Berlín 1939
Impreso en la Imprenta del Reich
PROLOGO
del Ministro de Relaciones Exteriores del Reich von Ribbentrop
RESUMEN DEL LIBRO BLANCO ALEMÁN “DOCUMENTOS SOBRE LOS ANTECEDENTES DE LA GUERRA”
La mirada del pueblo alemán, bajo la dirección de Adolf Hitler, está puesta en el futuro y no en el pasado. Pero la lucha a que se nos ha obligado y en la que estamos empeñados ahora por el futuro destino de Alemania, nos impone la imperiosa necesidad de no olvidar, en ningún momento, cómo se ha llegado a esta lucha y dónde deben buscarse sus últimas causas. Todo esto está, por cierto, claro, desde hace tiempo, para todo aquel que quiere comprenderlo y ha sido puesto de manifiesto públicamente, con frecuencia, por personalidades alemanas competentes y, en particular, por nuestro Führer en sus discursos. Mas, como la propaganda, toda mentiras, de nuestros enemigos está empeñada tenazmente en ocultar el verdadero estado de cosas, así como en desorientar a la opinión mundial, lo mismo sobre las causas de la guerra que sobre los fines por ellos perseguidos, importa mucho aducir, una vez más, por medio de auténticos documentos oficiales, la prueba irrefutable de que sólo y exclusivamente Inglaterra tiene la culpa de la guerra, que ha querido para destruir a Alemania.
Luego de haber publicado en un Libro Blanco los documentos que se refieren a la última fase de la crisis germano?polaca, inmediatamente después de estallar la guerra, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich da ahora a la publicidad una extensa serie de ellos, que no se limitan de un modo exclusivo a la época inmediata anterior a la guerra, sino que abarcan los más importantes acontecimientos políticos, de los que se derivan los conflictos con Polonia, primero, y con Inglaterra y Francia, después.
Los 482 documentos, reproducidos en los anexos, hablan por sí mismos con tanta claridad, que no necesitan comentario alguno. Con su sobriedad diplomática, proporcionan una imagen directa y sin retoque de la evolución política de los últimos años una imagen, que volverá también a conmover hondamente a los que vivieron de cerca este proceso. Muestran ellos la lucha de exterminio desencadenada por los polacos contra la nacionalidad alemana en Polonia y contra Dantzig, desde la Guerra Mundial; ponen, además, de manifiesto, la solicitud propia del estadista, las amplias miras y la paciencia sin límites, con que intentó el Führer poner las relaciones germano?polacas de acuerdo con un principio permanente y justo para los intereses de ambas, partes; y hacen patente, por el contrario, la incomprensión miope de los gobernantes polacos, que destruyeron la posibilidad de llegar a un acuerdo definitivo, ofrecida constantemente por Alemania. Pero vemos, ante todo, cómo se pone de relieve, cada vez con mayor claridad, la voluntad bélica de Inglaterra después de la conferencia de Munich y cómo utiliza, por último, el Gobierno británico la intencionada confusión que produjo en el de Polonia, para desencadenar la guerra contra Alemania, proyectada ya desde mucho antes. Ciertamente, que, para descubrir en toda su amplitud el proceder hipócrita y perverso de la política inglesa, sería necesaria una exposición de toda la época de la postguerra durante la cual Inglaterra puso trabas a todos los intentos realizados por Alemania para liberarse de los grillos del Dictado de Versalles, frustrando siempre la posibilidad de llegar, por medio de negociaciones, a una revisión del mismo. Pero basta tener en cuenta, a base de los documentos recogidos en este Libro Blanco, el corto período de tiempo transcurrido desde el otoño de 1938, para reconocer que Inglaterra estaba decidida ya con anterioridad a interponerse violentamente en el camino del Führer, a cuyo genial arte de gobierno le fue concedido subsanar los más graves errores de Versalles, sin derramar una gota de sangre y sin atentar contra los intereses de Inglaterra, y que hubiera logrado también del mismo modo una solución pacífica de la cuestión germano?polaca, si ésta no hubiese abusado de Polonia, utilizándola como instrumento de su propensión bélica, y arrastrado a Europa a la guerra, debido a esa Política criminal.
Este hecho histórico incontestable se ha confirmado de nuevo, al rechazar Inglaterra el trascendental ofrecimiento de paz que le hizo el Führer en su discurso del Reichstag el 6 de octubre, y contestar a Alemania con una provocación insolente y ofensiva. Con una conciencia inconmovible de sus derechos y con la firme convicción de su victoria final, ha aceptado el pueblo alemán ese desafío y no dejará las armas hasta que haya logrado su fin: la destrucción militar del enemigo, y asegurarse, luego, contra toda amenaza, el espacio vital que le corresponde.
Berlín, 6 de diciembre de 1939.
von Ribbentrop
Ministro de Relaciones Exteriores del Reich

EXPOSICIÓN DE CONJUNTO
Los siguientes documentos deben ofrecer un cuadro de los antecedentes de la actual guerra. No se limitan a las semanas anteriores al momento en que estalló, sino que facilitan, además, la formación de un juicio independiente, sobre las causas remotas del conflicto. Los documentos acompañan, primero, el desenvolvimiento de las relaciones germano?polacas desde Versalles hasta que Polonia rechazó el ofrecimiento alemán para la feliz solución de las cuestiones de Dantzig y el Corredor. Al mismo tiempo, justifican, circunstancialmente, los acontecimientos desde 1933 hasta el presente, mientras que por lo que se refiere a los anteriores años, se recuerda de un modo especial, con algunos ejemplos, la situación de los grupos nacionales alemanes en Polonia y la conducta de ésta en Dantzig. Los documentos siguen después el proceso de la política bélica británica a partir de la declaración común germanoinglesa de Munich. Y de final les sirve una exposición de las gestiones realizadas por el Reich para asegurar sus relaciones pacíficas con los países vecinos. Con ello se sientan los principios para la comprensión de la fase final en la que la política británica dio lugar al conflicto.
Capítulo I
El desenvolvimiento de las relaciones germano?polacas
A. La lucha de Polonia contra la germanidad en su territorio y contra
Dantzig desde 1919 hasta 1933
I. Sobre la situación del grupo étnico alemán en Polonia
Las relaciones germano?polacas se han desarrollado, desde el momento en que se restableció en Versalles un Estado polaco independiente, bajo el signo de varias circunstancias fatales. Primero, Polonia se declaró enemiga mortal de los alemanes, invocando una supuesta misión milenaria. Con ello justificaba, no sólo sus reivindicaciones sobre territorio alemán, sino directamente su propia razón de existencia, ofreciéndose así a las potencias vencedoras como un aliado digno de toda confianza y dispuesto a reprimir a Alemania en cualquier momento. En segundo término, fue ratificada en esa función por las potencias occidentales y, por su inclusión en el sistema francés de alianzas, comisionada para cercar a perpetuidad el sector oriental y continuar, así, la tradición de los dos frentes contra Alemania. En tercer lugar, las relaciones germano?polacas estaban ya envenenadas desde un principio, debido a la entrega de un numeroso grupo étnico alemán, que fue, acto seguido, objeto de violentos intentos de polonización. Por último, las cesiones de territorios alemanes orientales hechas a Polonia representaban las mayores injusticias del « Dictado de la Paz ». Estas fueron consideradas insostenibles, no sólo por el pueblo alemán, sino por parte de conspicuos estadistas aliados; es decir, todos estaban de acuerdo en que debía procederse a una revisión de este punto, si no había de ser la causa del próximo conflicto armado.
Lloyd George, lo mismo que la delegación alemana en la Conferencia de la Paz (documento número 2), llamó la atención sobre estas causas futuras de guerra, en una memoria (núm.) dirigida a la Conferencia de Versalles el 25 de marzo de 1919. El mismo Presidente del Consejo Supremo, Clemenceau, dio a entender a Polonia la importancia de una hipoteca tal de la nacionalidad, en la famosa carta a Paderewski de 24 de junio de 1919 (núm. 3), e hizo de la celebración y cumplimiento de un tratado de protección a las minorías (núm. 4). condición previa para que Polonia recibiera los territorios alemanes. Con ello, se estableció al mismo tiempo el solemne compromiso de las potencias aliadas de garantizar el cumplimiento, en Polonia, de esta ley fundamental de los alemanes y de los otros grupos nacionales. El texto del Tratado no deja lugar a la menor duda sobre las obligaciones contraidas por Polonia para con los habitantes no polacos, más del 40 por ciento de los del nuevo Estado. Pero la historia de las relaciones germano?polacas es, desde 1919 hasta 1933, la de una violación constante de este Tratado por parte del Estado polaco y la de la complicidad secreta de la Sociedad de Naciones y de las potencias garantizadoras, como lo demuestran los documentos que aquí se aportan. Ya el día 20 de noviembre de 1920, el Gobierno alemán se vio obligado a salir de su retraimiento y a entregar al polaco una reclamación de carácter general (núm. 5), pues tuvo que comprobar, que el alemán estaba puesto en Polonia fuera de la ley. El discurso pronunciado por el diputado de nacionalidad alemana, Spickermann, en el Sejm polaco el 23 de enero de 1923 (núm. 6) confirma la impresión, de que el Tratado de protección a las minorías «la Carta Magna de nuestra existencia», fue infringido desde el primer día. Unos meses más tarde, el Jefe del Gobierno polaco en aquel entonces, el General Sikorski, proclamó en un discurso público, como programa de Gobierno, « la liquidación de los bienes alemanes y la desgermanización de las provincias occidentales » ya se manifestó violentamente contra Dantzig (núm. 7). A mediados de 1923, las expulsiones de alemanes habían tomado ya una amplitud extraordinaria (núm. 8). Y las medidas polacas contra sus bienes raíces, por ejemplo, las que las actas del Tribunal Permanente Internacional, correspondientes al día 10 de septiembre de 1933, consideraban «en desacuerdo con las obligaciones internacionales del Gobierno polaco », intensificaron la coacción ejercida sobre los alemanes para obligarles a emigrar. En septiembre de 1931 se reconoció de parte polaca, que, aproximadamente, eran ya un millón los alemanes desalojados de Polonia (núm. 10). Ni las potencias garantizadoras ni la Sociedad de Naciones, a quienes habían pedido auxilio, no sólo los alemanes sino también los grupos nacionales ucranianos (núm. 9, nota) cumplieron con su deber. De uno de los debates de la Cámara de los Lores, celebrado el 15 de junio de 1932 (núm. 11) ?uno de los muchos habidos en el Parlamento británico ?, se deduce, que en Inglaterra se conocía el mal trato dado en Polonia a los grupos nacionales, y el peligro para la paz de Europa, pero esto no sirvió para producir a tiempo un cambio de actitud. Ya en marzo de 1933, la guerra de exterminio declarada por Polonia contra las bases económicas de existencia de los alemanes y sus bienes culturales, había tomado una amplitud aterradora (núm. 12).

II. Sobre la conducta de Polonia en Dantzig
La política de polonización se dirigió también contra la Ciudad Libre de Dantzig. La delegación alemana en la Conferencia de la Paz, fundándose en las declaraciones del Presidente Wilson, protestó inútilmente contra su desmembración (núm. 13). Polonia consideró, desde un principio, el Estatuto de Dantzig como punto de partida para la polonización definitiva y se estableció allí con 24 dependencias (núm. 14), a las que estimó como células polacas y vanguardia de su expansión. De una comprobación hecha al terminar la campaña de Polonia (pág. 387) por el Mando Supremo del Ejército alemán, se deduce, que las más importantes de ellas se habían convertido en bases militares. La Ciudad Libre de Dantzig tuvo que protestar constantemente de las acciones polacas, ya ante el Comisario de la Sociedad de Naciones o ya ante esta misma. El Estado polaco intentó, sin descanso, someter a Dantzig a sus intereses, abusando de los privilegios de que disfrutaba sobre el Correo y los Ferrocarriles (núms. 15, 16) y apoyándose en el chauvinismo de sus asociaciones estudiantiles, así como en las organizaciones militares (núms. 17, 18) ; pero, especialmente, ejerciendo la más violenta presión económica (núm. 19). Las injerencias arbitrarias de Polonia en la soberanía de la Ciudad Libre, afectaron a los más diversos sectores de su vida política y económica (núm. 20). Las instalaciones militares en la Westerplatte se revelaron como uno de los elementos más peligrosos de la expansión polaca. Polonia la consideré siempre como una base militar y, en este sentido, procedió a su reforma (núm. 21). El refuerzo de su guarnición (núms. 21, 22) y la permanencia sin previo aviso, de un barco de municiones en marzo de 1933, en uno de sus muelles (núm. 23), constituyeron una violación tal del Derecho, que, entre los diplomáticos acreditados en Varsovia, no se encontró apenas uno, que no condenase enérgicamente este modo de proceder (núm. 24). Mientras Polonia trataba de afirmar de este modo su posición en Dantzig, su puerto sufrió graves perjuicios, debido a la concesión de privilegios unilaterales para el de Gdynia que competía con aquél (núm. 25).
B. Las gestiones realizadas por Alemania desde 1933 a 1939, para llegar a una inteligencia con Polonia
1. Negociaciones sobre un tratado de avenencia germano?polaco
(Mayo de 1933 a enero de 1934)
Tan pronto como subió al Poder, el Führer se decidió, en interés de los vecinos, así como de la paz europea, a establecer las relaciones germano?polacas sobre una base nueva por completo y a llegar, por este medio, a un entendimiento con Polonia. Las gestiones alemanas para lograrlo se iniciaron en mayo de 1933 y continuaron hasta 1939; el día 17 de aquel mes, indicó el Führer en el Reichstag, por primera vez, que era necesario encontrar una solución en el Este (núm. 29), después de haberlo acentuado ya, claramente, en la conversación que celebró con el Ministro plenipotenciario polaco el día 2 de mayo (núm. 26). Se dio comienzo a esta política con negociaciones sobre el restablecimiento de la paz aduanera (núms. 30, 31). Luego de que el Führer, en octubre de 1933, volvió a hacer patente su predisposición a una avenencia, pudo llegarse, el día 15 del siguiente mes, a una conversación entre él y el Ministro polaco Lipski; en ella se manifestó su resolución y la del Mariscal Pilsudski, de que ambos Estados «abandonaran el empleo de la fuerza en sus relaciones recíprocas » (núm. 32). El Führer comisionó a continuación al ministro alemán en Varsovia para que propusiera personalmente al Mariscal Pilsudski la conclusión de un acuerdo escrito y le entregara un proyecto del mismo (núm. 33). Sin embargo, se estableció ya previamente, que para Alemania no significaba « de ningún modo o, el proyectado acuerdo, « el reconocimiento de las actuales fronteras orientales », sino que «debía convertirse en el principio de una solución de todos los problemas; por consiguiente, también de los territoriales » (núm. 33). Alemania consideró siempre el acuerdo de 1934, como el marco amistoso dentro del que había de obtenerse una solución pacífica de los problemas territoriales, en interés de la convivencia tranquila de ambos pueblos. El Mariscal Pilsudski aprobó la proposición alemana de un acuerdo escrito desde el primer momento. No obstante, su declaración de « que de la enemistad milenaria del pueblo polaco contra Alemania se derivarían grandes dificultades », demostró el escepticismo con que juzgaba la posibilidad de un cambio radical en las relaciones entre ambos países (núm. 34). Mientras que en Alemania se era de parecer de que el proyectado acuerdo aportaría una posibilidad para solucionar paulatinamente todas las cuestiones que agravaban las relaciones germano?polacas, los jefes de la delegación polaca hicieron, en seguida, el significativo intento de excluir el problema de las minorías alemanas del radio de acción del acuerdo (núms. 35, 36). El Tratado de avenencia fue firmado y publicado el 26 de enero de 1934 (núm. 37). Por parte alemana se pretendía lealmente borrar el pasado. Sólo el Führer gozaba de autoridad en el pueblo alemán, para disponer a la opinión pública, no sólo a olvidar todo lo sucedido sino a adoptar una actitud positiva frente a Polonia. Alemania esperaba, naturalmente, que desde ese momento mejorara también, de un modo radical, la situación de los grupos nacionales alemanes en Polonia.
II. La política de inteligencia germano?polaca no introdujo mejora alguna en la situación de las minorías alemanas
(Noviembre de 1933 a agosto de 1934)
Las esperanzas se vieron defraudadas. Pocos días después de la histórica conversación celebrada entre el Führer y el ministro Lipski, comunicó el Consulado de Thorn, que en las agresiones realizadas en Graudenz contra los habitantes de origen alemán, habían resultado 12 heridos y un muerto (núms. 39, 40). El Presidente de la Comisión mixta para la Alta Silesia, el suizo Calonder, tuvo que comprobar a fines de 1933, « con gran sentimiento », que, en relación con el trato dado a la minoría alemana en la Alta Silesia polaca, «la política de inteligencia no había producido todavía mejora alguna », mientras que en la parte alemana de su distrito no existía apenas motivo para una reclamación (núm. 41). También la firma del Tratado de avenencia fue recibida con una acción antialemana (núms. 42?47). A mediados de 1934, las representaciones del Reich en Polonia llegaron a formar el siguiente juicio : Nada acusa una mejora, sino que se nota un empeoramiento de la situación del grupo étnico alemán.
III. Polonia se retira del -Control de Minorías de la Sociedad de Naciones
(Septiembre a noviembre de 1934)
Hoy sabemos que Polonia vio en el acuerdo con Alemania un medio propicio para liquidar definitivamente en 10 años sin llamar la atención, a las minorías alemanas, en la creencia de que el Reich y su Prensa guardarían silencio en consideración al Tratado de avenencia, (véanse también los núms. 54 y 145). También, tenía que ser suprimido el molesto control del Tratado de protección a las minorías, ejercido por la Sociedad de Naciones. El 13 de septiembre de 1934 denunció Polonia, ante la Asamblea de la Liga ginebrina, su obligación de colaborar con ésta en la aplicación del Tratado (núms. 48, 49). Prácticamente, el proceder polaco tendía, además, a dejarlo sin vigor. Las potencias occidentales garantizadoras, Inglaterra y Francia, se dieron por satisfechas con una censura formal, a pesar de que debían conocer claramente el alcance y la gravedad de la acción polaca. De parte alemana sólo pudo ser acogido el paso dado por Polonia con reparos explícitos, ya que los deberes de protección a las minorías, impuestos a los polacos, representaban « la compensación del trazado de fronteras hecho en la Conferencia de la Paz, particularmente desfavorable » (núms. 50, 51). El Ministro de Relaciones Exteriores del Reich encargó, con este motivo, al Embajador alemán en Varsovia que comunicase expresamente al Gobierno polaco que Alemania no podía desentenderse de la suerte de la germanidad, en cuanto que los derechos de las minorías eran una parte integrante de la reglamentación general de 1919 (núm. 52). El Ministro de Relaciones Exteriores polaco contestó con una declaración terminante de que los derechos de las minorías serían protegidos en lo futuro, lo mismo que siempre, por la Constitución de su país y se declaró dispuesto a examinar las reclamaciones alemanas que pudieran surgir (núm. 53).
IV. El empeoramiento sucesivo de la situación de los grupos étnicos alemanes
(Noviembre de 1934 a octubre de 1937)
A pesar de las promesas polacas la situación no sufrió modificación alguna. Mientras la Prensa alemana callaba en interés de la paz con el país vecino, la administración polaca prosiguió bajo mano, conscientemente, su lucha de exterminio. Los informes de la Embajada, del Consulado General y de los Consulados alemanes (núms. 54?80), correspondientes al período de tiempo transcurrido desde 1934 a octubre de 1937, daban constantemente noticia de nuevas acciones en contra de la población alemana. Crecían sus pérdidas en todas las esferas de la vida. La Reforma Agraria, los despidos obreros, los daños sobre bienes y haciendas, los ataques personales y actos de terror y las campañas difamatorias de la tristemente famosa Asociación del Oeste, subían de punto; la polonización de la industria pesada, de la propiedad territorial y del mercado de trabajo se completa con actos de boicot, realizados bajo una dirección unificada. Surgen las primeras pretensiones sobre nuevos territorios alemanes del Reich. Las protestas alemanas ante el Gobierno polaco son contestadas, en ocasiones, con promesas y, en la mayoría de los casos, con subterfugios, y se abusa de la paz de Prensa germano?polaca (núm. 62). También durante esta época, tienen que comprobar las representaciones alemanas en Polonia que nada acusa una inteligencia, sino que se observa un empeoramiento de la situación.
V. Las negociaciones acerca de una declaración germano?polaca sobre las minorías
(Enero a noviembre de 1937)
En la primavera de 1937 y en vista de la caducidad ya próxima del Acuerdo de Ginebra sobre la Alta Silesia, realizó Alemania un nuevo intento para lograr, por el camino de las negociaciones amistosas, un Tratado de protección mutua de las minorías. Después de que hubiera caducado el Acuerdo de Ginebra, Polonia quedaba obligada por las disposiciones de protección a las minorías, de 28 de junio de 1919 (núm. 82). Pero el Embajador alemán en Varsovia pudo ya observar, al iniciar las gestiones, que el Estado polaco no estaba dispuesto a concertar un tratado de este tipo (núm. 83) y también, en un segundo intento, tropezó con la negativa polaca (núm. 84). Beck era de la opinión, de que un tratado tal menoscababa la soberanía polaca. Asimismo, las negociaciones sobre cuestiones derivadas de la caducidad del Acuerdo de Ginebra chocaban con dificultades, en cuanto afectaban al problema de las minorías (núms. 85, 86, 92). A principios de junio de 1937, Alemania dio un nuevo paso en Varsovia para concluir un tratado sobre aquéllas (núms. 87, 88, 89). En esta ocasión, se hace presente de nuevo, que «Polonia, como parte integrante de la reglamentación general de 1919, ha contraído obligaciones unilaterales con respecto a las minorías » y también se pone de manifiesto, en todos sus detalles, la situación insostenible de la germanidad. En interés de la paz con el país vecino, Alemania estaba dispuesta a darse por satisfecha, cuando, en lugar del tratado mutuo, hiciera cada Gobierno una declaración pública y acorde en su contenido (núm. 88). En medio de estas negociaciones, se promulgan súbitamente en Polonia, y no por casualidad, nuevas leyes, que debían producir para el día en que caducara el Acuerdo de Ginebra hechos consumados, que sirvieran de punto de partida para el sucesivo proceso de liquidación de todo lo alemán (núms. 93, 94). No obstante, se logra llegar al fin, a un acuerdo acerca del texto de la Declaración sobre las minorías y se fija el plazo de su publicación (núm. 95). Mas, el día anterior al designado para la misma, se promulga en la Alta Silesia una nueva ley escolar, tan hostil a las minorías, que ni siquiera es posible pensar en la proyectada publicación (núms. 96, 97). Se hacen necesarias nuevas negociaciones para subsanar este acto de sabotaje de Grazynski el violado de la Alta Silesia (núms. 98, 99). Por fin, el día 5 de noviembre de 1937, tiene lugar la, publicación de la declaración sobre las minorías de ambos Gobiernos (núm. 101). El Führer recibió a los representantes de los grupos étnicos polacos; y a sus cordiales palabras (núm. 102) se enfrenta un gesto frío de Presidente del Estado polaco (núm. 103). De todos modos, el Ministro de Negocios Extranjeros, Beck, habló de la decidida voluntad del Gobierno polaco, de hacer de la declaración sobre las minorías punto de partida de una acción para mejorar el estado de cosas (núm. 100). Lo que Alemania esperaba, después de este nuevo intento de comprensión, se recogió en un memorándum entregado al Embajador Polaco, (núm. 104).
VI. La inobservancia de la Declaración sobre las minorías por parte de Polonia
(Noviembre de 1937 a noviembre de 1938)

La esperanzas se ven frustradas una vez más. Ya el 22 de noviembre de 1937, informa el Consulado General de Kattowitz sobre una nueva ola de amenazas y de despidos. (núm. 105). De Cracovia, llegan noticias acerca de manifestaciones antialemanas (núm. 106). El Embajador alemán tiene que hacer presente al Ministro de Estado polaco, que en la Alta Silesia nada ha cambiado, que la lucha contra la iglesia evangélica se ha recrudecido, que prosiguen las actividades de la Asociación del Oeste y que, por consiguiente, en Berlín existe ya la sensación de una cierta desilusión (núm. 109). El 25 de enero de 1938, hay que comprobar la ruptura de un gentlemen?agreement sobre cuestiones escolares (núm. 111) y el 8 de febrero, la duda acerca de las promesas polacas (núm. 112). El senador alemán Wiesner pudo hacer valer ante el Parlamento, en marzo de 1938, que el paro forzoso en la Alta Silesia afectaba del 60 al 80 por ciento de los trabajadores alemanes y por lo que hacía a la juventud de la misma, nacionalidad, era total (núm. 113). Tampoco en el sector escolar se produce alivio alguno (núm. 114). La Asociación del Oeste, la Prensa y los demás órganos de la opinión pública polaca, no sólo prescinden de la declaración sobre las minorías, sino que hacen caso omiso de la paz germano?polaca. Nuevas demostraciones, manifestaciones, artículos difamatorios y discursos (núms. 116,117) ponen de un modo constante, de manifiesto, que el pueblo polaco no piensa en desarmarse moralmente frente a Alemania.
VII. El cambio de notas germano?polacas sobre la región del Olsa y el proceder polaco contra los grupos étnicos alemanes allí residentes
(Octubre de 1938 a marzo de 1939)
En la Región del Olsa las experiencias de Alemania fueron las mismas. Este territorio correspondió a Polonia, después del arreglo checoslovaco, gracias a la amistad alemana; sin embargo, inmediatamente después de la ocupación, procedió contra la población alemana lo mismo que contra la checa que habitaba en él, con el más violento terror (núm. 118). Una, protesta alemana llevó a hacer extensiva la declaración sobre las minorías a esta región (núm. 119). Pero, a pesar de ello, prosiguió la expulsión y la desgermanización; y el número de los fugitivos se elevó a millares (núms. 120, 121). Nuevas protestas alemanas no obtuvieron éxito alguno (núms. 122, 125). La lista de las pérdidas alemanas, por lo que hace a lugares de trabajo, escuelas, bienes raíces y organizaciones culturales, aumentó rápidamente. El Cónsul alemán de Teschen habla de una « acción en masa, preparada en grande, contra los trabajadores y empleados alemanes y checos » (núm. 126).
VIII. Creciente agravación de los excesos polacos contra la minoría alemana
(Octubre de 1938 a marzo de 1939)
Después del traspaso del territorio del Olsa a Polonia, se agudiza. también, de mes en mes, la presión polaca en las demás regiones alemanas. El éxito del Olsa ensoberbece (núm. 128) a los polacos y excita su codicia, ahora hacia los territorios alemanes. Las asociaciones y la Prensa exteriorizan exigencias (núms. 129 y 130) revisionistas; se suceden las destituciones en la Alta Silesia (núms. 131 y 134) y son proscritos de las escuelas alemanas libros como «Poesía y Verdad», de Goethe (núm. 133). En enero de 1939, se establecen los arrestos, aparecen las expropiaciones y continúan los actos de boicot. (núms. 137, 138 y 140). La población alemana llega a un estado de desesperación (núm. 142). Resultan ineficaces las visitas de von Ribbentrop a Varsovia y sus nuevos esfuerzos para llegar a una inteligencia polaco?alemana. El Gobierno polaco afloja las riendas y es, por ello, responsable de que la ola antialemana culmine, el 24 y 25 de febrero de 1939, en injuriosas demostraciones ante el edificio de la Embajada del Reich (núms. 146 y 147) y en los excesos de Posen (núms. 148 y 150), Cracovia (núm. 149) y otras ciudades. Las exhortaciones a la conquista de Dantzig y otros territorios alemanes se hacen cada vez más frecuentes (núm. 151); Alemania llama la atención de Varsovia (núm. 152) haciendo ver la responsabilidad que Polonia contrae. Von Moltke, Embajador del Reich, debe declarar que son cada vez más exiguas las bases de una política de inteligencia polaco?germana (núm. 155).
IX. Continúan las expropiaciones de bienes raíces alemanes con menosprecio de la Declaración sobre las minorías
(Febrero de 1938 a febrero de 1939)
La expropiación de los bienes raíces alemanes constituye un capítulo especial en la lucha contra la germanidad (núms. 156 a 168). A pesar del Tratado de 1934 y de la Declaración sobre las minorías, de 1937, aumentan las expropiaciones, so pretexto de la Reforma Agraria, que causa quebrantos económicos a toda la minoría y provoca un nuevo movimiento de emigración. Ante la insignificancia de las indemnizaciones fijadas (núm. 159), aquellas expropiaciones sólo representan un robo encubierto. A despecho de la intervención alemana, crece con cada nueva lista de terrenos a expropiar, en absoluto y relativamente, la pérdida de tierras alemanas. En noviembre de 1938, se hace una nueva tentativa para evitar nuevos perjuicios a la minoría alemana, cuando menos en el porvenir (núm. 161). Se hacen promesas (num. 162), pero la nueva lista de expropiaciones, correspondiente a febrero de 1939, afecta a los bienes raíces alemanes aún más duramente que en el pasado año (núms. 163 y 164).
X. Nuevas tentativas alemanas para mejorar la situación de la minoría, mediante conversaciones germano?polacas
(Noviembre de 1937 a marzo de 1939)
El Reich, sin embargo, intenta un nuevo esfuerzo, por la vía de las negociaciones, para mejorar la situación de la minoría alemana. Ya en noviembre de 1937 sugiere la institución de conversaciones periódicas entre delegados de los dos países, sobre el problema de las minorías (núm. 169). No llega la respuesta polaca. La proposición se repite en mayo de 1938 (núm. 170). El 9 de julio, por orden expresa del Ministro de Relaciones Exteriores alemán, hace la tercera, tentativa para inducir a Polonia a entrar en negociaciones sobre el problema de las minorías, dentro de lo estipulado en la Declaración de 1937 (núm. 172). Con su táctica dilatoria (núms. 173 y 174), demora Polonia las conversaciones convenidas en noviembre de 1937; sólo durante la visita hecha por von Ribbentrop a Varsovia el 26 de enero de 1939 (núm. 202), se conviene definitivamente en iniciarlas el 27 de febrero (núm. 175). Polonia las lleva con tan negativa disposición (núm. 176) que la delegación alemana se ve obligada a declarar el 4 de marzo, con ocasión de la clausura de las sesiones: « Los polacos no piensan modificar en forma alguna, para el futuro, su política frente a la minoría alemana. Pueden estar dispuestos a otorgar pequeñas concesiones en sectores de escasa importancia; en los problemas que afectan a la vida del grupo alemán, por el contrario, se esfuerzan por continuar con toda firmeza su antigua política de desgermanización» (núm. 178). Con este sabotaje de las incansables tentativas de Alemania se cierra un largo y decepcionante capítulo de explicaciones.
XI. La situación en Dantzig
(1933 ? 1939)
También Dantzig había sido incluido en las negociaciones germano?polacas. La Ciudad Libre, por medio de la discusión y depuración de las dificultades existentes, quería colaborar también en mejorar fundamentalmente las relaciones germano?polacas. El 5 de agosto de 1933, por iniciativa de Dantzig, se llega a diferentes acuerdos, que debían solucionar los puntos tantos años en litigio (núm. 179). A pesar de ello, siguen adelante las tentativas de polonización (núm. 180). El 6 de agosto de 1934, se firman acuerdos sobre cuestiones económicas y aduaneras (núm. 181). Sin embargo, Polonia persiste en sus esfuerzos expansionistas. A ella se debe la militarización de las 17 asociaciones y federaciones de Dantzig (núm. 182) y el despido en masa de los ferroviarios de su región, todos alemanes (núms. 183,184,186). En las postrimerías de julio de 1935, al atentarse por parte polaca contra los más vitales fundamentos económicos del puerto, con una violación del régimen aduanero, se llega a un grave conflicto (núm. 185). En julio de 1936 tienen lugar en Varsovia grandes manifestaciones contra Dantzig, en las que participan asociaciones políticas partidarias del Gobierno. En carteles se exige para Polonia el derecho a intervenir en la administración de la ciudad alemana (núm. 187). El Reich y sus emblemas son ofendidos en Dantzig por miembros de la colonia polaca (núm. 190). En agosto de 1938 corre por toda Polonia una ola de propaganda antialemana. Dantzig es uno de los más importantes temas de agitación. El tono es de provocadora violencia y plantea exigencias revisionistas (núm. 193). El Presidente del Senado protesta ante el representante de Polonia en Dantzig, que en una manifestación celebrada en territorio danzigués ha exhortado a los polacos a vivir en la esperanza de que « bien pronto habitarían en Dantzig sobre territorio polaco» (núm. 192). La lucha contra Dantzig se lleva a todos los aspectos de la vida, pero, ante todo, al económico (núm. 191). Polonia exige o anuncia, constantemente, la anexión de Dantzig (núms. 194, 195). Los círculos de la capital polaca consideran como “motivo para dar origen a una acción militar contra Dantzig” algunas diferencias entre estudiantes polacos y alemanes (núm. 196).
XII. Esfuerzos alemanes para lograr una solución amistosa de los problemas de Dantzig y del Corredor
(Octubre de 1938 a mayo de 1939)
El duodécimo inciso del apartado B del capítulo I ofrece, con los documentos numerados del 197 al 216, la más importante prueba de la lealtad y la moderación con que Alemania intenta llegar, a pesar de todo los fracasos, a una solución definitiva y honrosa para las dos partes del problema fundamental germano?polaco: el de Dantzig y el Corredor. La cuestión de las nacionalidades y el conjunto de las complicaciones del trato germano?polaco, prueban que ambos debían ser resueltos. Tiene importancia decisiva el hecho de que Alemania busque una solución no en contra de Polonia, sino sobre la base de la inteligencia iniciada en 1937, reduciendo al mínimo sus exigencias. El 24 de octubre de 1938, expone von Ribbentrop al Embajador polaco, por primera vez, las demandas de Alemania, su sentido y su alcance (núm. 197). Substancialmente, no han variado nunca. A trueque del retorno de Dantzig al Reich y del enlace entre ambos a través del Corredor, por ferrocarril y carretera ?al que debían corresponder idénticas comunicaciones entre Polonia y el territorio de Danzig? ofrece Alemania el reconocimiento y la garantía definitivos de las fronteras polacas, es decir, su renuncia a recuperar las demás regiones segregadas. El momento estaba bien elegido. Con la ayuda del Reich, Polonia había ganado el territorio del Olsa y aspiraba a establecer una frontera común polaco?húngara. El Embajador Lipski, que pugnó por lograr el apoyo de Alemania, llevó, el 19 de noviembre de 1938, una respuesta, en parte evasiva y en parte dilatoria (núm. 198), basada en dificultades políticas de orden interior. Ni esta contestación, durante cuya entrega expuso von Ribbentrop por segunda vez las reivindicaciones alemanas, ni la entrevista de Beck con el Embajador alemán, mantenida el 14 de diciembre (núm. 199), traicionaron por parte de Polonia la impresión de que se sentía amenazada. La tercera entrevista sobre esta materia se celebró el día 5 de enero de 1939 (núm. 200), entre el Führer y el Ministro de Relaciones Exteriores polaco, Beck. Adolf Hitler expuso el vasto programa amistoso con el que pensaba favorecer las relaciones germano?polacas y la solución del problema de Dantzig, y el Corredor. Era una solución en la que también ganaba Polonia y que excluía toda amenaza. Beck se esquivó de nuevo en esta ocasión, pero se declaró dispuesto «a meditar en calma, sobre el problema». Al día siguiente fue discutido minuciosamente el mismo asunto, por cuarta vez en una entrevista entre Beck y von Ribbentrop (núm. 201). El tema fue discutido por quinta vez en una entrevista celebrada en Varsovia con ocasión de la visita hecha el 26 de enero de 1939 por el Ministro de Relaciones Exteriores alemán (núm. 202). Beck prometió de nuevo hacer un maduro examen del problema. Entre las negociaciones de Varsovia y la sexta entrevista, del 21 de marzo de 1939 (núm. 203), se produce el hundimiento de Checoslovaquia; obtiene Polonia la tan deseada frontera con Hungría, eliminándose así, para ella, el peligro de un «Piamonte ucraniano». El Ministro de Relaciones Exteriores del Reich logra, rápidamente, descartar también las nuevas prevenciones polacas contra Eslovaquia, con la perspectiva de dar participación a Polonia en la garantía del nuevo Estado, dando por supuesto que las relaciones germano?polacas siguiesen un rumbo satisfactorio. El Reich tuvo, por cierto, motivo para mostrarse receloso a consecuencia de nuevas demostraciones antialemanas, acerbos ataques de Prensa y nuevas medidas contra su minoría. No obstante, su Ministro de Relaciones Exteriores sólo presentó las mesuradas reivindicaciones de antes y ofreció su realización por la vía amistosa, mediante la ordenación estable de relaciones germano?polacas. Simultáneamente, hizo saber a su colega polaco que vería con satisfacción que Beck le hiciese, muy en breve, una visita en Berlín. Polonia estaba al tanto, desde hacía medio año, de los deseos alemanes. El 21 de marzo no podía sentirse ni sorprendida ni amenazada.
La primera respuesta de Polonia consistió en la movilización parcial del día 23 y en la concentración de tropas cerca de Dantzig (núms. 204, 205, 207). Los militares ganaron ascendente influencia sobre la política exterior. Ya se había interpuesto Inglaterra (núm. 206). Polonia pudo calcular por ello que jugaría un papel decisivo en la política inglesa de acorralamiento, que había adoptado abierto carácter el 17 de marzo, y obtendría en consecuencia el precio que se pone de relieve en el Capítulo II.
La segunda respuesta, el « no» del 26 de marzo de 1939 (núm. 208), fue
pronunciada bajo la impresión de tener guardadas las espaldas por Inglaterra.
Von Ribbentrop debe hacer constar que el Memorándum del Gobierno polaco no ofrece la menor base para un arreglo con el Reich. El Embajador polaco amenaza con que todo lo que rebase estos planes, especialmente en relación con Dantzig, significa la guerra. El Ministro de Relaciones Exteriores alemán, a causa de lo grave del momento, no se impacienta ante las provocaciones polacas, sino que, por séptima vez, sugiere al Gobierno de Varsovia que después del apaciguamiento de la situación medite nuevamente sobre las proposiciones alemanas (núm. 208). La tercera respuesta de Polonia fue la comisión de nuevos excesos antialemanes en Bromberg, el desenfreno de su Prensa (núm. 209) y la producción de una general disposición bélica, que debía poner a todo el pueblo polaco en sazón para la guerra. Un informe del Embajador alemán demostraba el 28 de marzo de 1939 que arraigaba en Varsovia «un sentimiento de segu ridad y de presunción exagerados » que «constituyen un peligro, teniendo presente el carácter nacional polaco ». El propio Viceministro de la Guerra difundía la idea de la superioridad del ejército polaco sobre el alemán (núm. 210). El Ministro de Relaciones Exteriores, Beck, se hizo cada vez más prisionero de la patriotería polaca, a la que se sometió abandonando su propia política (núm. 216). Fue precisamente el 29 de marzo cuando amenazó con el “casus belli” al Embajador alemán, si su país o el Senado de Dantzig modificaban el Estatuto de la Ciudad Libre (núm. 211). En lugar de dirigirse a Berlín, se dirigió a Londres, para aceptar allí un Pacto de garantía. Con ello se cerraba un capítulo de pacientes esfuerzos alemanes para llegar a un arreglo con Polonia, decidida ya en favor de la política de cerco contra el Reich y, con ello, en apariencia, también a continuar la de odio del año 1919, que en su fuero interno, nunca desechó. Había destruido el Convenio de 1934, que excluía las crisis violentas entre ambos países, y se comprometía incluso al empleo de la violencia contra Alemania, aunque no estuviesen directamente afectados sus intereses (núm. 213). En el discurso del Reichstag, del 28 de abril (núm. 214) y en el Memorándum del Gobierno, de igual fecha, (núm. 213) echaba el Führer una ojeada sobre los leales y pacientes esfuerzos realizados durante seis años para obtener la amistad polaca; ni siquiera en tales momentos le retiraba la mano a Polonia y se declaraba dispuesto, en nombre de Alemania, a una nueva ordenación sobre una base contractual. Polonia no hizo uso de ello. Al contrario, respondió con el arrogante discurso de Beck del 5 de mayo, con el incremento de la agitación antialemana y con una interminable serie de discursos y opiniones de Prensa, en los que exigían para Polonia nuevos territorios de mayoría étnica y soberanía alemana. Se comprobó, de fuente polaca competente, que Beck no sólo era prisionero del chauvinismo polaco, sino también de las intenciones inglesas. (núm. 216).
Capítulo II
La política beficísta inglesa
A. Rearme inglés y agitación contra Alemania
(Septiembre de 1938 a julio de 1939)
Un abandono de veinte años y la arrogancia polaca habían convertido el problema polaco?alemán en la cuestión crítica de la política europea. Ponía constantemente la deseada posibilidad a disposición de quienes buscaban un pretexto de guerra. Inglaterra, al servicio de su política de acorralamiento, acechaba el horizonte europeo en busca de semejantes posibilidades; en marzo de 1939, establecía contacto con el chauvinismo polaco. Las relaciones germanobritánicas parecían haber tomado, con la Declaración común de Munich (núm. 217), un giro favorable. Habían precedido, por parte de Alemania, muchos años de esfuerzos para conquistar la amistad inglesa. La inteligencia con la Gran Bretaña figuraba en el programa de la política exterior del Nacionalsocialismo. El Pacto naval de 1935 debía dar la seguridad de que ambos Imperios, con recíproco respeto por sus intereses vitales, no volverían nunca a cruzar sus armas. La Declaración de Munich debía dar carácter definitivo a la seguridad de las pacíficas relaciones anglo?alemanas. Fue enorme el desengaño cuando Chamberlain, tres días más tarde, proclamó en la Cámara de los Comunes el rearme a toda costa (núm. 218). Este hecho y la actitud de la oposición inglesa obligaron al Führer, en su discurso de Saarbrück (núm. 219), a prevenir a su pueblo contra la confianza ciega y a indicar la posibilidad, de que, en cualquier momento, tomase las riendas del Poder el partido belicista de los Eden, Churchill y Cooper. Los acontecimientos le han dado la razón. Mucho antes de la crisis checoslovaca, Inglaterra había abusado de Alemania en este aspecto, para hacer que su opinión se mostrara propicia al rearme. Este proceso se precipitó después de Munich. El Ministro británico de la Guerra anunciaba ya el 10 de octubre de 1938 el inminente refuerzo y modernización del Ejército territorial (núm. 220). Al mismo tiempo, la Gran Bretaña incitaba a Francia, su aliada, a realizar nuevos esfuerzos en su rearme, sobre todo en el aire (núm. 221). Siguieron los preparativos para el establecimiento de un registro nacional para el servicio voluntario, auxiliar y de guerra (núm. 222). Como Duff Cooper en París (núm. 232), Churchill hacía ante el micrófono (núm. 223), en un discurso para los Estados Unidos, propaganda de agitación contra Alemania. En su alocución del 6 de noviembre en Weimar (núm. 224), el Führer prevenía contra los círculos ingleses en cuyo programa figuraba « la destrucción de Alemania e Italia ». También el Ministro de Relaciones Exteriores alemán llamaba la atención de la Prensa extranjera sobre el peligro que para el mundo representaban los instigadores a la guerra de las democracias occidentales (núm. 225). A mediados de noviembre Fue incluida en el programa inglés de construcciones aéreas la industria aeronáutica canadiense (núm. 226) y, con ocasión del viaje de Chamberlain y Halifax a París, se comprometieron al acrecentamiento de su aviación ofensiva, Francia, e Inglaterra al envío de un fuerte Cuerpo expedicionario (núms. 227, 228).
El 30 de noviembre de 1938 siguió el anuncio por Inglaterra de la lucha político?comercial contra Alemania, en el Sudeste y el centro de Europa (núm. 229). El 7 de diciembre, cree conveniente el Secretario de Estado inglés de Colonias inutilizar el documento de Munich con una negativa injustificada sobre la cuestión de las posesiones y cerrar a Alemania, en este terreno, el camino de las negociaciones (núm. 231). Junto a esto, aparece la propaganda de Prensa contra el Reich, tolerada por el Gobierno, ultrajes contra el Führer (núm. 233), el envenenamiento de la atmósfera a través de falsas noticias (núm. 230) y la creciente acción del partido belicista sobre la opinión, al que Chamberlain hacía ya notorias concesiones (núm. 234). Como prueba el discurso pronunciado por Hitler el 12 de enero de 1939 (núm. 235) con motivo de la recepción del Año Nuevo, Alemania, a pesar de sus esperanzas en la paz y en el acuerdo, no se dejaba intimidar por Francia e Inglaterra. La Gran Bretaña contestó a esta actitud con la implantación del « Servicio Nacional Voluntario », «que debía estar preparado para la guerra » (núm. 237) y con crecientes empeños para poner a la nación inglesa en disposición bélica. Los esfuerzos pacifistas del Führer fueron ocultados por la Prensa británica (núm. 238). Aun antes de que pudiera ser alegado el pretexto checo, Chamberlain se sintió llamado a representar con respecto a la Alemania de Adolf Hitler, ante la Historia, el mismo papel de Pitt contra Napoleón (núm. 240). El 30 de enero, el Führer se vio obligado a referirse de nuevo en el Reichstag al partido belicista británico, y a llamar la atención de su pueblo sobre el hecho de que «quería, a todo trance, provocar una guerra » (núm. 241). El armamento y el odio iban de la mano en Inglaterra. Se ensalzaban las imponentes cifras del rearme (núm. 242). A mediados de febrero de 1939, Inglaterra se desembarazó del Derecho Internacional en la lucha económica, en la que denunció el Acta General de Ginebra, que era obligatoria en tiempo de guerra (núm. 244), con lo que eliminó, para la guerra planeada, cualquier procedimiento de arbitraje en las desavenencias con los neutrales. Esto era una manifiesta medida de preparación de la guerra. Todo el mundo percibía la avidez bélica de la Gran Bretaña. Las representaciones de Inglaterra en el Extranjero alimentaban el «hogar de la psicosis bélica». Eden, Churchill y Duff Cooper pasaban por los representantes genuinos y futuros jefes del país (núm. 245). El Ministro de la Guerra elogió el 8 de marzo la magnitud y eficiencia combativa del Ejército que podía enviar al Continente europeo (núm. 246).
La nueva ordenación de la región checa dio el pretexto para el aumento de los preparativos ingleses de guerra y de la agitación antialemana. Duff Cooper pudo injuriar al Führer en una sesión pública de la Cámara. Lord Halifax defendió estas ofensas ente el Embajador del Reich (núm. 247). El 29 de marzo anunció Chamberlain el aumento de la fuerza militar del Ejército territorial (núm. 248). El 20 de abril fue publicado el decreto de creación del Ministerio de Abastecimientos, la central económica de los preparativos bélicos (núm. 250). La opinión inglesa, presionada por discursos, noticias y gesticulaciones oficiales (núm. 249), Fue derivando hacia la propensión guerrera y el nerviosismo. El 26 de abril introdujo Inglaterra el servicio militar obligatorio (núm. 251). Al justificarlo, se hablaba de la « transformación en la opinión pública, que desde hace mucho tiempo viene produciéndose progresivamente y de los “nuevos compromisos que la Gran Bretaña, en los últimos tiempos, había aceptado en Europa ». Ambos hechos han sido provocados sistemáticamente por el Gobierno inglés para poder imponer a la opinión pública el servicio militar obligatorio. Un informe redactado el 10 de julio de 1939 (núm. 252) por el Embajador alemán, von Dirksen, recopila lo hecho en la Gran Bretaña para hacer del concepto «guerra, el tema principal de las conversaciones y del pensamiento nacional». Sir Samuel Hoare, Ministro del Interior, dio a conocer, el 28 de julio, la creación de un «Pseudo Ministerio de Información» para caso de necesidad y definió la expresión « caso de necesidad » con la frase «Pienso en la guerra efectiva».
B. La actitud inglesa en el problema checo
(Noviembre de 1938 a abril de 1939)

La cuestión checa ha desempeñado un importante papel en la justificación de la política británica de acorralamiento. Se le reprochó a Alemania de haber destruido a Checoslovaquia por la violencia, con olvido del compromiso de consultar contraído con Inglaterra. Estas acusaciones se contradicen con afirmaciones oficiales inglesas, como las que se contienen en los documentos numerados del 255 al 366. Chamberlain mismo, en una declaración hecha a la Cámara de los Comunes (núm. 255), reconoció la inconsistencia de las fronteras de Versalles. La garantía otorgada a Checoslovaquia no podía, por tanto, representar ninguna “cristalización de las fronteras” (núm. 256). El 14 de marzo, día del desmoronamiento de Checoslovaquia, admitía Chamberlain en la Cámara de los Comunes que no se había producido un ataque inmotivado contra este país (num.257). Al día siguiente, es decir, después de la firma del acuerdo checo?germano, el Primer Ministro aseguraba en la Cámara de los Comunes que la garantía concedida a Checoslovaquia no podría llevarse a la práctica «porque el Estado cuyas fronteras teníamos intención de garantizar se ha derrumbado desde el interior y ha encontrado así su fin. El Gobierno de Su Majestad no puede, en consecuencia, permanecer más tiempo ligado a aquella obligación » (núm. 259). Esta afirmación inglesa no sólo se apoya en la interpretación alemana, sino también en la realidad histórica, puesto que el 14 de marzo, hacia las 13 horas, la declaración de independencia de la Dieta eslovaca había ya hecho desaparecer el Estado checoslovaco.
En este momento, el partido belicista inglés, al acecho de las repercusiones, logra la ventaja. La Embajada del Reich en Londres anuncia el 17 una repentina inflexibilidad en los círculos oficiales y parlamentarios (núm. 261). Chamberlain, arroja su propia política por la borda y capitula ante la oposición, que, desde ahora en adelante, de acuerdo con la burocracia del Foreign Office, asume la dirección de la política exterior (núm. 263). Así se llega a las gestiones inglesas en Berlín (núm. 262) y a la imputación de, que Alemania ha traicionado su firma de Munich. También esta acusación ha sido construida ad hoc para uso especial. De los documentos 264 y 265 se deduce que Inglaterra no veía aún, el 23 de marzo, en el proceder alemán, ninguna infracción del Acuerdo de Munich. El Subsecretario de Estado, Butler, respondió en la Cámara de los Comunes a una interpelación acerca de las observaciones que se habían hecho a Berlín sobre el caso de que el Gobierno alemán no hubiese hecho al de Londres la consulta prometida en Munich, diciendo: “Que yo sepa, el comunicado de referencia no contiene semejante declaración. Con esto queda contestada la segunda parte de la pregunta”. Por tanto, el Führer tenía razón cuando rechazó en el Reichstag, el 28 de abril, la acusación de no haber mantenido las promesas del Acuerdo de Munich (núm. 266). El Acuerdo de Munich, que contenía una solemne renuncia a la guerra, fue roto por Inglaterra en el momento en que la declaró al Reich.
C. La política inglesa de cerco, desde febrero de 1939
La próxima parte, desde el número 267 hasta el 324, trata de la táctica inglesa de lograr el cerco de Alemania a partir de febrero de 1939, de decisiva importancia para formar juicio sobre las causas de la guerra. Al principio, la injerencia del acorralamiento inglés en el complejo polaco agravé problemas originariamente sencillos, como los de Dantzig y el Corredor, cargándolos con aquella dinamita que debía hacer saltar por el aire, primero la Europa oriental y después la occidental. El Gobierno inglés, que se había sometido de antemano, moralmente, al yugo de la oposición, adoptó ya, públicamente, la política exterior de aquellos hombres cuyo objetivo declarado era la destrucción del gran Reich alemán. Sin embargo, antes de que se produjera el pretexto checo, Francia e Inglaterra habían exteriorizado declaraciones de que se apresurarían a ayudarse con todas sus fuerzas, en caso de guerra (núm. 267). El público anuncio de la solidaridad franco?británica y «una notable actividad inglesa en Polonia» alentaron, ya en febrero, ciertos designios polacos de crear una tensión «paulatina en las relaciones polacoalemanas » (núm. 268). Dos días después de Praga, Chamberlain tocó la trompeta de ataque contra Alemania y anunció abiertamente el cerco: no solamente los Dominios y Francia, sino también otras potencias, deberían sentir el deseo de consultar con Inglaterra (núm. 269). Irresponsablemente, se acogen insensatos rumores lanzados por el mundo sobre un ultimátum alemán a Rumania (núm. 270), para declarar a este país necesitado de protección. En los debates previos de la Cámara de los Comunes, fue preparada la lista de los países por ganar al acorralamiento, con inclusión de Polonia. Lord Halifax declaró el 20 de marzo, en la Alta Cámara, que el Gobierno meditaría « si no sería conveniente, a los efectos de la ayuda mutua, la adopción de amplios compromisos recíprocos » y comunicó que Inglaterra no había perdido tiempo «para iniciar estrechas y prácticas consultas con otros Gobiernos» (núm. 271). Que esto se refería en primer término a Polonia, se justifica con los informes del Encargado alemán de Negocios, en Londres, correspondientes a los días 20 y 22 de marzo (núms. 272 y 274). El 24, el Embajador alemán en Varsovia daba cuenta de repetidas visitas hechas por el Embajador inglés al Ministerio polaco del Exterior, durante los últimos días (núm. 206). Polonia sabía ya, por consiguiente, el 21 de, marzo, cuando movida por el Ministro alemán de Relaciones Exteriores se ocupaba de los problemas de Dantzig y el Corredor, que el día 26 comunicaría su respuesta negativa, sintiéndose ya respaldada por la garantía inglesa y de la naciente coalición. Inglaterra, por ello, es responsable en primer término del « no » polaco. Para provocar la atmósfera favorable fueron propaladas noticias calumniosas sobre el designio alemán de atacar a pequeños Estados: Noruega, por ejemplo (núm. 273). La connivencia de la Unión Soviética figuraba, desde el principio, en el orden del día (núm. 274). Sin tener en cuenta su opinión también Holanda y Suiza fueron declarados (núms. 276, 311) países necesitados de protección.. En la convicción de que Inglaterra necesitaba de ella, Polonia aumentó sus exigencias hasta la “carta blanca » del 31 de marzo de 1939 (núms. 206, 277, 279). Por ello, la respuesta polaca al Reich, del 26 de marzo, estaba dictada, no sólo por la arrogancia polaca, sino también, en primer término, por los propósitos ingleses de hacer de ella el factor decisivo en la política de acorralamiento. Con esta garantía, como el propio Duff Cooper escribió más tarde, «fueron confiados a un puñado de gentes polacas desconocidas» el destino del Imperio inglés y el problema de la guerra y la paz. El Führer dio en Wilhemshaven, la primera respuesta preventiva: «Alemania no repetirá el grave error de presenciar el cerco de que quiérese hacerle objeto sin prevenirse a tiempo contra él » (núm. 281).
Que Inglaterra tenía conciencia de la transformación fundamental de su política y del riesgo derivado de la “carta blanca», se deduce de los discursos de Chamberlain y Simon, del 3 de abril (núms. 283, 284). La obligación de «hacer la guerra» había sido deliberadamente aceptada, allí donde Inglaterra la necesitaba como pretexto para el control de la Europa central y oriental y lograr una guerra preventiva. La preparación y acoplamiento militar iba de la mano con el trabajo diplomático (núm. 285). El 6 de abril, con ocasión de la visita de Beck a Londres, se dio a conocer la metamorfosis de la garantía unilateral del 31 de marzo en otra bilateral (núm. 286). Otra vez se colocaba en manos de Polonia, premeditadamente, la facultad absoluta de decidir entre la paz y la guerra. El 13 de abril se hizo extensivo el acorralamiento a Italia, el otro extremo del eje, al conceder a Rumania y Grecia una garantía unilateral y al concertar, simultáneamente, un compromiso con Turquía (núm. 288).
El partido belicista estaba satisfecho con esta orientación (núm. 289). Las presiones sobre la Unión Soviética, sin la que no podía contarse entonces con un éxito del acorralamiento, tomaron impulso y fueron intensificadas (núm. 290). La coalición rumano?polaca debía también actuar contra Alemania (núm. 291). Con respecto al Reich, se trató, oficialmente, de encubrir esta política con seguridades de paz (núm. 293). Después de la implantación del servicio militar obligatorio en Inglaterra, ya no estaba autorizada la menor duda sobre su finalidad. Por tal razón, el Führer se vio obligado, el 28 de abril, en un Memorándum dirigido a Inglaterra (núm. 294) y en su discurso del Reichstag (núm. 295), a deducir las consecuencias de la política de cerco y a declarar que «el Gobierno inglés no consideraba ya la guerra contra el Reich como una posibilidad, sino, por el contrario, como un problema fundamental de su política exterior, y rescindía unilateralmente el Pacto naval, que, por consiguiente, quedaba sin vigor». Condición previa de este Pacto había sido el respeto de los recíprocos intereses vitales. El Führer se mostraba todavía dispuesto a un entendimiento y dejaba la puerta abierta «a nuevas negociaciones ». Al partido belicista inglés le disgustaba que « el discurso no había tenido matiz guerrero » (núm. 296).
Inglaterra, sin embargo, tampoco ahora hizo nada, influyendo sobre Varsovia, para mejorar el problema polaco y procurar el contacto entre el Reich y Polonia. Antes bien, se advirtió en seguida el estímulo dado por la Gran Bretaña a la arrogancia polaca (núm. 298). Precisamente, se habló de que podían y debían ser unidos los problemas de Dantzig y del Corredor (núm. 299), pero se dejaron transcurrir cuatro meses completos sin sugerir a Polonia que aceptase la oferta de negociación hecha por el Führer el 28 de abril. El 12 de mayo, la declaración anglo?turca de garantía extendió aún más contra el Eje la política de cerco (núm. 201); el 19 declaró Chamberlain que el frente de cerco debía afianzarse mediante tratados definitivos con los países garantizados y completarse con nuevos acuerdos con otras potencias (núm. 303). Los mayores esfuerzos tendían ahora a la adhesión de la Unión Soviética. (núm. 306). Es conocida la suerte de estas negociaciones, en las que se llegó hasta la propia humillación. La propensión de Inglaterra a la guerra preventiva se notaba en todas partes (núm. 304). El Führer advirtió de nuevo (núm. 305), en su discurso de Cassel, que Alemania no esperaría a ver completarse el cerco. Fueron reiteradas las advertencias (núms. 307, 308). El Gobierno inglés se había identificado tanto con la oposición, que ni siquiera un Churchill podía descubrir ninguna discrepancia (núm. 309). El 23 de junio se dio a conocer la ratificación franco?turca del Pacto inglés de acorralamiento del 12 de mayo (núm. 310). Lord Halifax descubrió el carácter agresivo de la política exterior británica cuando, en un discurso pronunciado en el Ayuntamiento de Chatham (núm. 312), declaró que la política de Inglaterra seguía « exclusivamente el camino invariable que le señalaba su propia Historia». Es el retorno al « Balance oí Power » con el que siempre derribó a la potencia continental más fuerte, con ayuda de coaliciones, antes de que se pudiera eludir el control inglés. A fin de junio, fue tratado el mando común de las fuerzas anglo?francesas (núm. 313). El Ministro de la Guerra inglés se declaró abiertamente partidario del sistema de alianzas francesas que dominaba en Europa y que fue adoptado desde entonces por Inglaterra (núm. 316). Tomaron impulso las tentativas inglesas de acorralamiento, en el Este de Europa, a pesar de la esporádica resistencia de los Estados por garantizar (núm. 317). La táctica de acorralamiento de Alemania debía ponerse en marcha con la ayuda de créditos políticos (núm. 318). A mediados de julio, apareció en Inglaterra, por primera vez el temor de que se produjese un acuerdo germano?ruso, que podía tener como secuela una mejora en las relaciones
Capítulo IV
Polonia como instrumento de la avidez bélica inglesa
A. La influencia de la política; inglesa de acorralamiento en la actitud de Polonia
I. Campaña de aniquilamiento contra la minoría alemana
El cuarto capítulo ofrece la prueba del abuso de Polonia como instrumento de la avidez guerrera británica (núms. 349 a 482). El efecto de los plenos poderes otorgados por Inglaterra se hizo sentir inmediatamente. Polonia se dispuso a la campaña de aniquilamiento contra el grupo nacional alemán. Un día después de la negativa polaca, el 27 de marzo 1939, se producen en Bromberg manifestaciones antialemanas, con gritos como los de «¡Fuera Hitler! », «¡Queremos Dantzig! » y «¡Queremos Kónigsberg!» (núm. 349). En otros lugares, los polacos irrumpen violentamente en reuniones nocturnas de alemanes del Reich y destruyen retratos del Führer y banderas alemanas (núm. 350), contra lo cual se interponen muy enérgicas protestas (núms. 351, 352). A fines de marzo, Thorn y Posen deben informar sobre el ulterior aumento de la agitación, sobre manifestaciones, ataques consumados y exigencias anexionistas (núms. 353, 354, 355). En Posen, los disturbios se prolongan durante toda una semana. Siguen los ataques contra los alemanes, entre los que hay heridos graves (núms. 355, 357). Las protestas alemanas resultan estériles (núm. 360). A principios de abril, fue difundido por toda Polonia un manifiesto que contenía el programa general para la desgermanización del país (núm. 358). A mediados de abril, atraviesan la frontera los primeros fugitivos alemanes (núm. 359). A los consulados les es casi imposible indicar todos los casos (núm. 361). También en la Alta Silesia se desenfrena sin límites el odio (núm. 362). Los informes de los Consulados alemanes están esmaltados de actos terroristas (núm. 363). La unión de insurrectos da la consigna del terror (núm. 364). El Consulado general de Kattowitz anuncia al 6 de mayo doscientos actos de terror i(núm. 365) ; el día 19, sólo en la Alta Silesia, otros cien casos más (núm. 372). Ya ningún alemán tiene seguros sus bienes ni la vida. El terror se propaga hasta el territorio polaco, fijado por el Congreso de Viena, y se agudiza con sistemáticos incendios (núm. 366). Son destruidos los últimos puntos de apoyo, político culturales, de la germanidad (núms. 369, 373, 374, 377, 379, 383, 385, 390, 391, 399, etc.). El grupo nacional alemán, en su desesperación, recurre al Jefe del Estado polaco (núm. 369). El Gobierno inglés es puesto al corriente, por el Embajador alemán, de estos acontecimientos, peligrosos para la paz (núm. 368), sin que nada ocurra. A mediados de mayo, llega la agitación hasta matanzas de alemanes, millares de los cuales son cazados «como animales silvestres» (núms. 370, 371). El movimiento de fugitivos aumenta (núm. 374), lo mismo que el chauvinismo polaco, la aparición de objetivos de guerra anexionista (núms. 367, 378) y las públicas ofensas y ultrajes al Führer, que obligan a reiterar acres protestas (núm. 382). En el terreno económico son liquidadas las cooperativas, farmacias y molinos alemanes (núms. 380, 395). Lodz anuncia el 7 de julio: « Se hacen públicas, a diario, amenazas de asesinatos, suplicios, etc., contra los alemanes ». Familias enteras, ante las constantes amenazas de muerte, pasan las noches en los bosques (núm. 381).
El Ministerio de Asuntos Exteriores polaco respondía a las protestas con encogimientos de hombros y con la tácita confesión de que se era impotente ante los militares y de que se habían convertido en prisioneros del chauvinismo polaco (núms. 318, 385). El Embajador alemán, en Varsovia, dos meses y medio después de la garantía, recoge sobre esto la impresión «de que la agitación se había llevado a un grado que él nunca había podido observar en sus largos años de servicio » (núm. 385). Después de las farmacias, hospitales y agrupaciones confesionales, son clausuradas y expropiadas las casas alemanas de Posen, Bromberg, Lodz, Tarnowitz, Karwin y Oderberg (núms. 377, 379, 385, 390). Entonces aparecen los ataques contra la vida religiosa y eclesiástica de la minoría alemana y, sobre todo, contra la Iglesia evangélica. Es demolida una casa de oración de la Comunidad de Hermanos Moravos (núm. 388). Los Obispos polacos son requeridos por un Coronel de Estado Mayor, a rogar por que «los hermanos polacos abrevien su noviciado allende las fronteras y porque un segundo Grunwald les redima de la esclavitud » (núm. 392). Un informe de la Embajada alemana, del 5 de julio, relata la persecución de la Iglesia evangélica y de sus ministros y muestra que los atentados contra iglesias y párrocos se han convertido en un sistema (núm. 394). Es clausurado el Seminario protestante alemán en Posen (núm. 411). El cristianismo inglés, al que se informó de estos hechos, los pasó en silencio. Cada vez se hace más patente que las propias autoridades son vehículo del proceso de liquidación. El Embajador alemán en Varsovia comprueba la complicidad inglesa en ello, cuando escribe: “Evidentemente el Gobierno polaco se siente respaldado por la carta blanca de Inglaterra, por lo que ya no cree necesario tener la menor consideración hacia los intereses alemanes en sus relaciones con la minoría » (núm. 397). A mediados de julio, el Consulado de Lemberg comunica que en su jurisdicción se ha llegado, contra la germanidad, a los métodos empleados en las acciones de « pacificación » de 1930 llevadas a cabo contra les ucranianos, tan tristemente famosas (núm. 400). Ahora, también el elemento militar participa en los excesos (núm. 403). Todo lo alemán, en Galitzia, está en riesgo de aniquilamiento. El porvenir no existe para él y está amenazado de incendios y de riesgos para vidas y haciendas (núm. 407). Lo que escapa al terror desenfrenado, cae bajo el terror tributario y los vejámenes de las autoridades (núm. 408).
En agosto de 1939 llega a su apogeo la persecución de lo alemán en todas las voivodías. Los registros domiciliarios y las detenciones están a la orden del día (núms. 410, 412). Son clausuradas las últimas asociaciones alemanas (núm. 414). Una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores destaca entre una plétora infinita de actos terroristas, 38 casos típicos y de enorme gravedad (núm. 415). Es una lista de horrores sólo superada por la monstruosidad de los asesinatos de Bromberg y de las matanzas de alemanes en toda Polonia, cuyas tristes huellas pudo seguir el Ejército del Reich. Los alemanes de la región fronteriza fueron arrastrados al interior o arrojados a campos de concentración (núm. 417). La cifra de fugitivos excedía de 70.000 (núm. 416).
II. Medidas polacas contra Dantzig
Luego de declarar Polonia «casus belli» toda modificación que se hiciera del Estatuto de Dantzig, encontrando en Inglaterra garantías para ello, la Ciudad Libre tuvo que estar dispuesta a todo después de que Inglaterra concediera poderes en blanco al Estado polaco. Ya en mayo de 1939 la aviación y el Ejército polacos violaron sus fronteras (núm. 418). Infringiendo los acuerdos en vigor, fue aumentada la guarnición de la Westerplatte, y concentradas tropas para cercar la frontera de Dantzig (núm. 419). El 20 de mayo, fue muerto a tiros, disparados desde el auto de la representación diplomática polaca (núm. 420), un ciudadano danzigués en Kalthof, e incluso se hizo a este crimen, por parte polaca, objeto de un cambio de notas que tenía tono de reto (núm. 421). El 23 de mayo se produjo un nuevo incidente fronterizo (núm. 422). Al mismo tiempo, elevó Polonia, sistemáticamente, el número de inspectores de aduana (núm. 423), lo que movió a protestar al Senado de Dantzig. Polonia contestó con la amenaza de aumentar nuevamente el personal aduanero polaco (núm. 425), que también trabajaba, sobre todo, en el espionaje (núms. 424, 426). En junio, Polonia procedió contra Dantzig por medio de coacciones económicas. Fueron prohibidas la importación de materias polacas de primera necesidad (núm. 429) y la exportación a Polonia de productos de la industria danziguesa de la alimentación (núm. 431). Dantzig debía ser bloqueado económicamente. Polonia inició preparativos para la provocación de incidentes en la Ciudad Libre (núm. 428); el representante de la minoría polaca en la Dieta de Dantzig declaró en Gdynia, con motivo de una manifestación, que «la población polaca de Dantzig conseguiría la anexión de la ciudad Libre a la patria polaca, con ayuda del Ejército de esta nación » (núm. 430). La tirantez llegó su apogeo a consecuencia del ultimátum presentado en la noche del 4 al 5 de agosto (núms. 432, 433, 434). Un supuesto Decreto del Senado de Dantzig, que nunca llegó a publicarse, fue el pretexto para ese ultimátum y para amenazas de «represalias inmediatas ». Desde el 23 de agosto se dieron numerosos casos de ser tiroteados aviones de línea alemanes por fuerzas polacas de la península de Hela (núms. 435 y 436). Entretanto, fue continuada en Dantzig la ilícita militarización de los puntos de apoyo polacos. Como comprobó el Alto Mando del Ejército, después de ocupar la Westerplatte, su guarnición polaca, que, de acuerdo con lo estipulado, debía ser de 88 hombres (véase núm. 22), ascendía en realidad a 240. El terreno había sido provisto de un sistema de fortificación, defendido con artillería y ametralladoras (Apéndice).

B. La última fase de la crisis germano?polaca*
Las garantías inglesas, reiteradas siempre de nuevo, habían producido a principios de julio una psicosis de guerra en Polonia. El ardor bélico polaco, no pudo nada más que ser intensificado, con las declaraciones hechas en la Cámara de los Comunes, el día 10 de julio, por el jefe de la política británica, al dar su opinión sobre el punto litigioso germano?polaco. Chamberlain reprodujo y reforzó las garantías dadas a Polonia, particularmente, en lo que afectaban a la cuestión de Dantzig (núm. 438). Resulta de esta declaración, que Inglaterra aceptó sin crítica alguna la versión polaca y que nada hizo para mover a Polonia a una transigencia, a pesar de la afirmación, de que sería de celebrar una solución pacífica. Por el contrario, el discurso pronunciado por Chamberlain el 10 de julio de 1939 demuestra que Inglaterra procedió a cargar a alta tensión la cuestión de Dantzig y el Corredor, por medio de su política de cerco, con lo que se dio lugar a la explosión. Sabemos hoy, que, en realidad, las garantías inglesas estaban dirigidas, exclusivamente contra Alemania (véase la nota de la pág. 411) y que, más tarde, Polonia perdió a manos de Rusia la mayor parte de su territorio, sin que Inglaterra emprendiera nada. Estos hechos aclaran, por completo, la característica falta de responsabilidad inglesa, con la que se presentó a Polonia, en la declaración de Chamberlain, como amenazada en su existencia nacional e independencia, por las modestas proposiciones alemanas sobre Dantzig y el Corredor. Este mismo discurso contiene el diáfano juego con las fechas de las proposiciones alemanas de 21 de marzo, de la negativa polaca del 26 y de la declaración británica de garantía del día 31 del mismo mes. Más arriba, se ha probado ya, a base de los documentos núms. 269 a 279, que en esta ocasión se trataba de una disposición de las fechas y de las causas conscientemente falseada. Una nota del Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich, Barón de Weizsäcker, de fecha 13 de julio (núm. 439), pone de manifiesto un segundo error del Primer Ministro británico, ya que éste mantuvo que Alemania había garantizado el Estatuto de Dantzig hasta el año 1944. El Embajador inglés en Berlín nada pudo replicar, cuando el Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores le manifestó, que declaraciones públicas de ese tipo no servían nada más que « para respaldar a Polonia en lugar de hacerla entrar en razón » (núm. 440). Mientras tanto, eran reiteradas a Polonia las demostraciones del afán guerrero inglés. Este fin perseguía la visita del General británico Ironside a Varsovia (núm. 443), donde la tenacidad bélica inglesa se encontró con la polaca. El Mariscal Rydz?Smigly, en la primera entrevista pública, pronunció deliberadamente ante la visita inglesa un « jamás » sobre el problema de Dantzig que representaba tanto como una franca injerencia en la política exterior y eliminaba de nuevo la posibilidad de un cambio directo de opiniones (núms. 441, 442). La propaganda del chauvinismo polaco y el acicate inglés habían llegado tan lejos a fines de julio que el pueblo polaco, en todas sus capas sociales, estaba dispuesto a la guerra y esperaba con ansia, confianza y seguridad, el conflicto armado que consideraba cierto (núm. 444). Alemania comunicó al Gobierno polaco, el 9 de agosto, que la repetición, con carácter de ultimátum, de las exigencias sobre Dantzig, traería consigo una agravación de las relaciones germano?polacas, de cuyas consecuencias sólo el Gobierno de Varsovia sería responsable. Al mismo tiempo, fue advertido de que el mantenimiento de las medidas económicas tomadas por Polonia contra Dantzig obligaría a la Ciudad Libre a buscar otras posibilidades de importación y exportación (núm. 445). El Gobierno polaco respondió con un memorándum en el que resaltaba la afirmación de que Polonia consideraría como un acto de hostilidad cualquier intervención del Gobierno del Reich en los asuntos de Dantzig que perjudicase los intereses y derechos polacos en esta ciudad (núm. 446). La respuesta de Polonia encontró el benéplacito de Inglaterra y Francia (núm. 447).
La Gran Bretaña fue nuevamente informada sobre la gravedad de los acontecimientos (núm. 448). Tampoco Francia puede sostener que Alemania no la hubiera prevenido sobre el camino que Polonia había emprendido. En la entrevista del 15 de agosto (núm. 449) entre el Barón von Weiszäcker y el Embajador francés se produjo una «muy seria y admonitoria conversación» y se llamó enérgicamente la atención sobre las amenazas dirigidas a Dantzig en forma de ultimátum y sobre otros sucesos. De esta forma, Polonia había decidido su suerte e inducía a sus amigos a poner en juego su existencia. Sin embargo, el Embajador se negó a hacer en nombre de Francia ninguna presión sobre Varsovia. El Barón Weizsäcker mantuvo en igual fecha la misma conversación con el Embajador inglés, que fue nuevamente advertido del estímulo que la garantía británica daba a la arrogancia polaca y de la connivencia de Londres con la nota conminatoria sobre Dantzig (núm. 450). Henderson no supo alegar nada convincente. Inglaterra no dio esta vez tampoco importancia al consejo de traer a Polonia a la razón en el problema de Dantzig y en sus relaciones con el Reich. No solamente había hecho suyo, sin censura, el punto de vista polaco (núm. 451), sino que se preparó, a sabiendas, para un conflicto bélico. El convencimiento de ello es algo que se hizo sentir más allá de las fronteras de Europa (núm. 452). Inglaterra no se dejó disuadir por la histórica advertencia contenida en el anuncio del pactó de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética (núm. 453). Chamberlain respondió públicamente a ella (núm. 453), y en una carta al Führer (núm. 454), con la renovada repetición de que dejaría a Polonia en el uso de los plenos poderes. En esta carta y en un comentario que le puso el Embajador británico en su entrevista del 23 de agosto con el Führer, en Berchtesgaden, se destaca que Inglaterra no estaba dispuesta a pasar de las palabras sin compromiso, para crear en Varsovia las condiciones previas que eran necesarias para la reanudación de las negociaciones directas con Alemania. Se habían dejado transcurrir casi cinco meses; Polonia se fortalecía en su insolencia y se confiaba al Reich la tarea de acceder a todas las exigencias de la altanería polaca. El Führer, en aquella entrevista, no dejó ninguna duda sobre la completa responsabilidad de Inglaterra en la agravación del problema polaco y demostró que Londres había rehusado siempre la mano de Alemania y « dejaría producirse la guerra mejor que algo ventajoso para el Reich». El punto de vista alemán se halla resumido en la respuesta escrita que el Führer envió a Chamberlain el 23 de agosto de 1939 (núm. 456) : la falta de desavenencias directas con Inglaterra, la moderación de las demandas alemanas sobre Polonia, la influencia de la garantía inglesa, la agravación de la situación en Dantzig, la persecución de la minoría alemana de Polonia y el conocimiento de la firme resolución bélica de la Gran Bretaña, pero también la firme decisión alemana de salvaguardar los intereses del Reich y de responder con la movilización a los preparativos bélicos ingleses. La misiva terminaba con la seguridad de que nadie se sentiría más satisfecho que el Führer ante un cambio de la actitud inglesa hacia Alemania.
A pesar de que la nota del Jefe del Gobierno inglés, del 22 de agosto, y los discursos pronunciados al día siguiente por los estadistas británicos dejaban notar falta de comprensión hacia el punto de vista alemán, el Führer hizo una nueva tentativa, el día 25, a las 13,30 para llegar a una avenencia con la Gran Bretaña (núm. 457). «Quería ?declaró al Embajador inglés – emprender hoy con respecto a Inglaterra una gestión que fuese tan decisiva como la que había conducido a la reciente inteligencia con Rusia. » Después de rechazar la imputación de abrigar planes de hegemonía mundial, expuso el problema polaco en todo su peligro y urgencia. Alemania estaba decidida a eliminar la caótica situación de su frontera oriental. No se produciría una guerra de dos frentes, pues el acuerdo con Rusia era incondicional y significaba un cambio a largo plazo. El Führer estaba dispuesto, a hacer de nuevo una amplia oferta a Inglaterra, después de la solución del problema germano?polaco. Reconocía el Imperio británico y se hallaba dispuesto a apoyar su existencia con todo el poder del Reich, siempre que fuesen reconocidas sus limitadas exigencias coloniales, que podían ser discutidas por medios pacíficos, y no fuesen afectados sus compromisos con Italia y la Rusia soviética. Estaba dispuesto, además, a aceptar una razonable limitación de los armamentos. En el Oeste, estaba descartada toda modificación de fronteras. Inmediatamente después de la solución del problema germano?polaco, se dirigiría al Gobierno inglés con un ofrecimiento. Era una oferta de alcance europeo e incluso universal. La desestimación de Inglaterra aparece más irresponsable si se mira a la luz de los acontecimientos bélicos posteriores y de las cargas que ahora gravitan sobre el mundo neutral. La contestación de Inglaterra a estas proposiciones, de miras tan amplias, se hizo esperar y, antes, llevó a cabo el hecho, de consecuencias tan graves para el desarrollo sucesivo de los acontecimientos, de celebrar un pacto de asistencia anglo?polaco, con el que unía definitivamente su destino al de Polonia. Este fue firmado en Londres por el Ministro de Negocios Extranjeros inglés y el Embajador polaco el mismo día 25 de agosto (núm. 459). La actitud de Inglaterra frente a las proposiciones hechas por el Führer en ese día, se halla de manifiesto en el memorándum entregado a éste, el día 28 a las diez y media de la noche, por el Embajador inglés, después de haber dejado pasar en vano tres preciosos días (núm. 463). En él, se niega el Gobierno inglés a desligar el futuro de las relaciones germano?británicas y la pacificación europea, de la intransigencia polaca; se muestra, eso sí, consciente de todos los peligros que entrañaba la situación en la frontera oriental y está de acuerdo con Alemania sobre la necesidad de una rápida solución y, con tal motivo, propuso, como primer trámite, unas negociaciones directas entre Alemania y Polonia; añadió, además, que el Gobierno polaco le había dado ciertas garantías de estar dispuesto a entablarlas con el del Reich, debiendo ser garantizados sus resultados por otras potencias. Hoy sabemos, que el Gobierno inglés no se arredró, en ese momento, ante el hecho de inducir conscientemente a error al del Reich. Y de la correspondencia del Ministro de Negocios Extranjeros británico con el Embajador inglés en Varsovia, entre tanto publicada, se deduce, que la manifestación contenida en la nota inglesa del día 28 de agosto, acerca de una seguridad definitiva sobre la predisposición de Polonia a entablar conversaciones directas, no correspondía al verdadero estado de cosas. El Führer aceptó en su contestación, entregada al Embajador británico a las 6,45 de la tarde del día 29 de agosto, la proposición británica (núm. 464). Pero, advirtió a Inglaterra, que la situación en el Este había llegado a ser insoportable para una gran Potencia, lo que excluía la posibilidad de seguir soportándola o consintiéndola; además, observó que, tal vez, sólo se disponía de horas para suprimir la tensión. Alemania ha intentado, desde hace mucho, resolver esta cuestión por la vía de las negociaciones pacíficas, sin haber encontrado apoyo alguno por parte del Gobierno polaco. A pesar de su escepticismo sobre las propuestas conversaciones directas, el Gobierno del Reich acepta la proposición británica y declara estar de acuerdo con que se traslade a Berlín, por mediación del Gobierno británico, una personalidad polaca investida de plenos poderes, esperando su llegada para el día 30 de agosto. El Gobierno del Reich procederá a estudiar inmediatamente las proposiciones que considere aceptables, las que pondrá también a disposición del Gobierno británico, si ello es posible, antes de la llegada del delegado polaco. La contestación de Polonia fue la orden de movilización general (núm. 465).
Mientras el Gobierno británico deliberaba todavía sobre la comunicación del Führer, de fecha 25 de agosto, tuvo lugar un cambio de cartas entre éste y el Presidente del Consejo francés, Daladier (núms. 460, 461). En su contestación, razonó el Führer de nuevo, extensamente, el punto de vista alemán en la cuestión germano?polaca e hizo patente, una vez más, su firme decisión de reconocer como definitiva la actual frontera germano?francesa.
El Gobierno británico dejó pasar otra vez el tiempo, antes de contestar a la ,comunicación alemana acerca del envío de una personalidad polaca provista de plenos poderes. Y sólo a medianoche del día 30 de agosto, entregó Henderson al Gobierno del Reich el Memorándum con la contestación del de Inglaterra (núm. 466, anexo I), declarando, al mismo tiempo, que su Gobierno no se hallaba en situación de recomendar al de Polonia el envío de un representante con plenos poderes; proponía, por el contrario, que Alemania se dirigiese a ella por la vía diplomática normal. En el Memorándum, confirmó el Gobierno inglés, que Alemania había aceptado sus proposiciones. Y, no obstante saber que se hallaban muy próximos, uno frente al otro, dos Ejércitos movilizados, consideró no hacedero el establecer en ese día, el 30 de agosto, un contacto. Inglaterra dejó pasar después más de 24 horas sin establecer contacto directo.
En circunstancias tales, el Ministro de Relaciones Exteriores del Reich no pudo hacer más que comprobar (núm. 466), que la contestación de Polonia había ?sido la movilización general y que se había esperado inútilmente la llegada de un representante polaco. Para demostrar lo que Alemania había intentado proponer a éste, el Ministro de Relaciones Exteriores dio a la publicidad, aclarándolas particularmente, las proposiciones alemanas preparadas durante ese intervalo de tiempo, que representaban, resumidas en 16 puntos, la solución más caballerosa de las cuestiones en litigio (núm. 466, Anexo II). La comunicación oficial alemana (núm. 468) consignó, que Alemania había esperado inútilmente otras 24 horas a una personalidad polaca investida de plenos poderes y también, que el Embajador de aquel país, que había acudido al Ministerio de Relaciones Exteriores el día 31 de agosto a las seis y media de la tarde, no estaba autorizado para negociar y declaró únicamente, que Polonia consideraba las sugerencias inglesas desde un punto de vista favorable.
La radio (núm. 469) y toda la Prensa polaca rechazaron, desde un principio, las proposiciones alemanas, por inaceptables y «desvergonzadas». Lo mismo por parte de Inglaterra que de Polonia se han difundido sobre estos acontecimientos falsas noticias; particularmente, se mantiene por ambas, que Polonia, que había rechazado ya las proposiciones, no las había conocido en el momento de su no aceptación. El Embajador británico, a quien con anterioridad habían sido leídas «at top speed» (a gran velocidad) por el Ministro, de Relaciones Exteriores del Reich, ni las entendió ni las pudo transmitir, porque no se le habían entregado. En contraposición a esto, hay que recordar, que el contenido principal de las proposiciones alemanas se encontraba ya en la contestación del Führer del 29 de agosto (núm. 464), enviada por Inglaterra a su Embajador en Varsovia en el transcurso del día 30, para que la entregara al Gobierno polaco. Por lo demás, de los documentos oficiales británicos, publicados entretanto, se desprende de un modo irrecusable, que Henderson comprendía perfectamente, las proposiciones alemanas elaboradas con todo detalle y contenidas en los llamados 16 puntos y que, la misma noche, acto seguido a la conversación sostenida con el Ministro de Relaciones Exteriores, transmitió el contenido principal de ellas, de un modo auténtico, lo mismo a Inglaterra que a su colega británico en Varsovia. Por la mañana del 31 de agosto, dio a conocer Henderson, al Embajador polaco en Berlín, como él mismo lo reconoce en su Informe general, las particularidades de las proposiciones alemanas (los 16 puntos), que había recibido, entretanto, por escrito, de un hombre de confianza. Según el mismo informe de Henderson, después de esta comunicación, el Embajador polaco pasó toda la mañana conferenciando por teléfono con Varsovia. Por consiguiente, el Gobierno polaco había conocido las proposiciones. Si Inglaterra hubiera estado dispuesta de buena voluntad a establecer un contacto en el último momento, ello le habría sido posible en esa fase, lo mismo técnicamente que en cuanto al tiempo. Pero no solamente se negó Inglaterra a aconsejar a Varsovia que aceptase las proposiciones alemanas, sino que Beck declaró también, como resulta de los documentos ingleses publicados, que, naturalmente, no aceptaría una invitación alemana y ni siquiera autorizaría a Lipski a recibir las proposiciones. Además, era ya de antemano claro, después de haber renunciado Inglaterra durante cinco meses a inducir a Polonia a que estableciera un contacto directo con el Reich, a pesar de que la tensión crecía de punto, que su última proposición fue sólo un intento de disponer los bastidores de forma que no pudiera ser sorprendida in fraganti, junto con su aliado polaco, en el momento de provocar la guerra. Lo mismo demuestran las repetidas advertencias hechas a Varsovia por el Ministro de Estado británico, de proceder con la máxima prudencia «en atención a la opinión mundial », publicadas también por Inglaterra. No se trataba de una pacificación del ambiente, sino de mostrar a la opinión mundial el semblante «pacífico».
Por consiguiente, después de agotadas todas las posibilidades para una solución amistosa de la crisis germano?polaca, se vio obligado el Führer a emplear la fuerza contra la fuerza, método que desde hacía tiempo utilizaba Polonia contra la población alemana de su territorio, contra Dantzig y contra Alemania, como lo demuestran las innumerables violaciones de frontera (núm. 470). En el discurso pronunciado por el Führer ante el Reichstag, el día 1 de septiembre (núm. 471), quedó resumido, de un modo terminante, el punto de vista alemán. Las provocaciones polacas en el Este no permitían ya dilación alguna. Sólo se trataba de si las potencias occidentales serían lo suficiente frívolas para complicar a la Europa Occidental en la disputa. La Gran Bretaña estaba decidida a ello, como quedó demostrado definitivamente por la nota que Sir Nevile Henderson entregó en el Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich, el Lo de septiembre de 1939 a las 9 de la noche. En ella se exigía, que Alemania suspendiera «toda acción contra Polonia » y que garantizase que estaba dispuesta a retirar sus tropas, sin demora, del territorio polaco; en caso contrario, la Gran Bretaña cumpliría sin titubear sus obligaciones contractuales con Polonia (núm. 472). A las 10 de la noche, entregó el Embajador francés una nota de igual texto (núm. 473). El Ministro de Relaciones Exteriores del Reich rechazó con toda energía la inculpación de haber atacado a Polonia y se declaró dispuesto a dar a conocer al Führer el contenido de ambas notas.
En este momento, surge un intento de mediación del Duce, como se desprende del documento núm. 474. En él se proponía un armisticio y la convocación de una Conferencia en un plazo de dos o tres días. El Gobierno del Reich se manifestó dispuesto a aceptar la proposición y también fue positiva la contestación del francés. El documento núm. 475, una información de la Agencia Havas, del día 2 de septiembre de 1939, es de importancia histórica en relación con esto. Esta información fue retirada más tarde, como se ha comprobado, por presión inglesa. Inglaterra había obligado, entretanto, al Gobierno francés a compartir la tesis británica, que sostenía la retirada de las tropas alemanas (núm. 476). De este modo, se torpedeó la acción del Duce, en un momento, en que estaba cerca del éxito. A pesar de esto, Inglaterra envió a las 9 de la mañana del día 3 de septiembre un ultimátum, cuyo término estaba fijado para las 11 del mismo día, en el que reproducía sus pretensiones sobre la suspensión de toda acción de guerra y la retirada de las tropas alemanas y declaraba, que, en el caso de que fueran rechazadas, se consideraría en estado de guerra con Alemania después de transcurrido aquel plazo {núm. 477). A las 11 y cuarto de la mañana del mismo día, Lord Halifax comunicó al Encargado de Negocios alemán, que Inglaterra estimaba que se hallaba en estado de guerra con Alemania desde las 11 de la mañana del día 3 de septiembre (núm. 478). Era natural, que el Gobierno del Reich se negase a « recibir, aceptar y menos a cumplir » las pretensiones inglesas con carácter de ultimátum. En un memorándum, entregado por el Ministro de Relaciones des Reich al Embajador británico el día 3 de septiembre a las 11 y media de la mañana, se negó Alemania a aceptar estas pretensiones, exponiendo, todavía una vez más, su punto de vista y la responsabilidad inglesa en una contienda bélica, y declaró, «que contestaría a toda acción ofensiva de Inglaterra con las mismas armas y en la misma forma » (núm. 779). A las 12 y media del mismo día, apareció el Embajador francés en el Ministerio de Relaciones Exteriores y entregó una nota, cuyo contenido era que Francia se veía, obligada a cumplir los «compromisos contractuales que había contraído con Polonia », a partir de las cinco de la tarde del día 3 de septiembre; una comunicación, que sólo se diferencia de la inglesa por la hora en que fue hecha (núm. 480) . El Ministro de Relaciones Exteriores del Reich llamó la atención sobre el fracaso a que Inglaterra había condenado el intento italiano de mediación y sobre su pretensión de carácter terminante, limitada a un plazo de dos horas, y expresó su sentimiento de que Francia pudiera llegar a una guerra ofensiva contra Alemania pesar del acuerdo a que se había intentado llegar con ella. El actual Gobierno francés será responsable del mal que se cause entonces a los dos países (núm. 481).
En un telegrama circular del Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich a las misiones diplomáticas alemanas del Extranjero se establece, por último, la responsabilidad de Inglaterra en la iniciación de la guerra (núm. 482). Este juicio contará ante la Historia.
Hubiera sido uno de los fines más nobles de los trabajos europeos en favor de la paz, haber apartado a tiempo las materias inflamables acumuladas en la frontera germano?polaca. Inglaterra, una de las principales responsables de. ese foco de peligros, nada hizo durante 20 años para convertir en realidad, en este caso, el principio del «peaceful change», tan frecuentemente alabado, por ella. Por el contrario, se entregó, de un modo consciente, a envenenar las relaciones germano?polacas, en cuanto que, con sus garantías, atrajo a Polonia al frente antialemán, en el mismo momento, en que el Führer se esforzaba, prosiguiendo su ímproba labor de avenencia de seis años por llegar a un arreglo amistoso en todas las cuestiones pendientes entre ésta y el Reich. Inglaterra boicoteó, hasta el último momento, los esfuerzos alemanes por llegar a una solución pacífica y alentó a Polonia en su actitud agresiva. Fue exclusivamente, en definitiva, quien con su conducta hizo fracasar la proposición de mediación del Duce, después de que fue imprescindible para Alemania, recurrir a su propia defensa a causa de las provocaciones polacas, dando a conocer, al fin, con esto, que la cuestión polaca sólo era para ella el pretexto para desencadenar una guerra a muerte contra la potencia más fuerte del Continente.
Con el claro reconocimiento de este hecho, el pueblo alemán ha aceptado con decisión, consciente de la justicia de su causa, y de su fuerza, la guerra que le ha impuesto Inglaterra.
El sentido y el fin de la lucha se derivan espontáneamente de sus causas, y han sido resumidos de un modo sucinto, por el Ministro de Relaciones Exteriores del Reich, en su discurso de Dantzig del día 24 de octubre, al decir que Alemania «no dejará las armas hasta que logre la seguridad del Reich en Europa y se establezca para ello la garantía de que será imposible para siempre un ataque tal contra el pueblo alemán ».

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