Hace poco leí unas tremendas declaraciones de Jean Paul Sartre en las que afirmaba que la única época en la que Francia tuvo una injusticia imparcial fue durante la ocupación nazi. En principio me pareció una boutade, una de esas afirmaciones que se hacen para llamar la atención y escandalizar a los lectores, removiendo sus conciencias, pero después tuve ocasión de hablar con un un militar alemán que ejerció de gobernador en una ciudad de unos treinta mil habitantes y la cosa tiene su miga. Os lo cuento.
En Francia, como algunos sabréis, se intentó también, mediante una especie de ley de memoria histórica, anular los juicios que tuvieron lugar bajo el dominio alemán. Se trataba de rehabilitar a las víctimas y restituir el honor a los condenados. Sin embargo, y por amplia mayoría, se rechazó esa propuesta, ya que el asunto tenía implicaciones demasiado profundas para tomárselo a la ligera. O dicho de otro modo: que iba a causar muchos más problemas de los que arreglaba, metiendo en danza de nuevo a denunciantes y denunciados, todos franceses, y reviviendo una etapa a la que era mejor pasar página cuanto antes.
Este tema salió en una conversación que mantuve en 2003 con un teniente coronel alemán del arma de ingenieros. Ludwig, se llamaba. Lo que me contó sobre el asunto fue cuando menos llamativo.
Por supuesto, las autoridades alemanas de ocupación intentaban sobre todo defender los intereses de Alemania, sacarle el mayor partido a la ocupación, cumplir las directrices que llegaban de arriba y afianzar el dominio de su país. Esto es lo evidente, y esto no se consigue sin una buena dosis de represión, que puede ser mayor o menos dependiendo del grado de colaboración de la población civil. En ese sentido, Ludwig nunca dijo que fuesen las hermanitas de la caridad, sino todo lo contrario.
Sin embargo, la vida real, el día a día, acababa desembocando en otra cosa. En una ciudad pequeña donde no había judíos que deportar, y estas eran la mayoría, no había grandes tragedias. Los franceses se habían rendido y en buena parte de los casos, los alemanes habían hecho la vista gorda con los soldados franceses que habían regresado a casa. A la mayoría ni siquiera se les consideró prisioneros de guerra, y no se les pedía siquiera que se presentaren al mando alemán. Se les pedía que acudiesen a su puesto de trabajo, donde lo tuvieran, y punto.
Así resultó que en las ciudades medianas, los alemanes ejercían simplemente de policía, regulaban el tráfico, perseguían a los ladrones y detenían a los criminales, sustituyendo o mandando a la policía local, a la que en muchos casos ni siquiera se les retiraron las armas. La gente, desde luego, no estaba nada contenta con ver su país ocupado por extranjeros, pero como los alemanes se limitaban a ejercer de gobierno, y sus medidas no eran mucho peores que las del gobierno propio (decretaron la jornada laboral de ocho horas, por ejemplo, cuando antes se trabajaban diez), el personal comenzó a acostumbrarse a ellos y a tomarse con filosofía su presencia.
Como sabéis, hubo millares de matrimonios mixtos, y eso dio lugar a grandes tragedias al final de la guera, con mujeres rapadas, represalias, etc.
Sin embargo, el caso más llamativo es el de la actividad judicial. Y por eso mencioné al principio a Jean Paul Sartre.
Lo último que querían las autoridades alemanas de ocupación era dar pretextos a los nacionalistas franceses para sublevar a la gente contra los nazis. Como además necesitaban a todo el personal útil en el frente ruso, nombraban como gobernadores y jueces supremos de las ciudades francesas a funcionarios alemanes jubilados, profesores de instituto, abogados retirados y esa clase de personal que ellos consideraban sobrante. En el caso de Ludwig y su ciudad de treinta mil habitantes, nombraron como juez de apelación a un profesor de griego de setenta años que de´cia saber algo de francés. Se llama Dieter.
¿Y qué hacía el tal Dieter cuando le llagaba un caso? Pues no complicarse la vida. Leía las declaraciones de ambas partes, los reunía, y dictaba la sentencia que buenamente le parecía, un poco al estilo de Sancho Panza. Y de esto es de lo que habla Jean Paul Sartre: que la justicia francesa, como todas, o un poco más allá de lo común, era profundamente clasista y solía dar la razón al personaje influyente. al rico o al poderoso, cuando se enfrentaba con una persona humilde. A los alemanes, en cambio, les daba absolutamente igual, e incluso tenían cierta preferencia por dar la razón a la gente humilde, tratando así de ganarse la adhesión de un número mayor de franceses. Los alemanes no conocían a nadie, no sabían de qué familia era cada cual y no debían favores, ni esperaban hacerse con una finca en las afueras ni con un puesto en la administración para sus sobrinos o sus hijos. Los gobernadores y los jueces alemanes lo único que querían era que la gente permaneciese tranquila, no escondiese armas y no se uniese a la resistencia. Los juicios por linderos, deudas y comunidades de vecinos los despachaban en veinte minutos con sentencias imparciales, rápidas, razonables y que no diesen que hablar. Y en cierto modo es normal. ¿de qué otra manera creéis que iban a gobernar una ciudad de treinta mil habitantes un ingeniero de caminos militarizado a la fuerza y un profesor de griego, ya jubilado?
Por eso es cierto que muy poca gente echó de menos al ejército nazi cuando se fueron, pero mucho echaron de menos, durante año, a aquellos jueces que no sabían nada de nadie, les daba igual el apellido del denunciante y del denunciado y dictaban sentencia en media hora.
La historia, como es normal, cuenta lo que sucedió en otros sitios, con deportaciones, represalias y fusilamientos. Y también eso es verdad, sin duda. Pero lo cotidiano, el día a día, es la historia de gente que quería volver a casa con sus nietos, o volver de vacaciones a Francia, cuando todo se hubiera calmado, como aún hacía hasta hace poco el que me contó esto.
También hay que reconocer que cero fusilados, cero deportados y cero atentados de la resistencia fue una buena marca para ambos bandos.

diciembre 26th, 2011 18:50
[...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Ocupación nazi e imparcialidad judicial http://www.tercer-reich.com/cultura_y_otros/ocupacion-nazi-e-imp… por Sigerico_Redivivo hace [...]
abril 20th, 2012 05:41
Otro blog revisionista que busca martirizar o glorificar un estado anti-occidental y totalitario como el de la Alemania de Hitler. Disque anhelar la Justiciana alemana en territorio ocupado..Cuantas idioteces toca leer; seria bueno que le contaras eso a los prisioneros del frente este, a los partisanos y a los polacos, por no hablarte de los judios. Lastima que poca gente que es estudiosa del regimen Nazi logra mantener una posicion cientifica e historica, o son socialistas o son nazis.
junio 12th, 2012 17:48
Excelente artículo… me gustaría que ese tal “revisionistas” demostrara con documentos verificables lo que acaba de decir… y es verdad que existio gran represeión en los países ocupados por el Reich.. a nadie le gustaría que un extranjero invada su país, pero era necesario. Francia perdió, porque no poseia espíritu de lucha, desconocian el porqué de la guerra. La guerra con occidente fue la guerra que Hitler no quería…