Dönitz fue condenado por haber lanzado una “guerra ilegal de submarinos” contra los británicos. El derecho internacional se basa enteramente en la reciprocidad y en las convenciones internacionales, que no se pueden forzar excepto por medio de la reciprocidad. En la guerra, la mejor defensa contra un arma es una contra-ofensiva vigorosa con esa misma arma. Los británicos, dada su supremacía en el mar, sobrellevaron las dos guerras por medio de bloqueos y el así-llamado sistema Navicert. Naves neutrales fueron paradas por fuerza en el mar abierto y forzadas a entrar en puertos británicos, donde fueron registradas según formulas complejas: si un país neutral importaba más comestibles, fertilizantes, cuero, goma, lana, algodón, etc. que las cantidades consideradas necesarias para su propio consumo (en opinión de los británicos), se creía que la diferencia sería destinada a ser reexpedida a los alemanes. Resultado: la nave (incluso la totalidad de la carga) era confiscada y vendida (lo que también violaba las cláusulas de todos los contratos de seguros marítimos británicos).
En 1918-1919, el bloqueo fue mantenido por ocho meses después del armisticio para forzar la ratificación del tratado de Versalles. Centenas de miles de alemanes morían de hambre después de la guerra mientras los diplomáticos de decidían, una violación evidente de los términos del armisticio y el derecho internacional: en palabras de Hitler, “La ruptura de confianza más grande de todos los tiempos.” El punto de vista británico era que el bloqueo era legal, pero implementado de una manera totalmente ilegal; véase, por ejemple, 1911 Encyclopaedia Britannica, “Neutrality” ; 1922 Encyclopaedia Britannica “Blockade”, “Peace Conference.” En la guerra contra los japoneses, los norteamericanos hundieron “todo lo que se movía desde el primer día de la guerra.”
Los neutrales, incluidos los Estados Unidos, se lamentaron de esta violación de su neutralidad, pero obedecieron, una vez más en violación de su propia neutralidad. Una nación que permite una violación de su neutralidad puede ser considerada como beligerante.
La quinta convención de La Haya del 18 octubre 1907 sobre los derechos de los neutrales no fue ratificada por los británicos, pero sus condiciones fueron consideradas obligatorias por los japoneses y alemanes, no obstante una cláusula de toda participación. Esta última quiere decir que el tratado ya no se aplica cuando un no signatario participa en el conflicto.
En 1939, los alemanes tenían sólo 26 submarinos en servicio en el atlántico, lo que suponía una quinta parte de la flota submarina francesa. Además, los submarinos alemanes eran mucho más pequeños que los de otras naciones. Un contrabloqueo contra las islas británicas sólo era posible si se advertía a los neutrales de no navegar en aguas territoriales británicas. Para los británicos, esto era un “crimen.”
De estos 26 submarinos, muchas, al mismo tiempo, necesitaban reparaciones, de modo que habían meses en los cuales sólo 2 o 3 estaban en condiciones de navegar. Es evidente que un submarino no puede ejecutar operaciones de visita y búsqueda como un navío de superficie. Un submarino, una vez emergido, está casi totalmente indefenso contra las armas más pequeñas montadas sobre una nave comercial, por no hablar del radio de acción, radar y aviones de abordo.
En Nuremberg los británicos exigieron que los alemanes deberían haber emergido; notificado la nave de su intención de buscar; esperado hasta que la nave hubiera empezado hostilidades; hundido la nave, presumiblemente con sus armas de puente; tomado las docenas o centenares de sobrevivientes a bordo del submarino (donde hubieran estado en mucho más peligro que en cualquier lancha salvavidas; y finalmente transportarlos a la tierra firme más próxima).
Cuando aviones británicos aparecieron y hundieron al submarino, matando a todos los sobrevivientes, estos últimos, naturalmente, habrían sido “asesinados por los alemanes.” No hay convención internacional que exija un tal comportamiento y ningún país ha combatido jamás de esta manera. Dado que el rescate de los sobrevivientes representaba un peligro para el submarino y muy a menudo tuvo como resultado la pérdida del submarino y de su tripulación, Dönitz prohibió finalmente todo acto de rescate. Para los británicos, esta decisión fue denominada “orden de matar a todos los sobrevivientes.” Pero esta acusación no fue sostenida en la sentencia.
Dönitz también fue acusado de haber fomentado en el pueblo alemán la resistencia desesperada, un crimen cometido igualmente por Winston Churchill.
Dönitz replicó: “Era muy doloroso para nosotros ver nuestras ciudades bombardeadas hasta quedar en ruinas, y que debido a estos ataques y la lucha continuada se perdieron más vidas. La cifra de estas pérdidas es más o menos 300.000 o 400.000 personas, la mayor parte de las cuales perecieron en el bombardeo de Dresden, lo que no se puede justificar desde un punto de vista militar, y que no podría haber sido previsto. No obstante, esta cifra es pequeña en comparación con los millones que habríamos perdido en el Este, soldados y civiles, si nos hubieramos rendido en invierno.” (XIII 247-406 {276-449}; XVIII 312-372 {342-406}).