avecinan y los graves riesgos que se corren. El bolchevismo no es manjar que se come impunemente. Envenena y produce la muerte. Por esto, en este congreso nacionalsocialista damos el grito de alarma y prevenimos al mundo del peligro que le acecha. He tomado la determinación de enseñar lo que es hoy el bolchevismo en la práctica. Mostramos al mundo los procedimientos bolcheviques y arrancamos la careta a su doctrina, contribuyendo con ello a la mejor comprensión de la historia de nuestra época, que debe, más tarde servir de enseñanza y no ser nunca olvidada.

Entraré ahora en el fondo del discurso.
El obrero de la Europa occidental considera a la Unión Soviética como un Estado del proletariado y, por lo tanto, su Estado. Cree que la clase obrera ha podido eliminar en Rusia a los capitalistas explotadores y ha establecido la dictadura del proletariado. Cree también que el obrero libre ha erigido allí su Estado “la Patria de los trabajadores”.

Judíos como David Ricardo o Marx-Mardochai han sido los organizadores del movimiento marxista; judíos como Lassalle-Wolfssohn, Adler, Liebknecht, Luxemburg, Levi, etc… han organizado toda clase de movimientos obreros; desde las cómodas butacas de las redacciones, donde no corrían ningún riesgo, eran también judíos los que lanzaron a los obreros a las barricadas; judíos como Paul Singer, Schiff, Kahn, etc… fueron los financiadores del marxismo bolchevique.

El Gobierno de los Soviets ha sido y es hoy casi en su totalidad judío. Ni un trabajador forma parte del Gobierno. Casi todos los jefes bolcheviques que han sido fusilados en Moscú eran judíos, ni un solo obrero entre ellos, el triunvirato victorioso de este conflicto interjudío que forma la dictadura de la Unión soviética está compuesto de:

-Herschel-Jehuda (Jagoda), jefe de la G.P.U. (denominada posteriormente N.K.V.D.).

-Lazarus Mosessohn Kaganowitch, suegro de Stalin y comisario de comunicaciones.

-Finkelstein-Litvinoff, comisario de Negocios Exteriores.

Todos los cuales son judíos salidos de la judería.

El Gobierno de la Unión Soviética no es el gobierno del proletariado, sino el del judaísmo que gobierna hoy la población entera de Rusia.

La agitación política del Bolchevismo corresponde a su demagogia en el terreno económico. Proclaman que en la URSS el trabajador lleva una vida paradisíaca.

Hasta el mes de Abril de 1932 el periódico “Rote Fahne” reclamaba en su campaña electoral: «¡Basta ya de reducir los salarios! ¡Hay que aumentarlos! Exigimos la jornada de 7 horas y la semana de 40 horas con jornal completo!».

Veamos cómo se ha desenvuelto la Rusia Soviética. El precio del pan subió de 9 a 75 Kopecks por Kg desde 1928 hasta 1935. El salario mensual de un trabajador ruso ha caído al 78,5 % en relación al precio del pan. Si el trabajador ruso quiere bastante para vivir, tiene que trabajar según el sistema Stajanov, o sea, a destajo, en forma tal que la mayoría de los obreros no pueden jamás alcanzar tal exceso de trabajo. Consecuencia de esto son reducciones de salarios.

En 1932, el periódico “Rote Fahne”, una información acerca del domicilio del cual “disfrutaba” un camarada en la Unión Soviética; según dicha información, disponía de dos grandes habitaciones con luz eléctrica, calefacción central, etc…

Veamos ahora lo que en realidad es. Una obrera escribe en el diario comunista “Leningradskaja Pravda”: «Para mí, junto con mi hijo de año y medio, mi hermano y una hermana tuberculosa, sólo disponemos de un cuartucho sombrío. Nuestras quejas ante el comité comunista no han sido atendidas. Continuamos lo mismo que antes».

Aunque la comida de un obrero ruso se compone tan sólo de pan, sopa de coles y poleada, tiene que gastar en su manutención el 75% de sus ingresos. Si quisiera alimentarse como el trabajador alemán habría de gastar por término medio el doble de su jornal. Una frase bien conocida del bolchevismo es aquella de la libertad del trabajo para todos.

El 20 de Junio de 1932, el periódico “Rote Fahne” escribía: «Mirad la situación en Moscú, en Bakú, en Nowosibirsk y juzgad. No se pueden lograr trabajo, pan y libertad sin luchar siguiendo el ejemplo de los bolcheviques». Ahora bien , la manera de trabajar del obrero soviético podemos calificarla en justicia de trabajo de esclavo. Pero aun se ha llegado a más: le estaba reservado a la Unión Soviética el triste honor de restablecer la esclavitud en el verdadero sentido de la palabra. Unos seis millones de seres humanos pasan tormentos infernales en los campamentos de trabajos forzados en la Unión Soviética. En 300 de estos inmensos campamentos, el bolchevismo explota las fuerzas del obrero hasta límites increíbles.

A orillas del canal “Stalin-Mar Blanco”, construido de aquella manera, hay enterrados millares de aquellos desventurados.

Los judíos jefes de la G.P.U. los forzaban a trabajar en esas obras con una intensidad mortal. He aquí los nombres de esos esbirros: Herschel Jagoda, Davidsohn, Kwasnitzki, Isaaksohn, Rottenberg, Ginsburg, Brodski, Berensohn, Dorfmann, Kagner, Angert y otros…

La raza de Judá azota la “patria del proletariado” con el látigo bolchevique.

La propaganda bolchevique pretende haber librado a los campesinos de las garras del capital explotador. Para atraerse a los campesinos, el bolchevismo ha fundado la “Internacional campesina” en cuyo programa puede leerse: «exigimos la supresión de cargas fiscales, la disminución de impuestos para los labradores modestos, la expropiación sin indemnización alguna de los latifundios y que la tierra sea distribuida gratuitamente a los hijos de los campesinos para que la cultiven». Ahora bien, ¿cuál es la realidad? Las existencias de cereales en la Rusia soviética -que en otros tiempos casi sustentaron a la Europa occidental- no pueden hoy ni aun siquiera satisfacer las primordiales necesidades de la población rusa. La Rusia soviética cuenta hoy con millones de famélicos.

Entre la institución terrorista G.P.U. y los campesinos se ha entablado una lucha encarnizada.

Los judíos Kaganowitch, Jagoda y Baumann han realizado el reparto de tierras, apelando a la más extrema violencia y aniquilando a más de 15 millones de campesinos con familias.

El principal “éxito” de la política rural de los bolcheviques es la ley terrorista del 7 de Agosto de 1932 que impone como únicas penas a los campesinos por cualquier falta cometida, la de muerte, la de 10 años de reclusión o la de trabajos forzados.

Para poder aplicar esta ley, el bolchevismo judío abusa hasta de los niños, a los que azuza contra sus propios padres. El “Iswetija” del 28 de Mayo de 1934 cuenta que una chiquilla ha denunciado a su padre por haberse apropiado de trigo perteneciente a la colectividad.

El padre fue condenado a la pena de muerte, según la ley terrorista antes citada, y la niña felicitada públicamente.

Bajo el régimen liberal en Alemania, el partido comunista incluía en su famoso programa militar las exigencias siguientes: Art. 12: destitución de todas las autoridades y jefes no gratos. Art. 20: Supresión de cuarteles y abolición del principio de “ciega obediencia” a los superiores, así como democratización del ejército.

Sin embargo, en cuanto triunfó la dictadura bolchevique, se decretó la movilización general obligatoria de los trabajadores de todas las clases. Al que no se somete, se le fusila o se le encierra en los sótanos de la Tcheka.

En lugar de las previstas milicias voluntarias, se establece la unidad de mando, la férrea disciplina del proletariado, el régimen de cuarteles en todo rigor y los consejos de guerra.

Los “camaradas-comandantes” pasaron a ser tenientes, capitanes, en fin todo el escalafón de la jerarquía militar hasta mariscal rojo.

Y, entre tanto, el judío soviético Rabinowitch confiesa cínicamente que la pretendida “democratización” del ejército no era más que «un pretexto para apoderarse del mismo».

Otro de los tópicos bolcheviques, que a más incautos ha alucinado, es el de la “emancipación de la mujer”. Se la prometía librarla de los trabajos domésticos y colocarlas en pie de igualdad con los hombres. «La revolución será un fracaso en tanto que no arroje por la borda la idea de familia con sus lazos y deberes», ha proclamado solemne y enfáticamente el Komintern en su asamblea de 1924. Pero, en la práctica, ¿qué se ha hecho de esta preconizada y preciada emancipación de la mujer? Ahora, más que nunca, la mujer rusa está entregada a la voluntad omnímoda del hombre. Debe atender a su subsistencia dedicándose a los trabajos más penosos.

Hasta en los tristemente célebres campamentos de trabajo forzoso se encuentran más de un millón de mujeres.

Otra de las promesas de la propaganda bolchevique es que la mujer no tendrá que ocuparse en absoluto de sus hijos, por ocuparse de ellos el Estado. Pero, al mismo tiempo, la prensa del partido se ve obligada a confesar que el número de niños vagabundos aumenta sin cesar y que la delincuencia infantil adquiere magnitudes insospechadas y angustiosas.

Uno de los medios más eficaces de la propaganda soviética ha sido la campaña contra las leyes que condenaban el aborto. Hace ya 18 años que se practica el aborto con tal descaro y frecuencia que ahora los Soviets se ven en la necesidad de rectificarse prohibiendo el aborto a causa de las consecuencias desastrosas ya experimentadas.

El colmo de la hipocresía lo constituye la pretensión de la propaganda feminista en el país de los Soviets de considerar la prostitución como un mal necesario de origen burgués que el comunismo haría desaparecer definitivamente.

Ahí tienen Vds. el programa que este terrorista búlgaro había imaginado para revolucionar el mundo. Ahora, los hechos bastarán para probar cómo la teoría pasa a la práctica.

Después de dicha asamblea ha habido más de un centenar de levantamientos comunistas en las diferentes partes del mundo, entre otros en Brest y Tolón, que registraron muertos en 1935; en Lemberg, el 18 de abril de 1936, en que murieron 10 personas. En Salónica, el 10 de mayo de 1936 sucumbieron más de cien. Tres levantamientos armados preparados larga y cuidadosamente conmovieron durante semanas a países enteros: los levantamientos de Pernambuco, en noviembre de 1935, el de Buenos Aires, en enero de 1936 y el de España, en marzo de 1936. Se lograron sofocar en su origen seis intentos de levantamientos, entre ellos el de diciembre de 1935 en Uruguay y los de febrero de 1936 en Paraguay y Chile. Ocurrieron 62 grandes incendios intencionados, de los cuales el de Lants-chau (China) produjo 1.000 víctimas. Se contaron 54 asaltos a mano armada y se descubrieron 78 depósitos clandestinos de explosivos. En total, estos actos de los bolcheviques costaron la vida a 3.041 seres humanos.

Voy a dar algunos detalles interesantes. En la sesión del 30 de julio de 1935 de la asamblea comunista mundial, el camarada Dsordsos, delegado de Grecia, tomó la palabra para desenvolver un plan de acción. Y, un año después, el 5 de agosto de 1936, Grecia sufrió las dolorosas consecuencias de una huelga general que tomó desde el primer momento las dimensiones de una insurrección armada. El atrevido propósito de los camaradas Dimitroff y Dsordsos fracasó gracias a la fulminante y enérgica intervención del general Metaxas que evitó se precipitase Grecia en el pavoroso caos bolchevique.

En cuanto a las sublevaciones en las colonias, Dimitroff se expresa del siguiente modo: «Hoy en día, los indígenas de las colonias y países semi-coloniales no consideran ya el problema de su liberación como un ideal irrealizable. Por el contrario, a cada momento, mantienen sus reivindicaciones con energía creciente contra sus imperiales opresores».

A los seis meses escasos, estallaba en Siria una insurrección en la que la sangre corrió a torrentes. Y, a pesar de la renovada y cordial amistad franco-rusa, no renunció Moscú a la ejecución de sus planes demoledores en los territorios de protectorado de su fiel aliada. Pocos meses después, era Palestina el teatro de las maquinaciones bolcheviques, ocurriendo disturbios durante los cuales pudo incautarse la policía inglesa de infinidad de hojas comunistas y disolver reuniones clandestinas de funcionarios comunistas.

Marques, delegado de Brasil en la asamblea mundial, declaraba lo siguiente en julio del 35: «El país avanza a pasos agigantados hacia la lucha decisiva que producirá el derrumbamiento del Gobierno… y la instauración de otro revolucionario». Tres meses más tarde, un levantamiento comunista produjo en Natal y Recife 150 muertos y 400 heridos. Y Luis Carlos Prestes, el judío Ewert y el “ministro plenipotenciario” soviético en Montevideo, el judío y ex-comerciante de pieles Minkin eran desenmascarados como agentes de la “Alianza”.

Veamos ahora qué pasa en Francia: Dimitroff decía: «El Partido Comunista francés da el ejemplo a todas las secciones de la Internacional comunista de cómo se ha de realizar la táctica del frente común». Y Thorez, jefe del Partido Comunista francés, añadía: «La revolución no alcanza nunca el triunfo porque sí. Hay que prepararlo. Estamos decididos a seguir el ejemplo de los bolcheviques rusos. Estamos… por la potencia soviética».

El Partido Comunista francés ha estado a la altura de los elogios que le prodigó Dimitroff. De enero a marzo de 1936, el número de miembros pasó de 87.000 a 100.000. En junio llegó a 187.000 y en agosto a más de 225.000. Entretanto, las juventudes comunistas se cuadriplicaban. El número de electores saltaba de 790.000 a 1.500.000, de cuyo aumento corresponde nada menos que un tercio a la demarcación de la ciudad de París. Los diputados comunistas pasaron de 10 a 73, y la tirada de “L´Humanité”, que en 1933 era de 154 ejemplares, llego en algunos días de 1936 nada menos que a 750.000. En las elecciones legislativas de este año la propaganda comunista repartió 27 millones de impresos. Después de su adhesión al Frente Popular comunista, los sindicatos, que constaban de 800.000 miembros en mayo del 36 alcanzaron en agosto la elevada cifra de 4.300.000.

Francia sigue el mismo camino del Frente Popular español. Dimitroff, nuevo caballo de Troya, se encuentra entre los muros de París.

Pero, no hay lección de hechos más provechosa, no hay demostración más palpable y convincente de la gravedad de las resoluciones de la VIIª asamblea mundial que los actuales acontecimientos de España, sangrientos y angustiosos. Estos acontecimientos constituyen la realización, al pie de la letra, de las órdenes emanadas de dicha asamblea. Representan el “santo y seña” del Frente Popular que en Francia se encuentra en estado embrionario mientras que en España alcanza su trágico apogeo. Dimitroff había dicho, en efecto, que bajo un Gobierno del frente común, había que «aprovecharse hábilmente de la actuación de tal Gobierno para la estructuración revolucionaria de las masas», «armarse para la revolución social», «sólo el Gobierno soviético puede salvarnos».

Ventura, el delegado español, había indicado el programa que se debía seguir en los términos siguientes: «El proletariado español y nuestro partido acabarán de una vez y definitivamente con el fascismo y al mismo tiempo con los odiados privilegios burgueses, asegurando así el triunfo de la revolución de obreros y campesinos. Marchamos seguros a la victoria y con orgullo enarbolamos la bandera de Lenin y Stalin».

Ya, antes del cobarde asesinato del jefe monárquico Calvo Sotelo (13 de julio, 1936) habían caído 269 personas víctimas del furor revolucionario. El periodista francés Armijon da cuenta de los hechos siguientes: En Murcia, el populacho se apoderó de dos jóvenes a los que se motejaba de fascistas, maltratándolos brutalmente, en medio de la calle, y, por último una mujerzuela los decapitó a hachazos. Esto ocurrió el 16 de marzo y las víctimas se llamaban Pedro Cutillas y Antonio Martínez.

La prensa mundial no ha podido menos que saciar la curiosidad de sus lectores con relatos de las frecuentes y odiosas atrocidades cometidas por los marxistas españoles al dictado de sus dirigentes extranjeros. No es posible dar cifras, ni aun siquiera aproximadas, que concuerden con la triste realidad. El 19 de agosto se hizo público, y por conducto semi-oficial, que sólo en Madrid y sus suburbios se habían asesinado a más de 6.000 personas de las cuales 1.400 en el conocido parque de la Casa de Campo. En la Cárcel Modelo, la más grande de Madrid, había entonces 3.000 detenidos, y en la de San Antonio 1.146, en total, 6.000 prisioneros en Madrid. El informe que tengo ante la vista, de un testigo ocular que tenía su domicilio frente a la Casa de Campo, da cifras muy diferentes a las anteriores. Había podido comprobar que, hasta el 30 de agosto, unas 6.000 personas habían sido pasadas por las armas. El mismo testigo puede también asegurar que en otros lugares de la ciudad, en las calles y en las casas se han exterminado a otras 20.000 personas
(Información del alemán Heinrichs).

Otros testigos oculares que han podido presenciar las prácticas cotidianas de los bolcheviques nos refieren centenares de asesinatos diarios. Un joven extranjero ha visto con sus propios ojos cómo en la noche del 20 de agosto fueron asesinados unos 200 funcionarios de la “Cárcel Modelo”, y al día siguiente se ejecutaron en el patio de un cuartel a 250 miembros del partido fascista. El mismo testigo, presenció el 15 de agosto la llegada a Madrid de una conducción de 250 personas procedentes de Almería y que fueron entregadas a la policía por las milicias revolucionarias. Estos colocaron a 240 de estos desdichados junto al muro de la estación fusilándolos en el acto y sin formación de causa. Después acompañaron a los diez supervivientes a la cárcel para cumplir su “misión”. Poco después asesinaron a los jefes nacionales Ruiz de Alda, Fernando Primo de Rivera, Cuesta y Valdés.

El pueblo alemán deplora con unánime dolor la pérdida de siete compatriotas inmolados al furor de las hordas rojas y en las condiciones más espantosas que puedan imaginarse. Cuando intentaban dirigirse a Hamburgo, al Congreso del Recreo y el Descanso cuatro camaradas y miembros del Partido: Gaetje, Dato, Hofmeister y Treiz fueron detenidos por una banda de bolcheviques. Tras largo “interrogatorio” dos de ellos fueron conducidos detrás de una fábrica, los otros dos un poco más lejos, contra un muro, y los cuatro fusilados. Como se pudo comprobar después, los bandidos habían cometido el asesinato a perdigonadas. Hofmeister y Treiz estaban desfigurados hasta tal punto que sólo con gran trabajo y por las características de sus rostros pudieron ser identificados. Otros alemanes han sido también víctimas de este furor rojo, bien en sus personas o en sus bienes. Hans Hahner, miembro del Partido, ha sido muerto precisamente cuando se dirigía a ofrecer sus humanitarios servicios a la “Cruz Roja”. Su casa ha sido saqueada y su viuda ha quedado en la miseria. No sólo en Madrid, sino en toda España las “hazañas” de los rojos son innumerables. En Lora del Río murieron asesinadas 187 personas, y 250 en Constantina. (“Diario de Noticias”). En Cartagena, 600 oficiales y soldados han sido arrojados al mar con una piedra al cuello (“Germania”). En el convento de Baena, los comunistas asesinaron a 180 personas valiéndose de hachas y navajas de afeitar: entre las víctimas se encontraban el párroco de Santa María la Mayor, mujeres y niños. Las mujeres aparecían con el vientre destrozado (“Seculo”). Dos campesinos de Málaga cuentan que se han asesinado a más de 400 personas, arrojando una a pozos con pesos en los pies, atando otras a la cola de caballos que las arrastraban por las calles de la ciudad (“Seculo”). El agente consular italiano, Solaverani, asegura que una muchacha de 16 años ha sido la que primero disparó sobre un prisionero (“Die Front”, Zürich). En Rosal de la Frontera, los comunistas quemaron vivas a 40 personas acorraladas en una iglesia (“Journal de Genève”). En Ronda, asesinato de 400 habitantes, de los cuales 200 fueron precipitados al tajo (“Times”). En San Sebastián se fusilaron a 51 rehenes (“Evening Standard”). En Almendralejo, las tropas nacionalistas encontraron cadáveres de prisioneros crucificados cabeza abajo en los muros de la prisión, de ellos unos 80 quemados vivos (“Seculo”). En Cartagena, 50 Guardias Civiles, encadenados unos a otros por el cuello y provistos de barras de hierro fueron arrojados al mar desde el pontón “Sil” en que estaban prisioneros (“Daily Mail”). Mr. Emile Condroyer, corresponsal especial de “Le Journal” comunica que en El Arahal los bolcheviques encerraron en una prisión a 30 personas, hombres, mujeres y niños, arrojaron por una ventana petróleo y luego cerillas encendidas (“Daily Mail”). Es difícil formarse idea exacta de los detalles espantosos que llegan hasta nosotros relativos a ejecuciones de sacerdotes y atentados vergonzosos contra religiosas. He aquí algunos casos: El arzobispo de Tarragona y el obispo de Lérida, asesinados (“Journal de Genève”). Un americano, Henry Harris, afirma haber sido testigo en Barcelona del asesinato de 150 miembros de órdenes religiosas (“Matin”). En Piedralves, fue muerto, Don Dimas Madariaga, jefe de los sindicatos católicos de obreros (“Journal de Genève”). Se fusilan en Tarragona a 8 sacerdotes y a un fraile, este último después de haber sido pisoteado bárbaramente. (Noticias del Sr. Hausmann). Constantemente se oye de sacerdotes arrastrados por las calles después de haber sido decapitados. En Valencia, se fusilan por series a las religiosas, quemando después sus restos. Los curas de Adrero, de Las Casas y de Torres, perecen en circunstancias horrorosas (“Germania”). La narración de excesos tales se podría proseguir durante largo tiempo. Don Rafael Oriol, de La Habana, cuenta haber visto en Barcelona que entre las bandas de asesinos figuraban golfillos de menos de 15 años (“Diario de la Marina”). Obras de arte inestimables han sido destruidas, y asesinada la flor de la intelectualidad española.

Según el profesor Walter S. Cook, la catedral de Barcelona y todas las iglesias de dicha ciudad, con una sola excepción han sido incendiadas. Los célebres retablos de Bermejo, retablos que datan del siglo XV, han quedado destruidos, sufriendo la misma suerte la iglesia de Santa María del Mar, también del siglo XV. Del santuario de San Pedro de las Puellas, que se remontaba al siglo IX, no quedan más que cuatro paredes. Los célebres conventos de Barcelona y el palacio arzobispal pertenecen ya al mundo de los recuerdos. Este es el verdadero aspecto del ateísmo bolchevique que todavía se atreve, en algunos países a colaborar con las Iglesias. Pero, los cadáveres de las religiosas sacadas de sus ataúdes constituyen un exponente de las profanaciones de que es capaz el bolchevismo.

Y cuando uno de los principales instigadores del bolchevismo en España, Andrés Nin, ex-secretario del bolchevique Tomsky declara: “Hemos resuelto el problema religioso de la manera más sencilla, o sea, destruyendo todas las iglesias”, no podemos menos que comprobar que nos encontramos ante la personificación del ateísmo.

Esta es la verdadera efigie del bolchevismo.

En España, como en la Rusia de 1917 y en todos los demás países son judíos sin patria los maquinadores que provocan y dirigen las revoluciones bolcheviques. Y en cuanto a los que no son judíos, no cabe duda de que han perdido toda noción de espíritu nacional. Y ahora, ¿Quién es el verdadero responsable teórica y prácticamente de cuanto ocurre  en España? Todo lo que sucede no es otra cosa que la realización de las decisiones  tomadas en Moscú. Con este fin, Moscú ha enviado a España judíos bolcheviques  como Bela-Kuhn, “el verdugo de Hungría”, como Neumann, que en España lleva el  nombre de Enrique Fischer Neumann, como Kolzow-Ginsburg, disfrazado de  corresponsal del “Pravda” de Moscú y, finalmente, como el rojo diplomático de la  Sociedad de Naciones, el judío Rosenberg.

Estos son los jefes de todos los terroristas de la Rusia soviética que, con pasaportes  falsos muy a menudo, cosa extraña de origen francés, se dedican en España a su  sangrienta “profesión”. Nada es tan delator de los propósitos y la responsabilidad  de Moscú como su manifiesta voluntad de convertir la guerra civil desencadenada en  España por el bolchevismo en un conflicto internacional. El judío Chvernik,  presidente de los sindicatos en la Rusia soviética, confiesa abiertamente la intención  de ingerencia. Dice: “El comité central invita a todos los trabajadores y masas  populares de la Unión Soviética a prestar su ayuda material a los combatientes españoles que, arma en mano, defienden la república democrática”. (“Iswetija”). El “Iswetija” mismo declara que el primer secretario de las Federaciones sindicales de  Rusia ha enviado a los bolcheviques españoles la suma de 12 millones de rublos, o  sea, 36 millones de francos. El presidente de la República española, Manuel Azaña,  ha expresado su agradecimiento al judío soviético Kolzow-Ginsburg en los siguientes  términos: “Decid al pueblo ruso que su compasión y eficaz ayuda nos emocionen  profundamente. He tenido siempre la convicción de que la gran democracia de los  Soviets se haría en todo momento solidaria con la democracia española”. (“Börsen  Zeitung”).

Moscú se afana, por mediación de sus secciones del Komintern, en impeler a otros Gobiernos extranjeros a ayudar a los Rojos. La prensa francesa de derechas  constantemente de entregas de aeroplanos y material de guerra en general al Gobierno de Madrid.

Con despreocupación inaudita, el “Socorro Rojo” de Moscú organiza en todos los países suscripciones a favor de los bolcheviques de España.

El secretario de la C.G.T. francesa, órgano sindical del Frente popular, Jouhaux, André Malraux, etc. son los agentes de enlace entre los marxistas franceses y españoles. El Sr. Giral, Presidente del Consejo que fue, agradeció a Kolzow-Ginsburg «la brillante iniciativa de las organizaciones francesas y de las personas que ayudan tan eficazmente en su lucha al Gobierno español». Cita especialmente a Jouhaux, a Malraux y al judío J. B. Bloch y termina reiterando su reconocimiento “al pueblo hermano, al pueblo soviético”. (“Pravda”) ¿Cómo es posible que el Gobierno del Frente popular español agradezca a un judío soviético el apoyo prestado por los comunistas franceses? Muy sencillo. Este Gobierno demuestra con ello que los jefes de los partidos comunistas, tanto francés como español se inspiran en Moscú y le obedecen.

En indiscutible que los actos de inaudita en España han sido cometidos, o por lo menos provocados, por los agentes del Komintern, y que la Rusia soviética ayuda a los bolcheviques españoles financiera, política y materialmente. También es ya de dominio público que, tanto en el terreno de las ideas como en la práctica, el último Congreso del Komintern celebrado en Moscú tomó el acuerdo de introducir en España el bolchevismo y que Moscú se esfuerza en llevar a la práctica su propósito.

Que Moscú se propone, con voluntad férrea, desencadenar la revolución mundial, nos lo confirma el ejemplo de España. Quien cierre los ojos ante verdad tan incontestable, que no se queje más tarde de las consecuencias de tal ceguera. Esto es el bolchevismo en la teoría y en la práctica; una peste universal e infernal que todo hombre responsable debe esforzarse en que desaparezca.

No es por pura retórica por lo que nosotros, los alemanes, invitamos a todos los pueblos del mundo a coaligarse, todos a una, contra el peligro común. En caso de no hacerlo, todos los pueblos se verán arrastrados por este torbellino arrollador y sufrirán las terribles e incalculables consecuencias.

Alemania es quien ha dado el grito de alarma para esta lucha mundial. Nosotros, los nacionalsocialistas, hemos sido y somos los protagonistas de esta cruzada; durante 14 años, y en filas de la oposición, hemos combatido el bolchevismo en todas sus formas y aspectos; lo hemos hecho bajo Gobiernos que, siendo esencial y típicamente burgueses, no tenían la menor idea de la naturaleza y consecuencias del bolchevismo y detenían nuestro brazo siempre que
 
Hoy, nos parece casi un milagro que, a pesar de todo, hayamos podido acabar con el bolchevismo en Alemania. Es también, tal vez, un milagro en el plano más elevado de un orden de cosas supremo que no podía admitir que pueblos y civilizaciones milenarias fueran aniquilados por la voluntad destructora del judaísmo bolchevique internacional.

Hemos podido vencer al bolchevismo porque teníamos un verdadero ideal y una fe acendrada que poner frente a él, y en nuestras personas era la nación entera la que se levantaba contra el judaísmo y sus viles aliados de raza inferior; porque representábamos un ideario que, al contrario de la doctrina bolchevique, es bueno, noble e idealista; porque para nuestra lucha, no apoyábamos en el pueblo mismo y no, como los partidos burgueses, en la propiedad y la cultura intelectual; porque uníamos la fuerza de nuestro ideal al vigor de nuestra fe y al fervor político de una nación que despierta; porque teníamos un Führer que nos mostraba el camino que se debía seguir para salir de la época más triste de nuestra vida nacional y llegar a la luz radiante y pura de un halagüeño porvenir.

El gran mérito del Führer ante la Historia -mérito ya reconocido, en verdad, por el mundo entero- es haber levantado ante el asalto del bolchevismo a las fronteras orientales de Alemania, un firme baluarte, convirtiéndose con esto, en un verdadero caudillo moral de la Europa consciente en sus luchas decisivas contras las fuerzas subversivas de la destrucción y la anarquía. Como un caballero andante del ideal, como el caballero sin miedo y sin tacha ha enarbolado con potente diestra la bandera de l cultura, la humanidad y la civilización, y, con digna apostura, la enfrenta con el amenazador ataque de la revolución mundial.

Nos ha enseñado a reprimir y despreciar todo temor e inspirado el culto del honor, restaurando así los antiguos ideales y virtudes de nuestro pueblo. Esta actitud debiera servir de ejemplo y acicate al mundo entero.

El caso de Alemania es un ejemplo sugestivo, y, por cierto, en condiciones de lo más desfavorables, de cómo es posible acabar con el bolchevismo cuando se tiene la inquebrantable voluntad de aplastarlo, cuando se ponen a contribución los medios adecuados y cuando se adopta la firme decisión de luchar con toda la fuerza y el valor de que el hombre es capaz. El pueblo alemán ha logrado así su felicidad.

También pueden lograrla otros pueblos que tengan la suerte de encontrar caudillos providenciales con el ánimo indispensable para entablar la lucha.

Si miran con ojos bien abiertos, podrán convencerse de que el judaísmo infame una vez descubierto y desenmascarado no es ni inteligente ni peligroso. El mundo ya tiene un ejemplo que seguir; el de Alemania.

Es verdad que el nacionalsocialismo no es artículo de exportación y que sus no es indispensable que se inculquen a otros pueblos y aun menos que se les impongan.

Pero el nacionalsocialismo sí puede constituir una provechosa lección: su manera de proceder puede incitar a otros pueblos a seguir su ejemplo, salvándose así de crisis gravísimas.

Y los que estén en este caso, que se den prisa antes de que sea tarde, porque la demora pudiera encerrar grave peligro.

Nosotros, los nacionalsocialistas alemanes nos sentimos orgullosos de haber llevado a cabo esta empresa por Alemania, pero también por Europa.

Adolf Hitler, que se ha erigido en jefe indiscutible de esta lucha entablada por el Reich, se ha revelado con ello como un valor europeo de la más alta categoría.

Ha indicado a este continente, tan quebrantado, el camino que ha de seguir para vencer su crisis más peligrosa y con ello ha proporcionado a los pueblos de Europa ocasión de instruirse y orientarse. Porque el enemigo rojo de la cultura se infiltra y pulula por doquier y constituye una amenaza universal. Ya no es posible vacilar. No hay otro remedio que armarse para poder afrontar la lucha decisiva. El Este rojo amenaza. El Führer vela. Alemania, vanguardia de la cultura europea está ya en su puesto de honor y decidida a barrer de su frontera este peligro cueste lo que cueste.

En Alemania hemos extirpado radicalmente el cáncer bolchevique y no queda de él ni el menor rastro.

Ya no puede encontrar ocasión para infectarnos de nuevo de ninguna manera ni en momento alguno. Los últimos microbios de esta repugnante enfermedad que nos minaba han sido aniquilados.

Los que en tiempos fueron en Alemania caudillos y portavoces de esta funesta doctrina se han escapado a tiempo cruzando las fronteras o los hemos puesto a buen recaudo. Pero sus antiguos partidarios han encontrado, en su mayor parte, acogida en la nueva y gran comunidad del pueblo alemán.

Si intentase de nuevo Moscú reanimar el bolchevismo entre nosotros, sea donde sea, reprimiríamos esa tentativa tan implacablemente que Moscú mismo quedaría embargado de estupor. ¡Nada ni nadie podría contenernos! Y esta es la firmísima voluntad del pueblo alemán y lo que de nosotros exige.

Ya restablecida la paz en el interior del país, el pueblo alemán vive feliz, y está firmemente decidido a que no sea perturbado ni por nada ni por nadie. El Partido, protagonista de la lucha anti-bolchevique, vela por la seguridad del Estado alemán, protege al pueblo y a la nación en el interior, pero el ejército, encarnación de nuestra voluntad de resistencia y defensa nacional y racial, protege a Alemania en sus fronteras. Ambos son los baluartes de nuestra seguridad, los cimientos del pueblo y del Estado. Bajo su fuerte protección, la nación no tiene nada que temer. Entre tanto la anarquía roja moscovita aumenta sus fuerzas militares febril y desenfrenadamente. Sus armamentos tienen un carácter agresivo, porque todo regimiento rojo está animado de un ardiente espíritu de revolución mundial. Todo aeroplano bolchevique, todo cañón bolchevique se construye para lanzar a Europa en el caos. Las medidas que otros pueblos tomen para conjurar este peligro no son de nuestra incumbencia.

No está en nuestra mano obligarles a prepararse razonable y oportunamente. Pero lo que nosotros hacemos, no está inspirado por una blanda y vana política de contemporización con la Sociedad de Naciones o por tener en cuenta las simpatías más o menos ciegas que se sienten en otros países por el “ideal” soviético. o por esos indecisos y frágiles esfuerzos de colectividad que envuelven Europa en una tupida red. No. Nosotros no hacemos otra cosa que obedecer los imperativos de nuestro deber y de la conciencia de nuestra responsabilidad para con Alemania y Europa.

El Kremlin rojo ampliando las obligaciones militares ha aumentado los efectivos del ejército bolchevique.

La réplica del Führer no se ha hecho esperar: la ley del servicio militar obligatorio durante dos años ha devuelto a Alemania la seguridad que le es necesaria para preservarse de la anarquía roja.

Si otros Estados y Gobiernos se esfuerzan impremeditadamente en considerar como cosa baladí el peligro de Moscú, no por eso nos llevaremos nosotros a engaño.

Lo que los judíos moscovitas digan, es sí que es para nosotros cosa baladí; pero lo que hacen, eso, lo consideramos de importancia capital. Los conocemos a fondo y obramos como se merecen en consecuencia.: con lógica y precisión absolutas. Toma y daca. Ojo por ojo y diente por diente.

El pueblo alemán puede estar ya tranquilo y dedicarse al trabajo en plena paz felizmente restablecida.

El Reich no está indefenso, tiene la debida protección y la ola roja que avanza por el Este se deshará en espuma contra el dique del nacionalsocialismo. Sobre la nación se alza el Führer como genio protector de su pueblo, que vela por él los días de peligro y angustia, y cuyo espíritu anhela con voluntad fanática que Alemania vuelva a ser feliz, rica y respetada.

El Partido vela por nuestra seguridad interior, el ejército por nuestra seguridad exterior. Ambos, empero, obedecen alegres y decididos, la voluntad del hombre que marcha al frente de todos nosotros como centinela de su propio pueblo y promotor de una nueva Europa, más verdadera, más noble y más generosa.

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jul 12 2010

La fortaleza de Breslau (15 de febrero a 6 mayo de 1945)

Category: GRANDES BATALLASAdminis @ 03:56

 

 

 

Stalin tenía prevista la embestida final al corazón del III Reich el  21 de enero de 1945, por pedido de Churchill, para alivianar el frente occidental, finalmente dio la orden de atacar el 12 de enero.

 

Breslau

Ciudad ubicada en la Baja Silesia, a orillas del río Oder, sus inicios se debieron a la erección de un castillo por parte del rey bohemio  Wratislaw en el siglo X, en 1241 recibió un ataque de los mongoles y a partir de ese momento hubo una intensa colonización alemana.

En el siglo XV Polonia y Bohemia disputaron la posesión de Silesia y Breslau, cuestión decidida a favor de esta última, por lo que Breslau pasó a formar parte del Sacro Imperio Romano Germánico, del que Bohemia formaba parte como posesión de la Casa de Austria.

Esto se mantuvo así hasta el siglo XVIII, cuando Federico II de Prusia, arrebató a Austria toda Silesia incluida Breslau, convirtiéndola en la capital de Silesia.

En  Breslau en 1813 se inicio el alzamiento prusiano contra el dominio napoleónico.

En la primera mitad del siglo XIX, Breslau florece como una importante ciudad de Alemania, debido a su pujante industrialización y desarrollo comercial, pasó de tener 90.000 habitantes a 600.000, debido a sus recursos energéticos, materias primas y al trabajo de sus habitantes.

Cuando terminó la I guerra mundial, Alemania se vio obligada a ceder la parte más rica de Silesia a Polonia, lo que trajo las consabidas tensiones de entreguerras entre Alemania y Polonia.

 

 

 

 




El vendaval rojo

Hasta enero de 1945, Breslau se mantuvo al margen de los bombardeos, que eran más que nada en el oeste, por lo que mantuvo una gran industria bélica y recibió a miles de refugiados.

En agosto de 1944, Adolf Hitler ya había decidido convertir a varias ciudades del este de Alemania, en fortalezas, nombrándose al teniente general Krause, comandante de la fortaleza de Breslau.

Empezada, como dijimos la ofensiva soviética el 12 de enero, para el 22, Breslau ya estaba cercada, el comandante ruso era Ivan Konev, con su primer frente ucraniano, que con cinco ejércitos rodeó la ciudad-fortaleza,

La zona meridional de la Alta silesia era defendida por el 17º ejército alemán, que solo disponía de siete endebles divisiones, unos cien mil hombres, para defender un frente de 120 kilómetros, en la región industrial, en que se hallaban las minas y fábricas más importantes que quedaban en el III Reich, de hecho el Ruhr ya se había perdido.

Kóniev recibió la orden de Stalin de conquistar la zona en forma intacta en lo posible.

Kóniev empezó con una maniobra de envolvimiento, de tal manera que Schörner, jefe del grupo A de ejércitos, ante la gravedad de la situación, ordeno el repliegue. El mariscal de campo telefoneo al Führer y le comunicó; “Si no nos retiramos, perderemos todo el ejército….Vamos a retroceder en dirección al Óder”. Hitler, en forma contraria a lo que hacía habitualmente, acepto el pedido de Schörner, tenía en gran consideración a este, por su fidelidad y fanatismo, por lo que confió en su palabra.

Mientras tanto, Breslau era defendida por un variopinto ejército  de Volksstrum, juventudes hitlerianas, Waffen SS, la 269 división de la Wehrmatch, paracaidistas, personal de las fábricas de armamento y toda persona capaza de empuñar un arma, con un total de 45.000 defensores, de estos había 38 batallones del Volksstrum con un total de 15.000 miembros

germanfighterstm La fortaleza de Breslau (15 de febrero a 6 mayo de 1945)

 


La lucha se desarrollo casa por casa, al estilo Stalingrado, los defensores colocaron barricadas en las calles, como por ejemplo tranvías, o dinamitaban las casas o edificios situados en las intersecciones, para imposibilitar el avance soviético.

El norte y este de la ciudad fueron desalojados los civiles por la fuerza, debido a que sería el lugar de entrada de los rusos, estos actuaron con lanzallamas, contra los nidos de ametralladoras alemanes.

La población de Breslau fue suministrada en forma aérea desde la ciudad de Dresde, con aviones ju-52,  además se había almacenado carne de cerdo en los frigoríficos, para soportar el asedio.

Finalmente los soviéticos no realizaron el asalto final, sino que con la artillería bombardearon constantemente a Breslau, de tal manera que el 70 % de la ciudad, quedó destruido.

Como el ejército soviético tomó el aeropuerto, el general Niehoff, ordenó la construcción de uno nuevo, que se realizó bajo el fuego ruso, costando la muerte de 1300 trabajadores,  tenía 300 metros por 1 kilómetro de longitud, pista que finalmente nunca fue usada, salvo por el Gauleiter Karl Hanke, cuando el destino de Breslau estaba sellado y huyó en un Fieseler storch.

El sufrimiento de los civiles

Si algo había quedado enraizado en la conciencia de los alemanes, fue la masacre de Nemmersdorf, el 22 de octubre de 1944, aldea cerca de Könisnberg, en Prusia Oriental, donde el ejército rojo cometió diversas bestialidades y tropelías, como matar niños, violar mujeres y matarlas, matar ancianos y todo lo que tuviera vida.

Cuando se corrió la voz que el ejército rojo se acercaba a Breslau, cundió el pánico, pero el gauleiter Karl Hanke se negó a evacuar, recién dio el permiso el 19 de enero.

La provincia de Silesia contaba con 4.718.000 personas, 1.600.000 huyeron hacia los Sudetes, otros 1.600.000 hacia el oeste, sin salir de Alemania, y los restantes 1.500.000 fueron incapaces de huir a la llegada de los comunistas.

 wohnungp La fortaleza de Breslau (15 de febrero a 6 mayo de 1945)

germansexpelled La fortaleza de Breslau (15 de febrero a 6 mayo de 1945)

  

Tanto en la Alta como en la baja Silesia, desde 1944 había programados planes de evacuación, pero por razones de moral y propaganda, cuando se quiso realizar se hizo tarde y mal.

Al avanzar tan rápido los soviéticos, quedaron cortadas las vías ferroviarias, la evacuación se realizó a pie, en pleno invierno, con la mortandad que tuvo como consecuencia tal dislate.

Al este del Óder, se evacuaron 700.000 personas, pero en la localidad de Striegau a 50 kilómetros al suroeste de Breslau, no pudieron huir 15.000 personas, que sufrieron toda la furia del Ejército Rojo. Cuando la Wehrmacht recuperó Striegau en marzo de 1945, encontró una ciudad adoquinada de cadáveres.

Según la crónica de un trabajador polaco forzoso:

“Las atroces noticias aumentaron el miedo. Llegaban historias de asesinatos de ancianos y hombres que helaban la sangre en las venas. Se decía que violaban a mujeres de todas las edades, que cortaban los pechos de madres recientes, que rajaban el vientre de las embarazadas y les arrancaban del cuerpo a los nonatos. Se hablaba de que llenaban pozos profundos con cuerpos de personas vivas, que les saltaban los ojos con bayonetas o les cortaban la lengua, que llevaban a los alemanes como ganado a graneros o casas donde los quemaban vivos, que a los milicianos (Landsturm) que capturaban los llevaban al cautiverio  con tanques o camiones pesados y la gente contaba muchas cosas más que daban escalofríos”.

O sea que Breslau se vio invadida por gente que venía del este del Óder,

Luego la huida en masa de la misma Breslau, en carros de granjeros tirados por caballos o bueyes, carretillas, prisioneros extranjeros; rusos, franceses, serbios, con pequeños trineos en los que cargaban su equipaje, la temperatura fue en ese momento de 13/15 grados bajo cero, de resultas morían los niños, que eran abandonados en las cunetas. Se calcula haberse encontrado 90.000 cadáveres en las cunetas de las rutas al oeste.

Los pocos trenes que parte de Breslau son epicentro de escenas terribles, entre 60 y 70 niños murieron en la estación central, aplastados por la gente, desesperada por huir de Breslau.

Hubo un gran resentimiento de la población que huyó, contra algunas autoridades nacional socialistas, por lo tardío de la evacuación y porque varios dirigentes se pusieron a salvo ellos y sus familiares.

Para sumar más a lo trágico de los refugiados, muchos fueron a parar a la ciudad de Dresden, donde entre el 13 y 14 de febrero fue bombardeada brutalmente por la RAF, encontrando finalmente la muerte en el oeste, donde creían estar a salvo. Hitler evaluó la perversión aliada, pues Himmler en ese momento estaba preparando al ejército para un contra ataque, en Prusia, con mucho movimiento de tropas, sin ser molestado por la aviación; el comandante Harris, prefirió destruir una ciudad de evacuados.

Capitulación

Cuando Breslau capitula el 6 de mayo de 1945, una semana después que Berlín, estallaron incendios por toda la ciudad durante días, que se cobraron cientos de edificios y tesoros culturales que habían sobrevivido al terrible asedio.

  

El día 11 se declaró un grave incendio en la “Isla de la Arena” de la ciudad, que en apariencia empezó en el Instituto de Europa de este y se extendió a las grandes iglesias circundantes, el 17 estalló un incendio en la iglesia de María Magdalena del casco antiguo de la ciudad, que destruyo la decoración interior una de las torres de la iglesia y la campana que tenía 500 años de antigüedad y se fundió al caer.

En Liegnitz uno de los primeros colonos polacos en llegar describió:

“Una ciudad rica e inmensa vacía de gente. Limpia casi endomingada… La ciudad estaba abierta… uno podía apropiarse de un piso, una villa, un bloque de pisos dejado atrás por un médico, un banquero, un general. También podía prender fuego a una casa.

Esta prosperidad de la que uno podía tomar tanto como quisiera y que aún así, tenía el proverbial valor de los diamantes en el desierto, volvía loca a mucha gente… Hasta yo, que venía de la familia de un médico, a veces perdía el sano sentido común a la vista de esos objetos reunidos a lo largo de los siglos: que no iban a sentir unos pobres que procedían de casa en sótanos y cabañas de barro y que en toda su vida habían conocido el trabajo duro y unos ingresos escasos.

“Ellos (los soldados soviéticos) lanzaban a la calle objetos de lujo desde el último piso por diversión. Pantallas de lámpara, jarrones de cristal, orinales de cerámica. Todo se despedazaba al chocar contra el asfalto. Sillas, sillones y todo lo que cayera en sus manos salía volando por los aires. Y cuando arrojaban un clavicémbalo desde un balcón… ¡qué última nota emitía al estrellarse contra la calle!”

Karl Hanke, el gauleiter de Breslau huyó, el  nombrado sucesor de Heinrich Himmler los últimos días del Reich, amante de la mujer de Joseph Goebbels, terminó sus días en las Sudetes, con uniforme de las SS sin graduación, no siendo reconocido. Fue muerto el 8 de junio de 1945 cuando intento huir del campo de prisioneros en que se hallaba.

Murieron en el sitio de Breslau 170.000 civiles, 6.000 militares alemanes y 7.000 soviéticos, fue una lucha corta pero intensa y con muy poco resistieron a la inmensa maquinaria rusa, constituyendo otra historia de muerte y sufrimiento de la II Guerra Mundial.

  

Fuente original: M. Domingo en

http://historia.mforos.com

 
  
 


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may 16 2010

La revolución nazi

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 13:49

image013 La revolución naziEl nazismo era un movimiento revolucionario y su propósito consistía en destruir el orden existente. Qué reemplazaría este orden, era ya menos claro. Strasser y Peder propugnaban un Estado socialista; Roehm pretendía crear un inmenso ejército basado en las SA y bajo su mando. Hitler tenía por empeño obtener el poder y, como su voluntad prevaleció, la revolución nazi fue, simplemente, una lucha por el poder.

Hitler, no satisfecho con la Cancillería, pretendía un poder arbitrario y absoluto. Sólo en términos generales sabía, o le preocupaba, cómo podría utilizar éste y hacerse con él constituía un fin por sí solo. Durante la campaña electoral de febrero de 1933 se apercibió de qué carecía de programa, por lo que los argumentos utilizados a su favor hubieron de basarse en que el sistema existente había fracasado y debía ser reemplazado.

Tampoco tenía el Führer un plan lo bastante estructurado para obtener un poder sin control. Había llegado a Canciller, tanto por las faltas de otros como por su propia estrategia y continuaría observando una política oportunista. Estaba en la adecuada posición para poder destronar el Estado desde dentro, conclusión lógica de su «política de legalidad». Pero su fuerza residía en su inquebrantable convicción de que triunfaría y su absoluta certeza de lo que quería. Los había que esperaban llevar a cabo reformas constitucionales o una estabilidad económica, destruir la unidad sindical, preservar las escuelas católicas o establecer la dictadura del proletariado. Reconocían que el poder era necesario para alcanzar sus objetivos, pero sus deseos o su voluntad de aferrado era una tenue sombra al lado de la voluntad de un hombre que buscaba el poder para su propia satisfacción.

El nombramiento de Hitler había sido condicionado a que ganara una mayoría en el Reichstag y, sólo tres de los once puestos ministeriales, eran ostentados por nazis. Papen, por ello, había presumido reducir las ínfulas del Partido y utilizarlo. Conseguir mayoría, suponía arrastrar el Centro a la coalición nazi-nacionalista. Monseñor Kaas, líder del Centro, presentó una lista de cuestiones que servirían de base para las conversaciones, pero Hitler las calificó de demandas no negociables y persuadió a sus colegas de que, ante la imposibilidad de acuerdo, se hacían necesarias unas elecciones. Hugenberg advirtió el peligro que suponía permitir a los nazis participar en las elecciones investidos del poder del Estado, como sucedería al permanecer Hitler Canciller pro tempore al término de la legislatura. No obstante, como Hugenberg pusiera objeciones a una coalición con el Centro, sugiriendo la alternativa de un régimen autoritario, Hitler pudo sin gran inconveniente hacerle caso omiso con la excusa de que había prometido a Hindenburg intentar para su gobierno un mandato parlamentario.

Los nazis entraron en la campaña electoral seguros de su éxito. La industria entró en juego y las arcas recibieron las contribuciones de Krupp, Aceros Unidos, I. G. Farben y otros. Goering, entonces Ministro del Interior en Prusia, purgó la policía del Estado y nombró para puestos vitales a líderes SA activistas. Se reclutó una fuerza auxiliar de 50.000 hombres, en gran parte entre las SA y las SS, quienes llevaban simplemente brazales blancos en sus uniformes del Partido y ofrecieron una máscara de legalidad cuando se trató de ayudar a sus camaradas a aterrorizar a los judíos y a los oponentes políticos del nazismo. Incluso las cifras oficiales admitieron que 51 personas habían resultado muertas en la campaña. Los nazis monopolizaron las redes de emisoras controladas por el gobierno, mientras que sus líderes oradores, por su parte, acribillaban con desabridos discursos al país. La policía, con ánimo de desorganizar la oposición, hizo una redada en la Casa Karl Liebkrecht de Berlín y un comunicado oficial describió el descubrimiento de planes de una revolución comunista. No se aportaron pruebas concretas ni se necesitó ninguna después de que, en la noche del 27 de febrero, el edificio del Reichstag desapareció pasto de las llamas. Un joven comunista holandés, van der Lubbe, fue acusado del incendio, declarado culpable y ejecutado. El intento de implicar a los líderes comunistas resultó fallido y hubo que ponerlos en libertad.

Muchos supusieron que los nazis habían quemado en secreto el Reichstag para poder contar con una base suficiente para suprimir el KPD. No obstante, investigaciones recientes dan como probable que el holandés fuera culpable, como siempre confesó.

Sea cual fuera la verdad, Hitler aprovechó la oportunidad para persuadir a Hindenburg de que el 28 de febrero firmara un decreto suspendiendo las garantías de libertad individual, permitiendo al gobierno del Reich asumir en caso necesario plenos poderes en los Estados y aumentando la pena por delitos como traición, sabotaje e, irónicamente, violación grave de la paz.

En tanto, se permitió al KPD continuar en funciones, para poder escindir así la votación del ala izquierda entre este partido y los social-demócratas.image008 La revolución nazi

A pesar de los medios a su alcance, en marzo, el Partido Nazi ganó sólo el 43’9 % de los votos. Una mayoría de alemanes había votado en contra, pero en las votaciones a favor superaron las de cualquier otro partido y, como la coalición nazi-nacionalista alcanzaba una mayoría en el Reichstag, es justo afirmar que el pueblo alemán había expresado su aquiescencia a la destrucción del gobierno democrático.

Hitler era ya capaz de llevar a cabo la revolución por vía legal. La base constitucional del régimen nazi la dio una única ley, la «Ley para la supresión de la miseria del pueblo y el Reich», ordinariamente denominada Ley de Poderes. Ésta concedía al gobierno capacidad legislativa para cuatro años sin necesidad del consenso del Reichstag e, incluso, con alcance a desviaciones de la Constitución y tratados internacionales. Estas leyes serían decretadas por el Canciller y entrarían en vigor al día siguiente de su publicación. La Ley de Poderes, por suponer una enmienda a la Constitución, necesitó el acuerdo de dos tercios del Reichstag, pero esto fue fácilmente conseguido. Muchos diputados comunistas fueron arrestados basándose en la Ley del 28 de febrero; los nacionalistas quedaron confortados con una cláusula de la ley que dejaba los poderes presidenciales incólumes y los centristas fueron conformados con pródigas promesas de Hitler y una declaración escrita por Hindenburg, de que el Canciller no haría uso de sus nuevos poderes sin antes consultarlo. Muchos conservadores y oficiales de la Reichswehr quedaron deslumbrados por la espléndida ceremonia celebrada en la iglesia de la guarnición de Potsdam, el 21 de marzo de 1933, en la que Hitler habló fervientemente de su lealtad a la tradición alemana.

Dos días más tarde, se reunía el Reichstag en el Palacio de la Opera de Kroll para confirmar la Ley de Poderes. Los social-demócratas fueron los únicos que votaron en contra ante la evidente furia de Hitler; un acto éste de considerable valor, con las SA fuera del edificio cantando: «Queremos la aprobación o sangre y fuego». Los Cancilleres anteriores habían dependido de que el Presidente quisiera o no firmar decretos de emergencia, pero Hitler ahora detentaba el poder directamente, con derecho a suspender la Constitución.

Con esta nueva arma, los nazis desencadenaron la política de «coordinación» (Gleichschaltung), gracias a la cual las instituciones vitales pasarían al control del Partido.

Ya para el 9 de marzo, los nazis habían tomado el poder por la fuerza en Baviera, donde la Reichswehr permaneció neutral por orden de Berlín. Goering controlaba Prusia desde hacía algún tiempo y, con la base de la Ley del 28 de febrero, fueron nombrados comisarios de policía nazis en Badén, Sajonia y Württemberg. En abril se nombraron gobernadores del Reich, Reichsstatthaelters, en los diversos Estados con poder para nombrar y separar gobernadores y funcionarios, disolver las Dietas y publicar leyes. Hitler reemplazó a Papen en sus funciones de Reichsstatthaelter de Prusia. En enero de 1934 fueron abolidas las Dietas en todos los Estados y los poderes soberanos de los Estados fueron transferidos al Reich. Los Estados conservarían una existencia formal, pero el sistema dual, que se remontaba a 1871, había sido barrido.

Los partidos políticos rivales fueron rápidamente suprimidos. La policía estatal prusiana de Goering, la Gestapo, entró en acción, y se inauguraron campos de concentración en Dachau y en otros lugares para recibir a los indeseables políticos. Los Demócratas y el Partido del Pueblo, que habían perdido la mayor parte de sus adictos a favor del nazismo, se disolvieron por propia iniciativa. Los Social-Demócratas, Centristas y el KPD se encontraron con sus edificios, periódicos y fondos confiscados y sus líderes arrestados. Incluso las oficinas del Partido Nacionalista fueron ocupadas y Hugenberg, previendo el temporal, disolvió su partido. El 14 de julio, una nueva ley declaró al Partido Nazi el único partido legal de Alemania y tipificó sanciones por intentar organizar otro. Papen, Hugenberg y los otros que auparon a Hitler al poder habían mantenido sus intrigas en un contexto convencional. No estaban preparados, ni mucho menos, para un movimiento que, armado con una ley única, aplicaba los métodos del gangsterismo a la vida política.

mein La revolución naziMientras el Führer proseguía con su revolución política, los miembros «rasos» perseguían sus objetivos personales. La violencia fue empleada flagrantemente por las SA, que establecieron celdas de castigo («carboneras») en los sótanos y almacenes de las grandes ciudades, en las que se maltrataba a la gente o se les exigía una suma a cambio de su libertad por cualquier causa perversa, desde la gula al sadismo. Simultáneamente, surgió una desenfrenada competencia por empleos y cargos de alcalde, altos funcionarios, directores de sociedades, etc. Muchos de los que saltaron al foso de la orquesta en el último momento eran oportunistas, los Maerzgefaliene, que se afiliaron al Partido sólo a la hora del triunfo.

El ala radical renovó sus ataques al capitalismo. Otro Wagener, jefe del Departamento Económico, pretendía controlar las asociaciones de patronos; Adrián von Renteln, líder de la Liga Combatiente de los Comerciantes de la Clase Media, intentó debilitar el poder de los grandes almacenes; Walther Darré, en aquel momento Ministro de Agricultura, pidió se redujeran las deudas agrarias de las tasas de interés y Peder abogó por que se cumplimentaran los puntos socialistas del programa del Partido. Roehm y sus acólitos se vieron implicados en una disputa con el ejército, que veía su predominio amenazado por las bandas callejeras venidas al poder.

Parecía posible que esta ola revolucionaria no se aplacaría hasta que todas y cada una de las instituciones hubieran sido remodeladas. Sin embargo, ello amenazaba la revolución del poder de Hitler, el cual estaba decidido a no dejar traspasar ciertos límites. No tenía Hitler simpatía por el socialismo y no era economista, pero sabía lo bastante para no echar a pique los fundamentos económicos del Estado y el 6 de julio, sin demasiadas delicadezas, comunicaría: «… no debemos separar a un buen hombre de negocios… sobre todo si el nacional-socialista que va a reemplazarle nada sabe de negocios». Menos aún podía arriesgarse a ofender al ejército. Su habilidad profesional sería imprescindible para el rearme y, probablemente, la guerra. Más importante era todavía el hecho de que éste mantenía su promesa de lealtad al Presidente y, en aquel significativo aspecto, el poder de Hitler no era todavía absoluto. Hindenburg estaba agonizando y, cuando muriera, Hitler intentaría absorber su poder y, con él, el vasallaje del ejército. Para hacerlo, no tenía otra solución que apoyar a los generales contra las SA. El problema se haría más urgente después de abril del 1934, cuando Hitler y Blomberg fueron informados confidencialmente de que al Presidente le quedaba poco tiempo de vida. Muchos oficiales estaban por una restauración de la monarquía, Hindenburg incluido. Era indudable que llevarían ésta a cabo a no ser que Hitler diera satisfacción a sus requerimientos.

La economía fue puesta bajo una dirección de confianza y ortodoxia: el Dr. Schacht, ardiente simpatizante nazi, que era ya presidente del Reichsbank, El director de la mayor compañía de seguros alemana, el Dr. Schmitt, pasó a ser Ministro de Economía y Comercio. Krupp, von Bohlen y Thyssen, mantenían el control de las asociaciones patronales; la Liga Combatiente fue disuelta, y nunca más volvió a hablarse de los proyectos de Darré. Se suprimieron en el Partido las conversaciones sobre desarrollo económico corporativo.

Más tiempo llevaría entendérselas con las SA. Roehm describió el impulso popular en pro del cambio como la «Segunda Revolución» y él representaba a todos los elementos descontentos de que ésta se componía. Las SA eran los Alte Kämpfer, los viejos luchadores, que no habían conseguido sus esperadas recompensas. Roehm simpatizaba con los radicales, criticaba la supresión de los sindicatos de 1933 y desaprobaba la ambición tiránica de Hitler. Antes que nada, estaba decidido a que la fuerza paramilitar que había creado se convirtiera en el núcleo de un ejército expansivo que él mandaría.

Posiblemente, Hitler no decidiera cómo resolver el problema hasta el último momento. Durante varios meses intentaría reconciliar ambos bandos. Poco después de llegar a Canciller, confirmó a los generales su intención de reforzar su posición y, el 20 de julio, fue anulada la supremacía de la jurisdicción civil sobre la militar. Durante la segunda mitad de 1933, Hitler intentaría tranquilizar al ejército con varios recursos. Por otra parte, Roehm entró a formar parte del gabinete, como jefe de personal de las SA que era y, en febrero de 1934, se concederían pensiones del Estado a los miembros del Partido lesionados en la «lucha nacional». Pero, cuando Roehm predicó la fusión de todas las fuerzas armadas, con él como ministro responsable del Estado, Hitler rehusó apoyarle contra la implacable oposición de los generales.

Hitler seguramente no ignoraba qué lado debería apoyar si se hiciera inevitable elegir, a medida que las relaciones entre los líderes SA y el alto mando empeoraran. El ejército era esencial para aumentar su poder; las SA tan sólo podrían socavarlo. A primeros de 1934, los líderes militares acordaron que Hitler sucediera a Hindenburg a cambio de la promesa del monopolio de la fuerza armada. No está claro si este pacto fue concluido en febrero en el Ministerio de la Guerra o negociado en el Deutschland durante unas maniobras; es obvio, sin embargo, que el pacto se cerró.

Nunca se sabrá con certeza lo que sucedió en los consejos de las SA, de los líderes nazis y de los generales, en los meses de abril, mayo y junio de 1934. Está fuera de dudas que las pruebas documentales fueron destruidas y que, indiscutiblemente, muchos de los protagonistas lo fueron también. La versión oficial dada por Hitler el 13 de julio, contaba que Roehm había hablado con Schleicher y que ambos acordaron llevar a cabo un putsch que haría Vice-Canciller a Schleicher y obligaría a Hitler a consumar la «Segunda Revolución». Se pretendió que Gregor Strasser y el general von Bredow estaban implicados y que se hicieron gestiones cerca del embajador francés en busca de ayuda. El putsch era inminente para el 30 de junio y sólo podría ser atajado con las drásticas medidas que se tomaron en aquel día. Es muy probable que esto fuera una apología de exageraciones, medias verdades y mentiras.

Germa La revolución naziPara principios de junio, Hitler posiblemente continuaría con su política conciliadora o intentaría arrullar a Roehm en el sentido de una falsa seguridad. Mantuvo una larga conversación con Roehm, de la que se sabe poco, acordando acudir a una conferencia de líderes SA para discutir el futuro del movimiento que tendría lugar en Wiessee, cerca de Munich, el 30 de junio. Se ordenó a las SA tomarse un permiso durante todo el mes de julio y el mismo Roehm partió en permiso por enfermedad el 7 de junio. Hasta mediados de mes, Goebbels celebró entrevistas furtivas con Roehm, de las que, al parecer, informó a Hitler, mientras éste haría seguramente un último esfuerzo por atraer de nuevo a Strasser a la vida política.

Entre tanto, los enemigos declarados de Roehm eran, indiscutiblemente, más decisivos. Goering, para entonces general de la Reicbswehr para su gran deleite, hacía bando con el ejército con la esperanza de convertirse en su supremo jefe, considerando por ello a Roehm como rival, mientras Himmler, resentido por la subordinación de las SS a las SA, y ambicioso por crear un imperio policial, estaba asimismo dispuesto a ir contra Roehm. En abril, Goering nombró inesperadamente a Himmler jefe de los efectivos de la Gestapo. El general von Reichenau, un gran simpatizante nazi y fuerza de choque dentro del Ministerio de la Guerra, se reunió varias veces con Himmler y no es arriesgado imaginar que planearan un golpe de gracia a la «Segunda Revolución».

Si Hitler dudaba todavía sobre si conceder a Himmler y Goering carta blanca, posiblemente los acontecimientos del 17-21 de junio le ayudaron a decidirse. Inesperadamente, Papen dio señales de vida pronunciando un discurso el 17 de junio en la Universidad de Marburg, que era una abierta crítica de la «Segunda Revolución» y del abuso de la propaganda nazi. El discurso fue redactado por Edgar Jung y Herbert von Bose, que trabajaban en la Vice-cancillería y Erich Klausener, que representaba al cristianismo y al elemento honrado del conservadurismo alemán. Aunque Goebbels destruyó apresuradamente las copias impresas del discurso, éste circuló ampliamente y Papen fue aclamado en su siguiente aparición en público. Las relaciones de Hitler con las derechas alemanas tradicionales se encontraban en una encrucijada y, el 21 de junio, cuando visitó a Hindenburg en Neudeck, Blomberg le informó que, a menos que fuera aflojada la actual tensión, el Presidente declararía la ley marcial y entregaría el poder al ejército. El futuro del régimen nazi estaba en entredicho.j850961a La revolución nazi

Entre tanto, circularon rumores de un putsch SA, sin que hubiera pruebas. Sepp Dietrich, jefe del cuerpo de guardia SS de Hitler, preparó una lista de personas a las que las SA intentaban fusilar. Que esto es cierto, parece evidente por el hecho de que los generales Fritsch y Beck, a quienes enseñó la lista, estaban encabezándola. Circunstanciales pruebas sugieren que los líderes SA distaban de intentar un putsch para el 30 de junio, la fecha presunta. Karl Ernst, el líder berlinés, inició aquel día su luna de miel y Roehm se encontraba en Baviera de vacaciones con su «círculo de jóvenes», en espera de la llegada del Führer a Wiessee.

Había ciertamente malestar en las SA, pero estaba ocasionado, en parte, por temor a que el ejército se lanzara contra ellos. Semejante sospecha no carecía de fundamento. En la última semana de junio se cancelaron todos los permisos del ejército, Roehm fue expulsado de la liga de oficiales y apareció un artículo, firmado por Blomberg, en la Volkischer Beobachter, presentando clara la oposición del ejército.

Es casi seguro que las SS maquinaron lanzar al ejército y las SA las unas contra el otro, en tanto que hacían sus preparativos para eliminar a sus enemigos. Hitler sabía seguramente lo que se preparaba, pero es ya cuestión de opinión saber si animó a Goering y a Himmler a la acción del 30 de junio o fueron éstos quienes le persuadieron. Varios generales sabían también lo que se fraguaba pero, con su equívoco código del honor, se limitaron a facilitar armas, transporte y barracones para los escuadrones asesinos de las SS. Para el 29 de junio, el período de gestación o indecisión de Hitler, fuera lo que fuese, terminó. Voló de las tierras del Rhin a Munich, donde llegó a las cuatro de la tarde. Una columna de coches se dirigió a Wiessee. Roehm y sus lugartenientes fueron arrancados de la cama y conducidos a la prisión de Stadelheim, donde los hombres de Dietrich sirvieron de pelotones de fusilamiento.

En Berlín, Goering y Himmler habían entrado en acción el 29 de junio y, durante la semana, continuarían las ejecuciones. Karl Ernst fue atrapado cerca de Bremen y otros líderes SA fueron ejecutados en la academia militar de Lichterfelde, donde estaba acuartelada la policía personal de Goering. Schleicher fue acribillado en su propia casa y Bredow en el umbral de la suya. Strasser fue ejecutado en la prisión y Bose, Junk y Klausener fueron fusilados, en sustitución de Papen, cuya amistad con Hindenburg le salvó incluso de Goering.

Aquella semana fueron liquidados una buena parte de los primeros componentes. Gustav von Kahr de 73 años y en retiro, fue encontrado en una zanja, hecho pedazos. El padre Bernhard Stempfle fue muerto «cuando intentaba escapar». Como única posibilidad imaginable, su crimen consistiría en saber demasiado acerca de la enigmática cuestión de los amores de Hitler con su sobrina, Geli Raubal, en los años veinte. En Munich, Willi Schmid, un crítico musical, fue asesinado, confundido con un miembro de las SA. Su viuda, a resultas de esto, recibió una pensión del Estado, con el consejo de Rudolf Hess, el lugarteniente del Führer, de llorar a su marido como a un mártir de una gran causa.

El 3 de julio, una declaración en el Voelkischer Beobachter redactada por Reichenau, dio, en esencia, la misma explicación de lo sucedido, que daría Hitler diez días más tarde. De este modo, el ejército falseaba la justificación de lo que había sucedido, incluyendo el asesinato de dos de sus miembros. Se ha argüido que los generales pagaron sus graves faltas en 1934, pero el cuerpo de oficiales sobrevivió, como no lo hubiera hecho si Roehm hubiera llegado al poder. Las SS, fuera cuales fuesen las aspiraciones de Himmler, nunca consiguieron lo que Roehm había intentado y no llegaron a infiltrarse en el Alto Mando. Se permitió un establecimiento militar SS, pero éste continuaría reducido y disperso hasta 1942. Sólo después, en la derrota, se encontró el Alto Mando coartado ante una expansión de las SS Wajjen y entonces era ya demasiado tarde para que las SS se convirtieran en un rival de consideración, que sólo ocurrió en cuestiones internas de administración y disciplina, mientras que los generales del ejército, por su parte, continuaron manteniendo el control de las divisiones SS en el campo de batalla. El error del ejército había consistido en aceptar a Hitler en primer lugar y sus humillaciones posteriores no obedecieron a la purga sangrienta de 1934, sino a acontecimientos que, por entonces, eran imprevisibles.

Himmler salió más poderoso de la purga Roehm. Era un paso importante en la obtención del control de los órganos de policía en Alemania por parte de las SS. Viktor Lutze, sucesor nominal de Roehm, se acomodó gustosamente a un papel subordinado y las SS comenzaron a establecerse como un Estado dentro del Estado.

El Führer había alcanzado el poder absoluto. El 3 de julio decretó que las medidas adoptadas para suprimir el putsch pasaban a ser ley para la defensa del Estado en caso de emergencia. De ahí en adelante, cualquier delito cometido por los nazis sería, ipso facto, legal. Nueve días más tarde, los funcionarios legales del Reich fueron informados de que, a partir de aquel momento, su ley sería la voluntad del Führer.

El 2 de agosto murió Hindenburg y el ejército cumplió su palabra. Hitler pasó a ser Presidente y todos los grados juraron: «Juro por Dios este santo juramento: otorgaré mi incondicional obediencia al Führer del Reich del pueblo alemán, Adolf Hitler, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y estaré dispuesto como un bravo soldado a entregar mi vida en cualquier momento por este juramento». Hitler había ya roto su promesa permitiendo la formación de una división armada SS, obediente a Himmler.

El 19 de agosto, el pueblo alemán fue invitado a aprobar mediante plebiscito la subida al poder de Hitler como Führer y Canciller del Reich. De los 45 millones y medio de votantes, el 95’7 % fueron a las urnas. 38 millones, o sea, el 89*9 % de los votos recogidos, dijeron «sí». Cuatro millones y medio dijeron «no» y 870.000 papeletas fueron invalidadas. Aunque no hay que olvidar estos cuatro millones y medio, la mayoría fue impresionante. La revolución nazi había recibido la confirmación popular.

 

Michael Thornton

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