feb 12 2011

EL NUEVO ESPIRITU EN LA CREACION DE TRABAJO

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 07:22

De los documentos económicos dle primer gobierno nazi. 1933 

 

La esencia íntima de la creación de trabajo se ilumina mejor, si se contrapone a la idea rectora del Tercer Reich, con el pensamiento de la anterior Alemania liberal.

I. El fundamento de toda la creación de trabajo, es la inquebrantable convicción de que el hombre puede dominar la economía.  La Nueva Alemania puede aplicar en la creación de trabajo las fuerzas de la fe y la voluntad.  Lo decisivo es la fe y no los medios técnicos externos.  Las características políticas espirituales y anímicas del pueblo alemán, encierran en sí las fuerzas del resurgimiento; la fe da paso a la confianza en las propias fuerzas”.  “El cielo ha ayudado, en todos los tiempos, quien puso su confianza en sus propias fuerzas”.  Para el estado se deriva la obligación moral de ayudar y efectivizar el derecho al trabajo.

La prensa extranjera entrevé en la creación un simple ej.  De cálculo financiero, y un problema de organización económica, y por eso desconoce necesariamente la médula del asunto.  El anterior gobierno creyó en leyes económicas inmutables, en el curso inevitable de la coyuntura, que no podía ser influido esencialmente por medidas del hombre.  El estado tenía la opinión que podía mitigar los daños, pero no eliminarlos radicalmente.  Casi como un fatalismo, los gobiernos vieron como la economía se hundía progresivamente y aumentaba la cifra de los desocupados.  “Millones de nuestros compatriotas perseguidos por la desgracia económica, en la desesperación sin consuelo, miraban con honda preocupación el gris futuro”.

Se hicieron propuestas de organización sobre propuestas de organización, pero no se consideró que la economía debe ser empujada por la fe y la confianza del pueblo.

II. La Alemania nacionalsocialista no distribuirá rentas sino que creará posibilidades de trabajo.  En tanto sea posible, ningún compatriota debe aceptar un beneficio de la comunidad sin contraprestación, sino que debe prestar un servicio al pueblo y a la patria aún en los casos de recibir la mas pequeña ayuda.

La Alemania anterior se limitó mas bien a distribuir limosnas.

El desocupado que recibía subsidio sin contraprestación, fue herido en su dignidad de hombre y no podía sentirse mas como ciudadano libre y con iguales derechos.

III. La Nueva Alemania reconoce como principio fundamental: el trabajo crea el capital.  Existe un subconsumo de magnitud gigantesca.  Es necesario despertar la demanda de bienes y servicios.  Esto determinará el aumento de la demanda de trabajo.

“Millones de hombres tienen necesidad de vestido, calzado, habitación, mobiliario, alimentos y millones quisieran trabajar y podrían crear.  Unos no pueden satisfacer sus necesidades y otros no encuentran la posibilidad de producir para cubrir esas necesidades.

Será imposible para nosotros crear trabajo para unos, a fin de solventar la miseria de los otros?.

Los gobiernos anteriores estaban más o menos desconcertados por la convicción: el capital crea el trabajo.

Siempre señalaban la escasez de capital e impulsaban una política de depresión, consideraron la creación de trabajo, en primer lugar, como un problema de capital y de crédito y aún en parte, como una cuestión dependiente de la situación crediticia y monetaria internacional.

IV. El gobierno impulsará una política económica a largo plazo, que será empujada solamente por el pensamiento de la productividad económica nacional.

La utilidad de una medida destinada a crear trabajo, así la construcción de autopistas, no siempre se puede comprender exactamente en un cálculo de cifras.  Lo económico no es principalmente un problema de cálculos, lo cual no quiere decir que los bienes económicos deben ser dilapidados; tampoco que la moneda alemana sea sacudida.  El canciller siempre ha señalado sobre esto, que, las grandes medidas de creación de trabajo son realizadas, sin hacer peligrar la moneda alemana.

Todos los medios son procurados según las debidas reglas de la economía financiera, de modo tal que se evite el peligro de una inflación.

Los anteriores gobiernos estaban inhibidos -de acuerdo con concepciones económicas de antaño – por el pensamiento en el dinero y con ello, más o menos, por la idea de rentabilidad de la economía privada.

Muchas medidas útiles y valiosas para la comunidad dejaron de hacerse, porque se investigó por medio del cálculo, la inmediata ganancia comparable.

V. El estado actual no procura organizar una burocracia económica, sino que promueve el fortalecimiento de la iniciativa privada.

“La iniciativa que el estado ha tomado en la creación de trabajo, tuvo siempre sólo el fin y el propósito de despertar la iniciativa privada para con ello, poner nuevamente en forma paulatina, la vida económica bajo sus propios pies”.

VI. La meta de la nueva política económica es producir primero los bienes para que después puedan consumirse.

“Quisiera cada uno elevarse sobre su egoísmo y vencer su propio interés.  Salarios y dividendos deben resignarse, por doloroso que sea en el primer caso, ante el superior pensamiento de que primero debemos crear los bienes que pensamos consumir”.

Con anterioridad, los grupos y los partidos se disputaban constantemente sobre el futuro de la economía nacional (producto social), antes de que los bienes fueran producidos

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feb 09 2011

Los argumentos de la defensa de HANS FRITZSCHE durante el juicio de Nurenberg

 Fritzsche llegó a la convición, debido a una carta que habría recibido, de que se estaban cometiendo atrocidades en Rusia, e intentó verificarlo, pero no halló ninguna prueba (XVII 172-175 {191-195}).

Fritzsche es un testigo importante porque, en su caso, el Tribunal admitió los periódicos extranjeros propagaban noticias falsas relativas a Alemania (XVII 175-176 {194-196}; véase también XVII 22-24 {30-33}).  No obstante, estos mismos artículos de periódicos y reportajes de radio constituirían supuestamente los “hechos de conocimiento general” que no necesitaban ser probados I 15 {16}, II 246 {279}).

En la defensa de Fritzsche fue indicado que no existe ninguna convención internacional para regular la propaganda o historias de atrocidades, sean verídicas o falsas, y que sólo una ley de un único país (Suiza) prohibe insultar a jefes de Estado extranjeros.  Que Fritzsche no pudo haber sido culpable de ningún crimen fue, en el proceso de Nuremberg, sencillamente irrelevante.  Fue considerado indeseable tener un “proceso” en el cual todos los acusados fuesen declarados culpables.  En la compraventa que precedía al juicio final, fue decidido que Fritzsche podía ser liberado (XVII 135-261 {152-286}; XIX 312-352 {345-388}).

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feb 09 2011

LA ABOLICION DE LA ESCLAVITUD DEL INTERES

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 07:21

De las directrices económicas del primer gobierno nazi. 1933

 

 La exigencia de la abolición de la esclavitud del interés es uno de los puntos medulares del programa del movimiento nacionalsocialista, y muestra más claramente, que cualquier otro punto, que el socialismo del Tercer Reich, no es una simple forma económica sino una obligación moral.  Esto implica la liberación del trabajo creador, del dominio del capital especulativo financiero.  Puede considerarse como un paso hacia la “abolición” de la esclavitud de intereses, la llamada disminución orgánica del interés.

A EL DESARROLLO DE LA IDEA

G. Feder ha luchado desde hace años por la “abolición de la esclavitud del interés” 1919: En setiembre de 1919, Feder funda la liga de lucha por la “abolición de la esclavitud del interés”.  En los principios de esta liga se dice: “La abolición de la esclavitud del interés nos conducirá de la forma económica del alto capitalismo, a la forma económica verdaderamente social, libre de la presión del superpoder del dinero, al estado del trabajo y del servicio, evitando la forma comunista de la expoliación y mecanización del trabajo”.

1920: El programa del NSDAP aparece el 24/2/20, y toma la exigencia de la “abolición de la esclavitud del interés”, como uno de los puntos esenciales del programa, como un “pedazo del corazón del programa del partido”, como más tarde se dijo muchas veces en la propaganda.

1923: La liga de lucha por la “abolición del interés” se unió al partido en 1923.  El 8/9/23 apareció la obra principal de Feder: “El estado alemán sobre fundamentos sociales y nacionales”.  Esta obra ha sido adoptada como comentario oficial del programa del partido (junto a la de Rosemberg) según se expresa en el prólogo: “toda gran idea, necesita dos cosas: la voluntad de realización y el claro objetivo.  La voluntad de realización, vive fuerte y ardiente en nuestros corazones; nuestro objetivo ha sido trazado por G. Feder en su libro “El estado alemán sobre fundamentos sociales y nacionales”.  Claro, simple y compresible por cualquiera.  La esperanza y el anhelo de millones, de hombres, han encontrado, allí forma y poderosa expresión.  La literatura de nuestro movimiento posee, así, su catecismo.

1924: El Führer Adolfo Hitler en su libro “Mi Lucha” reconoce la importancia y los grandes servicios de G. Feder: “El servicio de Feder consiste, en mi opinión, en haber señalado con virilidad, sin miramientos, el carácter tanto especulativo como económicamente dañino del capital financiero y usurario, y el haber humillado el sempiterno presupuesto del interés…” “Cuando yo escuché la primera exposición sobre la abolición de la esclavitud del interés, comprendí enseguida, que se trataba de una verdad teórica, que tendría una inmensa importancia para el futuro del pueblo alemán.  La tajante separación del capital financiero de la economía nacional, ofreció la posibilidad de salir al paso a la industrialización de la economía alemana, sin que, al mismo tiempo, se amenazara su sustancia, por la lucha contra el capital, los fundamentos de la preservación nacional independiente .  .  .  “La lucha contra el capital internacional financiero y usurario, ha sido el más importante punto del programa, en la lucha de la nación alemana por su libertad e independencia económica-

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dic 31 2010

Discurso de Hitler del 6 de julio de 1933 sobre economía y organización del Estado

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 08:18

reichstag Discurso de Hitler del 6 de julio de 1933 sobre economía y organización del EstadoLos partidos políticos han quedado ya definitivamente eliminados. He aquí un acontecimiento histórico de cuya importancia y alcance no se dan muchos, perfecta cuenta. Debemos eliminar ahora los últimos restos de la democracia, en particu-lar los métodos de votación y los acuerdos de las mayorías, tal como se ven hoy con frecuencia en las comunidades, en las organizaciones económicas y en los comités de trabajo, y que en todas partes hacen valer la responsabilidad de la per-sonalidad individual.

A la conquista del poder exterior ha de seguir la educación interior del individuo. Hay que tener cuidado de no adoptar de hoy a ma ana resoluciones puramente formales y esperar, de ellas, una solución definitiva. Los hombres son capaces de doblar fácilmente la forma exterior y darle su propio sello es-piritual.

Sólo podrá transmutarse cuando haya personas adecuadas para ello. Son más las revoluciones ganadas en el primer asal-to, que las ganadas captadas y detenidas.

La revolución no es ningún estado permanente, no debe convertirse en estado duradero. Hay que conducir la corriente li-bre de la revolución al lecho seguro de la evolución. Lo más importante de tal caso es la educación del hombre. El estado actual debe ser mejorado, y los hombres que lo encarnan de-ben ser educados en el concepto del Estado nacionalsocialis-ta. No hay que destituir a un economista cuando sea un buen economista, mas no nacionalsocialista, sobre todo si el nacio-nalsocialista que se va a poner en su lugar no sabe nada de economía.

Lo decisivo en la economía son los conocimientos, el saber. La misión del nacionalsocialista es garantizar el desenvolvimiento de nuestro pueblo. Pero no hay que andar buscando si aún hay algo que revolucionar, nuestra misión es más bien asegurar posición tras posición, a fin de sostenerla y ocuparla paulatinamente de una manera ejemplar. Tenemos que ceñir a esto nuestros actos por muchos a os y contar en intervalos muy largos. Con disposiciones unificadoras teóricas no le proporcionaremos pan a ningún obrero. La Historia no emiti-rá su juicio sobre nosotros según que hayamos destituido y en-carcelado al mayor número posible de economistas, sino según lo que hayamos logrado para proporcionar trabajo.

Tenemos hoy el poderío absoluto para imponer nuestra voluntad. Pero conviene que las personas destituidas sean substi-tuidas por otras mejores. Al economista hay que juzgarlo en primer término según sus facultades y capacidades económicas, y claro está que debemos mantener en orden el aparato eco-nómico. Con comisiones, organizaciones, construcciones y teo-rías económicas no eliminaremos nunca la falta de trabajo. Lo que importa ahora no son programas o ideas, sino el pan diario para cinco millones de hombres. La economía es un organismo vivo que no se puede transformar de un golpe. La economía se desarrolla conforme a leyes primitivas que arraigan en la naturaleza humana. Los porta-bacilos intelectuales que procuran penetrar ahora en la economía, ponen en peligro al Estado y al pueblo. No hay que rechazar la experiencia práctica por estar contra una idea determinada. Si nos presentamós con reformas ante el pueblo, tenemos que demostrar que entendemos las cosas y las podemos dominar.

¡Nuestra misión es: trabajo, trabajo y más trabajo!

De la consecución de trabajo obtendremos la más fuerte autoridad. Nuestro programa no se ha hecho para hacer her-mosos gestos, sino para conservarle la vida al pueblo alemán. Las ideas del programa no nos obligan a proceder como lo-cos y revolverlo todo, sino realizar prudente y precavidamen-te nuestro ideario. La seguridad política será a la larga tanto más grande cuanto más logremos cimentarla económicamente. Los gobernadores regionales están obligados a cuidar y serán responsables de que no haya organizaciones ni partidos, de cualquier naturaleza que sean, que se arroguen facultades gu-bernamentales, que destituyan a personas y ocupen cargos cuya competencia incumbe exclusivamente al Gobierno del Reich, o sea al Ministro de la Economía en todo lo que a esta se refiera. El partido es ahora el Estado. Todo el poder yace en manos del ejecutivo. Hay que impedir que el centro de gravedad de la vida alemana vuelva a emplazarse en sectores aislados o tal vez en organizaciones. Ya no hay más autoridad de una región o territorio parcial del Reich, sino únicamente del concepto de pueblo alemán.

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sep 01 2010

EL BOLCHEVISMO EN LA TEORÍA Y EN LA PRÁCTICA. DISCURSO DEL DR. JOSEPH GOEBBELS, 1937

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 05:11

 

Mi Führer,

Excelencias,

Distinguidos invitados,

Compañeros y compañeras del N.S.D.A.P.

El hecho de que el fenómeno del bolchevismo representado en la teoría de Marx y llevado a la práctica por el Estado Ruso Soviético esté aun llamando la atención de los círculos políticos de la Europa occidental, como un fenómeno y una práctica política que los pueblos civilizados deben tomar en cuenta, tanto intelectual como políticamente, demuestra que existe una completa falta de visión interior en la naturaleza y en la estructura esencial del bolchevismo internacional. Lo llamado bolchevismo no tiene nada que ver con lo que nosotros llamamos o entendemos por ideas, o por concepción del mundo. No es nada más que una especie de locura patológica y criminal, ideada por los judíos, como se puede demostrar y dirigidas por los mismos, que quieren la destrucción de mundos civilizados y la fundación de un imperio judío internacional que sometería todas las naciones bajo su poder.

El bolchevismo sólo pudo tener su origen en la mente judía, y solamente el estéril asfalto de las grandes metrópolis hizo posible que creciese y se extendiese. Sólo pudo encontrar acogida en una humanidad que había sido moral y económicamente destruida por la guerra y la crisis económica consiguiente y era terreno abonado hasta para tan criminal doctrina. Es innecesario repetir que nosotros los nacionalsocialistas, al luchar encarnizadamente contra este peligro mundial como hicimos desde el primer momento de nuestra actividad política, no hemos defendido hasta el presente intereses capitalistas o antisocialistas. Nuestra lucha contra el bolchevismo no es en contra sino a favor del socialismo. Nuestra actitud nació de la fuerte convicción de que un verdadero y genuino socialismo sólo puede ser realizado, si el más ruin y degradado de sus vástagos, el “Judaísmo bolchevique”, fuese completamente exterminado. La lucha contra el bolchevismo sólo puede ser llevada a cabo por un pueblo que haya encontrado una nueva estructura para su vida interna y que esté a la altura de los valores dinámicos del siglo veinte: una estructura socialista en una forma nacional.

La burguesía es impotente en todas las naciones para la lucha contra el bolchevismo y por tanto no sirve para luchar contra él. Ni siquiera tiene una visión clara de los principios que dirigen e inspiran el bolchevismo. Para combatirlo eficazmente le falta a la burguesía la fuerza filosófica y la decisión intelectual necesarias así como la acendrada fe política y el vigor moral del carácter. No es sólo que carezca de comprensión, sino que cuando se le presenta la ocasión hace paces vergonzosas con el bolchevismo en virtud de erróneo principio del “mal menor”. Pero cualquier pacto que el mundo burgués contrate con el bolchevismo radical conducirá finalmente a una victoria del bolchevismo sobre la burguesía, obedeciendo a la ley natural de que el más fuerte siempre vence al más débil. El bolchevismo tiene una ventaja sobre todos los demás grupos que ejercen poderío político, exceptuando aquellos que le miran con la oposición más abierta y directa; moviliza las clases más bajas de la humanidad, que existen entre los posos de las naciones corrompidas las cuales son opuestas al Estado y las ideas que lo sostienen. Es la organización de los instintos más degradados de un pueblo que inicia la destrucción de lo productivo y de los elementos valiosos de una raza. Generalmente se aprovechan de un grupo que tiene fuerza política, que está basado en una minoría corrompida, determinada a alcanzar sus fines con métodos criminales y sin escrúpulos de ninguna clase para alcanzar el Poder absoluto. Su inclinación a acuerdos tácticos no debe sin embargo confundirse con su intención de acceder a concesiones de principios. El bolchevismo en principio no admite concesiones. Si llega a un acuerdo aparente, es sólo como medio para alcanzar el Poder absoluto. No tiene el menor escrúpulo en asesinar a aquellos que le han ayudado a conquistar el poder, una vez alcanzado. No es una perspectiva halagüeña para esos políticos burgueses de algunos de los Estados del Oeste de Europa que aun creen que se puede amansar el bolchevismo por medio del Frente Popular.

El bolchevismo es una dictadura de los inferiores. Se apodera del Poder por medio de mentiras y lo mantienen por la fuerza. Para combatirlo, hay que conocerlo a fondo y tiene uno que haber penetrado en sus secretos más íntimos. Todas las fuerzas superiores y morales de una nación tienen que ser movilizadas para aniquilarlo, ya que es un organismo amorfo y antirracial.

En un solo terreno el bolchevismo es maestro: en el terreno de la propaganda negativa, de la agitación de los pueblos por medio de mentiras e hipocresía, método que tiende a dar al mundo, falseando la realidad, una imagen desfigurada de la esencia, y de la íntima naturaleza de esa locura política. Lenin, el padre de la revolución bolchevique, dijo francamente que la mentira no sólo está justificada, sino que se ha demostrado que es el arma más eficaz de la lucha bolchevique. Schopenhauer dijo que los judíos son maestros en la mentira y por lo tanto no es nada extraño que el judaísmo y el bolchevismo se hayan fraternizado. El bolchevismo judío maneja la mentira con maestría. Se aprovecha de que al hombre de buena fe no le cabe en la cabeza que se pueda mentir tan descarada y cínicamente, cogiéndole desprevenido e incapaz de oponer resistencia alguna.

Mintiendo así es como el bolchevismo ha logrado atraer a muchos ingenuos y alcanzado éxitos sorprendentes.

De acuerdo con la naturaleza del bolchevismo su propaganda es internacional y agresiva. Su único propósito es corromper todos los pueblos de la tierra predicando y practicando en ellos la anarquía y el bolchevismo. Tiene fondos inagotables a su disposición porque los dictadores bolcheviques sin remordimiento alguno, matan de hambre al pueblo ruso para alcanzar este propósito. Esta clase de propaganda es especialmente peligrosa para los otros pueblos, porque está ayudada por comunistas de países extraños, que son agentes extranjeros del Komintern. Con su ayuda el bolchevismo trama conspiraciones en diversos países, difíciles de sofocar porque se arraigan en la vida política y nacional de los respectivos Estados. Se debe considerar como la amenaza más grave para un Estado la tolerancia de un partido que reciba órdenes de una Potencia extranjera. La experiencia enseña que los países donde existe un partido comunista potente están más o menos sujetos a las órdenes de Stalin especialmente en cuanto a situación militar, económica y política interior y exterior del país. Ejemplo de esto es que una de las Potencias del Oeste de Europa al concluir el pacto con Rusia tuvo que pedir a Moscú que ordenase al partido comunista de dicha Potencia que se abstuviese de minar al ejército y de boicotear los créditos para fines militares.

A las secciones comunistas de los diversos países les han ordenado preparar y realizar la revolución bolchevique. Están provistas de abundantes fondos para llevar a cabo esta misión y de una técnica de propaganda copiada de Moscú. Esta propaganda tiene como sólo propósito engañar a los pueblos sobre la verdadera naturaleza del bolchevismo y evitar que aparezcan informaciones verídicas de Rusia o, si salen, desfigurarlas de tal manera que no se las pueda dar crédito. La razón de esta política es que la Unión Soviética no puede permitir que la verdad de su situación interior sea conocida especialmente en los países cultos del Oeste de Europa. Si la teoría bolchevique puede ser un veneno tal vez atractivo y seductor, en cambio la práctica bolchevique es tanto más temible y horrorosa. Su camino está marcado por un sin fin de cadáveres y por ríos de sangre y lágrimas. La vida humana ha perdido su valor. Terrorismo, asesinato, bestialidad -éstas son las características de toda revolución bolchevique, bien sea victoriosa como en Rusia, o vencida y aniquilada como en Hungría, Baviera, el Ruhr y Berlín, o en plena lucha por su supremacía como ocurre hoy en España.

Cuando el bolchevismo ha detentado el Poder, no se preocupa de contradicciones entre la teoría y la práctica; las carabinas y las ametralladoras tienen la palabra. Pero en otros países se emplea una propaganda diabólicamente refinada para engañar al mundo sobre su verdadera naturaleza. La Europa burguesa no tiene la menor idea del encadenamiento de los hechos. Evita toda decisión repitiendo la consabida frase: No hay que inmiscuirse en cuestiones interiores de un país extranjero. Pero lo que es una realidad en Rusia, por lo que se combate en España, y lo que fatalmente se está preparando con amenaza inminente en otros estados europeos, eso es de palpitante interés mundial. No se trata aquí de ideas políticas más o menos peligrosas, sino de algo que atañe al porvenir inmediato de Europa y de lo que todos los estadistas deben preocuparse seriamente para combatirlo si no quieren más tarde cargar con la terrible responsabilidad de la ruina moral y material de Europa. Porque el problema del bolchevismo es el problema de la vitalidad europea, y no caben ahí términos medios: hay que definirse en pro o en contra, y obrar en consecuencia. Hay que resolver otro problema: la relación del judaísmo en relación con el bolchevismo. Solamente en Alemania puede ser públicamente discutido, pues sería peligroso en otros países -como también lo era en Alemania no hace muchos años, cuando ni aun siquiera se podía mencionar su nombre. No hay ninguna duda que los judíos son los fundadores del bolchevismo y son ellos quienes lo representan. Las clases dirigentes de la antigua Rusia han sido tan completamente aniquiladas que hoy en día los judíos constituyen el único elemento directivo. Los conflictos dentro del bolchevismo no son otra cosa que plática de familia entre judíos. Las recientes ejecuciones en Moscú, las matanzas de los judíos por judíos se explican sencillamente por la ambición ilimitada y su sed de venganza y destrucción. La creencia de que los judíos están en perfecta armonía entre sí es un completo error. Viven en armonía solamente cuando viven en minoría que está vigilada y amenazada por una enorme mayoría nacional. Esto no es e caso en la Rusia de hoy. Si los judíos viven juntos y disfrutan ya del poder como ha pasado en Rusia, las antiguas rivalidades empiezan otra vez, después de haber estado antes contenidas por el peligro común. La idea del bolchevismo, o sea, desintegración y destrucción de la moral y cultura, diabólico propósito para aniquilar pueblos, sólo se les puede haber ocurrido a los judíos. La práctica del bolchevismo sólo es concebible manejada por judíos. De acuerdo con su naturaleza no dan la cara, trabajan a escondidas en el Oeste de Europa. Quieren ocultar que tienen relación íntima con el bolchevismo.

Este modo de proceder ha sido y será siempre empleado por los judíos. Pero les hemos descubierto, y aun más, somos los únicos que hemos tenido el valor de llamar la atención al mundo sobre estos maestros del crimen. No tememos ninguna de las consecuencias de llamarlos por su nombre. Hubo un tiempo en Alemania en que se castigaba al que llamase judío al judío, lo cual no nos amedrentaba para llamarle por su nombre. Hasta hoy en día el mundo a veces protesta con noble reserva o con aparente indignación cuando a los judíos se les llama judíos y a los bolcheviques criminales. Pero estamos convenidos de que llegará el día en que abramos los ojos al mundo para hacerle ver el verdadero espíritu del judaísmo y del bolchevismo, lo mismo que ya logramos en Alemania y convencerlo a su vez del peligro de esa raza parasitaria. Entre tanto, ante el espectáculo de las crisis espantosas por las que atraviesan tantos países y el peligro inminente que les amenaza, no cesaremos de dar el grito de alarma: «Todo ello es culpa de los judíos».

Esta acusación será como un latigazo en la cara, contraída de odio, de los judíos. Tampoco les servirá si intentan adoptar la máscara de las formas democráticas. Ese método es demasiado ingenuo para impresionar ya a gente inteligente. No es más que un truco para tranquilizar a los filisteos intelectuales. Se alegran, de este subterfugio porque les permite evitar toda decisión. Esta supuesta democracia bolchevique, como algunos periódicos ingleses y franceses han osado ofrecer como ejemplo frente a la llamada Dictadura nacionalsocialista, es un conglomerado de “fango, sangre y lágrimas”. De cuando en cuando, los déspotas bolcheviques proclaman ese lema, ya apolillado, siempre que tienen la necesidad de recomendarse a Europa, después de un periodo de terrorismo brutal. Y de repente se publican carteles con propaganda comunista llenos de promesas vacías, anunciando para Rusia una nueva constitución y el sufragio universal secreto, etc… Pero todas estas promesas son mentiras, que especulan sobre la poca inteligencia y abulia de los filisteos. En realidad, el bolchevismo es el régimen más execrable de terror y sangre que el mundo jamás ha conocido. Los judíos lo han instituido a fin de atraerse el Poder y conservarse en él fuertemente, de manera que sea imposible arrebatárselo.

Nosotros los nacionalsocialistas, somos lo bastante sinceros para justificar y consolidar nuestro régimen, consultando al país una y otra vez, casi año tras año, por medio de plebiscitos secretos. El bolchevismo habla sin cesar del pueblo, del país, de los trabajadores y de los campesinos, pero en realidad su lema es “violencia”. Cada persona se forma por sí misma un concepto del bolchevismo, pero, en verdad, es la propaganda magistral de éste, lo que, a menudo, sugiere este concepto. Su manera de trabajar presenta el bolchevismo según exige la mentalidad de la persona, grupo de personas o nación a quien va dirigida. Todo ello es artificioso sin basarse en verdad alguna. Puede fácilmente pasar que los representantes de una gran Potencia se entusiasmen ante un nuevo ferrocarril metropolitano en -progreso natural en otro país cualquiera- o al oír su propio himno nacional en una recepción oficial y que, entonces, se reconcilien repentinamente con el bolchevismo, y sin motivo alguno, arrojen por la borda sus convicciones anti-bolcheviques. Los judíos rojos moscovitas a cada cual como les conviene. Se puede uno imaginar fácilmente cómo se burlaran y reirán entre sí de ese mundo burgués.

Nos odian tanto porque les hemos desenmascarado y estamos empeñados en destruir la idea y predominio bolcheviques en Europa. Su odio contra nosotros es ilimitado, y constituye nuestro título de gloria más preciado. Les arrancaremos la máscara y les mostraremos al mundo en su verdadero aspecto.

Ya hemos dicho que la opinión que los individuos y los pueblos que forman del bolchevismo es muchas veces debida a la propaganda bolchevique. Ésta, es maestra en el arte del engaño. Se quiere hacer creer que el Gobierno ruso no tiene nada que ver con el Komintern. Esto es lo más descarado y cínico que se puede uno imaginar; porque existe un habilísimo reparto de atribuciones entre el Gobierno Soviético y el Komintern. Pero creer que uno es diferente del otro es como creer que el Gobierno nacionalsocialista no tiene nada que ver con el Partido nacionalsocialista. La propaganda bolchevique trabaja sobre amplia base y sin restricciones. Su propósito es la destrucción. En los países extranjeros ayuda a la falsa concepción del bolchevismo, ingenua entre las ingenuas, pero que como existe constituye un peligro real.

El bolchevismo en la práctica es una cosa totalmente diferente. Así pasa; y no se puede negar que deja tras sí ríos de sangre. Su intención es llevar al mundo entero el caos en que están ellos sumergidos. Es la solapada intención del judaísmo, de alcanzar el predominio mundial. Por lo tanto, la lucha contra el judaísmo es, en el verdadero sentido de la palabra, la lucha universal. Empezó en Alemania y ha sido decidida en territorio alemán. Adolf Hitler es el caudillo histórico de esta campaña. Todos nosotros somos sus soldados de fila, y por lo tanto somos los cumplidores de esta universal misión. Nunca puede existir un acuerdo entre estos dos extremos. El bolchevismo tiene que desaparecer si Europa quiere recobrar su estado normal. Los judíos mismos bien saben que les ha llegado su hora. En uno de sus últimos esfuerzos han querido movilizar a todo el mundo en contra de Alemania. Quieren fortalecer su poder armándose febrilmente. En la Alemania nacionalsocialista ven un constante peligro para su existencia. En Rusia, el judaísmo ha levantado un baluarte que nunca creyó ver amenazado. Hasta un 98 por ciento representan en la Rusia Soviética la nueva burguesía compuesta por cobardes, arribistas, cínicos, intrigantes y frívolos. Estos judíos han obtenido los altos cargos y empleos, y pueden esclavizar a un pueblo de 160 millones de habitantes, cometiendo sus antiguas inmoralidades y ejerciendo una tiranía sanguinaria. Hombres sin ideal, sólo anhelan el sufrimiento de los pueblos y son una plaga para la humanidad. Ya hemos dicho que la propaganda soviética es lo bastante astuta para poder adaptarse a la mentalidad de aquellos a quienes dirigen. Puede ser moderada o radical según las circunstancias.

Cuando el terrorista Dimitroff habla delante del Komintern, su actitud es completamente diferente a la que el judío Litvinoff adopta ante la Sociedad de Naciones. La propaganda puede ser religiosa o atea, según el ambiente. Carecen en absoluto de escrúpulos y para ella el fin justifica los medios. Por todo el mundo ha extendido esta propaganda la maquinaria de su organización compuesta por las secciones y células comunistas en las diversas naciones. Con sólo manejar una pequeña palanca, se pone en marcha toda esta terrible maquinaria. En todos los países activa, abierta o secretamente, según le conviene. ¡Ay del Estado que la tolere! Un día será minado por la propaganda comunista, corrompido y aniquilado por no haber sabido prever y prevenir a tiempo.

Nosotros los nacionalsocialistas estamos en tan privilegiada situación que no necesitamos emplear miramientos cuando hablamos de los bolcheviques. No empleamos el lenguaje diplomático. Hablamos el lenguaje del pueblo y por lo tanto esperamos que los pueblos de las demás naciones nos entiendan. Tenemos la suerte de poder llamar a las cosas por su nombre, y nos encontramos obligados a hacerlo para que el mundo abra los ojos. No podemos ni debemos callarnos ante el peligro que amenaza a Europa. A cada nación le corresponde decidir su política, pero todo aquel a quien la suerte le haya permitido conocer la verdad y le haya dado medios para proclamarla, tiene el derecho y hasta el deber de anunciar muy alto y ante el mundo entero las catástrofes que se avecinan y los graves riesgos que se corren. El bolchevismo no es manjar que se come impunemente. Envenena y produce la muerte. Por esto, en este congreso nacionalsocialista damos el grito de alarma y prevenimos al mundo del peligro que le acecha. He tomado la determinación de enseñar lo que es hoy el bolchevismo en la práctica. Mostramos al mundo los procedimientos bolcheviques y arrancamos la careta a su doctrina, contribuyendo con ello a la mejor comprensión de la historia de nuestra época, que debe, más tarde servir de enseñanza y no ser nunca olvidada.

Entraré ahora en el fondo del discurso.
El obrero de la Europa occidental considera a la Unión Soviética como un Estado del proletariado y, por lo tanto, su Estado. Cree que la clase obrera ha podido eliminar en Rusia a los capitalistas explotadores y ha establecido la dictadura del proletariado. Cree también que el obrero libre ha erigido allí su Estado “la Patria de los trabajadores”.

Judíos como David Ricardo o Marx-Mardochai han sido los organizadores del movimiento marxista; judíos como Lassalle-Wolfssohn, Adler, Liebknecht, Luxemburg, Levi, etc… han organizado toda clase de movimientos obreros; desde las cómodas butacas de las redacciones, donde no corrían ningún riesgo, eran también judíos los que lanzaron a los obreros a las barricadas; judíos como Paul Singer, Schiff, Kahn, etc… fueron los financiadores del marxismo bolchevique.

El Gobierno de los Soviets ha sido y es hoy casi en su totalidad judío. Ni un trabajador forma parte del Gobierno. Casi todos los jefes bolcheviques que han sido fusilados en Moscú eran judíos, ni un solo obrero entre ellos, el triunvirato victorioso de este conflicto interjudío que forma la dictadura de la Unión soviética está compuesto de:

-Herschel-Jehuda (Jagoda), jefe de la G.P.U. (denominada posteriormente N.K.V.D.).

-Lazarus Mosessohn Kaganowitch, suegro de Stalin y comisario de comunicaciones.

-Finkelstein-Litvinoff, comisario de Negocios Exteriores.

Todos los cuales son judíos salidos de la judería.

El Gobierno de la Unión Soviética no es el gobierno del proletariado, sino el del judaísmo que gobierna hoy la población entera de Rusia.

La agitación política del Bolchevismo corresponde a su demagogia en el terreno económico. Proclaman que en la URSS el trabajador lleva una vida paradisíaca.

Hasta el mes de Abril de 1932 el periódico “Rote Fahne” reclamaba en su campaña electoral: «¡Basta ya de reducir los salarios! ¡Hay que aumentarlos! Exigimos la jornada de 7 horas y la semana de 40 horas con jornal completo!».

Veamos cómo se ha desenvuelto la Rusia Soviética. El precio del pan subió de 9 a 75 Kopecks por Kg desde 1928 hasta 1935. El salario mensual de un trabajador ruso ha caído al 78,5 % en relación al precio del pan. Si el trabajador ruso quiere bastante para vivir, tiene que trabajar según el sistema Stajanov, o sea, a destajo, en forma tal que la mayoría de los obreros no pueden jamás alcanzar tal exceso de trabajo. Consecuencia de esto son reducciones de salarios.

En 1932, el periódico “Rote Fahne”, una información acerca del domicilio del cual “disfrutaba” un camarada en la Unión Soviética; según dicha información, disponía de dos grandes habitaciones con luz eléctrica, calefacción central, etc…

Veamos ahora lo que en realidad es. Una obrera escribe en el diario comunista “Leningradskaja Pravda”: «Para mí, junto con mi hijo de año y medio, mi hermano y una hermana tuberculosa, sólo disponemos de un cuartucho sombrío. Nuestras quejas ante el comité comunista no han sido atendidas. Continuamos lo mismo que antes».

Aunque la comida de un obrero ruso se compone tan sólo de pan, sopa de coles y poleada, tiene que gastar en su manutención el 75% de sus ingresos. Si quisiera alimentarse como el trabajador alemán habría de gastar por término medio el doble de su jornal. Una frase bien conocida del bolchevismo es aquella de la libertad del trabajo para todos.

El 20 de Junio de 1932, el periódico “Rote Fahne” escribía: «Mirad la situación en Moscú, en Bakú, en Nowosibirsk y juzgad. No se pueden lograr trabajo, pan y libertad sin luchar siguiendo el ejemplo de los bolcheviques». Ahora bien , la manera de trabajar del obrero soviético podemos calificarla en justicia de trabajo de esclavo. Pero aun se ha llegado a más: le estaba reservado a la Unión Soviética el triste honor de restablecer la esclavitud en el verdadero sentido de la palabra. Unos seis millones de seres humanos pasan tormentos infernales en los campamentos de trabajos forzados en la Unión Soviética. En 300 de estos inmensos campamentos, el bolchevismo explota las fuerzas del obrero hasta límites increíbles.

A orillas del canal “Stalin-Mar Blanco”, construido de aquella manera, hay enterrados millares de aquellos desventurados.

Los judíos jefes de la G.P.U. los forzaban a trabajar en esas obras con una intensidad mortal. He aquí los nombres de esos esbirros: Herschel Jagoda, Davidsohn, Kwasnitzki, Isaaksohn, Rottenberg, Ginsburg, Brodski, Berensohn, Dorfmann, Kagner, Angert y otros…

La raza de Judá azota la “patria del proletariado” con el látigo bolchevique.

La propaganda bolchevique pretende haber librado a los campesinos de las garras del capital explotador. Para atraerse a los campesinos, el bolchevismo ha fundado la “Internacional campesina” en cuyo programa puede leerse: «exigimos la supresión de cargas fiscales, la disminución de impuestos para los labradores modestos, la expropiación sin indemnización alguna de los latifundios y que la tierra sea distribuida gratuitamente a los hijos de los campesinos para que la cultiven». Ahora bien, ¿cuál es la realidad? Las existencias de cereales en la Rusia soviética -que en otros tiempos casi sustentaron a la Europa occidental- no pueden hoy ni aun siquiera satisfacer las primordiales necesidades de la población rusa. La Rusia soviética cuenta hoy con millones de famélicos.

Entre la institución terrorista G.P.U. y los campesinos se ha entablado una lucha encarnizada.

Los judíos Kaganowitch, Jagoda y Baumann han realizado el reparto de tierras, apelando a la más extrema violencia y aniquilando a más de 15 millones de campesinos con familias.

El principal “éxito” de la política rural de los bolcheviques es la ley terrorista del 7 de Agosto de 1932 que impone como únicas penas a los campesinos por cualquier falta cometida, la de muerte, la de 10 años de reclusión o la de trabajos forzados.

Para poder aplicar esta ley, el bolchevismo judío abusa hasta de los niños, a los que azuza contra sus propios padres. El “Iswetija” del 28 de Mayo de 1934 cuenta que una chiquilla ha denunciado a su padre por haberse apropiado de trigo perteneciente a la colectividad.

El padre fue condenado a la pena de muerte, según la ley terrorista antes citada, y la niña felicitada públicamente.

Bajo el régimen liberal en Alemania, el partido comunista incluía en su famoso programa militar las exigencias siguientes: Art. 12: destitución de todas las autoridades y jefes no gratos. Art. 20: Supresión de cuarteles y abolición del principio de “ciega obediencia” a los superiores, así como democratización del ejército.

Sin embargo, en cuanto triunfó la dictadura bolchevique, se decretó la movilización general obligatoria de los trabajadores de todas las clases. Al que no se somete, se le fusila o se le encierra en los sótanos de la Tcheka.

En lugar de las previstas milicias voluntarias, se establece la unidad de mando, la férrea disciplina del proletariado, el régimen de cuarteles en todo rigor y los consejos de guerra.

Los “camaradas-comandantes” pasaron a ser tenientes, capitanes, en fin todo el escalafón de la jerarquía militar hasta mariscal rojo.

Y, entre tanto, el judío soviético Rabinowitch confiesa cínicamente que la pretendida “democratización” del ejército no era más que «un pretexto para apoderarse del mismo».

Otro de los tópicos bolcheviques, que a más incautos ha alucinado, es el de la “emancipación de la mujer”. Se la prometía librarla de los trabajos domésticos y colocarlas en pie de igualdad con los hombres. «La revolución será un fracaso en tanto que no arroje por la borda la idea de familia con sus lazos y deberes», ha proclamado solemne y enfáticamente el Komintern en su asamblea de 1924. Pero, en la práctica, ¿qué se ha hecho de esta preconizada y preciada emancipación de la mujer? Ahora, más que nunca, la mujer rusa está entregada a la voluntad omnímoda del hombre. Debe atender a su subsistencia dedicándose a los trabajos más penosos.

Hasta en los tristemente célebres campamentos de trabajo forzoso se encuentran más de un millón de mujeres.

Otra de las promesas de la propaganda bolchevique es que la mujer no tendrá que ocuparse en absoluto de sus hijos, por ocuparse de ellos el Estado. Pero, al mismo tiempo, la prensa del partido se ve obligada a confesar que el número de niños vagabundos aumenta sin cesar y que la delincuencia infantil adquiere magnitudes insospechadas y angustiosas.

Uno de los medios más eficaces de la propaganda soviética ha sido la campaña contra las leyes que condenaban el aborto. Hace ya 18 años que se practica el aborto con tal descaro y frecuencia que ahora los Soviets se ven en la necesidad de rectificarse prohibiendo el aborto a causa de las consecuencias desastrosas ya experimentadas.

El colmo de la hipocresía lo constituye la pretensión de la propaganda feminista en el país de los Soviets de considerar la prostitución como un mal necesario de origen burgués que el comunismo haría desaparecer definitivamente.

Ahí tienen Vds. el programa que este terrorista búlgaro había imaginado para revolucionar el mundo. Ahora, los hechos bastarán para probar cómo la teoría pasa a la práctica.

Después de dicha asamblea ha habido más de un centenar de levantamientos comunistas en las diferentes partes del mundo, entre otros en Brest y Tolón, que registraron muertos en 1935; en Lemberg, el 18 de abril de 1936, en que murieron 10 personas. En Salónica, el 10 de mayo de 1936 sucumbieron más de cien. Tres levantamientos armados preparados larga y cuidadosamente conmovieron durante semanas a países enteros: los levantamientos de Pernambuco, en noviembre de 1935, el de Buenos Aires, en enero de 1936 y el de España, en marzo de 1936. Se lograron sofocar en su origen seis intentos de levantamientos, entre ellos el de diciembre de 1935 en Uruguay y los de febrero de 1936 en Paraguay y Chile. Ocurrieron 62 grandes incendios intencionados, de los cuales el de Lants-chau (China) produjo 1.000 víctimas. Se contaron 54 asaltos a mano armada y se descubrieron 78 depósitos clandestinos de explosivos. En total, estos actos de los bolcheviques costaron la vida a 3.041 seres humanos.

Voy a dar algunos detalles interesantes. En la sesión del 30 de julio de 1935 de la asamblea comunista mundial, el camarada Dsordsos, delegado de Grecia, tomó la palabra para desenvolver un plan de acción. Y, un año después, el 5 de agosto de 1936, Grecia sufrió las dolorosas consecuencias de una huelga general que tomó desde el primer momento las dimensiones de una insurrección armada. El atrevido propósito de los camaradas Dimitroff y Dsordsos fracasó gracias a la fulminante y enérgica intervención del general Metaxas que evitó se precipitase Grecia en el pavoroso caos bolchevique.

En cuanto a las sublevaciones en las colonias, Dimitroff se expresa del siguiente modo: «Hoy en día, los indígenas de las colonias y países semi-coloniales no consideran ya el problema de su liberación como un ideal irrealizable. Por el contrario, a cada momento, mantienen sus reivindicaciones con energía creciente contra sus imperiales opresores».

A los seis meses escasos, estallaba en Siria una insurrección en la que la sangre corrió a torrentes. Y, a pesar de la renovada y cordial amistad franco-rusa, no renunció Moscú a la ejecución de sus planes demoledores en los territorios de protectorado de su fiel aliada. Pocos meses después, era Palestina el teatro de las maquinaciones bolcheviques, ocurriendo disturbios durante los cuales pudo incautarse la policía inglesa de infinidad de hojas comunistas y disolver reuniones clandestinas de funcionarios comunistas.

Marques, delegado de Brasil en la asamblea mundial, declaraba lo siguiente en julio del 35: «El país avanza a pasos agigantados hacia la lucha decisiva que producirá el derrumbamiento del Gobierno… y la instauración de otro revolucionario». Tres meses más tarde, un levantamiento comunista produjo en Natal y Recife 150 muertos y 400 heridos. Y Luis Carlos Prestes, el judío Ewert y el “ministro plenipotenciario” soviético en Montevideo, el judío y ex-comerciante de pieles Minkin eran desenmascarados como agentes de la “Alianza”.

Veamos ahora qué pasa en Francia: Dimitroff decía: «El Partido Comunista francés da el ejemplo a todas las secciones de la Internacional comunista de cómo se ha de realizar la táctica del frente común». Y Thorez, jefe del Partido Comunista francés, añadía: «La revolución no alcanza nunca el triunfo porque sí. Hay que prepararlo. Estamos decididos a seguir el ejemplo de los bolcheviques rusos. Estamos… por la potencia soviética».

El Partido Comunista francés ha estado a la altura de los elogios que le prodigó Dimitroff. De enero a marzo de 1936, el número de miembros pasó de 87.000 a 100.000. En junio llegó a 187.000 y en agosto a más de 225.000. Entretanto, las juventudes comunistas se cuadriplicaban. El número de electores saltaba de 790.000 a 1.500.000, de cuyo aumento corresponde nada menos que un tercio a la demarcación de la ciudad de París. Los diputados comunistas pasaron de 10 a 73, y la tirada de “L´Humanité”, que en 1933 era de 154 ejemplares, llego en algunos días de 1936 nada menos que a 750.000. En las elecciones legislativas de este año la propaganda comunista repartió 27 millones de impresos. Después de su adhesión al Frente Popular comunista, los sindicatos, que constaban de 800.000 miembros en mayo del 36 alcanzaron en agosto la elevada cifra de 4.300.000.

Francia sigue el mismo camino del Frente Popular español. Dimitroff, nuevo caballo de Troya, se encuentra entre los muros de París.

Pero, no hay lección de hechos más provechosa, no hay demostración más palpable y convincente de la gravedad de las resoluciones de la VIIª asamblea mundial que los actuales acontecimientos de España, sangrientos y angustiosos. Estos acontecimientos constituyen la realización, al pie de la letra, de las órdenes emanadas de dicha asamblea. Representan el “santo y seña” del Frente Popular que en Francia se encuentra en estado embrionario mientras que en España alcanza su trágico apogeo. Dimitroff había dicho, en efecto, que bajo un Gobierno del frente común, había que «aprovecharse hábilmente de la actuación de tal Gobierno para la estructuración revolucionaria de las masas», «armarse para la revolución social», «sólo el Gobierno soviético puede salvarnos».

Ventura, el delegado español, había indicado el programa que se debía seguir en los términos siguientes: «El proletariado español y nuestro partido acabarán de una vez y definitivamente con el fascismo y al mismo tiempo con los odiados privilegios burgueses, asegurando así el triunfo de la revolución de obreros y campesinos. Marchamos seguros a la victoria y con orgullo enarbolamos la bandera de Lenin y Stalin».

Ya, antes del cobarde asesinato del jefe monárquico Calvo Sotelo (13 de julio, 1936) habían caído 269 personas víctimas del furor revolucionario. El periodista francés Armijon da cuenta de los hechos siguientes: En Murcia, el populacho se apoderó de dos jóvenes a los que se motejaba de fascistas, maltratándolos brutalmente, en medio de la calle, y, por último una mujerzuela los decapitó a hachazos. Esto ocurrió el 16 de marzo y las víctimas se llamaban Pedro Cutillas y Antonio Martínez.

La prensa mundial no ha podido menos que saciar la curiosidad de sus lectores con relatos de las frecuentes y odiosas atrocidades cometidas por los marxistas españoles al dictado de sus dirigentes extranjeros. No es posible dar cifras, ni aun siquiera aproximadas, que concuerden con la triste realidad. El 19 de agosto se hizo público, y por conducto semi-oficial, que sólo en Madrid y sus suburbios se habían asesinado a más de 6.000 personas de las cuales 1.400 en el conocido parque de la Casa de Campo. En la Cárcel Modelo, la más grande de Madrid, había entonces 3.000 detenidos, y en la de San Antonio 1.146, en total, 6.000 prisioneros en Madrid. El informe que tengo ante la vista, de un testigo ocular que tenía su domicilio frente a la Casa de Campo, da cifras muy diferentes a las anteriores. Había podido comprobar que, hasta el 30 de agosto, unas 6.000 personas habían sido pasadas por las armas. El mismo testigo puede también asegurar que en otros lugares de la ciudad, en las calles y en las casas se han exterminado a otras 20.000 personas
(Información del alemán Heinrichs).

Otros testigos oculares que han podido presenciar las prácticas cotidianas de los bolcheviques nos refieren centenares de asesinatos diarios. Un joven extranjero ha visto con sus propios ojos cómo en la noche del 20 de agosto fueron asesinados unos 200 funcionarios de la “Cárcel Modelo”, y al día siguiente se ejecutaron en el patio de un cuartel a 250 miembros del partido fascista. El mismo testigo, presenció el 15 de agosto la llegada a Madrid de una conducción de 250 personas procedentes de Almería y que fueron entregadas a la policía por las milicias revolucionarias. Estos colocaron a 240 de estos desdichados junto al muro de la estación fusilándolos en el acto y sin formación de causa. Después acompañaron a los diez supervivientes a la cárcel para cumplir su “misión”. Poco después asesinaron a los jefes nacionales Ruiz de Alda, Fernando Primo de Rivera, Cuesta y Valdés.

El pueblo alemán deplora con unánime dolor la pérdida de siete compatriotas inmolados al furor de las hordas rojas y en las condiciones más espantosas que puedan imaginarse. Cuando intentaban dirigirse a Hamburgo, al Congreso del Recreo y el Descanso cuatro camaradas y miembros del Partido: Gaetje, Dato, Hofmeister y Treiz fueron detenidos por una banda de bolcheviques. Tras largo “interrogatorio” dos de ellos fueron conducidos detrás de una fábrica, los otros dos un poco más lejos, contra un muro, y los cuatro fusilados. Como se pudo comprobar después, los bandidos habían cometido el asesinato a perdigonadas. Hofmeister y Treiz estaban desfigurados hasta tal punto que sólo con gran trabajo y por las características de sus rostros pudieron ser identificados. Otros alemanes han sido también víctimas de este furor rojo, bien en sus personas o en sus bienes. Hans Hahner, miembro del Partido, ha sido muerto precisamente cuando se dirigía a ofrecer sus humanitarios servicios a la “Cruz Roja”. Su casa ha sido saqueada y su viuda ha quedado en la miseria. No sólo en Madrid, sino en toda España las “hazañas” de los rojos son innumerables. En Lora del Río murieron asesinadas 187 personas, y 250 en Constantina. (“Diario de Noticias”). En Cartagena, 600 oficiales y soldados han sido arrojados al mar con una piedra al cuello (“Germania”). En el convento de Baena, los comunistas asesinaron a 180 personas valiéndose de hachas y navajas de afeitar: entre las víctimas se encontraban el párroco de Santa María la Mayor, mujeres y niños. Las mujeres aparecían con el vientre destrozado (“Seculo”). Dos campesinos de Málaga cuentan que se han asesinado a más de 400 personas, arrojando una a pozos con pesos en los pies, atando otras a la cola de caballos que las arrastraban por las calles de la ciudad (“Seculo”). El agente consular italiano, Solaverani, asegura que una muchacha de 16 años ha sido la que primero disparó sobre un prisionero (“Die Front”, Zürich). En Rosal de la Frontera, los comunistas quemaron vivas a 40 personas acorraladas en una iglesia (“Journal de Genève”). En Ronda, asesinato de 400 habitantes, de los cuales 200 fueron precipitados al tajo (“Times”). En San Sebastián se fusilaron a 51 rehenes (“Evening Standard”). En Almendralejo, las tropas nacionalistas encontraron cadáveres de prisioneros crucificados cabeza abajo en los muros de la prisión, de ellos unos 80 quemados vivos (“Seculo”). En Cartagena, 50 Guardias Civiles, encadenados unos a otros por el cuello y provistos de barras de hierro fueron arrojados al mar desde el pontón “Sil” en que estaban prisioneros (“Daily Mail”). Mr. Emile Condroyer, corresponsal especial de “Le Journal” comunica que en El Arahal los bolcheviques encerraron en una prisión a 30 personas, hombres, mujeres y niños, arrojaron por una ventana petróleo y luego cerillas encendidas (“Daily Mail”). Es difícil formarse idea exacta de los detalles espantosos que llegan hasta nosotros relativos a ejecuciones de sacerdotes y atentados vergonzosos contra religiosas. He aquí algunos casos: El arzobispo de Tarragona y el obispo de Lérida, asesinados (“Journal de Genève”). Un americano, Henry Harris, afirma haber sido testigo en Barcelona del asesinato de 150 miembros de órdenes religiosas (“Matin”). En Piedralves, fue muerto, Don Dimas Madariaga, jefe de los sindicatos católicos de obreros (“Journal de Genève”). Se fusilan en Tarragona a 8 sacerdotes y a un fraile, este último después de haber sido pisoteado bárbaramente. (Noticias del Sr. Hausmann). Constantemente se oye de sacerdotes arrastrados por las calles después de haber sido decapitados. En Valencia, se fusilan por series a las religiosas, quemando después sus restos. Los curas de Adrero, de Las Casas y de Torres, perecen en circunstancias horrorosas (“Germania”). La narración de excesos tales se podría proseguir durante largo tiempo. Don Rafael Oriol, de La Habana, cuenta haber visto en Barcelona que entre las bandas de asesinos figuraban golfillos de menos de 15 años (“Diario de la Marina”). Obras de arte inestimables han sido destruidas, y asesinada la flor de la intelectualidad española.

Según el profesor Walter S. Cook, la catedral de Barcelona y todas las iglesias de dicha ciudad, con una sola excepción han sido incendiadas. Los célebres retablos de Bermejo, retablos que datan del siglo XV, han quedado destruidos, sufriendo la misma suerte la iglesia de Santa María del Mar, también del siglo XV. Del santuario de San Pedro de las Puellas, que se remontaba al siglo IX, no quedan más que cuatro paredes. Los célebres conventos de Barcelona y el palacio arzobispal pertenecen ya al mundo de los recuerdos. Este es el verdadero aspecto del ateísmo bolchevique que todavía se atreve, en algunos países a colaborar con las Iglesias. Pero, los cadáveres de las religiosas sacadas de sus ataúdes constituyen un exponente de las profanaciones de que es capaz el bolchevismo.

Y cuando uno de los principales instigadores del bolchevismo en España, Andrés Nin, ex-secretario del bolchevique Tomsky declara: “Hemos resuelto el problema religioso de la manera más sencilla, o sea, destruyendo todas las iglesias”, no podemos menos que comprobar que nos encontramos ante la personificación del ateísmo.

Esta es la verdadera efigie del bolchevismo.

En España, como en la Rusia de 1917 y en todos los demás países son judíos sin patria los maquinadores que provocan y dirigen las revoluciones bolcheviques. Y en cuanto a los que no son judíos, no cabe duda de que han perdido toda noción de espíritu nacional. Y ahora, ¿Quién es el verdadero responsable teórica y prácticamente de cuanto ocurre  en España? Todo lo que sucede no es otra cosa que la realización de las decisiones  tomadas en Moscú. Con este fin, Moscú ha enviado a España judíos bolcheviques  como Bela-Kuhn, “el verdugo de Hungría”, como Neumann, que en España lleva el  nombre de Enrique Fischer Neumann, como Kolzow-Ginsburg, disfrazado de  corresponsal del “Pravda” de Moscú y, finalmente, como el rojo diplomático de la  Sociedad de Naciones, el judío Rosenberg.

Estos son los jefes de todos los terroristas de la Rusia soviética que, con pasaportes  falsos muy a menudo, cosa extraña de origen francés, se dedican en España a su  sangrienta “profesión”. Nada es tan delator de los propósitos y la responsabilidad  de Moscú como su manifiesta voluntad de convertir la guerra civil desencadenada en  España por el bolchevismo en un conflicto internacional. El judío Chvernik,  presidente de los sindicatos en la Rusia soviética, confiesa abiertamente la intención  de ingerencia. Dice: “El comité central invita a todos los trabajadores y masas  populares de la Unión Soviética a prestar su ayuda material a los combatientes españoles que, arma en mano, defienden la república democrática”. (“Iswetija”). El “Iswetija” mismo declara que el primer secretario de las Federaciones sindicales de  Rusia ha enviado a los bolcheviques españoles la suma de 12 millones de rublos, o  sea, 36 millones de francos. El presidente de la República española, Manuel Azaña,  ha expresado su agradecimiento al judío soviético Kolzow-Ginsburg en los siguientes  términos: “Decid al pueblo ruso que su compasión y eficaz ayuda nos emocionen  profundamente. He tenido siempre la convicción de que la gran democracia de los  Soviets se haría en todo momento solidaria con la democracia española”. (“Börsen  Zeitung”).

Moscú se afana, por mediación de sus secciones del Komintern, en impeler a otros Gobiernos extranjeros a ayudar a los Rojos. La prensa francesa de derechas  constantemente de entregas de aeroplanos y material de guerra en general al Gobierno de Madrid.

Con despreocupación inaudita, el “Socorro Rojo” de Moscú organiza en todos los países suscripciones a favor de los bolcheviques de España.

El secretario de la C.G.T. francesa, órgano sindical del Frente popular, Jouhaux, André Malraux, etc. son los agentes de enlace entre los marxistas franceses y españoles. El Sr. Giral, Presidente del Consejo que fue, agradeció a Kolzow-Ginsburg «la brillante iniciativa de las organizaciones francesas y de las personas que ayudan tan eficazmente en su lucha al Gobierno español». Cita especialmente a Jouhaux, a Malraux y al judío J. B. Bloch y termina reiterando su reconocimiento “al pueblo hermano, al pueblo soviético”. (“Pravda”) ¿Cómo es posible que el Gobierno del Frente popular español agradezca a un judío soviético el apoyo prestado por los comunistas franceses? Muy sencillo. Este Gobierno demuestra con ello que los jefes de los partidos comunistas, tanto francés como español se inspiran en Moscú y le obedecen.

En indiscutible que los actos de inaudita en España han sido cometidos, o por lo menos provocados, por los agentes del Komintern, y que la Rusia soviética ayuda a los bolcheviques españoles financiera, política y materialmente. También es ya de dominio público que, tanto en el terreno de las ideas como en la práctica, el último Congreso del Komintern celebrado en Moscú tomó el acuerdo de introducir en España el bolchevismo y que Moscú se esfuerza en llevar a la práctica su propósito.

Que Moscú se propone, con voluntad férrea, desencadenar la revolución mundial, nos lo confirma el ejemplo de España. Quien cierre los ojos ante verdad tan incontestable, que no se queje más tarde de las consecuencias de tal ceguera. Esto es el bolchevismo en la teoría y en la práctica; una peste universal e infernal que todo hombre responsable debe esforzarse en que desaparezca.

No es por pura retórica por lo que nosotros, los alemanes, invitamos a todos los pueblos del mundo a coaligarse, todos a una, contra el peligro común. En caso de no hacerlo, todos los pueblos se verán arrastrados por este torbellino arrollador y sufrirán las terribles e incalculables consecuencias.

Alemania es quien ha dado el grito de alarma para esta lucha mundial. Nosotros, los nacionalsocialistas, hemos sido y somos los protagonistas de esta cruzada; durante 14 años, y en filas de la oposición, hemos combatido el bolchevismo en todas sus formas y aspectos; lo hemos hecho bajo Gobiernos que, siendo esencial y típicamente burgueses, no tenían la menor idea de la naturaleza y consecuencias del bolchevismo y detenían nuestro brazo siempre que
 
Hoy, nos parece casi un milagro que, a pesar de todo, hayamos podido acabar con el bolchevismo en Alemania. Es también, tal vez, un milagro en el plano más elevado de un orden de cosas supremo que no podía admitir que pueblos y civilizaciones milenarias fueran aniquilados por la voluntad destructora del judaísmo bolchevique internacional.

Hemos podido vencer al bolchevismo porque teníamos un verdadero ideal y una fe acendrada que poner frente a él, y en nuestras personas era la nación entera la que se levantaba contra el judaísmo y sus viles aliados de raza inferior; porque representábamos un ideario que, al contrario de la doctrina bolchevique, es bueno, noble e idealista; porque para nuestra lucha, no apoyábamos en el pueblo mismo y no, como los partidos burgueses, en la propiedad y la cultura intelectual; porque uníamos la fuerza de nuestro ideal al vigor de nuestra fe y al fervor político de una nación que despierta; porque teníamos un Führer que nos mostraba el camino que se debía seguir para salir de la época más triste de nuestra vida nacional y llegar a la luz radiante y pura de un halagüeño porvenir.

El gran mérito del Führer ante la Historia -mérito ya reconocido, en verdad, por el mundo entero- es haber levantado ante el asalto del bolchevismo a las fronteras orientales de Alemania, un firme baluarte, convirtiéndose con esto, en un verdadero caudillo moral de la Europa consciente en sus luchas decisivas contras las fuerzas subversivas de la destrucción y la anarquía. Como un caballero andante del ideal, como el caballero sin miedo y sin tacha ha enarbolado con potente diestra la bandera de l cultura, la humanidad y la civilización, y, con digna apostura, la enfrenta con el amenazador ataque de la revolución mundial.

Nos ha enseñado a reprimir y despreciar todo temor e inspirado el culto del honor, restaurando así los antiguos ideales y virtudes de nuestro pueblo. Esta actitud debiera servir de ejemplo y acicate al mundo entero.

El caso de Alemania es un ejemplo sugestivo, y, por cierto, en condiciones de lo más desfavorables, de cómo es posible acabar con el bolchevismo cuando se tiene la inquebrantable voluntad de aplastarlo, cuando se ponen a contribución los medios adecuados y cuando se adopta la firme decisión de luchar con toda la fuerza y el valor de que el hombre es capaz. El pueblo alemán ha logrado así su felicidad.

También pueden lograrla otros pueblos que tengan la suerte de encontrar caudillos providenciales con el ánimo indispensable para entablar la lucha.

Si miran con ojos bien abiertos, podrán convencerse de que el judaísmo infame una vez descubierto y desenmascarado no es ni inteligente ni peligroso. El mundo ya tiene un ejemplo que seguir; el de Alemania.

Es verdad que el nacionalsocialismo no es artículo de exportación y que sus no es indispensable que se inculquen a otros pueblos y aun menos que se les impongan.

Pero el nacionalsocialismo sí puede constituir una provechosa lección: su manera de proceder puede incitar a otros pueblos a seguir su ejemplo, salvándose así de crisis gravísimas.

Y los que estén en este caso, que se den prisa antes de que sea tarde, porque la demora pudiera encerrar grave peligro.

Nosotros, los nacionalsocialistas alemanes nos sentimos orgullosos de haber llevado a cabo esta empresa por Alemania, pero también por Europa.

Adolf Hitler, que se ha erigido en jefe indiscutible de esta lucha entablada por el Reich, se ha revelado con ello como un valor europeo de la más alta categoría.

Ha indicado a este continente, tan quebrantado, el camino que ha de seguir para vencer su crisis más peligrosa y con ello ha proporcionado a los pueblos de Europa ocasión de instruirse y orientarse. Porque el enemigo rojo de la cultura se infiltra y pulula por doquier y constituye una amenaza universal. Ya no es posible vacilar. No hay otro remedio que armarse para poder afrontar la lucha decisiva. El Este rojo amenaza. El Führer vela. Alemania, vanguardia de la cultura europea está ya en su puesto de honor y decidida a barrer de su frontera este peligro cueste lo que cueste.

En Alemania hemos extirpado radicalmente el cáncer bolchevique y no queda de él ni el menor rastro.

Ya no puede encontrar ocasión para infectarnos de nuevo de ninguna manera ni en momento alguno. Los últimos microbios de esta repugnante enfermedad que nos minaba han sido aniquilados.

Los que en tiempos fueron en Alemania caudillos y portavoces de esta funesta doctrina se han escapado a tiempo cruzando las fronteras o los hemos puesto a buen recaudo. Pero sus antiguos partidarios han encontrado, en su mayor parte, acogida en la nueva y gran comunidad del pueblo alemán.

Si intentase de nuevo Moscú reanimar el bolchevismo entre nosotros, sea donde sea, reprimiríamos esa tentativa tan implacablemente que Moscú mismo quedaría embargado de estupor. ¡Nada ni nadie podría contenernos! Y esta es la firmísima voluntad del pueblo alemán y lo que de nosotros exige.

Ya restablecida la paz en el interior del país, el pueblo alemán vive feliz, y está firmemente decidido a que no sea perturbado ni por nada ni por nadie. El Partido, protagonista de la lucha anti-bolchevique, vela por la seguridad del Estado alemán, protege al pueblo y a la nación en el interior, pero el ejército, encarnación de nuestra voluntad de resistencia y defensa nacional y racial, protege a Alemania en sus fronteras. Ambos son los baluartes de nuestra seguridad, los cimientos del pueblo y del Estado. Bajo su fuerte protección, la nación no tiene nada que temer. Entre tanto la anarquía roja moscovita aumenta sus fuerzas militares febril y desenfrenadamente. Sus armamentos tienen un carácter agresivo, porque todo regimiento rojo está animado de un ardiente espíritu de revolución mundial. Todo aeroplano bolchevique, todo cañón bolchevique se construye para lanzar a Europa en el caos. Las medidas que otros pueblos tomen para conjurar este peligro no son de nuestra incumbencia.

No está en nuestra mano obligarles a prepararse razonable y oportunamente. Pero lo que nosotros hacemos, no está inspirado por una blanda y vana política de contemporización con la Sociedad de Naciones o por tener en cuenta las simpatías más o menos ciegas que se sienten en otros países por el “ideal” soviético. o por esos indecisos y frágiles esfuerzos de colectividad que envuelven Europa en una tupida red. No. Nosotros no hacemos otra cosa que obedecer los imperativos de nuestro deber y de la conciencia de nuestra responsabilidad para con Alemania y Europa.

El Kremlin rojo ampliando las obligaciones militares ha aumentado los efectivos del ejército bolchevique.

La réplica del Führer no se ha hecho esperar: la ley del servicio militar obligatorio durante dos años ha devuelto a Alemania la seguridad que le es necesaria para preservarse de la anarquía roja.

Si otros Estados y Gobiernos se esfuerzan impremeditadamente en considerar como cosa baladí el peligro de Moscú, no por eso nos llevaremos nosotros a engaño.

Lo que los judíos moscovitas digan, es sí que es para nosotros cosa baladí; pero lo que hacen, eso, lo consideramos de importancia capital. Los conocemos a fondo y obramos como se merecen en consecuencia.: con lógica y precisión absolutas. Toma y daca. Ojo por ojo y diente por diente.

El pueblo alemán puede estar ya tranquilo y dedicarse al trabajo en plena paz felizmente restablecida.

El Reich no está indefenso, tiene la debida protección y la ola roja que avanza por el Este se deshará en espuma contra el dique del nacionalsocialismo. Sobre la nación se alza el Führer como genio protector de su pueblo, que vela por él los días de peligro y angustia, y cuyo espíritu anhela con voluntad fanática que Alemania vuelva a ser feliz, rica y respetada.

El Partido vela por nuestra seguridad interior, el ejército por nuestra seguridad exterior. Ambos, empero, obedecen alegres y decididos, la voluntad del hombre que marcha al frente de todos nosotros como centinela de su propio pueblo y promotor de una nueva Europa, más verdadera, más noble y más generosa.

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sep 01 2010

LA IMAGEN DEL JOVEN HITLER

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 05:04
August Kubizek 1907 LA IMAGEN DEL JOVEN HITLER

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Lamento tener que comenzar este capitulo con una constatación negativa: no poseo ninguna fotografía a que nos pudiera mostrar a Adolfo Hitler durante los años de nuestra amistad. Tampoco recuerdo haberla poseído jamás. Lo más probable es que no exista ningún retrato fotográfico de Hitler de aquella época.
La no existencia de retratos fotográficos de aquellos años es por demás comprensible. Durante los primeros años de nuestro siglo no existían todavía aparatos fotográficos que uno pudiera llevar cómodamente consigo. Y en el caso de que éstos hubiesen existido, ninguno de nosotros dos hubiese poseído un tal aparato; éramos unos pobres diablos que gastaban sus últimos dineros para asistir a una representación de ópera o a un concierto sinfónico. Cuando uno se quería hacer retratar, iba al fotógrafo, Y esto era un asunto tan complicado y costoso que antes había que meditarlo cuidadosamente. En realidad, la gente sólo se retrataba con motivo de acontecimientos festivos, los bautizos, las comuniones y las bodas. Mi amigo jamás sintió, por lo que yo recuerde, la necesidad de hacerse retratar. Era todo menos presuntuoso. A pesar de que se preocupaba mucho de su persona, no era presumido en el sentido corriente de esta palabra. Incluso me atrevo a decir que ser presumido era demasiado poco para él. Era demasiado inteligente para ello y, además, tan convencido de sí mismo que no dejaba lugar para la presunción, ni tampoco cuando Estefanía apareció en su vida. Tal vez se deba a esta falta de presunción que no poseamos hoy en día ningún retrato fotográfico juvenil de Hitler. Por el contrarío, poseo varios de mí mismo.
Los retratos realmente auténticos de la infancia y la juventud de Adolfo Hitler se pueden contar con los dedos de una mano.
En primer lugar, la conocida fotografía que hicieron en el año 1889 del pequeño Adolfo pocos meses después de su nacimiento esta imagen, pequeña y delicada, del niño, nos ofrece ya todo aquello que posteriormente es típico de la fisiognomonía de Hitler. Las proporciones características de la nariz, mejillas y boca, los ojos claros y penetrantes, los obscuros cabellos que le caen sobre la frente, todo esto con la peculiar ingenuidad de la niñez. Hay otro detalle que llama especialmente la atención en este primer retrato fotográfico de Hitler: el gran parecido de Adolfo con su madre. Tuve ocasión de cerciorarme de este parecido cuando vi por vez primera a la señora Hitler. Pero todos aquellos que comparen el retrato de Adolfo con el de su madre, se darán igualmente cuenta de este parecido. El retrato de la madre es realmente la obra maestra de un fotógrafo. El parecido es realmente sorprendente. Casi como copiado. Paula, la hermana de Adolfo, por el contrario, se parecía en todo al padre. No conocí al padre de Adolfo y he de referirme en este sentido a los informes que poseo de la madre.
Siguen a continuación los retratos de la época escolar de Hitler, retratos de los alumnos de toda una clase. No se conocen retratos individuales de aquella época. Las fotografías publicadas son ampliaciones de aquellos retratos colectivos. Todos recordamos cómo se hacían estas fotografías. Un buen día se presentaba el fotógrafo en la escuela. Los alumnos se reunían en el patio. La fila inferior se sentaba en el suelo y los que estaban en el extremo izquierdo, o derecho, se tumbaban apoyándose con los codos en el suelo para de esta forma crear un cuadro simétrico; la segunda fila se sentaba en unos bancos y los demás de pie. Relato todo esto porque la excitación que dominaba en tales ocasiones a los escolares se adivinaba perfectamente en la expresión de sus rostros e impedía que éstos se revelaran libres y sin inhibiciones de ninguna clase. Con rostros graves, tan ajenos a los que mostraban durante el resto del día, miraban fijos hacia el objetivo.
El escolar Hitler es difícil de diferenciar de aquellos cuarenta o mas rostros que, sobre todo, en las escuelas populares campesinas se parecen como un huevo al otro. La mayoría de las veces se hace necesaria una flecha o una cruz para llamar la atención sobre el rostro que se quiere hacer resaltar. La única expresión que se puede leer en la misma es la de una curiosidad reservada de cómo aquel fotógrafo que se toma tanto tiempo para hacer la fotografía llevará a feliz término su propósito. No podemos adscribir a estos rostros de escolares expresiones que en realidad no existen. Sólo quiero llamar la atención sobre un hecho: la expresión de Hitler en estas fotografías es siempre la misma. A pesar de que existe un plazo de tiempo considerable entre ellas, es siempre el mismo rostro, como si nada hubiese cambiado en él. Creo que en ello se expresa, aun cuando de un modo todavía inconsciente, aquella peculiar consecuencia de expresión, aquel «no poder cambiar», que se me antoja es la característica más esencial de Hitler. Se ha dicho también que Hitler en dichas fotografías trataba siempre de aparecer en un lugar privilegiado. En el retrato de su clase del año 1899, de la cuarta clase en Leonding, aparece Hitler en el centro de la fila superior; en la fotografía del año 1901, en la primera clase del Instituto de Linz, aparece de nuevo en la fila superior, esta vez en el extremo derecho.
Con esto queda dicho todo lo que se puede decir sobre las fotografías del joven Hitler, si la casualidad no nos hubiese conservado el dibujo de un compañero de clase del cuarto curso del Instituto de Steyr, la última clase a la que asistió Hitler. El dibujo procede del año 1905.
Este compañero de clase llamado Sturmlechner, que hizo un retrato del joven Hitler y que en el ángulo superior escribió orgulloso: “al natural”, era, desde luego, un aficionado. Esto se adivina ya desde un principio en el dibujo, que es todo menos una obra artística. Lo más seguro es que Sturmlechner sólo supiera dibujar de perfil, ya que siempre hacía esta clase de dibujos. Lo que se apartaba del perfil, le proporcionaba inauditas dificultades. La nariz aparece mal perfilada y, en cuanto a los pelos, fracasa por completo su arte, aun cuando los cabellos por aquella época casualmente se correspondían “al natural”. A pesar de todo, el dibujo posee un cierto atractivo, y esto debido a que la expresión es natural y sin añadidos de ninguna clase. Si sólo me fijo en el perfil de este bosquejo de Sturmlechner, veo ante mí la imagen que se corresponde con el recuerdo que tengo de mi amigo de juventud.
El dibujo de Sturmlechner ha tenido un destino muy curioso. Se han cometido muchas absurdidades con el mismo. Por ejemplo, un autor que ha escrito sobre los años de miseria de Hitler en Viena ha colocado sobre la cabeza de éste un sombrero hongo y metido en la corbata una aguja con una cruz gamada, y publicaba el retrato en cuestión como una expresión característica de Hitler durante los últimos años que pasó en Viena. La autenticidad del perfil no admitía discusión posible teniendo en cuenta cuán poco había cambiado la fisionomía de Hitler. Pero aquel autor no sabía que Hitler jamás había usado un sombrero hongo. A Adolfo sólo le gustaban los sombreros obscuros y flexibles, nada más. ¡ Cómo se burlaba él de aquellos melones!
Con ello he llegado al fin de todo lo que hace referencia a las fotografías del joven Hitler. Voy ahora a intentar completar algo sobre la imagen de mi amigo de juventud, aun cuándo me percato plenamente de que mi estudio siempre será incompleto.
Hitler era de estatura mediana y esbelto, por aquel entonces ya algo más alto que su madre. Su constitución no era en modo alguno la de un hombre fuerte, sino más bien delgado y frágil. Su salud era de lo que hubiese sido de desear y él se lamentaba con frecuencia de ello. Tenía que protegerse ante el clima nebuloso y húmedo de Linz durante los meses de invierno. En efecto, durante estos meses se encontraba con frecuencia enfermo y tosía mucho. En resumen, era débil de pulmones.
La nariz, muy regular y bien proporcionada. La frente, despejada y libre, ligeramente inclinada hacia atrás. Me sabía mal, ya por aquel entonces, que tuviera la costumbre de peinar su cabello muy hacia la frente. Por lo demás, esta descripción usual frentenarizboca me resulta ridícula, puesto que en aquel rostro eran los ojos tan sobresalientes que no se observaba nada más. Jamás he vuelto a ver en mi vida un rostro de hombre en el cual… ¿cómo expresarme?… los ojos dominaran de tal forma la expresión del rostro como era el caso en mi amigo. Eran los ojos claros de su madre. Pero aquella mirada fija, penetrante, era todavía más acusada en el hijo; en cierto modo, había sido superada y poseía más fuerza y capacidad de expresión. Resultaba sorprendente cómo podían cambiar la expresión de aquellos ojos, sobre todo, cuando Adolfo hablaba. Para mí tenía mucho menos importancia el sonido grave y sonoro de su voz que la expresión de sus ojos. Adolfo hablaba efectivamente con los ojos. Aun cuando mantenía los labios firmemente apretados, los ojos revelaban lo que él quería decir. Cuando vino por primera vez a nuestra casa y yo le presenté a mi madre, me dijo ella, antes de acostarse: ¡Qué ojos tiene tu amigo! Y recuerdo perfectamente que en el tono de su voz se adivinaba más el temor que la admiración. Cuando en ocasiones me han preguntado en qué característica resaltaba aquel hombre durante su juventud, sólo puedo responder: ¡ Por sus ojos!
Claro está que también llamaba la atención su fácil oratoria. Pero era yo demasiado inexperto en este sentido para sacar las debidas consecuencias Yo estaba convencido de que Hitler llegaría algún día a ser un gran artista, un poeta, pensé en un principio, luego un célebre pintor, hasta que luego, en Viena, me convenció de que sus dotes se encaminaban hacia el campo de la arquitectura. Pero para tales fines artísticos sus dotes oratorias no eran necesarias, al contrario, casi representaban un obstáculo en la consecución de sus fines. A pesar de todo, le escuchaba gustosamente cuando él hablaba. Su lenguaje era muy escogido. Rehusaba el dialecto, sobre todo el vienés, que le era adverso por su tono suave, melodioso. En realidad, Hitler no hablaba como un austríaco. Se podía decir incluso que en la rítmica de su lenguaje, en su modo de expresarse, se asemejaba mas a los bávaros. Decisivo en este caso puede ser qué desde los tres a los seis años vivió en Passau, donde su padre era funcionario de aduanas.
No cabe la menor duda de que mi amigo Adolfo fue, ya desde su primera juventud, un hombre dotado de una fácil oratoria. Y él lo sabía. Hablaba a gusto y sin interrupción. En ciertas ocasiones, cuando se perdía en sus fantasías, despertaba en mí la sospecha de que todo lo que decía era sólo un ejercicio de oratoria. Pero rápidamente alejaba de mi esta sospecha. ¿Acaso no había creído yo a pies juntillas todo lo que él había dicho? Adolfo gustaba de probar su fuerza de persuasión en mí y en otras personas. Recuerdo un ejemplo que jamás se borrará de mi memoria, y es que cuando aún no había cumplido los dieciocho años de edad, convenció a mi padre de que debía mandarme al conservatorio de Viena. No cabe la menor duda de que era este un éxito sorprendente teniendo en cuenta la naturaleza tan pesada y cerrada de mi padre. Desde aquella demostración tan decisiva para mí de su capacidad, no consideraba ya nada imposible que Hitler no pudiera conseguir gracias a su fuerza de persuasión. La mayoría de las veces solía recalcar sus palabras con gestos comedidos y estudiados de antemano. De vez en cuando, al referirse a uno de sus temas predilectos, el puente sobre el Danubio, la ampliación del museo e incluso sobre la estación subterránea que él había previsto para Linz, le interrumpía yo y le preguntaba cómo se imaginaba la realización práctica de aquel proyecto, ¡nosotros no éramos más que unos pobres diablos! En aquellas ocasiones me miraba extrañado y casi con expresión enemistosa, como si no hubiese comprendido mi pregunta. La mayoría de las veces no respondía a lo que yo le había preguntado y se limitaba a interrumpirme con un gesto muy significativo de su mano. Más tarde, me fui acostumbrando a ello y ya no encontraba ridículo que aquel muchacho de dieciséis o diecisiete años desarrollara proyectos gigantescos y me los expusiera en todo su detalle. Si sólo hubiese hecho caso de sus palabras, todo aquello se me hubiese antojado un juego o una locura. Pero la expresión de sus ojos me convencía, cada vez de nuevo, de que hablaba en serio.
Adolfo prestaba mucha atención a un comportamiento correcto y exacto. Con una exactitud fuera de dudas observaba las leyes de los tratos sociales, aun cuando para él la sociedad representase tan poco. Recalcaba continuamente la posición de su padre que en su calidad de funcionario de aduanas se podía equiparar a un capitán. Cuando hablaba de su padre no se podía sospechar cuán profundamente negaba para sí mismo aquella posición de empleado estatal. Siempre había algo en torno de él que hablaba de seguridad en sí mismo. Jamás se olvidó de darme recuerdos para mis padres y en ninguna de las tarjetas postales que me envió faltó jamás la fórmula “saludos a tus queridos padres”.
En Viena, donde convivimos en casa de la misma patrona, observé que por las noches colocaba siempre los pantalones bajo el colchón para tenerlos planchados a la mañana siguiente. Adolfo sabía apreciar un aspecto externo cuidado. Aun cuando no era presumido, poseía un sentido muy acusado para la presentación de sí mismo. No cabe la menor duda de que tenía grandes dotes de artista que, junto con sus dotes oratorias, sabía emplear en el momento oportuno. En ocasiones, me preguntaba yo a qué se debía que Hitler, que poseía cualidades indudables, no hubiese llegado más lejos en Viena. Fue sólo más tarde que comprendí que él no tenía ningún interés en un ascenso profesional. No poseía la menor ambición para conquistarse una posición que le permitiera ganarse su sustento. La gente que le conocía en Viena no podían comprender en modo alguno la contradicción que existía entre su aspecto externo tan cuidado, su lenguaje culto y su presencia segura y, por otro lado, aquella vida tan mísera que llevaba; y le consideraban orgulloso o presumido. Pero Hitler no era nada de ambas cosas. No encajaba en un sistema burgués.
Hitler era un verdadero artista en pasar hambre, a pesar de que, cuando se le presentaba la ocasión, gustaba de comer bien. Es cierto que durante su época en Viena casi siempre le faltaba el dinero necesario para ello. Y cuando tenía dinero estaba siempre dispuesto a renunciar a la comida para adquirir una localidad en el teatro. No comprendía los placeres materiales. No fumaba, no bebía y vivía durante días alimentándose sólo de pan y leche.
En su menosprecio por todo aquello que hacia referencia al cuerpo, el deporte, que por aquel entonces se hallaba en franco ascenso, significaba para él muy poco. En cierta ocasión leí no sé dónde que el joven Hitler había cruzado a nado el Danubio. No recuerdo este hecho. Lo único que hacíamos era irnos a bañar de vez en cuando al Rodel. Pero esto era todo. El Byzicle Club, en el cual se reunían los emprendedores ciclistas, sólo le interesaba porque en el invierno disponía de una pista de patinaje. Pero, incluso esta pista de patinaje, le interesaba menos por el ejercicio físico, que por su amada muchacha que allí practicaba este arte.
El único deporte que practicaba Hitler con gran afán era el caminar.
Iba a pie a todas partes y siempre. En mi memoria siempre le veo de un modo u otro en movimiento. Podía caminar durante horas y horas, sin cansarse. Juntos recorrimos los alrededores de Linz en todas direcciones. Apenas debe existir allí un camino que no hayamos recorrido los dos. Su amor a la Naturaleza era muy acusado. Desde luego, amaba la Naturaleza a su modo. No se trataba aquí de sentirse estimulado por intereses científicos. No recuerdo haberle visto hojear libros científicos. Su afán de saber casi siempre insaciable parecía haber llegado a unos límites muy claramente delimitados. Durante su época de escolar, tal como me contó, había sentido una gran pasión por la botánica, pero esta afición, así como también el coleccionar mariposas o minerales respondía más bien a afanes juveniles que a una determinada inclinación en este sentido. No le interesaban los detalles en la Naturaleza, asimilaba ésta en su conjunto. La llamaba él «afuera». Esta palabra sonaba tan familiar en sus labios, como si hubiese dicho «dentro», «en casa». En efecto, en la Naturaleza se encontraba como en su propia casa. Su predilección por las excursiones nocturnas o a permanecer de noche en algún lugar en el que no había estado anteriormente, fue ya muy acusada durante los primeros años de nuestra amistad.
La Naturaleza ejercía sobre él una influencia muy extraordinaria, tal como no he podido observar en ninguna otra persona. Cuando estaba «fuera» era una persona muy diferente de cuando estaba «dentro» en la ciudad. Había rasgos muy concretos de su personalidad que sólo se revelaban cuando estaba en la Naturaleza. Jamás se mostraba tan concentrado en sus pensamientos como cuando caminaba por los silenciosos senderos de los bosques del Mühlviertel o cuando, por las noches, recorríamos rápidamente el Freinberg. Mientras caminábamos, sus pensamientos y ocurrencias fluían mucho más tranquilas y seguras que en cualquier otra parte.
Había cierta contradicción en él que no supe explicarme durante mucho tiempo. Cuando el sol iluminaba los estrechos callejones y un viento fresco y vivificante traía el olor del bosque a la ciudad, se sentía irremediablemente impulsado a salir de aquellos callejones estrechos y sombríos y pasear por los prados y campos. Pero, apenas estábamos allí, me aseguraba que no podía resistir por más tiempo el estar al aire libre. Afirmaba que le sería imposible volver a residir, por ejemplo, en un pueblo como Leonding. A pesar de todo su amor a la Naturaleza, se alegraba cada vez que regresábamos a la ciudad.
Cuando en el correr del tiempo conocí más a fondo a Adolfo, comprendí también esta contradicción en su carácter. Necesitaba la ciudad, la multiplicidad y riqueza de las impresiones, de las vivencias y acontecimientos; se sentía partícipe de todo, no había nada en la ciudad que no le preocupara personalmente. Necesitaba a las personas con sus intereses tan contradictorios, sus ambiciones, objetivos, planes y deseos. Sólo en esta atmósfera cargada de problemas se sentía a gusto. El pueblo, considerado desde este punto de vista, le resultaba demasiado uniforme, sin importancia, falto de interés y, por consiguiente, para sus intereses ilimitados que le llevaban a ocuparse de todo, poco exhaustivo. Además, una ciudad, con su aglomeración de casas y viviendas resultaba ya de por sí interesante. Es comprensible que por todo lo expuesto sólo se sintiera a gusto cuando podía vivir en la ciudad
Por otro lado, necesitaba una compensación contra aquella ciudad que continuamente le cargaba y atraía todos sus intereses. Encontraba esta compensación en la Naturaleza, en la cual él nada podía mejorar o cambiar puesto que las siempre eternas leyes a que obedece la Naturaleza se hallan más allá de la voluntad humana. Aquí podía volverse a encontrar a sí mismo, puesto que no se veía incitado como era el caso en la ciudad, a adoptar una actitud determinada a cada paso que daba. Mi amigo tenía un modo especial de poner la Naturaleza a su servicio. Buscaba cerca de la ciudad un lugar quieto, un lugar que apenas visitaban los demás, y en el que podía estar a solas. Siempre de nuevo le conducían sus pasos al mismo sitio. Cada arbusto, cada árbol le era conocido. No había nada en torno de él que hubiese podido alejarle de sus meditaciones. La Naturaleza le rodeaba como los muros de una silenciosa y familiar estancia. De esta forma convirtió el «afuera» en su «interior», en el cual sin interrupciones de ninguna clase podía seguir el hilo de sus pensamientos y sus planes.
Durante largo tiempo instaló su estudio natural en un banco del Turmleitenweg. Allí leía sus libros, dibujaba y hacía sus acuarelas, allí escribió sus primeras poesías. Otro lugar que eligió posteriormente le era todavía mas escondido y silencioso. Del sendero que conducía desde media altura del Kalvarienberg al Zaubertal, era necesario desviarse hacia el oeste y encaramarse por altas rocas y espesos arbustos para alcanzar dicho lugar, que era difícil nadie más pudiera encontrar. Nos sentábamos sobre la roca más alta, que avanzaba hacia el valle. En tanto que los arbustos y los árboles cerraban para nosotros el mundo tras nuestros cuerpos, veíamos libre ante nosotros el curso suave del Danubio. El tranquilo fluir del río impresionaba siempre de nuevo a Adolfo. Inagotable, irrefrenable, procedente de la eternidad, fluyendo hacia la eternidad, se dirigían las poderosas aguas hacia el Este. ¡Cuántas veces me habló mi amigo, allá arriba, de sus planes! A veces se sentía dominado por sus sentimientos, y en estos casos daba libre curso a su fantasía. Recuerdo que una vez me relató en aquel lugar una escena del viaje de Krimilda al país de los hunos, con tanta emoción, que creí ver deslizarse desde allí arriba los poderosos barcos de los reyes de Burgundia.
En contraste con estos momentos de meditación y recogimiento estaban nuestras largas excursiones. No nos costaba mucho equiparnos para las mismas. Lo único que necesitábamos era un baston fuerte. Adolfo se ponía su traje de a diario, una camisa de colores y en señal de que tenía la intención de hacer una larga caminata, en lugar de la corbata sólo un pañuelo de seda anudado al cuello. No nos llevábamos nada para comer. Cuando sentíamos hambre, encontrábamos siempre un lugar donde nos vendían un poco de pan y tomábamos un vaso de leche. ¡Qué tiempos tan felices aquellos!
Menospreciábamos los trenes y los coches e íbamos a todas partes a pie. Cuando combinábamos una de estas largas caminatas domingueras con una excursión de mis padres, lo que tenía para nosotros la ventaja de que luego mi padre nos invitaba a un opulento almuerzo en alguna posada, salíamos nosotros ya muy temprano para alcanzar a mis padres que partían más tarde en el tren. Mi padre, que estaba más contento que yo mismo después de seis días de esforzado trabajo, bañado en sudor y cubierto de polvo, al poder respirar aire puro y fresco sentía una especial predilección por el pueblecito de Walding, situado en medio de grandes y hermosos huertos y que durante la primavera resplandecía en colores rosados y blancos. Para nosotros, también Walding tenía sus grandes atractivos puesto que el río Rodel fluye por allí cerca y donde en los cálidos días de verano nos bañábamos. El río con su fondo dorado obscuro nos recuerda los tranquilos riachuelos de la patria de Adalberto Stifter. Pero el Rodel es traidor. Cuando menos se espera se forman remolinos y sólo los buenos nadadores logran zafarse de los mismos.
Recuerdo un pequeño episodio. Adolfo y yo habíamos bajado de la posada al río para bañarnos. Yo era un nadador bastante bueno y también mi amigo. Pero mi madre siempre estaba intranquila. Nos vio y se sentó sobre un bloque de granito para contemplar desde allí nuestras artes acuáticas. El bloque de granito que se adentraba hacia el agua estaba cubierto de musgo. Mi madre mientras nos contemplaba con expresión angustiada, resbaló sobre el húmedo musgo y cayó al agua. Yo estaba demasiado alejado para acudir inmediatamente en su auxilio. Pero Adolfo se tiró a su vez al agua y la sacó del río. Adolfo siempre sintió un gran cariño por mis padres. Es característico en este sentido que aún en el año 1944, con motivo de cumplir mi madre sus ochenta años, le mandara tui paquete de comestibles, sin que yo lograra jamás informarme cómo se había enterado él de este hecho.
A Adolfo le gustaba en especial el Mühlviertel. Las amplias alturas que de colina en colina hacían la vista mas espaciosa y final mente se abría el paisaje por completo. Allí abajo junto a la cinta plateada del río, se alzaba la ciudad. Desde el monte Püstling, que no es una montaña en el sentido exacto de la palabra, sino sólo el limite de la altiplanicie que se extiende hacia el Danubio, caminábamos a través del Holspoldl y el Elendsimmerl hasta Gramastetten o a través de los bosques en dirección a las ruinas de Lichtenhag. Adolfo medía los restos de las ruinas conservadas y los anotaba luego en su libro de apuntes que siempre llevaba consigo. Luego, hacia un rápido bosquejo de las ruinas, añadía el puente levadizo y el foso y recubría, según el dictado de su fantasía, los muros de helecho. En cierta ocasión me sorprendió al exclamar: ¡Este es el lugar ideal para mi soneto! » Pero, cuando le pregunté a qué se refería, se limitó a contestarme: « Primero tengo que ver lo que resultará de todo esto! » Por el camino de regreso me confesó que tenía la intención de convertir un tema, que le obsesionaba, en una obra teatral.
Fuimos también a St. Georgen an der Cusen ya que él quería examinar los posibles recuerdos que existían allí sobre la célebre batalla de la Guerra de los Labradores. Después de haber recorrido todo el Riedmark sin haber encontrado ningún punto de apoyo, se le ocurrió a Adolfo una idea por demás extraordinaria. Estaba convencido de que la gente que allí vivía tenía que tener un lejano recuerdo de aquella batalla tan importante. Al día siguiente se encaminó solo a aquella región después de haber intentado conseguir en vano que mi padre me permitiera acompañarle. Permaneció fuera durante dos días y dos noches. No recuerdo si logró averiguar algo.
Sólo porque Adolfo quería ver a su amada ciudad de Linz desde el Este, tuve que acompañarle al desagradable Pfennigberg, una montaña por la cual los habitantes de Linz mostraban muy poco interés. También a mí me gustó más la visión de la ciudad desde aquel lado que desde éste. Pero Hitler se pasó allí horas y horas tomando apuntes. La subida al Steyregg que emprendimos aquel mismo día no me compensó las fatigas de la anterior ascensión.
Por el contrario, St. Florian comenzó a convertirse también para mí en un lugar de peregrinaje del arte. Creíamos tropezamos aquí en esta región, bendecida por Anton Bruckner, con el «músico de Dios» y escuchar en la hermosa iglesia sus geniales improvisaciones en el gran órgano. Pero debimos contentarnos con detenernos ante la sencilla losa donde habían enterrado hacía diez años al gran maestro.
Para mí, tales visitas eran muy interesantes, puesto que Adolfo era en realidad un hombre muy encerrado en si mismo. Siempre había un campo de acción en su interior, en el que no permitía la entrada a nadie. Existían para él secretos insondables y en muchos aspectos mí amigo era para mí un verdadero enigma. Pero había una clave que permitía descubrir cosas y hechos que en caso contrario quedaban ocultos: su entusiasmo por todo lo bello. Cuando hablábamos de una obra de arte tan maravillosa por el claustro de St. Florian, se derrumbaban todos los obstáculos. En tales momentos Adolfo, impulsado por su entusiasmo, salía por completo de su reserva y yo me sentía doblemente feliz por aquella amistad.
En muchas ocasiones me han preguntado, creo incluso que el propio Rudolf Hess cuando durante una de sus visitas a Linz me rogó le fuera a ver, si Hitler, tal como yo le recordaba, había tenido sentido del humor. Las gentes que le rodeaban encontraban a faltar esta faceta en su carácter. A fin de cuentas era austríaco, de modo que no cabía la menor duda de que también él había heredado algo del célebre humor austríaco.
Es cierto que la impresión que se obtenía de Hitler, sobre todo después de un encuentro corto y fugaz, era la de un hombre muy serio. Esta profunda seriedad parecía ensombrecer todo lo demás. En sus años jóvenes también era así. Con una seriedad muy grande, que no se correspondía en absoluto con aquel muchacho de dieciséis o diecisiete años de edad, examinaba todas las cuestiones que le conmovían y afectaban. Y el mundo tenía miles y miles de preguntas que dirigirle. Podía amar y admirar, odiar y despreciar, pero siempre con la máxima seriedad. Pero no era capaz de echar un problema a un lado con una ligera sonrisa. Aun cuando no se interesara personalmente por el deporte, por ejemplo, era el deporte, como manifestación de una época, tan importante para él como cualquier otro problema. Jamás llegaba a una conclusión final cuando comenzaba la discusión de todos los puntos de vista en pro y en contra. Con su seriedad característica planteaba continuamente nuevos aspectos del problema, y si el presente no le ofrecía un tema, hurgaba en el pasado durante horas y horas y en toda clase de libros. Esta seriedad desacostumbrada era su característica externa más destacada. Por el contrario, se encontraban a faltar muchos aspectos que caracterizan a la juventud: una indolencia despreocupada, vivir al día, contentarse con el que venga lo que sea.. No, esto no valía para él. En este caso – extraña contradicción! – se hubiese él sentido muy poco joven. El humor quedaba con ello relegado a la esfera más intima. Sólo irradiaba de vez en cuando, como si se tratara de algo despreciable. Con frecuencia se dirigía este humor a las personas que le rodeaban, o sea a aquel campo de acción en el que no existían para él problemas ni preguntas. Por este motivo, el agudo y algo amargado humor se mezclaba con frecuencia a la burla, desde luego, siempre una burla amistosa. En cierta ocasión asistió a un concierto en el que yo tocaba la trompeta. Le divertía lo indecible imitarme y me confesó que con mis mejillas hinchadas le había parecido yo un ángel de Rubens.
No voy a terminar este capítulo sin destacar una característica del joven Hitler que, lo reconozco de antemano, puede resultar hoy día un tanto paradójica. Hitler poseía una gran capacidad de penetración en las almas de las personas. De una forma realmente conmovedora se hizo cargo de mi persona. No tenía necesidad de contarle cuál era mi situación. Comprendía y asimilaba todo lo que me conmovía a mí de un modo tan directo como si hubiese sido yo mismo. ¡Cuántas veces me ayudó en una situación apurada! Siempre sabía lo que era más conveniente para mí, lo que yo podía necesitar. Aun cuando se ocupase intensivamente de todo lo concerniente a su persona, también con la misma intensidad se ocupaba de los asuntos de aquellas personas que le interesaban. No fue en modo alguno debido a la casualidad que fuera él quien diera el curso decisivo a mi vida persuadiendo a mi padre que me permitiera estudiar música. Y esto se debía a su posición básica que le llevaba a tomar parte, de un modo que no admitía dudas, de todo aquello que hacía referencia a mi persona. En ocasiones no podía desprenderme de la impresión de que junto a su vida vivía él también la mía.
He reflejado aquí la imagen del joven Hitler, tal como la conservo en mi memoria. La pregunta, empero, que por aquel entonces so cernía inconsciente y sin ser formulada en palabra sobre aquella amistad de juventud, ha quedado sin respuesta hasta el día de hoy: ¿A qué fin destinaba Dios aquel ser humano?

 

A. Kubizek (Amigo personal de Hitler)

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ago 11 2010

Cambio de nombre del partido Nazi

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 18:14

El 1 de abril de 1920, el Partido Obrero Alemán  se convierte en el NSDAP (Partido NacionalSocialista Alemán del Trabajo).

Este cambio, que puede parecer meramente cosmético, obedece a la irrupción en el partido de elementos izquierdistas y a la fusión con elementos nacionalistas y antiguos excombatientes de los Freikorps.

Hasta esta fecha, el Partod Obrero se consideraba a sí mismo una especie de rama política de los movimientos sindicales, pero es a partir de ahora cuando entrará en liza como fuerza política, más amplia, más heterogénea, y también más violenta.

Hoy puyede resultarnos llamativo, peor fue la entrada en el partido de elementos socialistas lo que lo catapultó a la Acción Directa y otros medios de violencia callejera, tan del gustod e la época. Las forma paramilitares, en cambio, provienen de la rama nacionalista.

Esta dicotomía no se resolvería nunca por completo, aunque se zanjó temporalmente cuando en 1924 se enfrentaron Hitler (rama nacionalista) y Strasser (rama socialista) por la presidencia del partido, con ajusta victoria del primero, que hizo lo posible por olvidarse de la  división en integrar a ambas lo más armónicamente posible.

A la rama socialista pertenecían, entre otros, Strasser, Goebbels y Himmler.

De la rama nacionalista eran, entre otros, Hitler, Göring y Hess.

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ago 07 2010

Discurso de Stalin llamando a la resistencia

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 22:42

stalin Discurso de Stalin llamando a la resistencia¡Camaradas!, ¡Ciudadanos! ¡Hermanos y Hermanas! ¡Hombres de nuestro Ejército y nuestra Marina!. ¡Me dirijo a vosotros, mis amigos!

El pérfido ataque militar a nuestra tierra, iniciado el 22 de junio por la Alemania de Hitler, continua.

A pesar de la heroica resistencia del Ejército Rojo, y aunque las más selectas divisiones enemigas y las mejores unidades de la fuerza aérea han sido hechas pedazos y han encontrado su muerte en el campo de batalla, el enemigo sigue avanzando, lanzando fuerzas de refresco al ataque.

Las tropas de Hitler han logrado capturar Lituania, una considerable parte de Letonia, el Oeste de la Rusia blanca y parte del Oeste de Ucrania. La fuerza aérea fascista está ampliando el ámbito de operaciones de sus bombardeos y está bombardeando Murmanks, Orsha, Mogilev, Smolensk, Kiev, Odessa y Sebastopol. Un grave peligro se cierne sobre nuestro país.

¿Cómo puede haber sucedido que nuestro glorioso Ejército Rojo haya rendido un número de nuestros ciudadanos y distritos a los Ejércitos fascistas? ¿Es realmente cierto que las tropas de la Alemania fascista son invencibles, como es pregonado sin cesar por los jactanciosos propagandistas fascistas? ¡Por supuesto que no!

La historia muestra que no hay ejércitos invencibles, y nunca han existido (…) Lo mismo debe ser dicho hoy del ejército fascista alemán de Hitler. Este ejército aún no se ha encontrado con una seria resistencia en el continente europeo. Sólo en nuestro territorio ha encontrado una resistencia seria, y si como resultado de esta resistencia las mejores divisiones del ejército fascista alemán de Hitler han sido derrotadas por nuestro Ejército Rojo, significa que este ejército, también puede ser machacado y será machacado como lo fueron los ejércitos de Napoleón y Guillermo.

No puede haber duda de que esta efímera ventaja militar para Alemania es sólo un episodio, mientras que la tremenda ventaja política de la URSS es un serio y permanente factor, que tienen el deber de formar las bases para el logro de los éxitos militares decisivos del Ejército Rojo en la guerra contra la Alemania fascista(…)

En caso de una retirada forzosa de las unidades del Ejército Rojo, todo el material rodante debe ser evacuado; al enemigo no debe dejársele ni una sola máquina, ni un solo vagón, ni una sola libra de grano o un galón de fuel. Las granjas colectivas debe ser trasladadas con sus ganados y entregar su grano a la custodia de las autoridades estatales para su transporte a la retaguardia (…) En las áreas ocupadas por el enemigo, unidades guerrilleras, montadas y a pie, deben formarse, los grupos deben organizarse para combatir a las tropas enemigas, fomentar la guerra de guerrillas por todas partes, volar puentes, carreteras (…). En las regiones ocupadas las condiciones deben ser insoportables para el enemigo y todos sus cómplices (…)

Esta guerra con la Alemania fascista no puede ser considerada como una guerra ordinaria. No sólo es una guerra entre dos ejércitos, es también una gran guerra del pueblo soviético contra las fuerzas del fascismo alemán. El objetivo de esta guerra nacional de nuestro país contra los opresores fascistas, no es sólo la eliminación del peligro que pende sobre nuestro país, sino también ayudar a todos los pueblos europeos que sufren bajo el yugo del fascismo alemán.

En esta guerra de liberación no debemos estar solos. En esta guerra tendremos aliados leales en los pueblos de Europa y América, incluidos los alemanes que están esclavizados por los déspotas hitlerianos. Nuestra guerra por la libertad de nuestro país se mezclará con la de los pueblos de Europa y América por su independencia, por las libertades democráticas. Será un frente unido de pueblos defendiendo la libertad y contra la esclavitud y las amenazas de esclavitud del ejército fascista de Hitler (…) Camaradas, nuestras fuerzas son innumerables. La arrogancia enemiga pronto les descubrirá su coste. Juntos en el Ejército Rojo y en la Armada, miles de trabajadores, granjeros colectivos e intelectuales están alzándose para golpear al enemigo agresor(…) Con el fin de asegurar la rápida movilización de todas las fuerzas de las gentes de la URSS, y rechazar al enemigo que traicioneramente atacó nuestro país, ha sido formado un Comité Estatal de Defensa en cuyas manos ha sido delegado enteramente el poder del Estado.
El Comité Estatal de Defensa ha entrado en funciones y ha llamado al servicio militar de nuestro pueblo para reunirse en torno al partido de Lenin-Stalin y alrededor del Gobierno soviético así como abnegadamente para apoyar al Ejército Rojo y a la Armada, para demoler al enemigo y asegurar la victoria.

¡Todas nuestras fuerzas para apoyar a nuestro heróico Ejército Rojo a nuestra gloriosa Armada Roja! ¡Todas las fuerzas del pueblo para la demolición del enemigo! ¡Adelante, a por nuestra victoria!

Stalin
Moscú, 3 de julio de 1941

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may 16 2010

La revolución nazi

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 13:49

image013 La revolución naziEl nazismo era un movimiento revolucionario y su propósito consistía en destruir el orden existente. Qué reemplazaría este orden, era ya menos claro. Strasser y Peder propugnaban un Estado socialista; Roehm pretendía crear un inmenso ejército basado en las SA y bajo su mando. Hitler tenía por empeño obtener el poder y, como su voluntad prevaleció, la revolución nazi fue, simplemente, una lucha por el poder.

Hitler, no satisfecho con la Cancillería, pretendía un poder arbitrario y absoluto. Sólo en términos generales sabía, o le preocupaba, cómo podría utilizar éste y hacerse con él constituía un fin por sí solo. Durante la campaña electoral de febrero de 1933 se apercibió de qué carecía de programa, por lo que los argumentos utilizados a su favor hubieron de basarse en que el sistema existente había fracasado y debía ser reemplazado.

Tampoco tenía el Führer un plan lo bastante estructurado para obtener un poder sin control. Había llegado a Canciller, tanto por las faltas de otros como por su propia estrategia y continuaría observando una política oportunista. Estaba en la adecuada posición para poder destronar el Estado desde dentro, conclusión lógica de su «política de legalidad». Pero su fuerza residía en su inquebrantable convicción de que triunfaría y su absoluta certeza de lo que quería. Los había que esperaban llevar a cabo reformas constitucionales o una estabilidad económica, destruir la unidad sindical, preservar las escuelas católicas o establecer la dictadura del proletariado. Reconocían que el poder era necesario para alcanzar sus objetivos, pero sus deseos o su voluntad de aferrado era una tenue sombra al lado de la voluntad de un hombre que buscaba el poder para su propia satisfacción.

El nombramiento de Hitler había sido condicionado a que ganara una mayoría en el Reichstag y, sólo tres de los once puestos ministeriales, eran ostentados por nazis. Papen, por ello, había presumido reducir las ínfulas del Partido y utilizarlo. Conseguir mayoría, suponía arrastrar el Centro a la coalición nazi-nacionalista. Monseñor Kaas, líder del Centro, presentó una lista de cuestiones que servirían de base para las conversaciones, pero Hitler las calificó de demandas no negociables y persuadió a sus colegas de que, ante la imposibilidad de acuerdo, se hacían necesarias unas elecciones. Hugenberg advirtió el peligro que suponía permitir a los nazis participar en las elecciones investidos del poder del Estado, como sucedería al permanecer Hitler Canciller pro tempore al término de la legislatura. No obstante, como Hugenberg pusiera objeciones a una coalición con el Centro, sugiriendo la alternativa de un régimen autoritario, Hitler pudo sin gran inconveniente hacerle caso omiso con la excusa de que había prometido a Hindenburg intentar para su gobierno un mandato parlamentario.

Los nazis entraron en la campaña electoral seguros de su éxito. La industria entró en juego y las arcas recibieron las contribuciones de Krupp, Aceros Unidos, I. G. Farben y otros. Goering, entonces Ministro del Interior en Prusia, purgó la policía del Estado y nombró para puestos vitales a líderes SA activistas. Se reclutó una fuerza auxiliar de 50.000 hombres, en gran parte entre las SA y las SS, quienes llevaban simplemente brazales blancos en sus uniformes del Partido y ofrecieron una máscara de legalidad cuando se trató de ayudar a sus camaradas a aterrorizar a los judíos y a los oponentes políticos del nazismo. Incluso las cifras oficiales admitieron que 51 personas habían resultado muertas en la campaña. Los nazis monopolizaron las redes de emisoras controladas por el gobierno, mientras que sus líderes oradores, por su parte, acribillaban con desabridos discursos al país. La policía, con ánimo de desorganizar la oposición, hizo una redada en la Casa Karl Liebkrecht de Berlín y un comunicado oficial describió el descubrimiento de planes de una revolución comunista. No se aportaron pruebas concretas ni se necesitó ninguna después de que, en la noche del 27 de febrero, el edificio del Reichstag desapareció pasto de las llamas. Un joven comunista holandés, van der Lubbe, fue acusado del incendio, declarado culpable y ejecutado. El intento de implicar a los líderes comunistas resultó fallido y hubo que ponerlos en libertad.

Muchos supusieron que los nazis habían quemado en secreto el Reichstag para poder contar con una base suficiente para suprimir el KPD. No obstante, investigaciones recientes dan como probable que el holandés fuera culpable, como siempre confesó.

Sea cual fuera la verdad, Hitler aprovechó la oportunidad para persuadir a Hindenburg de que el 28 de febrero firmara un decreto suspendiendo las garantías de libertad individual, permitiendo al gobierno del Reich asumir en caso necesario plenos poderes en los Estados y aumentando la pena por delitos como traición, sabotaje e, irónicamente, violación grave de la paz.

En tanto, se permitió al KPD continuar en funciones, para poder escindir así la votación del ala izquierda entre este partido y los social-demócratas.image008 La revolución nazi

A pesar de los medios a su alcance, en marzo, el Partido Nazi ganó sólo el 43’9 % de los votos. Una mayoría de alemanes había votado en contra, pero en las votaciones a favor superaron las de cualquier otro partido y, como la coalición nazi-nacionalista alcanzaba una mayoría en el Reichstag, es justo afirmar que el pueblo alemán había expresado su aquiescencia a la destrucción del gobierno democrático.

Hitler era ya capaz de llevar a cabo la revolución por vía legal. La base constitucional del régimen nazi la dio una única ley, la «Ley para la supresión de la miseria del pueblo y el Reich», ordinariamente denominada Ley de Poderes. Ésta concedía al gobierno capacidad legislativa para cuatro años sin necesidad del consenso del Reichstag e, incluso, con alcance a desviaciones de la Constitución y tratados internacionales. Estas leyes serían decretadas por el Canciller y entrarían en vigor al día siguiente de su publicación. La Ley de Poderes, por suponer una enmienda a la Constitución, necesitó el acuerdo de dos tercios del Reichstag, pero esto fue fácilmente conseguido. Muchos diputados comunistas fueron arrestados basándose en la Ley del 28 de febrero; los nacionalistas quedaron confortados con una cláusula de la ley que dejaba los poderes presidenciales incólumes y los centristas fueron conformados con pródigas promesas de Hitler y una declaración escrita por Hindenburg, de que el Canciller no haría uso de sus nuevos poderes sin antes consultarlo. Muchos conservadores y oficiales de la Reichswehr quedaron deslumbrados por la espléndida ceremonia celebrada en la iglesia de la guarnición de Potsdam, el 21 de marzo de 1933, en la que Hitler habló fervientemente de su lealtad a la tradición alemana.

Dos días más tarde, se reunía el Reichstag en el Palacio de la Opera de Kroll para confirmar la Ley de Poderes. Los social-demócratas fueron los únicos que votaron en contra ante la evidente furia de Hitler; un acto éste de considerable valor, con las SA fuera del edificio cantando: «Queremos la aprobación o sangre y fuego». Los Cancilleres anteriores habían dependido de que el Presidente quisiera o no firmar decretos de emergencia, pero Hitler ahora detentaba el poder directamente, con derecho a suspender la Constitución.

Con esta nueva arma, los nazis desencadenaron la política de «coordinación» (Gleichschaltung), gracias a la cual las instituciones vitales pasarían al control del Partido.

Ya para el 9 de marzo, los nazis habían tomado el poder por la fuerza en Baviera, donde la Reichswehr permaneció neutral por orden de Berlín. Goering controlaba Prusia desde hacía algún tiempo y, con la base de la Ley del 28 de febrero, fueron nombrados comisarios de policía nazis en Badén, Sajonia y Württemberg. En abril se nombraron gobernadores del Reich, Reichsstatthaelters, en los diversos Estados con poder para nombrar y separar gobernadores y funcionarios, disolver las Dietas y publicar leyes. Hitler reemplazó a Papen en sus funciones de Reichsstatthaelter de Prusia. En enero de 1934 fueron abolidas las Dietas en todos los Estados y los poderes soberanos de los Estados fueron transferidos al Reich. Los Estados conservarían una existencia formal, pero el sistema dual, que se remontaba a 1871, había sido barrido.

Los partidos políticos rivales fueron rápidamente suprimidos. La policía estatal prusiana de Goering, la Gestapo, entró en acción, y se inauguraron campos de concentración en Dachau y en otros lugares para recibir a los indeseables políticos. Los Demócratas y el Partido del Pueblo, que habían perdido la mayor parte de sus adictos a favor del nazismo, se disolvieron por propia iniciativa. Los Social-Demócratas, Centristas y el KPD se encontraron con sus edificios, periódicos y fondos confiscados y sus líderes arrestados. Incluso las oficinas del Partido Nacionalista fueron ocupadas y Hugenberg, previendo el temporal, disolvió su partido. El 14 de julio, una nueva ley declaró al Partido Nazi el único partido legal de Alemania y tipificó sanciones por intentar organizar otro. Papen, Hugenberg y los otros que auparon a Hitler al poder habían mantenido sus intrigas en un contexto convencional. No estaban preparados, ni mucho menos, para un movimiento que, armado con una ley única, aplicaba los métodos del gangsterismo a la vida política.

mein La revolución naziMientras el Führer proseguía con su revolución política, los miembros «rasos» perseguían sus objetivos personales. La violencia fue empleada flagrantemente por las SA, que establecieron celdas de castigo («carboneras») en los sótanos y almacenes de las grandes ciudades, en las que se maltrataba a la gente o se les exigía una suma a cambio de su libertad por cualquier causa perversa, desde la gula al sadismo. Simultáneamente, surgió una desenfrenada competencia por empleos y cargos de alcalde, altos funcionarios, directores de sociedades, etc. Muchos de los que saltaron al foso de la orquesta en el último momento eran oportunistas, los Maerzgefaliene, que se afiliaron al Partido sólo a la hora del triunfo.

El ala radical renovó sus ataques al capitalismo. Otro Wagener, jefe del Departamento Económico, pretendía controlar las asociaciones de patronos; Adrián von Renteln, líder de la Liga Combatiente de los Comerciantes de la Clase Media, intentó debilitar el poder de los grandes almacenes; Walther Darré, en aquel momento Ministro de Agricultura, pidió se redujeran las deudas agrarias de las tasas de interés y Peder abogó por que se cumplimentaran los puntos socialistas del programa del Partido. Roehm y sus acólitos se vieron implicados en una disputa con el ejército, que veía su predominio amenazado por las bandas callejeras venidas al poder.

Parecía posible que esta ola revolucionaria no se aplacaría hasta que todas y cada una de las instituciones hubieran sido remodeladas. Sin embargo, ello amenazaba la revolución del poder de Hitler, el cual estaba decidido a no dejar traspasar ciertos límites. No tenía Hitler simpatía por el socialismo y no era economista, pero sabía lo bastante para no echar a pique los fundamentos económicos del Estado y el 6 de julio, sin demasiadas delicadezas, comunicaría: «… no debemos separar a un buen hombre de negocios… sobre todo si el nacional-socialista que va a reemplazarle nada sabe de negocios». Menos aún podía arriesgarse a ofender al ejército. Su habilidad profesional sería imprescindible para el rearme y, probablemente, la guerra. Más importante era todavía el hecho de que éste mantenía su promesa de lealtad al Presidente y, en aquel significativo aspecto, el poder de Hitler no era todavía absoluto. Hindenburg estaba agonizando y, cuando muriera, Hitler intentaría absorber su poder y, con él, el vasallaje del ejército. Para hacerlo, no tenía otra solución que apoyar a los generales contra las SA. El problema se haría más urgente después de abril del 1934, cuando Hitler y Blomberg fueron informados confidencialmente de que al Presidente le quedaba poco tiempo de vida. Muchos oficiales estaban por una restauración de la monarquía, Hindenburg incluido. Era indudable que llevarían ésta a cabo a no ser que Hitler diera satisfacción a sus requerimientos.

La economía fue puesta bajo una dirección de confianza y ortodoxia: el Dr. Schacht, ardiente simpatizante nazi, que era ya presidente del Reichsbank, El director de la mayor compañía de seguros alemana, el Dr. Schmitt, pasó a ser Ministro de Economía y Comercio. Krupp, von Bohlen y Thyssen, mantenían el control de las asociaciones patronales; la Liga Combatiente fue disuelta, y nunca más volvió a hablarse de los proyectos de Darré. Se suprimieron en el Partido las conversaciones sobre desarrollo económico corporativo.

Más tiempo llevaría entendérselas con las SA. Roehm describió el impulso popular en pro del cambio como la «Segunda Revolución» y él representaba a todos los elementos descontentos de que ésta se componía. Las SA eran los Alte Kämpfer, los viejos luchadores, que no habían conseguido sus esperadas recompensas. Roehm simpatizaba con los radicales, criticaba la supresión de los sindicatos de 1933 y desaprobaba la ambición tiránica de Hitler. Antes que nada, estaba decidido a que la fuerza paramilitar que había creado se convirtiera en el núcleo de un ejército expansivo que él mandaría.

Posiblemente, Hitler no decidiera cómo resolver el problema hasta el último momento. Durante varios meses intentaría reconciliar ambos bandos. Poco después de llegar a Canciller, confirmó a los generales su intención de reforzar su posición y, el 20 de julio, fue anulada la supremacía de la jurisdicción civil sobre la militar. Durante la segunda mitad de 1933, Hitler intentaría tranquilizar al ejército con varios recursos. Por otra parte, Roehm entró a formar parte del gabinete, como jefe de personal de las SA que era y, en febrero de 1934, se concederían pensiones del Estado a los miembros del Partido lesionados en la «lucha nacional». Pero, cuando Roehm predicó la fusión de todas las fuerzas armadas, con él como ministro responsable del Estado, Hitler rehusó apoyarle contra la implacable oposición de los generales.

Hitler seguramente no ignoraba qué lado debería apoyar si se hiciera inevitable elegir, a medida que las relaciones entre los líderes SA y el alto mando empeoraran. El ejército era esencial para aumentar su poder; las SA tan sólo podrían socavarlo. A primeros de 1934, los líderes militares acordaron que Hitler sucediera a Hindenburg a cambio de la promesa del monopolio de la fuerza armada. No está claro si este pacto fue concluido en febrero en el Ministerio de la Guerra o negociado en el Deutschland durante unas maniobras; es obvio, sin embargo, que el pacto se cerró.

Nunca se sabrá con certeza lo que sucedió en los consejos de las SA, de los líderes nazis y de los generales, en los meses de abril, mayo y junio de 1934. Está fuera de dudas que las pruebas documentales fueron destruidas y que, indiscutiblemente, muchos de los protagonistas lo fueron también. La versión oficial dada por Hitler el 13 de julio, contaba que Roehm había hablado con Schleicher y que ambos acordaron llevar a cabo un putsch que haría Vice-Canciller a Schleicher y obligaría a Hitler a consumar la «Segunda Revolución». Se pretendió que Gregor Strasser y el general von Bredow estaban implicados y que se hicieron gestiones cerca del embajador francés en busca de ayuda. El putsch era inminente para el 30 de junio y sólo podría ser atajado con las drásticas medidas que se tomaron en aquel día. Es muy probable que esto fuera una apología de exageraciones, medias verdades y mentiras.

Germa La revolución naziPara principios de junio, Hitler posiblemente continuaría con su política conciliadora o intentaría arrullar a Roehm en el sentido de una falsa seguridad. Mantuvo una larga conversación con Roehm, de la que se sabe poco, acordando acudir a una conferencia de líderes SA para discutir el futuro del movimiento que tendría lugar en Wiessee, cerca de Munich, el 30 de junio. Se ordenó a las SA tomarse un permiso durante todo el mes de julio y el mismo Roehm partió en permiso por enfermedad el 7 de junio. Hasta mediados de mes, Goebbels celebró entrevistas furtivas con Roehm, de las que, al parecer, informó a Hitler, mientras éste haría seguramente un último esfuerzo por atraer de nuevo a Strasser a la vida política.

Entre tanto, los enemigos declarados de Roehm eran, indiscutiblemente, más decisivos. Goering, para entonces general de la Reicbswehr para su gran deleite, hacía bando con el ejército con la esperanza de convertirse en su supremo jefe, considerando por ello a Roehm como rival, mientras Himmler, resentido por la subordinación de las SS a las SA, y ambicioso por crear un imperio policial, estaba asimismo dispuesto a ir contra Roehm. En abril, Goering nombró inesperadamente a Himmler jefe de los efectivos de la Gestapo. El general von Reichenau, un gran simpatizante nazi y fuerza de choque dentro del Ministerio de la Guerra, se reunió varias veces con Himmler y no es arriesgado imaginar que planearan un golpe de gracia a la «Segunda Revolución».

Si Hitler dudaba todavía sobre si conceder a Himmler y Goering carta blanca, posiblemente los acontecimientos del 17-21 de junio le ayudaron a decidirse. Inesperadamente, Papen dio señales de vida pronunciando un discurso el 17 de junio en la Universidad de Marburg, que era una abierta crítica de la «Segunda Revolución» y del abuso de la propaganda nazi. El discurso fue redactado por Edgar Jung y Herbert von Bose, que trabajaban en la Vice-cancillería y Erich Klausener, que representaba al cristianismo y al elemento honrado del conservadurismo alemán. Aunque Goebbels destruyó apresuradamente las copias impresas del discurso, éste circuló ampliamente y Papen fue aclamado en su siguiente aparición en público. Las relaciones de Hitler con las derechas alemanas tradicionales se encontraban en una encrucijada y, el 21 de junio, cuando visitó a Hindenburg en Neudeck, Blomberg le informó que, a menos que fuera aflojada la actual tensión, el Presidente declararía la ley marcial y entregaría el poder al ejército. El futuro del régimen nazi estaba en entredicho.j850961a La revolución nazi

Entre tanto, circularon rumores de un putsch SA, sin que hubiera pruebas. Sepp Dietrich, jefe del cuerpo de guardia SS de Hitler, preparó una lista de personas a las que las SA intentaban fusilar. Que esto es cierto, parece evidente por el hecho de que los generales Fritsch y Beck, a quienes enseñó la lista, estaban encabezándola. Circunstanciales pruebas sugieren que los líderes SA distaban de intentar un putsch para el 30 de junio, la fecha presunta. Karl Ernst, el líder berlinés, inició aquel día su luna de miel y Roehm se encontraba en Baviera de vacaciones con su «círculo de jóvenes», en espera de la llegada del Führer a Wiessee.

Había ciertamente malestar en las SA, pero estaba ocasionado, en parte, por temor a que el ejército se lanzara contra ellos. Semejante sospecha no carecía de fundamento. En la última semana de junio se cancelaron todos los permisos del ejército, Roehm fue expulsado de la liga de oficiales y apareció un artículo, firmado por Blomberg, en la Volkischer Beobachter, presentando clara la oposición del ejército.

Es casi seguro que las SS maquinaron lanzar al ejército y las SA las unas contra el otro, en tanto que hacían sus preparativos para eliminar a sus enemigos. Hitler sabía seguramente lo que se preparaba, pero es ya cuestión de opinión saber si animó a Goering y a Himmler a la acción del 30 de junio o fueron éstos quienes le persuadieron. Varios generales sabían también lo que se fraguaba pero, con su equívoco código del honor, se limitaron a facilitar armas, transporte y barracones para los escuadrones asesinos de las SS. Para el 29 de junio, el período de gestación o indecisión de Hitler, fuera lo que fuese, terminó. Voló de las tierras del Rhin a Munich, donde llegó a las cuatro de la tarde. Una columna de coches se dirigió a Wiessee. Roehm y sus lugartenientes fueron arrancados de la cama y conducidos a la prisión de Stadelheim, donde los hombres de Dietrich sirvieron de pelotones de fusilamiento.

En Berlín, Goering y Himmler habían entrado en acción el 29 de junio y, durante la semana, continuarían las ejecuciones. Karl Ernst fue atrapado cerca de Bremen y otros líderes SA fueron ejecutados en la academia militar de Lichterfelde, donde estaba acuartelada la policía personal de Goering. Schleicher fue acribillado en su propia casa y Bredow en el umbral de la suya. Strasser fue ejecutado en la prisión y Bose, Junk y Klausener fueron fusilados, en sustitución de Papen, cuya amistad con Hindenburg le salvó incluso de Goering.

Aquella semana fueron liquidados una buena parte de los primeros componentes. Gustav von Kahr de 73 años y en retiro, fue encontrado en una zanja, hecho pedazos. El padre Bernhard Stempfle fue muerto «cuando intentaba escapar». Como única posibilidad imaginable, su crimen consistiría en saber demasiado acerca de la enigmática cuestión de los amores de Hitler con su sobrina, Geli Raubal, en los años veinte. En Munich, Willi Schmid, un crítico musical, fue asesinado, confundido con un miembro de las SA. Su viuda, a resultas de esto, recibió una pensión del Estado, con el consejo de Rudolf Hess, el lugarteniente del Führer, de llorar a su marido como a un mártir de una gran causa.

El 3 de julio, una declaración en el Voelkischer Beobachter redactada por Reichenau, dio, en esencia, la misma explicación de lo sucedido, que daría Hitler diez días más tarde. De este modo, el ejército falseaba la justificación de lo que había sucedido, incluyendo el asesinato de dos de sus miembros. Se ha argüido que los generales pagaron sus graves faltas en 1934, pero el cuerpo de oficiales sobrevivió, como no lo hubiera hecho si Roehm hubiera llegado al poder. Las SS, fuera cuales fuesen las aspiraciones de Himmler, nunca consiguieron lo que Roehm había intentado y no llegaron a infiltrarse en el Alto Mando. Se permitió un establecimiento militar SS, pero éste continuaría reducido y disperso hasta 1942. Sólo después, en la derrota, se encontró el Alto Mando coartado ante una expansión de las SS Wajjen y entonces era ya demasiado tarde para que las SS se convirtieran en un rival de consideración, que sólo ocurrió en cuestiones internas de administración y disciplina, mientras que los generales del ejército, por su parte, continuaron manteniendo el control de las divisiones SS en el campo de batalla. El error del ejército había consistido en aceptar a Hitler en primer lugar y sus humillaciones posteriores no obedecieron a la purga sangrienta de 1934, sino a acontecimientos que, por entonces, eran imprevisibles.

Himmler salió más poderoso de la purga Roehm. Era un paso importante en la obtención del control de los órganos de policía en Alemania por parte de las SS. Viktor Lutze, sucesor nominal de Roehm, se acomodó gustosamente a un papel subordinado y las SS comenzaron a establecerse como un Estado dentro del Estado.

El Führer había alcanzado el poder absoluto. El 3 de julio decretó que las medidas adoptadas para suprimir el putsch pasaban a ser ley para la defensa del Estado en caso de emergencia. De ahí en adelante, cualquier delito cometido por los nazis sería, ipso facto, legal. Nueve días más tarde, los funcionarios legales del Reich fueron informados de que, a partir de aquel momento, su ley sería la voluntad del Führer.

El 2 de agosto murió Hindenburg y el ejército cumplió su palabra. Hitler pasó a ser Presidente y todos los grados juraron: «Juro por Dios este santo juramento: otorgaré mi incondicional obediencia al Führer del Reich del pueblo alemán, Adolf Hitler, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y estaré dispuesto como un bravo soldado a entregar mi vida en cualquier momento por este juramento». Hitler había ya roto su promesa permitiendo la formación de una división armada SS, obediente a Himmler.

El 19 de agosto, el pueblo alemán fue invitado a aprobar mediante plebiscito la subida al poder de Hitler como Führer y Canciller del Reich. De los 45 millones y medio de votantes, el 95’7 % fueron a las urnas. 38 millones, o sea, el 89*9 % de los votos recogidos, dijeron «sí». Cuatro millones y medio dijeron «no» y 870.000 papeletas fueron invalidadas. Aunque no hay que olvidar estos cuatro millones y medio, la mayoría fue impresionante. La revolución nazi había recibido la confirmación popular.

 

Michael Thornton

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may 11 2010

LLAMAMIENTO DEL GOBIERNO DEL REICH AL PUEBLO ALEMAN (1 de febrero de 1933)

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 15:42

 

Un manifiesto del gobierno recién elegido.

(1 de febrero de 1933)

 

90 LLAMAMIENTO DEL GOBIERNO DEL REICH AL PUEBLO ALEMAN (1 de febrero de 1933)Más de 14 años han transcurrido desde el infortunado día en que el pueblo alemán, deslumbrado por promesas que le llegaban del interior y del exterior, lo perdió todo al dejar caer en el olvido los más excelsos bienes de nuestro pasado: la unidad, el honor y la libertad. Desde aquel día en que la traición se impuso, el Todopoderoso ha mantenido apartada de nuestro pueblo su bendición. La discordia y el odio hicieron su entrada. Millones y millones de alemanes pertenecientes a todas las clases sociales, hombres y mujeres, lo mejor de nuestro pueblo, ven con desolación profunda cómo la unidad de la nación se debilita y se disuelve en el tumulto de las opiniones políticas egoístas, de los intereses económicos y de los conflictos doctrinarios.

Como tantas otras veces en el curso de nuestra historia, Alemania ofrece desde el día de la Revolución un cuadro de discordia desolador. La igualdad y la fraternidad prometidas no llegaron nunca, pero en cambio perdimos la libertad. A la pérdida de unidad espiritual, de la voluntad colectiva de nuestro pueblo, siguió la pérdida de su posición política en el mundo.

Calurosamente convencidos de que el pueblo alemán acudió en 1914 a la gran contienda sin la menor noción de haberla provocado, antes bien movido por la única preocupación de defender la nación atacada, la libertad y la existencia de sus habitantes, vemos en el terrible destino que nos persigue desde noviembre de 1918 la consecuencia exclusiva de nuestra decadencia interna. Pero el resto del mundo se encuentra asimismo conmovido desde entonces por crisis no menos graves. El equilibrio histórico de fuerzas, que en el pasado contribuyó no poco a revelar la necesidad de una interna solidaridad entre las naciones, con toda las felices consecuencias económicas que de ella resultan, ha sido roto.

La idea ilusoria de vencedores y vencidos destruye la confianza de nación a nación y, con ello, la economía del mundo. Nuestro pueblo se halla sumido en la más espantosa miseria. A los millones de sin trabajo y hambrientos del proletariado industrial, sigue la ruina de toda la clase media y de los pequeños industriales y comerciantes. Si esta decadencia llega a apoderarse también por completo de la clase campesina, la magnitud de la catástrofe será incalculable. No se tratará entonces únicamente de la ruina de un Estado, sino de la pérdida de un conjunto de los más altos bienes de la cultura y la civilización, acumulados en el curso de dos milenios.

Amenazadores surgen en torno a nosotros los signos que anuncian la consumación de esta decadencia. En un esfuerzo supremo de voluntad y de violencia trata el comunismo, con sus métodos inadecuados, de envenenar y disolver definitivamente el espíritu del pueblo, desarraigado y perturbado ya en lo más íntimo de su ser, para llevarlo de este modo a tiempos que, comparados con las promesas de los actuales predicadores comunistas, habrían de resultar mucho peores todavía que no lo fue la época que acabamos de atravesar en relación con las promesas de los mismos apóstoles en 1918.

Empezando por la familia y hasta llegar a los eternos fundamentos de nuestra moral y de nuestra fe, pasando por los conceptos de honor y fidelidad, pueblo y patria, cultura y riqueza, nada hay que sea  respetado por esta idea exclusivamente  negativa y destructora. 14 años de marxismo han llevado a Alemania a la ruina. Un año de bolchevismo significaría su destrucción. Los centros de cultura más ricos y más ilustres del mundo quedarían convertidos en un caos. Los males mismos de los últimos 15 años no podrían ser comparados con la desolación de una Europa en cuyo corazón hubiese sido levantada la barbarie roja de la destrucción. Los millares de heridos, los incontables muertos que esta guerra interior han costado hasta hoy a Alemania, pueden ser considerados como el relámpago que presagia la tormenta cercana.

En estas horas de preocupación dominante por la existencia y el porvenir de la nación alemana, nosotros, los hombres de los partidos y las ligas nacionales, hemos recibido el llamamiento del anciano jefe de nuestros ejércitos en la guerra mundial, para que, una vez más, en el hogar de la patria ahora, como antes en el frente, nos aprestáramos a luchar bajo sus órdenes por la salvación del Reich. Al sellar para este fin con nuestras manos una alianza común, respondiendo a la  generosa iniciativa del Presidente del Reich, hacemos como jefes de la Nación, ante Dios, ante nuestras conciencias y ante nuestro pueblo, la promesa de cumplir con decisión y perseverancia la misión que en el Gobierno Nacional nos ha sido confiada.

La herencia que recogemos es terrible. La tarea que hemos de acometer en busca de una solución es la más difícil que, de memoria humana, ha sido impuesta a hombres de estado alemanes. La confianza que a todos nos inspira es, no obstante, ilimitada: porque tenemos fe en nuestro pueblo y en los valores imperecederos que atesora. Campesinos, obreros y burgueses, han de aportar conjuntamente las piedras necesarias para la edificación del nuevo Reich.

El Gobierno Nacional considerará, por tanto, como su primera y principal misión, el restablecimiento de la unidad en el espíritu y en la voluntad de nuestro pueblo. Vigilará y defenderá los cimientos en que se funda la fuerza de nuestra nación. El cristianismo, como base de nuestra moral, y la familia, como célula germinal del pueblo y del estado, gozarán de su protección más decidida. Por encima de todas las clases y estamentos se propone devolver a nuestro pueblo la conciencia de su unidad nacional y política y de los deberes que de ella se derivan. Quiere hacer del respeto a nuestro gran pasado y del orgullo por nuestras viejas tradiciones la base para la educación  de la juventud alemana. Con ello declara una guerra sin cuartel al nihilismo espiritual, cultural y político. Alemania no debe ni quiere hundirse en el comunismo anarquista.

En lugar de los instintos turbulentos se propone el Gobierno elevar de nuevo la disciplina nacional a la categoría de elemento rector de nuestra vida. Al hacerlo así prestará el Gobierno su máxima atención a todas aquellas instituciones que son los verdaderos baluartes de la fuerza y de la energía nacionales.

El Gobierno Nacional resolverá el gran problema de la reorganización económica de nuestro pueblo por medio de dos grandes planes cuadrienales:

Protección eficaz a la clase campesina como medio para mantener la base de la subsistencia material y, con ello, de la vida misma de la nación.

Protección eficaz a los obreros alemanes por medio de una campaña enérgica y general contra el paro forzoso.

En 14 años los partidos de la revolución de noviembre han arruinado a la clase campesina alemana.

En 14 años han creado un ejército de millones de obreros en paro forzoso.

El Gobierno Nacional llevará a cabo con férrea decisión e infatigable constancia el plan siguiente:

Dentro de cuatro años el campesino alemán debe haber sido arrancado de la miseria.

Dentro de cuatro años el paro forzoso debe haber sido definitivamente vencido.

Con ello han de producirse, al propio tiempo, las condiciones previas para el florecimiento de las demás actividades económicas.

A la par que esta tarea gigantesca de saneamiento de nuestra economía, el Gobierno Nacional acometerá el saneamiento del Reich, de los estados autónomos y de los municipios, en su administración y su sistema tributario.

Únicamente así llegará a ser una realidad de carne y hueso el mantenimiento del Reich sobre la base del principio federativo.

La colonización interior y el servicio obligatorio de prestaciones de trabajo al Estado figuran entre  los pilares básicos de este programa.

Pero la preocupación por el pan cotidiano irá también acompañada del cumplimiento de los deberes sociales en los casos de enfermedad y de vejez.

En la economía de la administración, el fomento del trabajo, la protección a nuestra clase campesina, así como en el aprovechamiento de las iniciativas individuales reside al propio tiempo la mejor garantía para evitar cualquier experimento que pueda poner en peligro nuestra moneda.

En política exterior, entenderá el Gobierno Nacional que su principal misión consiste en la defensa de los derechos vitales de nuestro pueblo, unida a la reconquista de su libertad. Dispuesto a acabar con la situación caótica que Alemania atraviesa, contribuirá con ello a incorporar en la comunidad de las naciones, un Estado de igual valor que los demás, pero al mismo tiempo también con iguales derechos. El Gobierno se siente a este respecto animado por la grandeza del deber que le incumbe de contribuir en nombre de este pueblo libre e igual a los demás, al mantenimiento y consolidación de una paz que el mundo necesita hoy más que nunca.

Con decisión y fieles a nuestro juramento queremos acudir directamente al pueblo alemán, vista la incapacidad del actual Reichstag para hacerlo, al objeto de que nos preste su apoyo en la tarea que nos proponemos realizar.

Al llamarnos, el Presidente del Reich, Mariscal von Hindemburg, nos ha dado la orden de ofrecer a la nación, con nuestra unanimidad, la posibilidad de rehacerse.

Apelamos, por consiguiente, al pueblo alemán para que venga a refrendar, con su propia firma, este acto de consolidación.

El Gobierno del levantamiento nacional quiere trabajar y trabajará.

Los 14 años de ruina nacional no son obra suya. Quiere, al contrario, volver a llevar la nación alemana por caminos ascensionales.

Está decidido a reparar en 4 años los daños que durante 14 han sido causados.

Pero lo que el Gobierno no puede hacer es someter esta labor de regeneración a la aprobación de aquellos que provocaron la catástrofe.

Los partidos marxistas y sus colaboradores han dispuesto de 14 años para poner a prueba sus capacidades.

El resultado es un campo de ruinas.

Pedimos ahora al pueblo alemán que nos conceda un plazo de cuatro años antes de juzgar y de juzgarnos.

Fieles a la orden del Mariscal estamos dispuestos a comenzar la labor.

Quiera Dios conceder su gracia a nuestra obra, orientar rectamente nuestra voluntad, bendecir nuestras intenciones y colmarnos con la confianza de nuestro pueblo. ¡No combatimos en nuestro interés propio, sino por Alemania!

El Gobierno del Reich.

Adolf Hitler, von Papen, Freiherr von Neurath, Dr. Frick, Graf Schwerin von Krosigk, Dr. Hugenberg, Seldte, Dr. Günther, von Blomberg, Eltz von Rübenach, Hermann Göring.

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