mar 23 2009

Francisco Boix

Category: TESTIMONIOS DE LAS VÍCTIMASAdminis @ 14:00

boix Francisco BoixFrancisco Boix Campo (Barcelona 1920-París 1951), fotógrafo y militante comunista español.

Francisco (o Francesc) Boix Campo fue un militante de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña (PSUC) que durante la Guerra Civil actuó como fotógrafo de la revista Juliol y en 1938 combatió en la 30 División del Ejército de la República Española.
 
En febrero de 1939 se exilió en Francia y fue internado porlos franceses, que miraban con desconfiianza a los comunistas espqñoles, en los campos de Vernet d’Ariège y de Septfonds. De allí salió para formar parte de una Compañía de Trabajadores extranjeros, integrada en el Ejército francés.
En mayo de 1940, como muchos españoles, cayó prisionero de las fuerzas alemanas que invadían Francia. Tras un paso por un campo de prisioneros de guerra (Stalag XI-B, en Fallingbostel) fue enviado a principios de 1941 al campo de concentración de Mauthausen-Gusen (Austria, entonces integrada en el III Reich), donde murieron dos tercios de los más de 7.000 españoles allí internados.
En Mauthausen Boix trabajó la mayor parte de su periodo de internamiento en el laboratorio fotográfico que la Administración del campo destinaba principalmente a usos policiales. Hasta 1945 consiguió ocultar un importante número de fotografías que mostraban aspectos de la cruda realidad del campo y de las prácticas de exterminio de los presos. En muchas de ellas aparecían también los rostros de los SS responsables del campo y de altos jerarcas del nazismo que lo visitaron.
En 1946 Boix fue testigo en dos procesos contra criminales de guerra nazis: ante el Tribunal Internacional de Núremberg testificó (llamado por la acusación francesa) contra altos jerarcas nazis como Ernst Kaltenbrunner y Albert Speer. En su declaración fueron proyectadas algunas de las fotografías que habían sido preservadas de la destrucción en Mauthausen. Boix también declaró en el proceso americano celebrado en Dachau contra 61 acusados de crímenes en Mauthausen y también allí fueron mostradas fotografías.
Tras su liberación en Mauthausen, Boix trabajó en Francia como fotógrafo para la prensa cercana al Partido Comunista francés (L’Humanité, Ce Soir, Regards). Falleció en París a la edad de 30 años, probablemente debido a una enfermedad relacionada con su periodo en Mauthausen.
mauthausenlib Francisco Boix

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mar 23 2009

Otto Kretschmer

Category: U-BOOTAdminis @ 13:59

krestchemer1 Otto KretschmerNadie ilustró con mas intensidad la vitalidad, la intrepidez y la persistencia de los hombres de Dönitz que el comandante Otto Kretschmer. El orgulloso hijo de un maestro de escuela de Silesia, nació el 1 de mayo de 1912 en Heidau, Alemania, y murió quizás emulando al mayor as de todos los tiempos Lothar von Arnauld de la Periére, en un accidente de aviación el día 5 de agosto de 1998 en Baviera.

 

Comandante del U-35, U-23, U-99, con estos dos últimos sería con los que cosecharía el mayor número de tonelaje hundido, lo que le convertiría en el mayor as de la Segunda guerra Mundial. Realizó 16 patrullas (228 días) en las que hundió un total de 47 naves (274.385 t.) y dañó 6 (47.119 t.).

A finales de junio de 1940 partió con el nuevo U-99 (VII-B.). La soleada tarde del 5 de julio se encontró en el camino del Magog, un barco a vapor canadiense de 2.053 t., y lanzó un solo torpedo para quebrarlo por el centro. Dos días después un segundo barco solitario apareció en el horizonte. Era el Visen sueco, de 1.514 t., y Kretschmer lo hundió también con un torpedo en el centro, su lema era “un torpedo…una nave”, eso y su táctica de atacar de noche en superficie contra los convoyes le haría un comandante temible entre el enemigo.

Esa misma noche avistó un convoy, el primero que encontraba, que salía de Inglaterra y rápidamente maniobró para situarlo en su camino. Pasando a menos de 100 metros de un destructor, intentó disparar al corazón del convoy, con torpedos de derecha a izquierda. Solo uno dio en un blanco. Se sumergió para escabullirse de los escoltas pero al rato captó ruidos de hélices en el hidrófono. << Creo que esta vez mi tripulación va a recibir su bautismo de cargas de profundidad >>, escribiría mas adelante en una entrada en tiempo presente en su diario oficial de guerra.

Las cargas de profundidad comenzaron a caer casi de inmediato, y las explosiones sacudieron peligrosamente el casco del U-99 aun cuando lo sumergió a 110 m. Pasadas dos horas el sistema de suministro de oxígeno de la nave falló, y la tripulación hubo de recurrir a las mascaras de emergencia. Kretschmer les ordenó que se quedaran quietos y que evitaran los esfuerzos innecesarios. Tras seis horas algunos jadeaban, y el bombardeo de cargas de profundidad continuaba. Después de 12 horas el aire estaba viciado y era visiblemente amarillo, y muchos hombres temieron morir pronto, bien por falta de oxigeno, bien por las explosiones de las cargas de profundidad o aplastados por la presión del agua si las baterías que mantenían la nave en lento movimiento y por ello impedían que descendieran por debajo de la profundidad permitida, se detenían.

Por último tras 14 horas de constante bombardeo, los atacantes en la superficie pararon, pero Kretschmer no se arriesgó. Esperó cinco horas mas antes de salir a superficie. Después de casi 20 horas sumergidos, el capitán abrió la escotilla y su tripulación salió tambaleante para derrumbarse sobre la cubierta aspirando aire fresco. La reacción de Kretschmer no fue de alivio porque hubiera acabado esa experiencia, sino de satisfacción de que hubiera tenido lugar. << Nos sentimos como colegiales en navidad >>, escribió en su diario. << Ya hemos recibido todos los regalos que el enemigo puede darnos. Tenemos una confianza renovada en la nave. >>

De inmediato reanudó la ofensiva. Antes de dirigirse a puerto, hundió tres barcos mas, y caprichosamente le ordenó a un cuarto, un pequeño carguero estonio, que se entregara a las autoridades germanas en Burdeos como su presa de guerra (aunque este nunca lo consiguió pues fue bombardeado de camino al golfo de Vizcaya. En el siguiente viaje, dos semanas mas tarde, hundió siete barcos (un record para una sola misión), con un total de 65.137 toneladas, acabando con tres de ellos con disparos de un único torpedo desde el mismo centro de un convoy, al que llegó por la noche sin que los escoltas del perímetro notaran su arribo. La presencia del submarino sumió al convoy en tal confusión que dos barcos zigzagueando en un esfuerzo por escapar del U-99, colisionaron y se hundieron, pero no se añadieron a la cuenta de Kretschmer.

El 7 de septiembre de 1940 una manada de lobos grises con Prien y Kretschmer en la vanguardia, avistó un convoy de 53 barcos y en una noche hundió cinco, el 18 de octubre una manada de 5 submarinos avistó un convoy de 34 navíos, y el diario de Kretschmer registró la violencia y la tensión de la caza que comenzó justo antes de la medianoche:

<<23:30. Ahora atacamos el flanco derecho de la penúltima línea. Disparo a la proa de un carguero grande. El barco zigzagueó, con el resultado de que el torpedo pasó delante de el e impactó en su vecino aún más grande. El navío, de unas 7.000t, recibió el golpe debajo del palo del trinquete y se hundió rápidamente por la proa. >>

<<23:58. Disparo a la proa de un carguero grande de unas 6.000 t. Distancia 750 m. Le doy debajo del palo del trinquete. La explosión del torpedo fue inmediatamente seguida por una alta lengua de fuego y una explosión que abrió el barco hasta el puente y dejó una nube de humo de unos 200 m. de alto. Al parecer la proa del barco quedó destruida. Aún arde con intensidad, con llamas verdes.>>

<<00:15. Los destructores no saben que hacer, y disparan todo el tiempo bengalas de estrella para confortarse entre si. No es que incremente mucho la brillante luz de la luna. Ahora los ataco desde la proa del convoy.>>

<<01:38. Disparo a la proa de un carguero grande y a rebosar, de unas 6.000 t. Distancia 945 m. Impacto debajo del palo del trinquete. Se hundió en el acto. >>

<<01:55. Disparo a la proa del siguiente barco, un navío grande de unas 7.000 t. Distancia 975 m. Impacto debajo del palo del trinquete, se hundió en 40 s.>>

A las 2 de la madrugada la manada había hundido 17 barcos con un total de 80.000 t… la mitad del convoy.

El 16 de marzo de 1941 el U-99 alcanzó un convoy, Kretschmer recurrió a su propia y especial táctica, navegando en superficie hacia el centro del convoy, torpedeo seis barcos. Cuando se le acabaron los torpedos, con prudencia puso rumbo a casa en la oscuridad. Pero en ese momento avistaron un destructor, y en vez de realizar una huida por la superficie en pos de la seguridad, el oficial de guardia ordenó que el U-99 se sumergiera. Kretschmer se puso furioso, pues al sumergirse el submarino había confirmado en el acto su presencia en el asdic del destructor.

Por una incalculable desgracia para Kretschmer, el destructor era el Walker. En toda la inmensidad del salvaje Atlántico, el U-99 se había colocado casi en la posición exacta en que apenas media hora antes hundieran el U-100 (Schepke). El Walker montaba guardia mientras que el Vanoc recogía a la tripulación superviviente del U-100 cinco en total. El comandante MacIntyre a bordo del Walker se quedó sorprendido al oír un eco positivo de asdic casi justo debajo de la popa del Vanoc. Mientras este retrocedía despacio, el Walker se lanzó directamente al ataque, arrojando seis cargas de profundidad, que fue lo único que pudo preparar a tiempo. Cuando viró para dar otra pasada, recibió una señal dramática del Vanoc: “SUBMARINO EMERGIENDO A MI POPA”. Iluminado por el duro resplandor del haz de luz del proyector del Vanoc, el U-99 estaba inmóvil en el agua. De su puente salió un mensaje de linterna en ingles: “ME HUNDO”.

Las cargas de profundidad habían dejado fuera de acción los motores del U-99 y dañado tanto las hélices que la nave, incapaz de mantener la velocidad, se había hundido a 220 m.; a esa profundidad el casco había empezado a agrietarse, y Kretschmer se vio obligado a introducir aire en los depósitos de lastre y salir a la superficie con el morro por delante al igual que un corcho. Allí se bamboleó, escorandose mientras los hombres del Walker le disparaban frenéticamente con los cañones. Con calma, Kretschmer encendió un cigarrillo mientras organizaba la destrucción de los códigos y papeles secretos, la salvación de sus hombres y el hundimiento de su nave.

Fue el último de la dotación del U-99 en ser rescatado por el Walker de las gélidas aguas. Kretschmer apenas encajaba en la imagen que tenían sus captores británicos de un comandante de submarino: en vez de a un nazi fanático, encontraron a un oficial de voz sosegada, educado, apolítico y profesional que hablaba un buen ingles y que con presteza felicitó a Macintyre por su éxito. Cuando lo llevaron al camarote de popa de éste, el as de los submarinos se sentó en un sofá y cayó en un sueño de absoluta extenuación.

Otto fue llevado a un campo de prisioneros en Canadá, donde se pasó recluido 4 años, a finales de 1942 organizó un plan de fuga con otros comandantes que fue abortado a mediados de 1943. En 1947 retornó a Alemania, en 1955 ingresaría en la Bundesmarine para continuar su carrera militar en la O.T.A.N, pasó a la reserva en 1970 con plaza de almirante de flotilla. En el verano de 1998 murió en el hospital de Baviera por las heridas recibidas en un accidente aereo.

 

kresymacss1 Otto Kretschmer

artículo procedente de http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=351

U-99 Atlántico Norte A las 08:06 horas del 8 de julio de 1940, el Kapitänleutenant Otto Kretschmer en aquella su primera patrulla merodeando por el Atlántico Norte, escribió en su diario:
«Ruidos de motor acercándose por estribor. Ordené ajustar la profundidad a 30 metros. Creo que mi tripulación va a recibir esta vez su bautismo con cargas de profundidad. Los escoltas se aproximan a la posición de ataque».
Minutos después, el submarino se vio sacudido con violencia por la explosión de las primeras cargas de profundidad. Fue el comienzo de una terrible prueba que duraría 20 horas. Completamente merced de sus atacantes, Kretschmer y su tripulación, pálidos y sin afeitar, débilmente iluminados por la luz eléctrica, sólo podían sentarse y esperar sudorosos y apretujados dentro de la estrecha nave. El radioperador jefe Jupp Kassel escuchaba con atención en el equipo de hidrófonos del submarino a las excitadas tripulaciones de los barcos de arriba. Cada vez que se daba su grito de «atacantes arriba, señor», sus hombres se abrazaban esperando lo peor. Y cada una de las veces, las cargas caían lejos del objetivo,
Tras lanzarse durante dos horas las cargas de profundidad, empezó a fallar la reserva de oxígeno del submarino. La tripulación se puso sus mascarillas —sujetas a purificadores de aire— y se quedó sentada en las literas para conservar el aire restante. Gradualmente se agotaban las baterías, que sólo podían recargarse en superficie. A medida que perdía corriente el submarino se hundía a más profundidad, incapaz de avanzar con la suficiente cantidad de movimiento para mantener el nivel. Si se hundiera el barco por debajo de una profundidad crítica, la presión del océano partiría las chapas del casco, condenando a la tripulación a una muerte segura. 
Como sabía que salir a la superficie a la vista de los escoltas británicos equivalía a rendirse, Kertschmer se atenía a su juego de espera descorazonadora, hasta el límite de resistencia de su tripulación. Hasta las 03:30 horas del 9 de julio, no se sintió seguro por fin en la superficie. La tripulación trepó por la torreta para salir del maloliente interior del submarino y respirar bocanadas de fresca brisa marina. Kretschmer escribió: «nos sentíamos como un pollo el día antes de Navidad». Esta experiencia de ser objeto pasivo de un ataque, el cazador cazado, no sería fácil de olvidar para el capitán.
Dos días después, el U-99 recibió la orden de poner fin a su primera patrulla que, aparte del incidente antes relatado, había sido un gran éxito: un total de siete barcos mercantes hundidos en una semana. Sin embargo, el U-99 no iba a volver a su base original en Kiel, en la costa Báltica. El almirante Karl Dónitz, cerebro alemán de la guerra submarina, había elegido un nuevo cuartel general para atacar
los convoyes en el Atlántico: Lorient, en la Francia ocupada por los alemanes.
Dónitz estaba convencido de que operando desde Lorient, sus submarinos U podrían hundir suficientes barcos como para poner de rodillas a los británicos. Su flota andaba escasa de submarinos, pero contaba con las extraordinarias cualidades de combate de sus oficiales y sus hombres para superar las deficiencias materiales. Los más sobresalientes de entre los ases de submarino: el bravucón Joachim Schepke, comandante del U-lOO; Günter Prien, un nazi convencido, ya famoso por el hundimiento del Royal Oack en Scapa Flow a principios de la guerra, y Kretschmer el más brillante e innovador capitán de submarinos.
El 24 de julio, el U-99 salió de Lorient en su segundo viaje atlántico. Curiosamente la tripulación llevaba uniformes ingleses, capturados durante la invasión de Francia por los alemanes en 1940. No había disponibles uniformes alemanes convenientes para reemplazar sus uniformes, irrecuperables tras la primera patrulla. 
A las 11:00 horas del 31 de julio, Kassel detectó el sonido de motores de un convoy por los hidrófonos. Comenzó entonces un mortal juego al escondite entre el cazador solitario y el grupo de mercantes con sus escoltas vigilantes. A las 14:00 horas el U-99 se encontró en medio de la ruta del convoy, viéndose obligado a sumergirse a unos 100 metros de profundidad mientras sobre ellos pasaban los mercantes. Cuando Kretschmer hizo volver al submarino a la profundidad de periscopio, no pudo evitar escoger un lento carguero, el Jersey City, y el U-99 se vio a su vez sometido a un ataque con cargas de profundidad de una hora y media. Tras sobrevivir a este asalto, el U-99 volvió a la superficie a toda velocidad para capturar a su presa, y de nuevo se vio obligado a sumergirse apresurándose para evitar el bombardeo de un hidroavión Sunderland. Hacia las 21,00 horas cuando al fin pudo salir a superficie Kretschmer, se había perdido todo contacto con el convoy.
Pero la tripulación del U-99 tenía una capacidad magistral para rastrear a los mercantes en el Atlántico. Durante toda la noche hizo avanzar Kretschmer el submarino, en superficie y a toda velocidad, en la dirección estimada del convoy. Justo al amanecer, se sumergió momentáneamente para permitirle a Kassel que examinara con los hidrófonos las señales enemigas; y luego, de nuevo en superficie, continuó su persecución. Pronto sus vigías, con fama de ser los mejores de la flota de submarinos U, atisbaron los penachos de humo.
Les llevó el resto del día maniobrar para ponerse por delante del convoy. Cuando cayó la noche, la nave estaba en perfecta posición de ataque, pero Kretschmer esperó aún. A medianoche, se retiró la escolta para proteger otro convoy, quizás más vulnerable.
Había llegado para Kretschmer el momento ideal de experimentar nuevas tácticas de ataque. Para asombro de su tripulación ordenó navegar directamente al centro del convoy y en superficie. El U-99 avanzó casi rozando las proas de 20 mercantes en la oscuridad, con altas probabilidades de colisionar. Kretschmer estaba decidido a acercarse a los blancos para obtener el máximo de impactos. 
Cuando el primer torpedo hundió la popa de un buque tanque, los otros mercantes maniobraron furiosamente para evitar el ataque. Fue en vano, en 30 minutos, se hundieron en llamas otros dos tanques, otros dos habían colisionado en la confusión general. El avance de un destructor británico a toda velocidad forzó la retirada del U-99 pero Kretschemer consideró un éxito su experimento.
Cuando el U-99 volvió a Lorient el 8 de agosto, los hombres fueron recibidos como héroes. Habían hundido, en una sola misión, más tonelaje de barcos que ningún otro submarino. Todavía con uniformes británicos, formaron ante el nuevo comandante en jefe de la Marina alemana, almirante Raeder, que felicitó a la tripulación y condecoró a Kretschmer con la Cruz de Caballero.
La senda victoriosa del U-99 continuó en Septiembre y la tripulación salió a su cuarta patrulla plenamente confiada el 14 de octubre. Hacia el 18, nueve submarinos atacaban con sigilo el convoy SC7, intercambiando señales y manteniéndose en estrecho contacto, aunque perdiéndolo a veces. Entre los submarinos estaba el U-lOO con Schepke al mando. El convoy estaba bien defendido, con una escolta notable de destructores, así que a la “manada de lobos” le llevó su tiempo. Finalmente, al atardecer del 19 de octubre, comenzó el asalto. Fue una de las clásicas incursiones de superficie de Kretschmer.
Mientras otros submarinos lanzaban sus torpedos desde fuera del convoy, el U-99 se deslizó hacia la escolta británica. Se veía con claridad contra la luna la silueta de dos destructores británicos, uno a la cabeza del convoy y otro a estribor. Kretschmer se dirigió con rapidez hacia el espacio que los separaba, rezando para que ningún vigía avistase su baja cubierta, En cuestión de minutos, el U-99 se metió en el grueso del convoy. Kretschmer dirigió las operaciones desde la torre de mando, mientras veían barcos saliendo de la oscuridad, a su alrededor. Primero, el teniente Bargsten introdujo los datos de objetivo en el dispositivo automático de puntería. Entonces, mientras el U-99 se lanzaba al ataque a toda velocidad, comenzaron a hundirse los barcos. El carguero Sedgepool, alcanzado en proa por un torpedo, se hundió en vertical como una gigantesca ballena. Otro barco, partido en dos, se hundió casi inmediatamente. 
Un tercer barco explotó de forma espectacular, convirtiéndose en una bola de fuego y humo. Muchas veces parecía fallar el mecanismo automático, fallando blancos muy próximos. Entonces Kretschmer ordenaba un disparo con apunte manual y casi adivinando el objetivo. Sin embargo, la tasa de aciertos era de casi el 100%. En un momento dado, Kretschmer ordenó a gritos al timonel un giro brusco y, a la vez, el disparo de uno de los torpedos de popa. A unos 200 metros por detrás del submarino, explotó en el centro de un carguero que comenzó a hundirse.
Los barcos escolta británicos concentraron su atención en los submarinos que atacaban desde el exterior, La tripulación del U-99 podía ver las bengalas luminosas y escuchar las explosiones de las cargas de profundidad a medida que los destructores salían a defender el convoy. Nada hacía esperar a la Royal Navy un atacante desde el interior de su pantalla protectora. Kretschmer sabía que, sin embargo, el enemigo acabaría dándose cuenta de los que pasaba y hacia la 01:30 horas del 20 de octubre redujo la velocidad, dejando que el convoy pasara por encima de él y desapareciera: una forma sencilla y elegante de abandonar la acción. Un pequeño carguero rezagado fue víctima del último torpedo del U-99 y el submarino fijó rumbo al puerto. De los 17 barcos británicos hundidos esa noche, el U-99 podía adjudicarse al menos nueve.
Por aquel entonces Kretschmer ya era famoso. En noviembre, después de otra patrulla en que el U-99 hundió dos cruceros mercantes armados, voló a Berlín para recibir la condecoración del propio Hitler. De vuelta en Lorient, Prien, Schepke y Kretschmer celebraron su victoria en un restaurante haciendo frívolas apuestas sobre quién llegaría primero a hundir 260.000 toneladas de barcos.
Pero al caer el invierno en el Atlántico Norte, se ensombreció su optimismo. Patrullando de nuevo el 27 de noviembre, el U-99 tuvo que luchar con un tiempo infernal. Durante muchos días, los oficiales y vigías en la torre de mando tenían que encadenarse al barco para evitar que los arrastrasen las olas. Casi era más importante sobrevivir al océano que buscar al enemigo. Sin embargo, a pesar de las condiciones climatológicas el U-99 consiguió hundir casi 35.000 toneladas de barcos durante esta patrulla, no sin bordear la catástrofe.
El 8 de diciembre se vio sorprendido por los barcos escoltas ingleses, obligándole a sumergirse apresuradamente. El mal tiempo había inutilizado el periscopio principal de Kretschmer, así que, bajo el agua estaba ciego. Al no oír nada por los hidrófonos, corrió el riesgo y salió a la superficie, para encontrarse con dos barcos británicos esperándole a menos de 1,5 km con los motores parados. El U-99 se sumergió de nuevo, pero ya le habían detectado y le atacaron con cargas de profundidad, saliendo vivo gracias a su buena suerte.
Dónitz era muy consciente de las increíbles tensiones impuestas a las tripulaciones y comandantes de submarino en sus constantes patrullas atlánticas. Cuando regresó a Lorient el U-99, el almirante intentó persuadir a Kretschmer para que aceptase un nombramiento en la costa. Kretschmer rehusó aceptando sin embargo para él y sus hombres descanso de sus fatigas bélicas. Fue un descanso bien recibido y cuando la tripulación se volvió a reunir a finales de enero de 1941, eran visibles los positivos efectos de las vacaciones. Schepke y Prien estaban allí para recibir a Kretschmer y para pagarle: había ganado la apuesta de las 250.000 tm. Como había muchos puros y brandy, al volver de nuevo a la acción era muy alta la moral de la tripulación del U-99 y de su comandante. El 22 de febrero salió de Lorient el U-99 saludado por los sones de una banda militar, que tocaba la «Marcha Kretschmer>, compuesta especialmente para el caso.
Iba a ser su último viaje. Desde el momento de la partida, períodos de niebla y galernas dificultaron la tarea de los marinos del U-99. Además, las fuerzas antisubmarinas británicas crecían cada vez más, y estaban alerta. El 7 de marzo, el U-99 sobrevivió de nuevo por muy poco a un ataque con cargas de profundidad; el U-47 de Prien no tuvo tan buena suerte, lo hundieron los escoltas del mismo convoy. Al pasar los días sin contacto por radio con Prien, Kretschmer comprendió el trágico destino de su compañero.
Hacia el 15 de marzo, el U-99 se acercaba al final de un patrullaje relativamente infructuoso, cuando recibió un mensaje informándole de un convoy avistado al sur de Islandia. A la mañana siguiente estaban Kretschmer y Schepke en la flotilla de submarinos que merodeaba en torno al convoy, estorbados por los ataques de los Sunderland y los destructores de la escolta.
Debido a un mal trabajo de un vigía, cosa inusual, el U-99 perdió el contacto con el convoy por la tarde, pero poco después de anochecer, volvió sobre la pista de su presa y atacó inmediatamente.
Kretschmer torpedeó un barco tanque, que inmediatamente explotó y ardió en una llamarada. Temeroso de que pudieran descubrirle a la luz de las llamas, Kretschmer se sumergió momentáneamente en la oscuridad tras el convoy, pero comenzó en ese momento un devastador recorrido en su avance a través de la formación, hundiendo otros dos buques tanque y dos cargueros. Al U-99 sólo le
quedaba un torpedo. Kretschmer eligió un buque en la cola del convoy y lo partió en dos, con un impacto de torpedo en el centro. Al U-99 sólo le quedaba darse media vuelta, abandonando el barco naufragando y en llamas, y volverse a Lorient.
Sin saberlo, al alejarse del convoy se estaba acercando al U-lOO de Shepke, que estaba en dificultades. Schepke subió a la superficie para inspeccionar los daños del ataque con cargas de profundidad que le había hecho el HMS Walker. A pesar de la luna llena, no esperaba que le descubriese. Pero por una vez, el primitivo radar de los escoltas británicos, por lo normal inútil a la hora de detectar un submarino, descubrió un blanco. Guiado por su operador de radar, el destructor HMS Vanoc se lanzó sobre el U-lOO a toda velocidad. El submarino no tenía tiempo para evitar el ataque, y recibió el golpe de la proa del destructor directamente sobre la torre de mando. El impacto alcanzó a Schepke, arrancándote las piernas. El U-lOO se hundió, mientras el HMS Walker se acercaba para unirse al HMS Vanoc.
En ese momento y desconociendo la dramática situación, el teniente segundo Petersen, vio los dos destructores apenas a 700 metros y ordenó de inmediato sumergirse apresuradamente.
El HMS Walker reveló la presencia del submarino, y el destructor se lanzó al ataque con cargas de profundidad.
Las primeras explosiones sacudieron violentamente al U-99. El segundo ataque fue todavía más preciso. Entró agua y aceite en el barco al romperse tanques y tuberías. Las arrolladoras ondas de agua rompieron instrumentos, informando el ingeniero de que se habían parado los motores. 

 

 

 

 

 

 

 

Sin energía, Kretschmer se enfrentaba a una dura elección, llenar de aire los tanques de flotación y salir a la superficie o hundirse hasta el fondo del océano. Eligió la superficie y la rendición inevitable.
Afortunadamente para la tripulación el U-99 emergió bastante lejos del HMS Walker, estando los hombres a cubierto del fuego el tiempo suficiente para emitir la señal de rendición. Kretschmer fue subido al destructor con toda su tripulación salvo 3 de sus hombres.
Tres días después el HMS Walker ancló en Liverpool. La tripulación del U-99 se vio obligada a marchar por las calles de la ciudad, increpada por una multitud que los consideraba asesinos. A Kretschmer le retiraron para interrogarle. Ninguno de ellos pudo participar de nuevo en la guerra, Kretschmer y sus hombres con su dedicación y sus técnicas de combate, habían hecho estragos en los convoyes que cubrían la ruta entre América y Gran Bretaña. 
En 1936, a la edad de 24 años, Otto Kretschmer se presentó voluntario al entrenamiento de dotaciones de submarinos U. Frío, confiado y dedicado por entero a su carrera, Kretschmer ascendió rápidamente a comandante de submarino (el U-23), una nave de 250 toneladas dedicada a ataques costeros. Desde los inicios de la II Guerra Mundial, se vio envuelto en operaciones en el Mar del Norte, y en torno a las islas Shetlands y Orkneyss, consiguiendo algunos triunfos notables, en particular al hundir en febrero de 1940, el destructor britamco Daring. En abril de 1940 asumió el mando de un nuevo submarino destinado al Atlántico, el U-99. Sus éxitos
en el Atlántico, en los años siguientes, le hicieron famoso. A Krestchmer no le gustaba el estilo algo indisciplinado y comportamiento relajado que adoptaron algunos comandantes de
submarinos U, manteniendo a sus hombres vestidos estrictamente de uniforme, y con un comportamiento disciplinado, siempre que
fuera posible. Su única autoconcesión era su pasión por los puros:
fumaba como un poseso en la torre de mando durante las operaciones en superficie. En esa época su carrera llegó al fin, al ser
capturado en marzo de 1941, y se le reconoce el hundimiento de unas 350.000 toneladas en naves británicas, lo que posiblemente le convierte en el mayor as alemán de la guerra.

 

OTTO KRETSCHMER

http://grieska.blogcindario.com/2007/04/00042-u-99-otto-kretschmer.html

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Del diario de a bordo del U-99, 28-07-1940, cuadrante AM (Costa Occidental de Irlanda).

(AM-7676)
04,55. RW-260º. Mercante navega en zigzag con luces apagadas. Ruta nor-noroeste. Por la luna y el día que abre me pongo a velocidad de más de 15 nudos.
05,57. Lanzo torpedos desde más de 1.800 metros, por la luz del día que nace.
06,58. Me sumerjo para dar el golpe de gracia. Acierto el blanco entre el puente de mando y la chimenea. El barco se hunde muy poco.
07,11. Segundo golpe de gracia. Barco se hunde muy despacio.
07,18. Emerjo.
07,33. AM-7646.
Barco hundido. Es el “Auckland Star” de la “Blue Star Line”, 11.400 toneladas.
09,04. Me alejo a toda velocidad tomando rumbo oeste. Recargo tubos.
13,34. Me sumerjo por avión avistado a 140º, probablemente buscando el punto de naufragio.
13,45. Emerjo.
21,09. RW-260º. Avistado mercante de la “Clan Line” con velocidad de al menos 17 nudos. Tomo disposición de ataque una vez caiga la noche.
29 de Julio de 1940.
02,03. Golpe fallído sobre la proa del barco. Otro ataque al poco rato.
02,15. Segundo lanzamiento. Blanco un poco hacia la popa en el centro del barco. La popa se hunde lentamente. Inminente explosión.
03,20. Se hunde el barco. Se trata del recientísimo “ Clan Menzies”, 7.366 toneladas, servicio en línea Australia – Liverpool por el Cabo. Carga: productos alimenticios.
31 de Julio de 1940.
01,06. RW-260º. Barco a 100º, velocidad de más de 14 nudos.
01,38. Ataque. Lanzo un torpedo a 900 metros. Blanco. Es el “Jamaica Progress” con carga de bananas, en ruta de Kingston a Liverpool, 5.475 toneladas.
02,40. Golpe de gracia.
03,30. La nave se va a pique. AM-5236.
12,00. AM-5285. Diviso por, el sudoeste, convoy con dirección oeste. Unas quince unidades. Formación en tres columnas. Escolta débil. A la derecha del convoy un destructor, me encuentro en mala posición. Me dirijo a la derecha, paso sumergido bajo la columna exterior y llego a la zona de ataque para lanzar contra el último barco de la columna central.
13,24. Lanzo un torpedo a distancia de 800 metros. Blanco. Es un gran carguero de tipo antiguo y lo menos 8.000 toneladas de desplazamiento. El convoy se compone en total de 15-20 barcos, muchos de ellos cisternas. Los cargueros van llenos en su mayor parte, algunos hasta la línea de flotación.
13,43 a 14,05. Nos sigue un destructor.
15,20. Veinte cargas de profundidad, pero sin gran precisión. El barco se hunde; se percibe perfectamente desde el submarino.
16,00. AM-5283. El destructor se ha marchado. Emerjo. Ya no se divisa el convoy ”
Fuente: Holocausto y Gloria: La Batalla de Inglaterra. Autor: Richard Collier.

michahelleskretschmer Otto Kretschmer

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mar 23 2009

Magda Goebbels

Category: CULTURA Y OTROSAdminis @ 13:58

magdagoebbels3 Magda GoebbelsJohanna Maria Magdalena Ritschel, conocida como Magda Goebbels (11 de noviembre de 1901 – 1 de mayo de 1945) fue la esposa del ministro de propaganda de la Alemania nazi: Joseph Goebbels. En 1921 se casó con un multimillonario llamado Günther Quandt, con quien tuvo un hijo que se convertiría en un piloto de la Luftwaffe que sobrevivió a la guerra y se convirtió en uno de losmayores empresarios de la Alemania actual. Ya en 1932, después de divorciarse se casó con Goebbels, con quien tuvo seis hijos.[3] Fue condecorada por Hitler como la mejor madre del tercer reich, incluso la familia que había formado junto a Goebbels fue considerada el modelo ideal de familia aria nazi. En 1945, tras caer el régimen nazi, mató a sus seis hijos y se suicidó junto con su esposo.

 

Madga nació en 1901, en Berlín, producto de una relación ilegítima entre su madre y el ingeniero Oscar Ritschel, con quien terminaron casándose después del nacimiento de Magda. Sin embargo en 1904 sus padres se divorciaron y Magda se mudó con su madre a Bruselas, donde su madre se casó con un judío llamado Richard Friedländer.

 

En 1914 su familia presenció la toma de Bélgica por las tropas alemanas, motivo por el cual los Friedländers dejaron su fortuna en Bruselas y volaron a Berlín, donde Magda estudió en un colegio de secunadria llamado Kolmorgen. En 1920 se casó con Günther Quandt, multimillonario que conoció en una cabina de tren y con quien tuvo un hijo llamado Harald Quandt.

 

En 1930, en un mitin nazi, Madga conoció a Joseph Goebbels, más tarde, el 1 de septiembre del mismo año se unió al partido nazi.[7] En diciembre Magda se casó con Joseph Goebbels, y en años posteriores tuvieron seis hijos en el siguiente orden:

 

  • Helga Susanne
  • Hildegard “Hilde” Traudel
  • Helmut Christian
  • Holdine “Holde” Kathrin
  • Hedwig “Hedda” Johanna
  • Heidrun “Heide” Elisabeth

magda helga goebbels 4001 Magda Goebbels

Sus nombres comenzaban con la letra “H” para conmemorar el apellido del Führer. Goebbels pareció haberse obsesionado con Magda, inclusive escribió en su diario: “Voy a dejar las mujeres y dedicarme enteramente a sólo una” refiriéndose a su esposa. Su familia fue filmada, fotografiada y promocionada durante el régimen como la familia ideal aria. Fueron todos admiradores de Hitler, los niños inclusive lo llamaban tío.

 

Madga contrató una niñera llamada Petra Fohrman, quien décadas más tarde escribió un libro titulado Los hijos del ministro del Reich, donde confiesa una profunda admiración hacia Magdalena Goebbels. Cuando no estaba junto a su esposo y a Hitler en Berlín, Magda Goebbels pasaba muchas tardes y mañanas organizando reuniones de té con generales y partidarios del partido nazi. Pese a ser considerados la familia modelo nazi, Magda tuvo que soportar reiteradamente las infidelidades de Goebbels, en una ocasión su marido se enamoró de una actríz Checa llamada Lída Baroova, con quien tenía planeado ir a vivir a Japón siendo Goebbels el embajador de Alemania y dejando su papel de ministro a otro. Hitler le ordenó no hacerlo y Goebbels, fiel a su palabra se quedó a vivir en Alemania con Magda.

 

Por su parte, parece ser que Magdalena también tenía un amante, un personaje absolutamente impensable que se enfrentó a Goebbels y al riesgo de que se enterase: Karl Hanke. Hanke era secretario de Goebbels y era él quien informaba ala esposa de los devaneos amorosos del ministro de propaganda. Hombre impulsivvo y de coraje, de ahí dio el paso a acostarse con la mujer de su jefe, el todopoderoso ministro de Propaganda. En varias ocasiones Goebbels llegó a olerse algo extraño y envió a su secretario a los peores lugares dle frente, de donde invariablememnte regresaba cargado de condecoraciones, hasta el inaudito final en Breslau, ciudad que defendió y sostuvo hasta después aún de que se rindiese Berlín y se hubiera acabado la guerra, a pesar de encontrarse cientos de kilómetros al Este de la capital, muy internada en la retaguardia de los rusos. hablaremos de Hanke en otra ficha aparte.

En cuanto a Magda, El 22 de abril de 1945, ante la inminente derrota total, ella y sus 6 hijos fueron al Führerbunker, donde se hallaba Goebbels. Esos serían sus últimos días de vida.

 

En el bunker, habían improvisado un cuarto con 6 camas para los niños. Pasaban la mayor parte del tiempo jugando con Eva Braun, Traudl Junge y algunos perros como Blondi, el favorito de Hitler.[12] Magda no pasaba mucho tiempo con sus hijos durante su estadía en el bunker por que se deprimía al estar con ellos. Se sabe que Hitler les ofreció a ella y a su familia un avión para su escape pero ambos cónyugues se negaron. El 30 de abril Magda había rogado a Hitler a que no se quite la vida, pero sus intentos fueron inútiles. Finalmente decidió envenenar a sus hijos y luego suicidarse.

 

Cuando Traudl Junge le preguntó el porque de su decisión Magda respondió:

 

Es mejor que mis hijos mueran a que vivan en la vergüenza y el oprobio. Nuestros hijos no tienen sitio en una Alemania como la que habrá después de la guerra.
El 1 de mayo, a los 8 días de permanencia en el búnker, Magda durmió a sus hijos con somníferos, luego les proporcionó veneno y finalmente muerieron. Algunas versiones se contradicen entre sí, algunas dicen que los niños murieron porque les dieron veneno encubierto en chocolates, otra versión indica que fue una inyección que la hicieron pasar de vacuna.

 

Después de matar a sus hijos, Magda lloró mucho y jugó “solitario” en una mesa, totalmente deprimida. Luego se suicidó junto a su marido. Algunas versiones dicen que se dispararon mutuamente, otras que sólo Goebbels se disparó mientras que Magda se envenenó. Lo cierto es que sus cuerpos fueron quemados para evitar ser exhibidos como trofeo

Este artículo e suna ampliación de la versióne spañola de Wikipedia

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Otra reseña biográfica, tomada de un texto de Fernando Díez Villanueva

Vivió aceleradamente. Superó en todo a su segundo marido: en belleza, en talento y hasta en lealtad al Führer. Se casó dos veces, aunque su único amor verdadero y platónico fue Adolf Hitler, por quien terminó suicidándose en el jardín del búnker. Dio a luz a su primer hijo con sólo 20 años, y envenenó a los seis restantes con 44. Era malvada y superficial, de carácter inquebrantable y afilado instinto. El Tercer Reich no hubiera sido el mismo sin ella.

A finales de 1901 una joven criada berlinesa llamada Auguste Behrend alumbraba a una niña fruto de una relación con un hombre desconocido. Le dieron bautizo católico, el apellido de la madre y una hermosa ristra de tres nombres: Johanna Maria Magdalena. Al poco, su madre se casó con un rico industrial, Oskar Rietschel, que tomó especial cariño a la recién nacida. La convivencia entre Auguste y Oskar se estropeó en apenas tres años y se divorciaron. Auguste, que era joven y bien parecida, encontró a otro hombre, un restaurador judío de nombre Maximilian Friedländer.

Adoptada por Friedländer, fue reclamada por su “otro” padre, Rietschel, que se había trasladado con sus negocios a Bruselas. Fue internada en un convento de ursulinas, y sólo el estallido de la Primera Guerra Mundial truncó la pía pero tremendamente aburrida formación que Oskar Rietschel había reservado para su hija. De vuelta en Berlín, ingresó en el instituto, primero, y en el prestigioso internado Goslar, después. Su relación con Rietschel era inmejorable por aquel entonces, tanto que abandonó el apellido de su padre adoptivo para tomar el de su padre primero.

La joven Magda Rietschel era un dechado de buenas virtudes. Guapa, estilosa y cosmopolita. Hablaba francés con fluidez, su educación era esmerada y sentía una gran seguridad en sí misma. Tanta bondad no podía pasar desapercibida ante un hombre como Günther Quandt, uno de los más ricos de Alemania, con quien coincidió en el compartimento de un tren a mediados de 1920. Seis meses después ya se había casado con él.

Para Quandt, cercano a la madurez, su matrimonio con la joven y refinada Magda era un símbolo externo de distinción, la corona de laurel con que muchos triunfadores se adornan llegados a cierta edad. Magda, sin embargo, no deseaba ser un florero al servicio de su acaudalado marido. Once meses después de la boda vino al mundo su primer y único hijo, Harald Quandt, y ahí se acabó la gasolina del matrimonio.

La vida social de los Quandt no era muy excitante. Günther trabajaba mucho, y sólo tenía a su esposa para exhibirla de tanto en tanto y para que le acompañase a sus viajes de negocios. Más que un marido, Quandt era un padre –el tercero– para la pizpireta joven. A falta de motivaciones mejores, Magda se dedicó a cultivar la alta sociedad berlinesa y a hacerse un nombre entre las damas que pintaban algo en los círculos burgueses del Berlín de entreguerras. El aburrimiento, sin embargo, es mal compañero para casi todo, y heraldo de malos augurios cuando se cuela entre dos cónyuges.

En 1928 Magda, que languidecía junto a un cincuentón en un barrio alto de Berlín, conoció a alguien de su edad, vigoroso, idealista y consagrado a la acción. Se trataba de Jaím Arlosoroff, judío de origen ruso, nieto de un rabino y militante convencido del sionismo. Comenzó entonces una atormentada relación amorosa entre ambos que dio la puntilla al matrimonio de Magda. Quandt la puso de patitas en la calle, aunque, para evitar un escándalo que poco podía favorecer a la familia, dejó que se llevase al niño y asignó a ambos una generosa pensión.

No mucho después del divorcio, durante la campaña electoral de 1930, Magda se dejó caer por un mitin del Partido Nacional Socialista en el Palacio de los Deportes de Berlín. Desde ese momento su vida daría un giro radical. El orador principal era un tal Joseph Goebbels, un dramaturgo fracasado de aspecto enjuto, pequeño, de cabello oscuro y ojos castaños que arrastraba decidido su pierna izquierda, embutida en una prótesis de metal, a causa de una enfermedad infantil. Era la antítesis ambulante de lo que predicaba su propia propaganda.

Magda quedó sobrecogida por la parafernalia del acto, mística y brutal, de violencia contenida y emotividad a flor de piel. Al poco corrió a afiliarse en el partido, y, gracias a su buena formación y a las artes que había desarrollado en los mejores salones de Berlín, supo ascender hasta las oficinas del cuartel general. Una vez allí se puso al servicio del hombre del discurso, de Joseph Goebbels, tan deforme como libidinoso. “Una hermosa mujer llamada Quandt está haciéndome un nuevo archivo privado”, escribía en su diario aquel otoño de 1930. Goebbels, que no era aun ministro sino un simple gauleiter (jefe del partido) en Berlín, daba una extraordinaria importancia a la información. Mantenía un archivo detallado de todo lo que sobre él y sobre el partido nazi se decía en el extranjero. Magda, que hablaba idiomas, pronto se hizo imprescindible… en todo.

El cortejo fue corto pero intenso. Con la precisión de un tesorero, Goebbels tomaba nota de todos sus encuentros amorosos, y de las ideas que le iban pasando por la cabeza. Magda, astuta y conocedora del frágil material con que habría de trabajar, dejó que el gerifalte nazi se obsesionase, hasta asegurarse de que sólo pensaba en ella. Le consumió por agotamiento. “Voy a dejar las historias de mujeres y dedicarme por entero a una”, apuntaba en el diario meses después de haber conocido a Magda.

La ambiciosa berlinesa estaba consiguiendo su objetivo. Mantuvo durante un tiempo la relación con Jaím Arlosoroff y se preocupaba de que Goebbels lo intuyese, sospechase que, tras ella, se escondía un agitado pasado sentimental. Esto espoleaba los celos del jerarca, acostumbrado, por otra parte, a despachar sus urgencias íntimas con jovencitas, actrices y militantes del partido, sobre las que ejercía una suerte de poder incontestable, feudal, como casi todo en la Alemania nazi.

En diciembre de 1931, menos de un año y medio después del mitin en el Palacio de los Deportes, Magda accedió a las súplicas de su amante nazi y se casó con él. La boda se celebró, curiosamente, en una propiedad que la familia Quandt poseía en Severin. Pero a quien la intrigante divorciada perseguía no era a Goebbels, sino a Hitler, por quien sentía una admiración rayana en el delirio.

La relación privada entre Magda y Hitler es un misterio; hasta hay quien asegura que llegaron a ser amantes formales. “También amo a mi esposo, pero mi amor por Hitler es más fuerte, por él estaría dispuesta a dejar este mundo”, confesó a Leni Riefenstahl en cierta ocasión. Aparte de esta confidencia a la genial cineasta del Reich, no hay datos que sustenten el amorío; y, puestos a inventar, tal fue la influencia y el poder que llegó a alcanzar aquel hombre, que cualquier dama del Tercer Reich podría haber sido su amante.

Los meses previos a la toma del poder, Hitler pasó largas temporadas en Berlín. Sus anfitriones eran, cómo no, los Goebbels, que abrían de par en par las puertas de su casa, en el privilegiado barrio de Reichskanzlerplatz. La otrora dama de la sociedad burguesa y decadente se había convertido en el ama de casa nacionalsocialista ejemplar. Preparaba diariamente el almuerzo para Hitler, y se lo hacía llevar en una tartera al hotel donde residió durante aquel año el aspirante a canciller. Por las noches, la cúpula del partido se reunía en la mansión de Goebbels. La galería de monstruos que haría tristemente célebre al Tercer Reich pasó por aquella casa: el obeso Goering, el homosexual Röhm y el despiadado Himmler, que aún se conformaba con la jefatura de las insignificantes SS, desfilaron por el salón de Magda, y disfrutaron de sus guisos y atenciones.

Magda cocinó para todos, a todos les dio conversación. Las veladas en Reichskanzlerplatz se alargaban hasta primeras horas de la mañana. Los futuros dueños de Alemania hacían y deshacían planes anticipando el final de la marchita República de Weimar.

Sus pronósticos se hicieron realidad mucho antes de lo previsto. El último día de enero de 1933 Hitler recibió el encargo de formar gobierno. Era la inauguración formal de la Alemania nazi, el régimen más tenebroso y genocida de cuantos ha parido la mente humana. Con permiso del soviético, claro.

El matrimonio Goebbels estaba en primera línea para paladear las mieles del triunfo. Él era nazi desde los tiempos heroicos; ella, desde hacía sólo tres años. Ambos eran los esclavos preferidos del Führer. Joseph soñaba con el ministerio de Educación y Cultura, para recrear en la práctica sus desvaríos propagandísticos. Hitler no se lo concedió; le dio algo mejor: un caramelo creado ad hoc para él: el Ministerio de Información y Propaganda.

Ya como ministros del Reich se a mudaron a un hogar a la altura de su gloria personal, al palacio del Príncipe Leopoldo. Para el verano, las autoridades de Lanke, en el lago de Bogen, le regalaron otro palacete de estilo prusiano. Magda ordenó adecentar el lugar hasta convertirlo en un complejo de cinco edificios, uno de los cuales tenía 21 habitaciones dotadas de avances tales como aire acondicionado o persianas accionadas por un motor eléctrico, algo inaudito para su época. El ministro se hizo construir un castillo privado, en el que ni su esposa podía entrar. Lo utilizaba como despacho, tapizado por completo en rojo, y para recibir a sus amantes ocasionales. Las extravagancias de Goebbels no fueron una excepción. Ni el Kaiser ni ningún rey de Prusia se habían rodeado de tanto lujo y derroche como lo hicieron los cabecillas nazis.

Hitler, consagrado por entero a la labor de transformar Alemania en un invencible imperio que durase mil años, no contrajo matrimonio hasta poco antes de su muerte. Magda rivalizó con la novia del Führer para erigirse como la primera dama del régimen. Lo consiguió, y por sus propios méritos. Era ubicua en las fiestas y celebraciones que jalonaban el calendario del partido y, a la vez, inició una incesante actividad paridora. Entre 1932 y 1940 tuvo seis hijos, casi a uno por año. Helga, Hildegaard, Helmut, Holde, Hedwig y Heide, todos sus nombres empezaban por hache, de Hitler. El Führer se lo supo recompensar otorgándole la Cruz Honorífica de la Madre Alemana.

El estallido de la guerra no menguó su ánimo. Atrás quedaban los fastos de tiempos pasados, en los que ejercía de anfitriona de multitudes. Con ocasión de la Olimpiada de Berlín recibió a más de tres mil invitados, con los que se exhibió como la cara femenina del nazismo. Rubia, distinguida, políglota y celosa madre y esposa. Toda Alemania, y buena parte del extranjero, sucumbió a sus encantos. En los años difíciles, lejos de venirse abajo, se dejaba ver con su marido entre las ruinas de los bombardeos aliados, consolando a las madres desencajadas que acababan de perder a sus hijos entre los escombros. Se cuenta que, en los meses finales de la guerra, a los invitados a su palacio les exigía los cupones de racionamiento. El hundimiento estaba cercano, la corrupta y asesina nave en la que se habían embarcado los nazis estaba a punto de naufragar.

El 22 de abril de 1945, con el Ejército Rojo a las puertas de Berlín, los Goebbels solicitaron permiso a Hitler para acompañarle al búnker. Éste, en reconocimiento por la inquebrantable lealtad que le había brindado, se arrancó de la solapa la insignia de oro del partido y se la entregó a Magda. Ese sería el punto culminante de su carrera, y la antesala del drama. El 28 de abril se encerró en su cuarto del búnker y escribió a su hijo Harald, que servía en la Luftwaffe:

“Nuestra espléndida idea se hunde, y con ella todo lo que de hermoso, admirable, noble y bueno he conocido en mi vida. El mundo que vendrá detrás del Führer y el nacionalsocialismo no merece la pena ser vivido, y por eso he traído a los niños”.

Dos días después Hitler se descerrajó un tiro y puso punto y final a su vida, a su espantoso régimen y a la guerra mundial que él mismo había iniciado. Magda, fría como un témpano, se encerró en una habitación con sus seis hijos. Les administró un somnífero y una inyección letal. Al sueño le sucedió la muerte. La mayor tenía doce años, la menor no había cumplido los cinco.

Horas después, Goebbels se dispuso a inmolarse junto a su esposa en el jardín del búnker. Se vistió con parsimonia, ajustándose con decisión la gorra de plato color caqui, y subió hasta la superficie con varios guardias. Las órdenes eran estrictas: tras el suicidio, sus cuerpos debían ser incinerados, para que los rusos no pudiesen exhibir sus cuerpos como trofeo. El ministro se pegó un tiro, Magda ingirió una cápsula de cianuro.

Punto y final. Magda Goebbels, nacida Behrend, adoptada como Friedländer y Rietschel y divorciada como Quandt, había dejado de existir. Sus restos fueron encontrados por los soldados rusos, y enterrados en los jardines del cuartel general del KGB en Magdeburgo. Un cuarto de siglo después, fueron exhumados y reducidos por completo a cenizas, que fueron esparcidas en el río Elba. Ni en sus peores sueños hubiera podido imaginar un final semejante.

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mar 23 2009

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE EVA BRAUN Y MAGDA GOEBBELS

Category: DOCUMENTOS Y REPORTAJESAdminis @ 13:57

Sin perjuicio de las fichas correspondientes a su biografía, que se añadirán en su momento, ofrecemos un magnífico relato procedente de el díario EL MUNDO, publicado hace unos años.

Tanto la amante del Führer como la musa del régimen decidieron resistir en el sótano de la Cancillería hasta las últimas consecuencias

 

 

La reciente publicación de dos libros, uno del historiador Antony Beevor sobre la caída de la capital alemana (‘Berlin 1945. The downfall’), y otro, una biografía sobre Magda Goebbels, han proporcionado nuevos datos sobre los últimos días del régimen nazi. Desde la perspectiva de las dos mujeres que más influyeron en la vida de Hitler, dos especialistas españoles en la materia completan esta fascinante historia ocurrida a finales de abril de 1945.

 

 
«La idea de ir a Berlín me parece increíble; es decir, no lo creeré hasta que me encuentre realmente en la Cancillería del Reich.Esperemos que todo salga bien. No quiero hacerme ilusiones, pero si todo sale bien, será maravilloso», escribía Eva Braun en su diario en 1935, cuando fantaseaba con la última promesa de Hitler, «el hombre más grande de Alemania y aun del mundo», de llevarla con él a la Cancillería.

 

Y en la Cancillería estaba a mediados de aquel horroroso mes de abril de 1945, sólo que en un estrecho subterráneo que olía a humedad y que siempre parecía mal ventilado. Estaba allí para morir con el hombre que había amado desde que lo conociera en la tienda de fotografías de Hoffmann, en Munich, y por cuyos alejamientos y ausencias había intentado suicidarse un par de veces. Ahora iba a morir, lo sabía y lo aceptaba con resignación vacuna; nunca había sido nadie; había vivido en la trastienda de Hitler, conocida por muy pocos, lejos siempre de los fastos del nazismo, plenamente dedicada a amar a Hitler, siempre sufriendo por las aventuras reales o inventadas que el dueño de Alemania tenía con las más hermosas mujeres que pasaban por la capital del Reich.

 

Ahora, aunque fuese al borde de la muerte, lo tenía por entero para ella.

 

No era el caso de la otra gran dama del búnker, Magda Goebbels, una mujer de mundo, realmente la musa nórdica de la Cancillería.Conocía a Hitler desde 1931 y seguramente se había sentido amada por él con ese extraño amor propio del Führer, educado, amable, mucho más posesivo que sexual. Mientras todo se hundía alrededor de ellos, Magda recordaba las veladas de los viejos buenos días de la conquista de la Cancillería.

 

Joseph y ella eran la única familia del Führer, que si no tenía compromisos ineludibles se refugiaba en su casa para oírla tocar el piano y atiborrarse, tras la cena, con sus dulces… Luego Adolf y Joseph podían discursear hasta altas horas de la madrugada, mientras ella se dormía en el sofá junto a ambos. El Führer se convirtió, también, en el protector de su matrimonio, puesto a prueba por las muchas infidelidades de Joseph y por las represalias del mismo género que, a veces, se había tomado ella… No muchas, realmente, pues desde que se había casado casi siempre se recordaba embarazada. Seis hijos había tenido de Joseph Goebbels, por cierto que las más pequeñas, Hedda y Heide, de siete y cinco años, jugueteaban en aquellos momentos con Adolf en su cuarto de baño, el único que en el búnker tenía bañera.

 familia goebbels LOS ÚLTIMOS DÍAS DE EVA BRAUN Y MAGDA GOEBBELS

Mientras llegaba el apocalíptico final del Tercer Reich, mientras caía sobre Berlín una lluvia de fuego y destrucción, mientras los soviéticos se hallaban ya a las puertas de la capital, mientras se desvanecían las últimas esperanzas, ella no podía permitirse renunciar, porque la vida de sus seis hijos estaba en juego.Sabía que su muerte era la única salida, sabía que aquellos niños serían las chivos expiatorios de los terribles errores de su padre y del tío Adolf. Era evidente que tenían que morir y que debía ser ella, la que les había dado la vida, quien se la arrebatara.Tenía que ser así, pero todo se le rompía por dentro y atendía ansiosa cualquier atisbo de esperanza.

 

Por eso, mientras Eva parecía resignada, casi indiferente ante la general ruina, ella apoyaba al Führer y a su marido, que exigían al pueblo alemán y, más concretamente, al berlinés, una resistencia numantina, dispuestos a llevarse a todos por delante antes que capitular.

 

LA HORA DE STALIN
Para Hitler, la derrota final resultaba doblemente amarga porque eran los soviéticos y no los occidentales quienes cerraban una implacable tenaza sobre Berlín. Varias razones se entrelazaron para que la capital alemana cayera en manos de Stalin.

 

Se asegura que los norteamericanos temían una brava resistencia alemana y la pérdida de millares de hombres -según el general Omar Bradley, 100.000-, en la batalla por la capital alemana.Pero en Berlin 1945. The downfall, que acaba de aparecer, el prestigioso historiador británico Antony Beevor sugiere que la inhibición estadounidense pudo deberse a una concesión verbal del presidente norteamericano Roosevelt a Stalin, para que éste declarara la guerra a Japón y apoyara su más querido proyecto, la fundación de Naciones Unidas.

 

Stalin habría aprovechado la circunstancia para convencer al presidente de EEUU de que sus soldados concentraran su esfuerzo en el frente italiano, para que los alemanes no pudiesen retirar sus divisiones y usarlas en Austria. Eso dejaría el camino libre a Berlín al Ejército Rojo. Más aún cuando Roosevelt, ante la desesperación de Churchill, no pensaba que la ciudad fuera un objetivo importante, sino más bien un incordio con sus millones de habitantes hambrientos y montañas de ruinas. Y de ahí las instrucciones secretas a Eisenhower, quien, en contra del mando británico, sacó adelante su renuncia a Berlín con el apoyo del general Marshall, mientras Roosevelt moría el 11 de abril de 1945.

 

CARRERA POR EL URANIO
Stalin estaba preocupado porque los alemanes no ofrecían resistencia a los occidentales, mientras que peleaban con fiereza contra los soviéticos. Pero además, según la tesis de Beevor, tenía entre manos un gran proyecto que no quería arriesgar por nada: desde mayo de 1942, sabía que Estados Unidos y Gran Bretaña estaban trabajando en una bomba de uranio. En 1945 aparecieron yacimientos de uranio en Kazajistán, pero proporcionaban tan exiguas cantidades, en comparación con las necesidades, que la única posibilidad atisbada por Stalin para fabricar la bomba era hacerse con los depósitos acumulados por los alemanes. Sus espías se enteraron de que se almacenaba en el Instituto de Física Káiser Guillermo, en Dahlem, zona residencial del suroeste de Berlín. En un edificio, bautizado como La Casa de los Virus para desalentar la curiosidad, los alemanes llevaban a cabo su propio programa de investigación nuclear.

 

La ambicionada toma de Berlín, aparte de las razones políticas, estaba provocada en gran medida por la fiebre del uranio y la oportunidad de capturar a los científicos alemanes que se encontraban dedicados a la investigación nuclear. El inminente colapso del Tercer Reich, ya perceptible a finales de marzo, acrecentó la ansiedad de Stalin, quien no descartaba que, en el último momento, los alemanes se acercaran a EEUU y Gran Bretaña para frenar el avance soviético hacia el corazón de Europa.

 

El 3 de abril, los mariscales soviéticos Zhukov y Koniev abandonaron Moscú y regresaron a sus cuarteles generales del I Frente Bielorruso y del I Frente Ucraniano, respectivamente, apuntados hacia Berlín.

 

Llegaban con órdenes recibidas directamente de Stalin: había que entrar en la capital alemana el 22 de abril, para hacer coincidir la victoria con el cumpleaños de Lenin.

 

PESIMAS NOTICIAS
«¡Mein Führer!, ¡Mein Führer!». El mayordomo, Heinz Linge, golpeó con energía la puerta de la habitación de Hitler. «¡Nos atacan los rusos… sus cañones disparan ya sobre Berlín!». Hitler se levantó apresuradamente, aunque sólo eran las 11.00 h. de la mañana, una hora temprana para él, que solía acostarse tarde y casi nunca se levantaba antes de mediodía.

 

Se reunió con su ayudante militar, el general Burgdorf, en la habitación de los mapas, un espacio reducido, como todos los del búnker. Allí comprobaron que el avance soviético había sido tan rápido en las últimas 24 horas que habían instalado una batería de 150 mm. en Marzahn, a 19 kilómetros de Berlín, y desde allí enviaban su primer mensaje mortal.

 

La situación no podía ser más angustiosa para Alemania al amanecer del 21 de abril de 1945. Se estaba batiendo en todos los frentes en una inferioridad de uno a tres, cada vez era más angustiosa la escasez de armamento, de combustible y de municiones y, sobre todo, los aliados eran dueños absolutos del aire. Lo único coherente era capitular, pero Hitler no era un hombre coherente.

 

La víspera, el 20 de abril, había cumplido 56 años. De aquellos días nos ha quedado la descripción de un coronel de Estado Mayor: «Avejentado, encorvado, con el rostro abotargado y de un enfermizo color rosáceo, pero su mirada era tan clara y calma como siempre». Hitler era una ruina humana, pero seguía confiando en su destino. La guerra cambiaría de curso, llegarían las nuevas armas que decidirían la victoria. Lo único que se precisaba era tiempo. Ese mismo día despachó a la mayoría de sus colaboradores hacia los Alpes bávaros y austriacos para que acelerasen los preparativos de La fortaleza alpina, el reducto inexpugnable en el que el Reich resistiría hasta que llegasen las nuevas armas con que alcanzarían la victoria. Tal reducto comprendía buena parte de Bohemia, Moravia, Austria y Baviera, unos 90.000 kilómetros cuadrados dotados de una geografía fácilmente defendible, pero La fortaleza alpina era pura entelequia. El coronel de las SS Otto Skorzeny, que fue enviado allí a mediados de abril para organizarla, se preguntaba: «¿Dónde están los víveres y municiones?, ¿Dónde los depósitos de armas?». Inmerso en esas fantasías, el 21 de abril Hitler movía ejércitos inexistentes para frenar las penetraciones soviéticas en el Oder.

 

En la rutinaria reunión de guerra del domingo 22 de abril, Hitler estaba ansioso por saber los resultados de las fantásticas ofensivas ordenadas y sólo pudo ver que la tenaza soviética se cerraba sobre Berlín. De pronto, se levantó, golpeó la mesa y comenzó a gritar: «¡La guerra está perdida!». Con los ojos desorbitados, rojo el semblante y un violento temblor en todo el lado izquierdo de su cuerpo, Hitler siguió chillando histéricamente: «¡Se equivocan si creen que ahora voy a abandonar Berlín! ¡Antes me pego un tiro en la cabeza!». Luego telefoneó a Goebbels al Ministerio de Información y Propaganda: «¡Joseph, he decidido quedarme en Berlín, dar aquí mi última batalla!».

 

A continuación le pidió que se trasladase al búnker de la Cancillería.

 

Los Goebbels -Joseph, Magda y sus seis hijos- cambiaron el búnker del Ministerio por otro conectado con el del Führer. Fue aquél un momento trascendental. Hitler se dio cuenta por vez primera de que la guerra estaba perdida, de que La fortaleza alpina era una quimera y de que no habría nuevas armas. Decidió aplicar al caso algo que siempre le había conmovido en la tradición de los marinos: el capitán no se rendía, sino que se iba al fondo del océano amarrado al timón de su buque. El 22 de abril, Hitler decidió morir con Berlín, la ciudad que él había soñado como la más hermosa del orbe. No lo haría solo. Eva Braun, su amante, había decidido morir a su lado. Con esa finalidad se había presentado en Berlín el día 15, cuando la ciudad estaba casi cercada, abandonando la hermosa casa y los maravillosos paisajes tranquilos de Berchtesdaden y optando por el riesgo y la incomodidad del búnker de la Cancillería, angosto, húmedo y maloliente. Hitler la recibió con muestras de contento, aun cuando Eva había desobedecido sus órdenes. El 22 de abril Hitler intentó de nuevo ponerla a salvo, ofreciéndole que se trasladase en avión a Baviera, pero Eva se negó. Lo mismo hicieron sus secretarias Frau Junge y Frau Chistian. «¡Ojalá mis generales fueran tan valientes como vosotras!», sentenció el Führer.
es 20 LOS ÚLTIMOS DÍAS DE EVA BRAUN Y MAGDA GOEBBELS

 

EVA, LA MODELO
La compañera elegida por Hitler para aquella última singladura de su vida era un personaje incoloro, «una muchacha que apenas se distinguía de las mecanógrafas cuando se hallaba entre ellas.Estaba a punto de morir y lo único que parecía fastidiarle era que Hitler hubiese envenenado a su perro Blondi», declaró a los servicios secretos aliados Erna Flegel, una de las enfermeras que permanecieron en el búnker hasta el último momento.

 

Eva Braun, nacida en Munich, en 1912, trabajaba como modelo, secretaria y dependienta en el estudio de Heinrich Hoffmann, que era el fotógrafo oficial de Hitler desde que éste se convirtiera en una de las estrellas de la política alemana en 1923. Era una muchacha rubia, atlética, de cara redondeada, ojos azules y amplia sonrisa. Suplía su carencia de formación intelectual con resolución y una notable inteligencia.

 

En el estudio de Hoffmann la conoció Hitler en 1929 y al fotógrafo no se le escapó que le había impresionado. En adelante enviaba a Eva a llevar las fotografías que servía al futuro canciller semanalmente. Se ignora si existieron relaciones íntimas entre ellos mientras vivió Geli Raubal, pero a comienzos de 1932 -apenas medio año después de la muerte de la medio sobrina y, probablemente el gran amor de su vida- Hitler la convirtió en su amante. Eva tenía entonces 20 años. Adolf, 43.

 

TORMENTOSO PASADO
Su presencia junto al Führer durante 13 años, sin embargo, nunca le dio la proyección pública que tuvo Magda Goebbels, verdadera primera dama oficiosa del nazismo. Nacida el 11 de noviembre de 1901 en Berlín, Magda era hija natural de Auguste Behrend, una criada, y probablemente del ingeniero Oskar Ristchel, que se casaría con ella después sin dar a la niña su apellido.

 

Los padres se divorciaron al poco y, mientras Auguste volvía a casarse, el padre se llevó a la niña a Bélgica, donde se crió en internados. Cuando estalló la I Guerra Mundial, Magda fue expulsada de Bélgica, como les ocurrió a todos los alemanes, y pasó los años de la guerra como refugiada en Berlín. Será el primero de una serie de reveses en su vida, que a juicio de la biografía Magda Goebbels, que acaba de publicar la periodista Anja Klabunde, pueden ayudar a explicar la indiferencia de Magda hacia el sufrimiento de los europeos durante la II Guerra Mundial.

 

De los años de la guerra en Berlín queda una segunda decepción, esta vez amorosa. Magda conoció a Victor Arlosoroff, un socialista judío muy identificado con la causa sionista, con el que incluso planeó emigrar a Palestina. Pero, acabada la guerra, Victor se enamoró de una muchacha judía. En 1933, Arlosoroff fue asesinado en un atentado en Palestina que los sionistas consideraron siempre obra de Goebbels.

 

Tras el desengaño, Magda conoció a un hombre que iba a suponer un giro radical en su vida de modestia económica cuando no de penuria: el industrial Günther Quandt, un caballero de casi 40 años, recién enviudado, con el que coincidió en un tren y que tras unas semanas de cortejo le propuso matrimonio.

 

A pesar de la diferencia de edad y de que tenía que convertirse del catolicismo al protestantismo, Magda aceptó. El matrimonio fue un fracaso. Quandt era un hombre frío que confundía amor con generosidad económica, pero la pareja tuvo un hijo, Harald, del que Magda no se separaría hasta que la guerra le obligó a ir al frente. Su nuevo estatus le permitió aprender a comportarse como una persona de la alta sociedad adquiriendo unas habilidades sociales que le serían muy útiles cuando se convirtiera en la primera dama del nuevo régimen.

 

Tras divorciarse de Quandt, en 1929, Magda empezó a frecuentar el Club Nórdico, una institución fundada en 1909 que defendía la superioridad de los nórdicos y que para esta época simpatizaba abiertamente con la ideología nazi. Su vínculo con el nazismo se estrechó probablemente cuando fue a escuchar a Goebbels a un mitin en el Palacio de Deportes.

 

Poco después se unió al partido nazi. Por el círculo social del que procedía fue bien recibida y ella se implicó intensamente desde el principio. En 1930 fue nombrada secretaria de Goebbels.De los diarios de éste y de los testimonios de contemporáneos, se deduce que ambos se enamoraron a primera vista. Y a través de Joseph conoció a Hitler, en quien ejerció una gran influencia de inmediato. De ella dijo: «Esta mujer podría desempeñar un papel importante en mi vida, incluso aunque no me case con ella.Podría ser el polo opuesto, femenino, de mis instintos masculinos».

 

Magda entró en el círculo íntimo del líder nazi y su relación con Hitler pasó a ser el complemento platónico de la que mantenía con Goebbels. Los tres formarían un trío en el que Magda desempeñó el papel de musa del Führer y consorte de su lugarteniente. Como a Eva, Hitler le insistió para que huyese antes de la derrota total. Y como Eva, se negó.

 

UN MAR DE RUINAS
Antes de la guerra, Berlín era la mayor ciudad de Europa y, con sus suburbios industriales, ocupaba 900 kilómetros cuadrados, en los que vivían cuatro millones y medio de habitantes. La ciudad a la que se acercaban los soviéticos era bien diferente. Sobre ella habían lanzado los aliados occidentales más de 60.000 toneladas de bombas, que habían causado más de 50.000 víctimas e ingentes destrozos hasta el punto de que se calculaba que un tercio de las viviendas eran inhabitables.

 

La población había descendido a menos de tres millones. De ella faltaban los soldados que combatían en los frentes, los muertos y cientos de miles de familias que perdieron sus medios de vida y emigraron. La vida era muy difícil: en el aire flotaba continuamente una nube de polvo y humo; raro era el día que no se cortaba el agua, la luz o el teléfono, o que no había que salir precipitadamente a refugiarse de un ataque aéreo. Además, la dieta alimenticia estaba sujeta a un duro racionamiento. Aún acudían al trabajo unos 600.000 berlineses, empleados en los servicios y en las fábricas de armamento. Y no menos de 200.000 trabajaban en obras de fortificación en los arrabales de la ciudad.

 

Encargado de la defensa estaba el general Reimann, que rebañó unos 90.000 combatientes. Se trataba de muchachos de 15 y 16 años pertenecientes a las Juventudes Hitlerianas; de hombres incluso con más de 60 años, militarizados por la Vokssturm, y policías, a los que se armó con los restos de los arsenales.Un Ejército miserable para defender Berlín, tanto que el general Heinrici, jefe del grupo de ejércitos que defendía el Oder, tenía el propósito de declararla ciudad abierta, pues la defensa, aparte de inútil militarmente, causaría enormes estragos humanos y formidables pérdidas materiales.

 

Pero Hitler deseaba que la ciudad se convirtiera en un nuevo Verdún. Para ello, Goebbels obligó a aquel Ejército de niños y ancianos a combatir bajo este fanático juramento: «Juro que seré incondicionalmente fiel al Führer del Reich alemán, Adolf Hitler. Juro que combatiré valerosamente por mi hogar y el futuro de mi patria». La sola sospecha de deserción podía suponer la muerte. A partir del 19 de abril comenzó a ser frecuente el macabro espectáculo de viejos o niños ahorcados de árboles o farolas, con un cartel que decía: «He sido ahorcado por traidor a mi patria».

 

A partir del 22 de abril, tras el hundimiento del frente del Oder, muchas unidades fueron arrojadas contra la ciudad por la propia ofensiva soviética, mientras que a sus calles llegaban millares de soldados. Así lograron reunir cerca de 200.000 hombres para defender Berlín, pero en gran parte su valor militar era escaso. Entre las unidades rechazadas por los soviéticos hacia el casco urbano estaba el 56º Panzer Korps, mandado por el general Weidling, que inmediatamente fue nombrado por Hitler jefe de la defensa de Berlín.

 

LA TRAICION DE GOERING
Cuando Hitler decidió, en la tarde del domingo 22 de abril, perecer en su capital, los soviéticos ya habían cerrado su tenaza. Koniev desde el sur y Zhukov desde el norte unían sus fuerzas en Ketzin, al oeste de Berlín. Hitler tenía a las tropas de Stalin a 16 kilómetros.

 

Ese 23 de abril pasaría a la Historia por la traición de Goering.El mariscal le mandó esa noche un telegrama que reflejaba los propios encargos del Führer: «Vista vuestra decisión de quedaros en la fortaleza de Berlín, ¿accedéis a que asuma inmediatamente la Jefatura General del Reich, en calidad de lugarteniente vuestro, de acuerdo con vuestro decreto de 29 de junio de 1941, con completa libertad de acción, tanto en el interior como en el exterior?».

 

Hitler permaneció casi indiferente cuando Bormann le leyó el telegrama, pero aquella noche Goering no estaba de suerte: en el búnker vivían dos declarados enemigos suyos, Bormann y Goebbels, y convencieron a Hitler de que aquello era un intento de golpe de Estado, de una traición… Hitler ordenó que Goering fuera arrestado inmediatamente.

 

LA PRINCIPAL VICTIMA
Las escasísimas posibilidades que aún existían de parar la guerra en aquel punto quedaron abortadas. Berlín iba a ser la principal víctima. No menos de medio millón de soldados soviéticos participaban directamente en el ataque, apoyado por más de un millar de carros de combate y cañones de asalto, por el fuego ininterrumpido de más de 2.000 cañones y morteros y por el bombardeo aéreo incesante.El consumo soviético de municiones fue fantástico: un promedio de 4.000 toneladas diarias en los 10 días que duró la lucha: 400 vagones de ferrocarril o 1.000 camiones de la época.

 

La población civil, cobijada en sótanos, túneles del metro o refugios antiaéreos, seguía los combates hambrienta y aterrada; conforme avanzaban los soviéticos, iba pasando a sus manos sufriendo en el cambio vejaciones, robos y violaciones. Beevor calcula que dos millones de mujeres alemanas fueron violadas por el Ejército soviético en su avance hacia Berlín. La defensa fue extraordinariamente efectiva, aunque los avances soviéticos resultasen importantes: el 24 de abril entraban en Dahlem y se apoderaban de los 250 kilos de uranio metálico y las tres toneladas de óxido de uranio que encerraba La Casa de los Virus. El 25 de abril tomaron el aeropuerto de Tempelhof y la ciudadela de Mitte. El 26, cayó en sus manos el barrio de Zehlendorf, cuyo Ayuntamiento fue defendido hasta el final por muchachos de las Juventudes Hitlerianas, que resultaron carbonizados por medio de lanzallamas. Muchos de esos actos de resistencia numantina fueron forzados por la política de «responsabilidad familiar» inspirada por Goebbels: «El exterminio de las familias de los que se rindan es un deber racial de la tradición germánica».

 

Con todo, los soviéticos seguían avanzando: el viernes, 27 de abril, las tropas de Zhukov tomaron Spandau y Pankov, mientras que las de Koniev avanzaban por Köpenick… El sueño de Hitler encogía: del Reich milenario y universal sólo quedaba un reducto de 10 kilómetros de largo por cuatro de ancho.
Tres libros reveladores
Este relato se basa en tres libros recientes: El último día de Adolf Hitler, de David Solar; Berlin 1945. The downfall, de Antony Beevor; y Magda Goebbels, de Anja Klabunde.

 

En el primero, partiendo del disparo que acabó con su vida en la tarde del 30 de abril de 1945, y del análisis de las últimas 36 horas de Hitler, el historiador y periodista David Solar desentraña de manera retrospectiva las claves que condujeron al ascenso del Führer y al estallido de la Guerra.

 

La obra de Antony Beevor traza un cuadro espeluznante del comportamiento de los soldados del Ejército Rojo en los territorios alemanes que iban ocupando, tras exhumar miles de testimonios inéditos de los archivos soviéticos y de otros recién abiertos de Gran Bretaña, Francia, Suiza y Estados Unidos.

 

Por último, la biografía de Magda Goebbels que acaba de publicar la periodista Anja Klabunde es una investigación histórica y psicológica sobre cómo la irresistible llamada del poder llevó a una joven de familia humilde, intrascendente y sin excesiva formación, a convertirse en el rostro femenino del nazismo tras su unión con el jefe de propaganda de Hitler.

 

Hitler no soportó las ‘puñaladas’ de Goering y de Himmler; decidió casarse, hacer testamento y luego… suicidarse

 

Ocultos en el búnker de la Cancillería, bajo el fragor de las bombas, Adolf Hitler y Eva Braun contrajeron matrimonio. La ocasión era muy distinta a aquélla de 1931, cuando Goebbels y Magda se casaron con el Führer como testigo. Hitler pareció rejuvenecer al dar el sí a la mujer que le había acompañado durante los últimos 14 años. Un solo instante de felicidad en medio del infierno.Berlín agonizaba nueve metros por encima de aquel sótano. Al día siguiente, la bandera soviética ondeaba en lo alto del Reichstag.

 

Joseph Goebbels y Magda Quandt el día de su boda, en Severin. Junto a ellos, el hijo de Magda y, detras de él, Hitler, con sombrero. / AP
Adolf Hitler, vestido con pantalón negro y chaqueta azul marino cruzada, con botones metálicos y una sola condecoración de las conseguidas como combatiente en la Primera Guerra Mundial, charlaba animadamente con sus últimos incondicionales, Martin Bormann y Joseph Goebbels.

 

Junto a ellos formaban otro grupo Eva Braun, Magda Goebbels, las secretarias del Führer -Frau Junge y Frau Christian-, y Fräulein Manzialy, la especialista en cocina vegetariana. Eva vestía un traje de tarde, de seda negra, con escote de pico en el que lucía su único adorno, una pequeña medalla de oro.

 

Más lejos, en aquel corredor de unos tres metros de ancho y 17 de largo, forrado de madera y decorado con cuadros italianos, hacían un aparte los generales Krebs y Burgdorf, jefe del Estado Mayor de la Wehrmacht y ayudante de Hitler, respectivamente.

 

Era la 1.00 de la madrugada del 29 de abril de 1945 y todos esperaban la llegada de un funcionario municipal que se ocupara de los trámites legales: Adolf y Eva se casaban.

 

La intempestiva escena se desarrollaba en el corredor central del búnker de la Cancillería de Berlín, que vibraba intermitentemente a causa de los disparos de la artillería soviética, cada vez menos activa por falta de blancos contra los que tirar. El imperio soñado por Hitler se había reducido casi a la nada y su voluntad de resistencia se había desplomado, súbitamente, unas horas antes.

 

DIAS DE TRAICION
La avioneta Fieseler Storch alcanzó Berlín a primera hora de la tarde del 28 de abril, escondiéndose entre las nubes y las negras columnas de humo que ascendían hasta el cielo de la capital del Reich, convertida en un volcán. Conducía el ligero aparato la famosa piloto de pruebas, Hanna Reitsch y la acompañaba el general Ritter von Greim.

 

Dieron una pasada por el centro de la ciudad, buscando un sitio donde aterrizar, y quedaron desolados. El Berlín controlado por Hitler ya no tenía aeropuertos donde pudieran llegar los escasos aviones de transporte disponibles. Algunos aparatos ligeros aterrizaban en el gran eje Este-Oeste, que fue lo que justamente hizo Hanna Reitsch, con grandes apuros pues al descender fueron alcanzados por el fuego de las ametralladoras soviéticas y el general resultó herido en un pie.

 

Ritter von Greim alcanzó la Cancillería, donde había sido convocado con toda urgencia por Hitler, en tan malas condiciones que debieron operarlo e ingresarlo en la enfermería del búnker. Hasta allí acudió el Führer para comunicarle que le hacía entrega del mando de la Luftwaffe.

 

El general quedó literalmente alelado: Hitler le había obligado a jugarse la vida trasladándose al Berlín cercado para ofrecerle el mando de un arma que no tenía casi aviones, ni gasolina, ni municiones, ni aeropuertos. Supuso que el Führer trataba de mantener una apariencia de normalidad y, sobre todo, quería a un aviador con quien lamentar la traición de Goering, el jefe de la Luftwaffe: «¡Un ultimátum! ¡Eso ha sido su nota! ¡Un torpe ultimátum! ¡Nada queda ya! ¡Tengo que sufrirlo todo! ¡No ha habido deslealtades, ni faltas al honor, ni desengaños de que no me hayan hecho víctima; ni ha habido traiciones que yo no haya tenido que soportar!»

 

Hitler estaba sentado a los pies de la cama de Ritter von Greim quejándose o dibujando castillos en el aire, cuando le trajeron un teletipo de la agencia Reuters, fechado en Estocolmo, que daba cuenta de las negociaciones abiertas por Himmler con la diplomacia sueca para tratar de llegar a una paz separada con los angloamericanos.

 

Hitler montó en cólera, ordenó la destitución de Himmler y ordenó a Von Greim que abandonara rápidamente Berlín y capturase al traidor, que había tenido en sus manos la seguridad del Reich durante una década. Luego se retiró a su despacho acompañado por Bormann y Goebbels. En aquella reunión decidió que había llegado al final: se casaría, haría testamento y luego se suicidaría.

 

Aunque la traición de Himmler tenía algo que ver en su propósito, más importante fue, probablemente, la información que estaba recibiendo del general Weidling: el perímetro defensivo de Berlín se reducía; escaseaban las municiones; las tropas de Zhukov, tras 24 horas de continuos asaltos, habían logrado franquear el puente de Moltke sobre el río Spree, aunque sus carros lo atravesaron aplastando los cadáveres de centenares de soldados rusos caídos en su intento de cruzarlo; el poderoso búnker de Zoo estaba siendo asaltado; los soldados de Bersarín, jefe del V Ejército soviético, habían limpiado de defensores la zona de la Puerta de Halle y Belle Aliance…

 

IN ARTICULO MORTIS
La boda con Eva Braun fue, probablemente, un gesto de agradecimiento hacia la mujer que le había acompañado durante los 14 últimos años y que se encerró en el búnker pudiendo haber elegido quedarse en Munich y, quizás también, una manera de legalizar su situación a efectos testamentarios.

 

Tras las firmas de los documentos del matrimonio, los asistentes abandonaron el cuarto de mapas, donde había tenido lugar el acto y salieron al pasillo donde les felicitaron una docena de personas.Los novios y sus invitados componían el cuadro típico de una boda. Eva Braun recibía las felicitaciones de los caballeros y de las damas; aquéllos le besaron la mano; éstas, las mejillas y ella sonreía feliz a todos, volviendo frecuentemente la vista hacia su marido, que alegre y rejuvenecido, recibía los parabienes de todos.

 

Alguien tenía una máquina fotográfica y captó la escena: Hitler posó serio, pero con mucho mejor aspecto que el anciano prematuro de fotografías anteriores; Eva le tomaba del brazo, esbozando una sonrisa; tras los recién casados, las secretarias Christian y Junge. En la antesala del despacho de Hitler se había dispuesto una cena fría y champán.

 

Acompañaron a los novios el matrimonio Goebbels, Bormann, las dos secretarias, la cocinera y los generales Burgdorf y Krebs.La conversación fue animada y los Goebbels centraron la atención de todos pues su boda, apadrinada por Hitler, era uno de los mejores recuerdos de los buenos tiempos.

 

Al Führer le costaba reconocer en aquella Magda Goebbels, ajada, ojerosa, pálida y medio enferma, a la mujer elegante y preciosa que había conocido en 1931. En aquella época, Joseph carecía de ingresos para casarse con ella, pero Hitler le subió el sueldo y el agitador nazi pudo unirse a Magda en una ceremonia wagneriana organizada por el director teatral Walter Granzow.

 

El matrimonio se celebró en diciembre de ese mismo 1931. Para entonces la villa del pueblo de Severin, que Magda usaba con permiso de su ex marido, Quandt, era un lugar de cita de los jefes nazis y Hitler y su entorno pasaban a veces los fines de semana en ese reducto natural para huir del bullicio de Berlín.

 

CRUZ SOBRE ESVASTICA
La boda tuvo lugar en la pequeña iglesia de Severin porque se temía que una celebración pomposa en Berlín provocara protestas y manifestaciones en la capital. Hitler fue testigo de los novios y para la ceremonia, el altar de la iglesia estuvo decorado con la bandera de la esvástica, sobre la que se colocó un crucifijo en el centro exacto.

 

Magda vestía de seda negra con un chal blanco de encaje de Bruselas que había llevado en su primera boda. En la foto que alguien tomó del cortejo nupcial, Hitler aparece tras los novios llevando de la mano a la madre de Magda. Harold, el hijo de Magda y Quandt, de nueve años, iba vestido con el uniforme de las Jungvolk.

 

Al día siguiente, la prensa antinazi tituló: «Goebbels se casa con una judía». La falta de claridad sobre los orígenes exactos de Magda; su cambio de apellidos, alguno de ellos aparentemente judíos como el de Friedländer y sus devaneos juveniles con Víctor Arlosoroff, habían dado origen a rumores sobre su procedencia judía que ahora los enemigos de Goebbles usaban para tratar de ridiculizarlo.

 

Los recién casados se establecieron en un apartamento en la Reichkanzlerplatz. Hitler comía a menudo allí y Magda ayudaba en la cocina, porque el líder nazi temía siempre que le envenenaran. Fue en esa época cuando Hitler y Goebbels aprendieron la etiqueta y los modales de la alta sociedad en la mesa, así como a comer langosta o caviar correctamente y a pronunciar bien las palabras extranjeras.

 

En 1933, cuando Goebbels se convirtió en ministro de Información y Propaganda, Magda se vio finalmente catapultada a la cima del poder. Probablemente Hitler sintió un amor platónico hacia ella y en su casa tuvo la única vida familiar de que disfrutó nunca.

 

Magda, más preparada intelectual y socialmente que Eva, supo influir en ambos hombres. El aspecto de Goebbels cambió hasta el punto de que se trató de convertir en un caballero elegante.Pasaba una hora diaria en la lámpara de rayos solares para broncearse, le hacían la manicura todo los días, el mejor zapatero de Berlín le fabricaba las suelas especiales para que no se notara mucho su cojera, sus trajes procedían de los sastres más caros. Magda fue siempre un paradigma de la elegancia de los años 30. Incluso cuando Berlín estaba en los peores meses de 1945, se seguía encargando ropa a medida y manteniendo un aspecto aristocrático e impoluto.

 

Durante esos años tuvieron seis hijos: Helga (1932), Hilde (1934), Helmut (1935), Holde (1937), Hedda (1938) y Heide (1940).

 

Hitler siguió siendo un asiduo del hogar de los Goebbels, donde jugaba con la idea de ser el tío Adolf para los niños. Con frecuencia llegaba a eso de las 8.00 de la tarde con un solo ayudante y el director de la compañía Mercedes Benz. «Hitler saludaba a Magda con mucha dulzura y mi hija le servía pudin de caramelo, que le gustaba mucho», escribió Goebbels.

 

Magda, según testimonios, cambiaba radicalmente en presencia de Hitler, su estilo tranquilo se desvanecía y se ponía muy nerviosa para complacer al Führer, con el que derrochaba sus encantos.

 

En octubre de 1940, al año de empezar la contienda, Magda tuvo su sexto y último hijo, una niña a la que llamó Heide. Durante la guerra, los vástagos de los Goebbels llevaron una existencia plácida en la localidad de Lanke, donde iban en pony a la escuela y jugaban con los animales del parque de su residencia, rodeados de granjeros y gentes del pueblo que, en general, tenían mejores condiciones de vida que los de la ciudad.

 

Cuando Goebbels tenía tiempo de acercarse en coche hasta Lanke nunca dejaba traslucir los problemas de la guerra y siempre estaba de buen humor para jugar con sus hijos.

 

Magda, sin embargo, bebía y fumaba cada vez más, caía en largas depresiones y sufría constantes achaques. Su situación mejoraría cuando, ante la inminencia del final de la guerra, los Goebbels superaron las diferencias que les habían ido separando por las infidelidades de Joseph y se unieron de nuevo ante la adversidad.Goebbels utilizaba a su esposa como elemento de apoyo personal y ambos pasaban largas horas cogidos de la mano.

 

Justo antes de las Navidades de 1944, Hitler efectuó la última visita al hogar de los Goebbels. El Führer era ya el desastre físico de hombros hundidos y brazos inertes de sus últimos meses.

 

Fue la última Navidad. Hubo árbol con velas y regalos para los niños, pero al ambiente general era triste y Magda ya había perdido la esperanza de que la situación cambiara.

 

«El año que viene habrá paz definitiva», le dijo a su secretaria en un presagio fúnebre. En el búnker, la profecía estaba ahora a punto de cumplirse.

 

En su deprimente boda, Hitler comió poco y sólo bebió agua. Pero cuando aparecieron por casualidad los coroneles Günsche y Below, ayudante personal del Führer y ayudante para la Luftwaffe, respectivamente, Eva Braun les invitó a brindar con ellos y consiguió animar a su esposo para que también lo hiciera, aunque éste accedió de forma casi simbólica.

 

Luego, la fiesta comenzó a languidecer y los presentes se dividieron en dos grupos. Hitler, Bormann y Goebbels estaban obsesionados por las traiciones de los amigos con los que habían compartido dos décadas de lucha y poder. Hitler no podía digerir las puñaladas de Goering y de Himmler.

 

En el otro grupo, que se había refugiado más en el champán, también se fue desvaneciendo la conversación, entrando en una especie de velatorio en el que rodaron algunas lágrimas.

 

Los largos silencios se veían rotos por el fragor de la guerra, pese a que el techo del búnker tenía un espesor de tres metros de hormigón armado y que sobre él había seis metros de tierra apisonada. La estructura vibraba cada vez que disparaba la artillería pesada soviética y en la pequeña sala fue imponiéndose aquel trueno lejano y el tintineo de las finas copas de Bohemia.

 

EL ULTIMO DOMINGO
Al amanecer del domingo 29 de abril no cambiaron las cosas. Siguieron los feroces combates a lo largo del río Spree, Königs Platz, Kurfürsten Platz, Zoo, Alexander Platz, Mercado Central, estaciones de Potsdam, Wansee y Anhalt. En algunas zonas, los soldados soviéticos estaban ya a menos de un kilómetro del búnker.

 

El día era cálido y azul, aunque el cielo no se viera a causa del humo de los incendios y del polvo levantado por los explosivos.Pero los berlineses que padecían el terremoto, aterrados y hambrientos, no podían gozar de la primavera: «Nada indica que hoy sea domingo, ni sé qué tiempo hace fuera. Casi no tenemos nada que comer y bebemos un agua nauseabunda. Desde hace días son tan fuertes los combates que no hemos podido salir para nada del sótano», escribía una berlinesa el 29 de abril.

 

A última hora, Hitler se enteró de la muerte de Mussolini y comenzó a hacer preparativos para la suya pues le horrorizaba caer vivo en manos de los soviéticos. Al final del día le llegó desde Ploen el telegrama que anunciaba el colapso de Alemania: Wenck, la última esperanza, había sido rechazado en los suburbios de la ciudad; Berlín no recibiría auxilio.

 

Cuando amaneció, el 30 de abril, los soviéticos se introducían por las líneas del metro y habían llegado cerca de la Vosstrasse, la calle de la Cancillería. Las SS habían inundado los túneles causando una matanza de soviéticos y de civiles refugiados en los andenes. El cerco se estrechaba.

 

A las 15.30, un batallón de asalto, mandado por el capitán Neustroev, ocupó la Königsplatz en la que se levantaba el Reichstag. Entonces se produjo un acontecimiento clave en la batalla de Berlín: los sargentos Egorov y Kantariya tomaron la bandera roja número 5 del III Ejército y se lanzaron hacia el edificio. Les siguió toda su compañía, que logró forzar las puertas. Allí se combatió hasta la noche pero, a media tarde, los soldados soviéticos alcanzaron la terraza y colocaron su bandera en el edificio más emblemático de Alemania.
Hitler se dispuso a morir pero antes escuchó a Goebbels, que había decidido matar a sushijos y suicidarse con Magda

 

Hitler estaba sentado en el sofá junto a Eva. Ambos tenían restos de la ampolla de cianuro en la boca. En la sien derecha del Führer, un agujero negro de bala. El cuerpo fue envuelto en una alfombra porque de la cabeza todavía manaba abundante sangre. Trasladaron los dos cadáveres al jardín y les prendieron fuego. Era el 30 de abril de 1945. Al día siguiente, Joseph y Magda Goebbels decidieron que también había llegado su momento y que los niños emprenderían con ellos el camino sin retorno.

 

«Desde 1914, cuando presté como voluntario mi modesta contribución a la Guerra Mundial (…) han pasado más de 30 años. Durante estas tres décadas sólo el amor y la lealtad hacia mi pueblo han guiado todos mis pensamientos, acciones y toda mi vida.Ellos me dieron la fuerza para tomar las decisiones más difíciles a las que un mortal ha debido enfrentarse. He agotado mi tiempo, mi energía y mi salud durante estas tres décadas…»

 

Tras el banquete de boda, Hitler se levantó y abandonó la reunión para dictar a su secretaria, Traudl Junge, su testamento político.Luego encargó a Bormann que hiciera llegar diversas copias a sus colaboradores más íntimos y al almirante Karl Doenitz, el hombre que debía regir los destinos de Alemania cuando él muriera.Aún escuchó unos minutos a Goebbels, que le comunicó su resolución de matar a sus hijos y, a continuación suicidarse con Magda.

 

El día 29 de abril también llegó al búnker la desastrosa noticia de que los diversos ejércitos alemanes que habían tratado de romper el cerco de Berlín habían sido rechazados. La salida de la ciudad era cada vez más difícil, por lo que se enviaron diversos correos con las copias del testamento confiando en que alguno lograría llegar a su destino.

 

Eva se pasó el día animándole, tratando de que comiera, desempeñando, en suma, el papel de solícita esposa. Cuando se enteraron por la radio de que la muerte de Mussolini se había saldado con el macabro espectáculo de su cadáver colgado por los pies de la marquesina de una gasolinera de Milán, junto a su amante Claretta Petacci y alguno de sus colaboradores, Hitler aceleró los preparativos de su muerte e insistió en que su cuerpo y el de Eva fueran incinerados tras su óbito para evitar la vejación.

 

Fuera, las últimas tropas alemanas eran poco a poco rechazadas hacia el corazón de la ciudad, cuyo epicentro era la Cancillería.

 

Entre las 2.00 y las 4.00 de la madrugada del 30 de abril, Eva Braun reunió a las mujeres en el pasillo de la planta superior del búnker. Magda Goebbels, las secretarias, la cocinera, varias enfermeras y esposas de oficiales que prestaban servicio allí se alinearon junto a las paredes. Pálidas, ojerosas, cansadas, eran la vívida imagen de la derrota. Hitler les fue estrechando la mano, musitando frases ininteligibles en respuesta a tímidos mensajes de esperanza.

 

Aquella noche, los soldados y oficiales de las SS que custodiaban la Cancillería y el búnker organizaron una orgía. Ante la inminencia de la muerte y perdido el sentido de la jerarquía y la fe en el liderazgo, los hombres habían hecho una razzia por las casas de los alrededores donde lograron alcohol y mujeres para organizar una francachela. Todos eran conscientes de que vivían las últimas horas del Reich y, probablemente, de su vida.

 

El 30 de abril la situación empeoró: los rusos seguían acercándose a la Cancillería. A mediodía, el Führer tuvo hambre y comió espaguetis con salsa de tomate. Eva pasó a buscarlo cuando hubo terminado.Estaba muy pálida, pero se mantenía entera y elegante. Había corrido la noticia de que el suicidio sería inminente y a la salida del comedor sus colaboradores se acercaron para despedirse.

 

Eva, delante, abrazaba a las mujeres. Hasta el final logró dominar su emoción y logró esbozar una mínima sonrisa. Hitler, muy tenso, estrechó fríamente las manos de todos en silencio y, siguiendo a su mujer, entró en el despacho. Todos se retiraron, salvo Günsche y Linge, ayudante y mayordomo de Hitler, respectivamente.Habían recibido órdenes del Führer de permanecer junto a su puerta hasta que se hubiera consumado la ceremonia de la muerte.Eran, aproximadamente, las 15.15 horas del 30 de abril de 1945.

 

PISTOLA Y CIANURO
Entre las 15.30 y las 16.00, Linge convenció a Günsche de que debían entrar. Al pasar al despacho, hallaron a ambos muertos.Eva Braun estaba descalza, sentada en el sofá, con los pies sobre él y la cara apoyada contra el hombro de Hitler; había mordido la cápsula de vidrio que contenía cianuro potásico y tenía las piernas contraídas, quizás a causa de un espasmo ocasionado por el veneno. Sobre el velador había una pequeña pistola, al alcance de su mano, que no había empleado, y un jarrón de flores artificiales volcado.

 

Adolf Hitler estaba sentado en el sofá, frente a un retrato de Federico el Grande; tenía la cabeza apoyada contra el respaldo y la boca torcida, en la que podían verse restos de la cápsula de cristal que contenía el cianuro. En la sien derecha se apreciaba un negro boquete del que manaba sangre. Los pelos de alrededor estaban chamuscados por el fogonazo del disparo. Su mano izquierda sujetaba el retrato de su madre, que había conservado durante medio siglo; la mano derecha pendía inerte, después de haber dejado caer al suelo la pistola Walter 7,65, que empleó al mismo tiempo que el cianuro.

 

Envolvieron el cadáver del Führer en una alfombra, pues seguía sangrando, mientras el de Eva permaneció tal como había muerto, y los sacaron al jardín de la Cancillería por la escalera de emergencia. Los depositaron en el embudo de una bomba, los rociaron con gasolina y los prendieron fuego.

 eva braun och bunny LOS ÚLTIMOS DÍAS DE EVA BRAUN Y MAGDA GOEBBELS

Sobre lo que ocurrió después, los supervivientes dieron varias versiones. Según unos, apenas estuvieron algunos minutos junto a los cuerpos que ardían -el de Hitler, envuelto en la alfombra-, pues la artillería soviética comenzó a disparar y varios proyectiles cayeron sobre el jardín, obligando a los testigos del macabro espectáculo a refugiarse en el búnker; según otros, el grupo permaneció mucho tiempo contemplando la cremación e, incluso, se añadió más gasolina a la pira, de modo que terminaron por ver los huesos calcinados de Hitler y de Eva. La tierra levantada por las bombas que comenzaron a caer al anochecer enterraría los restos, pero es más probable que fuesen tapados con tierra por los soldados.

 

La familia Goebbels no tardó en seguir a los Hitler. Joseph y Magda habían decidido hacía tiempo, quizás antes que el propio Hitler, que si el Reich se hundía su destino sería la muerte.

 

Tras el bombardeo de Dresde, el 13 de febrero de 1945, Magda recibió la visita de una mujer que había sido siempre su amiga: Ello Quandt, divorciada de un hermano de Quandt y, por tanto, ex cuñada de Madga. Fue a ella a quien le confió sus temores y sus intenciones para el acto final del drama y por su testimonio sabemos hoy el frío análisis que Magda había hecho de su situación.

 

«Tengo que decirte algo», le confesó. «Te he mentido. Te he hablado de las armas milagrosas que llegarán pronto. Todo es una tontería, una basura fraudulenta que ha cocinado Joseph.No nos queda nada, Ello. La derrota total es cuestión de unas pocas semanas. Vamos a morir, pero por nuestra propia mano».

 

Magda siguió su perorata: «A corto o a largo plazo, toda Europa va a caer en manos de los bolcheviques. Eramos el último baluarte contra el diluvio rojo. En lo que respecta a nosotros, hemos sido la cumbre del Tercer Reich, debemos aceptar las consecuencias.Hemos exigido cosas inimaginables a los alemanes, hemos tratado a otros pueblos con dureza. Los vencedores se vengarán de ello y no podemos parecer cobardes. Todo el mundo tiene derecho a seguir viviendo. Pero nosotros, no. Hemos fracasado».

 

Ello trató de convencerla de que no era culpable de nada, pero Magda le dio un respuesta que permite saber que, a diferencia de Eva Braun, era consciente del mal que había causado el nacional socialismo, aunque no se arrepintiera: «Yo estaba ahí. Yo creía en Hitler y creía en Joseph Goebbels. Soy parte del Tercer Reich que ahora se está destruyendo. No entiendes mi situación. ¿Qué voy a hacer? Si sobrevivo, me detendrán inmediatamente y me interrogarán sobre Joseph. Si digo la verdad, tendré que retratarle como era, describir lo que ocurría tras las cortinas. Y entonces cualquier persona respetable se alejará de mi con asco… Joseph es mi esposo, le debo lealtad y camaradería incluso después de la muerte. Por esa razón nunca podría decir nada contra él».

 

MUY HERMOSOS PARA VIVIR
 
magda helga goebbels 400 LOS ÚLTIMOS DÍAS DE EVA BRAUN Y MAGDA GOEBBELS
Magda tiene ya preparado el suicidio de toda la familia. Cuando Ello le preguntó qué iba a pasar con los niños, respondió: «Nos los llevaremos con nosotros porque son demasiado hermosos para el mundo que se avecina».

 

Ello trató de convencerla de que no lo hiciera, pero Magda estaba segura de que era la única opción: «No olvides lo que ha ocurrido, Ello. ¿Recuerdas? Yo te lo dije porque estaba muy enfadada. Lo que ocurrió en el café Anast de Munich cuando el Führer vio al pequeño judío y dijo que le gustaría aplastarlo contra el suelo como a un bicho. Yo no podía creerlo. Pensé que era una forma provocadora de hablar. Pero después, mucho después, lo hizo. ¡Han pasado tantas cosas crueles e inexplicables en un sistema que yo también representaba! Se ha juntado mucha sed de venganza en el mundo. No puedo hacer nada más, tengo que llevarme a mis hijos conmigo. Sólo quedará Harold, él no es hijo de Goebbels y afortunadamente está en una prisión inglesa».

 

En su amalgama de creencias espirituales y políticas, Magda mantenía cierta confianza en la reencarnación por influencia de sus lecturas budistas y consoló a su amiga: «No morirán. Ninguno moriremos.Cruzaremos un oscuro umbral hacia una nueva vida».

 

Cuando se esparció el rumor de que Magda pensaba llevarse a sus hijos al otro mundo, hasta los más fanáticos seguidores del régimen se sintieron perturbados. Albert Speer fue a hablar con Magda y proponerle un plan para que abandonara Berlín con los niños, pero ella se negó.

 

El 19 de abril, los Goebbels se instalaron en el búnker del palacio ministerial de Goebbels, llamado Schwanenwerder, y dieron instrucciones de que los niños fueran trasladados allí con la institutriz.A cada niño se le permitió llevar su juguete favorito.

 

El 20 de abril, cumpleaños de Hitler, los niños habían llevado regalos a tío Adolf, como todos los años. Al día siguiente, cuando la situación empeoró, los Goebbels, llamados por Hitler, cambiaron este búnker por el que había debajo de la Cancillería, donde ocupaban tres habitaciones y que estaba unido por un pasadizo con el del Führer.

 

Speer fue uno de los últimos visitantes del búnker. Vio por última vez a Magda, que estaba en la cama, pálida y hablaba de cosas triviales, pero Goebbels no quiso que se quedara a solas con ella para tratar de que cambiara de idea.

 

Como a Eva, Hitler le había ofrecido la posibilidad de que abandonara Berlín con sus hijos, pero de nuevo rechazó la oferta. El chófer de Hitler, Erich Kempa, también quiso convencerla. Aún disponía de tres tanques que, en su opinión, podrían sacar a la familia del búnker y acercarlos al aeropuerto, pero la firmeza de Goebbels en quedarse con Hitler la convenció de nuevo en que su deber era morir todos juntos.

 

La mañana del 30 de abril, cuando Hitler se despidió de los fieles, se quitó la insignia de oro del partido de su abrigo gris y la colocó en la solapa de la chaqueta de Magda. Último honor a la musa nazi que hizo que ésta se echara a llorar.

 

Cuando Hitler regresó a su habitación y cerró la puerta, Magda echó a correr y comenzó a golpear la puerta con los puños. Es probable que tratara de convencer al Führer de que retrasara su decisión y mantuviera la esperanza.

 

Según una versión, Günsche abrió la puerta para pedir instrucciones a Hitler, momento que Magda aprovechó para entrar, pero segundos después salía sollozando desesperadamente.

 

Según otra, Günsche consultó a Hitler qué debía hacer y éste respondió: «No quiero verla». Esas habrían sido las últimas palabras conocidas de Hitler.

 

Tras la muerte y la cremación de Adolf Hitler y Eva Braun, se instauró en el búnker una atmósfera aún más opresiva que en los días anteriores. Ya no se esperaban ayudas de ejércitos fantasmas: sólo quedaba escapar o morir.

 

Algunos, como Bormann y los militares Günsche y Mohnke, optaron por intentar la salida de Berlín. Nunca más se supo de ellos.Los generales Burgdorf y Krebs, se suicidaron en el búnker el día 1 de mayo; otros intentaron la salida y otros optaron por morir combatiendo… La fortaleza subterránea se iba despoblando poco a poco.

 

En la tarde de aquel primero de mayo, con los soldados soviéticos a 200 metros de la Cancillería, Goebbels decidió que también había llegado el momento de morir para él y su familia. A su ayudante Schwägermann le dijo que él y su esposa se iban a suicidar y le pidió que quemara los cadáveres, pero no dijo nada de sus hijos.

 

No se sabe exactamente cómo se llevó a cabo el parricidio. Según Rochus Misch, un testigo que era telefonista del búnker, «eran las 5 de la tarde cuando Frau Goebbels pasó delante de mí seguida por los niños. Todos llevaban pijamas blancos. Los llevó a la siguiente puerta y regresó con un carrito en el que había seis tazas y una jarra de chocolate. Más tarde alguien dijo que estaba llena de pastillas de dormir. La vi abrazar a algunos y acariciar a otros mientras bebían. No creo que supieran que su tío Adolf había muerto, reían y charlaban como de costumbre.Poco después pasaron por delante de mi escaleras arriba. Heide era la última e iba de la mano de su madre.

 

Se volvió, la saludé y de repente se soltó de la mano de su madre y vino hacia mi cantando, Misch, Misch, du bist ein fisch (Misch, Misch, eres un pez). Su madre la recogió y se la llevó aún cantando esa canción».
 
magdagoebbels LOS ÚLTIMOS DÍAS DE EVA BRAUN Y MAGDA GOEBBELS

 

LAS CARTAS DE LA MUERTE
Magda regresó un poco más tarde y entró en su propia habitación.Tras un rato, subió de nuevo las escaleras con el doctor Stumpfegger.Al bajar de nuevo, estaba llorando. Se sentó a una mesa y se puso a hacer solitarios con una baraja. Joseph Goebbels se unió a ella, pero no intercambiaron palabra.

 

Cuando los preparativos para quemar los cadáveres estuvieron terminados, los Goebbels subieron al jardín. Eran, aproximadamente, las 9 de la noche. El estruendo de los combates cercanos era ensordecedor y la noche, a pesar de las columnas de humo que se elevaban hacia el cielo, se iluminaba con las llamas de los incendios y los fogonazos de las explosiones.

 

Aquí, de nuevo, difieren las versiones sobre el momento final. Un relato sostiene que Joseph se pegó un tiro, mientras Magda tomaba una cápsula de cianuro. Otra, que Goebbels le pidió a un guardia que los ametrallara mientras paseaban por el calcinado jardín.

 

El 28 de abril, 3 días antes de su muerte, Magda había escrito una carta a su hijo Harold que, milagrosamente, llegó hasta la prisión inglesa donde se hallaba. En ella decía: «El mundo que vendrá después del Nacional Socialismo es uno en que no merece la pena vivir y por esa razón me he llevado a los niños también.Son demasiado buenos para la vida que vendrá cuando nos hayamos ido y Dios misericordioso me entenderá si los libero yo misma».

 

Al día siguiente, el 2 de mayo, los rusos entraron en el búnker. Encontraron en sus camas a seis niños con pijamas blancos, las niñas con lacitos blancos en el pelo, como si estuvieran durmiendo.
 

DAVID SOLAR Y ARTURO ARNALTE

el mundo, julio de 2002

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mar 23 2009

Albrecht Haushofer

Category: CULTURA Y OTROSAdminis @ 13:54

haush0 Albrecht Haushofer(Munich, 7 de enero de 1903- Berlín, 15 de abril de 1945). Fue el principal científico geopolítico del régimen nazi, co-autor intelectual del Pacto Ribbentrop-Molotov, asesor internacional principal de Rudolf Hess y principal precursor de la política internacional de Hitler.

Hijo del reconocido analista internacional geopolítico Karl Haushofer, abogó por la idea de que Inglaterra y Alemania eran naciones afines y unidas a un mismo vínculo ario e influyó en la actitud de Hitler hacia el imperio británico en la primera fase de la guerra. Du idea principal era una especie de germanismo blanco en sentido extenso, que propugnaba la alianza entre las naciones anglosajonas (recuérdese que Sajonia está en Alemania) frente a la creciente influencia de los eslavos o los imperios asiáticos.
Sostuvo siempre que el empecinamiento de Churchill a firmar una alianza hinbrosa con alemania sería la ruina de todos y lamentablemente tuvo razón en eso, con la aniquilación de Alemania y la desapariciónd e Inglaterra como Imperio.  
Implicado en el atentado del 20 de julio de 1944, arrestado en su hogar y conducido al presidio de Moabit donde permaneció recluido.
Heinrich Himmler pensó en sacarlo de prisión para usarlo en sus conexiones con la inteligencia americana, pero el contacto realizado con el Conde Folke Bernadotte para el mismo fin significó la ejecución de Haushofer en abril de 1945 a solo 15 días de la muerte de Hitler. Con el pretexto de trasladarlo junto a otros 15 prisioneros de diversa índole fue conducido al derruido Centro de Exposiciones ULAP situado en la avenida Invalidenstrasse y ejecutado junto al resto. su hermano Heinz haushofer lo localizó, y lo enterró en el mismo centro.

Algunas fuentes mencionan las  doctrinas de Haushofer como causa de que Churchill fues erechazado en las urnas pro los ingleses tras las elecciones, pues logró ganarla guerra pero perdió definitivamente la flota, el Imperio, y la influencia del país a favor de los socios norteamericanos.

Otros citan a Haushofer como uno de losprimeros europeístas convencidos, pero esta tesis nos parece exagerada por más de sesgada y nos permitimos rechazarla abiertamente.

Como dato curioso, reproducimos el poema que escribió antes de morir:

Guilt
 
 I am guilty,
 But not in the way you think.
 
 I should have earlier recognized my duty;
 I should have more sharply called evil evil;
 I reined in my judgment too long.
 I did warn,
 But not enough, and clear;
 And today I know what I was guilty of

—–

Culpable

Soy culpable
pero no en elmodo que creéis.
Debería haber reconocido antes mideber
Debería haber llamado más duramente mal al mal
Lo dejé correr demasiado.
Avisé
pero no lo bastante
ni lo bastante claro
y ahora sé que de eso es de lo que soy culpable.,

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mar 23 2009

Rudolf Hess

Category: POLíTICOSAdminis @ 13:53

Rudolf Heß o Hess (Alejandría, Egipto, 26 de abril de 1894 – † Berlín, Alemania, 17 de agosto de 1987) fue un político alemán, figura clave de la Alemania nazi.

Hess nació en Alejandría, Egipto, el 26 de abril de 1894. De carácter solitario y retraído y educado en un ambiente estricto y espartano por un padre muy disciplinado y una madre inglesa de origen griego, fue instruido primero con tutores privados y luego en el colegio alemán de su ciudad natal, hasta los 14 años, edad a la que ingresó a un internado juvenil de Bad Godesberg. Su padre era comerciante de paños y especialista en importación y exportación de tejidos.
Recibió formación para los negocios, profesión que su padre deseaba para su hijo; después estudió Ciencias Políticas, como su padre, que había pensado en las leyes para él. Posteriormente asistió a la Escuela Superior de Comercio de Neuchâtel en Suiza, a fin de adquirir los conocimientos necesarios para hacerse cargo de la empresa familiar. Hablaba árabe con relatuva soltura y fue siempre un gran aficionado al mundo musulmán.
Al comenzar la Primera Guerra Mundial, a punto de ingresar en la Universidad de Oxford, se alistó en el ejército alemán como voluntario del 7° Batallón de artillería bávaro y en sus primeros combates obtuvo la Cruz de Hierro por dos heridas, una de ellas grave en el pulmón izquierdo. A pesar de haber pertenecido al mismo regimiento que Hitler, no llegaron a conocerse, o al menos no consta entre ellos más relación que la meramente nominal.
Al final de la guerra se convirtió en experto piloto. Curiosamente, muchos otros jerarcas nazis habían pertenecido de un modo u otro al arma aérea o sabíuan pilotar aviones, entre ellos heydrich, Gestapo Müller y, por supuesto, Hermann Göring, sucsor del Barón Rojo al frente de la escuadrilla.
Posteriormente Hess se inscribió en la Universidad de Múnich para estudiar economía, donde acostumbraba distribuir panfletos anti-semitas. Su antisemitismo, al contrario del de la mayoría de los nazis, no tiuiene origen en la I Guerra Mundial, sino en impresiones anteriores, probablemente en Egipto. El 1 de mayo de 1919 participó junto a los Freikorps en la lucha violenta contra la efímera República Soviética de Baviera, siendo herido en la pierna en un combate contra mmilicias espartaquistas.
En 1919, en un mitín, conoció a Adolf Hitler y quedó muy impresionado con el que sería años más tarde el líder de Alemania. Por su parte, Hess presentaría a Hitler a los científicos geopolíticos Karl Haushofer y Albrecht Haushofer, quienes ejercerían una gran influencia sobre el futuro dictador.
Miembro de la Sociedad Thule, el 1 de julio de 1920 se incorporó al Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP por sus siglas en alemán), tomando parte en el Putsch de Múnich de 1923, por lo que fue a prisión y compartió celda con Haushofer y Hitler, colaborando con este último en la redacción del libro Mein Kampf. Hess pusod haber sido liberado entonces, pues la condena se basó en sus propios testimnonios, pero su sentido de la lealtad le impidió abandonar a sui líder.
Después fue comandante de un batallón de las SA. En 1925 fue secretario político de Hitler, dando comienzo así sus actividades políticas; además escribió sobre él un ensayo titulado Cómo debe ser el hombre que conduzca a Alemania a su antigua grandeza.
En 1927 contrae nupcias con Lise Pröhl, con quien tuvo su único hijo: Wolf Rüdiger.
Cinco años después fue designado como Presidente del Comité Central Nazi y, en 1933, elegido como parlamentario del Reichstag (parlamento alemán). Al ascender Hitler al poder como Führer, fue designado jefe del partido nazi (Reichsleiter) y Ministro de Estado, ocupando casi todas las carteras, excepto de guerra y política exterior, y se convirtió en segundo en la jerarquía nazi, antes incluso que Joseph Goebbels; a pesar de estos cargos Hess nunca presentó un perfil de líder ni partic´pó en las lucha sinternas por el poder. Fue considerado como la «cara amable» del régimen nazi. Organizó los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 y mantuvo una estrecha amistad con Leni Riefenstahl, la documentalista de Hitler.
La Seegunda Guerra Mundial comenzó en 1939. En momentos en que Alemania preparaba el asalto a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y además perdería en el mes de mayo de 1941,uno de sus mejores acorazados, el Bismarck en el Atlántico, la guerra estaba en una fase claramente favorable para el bando alemán en 1941.
Entonces Hess voló en un bimotor BF-110, en solitario a Gran Bretaña, arrojándose en paracaídas sobre territorio escocés, donde fue hecho prisionero pese a sus alegaciones de que había ido allí para iniciar conversaciones de paz.
Hay muchas elucubraciones al respecto. Algunos argumentan sólidamente que era un plan premeditado de Hitler para buscar la paz con Inglaterra, ya que tras la operación Barbarroja tendría que lidiar en dos frentes. Otros arguyen que fue una iniciativa propia, de la cual Hitler tenía algún conocimiento y, aunque se mantuvo al margen, tampoco la obstaculizó. En todo caso, parece claro que su intención era llegar a algún tipo de acuerdo de paz con los ingleses, pero tanto los interrogatorios a que fue sometido en territorio británico como las conversaciones que allí mantuvo siguen siendo material clasificado.

Hess pilotaba expertamente un Messerschmitt Bf 110, matrícula VJ-OQ tipo D modificado especialmente por el fabricante(un caza Zerstörer triplaza y bimotor), cuya velocidad máxima era de 600 km/h.

La modificaciones consistían en un compartimiento que contenía una balsa inflable completamente equipada, un receptor Lorenz, radio adaptada para comandarla por el piloto y además la envergadura de las alas estaba extendida y el fuselaje tenía 5 dm más de longitud.
No estaba armado ni contenía bombas u otros elementos defensivos u ofensivos.
El 10 de mayo de 1941, Hess y el Reichsleiter Alfred Rosenberg sostuvieron un almuerzo privado en Augsburgo y desde allí Rosenberg se dirigió a entrevistarse con Hitler en Berchtesgaden.
El personal de servicio de Hess refirió que este se encontraba absolutamente tranquilo y que durmió una siesta para levantarse a eso de las 15.00 para posteriormente ir a visitar a su esposa Ilse y sus hijos. Más tarde se hizo conducir hasta la pista de la Luftwaffe en Augsburgo a eso de las 17.00.
El hecho cierto es que Hess voló en un Messerschmitt Bf 110 desde Augsburgo a Escocia el 10 de mayo de 1941, despegando a las 17.45 desde Augsburgo en dirección noroeste, para superar la línea costera holandesa a las 19.28 a la altura de Texel, allí gira 90° a la derecha y voló en esa dirección unos 30 min para volver a virar 90° al norte en el mismo sentido que traía inicialmente a baja altura sobre el mar del norte completamente de noche en ese momento.
A las 20.50 aprox. interceptó líneas de radionavegación provenientes de radio faros emplazados en Dinamarca con el receptor Lorenz y realizó un vuelo de zig-zag cubriendo trayectos paralelos de 20 minutos de vuelo hasta finalmente tomar rumbo a Escocia a eso de las 21.52, para traspasar la línea costera a eso de las 22.12 sobre Embleton, Escocia, solo le restaban 30 minutos de combustible.
Fue detectado por un puesto de Observadores Reales(ROC)en Ashirck y despegaron aviones de la R.A.F para interceptarlo, pero el Me-110 era mucho más veloz que los aviones enviados y ni remotamente estuvieron cerca de su trayectoria o cercanía.
Después de la llegada a Escocia, lo cierto es que esperaba aterrizar en la propiedad llamada Casa Dungavel, del Duque de Hamilton, quien tenía una pista privada que, según testigos calificados, estuvo iluminada esa misma noche misteriosamente, sobre todo si se tiene en cuenta que eran tiempos de guerra, y contaba además en sus hangares con cajas de repuestos y dos tanques de combustible del mismo tipo del avión en el que Hess volaba.
Hess voló muy cerca de esa propiedad (con su pista iluminada, pero según testigos fidedignos se apagaron cerca de las 22.30) buscando la supuesta pista que esta propiedad tenía. Cerca de las 22.45, el combustible solo le daba unos 5-7 min de vuelo más, pero por algún motivo sobrevoló dicha propiedad sin encontrar la pista (estaba con sus luces apagadas) y pasó de largo en dirección a la costa oeste de Escocia, al llegar al mar nuevamente, se deshizo de los tanques adicionales de combustible) y viró en 180° y volvió a buscar la Casa Dungavel, para pasar nuevamente sobre ella a eso de las 22.45, pero las luces no estaban encendidas.
El vuelo que realizó Hess se ha discutido ampliamente en círculos de aviación, ya que se necesita ser un expertísimo piloto para realizar la singladura que él hizo.
A eso de las 22.50, al acabarse las existencias de combustibles, se vio obligado a saltar en paracaídas en Eaglesham, cerca de Glasgow, invirtiendo el avión para zafarse de la cabina del Me-110.
Al llegar a tierra, Hess se dañó un tobillo y un campesino escocés, de manera cautelosa, le auxilió y lo llevó a una guarnición militar, en donde intentó convencer de que era amigo del duque de Hamilton con un nombre falso (Alfred Horn).
Éste acude a la mañana siguiente y Hess se presenta con su verdadero nombre, aunque el duque lo ha reconocido porque se habían visto por primera vez en las Olimpiadas de Berlín cinco años antes.
El duque declara que no tiene asuntos con Hess. Comunica su deseo de llegar a un acuerdo de paz con Inglaterra y que trae un mensaje de Hitler. Inmediatamente fue hecho prisionero por la Home Guard, para ser recluido posteriormente en la Torre de Londres hasta el final de la Guerra. Todos sus intentos de ser creído fueron absolutamente infructuosos.
(Según versión del propio Hess era su tercer intento) para tratar de pactar la paz con el Reino Unido y así cambiar el curso de la guerra, al poder concentrar al ejército alemán en un solo frente contra la URSS. Sin embargo, el prematuro apresamiento de Hess —al momento de tocar tierra cerca de las propiedades del duque de Hamilton— condujo al fracaso su gestión.
En el Museo Imperial de Guerra de Londres pueden apreciarse la cola y el motor del avión pilotado por Hess. Se hizo publicar rápidamente el desconocimiento apresurado de ambas partes, Inglaterra y Hitler; este último lo tildó de loco y las cosas no salieron como Hess se esperaba.
Las razones para obrar de semejante forma han sido y son muy discutidas y misteriosas. Por una parte, se sostiene que el propio Hess sabía de antemano que Alemania podía ser vencida en los frentes aliado y soviético, preocupación que Karl Haushofer había manifestado también.
Otras razones argumentan su huida por las diferencias que sostenía, no sólo con Hitler, sino con otros dirigentes nazis como Goebbels y, sobre todo, con Martin Bormann y Heinrich Himmler en cuestiones de sucesión al Führer. El asunto es que este vuelo había sido preparado con algunos meses de antelación.
Hess era un experto piloto de Bf 110 y preparó su aparato particular para dicho vuelo, colocando tanques adicionales de combustible. Además, los radiofaros guía alemanes se entramaron cuidadosamente para dirigirlo a Inglaterra. Estas maniobras bien pudieron pasar desapercibidas para la Abwehr, Himmler o Reinhard Heydrich.
Quizas el elemento más controversial es el testimonio dado por una sirviente de la Casa Dungavel que precisó que además de tener las luces de la pista encendida momentos antes de la pasada de Hess, esa noche del 10 de mayo, sea el hecho de que viera en los hangares privados de la pista, cajas conteniendo tanques fabricados en Ausgburgo-Alemania, del mismo tipo que el usado por el Me-110.
Hitler se enteró en la mañana del día 11 a través de un sobre que le entregó el secretario de Hess, con una larga carta de éste en el interior, en la cual le decía al Führer que, en caso de que saliera mal la aventura de llegar a la paz con Inglaterra antes de invadir la URSS, podría argumentar que estaba loco. La reacción alemana no se hizo esperar, pues Goebbels, como Ministro de Propaganda del régimen, catalogó el día 12 la actuación digna de un loco desmedido. Horas después, la BBC anunciaba la captura de Hess, que sería reemplazado en el cargo por Martin Bormann.
Según algunos historiadores, para Hitler fue un acto de vil traición, pues temía que los secretos de la invasión a la URSS fueran revelados, y para esta última nación, fue un acto que no le valió el perdón. Pero existen evidencias que avalan que Hitler sabía de esto y lo obrado por el Ministerio de Propaganda Alemán fue solo un pantallazo.
Después de su estancia en el Reino Unido, Hess tuvo que ser devuelto a su país al final de la guerra, no en calidad de héroe, sino de criminal de guerra.
Decaido y demacrado físicamente, fue juzgado en Nuremberg a causa de todas las decisiones que tomó y firmó en su cargo de ministro durante el régimen nazi, fue condenado a cadena perpetua el 1 de octubre de 1946 y recluido en la prisión de Spandau, en la zona aliada de Berlín. Cabe destacar que Hess probablemente tenía mucho menos méritos culpables que otros jerarcas nazis con respecto a la sentencia dictada. En todo caso, es improtante señalar que el tribunal de Nuremberg lo absuelve de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad y lo consenda solamente por algo tan difuso como crímenes contra la paz. De hecho, desde el punto de vista jurídiuco su condena es manifiesta e indiscutiblememente ilegítima, pues se basa en normas creadas posteriormente a la comisión del supuesto delito y si bien puede alegarse que los crímenes de guerra estaban regulados y los crímenes contra la Humanidad pertenecen al derecho natural, no hay modo de sostener una cadena perpetua por algo tan inasible y etéreo como los crímenes contra la paz. La sentencia, si no fuese por su gravedad, tendría algo de humorístico para leerla en estos días, en tanto en cuanto se condena a Hess por ppromover el reame de su país y prepararlo para la guerra.
Tras la puesta en libertad de Albert Speer en 1966, Hess quedó como único preso de la cárcel de Spandau durante más de 20 años, hasta su muerte. En los años 80, el caso Hess dividió a la opinión pública inglesa acerca de su posibilidad de excarcelarlo, pero la justicia británica hizo oídos sordos a estas corrientes de opinión, empecinándose mantener en prisión a Hess a pesar de los gastos que demandaba a la corona por su manutención e infraestructura carcelaria.
Sus guardianes decían que su salud mental estaba muy deteriorada y que había perdido la memoria. En los últimos años de su vida se intensificó el debate acerca de su liberación por razones humanitarias, pero el gobierno británico siguió empecinado a no proporcionar la libertad. Sin embargo, Hess murió repentinamente el 17 de agosto de 1987, a los 93 años de edad. En la autopsia oficial se dijo que se suicidó por autoestrangulamiento, aunque se acusó a los servicios secretos británicos de haberle asesinado para zanjar la incómoda cuestión de su puesta en libertad, que no era descabellada en razón de la Perestroika y de su líder Gorbachov, Presidente de la URSS. Además resultaba poco creíble la posibilidad de que un hombre con enfermedad de Parkinson en fase avanzada y sus facultades físicas erosionadas por su avanzada edad, fuera capaz de suicidarse por estrangulamiento. La tesis del suicidio es pura fantasía si atendemos a los informes periciales forenses y a los dictámenes médicos previos a su muerte.
El diplomático, nacionalsocialista fanático y autor chileno Miguel Serrano narra en su libro El Cordón Dorado acerca del plan de rescate de Rudolf Hess proyectado para la semana siguiente a la de su deceso.
Lo anterior, sumado a la imposibilidad de familiares y seguidores de examinar el cadáver de Hess, ha contribuido a la teoría según la cual el gobierno británico sería responsable de su muerte.
En todo caso, parece más criminal su encarcelamiento perpetuo que su posible asesinato.
Como suriosidad macabra conviene decir que Hess se opuso siempre tajantemente al exterminoio de lso judíos y que sólo tras su marcha a Inglaterra pudo acometerse la tristemente célebre Solución Final, firmada por su sucesor, Martin Bormann.
Hess, que se negó a permitir el asesinato de los judíos, cumplió cadena perpetua. Martin Bormann, desapareció sin dejar rastro.
Sin comentarios.

Este artículo es una ampliación del que ofrece la versión española de Wikipedia.

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mar 23 2009

¿Cuántos prisioneros murieron en Auschwitz? (Datos según distintas fuentes)

Category: REPRESIÓN POLÍTICA Y RACIALAdminis @ 13:52
 
 auschwitz ¿Cuántos prisioneros murieron en Auschwitz? (Datos según distintas fuentes)
Cuando se habla de muertos se habla de personas, con lo que los números deberían ser lo menos importante. No obstante, atendiendo las peticiones de los lectores, y sin decantarnos por ninguna respuesta, ofrecemos los datos de que disponemos.

 

Sin ánimo de entrar en polémicas, y nucho menos de incurrir en delitos, estas son las cifras de prisioneros fallecidos en el Campo de Concentración de Auschwitz Bikenau, según distintas fuentes.

Nos permitimos recordar, aunque debería ser obvio, que en Auschwitz no se internaba únicamente a judíos, sino también a gitanos, homosexuales, comunistas, y toda clase de personas consideradas indeseables pro el régimen nazi.

Los datos se ofrecen con fecha de publicación, fuente, y número de víctimas, por este orden.auschwitz4 ¿Cuántos prisioneros murieron en Auschwitz? (Datos según distintas fuentes)

31.12.1945
Oficina Francesa de Investigación de crimenes de guerra Nazis
8.000.000

20.04.1978
Le Monde (periódico francés)
5.000.000

 

23.01.1995
Die Welt (periódico alemán)
5.000.000

 

20.04.1989
Eugen Kogon, experto y sobreviviente del Holocausto, Der SS-Staat (página 176)
4.500.000

 

31.12.1952
Der Neue Herder (Enciclopedia) 7. edición (página 214)
4.500.000

 

01.10.1946
IMT-Dokument 008-USSR (Tribunal Militar Internacional de Nürnberg)
4.000.00020z ¿Cuántos prisioneros murieron en Auschwitz? (Datos según distintas fuentes)

 

02.05.1997
USA-Today (el periódico más grande de los EE.UU.)
4.000.000

 

24.11.1989
Fiscal Supremo Majorowsky en Wuppertal contra Kögel (acusación 12 Js 1037/89)
4.000.000

 

26.07.1990
Allgem. Jüdische Wochenzeitung (Bonn, periódico judío)
4.000.000

 

08.10.1993
ZDF-Nachrichten (Televisión alemana)
4.000.000

 

25.01.1995
Wetzlarer Neue Zeitung (periódico alemán)
4.000.000

 

01.10.1946
IMT-Dokument 3868-PS (Tribunal Militar Internacional de Nürnberg)
3.000.000

 gefangene auschwitz ¿Cuántos prisioneros murieron en Auschwitz? (Datos según distintas fuentes)

01.01.1995
Damals (revista de historia mensual, financiada por el gobierno de Bonn)
3.000.000

 

18.07.1990
The Peninsula Times (periódico de San Francisco, EE.UU).
2.000.000

 

25.07.1990
Hamburger Abendblatt (periódico alemán)
2.000.000

 

27.01.1995
Die Welt (periódico alemán, citando al Canciller Kohl)
2.000.000

 

02.05.1997
USA-Today (el periódico más grande de los EE.UU.)
1.500.000

 

11.06.1992
Allgem. Jüdische Wochenzeitung (Bonn, periódico judío)
1.500.000

 

08.10.1993
ZDF (Televisión alemana)
1.500.000

 

23.01.1995
Die Welt (periódico alemán)
1.500.000

 

01.09.1989
Le Monde (französische Tageszeitung)
1.433.000

 

02.02.1995
BUNTE Illustrierte (revista alemana)
1.400.000

 

22.01.1995
Welt am Sonntag (periódico alemán)
1.200.000

 

27.01.1995
Die Welt (periódico alemán)
1.100.000

 auschwitz children mega ¿Cuántos prisioneros murieron en Auschwitz? (Datos según distintas fuentes)

27.01.1995
IfZ (Institut für Zeitgeschichte, München)
1.000.000

 

31.12.1989
Pressac, Auschwitz, Technique … (im Auftrag der Klarsfeldstiftung)
928.000

 

27.09.1993
Die Welt (periódico alemán)
800.000

 

22.01.1995
Welt am Sonntag (periódico alemán)
750.000

 

01.05.1994
Focus (revista alemana)
700.000

 

23.01.1995
Die Welt (periódico alemán)
700.000

 

31.12.1994
Pressac, Die Krematorien … (por encargo de la Fundación Klarsfeld)
470.000

 

08.01.1948
Welt im Film (noticiario británico Reportage num. 137)
300.000

 

06.01.1990
Frankfurter Rundschau (periódico alemán)
74.000

 

31.05.1994
Hoffmann, Stalins Vernichtungskrieg (pagina 302 f.), editorial oficial.
74.000

 

17.08.1994
Intern. Suchdienst Arolsen (Sach Nr: 10824)
66.206
————-

En cuanto a los datos de censos previos a la guerra, tenemos distintas fuentes también y apreciamos especialmente aquellas impresas antes de la II Guerra Mundial, por ser las que más libres pueden estar de subjetividades, ya que nadie sabía en los años veinte, por ejemplo, cuando se compuso la Enciclopedia Espasa, lo que iba a pasar más tarde.

Algunos de estos censos pertenecen a gobiernos y otros a asociaciones particulares, algunas de ellas judías. De hecho, el congreso mundial judíoo trató de realizar un censo de los judíos que vivían en Europa para hacer así mayor presión sobre la Sociedad de Naciones de cara a conseguir que se reconociera un estado nacional judío.

Hay que tener en cuenta, y es muy importante, que la consideracioón de judío no era la misma para tiodas las autoridades. Unos consideraban judío al que estuviera inscrito como tal en el censo de su país. Otros consideraban judío al que apareciese como tal en los registros de las sinagogas, y otros, como los nazis, consideraban judío a quein tuuviese antecerdentes raciales de esa etnia (aunque hoy sea imposible entender en qué se basaban, si se estudia fríamente).

En todo caso, estos datos de los judíos que vivían en Europa  antes de la guerra son calculados de forma muy heterogénea y con cxriterios dispares. Es importante insistir en ello.

Finalmente y tras largas reflexiones, hemos decidido no publicar los datos de estos censos por razones legales.

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mar 23 2009

Josef “Sepp” Dietrich

Category: WAFFEN SSAdminis @ 13:51
General de las SS. Obergrüppenführer, según la escala de rangos de este cuerpo.sepppg13ssopener Josef Sepp DietrichJosef “Sepp” Dietrich, nació en Hawangen, Baviera, Alemania, el 28 de mayo de 1892. Durante su juventud fue aprendiz de carnicero pero pronto decidió que su futuro era la carrera de las armas, y el 18 de octubre de 1911 ingresó en el ejército bávaro. Su ambición era ser oficial de caballería en el Primer Regimiento Uhlan Bávaro, pero un mes más tarde se cayó del caballo y fue expulsado.
 

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Dietrich, al igual que miles de jóvenes de su edad, se presentó el 16 de agosto de 1914 en el 4to Regimiento de Artillería de Campo “Köning”, en Ausburgo y fue asignado a la segunda batería para su entrenamiento. Mientras era sargento, fue hecho prisionero al hacer su declaración, mintió sobre su corta carrera militar, manifestando que fue Unterofizier en la caballería. 
Viejo amigo de Hitler, en 1923 se afilió al NSDAP (Partido Nacionalsocialista), primero como miembro paramilitar de las SA. Luego del “putch” de la cervecería de Munich, en 1938 se reincorporó al NSDAP llegando a ser Sturmbannführer (Mayor) de las SS, pero antes fue chofer de Hitler durante sus giras y luego jefe de las fuerzas de choque. En 1929 fue ascendido a Standartenführer (Coronel) y designado comandante de la Brigada Bávara de las SS. Un año después fue ascendido a Oberführer (Brigadier General), designado comandante del Grupo Sur de las SS y luego electo como representante en el Reichtag. En 1931 fue promovido al rango de Gruppenführer (Teniente General) y un año después nombrado comandante del Grupo Norte de las SS. Hitler tenía tanta confianza en él, que hasta le permitió vivir en la camncillería para queno tuviese que buscarse otro lugar donde vivir.

 


En 1932 fundó una unidad SS motorizada que luego se convertiría en el Leibstandarte-SS “Adolf Hitler” (LAH) que era la guardia personal del Führer y que entrada la guerra se transformaría en una División Waffen-SS (División Armada SS). Debido a la leal participación de Dietrich durante la purga de Ernst Röhm y otros altos oficiales de las SA, en junio 1934 fue ascendido a Obergruppenführer-SS und der General der Polizei. Se mantuvo al mando del LAH.8 Josef Sepp Dietrich

 

Auynque algunas fuentes afirman que fue él , personalmente, quien asesinó a al jefe de las SA, Ernst Röhm, durante la Noche d elos Cuchillos Largos, parece contrastado que Dietrich sólo mandaba la unidad que asaltó la prsión y que fue Theodor Eicke el que se encargó de la ejecución de Röhm.Durante la Segunda Guerra Mundial, en marzo de 1940 fue ascendido a General de las Waffen SS y el 5 de julio de 1940 fue condecorado por Hitler en persona con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro y el año siguiente, con las Hojas de Roble el 31 de diciembre de 1941. En mayo de 1941, la LAH fue redesignada Panzer Grenadier Division con un destacamento de tanques adjunto.
Siguió desempeñando este papel en la distracción de los Balcanes en Grecia y Yugoslavia en 1941, hasta ser promovido al mando del Primer Cuerpo SS Panzer, adjunto al Grupo Ejército Centro en el Frente Oriental. En 1943 se encargó de rescatar a Clara Petacci, la amante de Benito Mussolini, de Italia. Para aquel momento había acumulado numerosas medallas y condecoraciones, sin embargo también se había ganado la fama de cometer abusos contra los prisioneros de guerra.  Erwin Rommel lo veía como una persona tosca.

Como comandante de su nueva fuerza, el 16 de marzo de 1943, fue condecorado con las Espadas para su Cruz de Caballero al recapturar Kharkov.

 


Luego de unas cortas vacaciones, el 27 de julio de 1943, se le dio la tarea de formar el Primer Cuerpo de Panzers Leibstandarte “Adolf Hitler”. Se mantuvo en el mando de esa unidad hasta su reemplazo por Herman Preiss el 24 de octubre de 1944, cuando fue condecorado con los Diamantes para su Cruz de Caballero, por la forma como se desempeño en Normandía. En junio de 1944 fue encargado de proteger la retirada de las fuerzas alemanas a través de Francia.
 

El 01 de agosto de 1944, Dietrich fue ascendido a SS-Oberstgruppenführer (Coronel General) und Generaloberster der Waffen-SS (General de Cuerpo-SS), con efectividad desde 1942. El ascenso debió ser retardado porque Paul Hausser había tenido ese rango en 1942, cuando formó la primera unidad SS con el tamaño de Cuerpo de Ejército. Dietrich recibió también el rango honorífico de Panzer Generaloberst der Waffen SS, el único oficial que alcanzó tan alto rango.

 


Cuando Hitler le reprochó que sus hombres no hubiese combatido cpon mayor bravura contra el desembarco americano, Dietrich se responsabilizó de la actitud de sus subordinados  y envió a Berlín todas sus condecoraciones en un orinal, además de sus galones y su propia orden de fusilamiento firmada. Hitler pasó por alto este incidente y siguió confiando en él.
 

Además de recibir condecoraciones por valentía y liderazgo, Dietrich recibió también muchas condecoraciones y honores civiles y políticos. Herman Göring lo galardonó con el Distintivo de Oro de Piloto Observador con Diamantes y muchos años antes, el 10 de noviembre de 1933, recibió la Orden de la Sangre No. 10, los Distintivos de Deportes del Reich y el distintivo en Oro del Deporte de las SS. También fue galardonado con el Distintivo en Oro del Partido Nacionalsocialista y muchos otros distintivos del partido NSDAP.

 


Dietrich se casó con la ex esposa del General SS Karl Brenner. A fines de la guerra, acompañado de su esposa, se rindió formalmente al General Patton. Fue detenido y encarcelado hasta que se inició el juicio por el caso Malmedy en 1946. Fue condenado a 25 años de prisión, siendo liberado luego de cumplir 10 años de sentencia. En 1957 fue nuevamente acusado, esta vez por una corte alemana por su participación en la purga de las SA en 1934. Fue condenado a 20 meses de cárcel y liberado al cumplir su condena.

 


Acabada la guerra, y ante la imposivbilidad de mantener nungún trabajo que supusiera portar armas, estableció una pequeña frutería, de la que vivió humildemente hasta su muerte.

El 21 de abril de 1966 Josef “Sepp” Dietrich falleció en Luwingsburg, Alemania a la edad de 74 años. Miles de camaradas, algunos con sus viejos uniformes, asistieron a su entierro.

Como curiosidad, cabe decir que el famoso escudo de la LAH, que es una gazú, es  exactamente lo que significa su apellido. Sepp Dietrich solía bromear al respecto diciendo que el emblema no se refería a su apellido, sino a que su división era la llavbe que abría todas las puertas.

Sepp Dietrich, en lo bueno y en lo malo, marcó escuela dentro de las Waffen SS. Pueden considerarse en ciuerto modo seguidores o discípulos suyos los generales Joachim Peipper y Kurt “Panzer” Meyer.

Una de sus normas, por ejemplo, era que todo el mundo hacìa guardias. Como quiera que al decirlo se asignó laprimera ronda, los demás oficiales y subpoficiales no tuvieron duda de que lo decía en serio.

Por lo demás, en el lado trágico, fue uno d elso principales exponenetes de la interpretación salvaje del concepto de guerra total, pues no solía capturar prisioneros y se comportaba con estrema brutalidad tanto en los campos de batalla como en las ciudades conquistadas.

dietrichsfuneral03gransco2 Josef Sepp Dietrich

En octubre de 1944 se le encargó la reorganización y el mando de los restos del 6to Ejército Panzer y fue la punta de lanza de la ofensiva de las Ardenas en la Batalla del Bulga. Poco después, casi al final de la guerra, sus fuerzas contuvieron a los rusos en el Frente del Este en Hungría y Austria.

 

Al estallar la guerra, Dietrich lideró los ataques de la Leibstandarte SS Adolf Hitler en París y Dunkerque.

Después de la guerra Dietrich se mudó a Munich ingresando al Bavarian Landespolizei el 01 de octubre de 1919. Allí conoció a otros policías, también antiguos soldados, que posteriormente tendrían papeles relavntes, como el subcomisario Müller, de asuntos políticos, con el que nunca trabó amistad por su sonvencido antinazismo. 

 

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mar 23 2009

Erich Von Manstein

Category: WEHRMACHTAdminis @ 13:50

Erich von Manstein, uno de los mejores mariscales alemanes de la Segunda Guerra Mundial, nació en una ciudad que en la actualidad es francesa, Strasburgo, un día 24 de noviembre de 1887. Hijo de un general de artillería de nombre Eduard von Lewinski, y descendientes ambos de una familia prusiana, de origen ruso y de tradición militar (entre sus antepasados hubo al menos doce generales), Erich von Lewinski fue adoptado por su tío Georg von Manstein (que también era general) a la muerte de su padre, por lo que cuando Erich decide iniciar su carrera militar adopta el apellido de su tío y pasa a ser Erich von Manstein.

 manstein3 Erich Von Manstein

En el año 1900 entra en la academia militar de cadetes de Plon. Posteriormente aprueba los exámenes de grado en el colegio militar de Gross Lichterfeldte y entra como aspirante en el III Regimiento de la Guardia Imperial.

 

Pasado un año, es destinado al Instituto Superior de la Guerra con el grado de subteniente.

 

Oficial brillante, ambicioso, con un amplio bagaje cultural y con 49 años ya es general de división (año 1936) y Primer Intendente, además de un gran entendido en temas estratégicos y logísticos.

 

A principios de 1938 es nombrado comandante en jefe de la XVIII División situada en Liegnitz. En el verano de 1939 Hitler constituye el Grupo de Ejércitos de Silesia del Sur, formado por el XIV Ejército al mando de List, el X Ejército de von Reichenau y el VIII Ejército de Blaskovitz, y bajo el mando de von Rundstedt es nombrado Jefe de Estado Mayor y ascendido a teniente general. En este cargo elabora los planes de batalla que le enfrentarán al Ejército de Lodz en la cuenca del Vístula.

 

El 27 de enero de 1940 es destinado a Pomerania como jefe del XXXIX Cuerpo de Ejército de Infantería y de nuevo recibe un ascenso.

 

Crítico con la operación “Fall Gelb” (plan para la invasión de Bélgica y Holanda similar al plan Schlieffen de 1914) expone ante Hitler y un grupo de comandantes de ejército su propio plan en el transcurso de una comida, plan al cual ya ha asignado nombre: Schlagsichel (Golpe de Hoz). Hitler se interesa por el plan ya que tampoco está convencido de “Fall Gelb” y también porque trata de dar forma a un proyecto similar al planteado por Manstein. Invitado tras la comida por Hitler a su estudio, Manstein plantea el porqué de su actitud contraria a “Fall Gelb” y expone su plan. El plan ambicioso y demoledor prevee que el ejército de von Rundstedt ataque a través de las Ardenas a ambos lados del Sedán, para con posterioridad cruzar el Mosa rápidamente y llegar a Abeville con el fin de dejar incomunicadas a las fuerzas anglo francesas en Flandes. Tras la aniquilación de esas fuerzas el resto del ejército francés quedaría rodeado y anulado mediante un movimiento a la derecha. Hitler plantea algunas preguntas y aprueba el plan.

 

Manstein aparece así como el gran estratega y precursor de la Blizkrieg, sus altos conocimientos estratégicos y de los medios mecanizados lo perfilan como el valedor de los ataques combinados entre dichos medios mecanizados y la aviación, los que llevan a rápidas penetraciones en territorio enemigo. Por fin Manstein es ascendido a capitán general en febrero de 1941 y le es asignado un nuevo destino como comandante del LVI Cuerpo Acorazado en el cual lleva a cabo los preparativos para la campaña de Rusia, dependiendo del Grupo de Ejércitos Norte cuyo mando está a cargo del Mariscal de Campo von Leeb, que tendrá como objetivo Leningrado. Manstein atraviesa el valle del Duvissa y avanza con tal rapidez que recorre 300 kilómetros en tan solo 4 días llegando a Dvinsk y apoderándose de los puentes sobre el Dvina antes de que los soviéticos los dinamiten.

 

Destinado al sur toma el mando del XI Ejército sustituyendo en el cargo a Ion Schobert y se le asigna la conquista de la península de Crimea y el puerto de Sebastopol. La empresa revela a Manstein como el gran estratega que es, gran conocedor de la artillería y para la misión saca de los arsenales los calibres más grandes usados durante la guerra: el cañón “Dora” y el mortero “Thor”, el primero de 30 metros de largo y 80 centímetros de calibre, el segundo bastante más corto pero con 60 centímetros de calibre.

 

La conquista de Sebastopol le supone el ascenso a Mariscal de Campo.

 

Recibe la orden de trasladarse a Leningrado para ayudar en el asedio de la ciudad al mismo tiempo que el ascenso a mariscal, pero la situación que se está dando en Stalingrado hace que la orden se anule y se de prioridad a ir en ayuda del VI Ejército de von Paulus. Los sitiados que saben de su ayuda cercana resisten con una mayor moral pero la suerte del VI Ejército está echada, y en los últimos días de 1942, ante la casi imposibilidad de conseguir su objetivo y la certeza de que de seguir en su empeño quedará a su vez cercado, hacen que Manstein se retire cuando estaba a 180 kilómetros de su objetivo.

 

Tras la rendición de Stalingrado y el comienzo del contraataque del Ejército soviético comienzan a hacerse patentes las diferencias de criterio entre Manstein y Hitler. El primero aboga por una retirada ordenada de los ejércitos en Rusia mientras que Hitler se empeña en resistir a toda costa. El 30 de marzo de 1944 Hitler releva del mando a Manstein y a von Kleist que son sustituidos por Model y Schorner y les concede la cruz de caballero con hojas de roble y espadas.

 

Manstein, que según una versión oficial sufre una seria afección ocular, se traslada a una ciudad de la Baja Sajonia (Celle) con el pretexto de someterse a una cura de dicha enfermedad. Allí escribe un libro titulado “Victorias perdidas”, que con posterioridad a la guerra será un éxito y concluye así su carrera militar.

 manstein1956 Erich Von Manstein

Es procesado por crímenes de guerra -según la acusación cometidos en Crimea- condenado por ello a 4 años de prisión, de los cuales cumple solo dos.

 

Una vez libre se retira a su casa de campo en las cercanías de Munich y muere en 1973.
 
 

Fuente original:  http://de1939a1945.bravepages.com/europeo/023manstein.htm

 

 

 

 

 

 

 

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mar 23 2009

Gunther Prien

Category: U-BOOTAdminis @ 13:49

prien1 Gunther PrienGünther Prien nació el 16 de enero de 1908 en Osterfeld, Alemania. A la edad de 15 años se convirtió en marino y a los 17 era oficial en la Línea Hamburg Amerika

En 1931 ingresó a la Kriegsmarine sirviendo un año en el crucero ligero Koenisberg. En 1935 fue transferido a la fuerza submarina sirviendo en el U-26 al mando del Capitán Lt. Hartmann que patrulló las aguas españolas durante la Guerra Civil. 
En 1939, Doenitz le encargó llevar a cabo la Operación Baldur que se efectuó el 14 de octubre de 1939 hundiendo al acorazado británico HMS Royal Oak en la bahía de Scapa Flow, principal base naval de Gran Bretaña.

 Prien supo que durante la Gran Guerra, submarinos alemanes intentaron dos veces ingresar en la base sin resultados, y sobre todo que el segundo intento terminó con la pérdida del submarino y toda la tripulación. Sin embargo Prien aceptó el reto que se le propuso.

 Luego de cumplida su hazaña, Prien fue recibido como un héroe y llamado a Berlín para recibir la Cruz de Caballero, otorgada por primera vez a un comandante de submarino. Fue recibido por Hitler en la Cancillería y dio una conferencia de prensa en el Ministerio de Propaganda, donde ofreció los detalles de la operación en la medida que el secreto militar le permitía.

 En los meses que siguieron, el Korvettenkapitän Prien demostró que su heroica hazaña no fue fruto de la suerte convirtiéndose en uno de los mejores comandantes de submarino de la Kriegsmarine. En su sexta patrulla en el Atlántico hundió ocho barcos con un total de 51.483 tns. Durante esos meses de campaña Prien siempre fue uno de los primeros en detectar los convoyes enemigos. El Almirante Doenitz le sugirió que debería ser transferido a una unidad de entrenamiento, pero Prien rechazó la oferta.prien3 Gunther Prien 

Su décima patrulla salío de St. Nazaire (Francia), el 20 de febrero de 1941. Cuatro días más tarde, Prien atacó al convoy OB-290 hundiendo cuatro barcos, con un total de 16.310 tns. Radió su último mensaje el 7 de marzo.
 
El submarino se había sumergido al estar bajo el ataque del destructor inglés “HMS Wolverine”. Nunca volvió a la superficie, desapareciendo bajo las olas con su comandante y tripulación a bordo.

Respecto al hundimiento del U-47 hay dos versiones; una (la que se acepta como hecho histórico) que el destructor británico HMS Wolverine lo hundió con cargas de profundidad y la otra, que el destructor británico HMS Wolverine en realidad estuvo atacando al submarino UA de Eckermann, que debió retirarse con daños serios. Se especula, que el submarino de Prien fue alcanzado por uno de sus propios torpedos el cual navegaba en círculos. Dos submarinos estadounidenses sufrieron ese mismo tipo de percance, en el Pacífico. De cualquier forma, el día 7 u 8 de marzo de 1941, el U-47 se hundió con Prien y sus 45 tripulantes.

Nota: El intento de penetrar en Scapa Flow por parte de submarinos alemanes había tenido lugar por primera vez en la primera guerra mundial. Primero, en octubre de 1914, el U-18 de von Henning, navegando en la estela de un mercante inglés, había podido llegar a uno de los accesos de la base e ingresar. Pero la bahía estaba desierta porque la flota había logrado escapar al enterarse de las intenciones alemanas de penetrar en la base. Luego, en 1918, el U-116 de von Emsmam, intentó nuevamente ingresar pero fue detectado y hundido con toda la tripulación.
 
Operación Baldur

 

Para el Almirante Doenitz, penetrar a Scapa Flow era posible, pero como lo había demostrado la experiencia, sólo había una forma de hacerlo, y era de noche y utilizando un submarino. La dificultad era la ruta que se debía tomar, problema difícil de resolver, debido a las características de la bahía y a los obstáculos que existían para acceder por otros lugares que no fueran los caminos normales de la flota británica.

 

Trabajos de inteligencia

 

Doenitz llegó a la conclusión, de que la única forma de realizar una operación exitosa era mediante datos precisos de inteligencia que proveyeran informes sobre los movimientos de barcos y tropas en la base naval británica, datos meteorológicos, informes sobre las mareas, vientos, lluvias. Además había que hacer un análisis detallado de las operaciones navales durante la Primera Guerra Mundial y muchos otros etcéteras. Así comienza a tomar forma la Operación Baldur.

 

Desde mucho antes de estallar la guerra habían comenzado los trabajos de inteligencia para realizar la operación y vengar la humillación de la Primera Guerra Mundial. Canaris, ya era Jefe de la Abwehr y sin duda sus agentes en Gran Bretaña debían trabajar para obtener los informes que la operación requería.

 Los obstáculos

 La entrada oriental de la base llamada Kirk Sound; es un estrecho y turbulento brazo de mar comprendido entre la costa rocosa de Pomona y el escollo arenoso de Lamb Holm. De acuerdo a los informes de inteligencia, el acceso a la rada de Scapa estaba bloqueado con tres pontones, pero éstos, impelidos por la impetuosa corriente, estaban bastante distanciados entre sí, de modo que los vapores más pequeños, como los pesqueros y los dedicados al transporte de víveres, se arriesgaban a usarlo, evitando dar un inmenso rodeo cuando las condiciones de la marea lo permitían. Finalmente, las barreras submarinas no recibían mantenimiento desde hace varios años, estaban dañadas o simplemente no funcionaban.

 Exploración

 

Hacia la mitad de septiembre, el mando de submarinos alemán envía a las cercanías de Scapa Flow al U-14, un pequeño submarino del tipo Einbaum, de 279 toneladas, para que estudie los sistemas de vigilancia, las corrientes y cuanto pueda ser útil a la operación. Y aprovechando un día despejado, los aviones de reconocimiento de la marina alemana sobrevuelan las Orcadas la tarde del 12 de octubre y fotografían varias veces el Kirk Sound. Las fotos indican con claridad la posición de las naves hundidas en el canal y ratifican la presencia en la bahía de un portaaviones, cinco acorazados y diez cruceros.

 Doenitz se decide

 A principios de octubre, Doenitz se decide: un U-Boot intentará entrar en Scapa Flow, durante la noche sin luna entre el 13 y el 14 de octubre, cuando la marea alta será totalmente favorable para el ingreso.

 Prien el elegido

 Doenitz le comunica al Gran Almirante Raeder los detalles de la Operación Baldur y Raeder firma la orden de ataque. Doenitz escoge al hombre que puede realizar esta operación, el teniente de navío Günther Prien, de treinta y un años, quien ingresó en la marina de guerra en 1933.

 Prien estudia las posibilidades, analiza los informes de inteligencia y afina la operación táctica. Está decidido y acepta el reto. Dos días después ingresa a la oficina del Almirante Doenitz y completan los planes de la operación que es tan secreta, que ni el primer oficial de Prien, el teniente Endrass, está enterado de la operación que están por realizar.

Orden de zarpar

 El U-47 de Prien parte de Kiel la mañana del 8 de octubre hacia el Mar del Norte. La tripulación (44 hombres comprendido el comandante) estaba convencida de que se trataba de una salida de maniobras. En la mañana del 12, el submarino se ubica a la altura de las islas Orcadas, pero el cielo está cubierto y el oficial de derrota no puede determinar la posición exacta del submarino. Prien ordena la inmersión, y pasa la noche a 90 metros de profundidad, posado en el fondo. Sólo entonces revela a sus hombres el verdadero objetivo de su misión.

 En posición de espera

 Cuando emerge, puede por fin calcular su posición y comprobar la exactitud del rumbo. El U-47 se encuentra al sudeste del Kirk Sound, y vuelve a posarse en el fondo, donde permanece 16 horas más. A las 19:00 del 13 de octubre emerge de nuevo tomando rumbo nordeste. El cielo está nuevamente cubierto, y al norte resplandece la aurora boreal.

 Ingreso a la bahía

 A las 23:25, maniobrando con gran habilidad entre la costa rocosa (tan cercana que pudieron ver a un hombre pasar en bicicleta por la senda costera) y el casco de uno de los barcos hundidos como obstáculos, Prien penetra en la bahía de Scapa Flow.

 Es medianoche, la visibilidad es buena debido a una Aurora Boreal, y el U-47 apunta hacia las islas de Cava, Fara y Flotta. Pero en el ángulo sudoeste de la bahía no hay navíos fondeados, porque el grueso de la flota ha partido el mismo 13 de octubre. Prien da la vuelta dirigiéndose a la costa septentrional, y descubre dos grandes buques anclados y varios destructores. Ha llegado el gran momento.

 ¡Fuego!

 Hacia la una el submarino lanza sus torpedos. Son de propulsión eléctrica y permanecen invisibles durante la carrera sumergida. Uno sólo de ellos toca en la proa al “Royal Oak”; los otros no explotan. Sorprendidos en el sueño, los marineros ingleses piensan en un ataque aéreo, pero no viendo aviones creen que el estallido es debido a una explosión interna, pues los daños no se perciben.

 Fin del HMS Royal Oak

 También Prien, que ha dado media vuelta, se da cuenta de que los navíos enemigos están casi indemnes, y decide volver a atacar. Se acerca a 1500 metros del objetivo y lanza una segunda salva de torpedos, tres de los cuales hacen blanco en el acorazado. Es la una y media, y el “Royal Oak” (un acorazado de la clase Royal Sovereing que había entrado en servicio en 1916, participado en la batalla de Jutlandia y fue modernizado en 1934) se hunde rápidamente. En su casco volcado mueren 786 hombres, entre marineros y oficiales, incluido el contralmirante H. E. C. Biagrove.

 Retirada

 Cumplida la misión, el U-47 vuelve al mar abierto por el mismo camino de ingreso. Un destructor lo persigue pero en el último momento da media vuelta abandonando la cacería. A las 02:15 Prien dirige la proa hacia Alemania.

 El U-47, después de su regreso a Wilhelmshaven, reanudó las misiones habituales.

 prien41 Gunther Prien

Fuente original:  http://de1939a1945.bravepages.com/europeo/008prien.htm

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