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DEPENSION
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Otto Kretschmer Enviado el Nadie ilustró con mas intensidad la vitalidad, la intrepidez y la persistencia de los hombres de Dönitz que el comandante Otto Kretschmer. El orgulloso hijo de un maestro de escuela de Silesia, nació el 1 de mayo de 1912 en Heidau, Alemania, y murió quizás emulando al mayor as de todos los tiempos Lothar von Arnauld de la Periére, en un accidente de aviación el día 5 de agosto de 1998 en Baviera.
Comandante del U-35, U-23, U-99, con estos dos últimos sería con los que cosecharía el mayor número de tonelaje hundido, lo que le convertiría en el mayor as de la Segunda guerra Mundial. Realizó 16 patrullas (228 días) en las que hundió un total de 47 naves (274.385 t.) y dañó 6 (47.119 t.).
A finales de junio de 1940 partió con el nuevo U-99 (VII-B.). La soleada tarde del 5 de julio se encontró en el camino del Magog, un barco a vapor canadiense de 2.053 t., y lanzó un solo torpedo para quebrarlo por el centro. Dos días después un segundo barco solitario apareció en el horizonte. Era el Visen sueco, de 1.514 t., y Kretschmer lo hundió también con un torpedo en el centro, su lema era “un torpedo...una nave”, eso y su táctica de atacar de noche en superficie contra los convoyes le haría un comandante temible entre el enemigo.
Esa misma noche avistó un convoy, el primero que encontraba, que salía de Inglaterra y rápidamente maniobró para situarlo en su camino. Pasando a menos de 100 metros de un destructor, intentó disparar al corazón del convoy, con torpedos de derecha a izquierda. Solo uno dio en un blanco. Se sumergió para escabullirse de los escoltas pero al rato captó ruidos de hélices en el hidrófono. << Creo que esta vez mi tripulación va a recibir su bautismo de cargas de profundidad >>, escribiría mas adelante en una entrada en tiempo presente en su diario oficial de guerra.
Las cargas de profundidad comenzaron a caer casi de inmediato, y las explosiones sacudieron peligrosamente el casco del U-99 aun cuando lo sumergió a 110 m. Pasadas dos horas el sistema de suministro de oxígeno de la nave falló, y la tripulación hubo de recurrir a las mascaras de emergencia. Kretschmer les ordenó que se quedaran quietos y que evitaran los esfuerzos innecesarios. Tras seis horas algunos jadeaban, y el bombardeo de cargas de profundidad continuaba. Después de 12 horas el aire estaba viciado y era visiblemente amarillo, y muchos hombres temieron morir pronto, bien por falta de oxigeno, bien por las explosiones de las cargas de profundidad o aplastados por la presión del agua si las baterías que mantenían la nave en lento movimiento y por ello impedían que descendieran por debajo de la profundidad permitida, se detenían.
Por último tras 14 horas de constante bombardeo, los atacantes en la superficie pararon, pero Kretschmer no se arriesgó. Esperó cinco horas mas antes de salir a superficie. Después de casi 20 horas sumergidos, el capitán abrió la escotilla y su tripulación salió tambaleante para derrumbarse sobre la cubierta aspirando aire fresco. La reacción de Kretschmer no fue de alivio porque hubiera acabado esa experiencia, sino de satisfacción de que hubiera tenido lugar. << Nos sentimos como colegiales en navidad >>, escribió en su diario. << Ya hemos recibido todos los regalos que el enemigo puede darnos. Tenemos una confianza renovada en la nave. >>
De inmediato reanudó la ofensiva. Antes de dirigirse a puerto, hundió tres barcos mas, y caprichosamente le ordenó a un cuarto, un pequeño carguero estonio, que se entregara a las autoridades germanas en Burdeos como su presa de guerra (aunque este nunca lo consiguió pues fue bombardeado de camino al golfo de Vizcaya. En el siguiente viaje, dos semanas mas tarde, hundió siete barcos (un record para una sola misión), con un total de 65.137 toneladas, acabando con tres de ellos con disparos de un único torpedo desde el mismo centro de un convoy, al que llegó por la noche sin que los escoltas del perímetro notaran su arribo. La presencia del submarino sumió al convoy en tal confusión que dos barcos zigzagueando en un esfuerzo por escapar del U-99, colisionaron y se hundieron, pero no se añadieron a la cuenta de Kretschmer.
El 7 de septiembre de 1940 una manada de lobos grises con Prien y Kretschmer en la vanguardia, avistó un convoy de 53 barcos y en una noche hundió cinco, el 18 de octubre una manada de 5 submarinos avistó un convoy de 34 navíos, y el diario de Kretschmer registró la violencia y la tensión de la caza que comenzó justo antes de la medianoche:
<<23:30. Ahora atacamos el flanco derecho de la penúltima línea. Disparo a la proa de un carguero grande. El barco zigzagueó, con el resultado de que el torpedo pasó delante de el e impactó en su vecino aún más grande. El navío, de unas 7.000t, recibió el golpe debajo del palo del trinquete y se hundió rápidamente por la proa. >>
<<23:58. Disparo a la proa de un carguero grande de unas 6.000 t. Distancia 750 m. Le doy debajo del palo del trinquete. La explosión del torpedo fue inmediatamente seguida por una alta lengua de fuego y una explosión que abrió el barco hasta el puente y dejó una nube de humo de unos 200 m. de alto. Al parecer la proa del barco quedó destruida. Aún arde con intensidad, con llamas verdes.>>
<<00:15. Los destructores no saben que hacer, y disparan todo el tiempo bengalas de estrella para confortarse entre si. No es que incremente mucho la brillante luz de la luna. Ahora los ataco desde la proa del convoy.>>
<<01:38. Disparo a la proa de un carguero grande y a rebosar, de unas 6.000 t. Distancia 945 m. Impacto debajo del palo del trinquete. Se hundió en el acto. >>
<<01:55. Disparo a la proa del siguiente barco, un navío grande de unas 7.000 t. Distancia 975 m. Impacto debajo del palo del trinquete, se hundió en 40 s.>>
A las 2 de la madrugada la manada había hundido 17 barcos con un total de 80.000 t... la mitad del convoy.
El 16 de marzo de 1941 el U-99 alcanzó un convoy, Kretschmer recurrió a su propia y especial táctica, navegando en superficie hacia el centro del convoy, torpedeo seis barcos. Cuando se le acabaron los torpedos, con prudencia puso rumbo a casa en la oscuridad. Pero en ese momento avistaron un destructor, y en vez de realizar una huida por la superficie en pos de la seguridad, el oficial de guardia ordenó que el U-99 se sumergiera. Kretschmer se puso furioso, pues al sumergirse el submarino había confirmado en el acto su presencia en el asdic del destructor.
Por una incalculable desgracia para Kretschmer, el destructor era el Walker. En toda la inmensidad del salvaje Atlántico, el U-99 se había colocado casi en la posición exacta en que apenas media hora antes hundieran el U-100 (Schepke). El Walker montaba guardia mientras que el Vanoc recogía a la tripulación superviviente del U-100 cinco en total. El comandante MacIntyre a bordo del Walker se quedó sorprendido al oír un eco positivo de asdic casi justo debajo de la popa del Vanoc. Mientras este retrocedía despacio, el Walker se lanzó directamente al ataque, arrojando seis cargas de profundidad, que fue lo único que pudo preparar a tiempo. Cuando viró para dar otra pasada, recibió una señal dramática del Vanoc: “SUBMARINO EMERGIENDO A MI POPA”. Iluminado por el duro resplandor del haz de luz del proyector del Vanoc, el U-99 estaba inmóvil en el agua. De su puente salió un mensaje de linterna en ingles: “ME HUNDO”.
Las cargas de profundidad habían dejado fuera de acción los motores del U-99 y dañado tanto las hélices que la nave, incapaz de mantener la velocidad, se había hundido a 220 m.; a esa profundidad el casco había empezado a agrietarse, y Kretschmer se vio obligado a introducir aire en los depósitos de lastre y salir a la superficie con el morro por delante al igual que un corcho. Allí se bamboleó, escorandose mientras los hombres del Walker le disparaban frenéticamente con los cañones. Con calma, Kretschmer encendió un cigarrillo mientras organizaba la destrucción de los códigos y papeles secretos, la salvación de sus hombres y el hundimiento de su nave.
Fue el último de la dotación del U-99 en ser rescatado por el Walker de las gélidas aguas. Kretschmer apenas encajaba en la imagen que tenían sus captores británicos de un comandante de submarino: en vez de a un nazi fanático, encontraron a un oficial de voz sosegada, educado, apolítico y profesional que hablaba un buen ingles y que con presteza felicitó a Macintyre por su éxito. Cuando lo llevaron al camarote de popa de éste, el as de los submarinos se sentó en un sofá y cayó en un sueño de absoluta extenuación.
Otto fue llevado a un campo de prisioneros en Canadá, donde se pasó recluido 4 años, a finales de 1942 organizó un plan de fuga con otros comandantes que fue abortado a mediados de 1943. En 1947 retornó a Alemania, en 1955 ingresaría en la Bundesmarine para continuar su carrera militar en la O.T.A.N, pasó a la reserva en 1970 con plaza de almirante de flotilla. En el verano de 1998 murió en el hospital de Baviera por las heridas recibidas en un accidente aereo.
artículo procedente de http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=351
U-99 Atlántico Norte
A las 08:06 horas del 8 de julio de 1940, el Kapitänleutenant Otto Kretschmer en aquella su primera patrulla merodeando por el Atlántico Norte, escribió en su diario: «Ruidos de motor acercándose por estribor. Ordené ajustar la profundidad a 30 metros. Creo que mi tripulación va a recibir esta vez su bautismo con cargas de profundidad. Los escoltas se aproximan a la posición de ataque». Minutos después, el submarino se vio sacudido con violencia por la explosión de las primeras cargas de profundidad. Fue el comienzo de una terrible prueba que duraría 20 horas. Completamente merced de sus atacantes, Kretschmer y su tripulación, pálidos y sin afeitar, débilmente iluminados por la luz eléctrica, sólo podían sentarse y esperar sudorosos y apretujados dentro de la estrecha nave. El radioperador jefe Jupp Kassel escuchaba con atención en el equipo de hidrófonos del submarino a las excitadas tripulaciones de los barcos de arriba. Cada vez que se daba su grito de «atacantes arriba, señor», sus hombres se abrazaban esperando lo peor. Y cada una de las veces, las cargas caían lejos del objetivo, Tras lanzarse durante dos horas las cargas de profundidad, empezó a fallar la reserva de oxígeno del submarino. La tripulación se puso sus mascarillas —sujetas a purificadores de aire— y se quedó sentada en las literas para conservar el aire restante. Gradualmente se agotaban las baterías, que sólo podían recargarse en superficie. A medida que perdía corriente el submarino se hundía a más profundidad, incapaz de avanzar con la suficiente cantidad de movimiento para mantener el nivel. Si se hundiera el barco por debajo de una profundidad crítica, la presión del océano partiría las chapas del casco, condenando a la tripulación a una muerte segura.
Como sabía que salir a la superficie a la vista de los escoltas británicos equivalía a rendirse, Kertschmer se atenía a su juego de espera descorazonadora, hasta el límite de resistencia de su tripulación. Hasta las 03:30 horas del 9 de julio, no se sintió seguro por fin en la superficie. La tripulación trepó por la torreta para salir del maloliente interior del submarino y respirar bocanadas de fresca brisa marina. Kretschmer escribió: «nos sentíamos como un pollo el día antes de Navidad». Esta experiencia de ser objeto pasivo de un ataque, el cazador cazado, no sería fácil de olvidar para el capitán. Dos días después, el U-99 recibió la orden de poner fin a su primera patrulla que, aparte del incidente antes relatado, había sido un gran éxito: un total de siete barcos mercantes hundidos en una semana. Sin embargo, el U-99 no iba a volver a su base original en Kiel, en la costa Báltica. El almirante Karl Dónitz, cerebro alemán de la guerra submarina, había elegido un nuevo cuartel general para atacar los convoyes en el Atlántico: Lorient, en la Francia ocupada por los alemanes. Dónitz estaba convencido de que operando desde Lorient, sus submarinos U podrían hundir suficientes barcos como para poner de rodillas a los británicos. Su flota andaba escasa de submarinos, pero contaba con las extraordinarias cualidades de combate de sus oficiales y sus hombres para superar las deficiencias materiales. Los más sobresalientes de entre los ases de submarino: el bravucón Joachim Schepke, comandante del U-lOO; Günter Prien, un nazi convencido, ya famoso por el hundimiento del Royal Oack en Scapa Flow a principios de la guerra, y Kretschmer el más brillante e innovador capitán de submarinos. El 24 de julio, el U-99 salió de Lorient en su segundo viaje atlántico. Curiosamente la tripulación llevaba uniformes ingleses, capturados durante la invasión de Francia por los alemanes en 1940. No había disponibles uniformes alemanes convenientes para reemplazar sus uniformes, irrecuperables tras la primera patrulla.
A las 11:00 horas del 31 de julio, Kassel detectó el sonido de motores de un convoy por los hidrófonos. Comenzó entonces un mortal juego al escondite entre el cazador solitario y el grupo de mercantes con sus escoltas vigilantes. A las 14:00 horas el U-99 se encontró en medio de la ruta del convoy, viéndose obligado a sumergirse a unos 100 metros de profundidad mientras sobre ellos pasaban los mercantes. Cuando Kretschmer hizo volver al submarino a la profundidad de periscopio, no pudo evitar escoger un lento carguero, el Jersey City, y el U-99 se vio a su vez sometido a un ataque con cargas de profundidad de una hora y media. Tras sobrevivir a este asalto, el U-99 volvió a la superficie a toda velocidad para capturar a su presa, y de nuevo se vio obligado a sumergirse apresurándose para evitar el bombardeo de un hidroavión Sunderland. Hacia las 21,00 horas cuando al fin pudo salir a superficie Kretschmer, se había perdido todo contacto con el convoy. Pero la tripulación del U-99 tenía una capacidad magistral para rastrear a los mercantes en el Atlántico. Durante toda la noche hizo avanzar Kretschmer el submarino, en superficie y a toda velocidad, en la dirección estimada del convoy. Justo al amanecer, se sumergió momentáneamente para permitirle a Kassel que examinara con los hidrófonos las señales enemigas; y luego, de nuevo en superficie, continuó su persecución. Pronto sus vigías, con fama de ser los mejores de la flota de submarinos U, atisbaron los penachos de humo. Les llevó el resto del día maniobrar para ponerse por delante del convoy. Cuando cayó la noche, la nave estaba en perfecta posición de ataque, pero Kretschmer esperó aún. A medianoche, se retiró la escolta para proteger otro convoy, quizás más vulnerable. Había llegado para Kretschmer el momento ideal de experimentar nuevas tácticas de ataque. Para asombro de su tripulación ordenó navegar directamente al centro del convoy y en superficie. El U-99 avanzó casi rozando las proas de 20 mercantes en la oscuridad, con altas probabilidades de colisionar. Kretschmer estaba decidido a acercarse a los blancos para obtener el máximo de impactos.
Cuando el primer torpedo hundió la popa de un buque tanque, los otros mercantes maniobraron furiosamente para evitar el ataque. Fue en vano, en 30 minutos, se hundieron en llamas otros dos tanques, otros dos habían colisionado en la confusión general. El avance de un destructor británico a toda velocidad forzó la retirada del U-99 pero Kretschemer consideró un éxito su experimento. Cuando el U-99 volvió a Lorient el 8 de agosto, los hombres fueron recibidos como héroes. Habían hundido, en una sola misión, más tonelaje de barcos que ningún otro submarino. Todavía con uniformes británicos, formaron ante el nuevo comandante en jefe de la Marina alemana, almirante Raeder, que felicitó a la tripulación y condecoró a Kretschmer con la Cruz de Caballero. La senda victoriosa del U-99 continuó en Septiembre y la tripulación salió a su cuarta patrulla plenamente confiada el 14 de octubre. Hacia el 18, nueve submarinos atacaban con sigilo el convoy SC7, intercambiando señales y manteniéndose en estrecho contacto, aunque perdiéndolo a veces. Entre los submarinos estaba el U-lOO con Schepke al mando. El convoy estaba bien defendido, con una escolta notable de destructores, así que a la “manada de lobos” le llevó su tiempo. Finalmente, al atardecer del 19 de octubre, comenzó el asalto. Fue una de las clásicas incursiones de superficie de Kretschmer. Mientras otros submarinos lanzaban sus torpedos desde fuera del convoy, el U-99 se deslizó hacia la escolta británica. Se veía con claridad contra la luna la silueta de dos destructores británicos, uno a la cabeza del convoy y otro a estribor. Kretschmer se dirigió con rapidez hacia el espacio que los separaba, rezando para que ningún vigía avistase su baja cubierta, En cuestión de minutos, el U-99 se metió en el grueso del convoy. Kretschmer dirigió las operaciones desde la torre de mando, mientras veían barcos saliendo de la oscuridad, a su alrededor. Primero, el teniente Bargsten introdujo los datos de objetivo en el dispositivo automático de puntería. Entonces, mientras el U-99 se lanzaba al ataque a toda velocidad, comenzaron a hundirse los barcos. El carguero Sedgepool, alcanzado en proa por un torpedo, se hundió en vertical como una gigantesca ballena. Otro barco, partido en dos, se hundió casi inmediatamente.
Un tercer barco explotó de forma espectacular, convirtiéndose en una bola de fuego y humo. Muchas veces parecía fallar el mecanismo automático, fallando blancos muy próximos. Entonces Kretschmer ordenaba un disparo con apunte manual y casi adivinando el objetivo. Sin embargo, la tasa de aciertos era de casi el 100%. En un momento dado, Kretschmer ordenó a gritos al timonel un giro brusco y, a la vez, el disparo de uno de los torpedos de popa. A unos 200 metros por detrás del submarino, explotó en el centro de un carguero que comenzó a hundirse. Los barcos escolta británicos concentraron su atención en los submarinos que atacaban desde el exterior, La tripulación del U-99 podía ver las bengalas luminosas y escuchar las explosiones de las cargas de profundidad a medida que los destructores salían a defender el convoy. Nada hacía esperar a la Royal Navy un atacante desde el interior de su pantalla protectora. Kretschmer sabía que, sin embargo, el enemigo acabaría dándose cuenta de los que pasaba y hacia la 01:30 horas del 20 de octubre redujo la velocidad, dejando que el convoy pasara por encima de él y desapareciera: una forma sencilla y elegante de abandonar la acción. Un pequeño carguero rezagado fue víctima del último torpedo del U-99 y el submarino fijó rumbo al puerto. De los 17 barcos británicos hundidos esa noche, el U-99 podía adjudicarse al menos nueve. Por aquel entonces Kretschmer ya era famoso. En noviembre, después de otra patrulla en que el U-99 hundió dos cruceros mercantes armados, voló a Berlín para recibir la condecoración del propio Hitler. De vuelta en Lorient, Prien, Schepke y Kretschmer celebraron su victoria en un restaurante haciendo frívolas apuestas sobre quién llegaría primero a hundir 260.000 toneladas de barcos. Pero al caer el invierno en el Atlántico Norte, se ensombreció su optimismo. Patrullando de nuevo el 27 de noviembre, el U-99 tuvo que luchar con un tiempo infernal. Durante muchos días, los oficiales y vigías en la torre de mando tenían que encadenarse al barco para evitar que los arrastrasen las olas. Casi era más importante sobrevivir al océano que buscar al enemigo. Sin embargo, a pesar de las condiciones climatológicas el U-99 consiguió hundir casi 35.000 toneladas de barcos durante esta patrulla, no sin bordear la catástrofe.
El 8 de diciembre se vio sorprendido por los barcos escoltas ingleses, obligándole a sumergirse apresuradamente. El mal tiempo había inutilizado el periscopio principal de Kretschmer, así que, bajo el agua estaba ciego. Al no oír nada por los hidrófonos, corrió el riesgo y salió a la superficie, para encontrarse con dos barcos británicos esperándole a menos de 1,5 km con los motores parados. El U-99 se sumergió de nuevo, pero ya le habían detectado y le atacaron con cargas de profundidad, saliendo vivo gracias a su buena suerte. Dónitz era muy consciente de las increíbles tensiones impuestas a las tripulaciones y comandantes de submarino en sus constantes patrullas atlánticas. Cuando regresó a Lorient el U-99, el almirante intentó persuadir a Kretschmer para que aceptase un nombramiento en la costa. Kretschmer rehusó aceptando sin embargo para él y sus hombres descanso de sus fatigas bélicas. Fue un descanso bien recibido y cuando la tripulación se volvió a reunir a finales de enero de 1941, eran visibles los positivos efectos de las vacaciones. Schepke y Prien estaban allí para recibir a Kretschmer y para pagarle: había ganado la apuesta de las 250.000 tm. Como había muchos puros y brandy, al volver de nuevo a la acción era muy alta la moral de la tripulación del U-99 y de su comandante. El 22 de febrero salió de Lorient el U-99 saludado por los sones de una banda militar, que tocaba la «Marcha Kretschmer>, compuesta especialmente para el caso. Iba a ser su último viaje. Desde el momento de la partida, períodos de niebla y galernas dificultaron la tarea de los marinos del U-99. Además, las fuerzas antisubmarinas británicas crecían cada vez más, y estaban alerta. El 7 de marzo, el U-99 sobrevivió de nuevo por muy poco a un ataque con cargas de profundidad; el U-47 de Prien no tuvo tan buena suerte, lo hundieron los escoltas del mismo convoy. Al pasar los días sin contacto por radio con Prien, Kretschmer comprendió el trágico destino de su compañero. Hacia el 15 de marzo, el U-99 se acercaba al final de un patrullaje relativamente infructuoso, cuando recibió un mensaje informándole de un convoy avistado al sur de Islandia. A la mañana siguiente estaban Kretschmer y Schepke en la flotilla de submarinos que merodeaba en torno al convoy, estorbados por los ataques de los Sunderland y los destructores de la escolta.
Debido a un mal trabajo de un vigía, cosa inusual, el U-99 perdió el contacto con el convoy por la tarde, pero poco después de anochecer, volvió sobre la pista de su presa y atacó inmediatamente. Kretschmer torpedeó un barco tanque, que inmediatamente explotó y ardió en una llamarada. Temeroso de que pudieran descubrirle a la luz de las llamas, Kretschmer se sumergió momentáneamente en la oscuridad tras el convoy, pero comenzó en ese momento un devastador recorrido en su avance a través de la formación, hundiendo otros dos buques tanque y dos cargueros. Al U-99 sólo le quedaba un torpedo. Kretschmer eligió un buque en la cola del convoy y lo partió en dos, con un impacto de torpedo en el centro. Al U-99 sólo le quedaba darse media vuelta, abandonando el barco naufragando y en llamas, y volverse a Lorient. Sin saberlo, al alejarse del convoy se estaba acercando al U-lOO de Shepke, que estaba en dificultades. Schepke subió a la superficie para inspeccionar los daños del ataque con cargas de profundidad que le había hecho el HMS Walker. A pesar de la luna llena, no esperaba que le descubriese. Pero por una vez, el primitivo radar de los escoltas británicos, por lo normal inútil a la hora de detectar un submarino, descubrió un blanco. Guiado por su operador de radar, el destructor HMS Vanoc se lanzó sobre el U-lOO a toda velocidad. El submarino no tenía tiempo para evitar el ataque, y recibió el golpe de la proa del destructor directamente sobre la torre de mando. El impacto alcanzó a Schepke, arrancándote las piernas. El U-lOO se hundió, mientras el HMS Walker se acercaba para unirse al HMS Vanoc. En ese momento y desconociendo la dramática situación, el teniente segundo Petersen, vio los dos destructores apenas a 700 metros y ordenó de inmediato sumergirse apresuradamente. El HMS Walker reveló la presencia del submarino, y el destructor se lanzó al ataque con cargas de profundidad. Las primeras explosiones sacudieron violentamente al U-99. El segundo ataque fue todavía más preciso. Entró agua y aceite en el barco al romperse tanques y tuberías. Las arrolladoras ondas de agua rompieron instrumentos, informando el ingeniero de que se habían parado los motores.
Sin energía, Kretschmer se enfrentaba a una dura elección, llenar de aire los tanques de flotación y salir a la superficie o hundirse hasta el fondo del océano. Eligió la superficie y la rendición inevitable. Afortunadamente para la tripulación el U-99 emergió bastante lejos del HMS Walker, estando los hombres a cubierto del fuego el tiempo suficiente para emitir la señal de rendición. Kretschmer fue subido al destructor con toda su tripulación salvo 3 de sus hombres. Tres días después el HMS Walker ancló en Liverpool. La tripulación del U-99 se vio obligada a marchar por las calles de la ciudad, increpada por una multitud que los consideraba asesinos. A Kretschmer le retiraron para interrogarle. Ninguno de ellos pudo participar de nuevo en la guerra, Kretschmer y sus hombres con su dedicación y sus técnicas de combate, habían hecho estragos en los convoyes que cubrían la ruta entre América y Gran Bretaña.
OTTO KRETSCHMER En 1936, a la edad de 24 años, Otto Kretschmer se presentó voluntario al entrenamiento de dotaciones de submarinos U. Frío, confiado y dedicado por entero a su carrera, Kretschmer ascendió rápidamente a comandante de submarino (el U-23), una nave de 250 toneladas dedicada a ataques costeros. Desde los inicios de la II Guerra Mundial, se vio envuelto en operaciones en el Mar del Norte, y en torno a las islas Shetlands y Orkneyss, consiguiendo algunos triunfos notables, en particular al hundir en febrero de 1940, el destructor britamco Daring. En abril de 1940 asumió el mando de un nuevo submarino destinado al Atlántico, el U-99. Sus éxitos en el Atlántico, en los años siguientes, le hicieron famoso. A Krestchmer no le gustaba el estilo algo indisciplinado y comportamiento relajado que adoptaron algunos comandantes de submarinos U, manteniendo a sus hombres vestidos estrictamente de uniforme, y con un comportamiento disciplinado, siempre que fuera posible. Su única autoconcesión era su pasión por los puros: fumaba como un poseso en la torre de mando durante las operaciones en superficie. En esa época su carrera llegó al fin, al ser capturado en marzo de 1941, y se le reconoce el hundimiento de unas 350.000 toneladas en naves británicas, lo que posiblemente le convierte en el mayor as alemán de la guerra.
http://grieska.blogcindario.com/2007/04/00042-u-99-otto-kretschmer.html
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Del diario de a bordo del U-99, 28-07-1940, cuadrante AM (Costa Occidental de Irlanda).
(AM-7676) 04,55. RW-260º. Mercante navega en zigzag con luces apagadas. Ruta nor-noroeste. Por la luna y el día que abre me pongo a velocidad de más de 15 nudos. 05,57. Lanzo torpedos desde más de 1.800 metros, por la luz del día que nace. 06,58. Me sumerjo para dar el golpe de gracia. Acierto el blanco entre el puente de mando y la chimenea. El barco se hunde muy poco. 07,11. Segundo golpe de gracia. Barco se hunde muy despacio. 07,18. Emerjo. 07,33. AM-7646. Barco hundido. Es el “Auckland Star” de la “Blue Star Line”, 11.400 toneladas. 09,04. Me alejo a toda velocidad tomando rumbo oeste. Recargo tubos. 13,34. Me sumerjo por avión avistado a 140º, probablemente buscando el punto de naufragio. 13,45. Emerjo. 21,09. RW-260º. Avistado mercante de la “Clan Line” con velocidad de al menos 17 nudos. Tomo disposición de ataque una vez caiga la noche. 29 de Julio de 1940. 02,03. Golpe fallído sobre la proa del barco. Otro ataque al poco rato. 02,15. Segundo lanzamiento. Blanco un poco hacia la popa en el centro del barco. La popa se hunde lentamente. Inminente explosión. 03,20. Se hunde el barco. Se trata del recientísimo “ Clan Menzies”, 7.366 toneladas, servicio en línea Australia – Liverpool por el Cabo. Carga: productos alimenticios. 31 de Julio de 1940. 01,06. RW-260º. Barco a 100º, velocidad de más de 14 nudos. 01,38. Ataque. Lanzo un torpedo a 900 metros. Blanco. Es el “Jamaica Progress” con carga de bananas, en ruta de Kingston a Liverpool, 5.475 toneladas. 02,40. Golpe de gracia. 03,30. La nave se va a pique. AM-5236. 12,00. AM-5285. Diviso por, el sudoeste, convoy con dirección oeste. Unas quince unidades. Formación en tres columnas. Escolta débil. A la derecha del convoy un destructor, me encuentro en mala posición. Me dirijo a la derecha, paso sumergido bajo la columna exterior y llego a la zona de ataque para lanzar contra el último barco de la columna central. 13,24. Lanzo un torpedo a distancia de 800 metros. Blanco. Es un gran carguero de tipo antiguo y lo menos 8.000 toneladas de desplazamiento. El convoy se compone en total de 15-20 barcos, muchos de ellos cisternas. Los cargueros van llenos en su mayor parte, algunos hasta la línea de flotación. 13,43 a 14,05. Nos sigue un destructor. 15,20. Veinte cargas de profundidad, pero sin gran precisión. El barco se hunde; se percibe perfectamente desde el submarino. 16,00. AM-5283. El destructor se ha marchado. Emerjo. Ya no se divisa el convoy ” Fuente: Holocausto y Gloria: La Batalla de Inglaterra. Autor: Richard Collier.
Tema: Marina y submarinos
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