Los partidos políticos han quedado ya definitivamente eliminados. He aquí un acontecimiento histórico de cuya importancia y alcance no se dan muchos, perfecta cuenta. Debemos eliminar ahora los últimos restos de la democracia, en particu-lar los métodos de votación y los acuerdos de las mayorías, tal como se ven hoy con frecuencia en las comunidades, en las organizaciones económicas y en los comités de trabajo, y que en todas partes hacen valer la responsabilidad de la per-sonalidad individual.
A la conquista del poder exterior ha de seguir la educación interior del individuo. Hay que tener cuidado de no adoptar de hoy a ma ana resoluciones puramente formales y esperar, de ellas, una solución definitiva. Los hombres son capaces de doblar fácilmente la forma exterior y darle su propio sello es-piritual.
Sólo podrá transmutarse cuando haya personas adecuadas para ello. Son más las revoluciones ganadas en el primer asal-to, que las ganadas captadas y detenidas.
La revolución no es ningún estado permanente, no debe convertirse en estado duradero. Hay que conducir la corriente li-bre de la revolución al lecho seguro de la evolución. Lo más importante de tal caso es la educación del hombre. El estado actual debe ser mejorado, y los hombres que lo encarnan de-ben ser educados en el concepto del Estado nacionalsocialis-ta. No hay que destituir a un economista cuando sea un buen economista, mas no nacionalsocialista, sobre todo si el nacio-nalsocialista que se va a poner en su lugar no sabe nada de economía.
Lo decisivo en la economía son los conocimientos, el saber. La misión del nacionalsocialista es garantizar el desenvolvimiento de nuestro pueblo. Pero no hay que andar buscando si aún hay algo que revolucionar, nuestra misión es más bien asegurar posición tras posición, a fin de sostenerla y ocuparla paulatinamente de una manera ejemplar. Tenemos que ceñir a esto nuestros actos por muchos a os y contar en intervalos muy largos. Con disposiciones unificadoras teóricas no le proporcionaremos pan a ningún obrero. La Historia no emiti-rá su juicio sobre nosotros según que hayamos destituido y en-carcelado al mayor número posible de economistas, sino según lo que hayamos logrado para proporcionar trabajo.
Tenemos hoy el poderío absoluto para imponer nuestra voluntad. Pero conviene que las personas destituidas sean substi-tuidas por otras mejores. Al economista hay que juzgarlo en primer término según sus facultades y capacidades económicas, y claro está que debemos mantener en orden el aparato eco-nómico. Con comisiones, organizaciones, construcciones y teo-rías económicas no eliminaremos nunca la falta de trabajo. Lo que importa ahora no son programas o ideas, sino el pan diario para cinco millones de hombres. La economía es un organismo vivo que no se puede transformar de un golpe. La economía se desarrolla conforme a leyes primitivas que arraigan en la naturaleza humana. Los porta-bacilos intelectuales que procuran penetrar ahora en la economía, ponen en peligro al Estado y al pueblo. No hay que rechazar la experiencia práctica por estar contra una idea determinada. Si nos presentamós con reformas ante el pueblo, tenemos que demostrar que entendemos las cosas y las podemos dominar.
¡Nuestra misión es: trabajo, trabajo y más trabajo!
De la consecución de trabajo obtendremos la más fuerte autoridad. Nuestro programa no se ha hecho para hacer her-mosos gestos, sino para conservarle la vida al pueblo alemán. Las ideas del programa no nos obligan a proceder como lo-cos y revolverlo todo, sino realizar prudente y precavidamen-te nuestro ideario. La seguridad política será a la larga tanto más grande cuanto más logremos cimentarla económicamente. Los gobernadores regionales están obligados a cuidar y serán responsables de que no haya organizaciones ni partidos, de cualquier naturaleza que sean, que se arroguen facultades gu-bernamentales, que destituyan a personas y ocupen cargos cuya competencia incumbe exclusivamente al Gobierno del Reich, o sea al Ministro de la Economía en todo lo que a esta se refiera. El partido es ahora el Estado. Todo el poder yace en manos del ejecutivo. Hay que impedir que el centro de gravedad de la vida alemana vuelva a emplazarse en sectores aislados o tal vez en organizaciones. Ya no hay más autoridad de una región o territorio parcial del Reich, sino únicamente del concepto de pueblo alemán.
nazismo, weimar, Goring, Muller, gestapo, inflación,Strasser. El gris, insomnio."> EL GRISUna emocionante novela sobre los orígenes del nazismo en los años 20 y qué fue lo que llevó a Hitler al poder.